Seguro que alguno ya estabais pensando que “muchas buenas intenciones, muchos propósitos, pero solo hasta final de año”; y puede que no os falte razón, pero la verdad es que he sufrido un desgraciado percance informático (mi ordenador murió y he tenido que comprarme otro) que me ha hecho que todo se retrase más de una semana, pero el propósito sigue. Incluso sigue renovado ya que me he dado cuenta de que mi capacidad de retención de lo que he leído cada vez dura menos por lo que o me pongo a tiempo con los comentarios de mis lecturas o, como ahora, en algunos casos pues ya no recuerdo nada de los libros que he leído (si solo fuera eso pues ni tan grave).
De hecho, al final en esta entrada también vuelvo a saltarme la introducción e ir directamente a los comentarios de libros, que además son muchos, pero no puedo evitar comentar mi apoyo total a los groenlandeses, especialmente a su (creo) ministro de exteriores que nada más salir de la reunión con ese que se cree no solo rey sino emperador (si por el fuera de todo el imperio galáctico) estaba tan harto de todo que no le dio tiempo a llegar al coche antes de encenderse un cigarrillo y, por supuesto de ofrecer, a la ministra danesa que también se encendió uno allí mismo, en los jardines de la Casa Blanca (en breve recubierta en oro, o en pan de oro). Obviamente nadie tuvo el valor de decirles nada. Esta escena (que yo he visto en televisión) me recordó el viaje a NYC el año que derribaron las Torres Gemelas en que llegamos allí en el primer avión que salió de España hacia NYC. Obviamente fue un viaje, cuando menos “extraño” por muchos motivos, pero a lo que voy, que me despisto. El caos es que en cuanto entramos en el espacio aéreo (supongo) el avión fue “escoltado” por un par de cazas de combate, entiendo que amenazando al piloto de que si se desvía lo más mínimo de su ruta igual lo volaban por los aires así que en lugar de esperar para salir del avión a que lo hicieran todos los pasajeros, el piloto fue prácticamente el primero en salir del mismo, creo que con la intención de encontrar un bar en el que echarse un buen trago para calmar los nervios. Como obviamente no había bar al alcance, tuvo que conformarse con llegar hasta la recogida de equipajes y nada más llegar allí decidió que sus nervios requerían un pitillo con urgencia. Así que, sin dudarlo, pese a la presencia policial y a la de algunos americanos claramente antitabaco, se encendió su cigarrillo (diría que tranquilamente pero no era el caso después de haber estado con dos cazas vigilándole y apuntándole) y se puso a fumar sin que nadie se atreviera a recordarle que allí no se podía fumar. Sencillamente se veía que a) lo necesitaba casi desde un punto de vista médico y b) se lo necesitaba y se lo merecía. Porque si, así con las cosas y los que somos unos enfermos pues también necesitamos medicarnos, aunque sea en público o incluso, o aun con más motivo, en sitios que pueden parecer impropios como digamos la sala de espera de un hospital cuando estas esperando algo que supone mucha tensión. Pues eso, hasta aquí mi reivindicación y mi incomprensión sobre que se admitan, por ejemplo, animales de “apoyo emocional” o todo tipo de “cuestiones medicas” pero no un cigarrillo cuando uno necesita este apoyo; ahora a las lecturas que en este mes son un combinado de compras en NYC y en mi librería de referencia de Madrid (ya sabéis, Méndez en la calle mayor). Pero, como siempre, divago, asi que a los libros.
Brutal & Strange,
es una de esas compras en cierta medida impulsivas o, más bien, inevitables que
uno sabe que no van a estar a la altura de las expectativas pero que aun así no
puede resistirse a probar. ¿Por qué? Pues sencillamente porque su subtitulo es “Stories inspired by the songs of Elvis
Costello.”, y, ni que decir tiene, que Costello es (con muchos altibajos)
uno de esos músicos que forman parte de mi adolescencia y en general de casi
toda mi vida (aunque últimamente este un poco más loco de lo necesario o de lo
soportable); obviamente es (como Dylan,
Bob) un mal cantante pero un gran compositor. Ni siquiera me atrevo a decir
que ha sido una lectura decepcionante ya que para eso hay que tener
expectativas sobre la lectura, así que simplemente diré que es completamente
prescindible y que la relación de las canciones con las historias es, cuando
menos, endeble y casi una simple excusa; pero os contare, porque igual alguno
no lo sabe, que una vez escribí una historia (no, ni siquiera llegaba a un
cuento) utilizando los titulo de ciento una canciones de powerpop (básicamente pero no solo) y, será vanidad, pero molaba
bastante más (como historia pero sobretodo como recopilatorio e incluso como
juego para averiguar los ciento un títulos) y si, tenía una canción de Costello, curiosamente una que no viene
en este libro. Pero, ya, si eso, si os apetece jugar a descubrir las canciones
os reproduzco la historia.

Si me encaja, desgraciadamente, con mi experiencia el final de la descripción de sus alumnos “De los demás estudiantes, unos veinticinco o así aunaban un entusiasmo pueril y una laboriosidad infatigable. Trabajaban hasta la extenuación sin aprender gran cosa. Puede que dos o tres fueran bastante inteligentes, pero habían recibido una educación tan deficiente durante la carrera que eran incapaces de pensar por sí mismos.”; como digo, solo me encaja el final.
Mi siguiente lectura, Mi
padre, el pornógrafo, proviene del intercambio con mi amiga Maria de la O, solamente porque ella lo
vio antes mientras paseábamos por la feria del libro y tampoco era cosa de
comprar los dos el mismo libro. Por el título uno podría pensar que es de
ficción por aquello de que parece impropio referirse a su padre como pornógrafo,
pero, no, se trata de un libro de memorias sobre, si, su padre que era un
escritor (muy prolífico, al final hay como catorce páginas enteras recopilando
los títulos de las obras de su padre; vamos toda una enciclopedia y solo se
recogen las publicadas) de pornografía (ciertamente un pornógrafo en toda su
acepción). Es un libro verdaderamente curioso, con una relación muy curiosa
entre padre e hijo, y llego de curiosidades variadas desde el clásico “Evil
is live spelled backwards”, a la extraña mención a los primos de Sophie Germain (a la que supongo aquí se añade el
nombre, con el que nunca firmo en vida su s trabajos, para compensar el efecto Matilda de la que es uno de los
ejemplos más claros; primos que curiosamente en ingles parecen llamarse safe prime, primos seguros, lo que podría
explicar, o no, su uso en criptografía) e incluso a esa descripción de “A menudo, mi padre decía que san Pablo
odiaba a las mujeres, y que eso lo llevo a fundar un culto anti femenino y anti
sexo en el cristianismo. La prueba estaba en el uso de la cruz como símbolo. El
anj egipcio simbolizaba el sexo y la vida: la porción inferior eran los
genitales masculinos; la parte superior, un ovalo abierto que representaba la
vulva de la mujer. Según papá, los cristianos cogieron el anj y cerraron a la
mujer para conformar la cruz, representando la actitud negativa hacia el sexo
en general y hacia las mujeres en particular.”; simbolismo que desconocía
pero que ahora me hace mirar las cruces con un poco más de aprehensión.
Con todo, mi descripción favorita es esa de que se puede aplicar a ciertos sesgos de percepción e interpretación que ejemplifica con ese “… me recordaba a un perro que ladra a los coches que pasan. Los coches siguen circulando, confirmándole al perro que, en efecto, ha ahuyentado al vehículo, una recompensa que le lleva a ladrar al siguiente coche.”; si, así son las cosas y así de perniciosa puede ser nuestra interpretación de los hechos, de la relación entre hechos (tanto como la de esos perros) o de las métricas (algo sobre lo que últimamente hablo mucho, demasiado me temo).
Como nota marginal creo que voy a ver si mi foto encajaría tan bien con la de mi abuelo, con el que se supone tengo un gran parecido, como las dos de la portada, o a ver si esta encaja con la de mi padre o algún otro familiar.
Otra lectura descubierta en NYC, en la visita a mi nueva
librería favorita de crímenes, es Galway
Confidential, de un autor irlandés de policiaca que no conocía pero que
parece que ya lleva como diecisiete con el mismo personaje. En este caso el
personaje justo se está reponiendo de un coma, debido a sus andanzas
anteriores, cuando estalla la pandemia (si, esa, la última) y se ve involucrado
en un caso de un asesino en serie, curiosamente de monjas. Ni tan mal, como
premisa y la verdad es que se lee muy bien. Un nombre a darle otra oportunidad
y ver si se añade a la lista de favoritos o no; tiene potencial, pero creo que
le falta algo de garra; ya veremos.
Estoy casi seguro de que cuando hable del porque no recomiendo
libros mencione aquella recomendación tan fallida que le hice a mi hermano y
que seguramente se publicó debido al éxito de Bright lights, big city, que era más o menos la misma idea (las cuitas
de unos chicos con posibles enredados en la fiesta y el hedonismo) pero situada
en NYC. Quiero creer que ya la había leído (en español) pero como no encuentro
mi copia por casa (algo que no quiere decir nada al respecto) pues es posible
que no. En cualquier caso, como no recordaba nada pues me la compre y me la he
vuelto a leer, o a leer por primera vez; vete a saber. El caso es que, aunque
creo que no está mal peor me ha parecido flojilla y sin nada especialmente
destacable (no sé porque me interesaron más los pijos de LA que los de NYC;
bueno, sí, obviamente por la referencia de Costello
del título de LA). Así que, aunque sea un libro de culto pues paso de
recomendarlo.
Es un dicho popular, con el que yo no estoy nada de acuerdo, que
no se puede juzgar un libro por su portada, pero, además de que todos lo
hacemos, a veces la portada, como el título, pues ya te lo dice casi todo sobre
el libro; no necesitas más. Este es el caso de Colin gets promoted and dooms the world que obviamente ya indica que se trata de un divertimento, sin
ninguna pretensión adicional. Efectivamente esto es lo que es, una novela
divertida sobre un sosainas que trabaja en una multinacional del mal
(pero del mal con mayúsculas, relacionándose con demonios y esas cosas). El
caso es que pues eso, acaba desatando a un demonio cuyo objetivo básico es
acabar con el mundo y para evitarlo pues tiene que relacionarse con “dioses
antiguos” lo que da lugar a una de esas reflexiones cuando menos divertida: “they are sticklers for tradition, for the
rites and practices that They taught to the first practioners thousand of years
ago… …We’ve done that we can to modernize things, but
it’s slow going. I mean, some of the Oldest Ones have only just come around to
the idea that virgin’s blood can come from males as well as females. We’ve
started introducing Them to the concepts of nonbinary and intersex blood, but I
think that’s going to take a while”.
Ciertamente si ya a los
“dioses normales” (y/o a sus fieles) ya les cuesta e incluso a
muchos de nosotros ya nos cuesta pillar estas precisiones sobre la sexualidad y
sus diferencias (que parece que son importantes para loa aludidos) pues
imagínate a algún otro tipo de dios mas desconectado de la realidad actual
(obviamente esto es una chorrada ya que no hay dioses mas o menos conectados, y
vamos yo incluso diría que no hay dioses). El caso es que el libro se deja leer
y entretiene sin llegar a ser nada más.
Si digo que mi siguiente lectura es la única que (de momento) ha
hecho el viaje de ida y vuelta entre las librería de Maria de la O y la mía,
pues seguramente penséis que es malo, muy malo, tan malo que mi buena amiga
lectora ni siquiera quería tenerlo entre sus cosas. Pero no es así, ya que se
trata de Cowboy de medianoche (si, en el que se basa la película que todos
conocemos) y es un buen libro bastante fiel a la película pero que, a
diferencia de la película, pues incluye una primera parte en la que el Cowboy,
pese a ser de un pueblo de Texas, todavía no es Cowboy; algo en lo que se
convierte para ir primero a Houston y posteriormente a NYC (donde empieza la película).
El problema de leer un libro como este después de ver una película, que es un clásico
por la actuación de uno de los personajes, basada en el mismo es que es muy difícil
que este personaje en la novela, pese a que lo tenga todo, consiga llegar a la altura
del trabajo del personaje que uno ya tiene (de la película, digo). Supongo que seria
ideal leerlo sin haber visto la película ya que, para mí, el libro explica un
poco mejor la transformación del personaje del Cowboy lleno de sueños, bondad,
credulidad y esas buenas virtudes en alguien que “Y, de alguna manera, había acabado por saber que, si quería
apañárselas en el mundo, necesitaba toda la rabia que pudiera acumular.” (aunque luego no actúe en consecuencia y la
película acabe con bondad).
La japonesa de este mes, Spark,proviene
directamente de mi librería japonesa de NYC (había escrito “favorita” pero lo
he borrado por pretencioso; al fin y al cabo solo conozco una). Me duele tener
que escribir esto, porque no suele ser el caso, pero la verdad es que esta me
ha decepcionado y me ha parecido bastante mala toda la historia sobre un dúo cómico
(si, parece que esto también es algo que existe en Japón) de la que no me ha
interesado ninguno de los dos personajes ni la historia. Dicho esto,
considerando que como en muchas novelas sobre una pareja siempre hay diferencias
entre ellos básicamente del tipo “He had
this thing about the reason a path existed was so we didn’t have to follow it. Finally, it was drawing on me that the path he was on, way ahead of me,
was the path that I needed to get off.”, que pueden dar
mucho juego pero, lamentablemente, no es el caso.
Tras esta decepción era el momento de refugiarse en la segunda
compra de uno de mis clásicos y coger la excelente Way down on the high lonely,
la tercera de la seria de Winslow con su aprendiz de detective (o de soluciona
problemas). Esta empieza con la búsqueda del hijo de una actriz de Hollywood
por parte de su padre biológico que, todo parece indicar que ha ido a
esconderse entre un grupo de ultranacionalistas fervientes defensores del uso
de armas de fuego para casi cualquier cosa y sobre todo para luchar contra ZOG.
No, ZOG no es un primo lejano de Godzilla, se trata del “Zionist Occupation Government, the
White supremacist name for the federal government in Washington, manipulated by
the Jews for the suppression of the true chosen people.” Vamos, tal y como están las
cosas pues nada exótico en el medio este americano y básicamente se trata de la
base electoral de ese tarado del que es mejor no hablar, pero hay que tener en
cuenta que esta novela tiene más de treinta años.
Si bien el grupo de tarados pues es lo que es, al vecino del
grupo de tarados (que acoge a nuestro protagonista) no le falta razón cuando describe
a esos urbanitas que a modo hippie se establecen en estas zonas rurales como “…
you are not one of those purists we get up here who arrive with their Whole
Earth catalogues and plans for a geodesic dome. They figure they’re going to grow their bean
sprouts and their organic vegetables and live in harmony with nature. Only
thing is, nature never read Diet for a small Planet, so the deer and the rabbits
and the bugs eat the whole crop instead of restricting themselves to their
socially responsible share. Then one of these ‘alternative life-stylers’ kids
named Sunshine or Raven gets an ear infection that herbal tea can’t cure, and
so I find myself hauling them to the doctor in my air-polluting, gas-guzzling
truck so he can write them a prescription for some nonorganic chemicals they
can’t pay for anyway, so half the time I end up
writing a check from the capitalist profits I make from selling my
murderous , unhealthy red meat. And about the only thing that grows naturally
up here that the animals don’t like is dope, so these purists are stoned half
time anyway, unless they have the sense to sell it instead of smoking it. So
they end up either starving, dirty, malnourished drug casualties or wealthy
capitalist’s running bales of marijuana inti Reno in custom vans that costs
more than my whole house.”
Yo no puedo estar mas de acuerdo con lo extraño (además de lleno
de desconocimiento del mundo real, o de las realidades del mundo) que esta versión
Disney de la naturaleza, en la que todos los animales y plantas (salvo el hombre)
son buenos, debe de resultar para los que llevan toda la vida conviviendo, por
no decir, sencillamente, enfrentados, a la naturaleza. Como digo siempre uno de
los grandes aciertos del español es la consideración de medio ambiente que, a
diferencia de otros idiomas para mi deja claro que existen dos mitades (ya, ya sé
que medio no se refiere a eso en este contexto, pero para mí lo hace).
Otra idea que me encanta, porque yo también la creo, es “Never deny what can’t hurt you, Heal
Thought. There’s nothing worse than getting caught in a
lie you don’t have to tell. Save your lies for the important stuff.”; efectivamente, las mentiras hay que
reservarlas para las cosas importantes y no mentir sobre cualquier cosa.
Por aquello de ir combinando idiomas pues la siguiente fue Cinco meses de invierno, que aunque debería ser una novela policiaca
situada en Honolulú, se convierte en algo diferente por la casualidad de que la
investigación lleva al personaje principal a Hong Kong justo el dia que los japoneses
atacan Pearl Harbour. Como consecuencia pues no solo no puede volver, en
los cinco años, los cinco inviernos, del título sino que le pasan todo tipo de
cosas y viaja por la mitad de Asia hasta que consigue volver y resolver el
asesinato.
Ya, contado así no parece excesivamente tentadora pero os diré que
la historia funciona, mantiene el interés y tiene buenos personajes, y uno
entiendo la sensación del protagonista de “Era
como estar en el cine viendo una película oscura, como dejarse llevar, a merced
del inconsciente, por un sueño en blanco y negro. No controlaba absolutamente
nada: podía mirar o cerrar los ojos, eso era todo. Y si cerraba los ojos, todo
pasaría igualmente.”; algo con lo
que cualquiera puede solidarizarse en algunos momentos de la vida.
Esto de por si es ya es más que suficiente, incluso para compensar el uso de la palabra “acuatizaje” por parte del traductor (que si, que será correcta pero para mí nadie me va a sacar de amerizaje) pero es que además como el autor había sido dueño de un bar esto se deja notar en reflexiones interesantes como esa, muy al inicio, de “Así que cogió su vaso y olio su contenido: cuarenta y cinco centavos por chupito. Más de una hora de trabajo por tres dedos de líquido, pero lo valía.”. Yo nunca había pensado en cuantas horas de trabajo representa un chupito o una copa. La verdad es que a los precios y salarios actuales pues sigue asustando.
Últimamente, sin ninguna premeditación, parece que escojo un premio
Nobel al mes. Este mes a uno que sabía que le habían dado el Nobel pero que
nunca me había interesado leer, no tanto por este hecho sino porque por una
parte es el autor del libro en el que se basa una esas películas muy, muy británicas
sobre el servicio que no nunca me ha interesado y por otra parte, en cierta
medida la misma, porque pese a tener un nombre japones, es británico.
Claramente británico.
Lo primero que he de
decir es que esta novela, Never let me go, me ha gustado bastante y lo segundo que sobre la base
de esta novela se me hace raro que tenga un Nobel ya que se trata de una novela
de ciencia ficción. ¿un nobel a un escritor de ciencia ficción? Venga, hombre donde
se ha oído cosa semejante.
Además se trata de una ficción no especialmente original ya que la
historia la hemos visto en cientos de películas (y cuentos): una institución cría
niños (y niñas) básicamente para utilizarlos como repuestos para trasplantes de
órganos de los ricos, bellos y famosos. Vanos, nada del otro jueves, mas visto
que El Tebeo. Supongo que el Nobel será por el resto de su obra.
El caso es que claro los niños (pocos) pues pasan todo el día
juntos y conocen perfectamente casi lo que hace el resto a todas horas pese a
lo que ninguno se sorprende de algunas actitudes de otros como “You could go around implying you’d read all
kinds of things, nodding knowingly when someone mentioned, say, War and Peace,
and the understanding was that no one would scrutinize your claim rationally. You have to remember, since we’d been in each other’s company constantly
since arriving at the Cottages, it wasn’t possible for any of us to have read
War and Peace without the rest noticing. But just like sex at Hailsham, there
was an unspoken agreement to allow for a mysterious dimension where we went off
and did all this reading.”
Creo que algo parecido a esto nos pasa a todos cuando alguien a
quien conoces muy bien, lo suficiente para saber que ni lee ni oye música ni
tiene sexo, te sorprende dando su opinión sobre la cara B de una edición japonesa
de un disco que “ha escuchado”, o su equivalente en libros o sexo.
Cuantas cosas hace la gente dentro de sus locas cabecillas peor no en la
realidad.
Como todos sabéis, pese a todo, sigo siendo un fan de la serie
de la serie principal de Connolly e incluso de otras series del mismo (como la
infantil) por lo que se sorprendió mucho encontrar La tierra de las cosas perdidas e incluso mas saber que es la segunda parte de una novela que no conocía
(una puede, pero ¿dos, dos que no conocía?). La verdad es que no es gran cosa y
mas que una segunda parte es casi como un libro dentro de otro libro, u otra
cosa de literatos de esas.
Dicho esto he de reconocer
que no he visto mejor explicación de los que a los adolescentes (incluso a las)
les interesan las historias de monstruos: “Cuando te salían pelos en los lugares más insospechados y tu propio
cuerpo estaba por mutar (una mutación sangrienta, en algunos casos), ¿por qué
no ibas a querer leer historias de vampiros, hombres lobos y monstruos, de
criaturas capaces de transformarse y metamorfosearse? Al fin y al cabo, eran tu
tribu;”. Impecable ya digo.
Por supuesto, no solo
tiene esto, sino que también estoy completamente de acuerdo (así me lo dice la
experiencia) que “era imposible
vivir una vida plena e interactuar con otros sin herir o ser herido de vez en
cuando. Los corazones son tiernos y se magullan con facilidad, aunque se
recuperan más deprisa de lo que algunos quieren hacernos creer.”
Cosas que pese a todo hacen
que quien mas quien menos pueda afirmar que “Llevamos nuestra infancia con nosotros, lo bueno y lo malo, hasta la
edad adulta. De este modo, nunca nos alejamos demasiado de los niños que
fuimos.”
Todavía tenía otro
japones por descubrir de mis compras en NYC, A man, en este caso si era un japones con
una novela japonesa, netamente japonesa, ya que se basa en una compleja trama
de suplantaciones de identidad que solo puede darse (creo) en Japón por cosas
tan curiosas como “As per the
Civil Code, a child born within three hundred day of a divorce was legally
considered to be the child of the former husband. The law has been
controversial of late because of women, who, for example, divorced after
suffering domestic violence and who had a child soon after with a new partner,
sometimes refrained from submitting a notification of birth. This left some
children to enter society without a family register. Even though they met all
then conditions to obtain Japanese citizenship, the state was not aware that
they were alive and consequently could not tally their deaths when they were
swallowed up by the tsunami.” Mira que hay que ser raro pero supongo que puede argumentarse que hay
cierta base, dudosa pero más igual de raro es descubrir que tienen una palabra
para designar, de forma racista, a los descendientes de coreanos (que se llevan
como nosotros con los franceses ya lo sabía) incluso después de varias generaciones
ya que “he was a third generaion
Zainichi”
Fijaros si yo me conozco
poco a mí mismo (o tal vez soy tan variable) que no estoy seguro de si soy
pesimista u optimista pero no em disgustaría ser un verdadero pesimista tal y
como cuando alguien a quien le echan en cara su pesimismo y que siempre que da “un pasito para adelante, da dos para atrás” aclara que “Nope. Three forward and four back is the way to go.
You might not think so by looking at me, but I’m a megapessimist – true
pessimists are full of cheer! That’s my personal motto. Our expectations are always low, so when
something just a little bit nice happens, we’re on cloud nine.” Así, pesimismo con seguridad, pero con felicidad,
aunque con poco nivel matemático, todo sea dicho.
Acabo el mes y el año (mis 109 lecturas para los que seáis aficionados a las cifras; dos menos que el año pasado para los que seáis aficionados a las comparaciones) con un regalo de
navidad, El Gran Reemplazo, que sinceramente espero que no me haya
regalado ningún familiar lector de este blog ya que me ha parecido una
autentica proqueria, una compleja y pajillera historia con operaciones
de estética total en una clínica crota que no tiene ni pies ni cabeza.
En fin, tantas cosas han pasado que debería comentara desde que empecé a escribir que lo de Groenlandia pues se ha quedado casi en una anécdota que ahora me parece casi innecesaria frente a toda la perversión de la realidad a la que están sometiéndonos. Tanto es asi que ahora que existe alguien que quiere ser rey en los estados unidos toma mas sentido mi despedida de siempre, así que ¡Divertíos asaltando el castillo!
Lecturas
Brutal & Strange - Jim Fusilli (editor)
Los papeles de Harding - Robert Plunket
Mi padre, el pornógrafo - Chris Offutt
Galway Confidential - Kenji Bruen
Bright lights,
big city - Jay McInerney
Colin gets
promoted and dooms the world - Mark Waddell
Cowboy de medianoche - James Leo Herlihy
Spark - Naoki
Matayoshi
Way down on the
high lonely - Donald Winslow
Cinco meses de invierno - James Kestrel
Never let me go
- Kazuo Ishiguro
La tierra de las cosas perdidas - John Connolly
A man - Keiichiro Hirano
El Gran Reemplazo - Albert Pijuan

















