jueves, 17 de septiembre de 2026

Comentario de textos – Agosto 2026

El otro día un exjefe mío (podría decir que el único verdadero jefe que he tenido descontando anécdotas, como mi tiempo de becario o mi periodo en Nueva Zelanda) me mando un WhatsApp recordándome una anécdota de Rutherford (Ernest o Lord, según quien lo mente, el descubridor del núcleo atómico y primer premio nobel neozelandés) que me ha hecho plantearme una pregunta.

La anécdota es que un día un profesor de física amigo suyo visito a Rutherford (supongo que en este caso a Ernest) con un alumno al que había puesto un cero cuando el alumno consideraba que se merecía un 20 (si, al parecer ese examen, o al menos el ejercicio en debate, puntuaba 20 puntos) para que hiciera de juez en la discrepancia y fijara que nota se merecía el alumno.

La pregunta en conflicto era “¿Cómo es posible determinar la altura de un edificio con ayuda de un barómetro?” y la respuesta del alumno había sido… “se sube a la cima del edificio, se toma el barómetro, se le ata una cuerda, se deja deslizar hasta el suelo, luego se sube de nuevo, se mide la longitud de la cuerda y eso da la altura del edificio”. Obviamente la respuesta es totalmente correcta. El argumento del profesor para suspender al alumno era que se trataba de un examen de física y no había empleado conocimientos de física (algo que podría estar implícito en el hecho de que el examen fuera de física pero que no estaba estipulado en la pregunta).

Rutheford, contrario a la división salomónica, opto por darle otra oportunidad al estudiante para responder a la pregunta, pero esta vez dejándole claro que debía utilizar la física y que para ello tenia seis minutos (si, ni cinco ni diez; Rutherford era físico) y según su respuesta pues le pondría un cero o un veinte (nada de medias tintas).

El estudiante acepto y se sentó, ante la, supongo yo, atenta mirada de ambos profesores, con papel y lápiz para responder.

A los cinco minutos Rutherford, al observar que el estudiante no había escrito nada, mosca y convencido de que claramente se merecía la nota que le había puesto su amigo profesor (el famoso cero), le pregunto “si renunciaba y se marchaba”.

El alumno le dijo que “para nada, es que el problema tiene muchas respuestas y no sé cuál de ellas me convence más, me parecía la mejor, o más bien cual convencerá más a Rutherford”.

Rutherford, diría que yo un poco harto del alumno, le pidió disculpas por la interrupción y le dijo que siguiera.

En el minuto que le quedaba escribió “coja el barómetro y láncelo al suelo desde la azotea del edificio, calcule el tiempo de caída (t) con un cronómetro. Después aplique la formula altura = ½ g t2 y obtendrá la altura del edificio.”

Obviamente ambos profesores tuvieron que darla por buena, era correcta y aplicaba un principio físico(aplicación directa de la formula del movimiento uniformemente acelerado con velocidad inicial de cero), así el alumno obtuvo sus veinte puntos (seguramente para cabreo del profesor que le había suspendido ya que esa no era la respuesta que esperaba).

Rutherford, curioso como todo científico y, seguramente, un poco mosqueado por la seguridad del estudiante sobre todas las respuestas que según el tenia, no pudo o no quiso dejarlo así y le pregunto qué otras respuestas había estado pensando.

A lo que el estudiante respondió “pues hay muchas maneras. coges el barómetro en un día soleado y mides la altura del barómetro y la longitud de su sombra. Si medimos a continuación la longitud de la sombra del edificio y aplicamos una simple proporción, obtendremos también la altura del edificio; coges el barómetro y te sitúas en las escaleras del edificio en la planta baja. Según subes las escaleras, vas marcando la altura del barómetro y cuentas el número de marcas hasta la azotea. Multiplicas al final la altura del barómetro por el numero de marcas que has hecho y ya tienes la altura; puede atar el barómetro a una cuerda y moverlo como si fuera un péndulo. Si calculamos que cuando el barómetro está a la altura de la azotea la gravedad es cero y si tenemos en cuenta la medida de la aceleración de la gravedad al descender el barómetro en trayectoria circular al pasar por la perpendicular del edificio, de la diferencia de estos valores, y aplicando una sencilla fórmula trigonométrica, podríamos calcular, sin duda, la altura del edificio. En este mismo estilo de sistema, atas el barómetro a una cuerda y lo descuelgas desde la azotea a la calle. Usándolo como un péndulo puedes calcular la altura midiendo su periodo de precisión”; todas respuestas correctas para resolver el problema (si bien algunas de ellas no aplican la física).

Hizo una pausa (quiero imaginar) y añadió “pero la mejor seria coger el barómetro y golpear con él la puerta de la casa del conserje. Cuando abra, decirle:-Señor conserje, aquí tengo un bonito barómetro. Si usted me dice la altura de este edificio, se lo regalo”. (vale, tiene el problema de que igual el conserje pues no sabia la altura del edificio pero pensemos que eran otros tiempos y otros conserjes)

Rutherford aceptando que para resolver el problema todas las respuestas eran válidas, pero ya un poco rallado con el estudiante, le pregunto “pero ¿sabe la respuesta convencional”.

Obviamente el estudiante la sabia, como supongo que la sabéis todos y le dijo “la diferencia de presión marcada por un barómetro en dos lugares diferentes nos proporciona la diferencia de altura entre ambos lugares por lo que basta con medir en la calle y en la azotea y restar” pero a continuación de esto añadió un especie de “no quería decirla” ya qué “sus profesores habían intentado enseñarle a pensar y que estaba harto de la universidad y de los profesores que intentaban imponerle la idea de que solo había una forma de pensar correctamente”. (respuesta impecable a la que solo le falto añadir, con respecto al primer profesor, que los profesores deberían hacer enunciados completos y precisos, si quieren respuestas adecuadas).

Por si alguno se lo pregunta o considera que el estudiante no merecía su nota, solo os diré que se trataba de Niels Bohr, ganador del premio por su modelo del átomo e innovador de la teoría cuántica que podría haberse quedado sin estudiar física por un profesor, digámoslo claramente, algo inepto y formalista. Curiosamente la identidad del profesor que quería una respuesta determinada no se ha incorporado a la anécdota y seguramente tampoco a la historia ya que es el único personaje que no gano un premio nobel (supongo).

Lo que más me sorprende de esta anécdota es que, normalmente y así estaba en el texto que me enviaron, se atribuye a Rutherford y no a Bohr cuando para mi dice mucho mas del segundo que del primero, sirviendo para dejar bastante clara la personalidad o el carácter de Bohr (algunos dirían el típico tocapelotas pero no yo que me solidarizo con él).

Quitando que ya me gustaría a mi que algún día se pudiera contar una anécdota tan buena de mí (lo del nobel lo descarto) me pregunto si hay alguna anécdota mía que diera una medida tan aproximada de mi carácter o personalidad (si, seguro que las hay y para eso tenéis los comentarios) o a falta de anécdota, una frase que me definiera.

Puede que sea porque acabo de volver de vacaciones, pero lo único, lo mejor, que se me ocurre ahora, es que “soy el tipo de persona que tiene una bombonería favorita en NYC” (que por cierto tras unos años sin tenerla localizada, habiendo estado cerrada, ha abierto de nuevo en una zona visitable y que obviamente os recomiendo visitar) que no esta al nivel de la anécdota, pero que, a mí me parece, dice mucho de mi carácter, preferencias y personalidad pero podéis opinar.

Pues nada, contada esta anécdota (que os cuento además de por ser curiosa, porque para mí define muy bien la necesidad de tener buenos profesores y de no cerrarse a opciones estrictamente convencionales, asumiendo que el empleo de soluciones no convencionales es algo sumamente valido y que debe impulsarse durante la formación; carencia, la de buenos profesores, que mi sobrina – que tiene, como varios más de la familia, lo que podríamos denominar líneas de razonamiento divergentes o no convencionales – está sufriendo en algunos exámenes. Algo bastante triste, me parece a mí; por no decir preocupante y frustrante) pasemos a las lecturas que igual es a lo que habéis venido, o no; dejando claro que por aquello de ser Agosto y estar mis librerías de referencia (si Méndez en la calle Mayor, e incluso, aunque aún no está claro que tenga esta categoría, In-verso aquí al lado, en Augusto Figueroa)de vacaciones parte del mes pues alguna compra ha sido fuera de mi zona de confort.

Mi primera lectura del mes  fue Punto Cero, una historia policiaca de un escritor clásico japones del que ya había leído otra que no me acabo de convencer. Esta tampoco lo ha hecho pese a la curiosidad de que siendo una novela de 1959 la protagonista sea una mujer (no policía) investigando sobre la desaparición de marido poco después de la boda. No es que sea mala, se deja leer y algunas cosas del Japón de poco después de su derrota en la segunda guerra mundial (sobre todo los temas familiares y de registro de familia) pues resultan interesantes como eso de que los militares llamaban a las jóvenes japonesas que ofrecían sus servicios sexuales panpan, sin aclarar la nota del traductor si este nombre es la onomatopeya de las palmadas que los militares daban para llamarlas o del sonido de sus tapados de tacón. Pero nada es lo suficientemente interesante para absorber y disfrutar de la historia.

Esta plaga de almas, me parece un titulo excelente, especialmente cuando uno piensa en esa parte de sus congéneres a los puede aplicarles que “El cielo matutino se carga de nubes que filtran la lluvia entre la luz gris; este día no tiene salvación. Algunas personas ya están en la calle: una raza agobiada, con la vista fija en el suelo, desanimada antes de que la jornada haya empezado a respirar. Tienen la expresión resentida de hombres y mujeres que desearían estar en otra parte, en cualquier otra”; especialmente si uno es el tipo de persona para el que “La intimidad de compartir sentimientos no era su forma de hacer las cosas.”

No, con ese tipo de persona no me refiero a mí (maledicentes), que, en este libro, hasta la intervención de mis médicos y de sus criterios uniformes, yo estaba más próximo a ese otro que “Siempre ha sido gordo. Nealon lo ve ahora claramente; no es un hombre abrumado por un exceso de carne en la madurez. Se le ve demasiado cómodo con su volumen, demasiado despreocupado por su corpulencia. No hay nada del pesar que tantas veces ha notado en hombres de esa edad que han sucumbido a la carne. Este hombre lleva toda su vida viviendo en paz con su persona.”; si, así cómodo, despreocupado y en paz era yo.

Como se trata de una novela que pasa en una zona muy rural de Irlanda no esta nada mal recordar la opinión del protagonista sobre sus paisanos, rurales y no tan rurales: “Nealon lo toleraba porque sabia que esos hombres eran necesarios para la vida rural, hombres que se dedican a su trabajo sin sentimientos incapacitantes. Mas tarde, en sus años de estudiante, llegaría a sentir por el un respeto diferente cunado se vio rodeado de insípidos vegetarianos y demás amantes de los animales. Para Nealon, su mirada hipersensible era una negación enfermiza de toda la mierda, la sangre y el dolor de los que se nutre la vida. Sus remilgos insulsos hicieron que se distanciara rápidamente de ellos con desagrado. La vida rural no era un idilio pastoral poblado de santos campesinos y animales cariñosos, lleno de utensilios caseros suavizados por el uso venerable. La granja era un reino pringoso que palpitaba de dolor en ciclos de muerte y renovación teñidos de boñigas verdes y mucosidades sanguinolentas.”

A ver, hay compras de las que uno solo puede culparse a si mismo, este es el caso de Aburridisima, que ya desde el titulo pues como que no hacia presagiar nada bueno, si le sumamos el hecho de ser una colección de historias y que al parece la autora “fue actriz, escritora, performer y figura clave de la contracultura japonesa” pues, como dice aquel “¿Qué podía salir mal?”. Sinceramente creo que no haya nada que salvar en este libro y cualquier otro mes ni me habría acercado a el (bueno, miento si estuviera en mi librería de referencia en un buen lugar; pues sí, igual o habría cogido). En fin, por destacar algo, ese “cuando se trataba de satisfacer su ego, podía ser mas codiciosa que un viejo prestamista.”, pero ya veis el nivel.

He de reconocer que de La vida al final no tengo ahora mismo ningún recuerdo, no puedo decir si es buena o mala, si bien me temo que no será demasiado buena ya que no he marcado ninguna frase ni ninguna pagina como algo a recordar. De hecho, releo la contraportada que me cuenta que va sobre un abogado al que le diagnostican una enfermedad terminal y se dedica a prepararse ante lo inevitable y despedirse de sus seres queridos. Pues nada, ni con esta sinopsis consigo recordar nada de esta novela. Eso ya dice bastante.

Sobre Algo supuestamente divertido que nunca volver a hacer, estoy seguro de que todos habréis adivinado que mi única razón para comprarla es que me gusto el título. Mas dudoso era el hecho de ser una recopilación de artículos, o ensayos, sobre la cultura norteamericana escritos en los noventa por un autor que me sonaba, pero no lo suficiente como para situarlo en el espectro de divertido o aburrido. Según mi librera era divertido, en el estilo de Fran Lebowitz, autora que ya he comentado me parece fundamental y divertidísima. Lamentablemente o mi librera no ha leído a Lebowitz o la confunda con la fotógrafa porque ni por la extensión (hay artículos de mas de setenta paginas) ni por el sentido del humor o la visión crítica y cínica se parecen en nada. Solamente esta frase, hablando sobre el ascenso de Reagan y de, en general, de las posturas conservadoras se salva “La mayoría de nosotros seguimos prefiriendo el nihilismo al neandertalismo”; aunque según las encuestas, las elecciones, y los comentarios generales parece que esta mayoría es cada vez más minoritaria e incluso a veces pienso que los neandertales eran demasiado evolucionados para clasificar de esto a una gran mayoría de congéneres.

Ya con mis dos librerías cerradas pues me acerque a otra muy conocida, también en el barrio, donde me compre, sin demasiadas ganas he de reconocer, Incierta gloria, novela de un catalán y escrita en catalán sobre la guerra civil, o, mejor dicho, situada en la guerra civil ya que realmente es sobre triángulos amorosos (o figuras mas complicadas que el triángulo) y la mejor frase, obviando la referencia a la existencia de un gremio de tocineros (al menos en la Barcelona de esa época; cuya festividad , por cierto, es el 17 de enero, dato que merece apuntar para celebrar) está al principio con ese “no sabemos nada de los demás, ni nos importa; en cambio, desearíamos que los demás nos conocieran a fondo. Nuestro afán por ser comprendidos solo puede compararse a nuestra desgana por comprender a nadie.”; algo con lo que, como lector, pues solo puedo estar parcialmente de acuerdo ya que igual comprender a personas reales no me interesa mucho, pero a personajes de ficción pues un poco más.

En cualquier como novela guerra civilista pues tiene alguna referencia a la religión como esa sobre los borrachos que “si beben, es para ahogar en vino el sentimiento del vacío, «el primer paso hacia la religión»”; o esa otra referente a la triple negación de San Pedro “como impresiona la indulgencia de Jesús ante ese defecto que los jóvenes rara vez perdona: la cobardía” que siempre resulta curioso pero que en tiempo de guerra tiene más sentido.

Curioso también me ha gustado que me recuerde como “Por lo visto hace apenas cien años las distintas clases sociales vivían en los mismos edificios; la diferencia la marcaba el piso. Cuanto mas pobres eran, mas cerca del cielo vivían.”, algo que ha cambiado tanto por el status de los áticos como por la existencia de urbanizaciones exclusivas o diferenciadas; pero más curioso, teniendo en cuenta que hablamos de 1930, es, al menos para mí, esto de “Otro asunto que daba pie a interminables peroratas era el de cierto guerrillero que operaba por esas fechas en las junglas de Nicaragua o de Guatemala, un tal Sandino, si no me falla la memoria…”; básicamente por la longevidad del Sandinismo, o por la tradición en los nombres ya que me recuerdo a finales de los ochenta a mí mismo, acompañado de mi hermano y un americano, gritando semi beodos en un semisótano de Long Island eso de consignas sobre Sandino y sobre otras chorradas. Ya digo, nunca se sabe.

Antes de que alguien, basado en la selección de frases, piense que es una buena novela he de decir que a mi solo me ha gustado, no demasiado, una de las tres partes que la componen pese a que en la misma hay ideas que suscribo completamente como “Ella es muy sensible al asco, lo que es lo mismo, sin el menor sentimiento. Porque los sentimientos, poco o mucho, siempre son sucios; no me lo niegues.”, aunque los seguidores del orden y del minimalismo piensen lo contario; o esa otra con la que todos valoramos el mainstream o la repetición de las marcas y locales iguales, “He llegado a pensar que toda idea, por buena que sea, se vuelve malvada si se difunde demasiado”.

Ya dicho, no me ha convencido, ni siquiera con ese “Distraerse el la cosa más aburrida del mundo. Es mucho mejor quedarse en casa y abandonarse a la tristeza; la tristeza, si uno se esfuerza en tomársela con calma, puede llegar a ser tan sedante como una lluvia de primavera. Si supiéramos sacar partido de nuestra tristeza, quizás descubriríamos que la única felicidad posible en este mundo es la de una tristeza clara y resignada. Pero hay momentos en que la tristeza nos muestra su expresión mas repulsiva; hay momentos en que  no es ya ni tristeza, que es apenas vacío, aridez, tedio de vivir, y entonces… Y pese a todo, el entretenimiento es mucho mas vacío y árido; el entretenimiento lo seca todo, todo lo que toca lo marchita.”, que, pese a que me gusta, no me convence del todo por ser excesivo y desprestigiar las distracciones (que son necesarias); una cosa es aceptar la tristeza como algo natural y otra darle este peso.

Las vidas secretas de las mujeres de los asesinos, me parece un gran título, incluso más que para un libro, para una serie de televisión (o plataforma, que se que ya la televisión prácticamente no existe) pero mas que como se plantea en el libro con las mujeres investigando otra serie de asesinatos como reportaje de que notaban o que no, si habían visto cambios, como los habían gestionado y ese tipo de cosas. Si damos crédito a las series de asesinos en serie sería una tarea difícil ya que normalmente la esposa (o la inexistencia de una relación) es precisamente uno de los desencadenantes o es la primera víctima. Difícilmente sobrevive, lo que me lleva a una de las reflexiones del libro “Una vez oí decir que los mayores temores de las mujeres en la vida son la agresión sexual y la muerte. ¿Y para los hombres? Lo que les quita el sueño es la idea de ser rechazados y humillados por una posible pareja. ¿No es patético? Que libres deben sentirse ahí fuera; viven la vida como algo normal. Que increíblemente liviana debe ser su existencia: vagar por donde quieran sin miedo, con la seguridad de que son intocables y lo peor que puede pasarles es que la chica guapa que les gusta los rechace.”; en la que teniendo razón creo que se equivoca en valorar como patético, liviano algo que debería ser normal, o igual de normal, para todos.

La novela en general carece de la gracia suficiente y solo me he reído con eso de “los hombres mas aburridos sienten la necesidad de cultivar «su imagen» vistiéndose como los Beatles.”, por aquello del parecido razonable con algún conocido, aunque entiendo aplicable a cultivar “otras imágenes” que cultivan conocidos que ya no tienen la edad necesaria. Correcta pero olvidable.

Es curioso que siendo yo un fan de Murakami, del bueno, no del que la gente, los hípsters (si es que quedan) pasea sus libros por Malasaña y Lavapiés, no me hubiera leído su primera novela, Azul casi transparente. Mi desconocimiento es todavía más curioso si consideramos que se editó en español en 1982 y trata de unos jóvenes japoneses cerca de una base militar norteamericana dedicados a poco mas que las drogas y como conseguirlas. Vamos, en cierta medida, una versión japonesa de Menos que cero y la típica novela que yo debería haber leído en su día (no descarto haberlo hecho).

Tal vez en su día me habría parecido interesante y me habría gustado, pero ahora me ha parecido floja y muy por debajo del desfase de sus novelas posteriores que si me gustan. Lo único verdaderamente sorprendente es que estos japoneses, desnortados por las drogas, estuvieran leyendo La Cartuja de Parma, algo que yo clasificaría de anacrónico más por el simple hecho de que estos jóvenes lean, sino por que lean a un clásico como Stendahl (aunque igual es un guiño del autor que yo no he pillado).

A veces no puedo resistirme a coger novelas simplemente por la nacionalidad del autor (siempre y cuando estén en una editorial conocida o tengan algo más) así que este mes me hice con El corazón negro, por aquello de ser su autor ucraniano (o ucranio como parece que se dice ahora, o al menos dicen en las noticias) y por tratarse de una investigación criminal sobre la venta ilegal de carne de cerdo (obviamente no por ser carne de cerdo sino por las restricciones tras la guerra bolchevique).

Siendo una novela entretenida, como novela de detectives o criminal pues no tiene por donde cogerla y es casi mas una critica a la burocracia, a sus chorradas o procedimientos que otra cosa. Tiene cosas graciosas cuando el investigador principal, tras asistir a un curso de interrogatorios, se queja del contenido semi vacío del mismo e incluso de que “¡Imagínate que me obligaron a fumar para aprender a echar el humo a la cara de los interrogados!”; o cuando en otro momento comenta “¡Los discípulos aprenden de los maestros novatos!”, quejándose del nivel profesional de los formadores que creo cada vez se da mas (pero igual esto es solo porque yo cada vez soy mas mayor).

Lo mejor para mi es cuando describe a alguien como “¡Desde luego que es honesto! – aseguro Jolodny, y se encogió de hombros de nuevo - ¡Y también es muy capaz de mentir, ya lo creo!”; dejando claro que no existe ninguna contradicción entre ambas cosas.

Dicho esto, he de reconocer que me ha hecho daño leer esta errata “… sentada en la mesa y alumbrada por el calendario de tres velas.” (¿calendario, en serio?); un poco menos de daño me ha hecho leer “Balde de medida. Capacidad: 10 tazas, 100 Charki, 200 shkalilki” cuando he leído la nota a pie que dice que un Charki son 123 mililitros… ¿en serio, las tazas en ucrania eran de 1,23 litros? Y yo quejándome de los tamaños de café americanos; y me ha sorprendido mucho que en una conversación sobre Judas Iscariote (hablando de traiciones y traidores) uno de los personajes diga “¿no es cierto que el fue el primero que echó a andar detrás de Jesús? ¿estaba ciego o qué?”, que seria un detalle muy interesante pero que parece que inexacto o que no está claro el orden real de los discípulos (cosas de la historia sagrada) pero seguro que no fue el primero que le siguió.

Mi última lectura del mes, Operación Masacre, tenía mucho riesgo de que no me fuera a gustar ya que es una novela de no ficción moderna sobre unos fusilados en argentina que realmente no habían muerto o no todos (cosas de argentinos o de militares no tengo claro como en se puede fallar fusilando).

Al parecer el fusilamiento era conocido y no especialmente interesante hasta que el escritor en una conversación en un bar oye que alguien le dice a otro parroquiano que hay un fusilado que vive lo que , da lugar a la investigación que recoge el libro.

Curiosamente parece que fue un desastre de fusilamiento (no solo por ser totalmente ilegal ya que no existía causa para el mismo) y que no solo sobrevivió uno sino varios (no recuerdo cuantos, pero como seis o más). Totalmente prescindible excepto por un consejo, que al parecer es un “chiste idiota de Rilke”, pero que parece bastante acertado: “Si usted piensa que puede vivir sin escribir, no debe escribir.”, o por lo menos si uno no piensa en términos meramente económicos.

En fin, me gustaría decir que ahora – tras la vacaciones – volveremos a la normalidad de las lecturas y las visitas a mis librerías, pero lo dudo ya que este año he ido antes a NYC, acabo de volver, y tengo una balda llena de libros en inglés para los próximos meses con los que divertirme. Concretamente esta:

 


Yo con esto, vosotros… pues ¡Divertíos, asaltando el castillo!

 

Lecturas

Punto Cero - Seicho Matsumoto

Esta plaga de almas - Mike McCormack

Aburridísima - Izumi Suzuki

La vida al final - Bernhard Schlink

Algo supuestamente divertido que nunca volver a hacer - David Foster Wallace

Incierta gloria - Joan Sales

Las vidas secretas de las mujeres de los asesinos - Elizabeth Arnott

Azul casi transparente - Riu Murakami

El corazón negro - Andréi Kurkov

Operación Masacre - Rodolfo Walsh

jueves, 13 de agosto de 2026

Comentario de textos – julio 2026

Si en mayo comentaba que era un poco raro que en un mes de mucho trabajo hubiera leído más de lo normal, ahora puedo confirmar que el factor que realmente aumenta mis lecturas mensuales son las visitas a Piles, especialmente si, como es el caso de este mes, las hago con poco o nada de trabajo. Como este mes he hecho dos visitas diferentes a Piles pues el número de lecturas puede, no, estoy seguro que haya alcanzado algún tipo de récord personal de lecturas mensuales pero, paso de mirarlo.

Es decir, que inevitablemente este post puede ser algo largo; claro que como con pasa con todos los “puede”, especialmente con los de las noticias, mas incluso con las climatológicas, igualmente puede que no, que no sea largo (ni de coña, está claro que va a ser largo, avisados quedáis, no se trata de un puede). La verdad es que no sé porque últimamente se dan tantas noticias en condicional, para mí que una cosa pueda pasar o no pues no debería convertirla en noticia ya que la mayoría de la población asumimos que las noticias son hechos, no previsiones. Es algo que me resulta tan difícil de digerir como esas noticias sobre leyes que se dan como aprobadas cuando la noticia real es que solamente se presenta un proyecto de ley que probablemente no sea aprobado, es decir que la noticia no va sobre la ley o una medida en concreto por mucho que decirlo así sea más impactante, incluso políticamente ventajoso, pero claramente equivoco transmitiendo la idea de que esa medida, ley o novedad climatológica (puede que venga otra ola de calor) es un hecho pese a que luego no lo sea (si, puede que exista vida extraterrestre pero también puede que no; esto nunca debería de ser una noticia).

En fin, que esto – que, como yo, os estaréis preguntando – a que viene;  es una de esas cosas que últimamente me ponen casi tan nervioso como que alguien me responda con un ‘si’ cuando le planteo una disyuntiva, la elección entre dos cosas sencillas (la pregunta ¿voy o vienes? No admite la respuesta si, de ninguna manera; las disyuntivas, salvo casos muy concretos, no admiten esto) y ahora me estoy imaginando la crisis nerviosas que debe sufrir un azafato/azafata al que gran parte del pasaje le contesta si al tradicional ¿pollo o pasta?, que seguro que tiene que corregir todo el reparto aleatorio que permite esa respuesta.

Sin más preámbulo ya que puede (seguro) que esto se alargue vamos con las lecturas del mes que empiezan con un primer viaje a Piles, tras haberme abastecido de lecturas en mi librería de referencia (si, una vez más: Librería Méndez en la calle mayor) donde lamentablemente me compre Caja 808 que pensaba que podía ser una novela interesante sobre una pionera de la organización industrial (una rama en cierta medida precursora de la robótica) y una misteriosa caja que podría contener algún secreto importante (ya que ella es un poco Kondo – lo que antes se llamaba anal – y guardaba todo en cajas numeradas). Lamentablemente me ha parecido una tortura difícil de acabar sin ningún interés. Así de sencillo. Si tiene esto que ciertamente es realista y que creo que todas las generaciones sienten respecto a las siguientes y viceversa en casi todos los campos de conocimiento: “¿Se ríen en realidad de la juventud de los programadores? ¿O lo que les hace gracia es el hecho de que sus caras de niño les permiten, a ellos, un par de hombres de mediana edad, presentarse como viejos experimentados con algún tipo de autoridad? Pero es que son viejos: en este mundo, tener cuarenta es ser viejo; no tener un dominio en Blender, Topsolid o Teckler integrado en el sistema neuronal te coloca no solo en la generación anterior, sino, algo mucho peor, en toda una categoría evolutiva que las nuevas generaciones han relegado al olvido. ¿No es eso lo que debería hacerles gracia? ¿Acaso los tipos como Phocan creen que están gestando el futuro cunado no hacen más que sobrevivir a su propia obsolescencia?”; ya, si eso, otro día hablamos de la (escasa) capacidad de entender la tecnología de estas generaciones nativas digitales.

Como yo tengo una incultura enciclopédica pues no tenía ni idea de que había existido ese Lyceum Club Femenino, fundado durante la dictadura de Primo de Rivera a semejanza de, digamos, el tradicional casino de pueblo, que as su vez es la burda reinterpretación española de los clubes ingleses y que es el centro de  El Club de las modernas, club que pretende parecerse a dichos clubs ingleses  pero sin el elitismo y con mucha más componente social (impulsando escuelas infantiles, algo previsible; o, sorpréndete como crear un club de lecturas para ciegos desarrollando una de las primera bibliotecas en Braille de España). En principio es una curiosidad fascinante, como pasaba con el de Parabere, que podría dar lugar a un buen libro, pero le pasa lo mismo: la historia real promete ser mucho más fascinante que la historia contada. Una lástima.

Eso si, tiene cosas que yo no conocía como esa descripción de la paradoja que sufrían las mujeres de la época (e incluso las actuales u otros colectivos) a las que “se les negaba la instrucción y luego se las culpaba de ignorancia” que en el libro de la que se toma esta cita (curiosamente de Josefa Amar y Borbón, ni comentemos  que poco elitista el apellido) al parecer “Recurrió a ejemplos históricos, a la tradición clásica y a la autoridad de pensadores antiguos para demostrar que, allí donde se les permitió aprender, las mujeres igualaron o superaron a los hombres.”; algo a lo que, pese a desconocer el libro citado y sus razones, no tengo nada que objetar y lo creo sinceramente.

También me ha hecho mucha ilusión encontrar una referencia  (parcial e involuntaria, sin duda, ya que no tiene nada que ver) a ese Ojos de corza Herida (un tema de La banda del otro lado, una de las continuaciones casi desconocidas de Glutamato Ye-Ye) cuando un personaje de otra escritora de la época “aclara que los hombres se enamoran de las corzas: tan lleno como está el varón de racionalidad, busca un alma irracional, animal, absurda y caprichosa que lo complemente. Al hombre inteligente le repugna la mujer con talento: ahí eta la explicación.”; algo ante lo que solo puedo declarar que sobre la base de mis gustos en mujeres pues debo de ser completamente estúpido, o idiota como dicen que soy mis conocidos. Pero, completamente, oye tu.

Mi frase favorita es esa forma de completar un clásico de la época “es verdad que la sangre con letra entra, pero no con la del alumno, sino con la del maestro.”; y mi descubrimiento favorito (podría hacerme el culto y decir que ya lo sabia pero acabo de confesar mi estupidez) es eso de que Emily Bronte publico Cumbres Borrascosas con un seudónimo masculino (Ellis Bell, por si os interesa) que al parecer hizo que algunos críticos pensaran que era de su hermana (que también publico Jane Eyre bajo seudónimo masculino y familiar (Currer Bell, en este caso; por lo que igual la teoría de la hermana pues no estaba tan desencaminada).

Tras esta lectura densa y cultureta pues pase a leer El aguardiente bendito de Algot y Anna Stina que ya desde el titulo promete ser una novela poco seria, o mejor dicho, sumamente entretenida. No defrauda y es una simple comedia de enredo entre unos nobles con ideas rancias y de mal carácter a los que todo le sale mal y por otra parte unos campesinos de buen carácter, pero semi esclavizados, por el anterior a los que todo les sale bien. Vamos una novela verdaderamente entretenida de leer mas propia de una tumbona o hamaca con el cerebro medio apagado que de una lectura frente a una chimenea con aguardiente  en una noche lluviosa. Aunque estoy seguro que se disfrutaría en ambos casos.

He de reconocer que me confunde un poco ese razonamiento en contra del socialismo, más bien de la democracia en su totalidad, sobre la base de “¿Qué pasaría si cualquier indigente pudiese participar en las decisiones? Lo mínimo es que quien quiera cambiar las leyes sea capaz de leer las que ya existen, ¿no?”;ya que en el mínimo si estoy de acuerdo, pero no en lo de indigente.

Lo mismo me pasa con ese consejo médico de “El alcohol, que casi todo el mundo disfrutaba, pero que la mayoría criticaba, había sido considerado hacia un decenio como medicina. A las embarazadas se les aconsejaba que bebiesen aguardiente y lamiesen sal para que el niño naciese sano y cuerdo. Y también se consideraba bueno para la sordera y el cáncer.”, que estoy seguro de que en lo relativo al aguardiente (ginebra en su caso) mi madre siguió escrupulosamente en todos sus embarazos, aunque dudo más respecto a lo de lamer sal, lo que explicaría porque los hermanos tenemos al menos una de las dos cualidades (no todos la misma) que impulsa el consejo. Ya digo, tengo mis dudas sobre el consejo (lo de la sordera y el cáncer tengo claro que no) como las tengo sobre los beneficios del agua con radio (o directamente radioactiva) que se publicitaba durante mucho tiempo como altamente beneficiosa para la salud.

Ya digo, una novela excelente como lectura veraniega.

Las novelas de detectives japoneses (actuales) pues reúnen dos de mis debilidades (no creo necesario aclarar cuales, ¿no?) así que La mano que mueve los hilos era casi una obligación de compra. Como buena novela japonesa pues la historia se va complicando y realmente los comportamientos y relaciones son tan extravagantemente japoneses en algún caso, y la parte detectivesca se va complicando paulatinamente por lo que  toda la historia tiene su punto. Dicho esto, he de advertiros de que no os la compréis, ni la empecéis a leer. ¿Por qué?  os preguntareis ¿Por qué si es buena no leerla? Muy sencillo: la ultima frase del libro es “sigue en el segundo volumen.”; algo que me ha parecido sencillamente inaceptable (ya que no se avisa en ningún sitio) y me ha enfadado casi tanto como esas series que hacia el final se complican solo para en lugar de resolver la historia, dejarte completamente colgado. No me parece aceptable.

Encima hay cosas que me han gustado mucho ese “Yoshio no supo que mas decir. No era muy hablador y en su mundo solo había dos tipos de personas capaces de abrir su propio negocio: o parlanchines con el pico de oro u hombres de pocas palabras. Los del primer grupo se decantaban a menudo por tiendas de electrodomésticos, pequeños supermercados y otros establecimientos en los que las ventas y las reparaciones iban de la mano. Los segundos, como Yoshio, se ganaban la vida ofreciéndole al publico lo que ellos mismos producían.”; que yo unilateralmente leo como unos son vendedores de coches usados y otros productores (seguro que ya tenéis una idea de en qué grupo considero estar); e incluso todavía más ese “¿Qué le había ocurrido a Itagaki mientras tanto? ¿o el problema era que no le había ocurrido nada? Lo recordaba funado Hope; pero en ese momento sostenía un Mild Seven Light entre los dedos. El tabaco light parecía simbolizar su falta de entusiasmo y determinación.”; ya que fumar light es casi tan buen indicador de la falta de esas cualidades como beber cerveza sin alcohol (algo que sencillamente, por definición, no puede/debe existir).

Pensaba que esta lecturas serían suficientes para mi vista a Piles pero una vez más me quedé sin nada que leer antes de volver y tuve que coger la Antología de Cuentos de Ficción Científica ya que parece que o nadie lee nada en Piles o yo soy el único que deja lo que lee para el siguiente. A este libro ya había recurrido otras veces que me pasaba esto pero ahora que lo he terminado, creo que ya solo me queda por leer Decline and fall of the Roman Empire (que de momento no me apetece nada), así que ya veremos la siguiente visita.

Realmente lo más fascinante de este libro, editado en 1965 (el año de mi nacimiento todo sea dicho), no es que se deje leer razonablemente bien (si bien es cierto que actualizar las traducciones lo mejoraría mucho) sino que sorprende la actualidad (el parecido con temas actuales de la ciencia ficción) que se apunta en esta ficción científica con tantos años de antigüedad.

Una de mis partes favoritas esta en el cuento A la intemperie en el que “Habían apartado la lluvia de las ciudades porque resultaba un despilfarro dejarla caer allí. Era mejor desviarla hacia donde pudiera llenar un depósito, ablandar un desierto o apagar un fuego en un bosque…  ; algo que cada vez que me pilla una tormenta en plena calle que me deja empapado me planteo, y que también me planteo cuando no me pilla en la calle, en este caso no por el egoísmo de no mojarme, sino por un uso racional de los recursos. También estoy seguro que, aunque fuera técnicamente viable siempre habrá quien se opondrá con un “Todo muy laudable, pensaba Oren; Pero no aceptaba semejante intromisión en la naturaleza. Era un conservador, un chiflado antiprogresista.”; eso tampoco ha cambiado salvo para peor.

Ya de vuelta en Madrid y siguiendo con el tema de los club ingleses empiezo El misterio del Bellona Club, donde descubren en su sillón habitual a un parroquiano del club muerto, en lugar de dormido bajo el periódico como era habitual. Además de tener que descubrir al asesino en este caso es importante identificar la hora de la defunción ya que de ello depende quien hereda la fortuna (como en aquel famoso caso de un padre y una hija millonarios que mueren en un accidente de avión y que dependiendo de quien haya muerto antes pues cambian los herederos), lo que hace de ella una novela entretenida, sin mas; salvo tal vez por algunas machistadas fascinantes procedentes de frases tradicionales como  “es que tengo la ancestral idea de que en situaciones de crisis hay que tratar a las mujeres como si fueran imbéciles. Supongo que es por tantos siglos de «las mujeres y los niños primero. ¡Pobres!»; o en forma de dialogo con este en el que ambas partes pue sorprenden:

“- A mí me saca de quicio ver lo grosera que es la gente cuando se casa – dijo Wimsey -. Supongo que es inevitable. Que raras son las mujeres. Da la impresión de que les importa mucho menos que un hombre sea fiel y honrado (y estoy seguro de que tu hermano lo es), que que les abran la puerta y les den las gracias. Lo he observado un montón de veces.

- Un hombre debería ser tan cortes después del matrimonio como antes de casarse – proclamo Robert Fentiman con orgullo.

- Debería serlo, pero no es así. Seguramente existe alguna razón que desconocemos – dijo Wimsey -. He preguntado a muchos hombres (ya sabes que me gusta meterme en todo) y en general te contestan con un gruñido y te dicen que sus esposas son personas sensatas y saben que las quieren sin más. Pero no creo que una mujer llegue a ser sensata jamás, ni siquiera tras una prolongada relación con su marido.

Los dos solteros negaron con la cabeza solemnemente.”

No sé, supongo que si hay una explicación para este dialogo estará en la última frase (en que son solteros los que hablan) o no. Otro puede.

También me gusta que se cite a Aristóteles con ese “que siempre se debe preferir lo imposible probable a lo posible improbable” (que contiene la misma falta de coherencia que la famosa variación de Sherlock sobre lo posible y lo imposible).

Que no me convenciera mi siguiente lectura, Los ilegales, es básicamente imputable a mí ya que al leer en la portada “la historia nunca contada del programa de espionaje mas secreto de Rusia” asumí que se trataba de una novela y no prácticamente de una tesis doctoral sobre los espías rusos infiltrados en distintos países. Dicho esto, pues evidentemente como novela es un truño y como tesis pues ni idea que mi nivel de conocimiento sobre espionaje ruso esta en menos mucho.

Eso sí, me ha encantado leer algo similar a lo que mi padre siempre decía sobre la importancia de llevarse casi mejor con las secretarias de la gente importante que con los verdaderamente importantes (directores, ministros, etc.) cuando “Wolf comprendió que las secretarias, en muchos casos, tenían acceso a tanta información confidencial como sus superiores e incluso más.”; algo que dará lugar a los tradicionales rollitos espía/secretaria de muchas novelas y películas.

También es interesante esa reflexión sobre lo difícil que es encontrar a espías para infiltrarlos en un país ya que “El KGB exigía lo imposible a sus reclutas: un operativo debía ser inteligente, flexible y lo bastante sofisticado para hacerse pasar por occidental y, al mismo tiempo, contar con una firmeza ideológica que le permitirá ignorar incluso en la intimidad del hogar los evidentes defectos de la sociedad soviética.” ; algo incluso más difícil que la conciliación familiar de los espías, que imagino ahora será un gran problema, al menos en los servicios de inteligencia españoles.

Palahniuk es un escritor que a veces me gusta mucho (creo que he leído todo lo que ha escrito) y otras sencillamente, aunque la idea general de la novela sea interesante se excede y resulta agotador y mosqueantemente pesado. Inducción por Shock esta en esta segunda categoría. La idea de la novela es que los padres, tras someter a sus hijos a diferentes test de capacidades, los venden para que una empresa los eduque, bajo una disciplina completamente férrea y sin ninguna libertad, de forma que se conviertan en los mejores de cada campo de forma que sean superricos y famosos, y para ocultarlos pues fingen su suicido, por lo que uno de ellos intenta descubrir sus orígenes. Esa es la trama y la tesis pues seria algo como  ¿Qué elegirías para tus hijos: Libertad o éxito económico y social? ¿Que estarías dispuesto a sacrificar o, más bien, a que ellos sacrifiquen? .

Alguna vez me he preguntado qué haría yo si fuera padre, como me comportaría en la educación de mis hijos y casi siempre, sobre la base de que gran parte de los hijos acaban revelándose contra sus padres solo porque sí, porque está en la naturaleza de la relación paterno filial, me he plateado que igual debería educarles con mucha mano dura y en los peores ismos (p.e. machismo, individualismo, nacionalismo, fascismo, etc.)  para que así, en su rebelión, se volvieran personas amantes de la libertad, compresivas, colaboradoras y en general buenas personas por lo que puedo solidarizarme con esa familia a la que “Cuando eras muy niña y la gente de Greener Pastures nos dijo que prometías mucho, nos comprometimos a hacer de tu vida un infierno.”; claro que , en seguida, recuerdo mi educación y como creo haber salido y esa idea se me borra de la cabeza y vuelvo a que la mejor educación se basa en el ejemplo (al fin y al cabo la imitación es otra constante del ser humano).

Como no la conocía os dejo esta cita que recoge el libro “Decía Marcel Proust que la tarea del escritor consiste en situar al lector en un mundo tan espantoso, un ámbito tan infernal y desdichado y caótico, que el regreso al mundo real se experimente como una escapada al paraíso.”; con la que, como lector, pues no estoy de acuerdo, pero, oye es Proust, el de la madalena quien lo dice y puede que este sea el éxito tanto de los melodramas como de las distopias.

Imaginaos una novela policiaca que ocurre en Islandia escrita por una finlandesa, de cuarenta y tantos, que vive en Islandia desde hace más de veinte años, y en la que los protagonistas, los investigadores, son una islandesa y un finlandés de visita que casi todo el tiempo esta tejiendo punto; y tendréis la idea general de Huellas en los fiordos. Vamos que lo de resolver el asesinato es lo de menos y lo divertido, o curioso, del libro es el carácter de los personajes (de finlandeses e islandeses) que al menos en método de trabajo no parecen muy distintos de la idea general de nuestros compatriotas en los métodos de trabajo “Habían actuado siguiendo el tradicional método de trabajo islandés: no habían  solicitado permisos, habían terminado de forma apresurada y, después, habían dejado que el episodio se sumiera en las tinieblas de la historia.”

Uno podría pensar que esto solo es aplicable al trabajo policial y que como dice una de los protagonistas “A veces no se si trabajamos en la policía o en gestión de residuos – dijo abrochándose el cinturón -. No hacemos más que reciclar la misma mierda una y otra vez. Crees que ya has cerrado un caso, pero, oh, sorpresa, te vuelve a caer encima en el siguiente turno”; pero que yo creo se puede aplicar a casi todas los ámbitos profesionales, incluso a los que de verdad trabajamos en gestión de residuos.

Como curiosidad diferenciadora me ha llamado la atención que “Todos los islandeses con numero de la seguridad social están listados en el árbol genealógico digital del país, El libro de los islandeses, en el que cualquier persona puede encontrar información sobre los padres y la relaciones de parentesco de todos los islandeses. Si uno introduce su número de la seguridad social, la pantalla muestra su árbol genealógico, remontándose hasta el primer islandés.”; algo que me cuesta mucho, mucho, pero mucho creer ya que dudo que los primeros  noruegos que llegaron, según Wikipedia en el año 874, tuvieran numero de la seguridad social o que existiera seguridad social. Así que es posible que esto que más que un factor diferenciador muestre otra característica común con los españoles: la exageración . Eso sí, si tuviéramos aquí ese servicio, la de horas que me hubiera ahorrado intentando ayudar a mi padre a que construyera el árbol genealógico familiar (verdaderamente confuso y solo de una rama, la paterna) con el primer ordenador que tuvimos en casa.

SI es diferente y fascinante el tema de los obituarios que es costumbre que todos los conocidos del difunto escriban y manden a la prensa un obiturario lo que hace que “En ocasiones, el anexo de los obituarios del periódico se extendía durante veinte páginas, ya que se publicaban absolutamente todos los textos recibidos, incluso los que podrían clasificarse como chapuza literaria. La muerte era más poderosa que la gramática. Los obituarios resaltaban la esencia de la islandicidad: la vida de cada persona era digna de narración y cada narración era importante.”

Una vez mas el calor y la ausencia de sombra que posibilitaria cruzar la puerta del Sol me obligo a cambiar mi librería de referencia por mi librería sustituta (Librería In-Verso en Augusto Figueroa) que estoy en proceso de intentar adoptar por proximidad, aunque se me esta resistiendo y todavía no he encajado con la oferta que tienen. Esta es la razón por la que cogí Tinta y sangre, que es de una de las ultimas premio nobel de la que ya había leído una y me pareció lamentable, pero, oye, un premio nobel pues merece una segunda oportunidad. Visto lo visto no se merece una tercera oportunidad por lo que dejare sin leer su novela verdaderamente famosa, por lo menos hasta que me olvide de estas dos pruebas.

Solo me ha parecido salvable esta idea: “No sabía que alguna relaciones se pudren con el tiempo como agua estancada, que poco a poco pudren incluso a las personas están sumergida en ella. No sabia que la costumbre se convierte en dependencia, que surge la compasión por el otro que se obsesiona, que el placer se desliza imperceptiblemente hacia la decepción, mientras uno se obliga a creer que todo va desesperadamente bien…”; claro que como contrapartida a esta idea interesante tiene esa incoherencia matemática de “… en cuanto a la velocidad del viento, diría que es de unos cien kilómetros por hora. Las partículas del aire que acabo de inhalar y exhalara estarán a ocho kilómetros al sur dentro de una hora.”; que igual es posible porque dudo que un viento de esa intensidad pues se mantenga constante durante esa distancia, pero… de una cosa no se deduce la otra, sino mas bien otra diferente.

Si de esta premio novel no me ha gustado ninguno de los dos libros que he leído, justo lo contrario me ha pasado con la autora de Hooked, que la que el libro anterior (Butter, que por fin han traducido al español) me gustó mucho, tanto que al ver este en ingles pues decidí comprármelo. Es lo que yo llamo una historia verdaderamente japonesa en la que la protagonista acaba haciendo chantaje a otra de las protagonistas para que sea su mejor amiga. Si, así mejores amigas a la fuerza, solo porque “What Eriko wanted more than anything wasn’t friends per se, but to be seen as a person who had friends.”; y bueno, pues las cosas, mira tú, pues no se desarrollan como debe hacerlo una relación de amistad. Sorpresa, sorpresa.

Además de la idea general la verdad es que tiene grandes frases como esa que debería hacernos reflexionar a todos de algunas respuestas que damos ya que “Saying that you can’t be bothered is, in effect, saying that you care about yourself most of all.”; o esa otra que me apunto para cuando, inevitablemente me temo, vuelva a engordar que dice “I have gained weight, but this is really my original size. I was restricting myself before and now I am not.”

También es verdad que, aunque “The world is full of information that you’re better off not knowing.” agrada encontrar información de como cambiar de genero esa expresión tan española de “un bosque de nabos” para referirse a una reunión/fiesta con solo tíos, ese “A whole beehive full of Queens.”; o que te recuerden (si, es algo que, al parecer ya sabía, o debía saber, porque al parecer Álvaro lo cuenta a menudo) que “Ding-Dong! The Witch is Dead.’ Hadn’t she heard somewhere that that song has been number one in the UK charts after Margaret Thatcher had died?.”; que sí, que fue un hecho propio del sentido del humor inglés.

También me ha encantado una de las ideas centrales, adaptando el concepto de especie invasora a las personas con ese: “so much bad stuff can happen when someone who’s lived in a certain place sets foot outside and encounters people from a different culture for the first time.”; que realmente veo más aplicable a esos cambios que les da por hacer a los cincuentones malasañeros que de repente deciden irse a vivir al campo, como ya he dicho otras veces nada bueno puede salir de eso.

Tras estas lecturas y con la previsión de otro viaje a Piles me atreví (por necesidad) atravesar la puerta del Sol y llegar a mi Liberia de referencia donde, cuando ya estaba pagando, encontré El curioso caso de Mary Mallon, una reivindicación de la cocinera más infame de toda la historia (Mary la finoidea) por Bourdain que obviamente tuve que comprar con la excusa de regalárselo a mi hermana.

El libro no es especialmente bueno y lo mejor de todo el libro es la introducción en la Bourdain se luce tanto con su clásica descripción de los chefs como un colectivo espacial (unas veces reyes de un reino único, otras piratas modernos y otras psicópatas natos) como aclarando la necesidad de Mary (emigrante podre e inculta que solo sabe cocinar) para seguir haciendo su trabajo (que otra cosa podía hacer si era lo único que sabía hacer y tenía que vivir) especialmente cuando su fama  parecía claramente exagerada y casi provocada por una inquina/obsesión de una persona ya que “ el recuento total de víctimas de Mary – a lo largo de su carrera, y eso según los cálculos de su más acérrimo e inclemente perseguidor – ascendió a treinta y tres personas infectadas, con solo tres muertes confirmadas.”; algo que no justifica el sobrenombre asignada a Mary.

Coincido, por haber oído siempre algo parecido de mi padre con que “uno se ve definido por su trabajo. El trabajo nos exime de nuestros pecados, nos absuelve de nuestros excesos y de nuestras faltas.”; por mucho que no este de moda decir algo así.

Así llegamos al nuevo libro,  El sheriff reticente, de uno de mis autores favoritos últimamente (Offutt, Chris) que a diferencia de sus novelas anteriores (aun siendo continuación de otra) tiene más madera de best-seller y recuerda casi a Baldacci o Connolly con todos esos personajes que o son agentes especiales altamente entrenados o pueden reunir un ejercito de ellos (algo que igual no es tan raro en la América profunda, a donde vuelven muchos de los que se entrenan y luchan en las guerras actuales).

Obviamente esta frase “Amaba las montañas. Amaba la vieja camioneta de su abuelo. Amaba a los pájaros y las flores silvestres. Convino en que era experto en amar cosas incapaces de corresponderle. A lo mejor era que no sabía alentar mi conservar el amor.”; es algo que considero muy aplicable a mucha gente que desenfoca su amor, preocupándose mas por sus animales de compañía, o por la naturaleza, que por su congéneres de la que, desgraciadamente, cada vez hay más.

Algo que tengo que recordar probar, aunque espero no tener que hacerlo, es ese consejo de lenguaje no verbal, que a priori dudo sea efectivo, de: “Mick centro su ojo izquierdo en el izquierdo de Jones, una técnica empleada para reforzar la no agresión. Las personas furiosas que se disponen a entrar en conflicto se miran fijamente al ojo derecho.”

Y por supuesto voy a probar ese juego de “le quito el sonido a los anuncios y trato de imaginarme que intentan venderme. Ya no es tan fácil como antes.”; que puede ser un juego tan divertido como el que hacíamos hace años de intentar ser el primero en averiguar cual es la productora de las películas viendo el logo inicial (solo para productoras independientes).

Obviamente como fumador pues no puedo dejar pasar esta frase “eso me recuerda a lo que decía Babe Ruth cuando le criticaban por fumarse un puro en público: No soy un atleta, soy un jugador de Beisbol.”; que me hace acordarme de cuando Cruiff, siendo entrenador, fue criticado por (o igual directamente le prohibieron) fumar y se paso a los chupa-chups (como si fuera mas sano).

Otra gran novela es Crímenes decentes que es un thriller que podríamos comparar con Grisham aunque mas metido en el fango del mundo de los drogadictos y menos en el proceso judicial. Una verdadera sorpresa con frases que podría decir Bogart como “no soy un pesimista, es que trabajo en un lugar que tiene muy buenas vistas sobre un mundo muy feo.”; que obviamente  firmo en su totalidad, o como ese “estas hablando de cometer el peor de los delitos – la estupidez – y correr un riego innecesario.”; o esa descripción del personaje “Capaz de encajar el carácter impredecible de la vida – y la certeza de la muerte – con una sorna brutal, contraponiendo a todos los horrores de la existencia el único don valioso que nos ha sido otorgado: la indiferencia.”, que no se si firmo pero me gustaría (creo).

Por supuesto también tiene alguna más típica como “aunque Joe creyera lo contario, el mundo estaba lleno de gente mejor que él.”, que se nos aplica a todos por estadística básica; o esa variación más fina de las moscas y la mierda que es “el consenso de las opiniones rara vez equivale a la verdad.”

Sorpréndete también (no sé porque, pero me sorprende) encontrar referencias al dibujante de porno gay underground barcelonés (si, hablamos de Nazario; premio a la cultura popular para los que acertasteis) y al pleito que tuvo (y gano) con Lou Reed cuando en 1979 este le copio un dibujo para la portada de un disco suyo:


Mi siguiente lectura, Nido, se aparta notablemente de las dos anteriores siendo una novela seria y reflexiva sobre como intentar reconstruir una vida después de (o durante) un maltrato continuado, un maltrato más psicológico que físico (lo que lo hace más difícil ya que no existen evidencias físicas) que empieza cuando, entre otras cosas, la  protagonista empieza una renuncia de parte de su vida con ese “Convertí la maternidad en una religión. Una secta que dejaba todo lo demás fuera.” y centrándose en la parte más difícil del proceso, porque “una cosa es irte y otra muy distinta es no volver.”

Me ha parecido bastante buena, creíble con poco (o nada) de sentimentalismo y su tono de humor como en ese “Las conversaciones entre su madre y su tía eran como escuchar a dos actrices con guiones distintos. Tal vez ni siquiera de la misma película.”

Además, me ha permitido añadir a mi base de datos de frases incompletas, que cambian el significado de lo que todos recordamos, esta  de “la palabra más importante del texto ha quedado eliminada de la historia. Martin Luther King no dijo «tengo un sueño». Dijo: «Todavía tengo un sueño». Dijo que, a pesar de todo, todavía soñaba con una cosa.

Como ultima lectura en Piles tenía Indetectable que previsiblemente iba a ser el best-seller (conceptualmente ya que no por volumen) que iba a leer en este viaje ya que era una historia sobre la caza de un científico soviético que crea un virus mortal e indetectable que tras la caída de la unión soviética huye a Alemania y desaparece. Prometedor a priori, aburrida y sin ritmo en la realidad.

Eso sí, que he enterado de un concepto geográfico que desconocía que es la existencia de la Transcaucásica, o Cáucaso sur, que comprende Armenia, Azerbaiyán y Georgia, que pese a saber esto pues tendría dificultades en ubicar en un mapa.

Es en esta zona geográfica donde los que persiguen al científico se aloja en un sitio que “Pero sintió que era el lugar apropiado para el día que llevaban; ahí, en ese hotel olvidado, ya no les pasaría nada más. Ahí habían dejado de pasar cosas veinte años atrás.”, algo parecido a lo que te pasaría si pararas en un hotel en mitad de Castilla La Mancha (no, así de la América profunda donde seguramente acabes asesinado por uno o más psicópatas)

Pues eso, si, solo he añadido esto de Castilla La Mancha para recordaros que ¡Divertíos asaltando el castillo!

 

Lecturas

Caja 808 - Tom McCarthy

El Club de las modernas - Eva Cosculluela

El aguardiente bendito de Algot y Anna Stina - Jonas Jonasson

La mano que mueve los hilos - Miyuki Miyabe

Antología de Cuentos de Ficción Científica - VVAA

El misterio del Bellona Club - Dorothy L. Sayers

Los ilegales - Shaun Walker

Inducción por shock - Chuck Palahniuk

Huellas en los fiordos - Satu Rämö

Tinta y sangre - Han Kang

Hooked - Asako Yusuki

El curioso caso de Mary Mallon - Anthony Bourdain

El sheriff reticente - Chris Offutt

Crímenes decentes - Javier Melero

Nido - O'Donnell Roisin

Indetectable - Serguéi Lébedev

sábado, 25 de julio de 2026

Comentario de textos - Junio 2026

Con la periodicidad de los años bisiestos este año nos ha tocado lidiar de nuevo con la monomanía informativa de otro mundial de futbol, en el que como la selección española ha llegado más lejos (hasta ser campeona por si alguno no se ha enterado) la monomanía informativa centrada en las peripecias de la selección pues ha durado más de lo acostumbrado como si se tratara de una de estas olas de calor impulsadas por el cambio climático. Y todo eso teniendo en cuenta que hay, al menos, dos guerras en marcha, ambas con muy mala pinta y con mínimas posibilidades de acabar, pero con muchas posibilidades de acabar con la economía mundial (o por lo menos la de cada uno de los que somos personas normales) y una pila bastante considerable de escándalos judiciales y de corrupción tanto en nuestro país como en el resto de Europa.

Así que me uno a esta monomanía y os comento un par de cosas que me han llamado la atención y que igual no has llegado o no las habéis pensado de la misma manera que yo.

La primera, no por orden cronológico, es la relación de Trump con España que ha pasado, una vez más, de España es lo peor (antes de la cumbre de la OTAN y antes del mundial) ha ser de lo mejor (después de la cumbre de la OTAN y una vez mas después de que España ganara la final). Esto no tiene nada de novedoso. Lo que me ha llamado la atención es que en una entrevista (o canutazo, creo que es como ahora llaman a cuando les preguntan sobre la marcha) le preguntan “¿Cómo van sus desavenencias con España, alguna tensión?” y el responde “todo perfecto con España, ninguna tensión con España. Yo no tengo ninguna tensión con ningún país”. Algo que no deja de sorprender justo cuando esta en mitad de un conflicto bélico en aumento en Irán, pero para su sentimiento, o entendederas es de, “ninguna tensión con ningún país” (eso sí, hoy ha anunciado nuevos aranceles a una lista interminable de países, entre ellos la unión europea por no hacer suficiente por cumplir las condiciones laborales de la infancia. Increíble pero cierto).

Por otra parte, me ha parecido muy llamativo que toda la publicidad de la final del mundial se centrada en el concepto “el partido de tu vida” para resaltar su importancia. No sé a vosotros, pero a mí esto me parece altamente pesimista ya que da a entender que es ahora o nunca y considerando que los mundiales (y sus finales) se producen con la misma periodicidad que los años bisiestos y que la mayoría del público pues tendrá por delante del orden de 50 años, pues eso quiere decir que los medios no esperan que España llegue a otra final en las próximas doce oportunidades ya que si lo hace este no será “el partido de tu vida”, al menos para el espectador medio. A mi me parece un poco negativo, pero vamos que yo de futbol, lo justo en entendimiento e interés.

También me ha parecido muy divertido el empeño de la FIFA de que no pudiera aparecer ninguna marca de productos que no les pagaran a ellos su “diezmo” en forma de contrato de publicidad. Es divertido porque han tenido que renombrar para la ocasión casi todos los estadios en los que se jugaban los partidos que, siendo estados unidos el capitalismo en persona, pues todos tenían un nombre con una marca. El caso mas divertido ha sido el de un estadio Levis (ni idea de cual o donde está) en el que les han obligado a cubrir el logo que adorna casi la totalidad del estadio, pero… como el logo de Levis es tan reconocible por su forma, Levis se ha limitado a cubrir el logo con una lona blanca con lo que no solo se seguía reconociendo, sino que ha dado lugar a un éxito viral de publicidad. Tanto existo ha tenido que el resto de las marcas han seguido esta forma de cumplir con la letra y, por ejemplo, Gillette ha cubierto sus logos con una especie de espuma de afeitar que han ido retirando y Heinz ha sacado una edición de sus salsas sin el nombre que se ha agotado en nada. Queridas que te pagara por la publicidad pues muchas gracias que me has dado una idea para hacer mas publicidad y tener mas éxito; así es lo de cumplir con la letra y no con el espíritu de las cosas o de la ley; o incluso el tan español de hecha la ley hecha la trampa, pero sin contratar al genio de al abogado español que, estoy seguro, recurrió alguna muta por lo de “prohibido fumar” en el metro consiguiendo que lo ampliaran a “prohibido fumar, o llevar el cigarrillo encendido” (me gustaría saber quién fue y en que superbuffette trabajo ese genio).

Pero para que no todo sea futbolero supongo que habréis oído la noticia de la epidemia de diarrea que ha afectado a varios miles de personas en cuatro estados americanos que a diferencia del aumento de otras enfermedades ya erradicas y que están de vuelta en los estados unidos por la negación (supresión de la obligatoriedad) de la vacunación no es del todo culpa de la administración, sino que parece que se ha debido a la importación de lechuga contaminada desde Mexico. Hasta aquí nada especialmente raro, salvo tal vez la cantidad de afectados). Pero el caso es que todos los infectados lo han sido por comprar en Taco-Bell que no es famoso por sus ensaladas lo que si que lo hace un poco más extraño ¿Qué tipo de personas van a Taco-Bell y piden ensaladas? Supongo que las misma que lo hacen en McDonalds. Pues sin más preámbulo noticiero a las lecturas del mes.

Una portada bonita y una historia centrada en paseos por NYC pues siempre es una tentación, aunque las que den paseos y por lo tanto cuenten la historia, o sean las protagonistas de la historia, sean una anciana madre y su hija emigrantes centroeuropeas para mas señas, algo que le quita cierto nivel de tentación. En cualquier caso este es el libro, Apegos feroces, con el que empiezo las lecturas del mes y sin ser malo pues tampoco es bueno; hay ratos en los que se hace bastante pesado y uno, al menos yo, cada cierto número de páginas, pues esta tentado de dejarlo y pasar a otra cosa más entretenida pero entonces pues surge una frase, idea, que te hace continuar como esa sobre lo que crea la dependencia económica de otra persona (generalmente de las mujeres hacia sus maridos) y sus problemas derivados por la desigual que eso puede generar con ese:  “Si ella trabajara, él no tendría que encerrarla en casa. No estaría mal de la cabeza y podría mandar al marido al caraja. ¿No se te ha pasado por la cabeza, sabelotodo? Me he dado cuenta de que, cuando una mujer no puede mandar a un hombre al carajo, con frecuencia acaba loca.”; en el que si bien no se entiende la primera parte de porque tiene que encerrarla en casa (celos, obviamente) si coincido con la segunda y no solo en las relaciones personales, también en las laborales; o esa con la que me puedo sentir identificado de “La variedad de comentarios ajenos que permite que las palabras «Eso es ridículo» pasen de mi cerebro a mi lengua es asombrosa”, si no fuera porque ejerzo un autodominio increíble y le prohíbo a mi boca pronunciar estas palabras (no solo esas palabras, sino también otras como “alma de cántaro” que resuenan demasiadas veces al día en el interior de mi cabeza en relación con otras personas); o por citar otra frase del libro que creo que considero aplicable a demasiadas personas cuando explican algo (no solo políticos) con ese “Aquellas perlas de pensamiento nunca parecían concluir nada o estar relacionadas entre sí de forma relevante. Su inteligencia era como un tramo de vía ferroviaria escindido de la conexión principal por ambos extremos, con un misero vagón moviéndose adelante y atrás entre estaciones, imitando el movimiento y la travesía.”; es decir, por si no ha quedado claro algo totalmente prescindible e inútil.

También me ha llamado mucho la atención ese “El gentrificado West Village nos rodea, no nos concede paz, pero nos calma.”; ya que la novela esta publicada en 1987 y esta parte de la historia se sitúa mucho antes por lo que las protagonistas ya consideran gentrificada esta parte de NYC en, digamos, los setenta. Y todavía se sigue con que si se está gentrificando o no.

A primeros de junio la verdad es que hacia bastante calor en Madrid y no me atrevi a cruzar la puerta del sol para acudir a mi librería de referencia por lo que decidí abastecerme en menor medida en una librería que ha abierto en mi barrio (Librería In-Verso, en Augusto Figueroa) y por cuya puerta paso de la que bajo a hacer la compra (algo bastante inevitable casi siempre pero mas ahora que consumo mucha mas fruta y verdura que dura poco y hay que comprar con frecuencia) que me sirve como complemento en esos momentos en que me quedo sin lectura y hace demasiado calor o llueve demasiado. Es una librería bonita y las dependientas son majas (diría que argentinas, pero podrían ser chilenas o similar, no es que importe), pero a la que todavía no le he cogido el tranquillo ya que tienen bastante tendencia a dedicar la zona principal a pocos autores casi de forma monográfica (es un estilo que a mí me convence menos que el de la variedad pero que no está  mal). El caso es que, además del anterior, pues cogí uno llamado Panza de Burro, básicamente porque era de una editorial completamente desconocida (creo que ni siquiera es una editorial, sino solo una editora) y porque pasaba en Tenerife con una mezcla idiomática que prometía que podría ser divertida. Bueno, el caso es que no lo es, de hecho, a veces crispa los nervios todas los localismos que utiliza que hacen el texto casi ininteligible, y además la historia pues no tiene nada especial y, sinceramente, ninguna frase/idea memorable o remarcable.

Por el contrario, Los reyes de la casa, tenia una historia de esas de cara o cruz, igual podía ser buena e interesante o una simpleza absoluta ya que esta centrada en la exposición pública en redes: una madre hace de su medio de vida el publicar videos de ella y de sus dos hijos como una familia perfecta y feliz forrándose y compitiendo con otras familias que hacen lo mismo hasta que de repente secuestran a la hija. La verdad es que es una lectura muy entretenida y el contraste entre el comportamiento de la hija y el del hijo, así como todo el comportamiento de la madre, son creíbles e interesantes. Además, tiene esta frase sobre porque algunos ni nos plateamos ir al psicólogo para resolver nuestros problemas: “Quizá debería haberse tendido en un diván para comprender los motivos, pero ha decidido permanecer de pie, pase lo que pase.”, que parafrasea a esa otra de mejor morir de pie que vivir de rodillas (o tumbado en un diván).

(nota sobre psicólogos y psiquiatras sobre la base de una historia real: Un padre y un hijo, millonarios, que llevan tiempo peleados por temas de dineros y herencias, salen a dar un paseo por una ruta de paseo por la montaña de la que solo vuelve el hijo ya que el padre muere cayéndose por un precipicio. Tras investigar un poco y descubrir cosas como que el hijo había hecho la ruta un par de veces en los días anteriores, y encontrar inconsistencias en las declaraciones del hijo pues le acusan de asesinato. La investigación avanza, la policía dice que el tipo de caída no puede ser accidental, la defensa hace una recreación de una caída anterior del padre para demostrar que si la caída es compatible… en fin, cosas normales. Pero de repente la ayudante de la psicoterapeuta a la que acudía el hijo (o ambos, esto no lo tengo claro) confiesa que lo de ambos hicieran una ruta juntos había sido una propuesta suya (no de la ayudante, se entiende) como parte de una terapia extrema en la que debían ponerse en una situación de peligro para que el hijo se enfrentara a la pérdida del padre simulando que lo perdía en un accidente, que simuladamente mataba al padre. En fin, pues eso; como decía aquel: No digo más.)

Obviamente, las fechas obligan, mi siguiente parada de avituallamiento fue la feria del libro acompañado de María de la O, que aunque ella no lo sepa y al leer esto lo niegue o intente arrepentirse yo ya lo considero una tradición, además de una excusa ineludible para vernos, que sino lo vamos dejando y al final pues no nos vemos y en la que ella lleva su lista de libros que busca, le interesan, y selecciona las casetas en las que quiere parar (aunque se le olviden en cuanto toma nota de cuales son); yo, fiel a mi carencia de estilo, pues simplemente me dejo llevar de editorial en editorial sin ningún criterio ni plan. Versiones contrapuestas que le dan un poco de diversión al paseo por la feria.

Mi plan, casi siempre, incluye una parada en Nórdica Editores donde extravagantemente en lugar de comprar un libro de la editorial de la caseta acabo comprando uno de las editoriales con las que, habitualmente, comparte caseta. En este caso le toco a Sexto piso, concretamente a Pícnic extraterrestre siendo la principal razón para comprarlo la portada y una secundaria que fuera de dos rusos (bueno, de la antigua unión soviética, que el libro es de 1972) y de ciencia ficción. Además, la premisa, según la contraportada, pues tenia su gracia: si, es verdad que nos visitan los extraterrestres, pero básicamente no se interesan lo más mínimo por nosotros de igual forma que la mayoría no nos interesamos por los insectos si nos vamos de picnic (claro, a menos que nos molesten). Pues eso que tenía buena pinta, pero me ha decepcionado, y mucho: es completamente trivial y prescindible.

Puede que fuera por que María de la O llevara ideas de lo que quería comprarse, o puede que yo no estuviera centrado pero el caso es que solo me compre ese libro y ella se compro bastante mas por lo que en la tradicional y obligatoria recapitulación tras las compras, con su obligatoria cerveza, comparando la desigualdad de nuestras compras pues me presto, hasta nuestro próximo intercambio, El ultimo septiembre, novela ambientada en Irlanda (durante la guerra de la independencia) pero en una mansión que solo podemos suponer es de ingleses o, cuando menos, de partidarios de la pérfida Albión por lo que, en principio, une las curiosidades de los ricos británicos con, digamos, una época, cuando menos, confusa.

El carácter británico queda claramente reflejado en ese “Personalmente, estoy en contra de las maletas cuando se viaja, uno no para de contarlas… Un buen baúl, sin duda no hay nada mejor que eso.”, si, así es como hay que viajar y no midiendo el tamaño del equipaje de cabina; y el de la época en ese “Nunca he comprendido por que no se puede pegar a las mujeres o por que hay que salvarlas en caso de naufragio cuando todo el mundo se queja de su inutilidad.”, que plantea una pregunta que muchos consideraran interesante recalcando la contradicción.

En cualquier caso, mi favorita, es “No me puede imaginar queriendo atacar a alguien. Pero, en fin, también es verdad que no me puedo imaginar otra mentalidad que no sea la mía…, a menos que la mentalidad sea otra cosa. ¿Por qué es mucho peor para una chica no ir al tenis que para un joven no ir a España?”, coincidiendo en las dos primeras partes e inquietándome la comparación de la pregunta final (sobre todo, así al leerla aislada de la conversación anterior; lo que cualquier político diría sacada de contexto). Curiosamente no es la referencia más extravagante a España ya que en otro momento dice “No es culpa de la que usted no pueda estar en Tahití o en Valladolid o en donde usted hubiera querido estar este verano.”; ¿qué es más sorprendente la comparación o el simple hecho de considera Valladolid como un destino de vacaciones de verano? Yo no lo tengo claro.

En la Tierra somos fugazmente grandiosos, la compre porque me llamo la atención el título, si, pese a su pretenciosidad lo de fugazmente y grandiosos pues es una contraposición que siempre tiene éxito,  y eso que desde la contraportada tenía mis dudas sobre que fuera a gustarme eso de “un hijo que le escribe una larga carta a una madre que no sabe leer” ya que ¿para que se la escribe? ¿para que hace examen de conciencia, le cuenta a su madre toda su vida, incluso cosas que, en mi opinión, no deben de contarse a una madre, ni casi a nadie, si él sabe que no la va a poder leer, que van a tener, en el caso más favorable, que leérsela; con lo que ya le esta contando su vida no solo a su madre sino a ese intermediario desconocido? Es verdad que no tengo claro de donde saca la contraportada que la madre no sabe leer, ya que lo que dice el autor es “Solo me atrevo a contarte lo que viene después poque la posibilidad de que esta carta llegue a ti es mas bien escasa; de hecho, la certeza absoluta de que no puedes leerla es lo que me hace contártelo.” Que para mi no indica que ella no sepa leer, sino que no leerá esta carta que es muy distinto y es, en cierta medida, por lo que la gente escribe en blogs que nadie leer o por lo que puedes escribir cosas que implican a otros en un medio así (aunque algunos no seamos capaces de vencer esta frontera).

La novela no me ha interesado nada, pero si me ha gustado esa frase de “Dicen que nada dura para siempre, pero tenemos miedo a que pueda durara mas que lo que dura nuestro amor por ello.”; algo que creo que a todos nos pasa con muchas cosas (bueno, salvo a los que se tatúan sopa en chino pensando que es el ideograma de felicidad o algo similar).

Otro libro que solo compre por la portada fue La edad del desconsuelo, arriesgándome a lo que pudiera venir entre sus páginas que desgraciadamente no es nada especialmente interesante o con lo que me haya sentido identificado. Únicamente creo que está bien la comparación entre las relaciones personales (amores y esas cosas) y las laborales (con los empleados) expresada como “La entidad laboral es casi tan compleja como la domestica, con la tentación añadida de creer – injustificadamente según mi experiencia – que es posible repararla y mejorarla con un cambio de personal.”; donde no queda claro a que se aplica el cambio de personal (si a la pareja o a los empleados) pero si creo que a veces el cambio de los elementos no es suficiente y se necesita un cambio mas profundo (digamos, horteramente, en la dinámica de la relación).

Curiosamente, como a casi todos los escritores, se le va la pinza cuando intentar contar cosas fuera de su ámbito, como “Cuando trabajaba en la empresa de construcción, mi jefe me explico la regla de los cuarenta y tres centímetros. La regla de los cuarenta y tres centímetros tiene que ver con la construcción de escaleras. Si se suma la huella y la contrahuella de un peldaño, el resultado debe de ser igual a cuarenta y tres centímetros. Cuando esto es así, el peldaño es perfecto para el pie.”; ¿de verdad? Así que un peldaño de 40 centímetros de huella (donde se pisa) y de 3 de contrahuella (la altura del escalón) es perfecto y el contario también. No, de ninguna manera… no si no se cumplen unos mínimos de huella y unos máximos de contrahuella; pues no, igual que la respuesta al sentido del universo, por mucho que lo digan en la guía del autoestopista galáctico y todos los fumados hagan este chiste, no es 42 y eso pese a que en binario este número sea 101010 que parece la puntuación de Nadia Comaneci.

Otro titulo que deseche en la feria del libro pero que estaba en la lista de Maria de la O (aunque no recuerdo si se lo compro, creo que si pero para su madre) era El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes, que sinceramente, pese a todo, me parece un buen titulo (mas para un poema,, o poemario, que para una novela, pero…); el caso es que me lo acabe comprando pese a que la contraportada apoya la teoría de que iba a ser un truño. La verdad es que no, y que tiene cierta gracia como cuando dice “No habría podido tener un cáncer benigno ni, aunque lo hubiera deseado, porque a lo largo de su vida eligió siempre mal.”; o eso de “… su repuesta fue que una decisión estúpida es producto de otra decisión estúpida. Una chaqueta fea y barata atrae mas ropa fea y barata. Un sopapo perdonado acarreará un puñetazo y una mentida admitida se transformará en un cementerio de verdades.”; curiosamente creo que muchas malas decisiones se acumulan y que dan lugar a malas consecuencias.

También coincido en la diferente valoración en ciertas nomenclaturas en función del poder adquisitivo como eso de “Cuando tienen mucho dinero, a los enfermos psíquicos se les llama excéntricos, y Jim era además simpático.”; que es la misma razón por la que la mayoría de la gente diferencia entre árabes y moros; unos son un problema y otros pues son la realeza directamente.

Compre Hombres enamorados por ser la secuela de Trainspotting, buena novela y mejor película sobre drogadictos escoceses, y también porque no me había podido leer la precuela (Skagboys)ya que yo pensaba que la había comprado en ingles, pero la había comprado en escoces cerrado y era completamente ilegible. Pues eso, en esta secuela básicamente todos los personajes siguen enganchados solo que ahora en lugar de estarlo a la heroína (o al alcohol los más puristas) todos están enganchados a “el amor”, que como dice uno de los protagonistas “Es la droga mas fácil de quitarse. Porque, a diferencia de otras drogas, te deja tirado sin preguntarte.”

Los personajes siguen siendo creíbles y tienen las mismas patologías de carácter como el broncas alcohólico que tras nombrarle padrino de una boda “se centra en su otra configuración por defecto, a saber, su fuerte tendencia al delirio absoluto, que triunfa incluso cobre si propensión hacia la violencia irracional.”; o aquel otro obsesionado con el dinero ya que “Yo no quiero adquirir una fortuna: quiero conseguirla, perderla y obtenerla de nuevo. Lo crucial es estar protegido de las consecuencias negativas de mis decisiones.”; que me parece un conejo muy sabio; y por supuesto ese que “Había aprendido muy pronto que era mejor no expresar emociones tales como el miedo y la ansiedad. La educación en Leith te enseñaba que solo servían para darles poder sobre ti a los cabrones y a los idiotas. Me lo guardaba todo para mí.”; quien mas quien menos todos coincidimos en parte y somos una combinación de estos estereotipos.

La verdad es que, hasta el disclaimer, en forma de nota del autor al final del libro, tiene su gracia: “Puesto que la novela esta ambienta en la década de 1980, muchos personajes de Hombres enamorados, así como la sociedad en general, se expresaban de un modo que ahora se consideraría ofensivo y discriminatorio. Como obra de ficción, Hombres enamorados busca imitar los patrones de habla usados habitualmente por muchas personas de su época, Lo cual no es en absoluto una aprobación (tampoco una condena) de tales comportamientos; es solo un intento de replicarlos con autenticidad a través de los personajes de la historia”; aunque más que gracia, a mí me asusta el hecho de tener que poner algo tan obvio para que no pasarte la vida en el juzgado en los medios. Igual si no eres capaz de comprender algo como esto sin que te lo tengan que decir explícitamente no deberías de leer y tiene suficiente con ver el mundial de futbol. Hay cosas que no están hechas para todos, o igual es solo que no hay suficiente inteligencia para todos.

En fin, ¡Divertíos asaltando el castillo! (pero sin fuego que parece que no están las cosas para bromas con esto)

 

Lecturas

Apegos feroces - Vivian Gornick

Panza de burro - Andrea Abreu

Los reyes de la casa - Delphine de Vigan

Pícnic extraterrestre - Arkadi y Borís Strugatski

El ultimo septiembre - Elizabeth Bowen

En la Tierra somos fugazmente grandiosos - Ocean Voung

La edad del desconsuelo - Majes Smiley

El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes - Tatiana Tibuleac

Hombres enamorados - Irvine Welsh