Hoy voy a empezar con un "desbarre" personal; lo digo por si queréis avanzar hasta los libros y ahorraros el mismo. Avisados estáis.
Como consecuencia de los trabajos que estoy haciendo últimamente tengo que relacionarme con nuevos y diferentes “directores de proyecto” que cada vez, puede que, por cosas de la edad, puede que incluso solo de mi edad, o por otras causas, me empiezan a resultar más incomprensibles; no, no solo mas incomprensible si no que cada vez me parece que la capacidad técnica, y en algunos casos mental, presenta una alarmante tendencia a la baja., llegando a estar por debajo del mínimo exigible en esta profesión.
Cuando empecé a trabajar todos los “directores de proyecto”
que tenía eran gente mayor que yo, a veces significativamente mayor, pero en
otros no tanto, e incluso algunos eran de mi edad; ahora pues casi todos son
menores, notablemente en algunos casos, que yo. Sin embargo, aunque parezca
raro, la mayoría de los proyectos de mis primeros años eran, en cierta medida,
mucho más complejos técnicamente que los que hago ahora: si hace unos años
hacia depuradoras para poblaciones de mas de cien mil habitantes, ahora básicamente
las depuradoras en las que trabajo llegan escasamente a los cinco mil
habitantes que, obviamente, son mas sencillas y, además, trabajo en otros temas
como saneamientos que realmente son técnicamente “triviales”.
Es decir, no solo es comprensible que el nivel de los
directores de proyecto de estos proyectos mucho menos complejos pueda, o deba,
ser más bajo, si no que incluso, por la diferencia de edad su experiencia y
conocimientos sean memores. Esto es comprensible, cosas de la edad; cosas que unidas
al aumento de la mía (edad, experiencia y/o conocimientos) puedan condicionar
mi perspectiva de su nivel y sus capacidades, pero… no es esto, o no es solo
esto. Para mi el verdadero problema es (ya he hablado otras veces de ello) es que
ahora cada vez mas gente sufre el efecto Dunning-Kruger (o yo soy más
perceptivo a él) combinado con a) una falta de respeto a las ideas (y trabajo)
de los demás y b) un exceso de vanidad que viene a ser lo mismo que el “a”.
El caso es que cada día me veo más exacerbado, angustiado,
por las imbecilidades que se les ocurren a mis “directores de proyecto” y por
su incapacidad para darse cuenta de que lo que están proponiendo, como la gran
idea que solo se les ha ocurrido a ellos, es sencillamente irrealizable o
sencillamente estúpida (por no repetir imbécil o demencial) y que otras
soluciones (analizadas por otros con anterioridad) son mejores y que no es que
no hayan evaluado lo que ahora “se les ha ocurrido” a ellos,, Su creencia es,
sencillamente, que todos los demás son “incompetentes” y no, son incapaces de asumir,
de pensar, que esas “grandes ideas” suyas ya han sido evaluadas y se han
descartado por no ser adecuadas. Esto, tener que volver a evaluar cosas que
personas, seguramente más competentes técnicamente que mi “director de proyecto”
e incluso probablemente también más que yo, pues empieza a ser un poco una
tortura, sobre todo cuando tienes que evaluar cosas que sencillamente “ves” que
no son una buena idea, ya que, a veces, “demostrar lo evidente” requiere mucho
trabajo inútil.
Es posible que penséis que exagero (cosas de la edad) pero
en mis primeros treinta años de ejercicio profesional solo me he sentido “tentado”
(de verdad) de mandar a tomar por culo a un “director de proyecto” (cosa que al
final hice aunque acabe el trabajo) por considerar que lo que estaba pidiéndome
era sencillamente “equivocado” y sin embargo en los pocos meses de este año he
estado “tentado” de mandar al mismo sitio a mas de cuatro de los, digamos, ocho
“directores” que he tenido y de momento no descarto mandar a mas de uno a donde
le corresponde; ventajas de la edad que hace que no necesites tanto el dinero
como en otros momentos.
En fin, pues nada que ya me he desahogado, aunque haya
dejado sin mencionar que además de en mi trabajo, esta tendencia existe también
en el negocio de la noche donde pese a llevar veintisiete años con bares que nos
dan de vivir cada vez mas empleados parecen cree que nos ha tocado en una tómbola,
que no tenemos ni idea y que ellos, por supuesto lo harían mucho mejor que
nosotros, o que cualquiera de nosotros. Pero, no me tiréis de la lengua que
luego me acusaran de edadismo; hecha esta reflexión pues me paso a comentar
lecturas que estoy en el último fin de semana del mes en curso y no quiero
retrasarme en mi cita con mis lectores.
Mi primera lectura del mes fue Los Nombres, que
realmente son como tres novelas cortas alternativas que parten de los distintos
nombres que un matrimonio le da a su hijo: Gordon el nombre que quería el padre
pero que odiaba la madres, Julián el nombra que quería darle la madre, pero
inaceptable para el padre ya que no seguía la tradición familiar, o Bear el
nombre que elige su hermana. Cada una de las vidas se desarrolla de forma muy
diferente, no solo la del hijo, sino la de toda la familia, según el nombre escogido.
Es un ejercicio interesante, aunque mi mayor pega al conjunto del libro es los
destinos y grados de felicidad que se asocian a cada uno de los nombres, pero
no quiero hacer spoilers.
Que el libro este escrito por una chica, una mujer debería escribir,
pues le permite escribir cosas como “No quiero un hombre que sea
desagradable, pero ¿Cómo confiar en uno amable?” algo con lo que todos los
que nos consideramos amables, seguramente sin razón, pensamos cuando vemos las
parejas que escogen algunas de nuestras conocidas en lugar de escogernos a nosotros;
algo que dicho por un hombre pues parecería, cuando menos, revanchista.
Personalmente, a diferencia de mucha gente, creo que algunas
diferencias de carácter pueden hacer que las relaciones funcionen como que uno “…deje
los platos para la mañana siguiente, o el campo le resulte claustrofóbico, rodeado
de un cielo demasiado grande y un verde infinito” y el otro pues será Kondo
y pastoril. No, no digo que todas las diferencias sean viables, hay cosas insalvables,
pero no suelen ser este tipo de cosas.
Como cultura, que siempre viene bien refrescar, me ha
gustado que citara que la expresión de su padre era “… inicua. Una palabra
que se parece mucho a inocua, aunque es justo lo contrario…”, a lo que
seguro que alguno dice esa estupidez enervante de “es solo semántica”; O que
nos recuerde que so bien Saturno se comió a sus hijos para evitar ser derrocado
(algo que todos recordamos) también nos recuerde que “… uno de los hijos de
Saturno, Jupiter, escapo. Que la madre de Jupiter protegió al niño, lo mantuvo
a salvo. Y que, ya adulto, regreso y cumplió la profecía: el niño derroco a su
padre.” (algo que, yo por lo menos, olvido junto con… Ops, el nombre
de la madre de Júpiter)
Ya digo, un libro interesante, aunque tampoco ninguna
maravilla (aclaro esto ya que el otro día ante la pregunta de si había leído un
libro, respondí espera que lo miro, pero al mirar este blog no me quedo clara
mi opinión, así que ahora intentare poner una valoración global para recordar).
Pasemos a Albión, siguiente lectura obtenida en mi librería
de referencia (si, Méndez en la calle mayor a la que le sigue viniendo bien que
la visitéis) de la que si digo que pasa en Gran Bretaña (en la pérfida Albión)
pues tampoco estoy haciendo un spoiler ¿no? Se trata de las diferentes visiones
que tres hermanos tienen de la finca familiar y del destino al que dedicarla al
fallecimiento del patriarca. La hermana mayor quiere convertirla en un refugio
natural, renaturalizando la finca; el hermano quiere por una parte
desarrollarla para superricos con temas new age; la hermana menor no
tiene una idea clara ocupada en sus temas de pareja y a esto se añade otro
personaje, un tío/hermano honorifico, que simplemente vie allí y se ocupa de
que todo se mantenga bien cuya opinión no parece tener importancia para los
herederos.
Como no puede faltar en una novela de clase alta británica pues
hay un personaje que no es alcohólico, porque ningún ingles lo es, pero que “Es
solo un hombre que se ha medicado a base de alcohol.” (sobremedicado incluso,
pareciera, aunque sin llegar a ser un Churchill).
Obviamente al ser una novela familiar no le pueden faltar
sabias palabras sobre la familia (que pone en voz de un maestro budista) como
“… si alguna vez se te sube el ego a la cabeza y te piensas que estas rozando
la iluminación, lo que tienes que hacer es irte a pasar unos días con tu
familia.” Nada como la familia para devolverte a la sensatez, a veces.
Como valoración global de la novela creo que el hecho de que
ponga una cita que no es del propio libro, ni tampoco especialmente brillante,
os dará una idea de que la novia no me ha parecido buena, buena: “Los ricos
que no saben usar sus riquezas son de una pobreza incalculable. Porque es pobreza
de espíritu.”
El mes anterior tome prestada una de las dos novelas que le
regale por navidad a mi hermana Helena y este mes he podido tomar prestada la
otra, Nobles y rebeldes, que es la biografía de otra de las hermanas Mitford,
en este caso de “la comunista” de la familia.
Al igual que pasa con la anterior (también con la biografía
de Parabere) diría que el libro no hace justicia a la vida de los
personajes que se retratan que creo que son mas fascinantes de lo recogido en
el libro y que un buen escritor le podría haber sacado mucho más jugo,
aunque seguramente le habrían tildado de inverosímil, pero me temo que así eran
algunas vidas en tiempos muy convulsos.
Esta parece un poco “mas sincera”, mas centrada en la
realidad debería decir ya que no considera que su familia, recordemos
totalmente aristócrata, fuera pobre y pasaran penurias y tiene varias cosas
criticas con su clase social (por algo era la comunista de la familia)
como ese : “Las cualidades como la paciencia, la modestia, la resignación y
la autodisciplina, el respeto instintivo por la dignidad fundamental de todo
ser humano – incluso del enemigo – de que dan muestras tantas veces los negros
o los judíos en su lucha por la igualdad, eran algo que en nuestro caso
brillaba por su ausencia o solo estaba presente en forma embrionaria,”
También es divertida su evaluación de la preadolescencia con
ese: “Una chica de trece años es un caleidoscopio de personalidades
distintas, si no, en muchos sentido, un mero producto de su imaginación.”
Incluso es refrescante que tenga alguna frase dudosa para
su propio novio al que comparándolo con su hermana (Gorgo, la nazi) escribe: “al
igual que a Gorgo, odiar se le daba de maravilla, aunque a diferencia de ellas
su veneno iba dirigido a los enemigos de la humanidad, la paz y la libertad.”
También me ha encantado descubrir un término que no conocía “jingosimo” que
creo que define muy bien algunas políticas actuales pero que no os aclaro para
que os informéis vosotros mismo.
Por último como la pareja acaba visitando NYC (exiliados según
ellos mismo, pero, exiliados a la manera de aristócratas ingleses de novela,
dando “palos” a sus compatriotas, pero incluso trabajando) he de coincidir
con su visión de la personalidad de los lugareños de allí: “El rasgo
distintivo de esa personalidad parecía ser la chispa de interés momentáneo que
provocaba en los neoyorkinos el más trivial de los contactos. Cualquier extraño
al que le preguntabas por una dirección y con quien pasabas unos instantes
hablando en la calle se implicaba enérgicamente en los problemas ajenos,
cuestionando hasta que punto era acertado tu plan y sugiriendo a menudo una vía
alternativa.”
Si antes, para valorar una novela he usado una cita que no
es del propio libro (aunque aparece en el mismo) para mi siguiente lectura Resultado
final me sobra con dos palabras: Winslow y Cuentos. Si queréis mas datos
pues… son seis cuentos… varían entre buenos a muy buenos y que dejan frases que
firmaría cualquier estudiante cuando lleva notas bajas a casa, “si el mínimo
no fuera suficiente, no sería el mínimo.”; cualquier adolescente que se aficione
a la lectura “Chrissy llegaba de clase, agarraba un libro y se ponía a leer.
Eso fue hasta que descubrió el alcohol. Lugo llegaba de clase, agarraba un
libro y una botella y se ponía a leer y a beber.”; o que incluso podrían estar
en un azulejo de bar, o en un cartel inspiracional de oficina moderna, “La
belleza se queda en la piel – repuso Dave -. La fealdad llega hasta el hueso.”
Los motivos que me llevaron a escoger Hambre fueron
que en la portada aparece un cuadro de Munch, que no el de siempre, y que, para
mi desconocimiento, el autor es premio nobel y este mes aun no había cogido ningún
nobel. Aclaro esto porque verdaderamente, basada en tema, mas que una novela prometedora
pues parece el típico truño sobre un escritor (periodista realmente) que lo
pasa muy mal, vamos que básicamente pasa hambre entre trabajo y trabajo.
Solo puedo decir que lo esperable pues se cumple y que si le
han dado el premio nobel al autor pues tendrá que ser por otras obras u otro
motivo geopolítico porque es un truño y solo he conseguido salvar una frase, de
la que incluso tengo dudas: “El inteligente pobre era un observador mucho
mas agudo que el inteligente rico.”
Comprar cada novela de Landero, en este caso Coloquio de
invierno, es, no digo una obligación moral, pero si una necesidad histórica
(ha sido un gran escritor) y de conocimiento personal (es amigo de mi hermano).
SI bien, tampoco quiero engañar a nadie y mi aportación de mi compra es
irrelevante, el motivo fundamental sigue siendo el primero y siempre espero que
cada nueva novela este a la altura de sus grandes textos.
MI sensación sobre esta novela es que responde a la pregunta
de ¿Qué hace un novelista cuando no tiene novela que publicar pero que tiene
unos cuantos cuentos mas o menos inconexos a los que dar salida, pero no quiere
publicar un libro de cuentos? Pues esto: agruparlos bajo una excusa (en este
caso personajes que se quedan aislados en una cabaña) y hacerlos pasar por una novela.
Es algo que puede estar bien, con esta misma premisa hay algún
libro que está bien o incluso muy bien, pero que puede que no salga tan bien. Básicamente
depende de los cuentos, o las historias, de forma independiente y de su relación
entre ellas. En este caso, pues he de decir que a mi ni me ha convencido nada.
Es vedad que sigue siendo Landero y que por lo tanto puede dejar cosas como ese
“no se había parado a pensar que, como todo en la vida, también el pasado hay
que ganárselo, disputárselo palmo a palmo al olvido.”, algo que los que estamos
ya en fase olvidadiza pues apreciamos.
E incluso deja esta reflexión que podría ser sobre si mismo:
“Entonces me ponía a escribir y daba
gusto ver como la pluma corría, volaba sobre el papel, con que sinceridad y convicción,
y así durante cuatro, cinco, diez folios, y durante ese tiempo yo era el hombre
mas feliz del mundo, feliz como un niño o un enamorado primerizo, hasta que
luego iba perdiendo el ímpetu, como un reguero de agua vertida que quiere hacer
cauce y ser arroyo, y después rio, y que parece que su furia inicial va a
anegar el mundo, pero que enseguida se queda sin fuerza, hace un remansito, se
lo bebe la tierra y esa es toda su hazaña. Y lo mismo mi mano…”
Sobre mi última lectura de este mes, Desperdigados por el
mundo, la japonesa de este mes, tengo una opinión que solo puedo clasificar de dividida. Por una parte,
me ha parecido mala y con una premisa poco, o nada, interesante y si bastante pajillera,
pero por otra he marcado un montón de paginas sobre asuntos varios y de lo más
variado.
Así, por ejemplo comenta “En el pasado, había mucha gente
que consideraba la palabra esquimal despectiva porque estaban convencidos de
que significaba «persona que come pescado crudo»” algo que coincide con lo
que todo sabemos de que el termino correcto es inuit pero que sorprende que sea
ese el motivo penando, por ejemplo, en el Sushi o en la cocina peruana (donde
el pescado esta básicamente crudo) pero que resulta aun mas sorprendente cuando
a continuación añade que mas tarde parece que le significado era el de “«persona
que se ata los cordones de las raquetas de nieve». Dicho así, parece hasta poético.”,
algo, lo de poético, que parece excesivo y por otra parte vete a saber si es cierto,
lo del significado, digo, y que tipo de persona es la que no se ata los cordones
de la raqueta de nieve.
También he de reconocer que me uno a eso de que otra razón para
querer ir a noruega es la que proporciona uno de los personajes: “El no
inicial de la palabra Noruega, que coincidía exactamente con aquel sentimiento
de negación que yo albergaba.”; y ni que decir tiene que suscribo plenamente
“si uno esta mal sin motivo, es mejor ir al médico, pero yo tengo un motivo
de peso para estarlo.”, que me parece un gran discriminante para tomar este
tipo de decisión.
También como curiosidades ahora me corroen estas dudas existenciales
sobre dioses: “Los dioses budistas eran más gordos que Jesús, pero debían de
pesar menos, porque conseguían sentarse encima de los lotos sin hundirse en el agua
del estanque.”; sobre el arte cuando alguien va a ver por primera vez el Mediterráneo
y piensa “Era precioso, pero tuve la sensación de que aquel paisaje ya lo había
visto alguna vez en algún museo. Me pregunte si los cuadros se creaban primero
y los paisajes solo eran meras imitaciones.”, algo que cualquiera puede
sentir incluso con NYC; y un poco más lejana pero seguro que con equivalente próximo
esa sobre los ultranacionalistas japoneses (en general machistas arrecimos) de
los que “yo no entendía que a los ultranacionalistas les gustara tanto una
historia en la que una mujer, Amaerasu Omikami, esa la deidad suprema por
encima de su hermano Susanno, un fracaso de hombre.” Todas preguntas
curiosas ¿no?
Ya digo, una opinión general mala pero que parece que con cosas
buenas como esta con la que me gusta, sin motivo, sentirme identificado: “Nunca,
desde niño, he perdido ninguna disputa ni he dejado que el asunto llegara a las
manos. Controlo a mis oponentes con el lenguaje y los obligo a rendirse antes
de que estallen de ira lanzándoles palabras hasta debilitarlos. Nunca he hecho
nada porque me lo pidiera un amigo o un profesor, pero tampoco se me da bien
decir que no. Así que, cuando me niego a algo, lo hago sin alzara la voz, pero
con claridad, cerrando la puerta con calma y con firmeza. La conversación siempre
termina cuando yo quiero que termine.”, que obviamente por mucho que todos
pensemos eso de nosotros, es una visión falsa en toda su extensión, pero cierta
en el añadido final de “Sin embargo, discutir con mi madre era como jugar
una partida de ajedrez con los ojos vendados y todas las de perder.”, si
cambiamos madre por alguna otra persona.
Pues eso, os imagino a todos de vacaciones de Semana Santa o
de lo que sea así que ¡Disfrutad asaltando el castillo! (peor no literalmente).
Lecturas
Los Nombres - Florence Knapp
Albión - Anna Hope
Nobles y rebeldes - Jessica Mitford
Resultado final - Don Winslow
Hambre - Knut Hamsum
Coloquio de invierno - Luis Landero
Desperdigados por el mundo - Yoko Tawada


































