domingo, 1 de noviembre de 2026

Comentario de textos – Septiembre 2026

Podría empezar contando que la casa de Piles se ha inundado (como todo Piles, Oliva, Pego y toda la contorna) pero como es algo que ha estado en todas las noticias (no, concretamente nuestra casa, ya me entendéis) pues tampoco hay mucho que contar: bastantes destrozos, sobre todo en la planta baja, menos de los esperables ya que había tantas cosas que las que han flotado no han tenido el movimiento suficiente para destrozar nada; mucho trabajo de tirar cosas, poner otras a secar, lavar muchas otras, trabajo en el que yo no he participado y que se “han comido” mis hermanas y Álvaro; empezar con papeles de seguros y/o subvenciones y reponer cosas para volver a tener la parte de abajo habitable… en fin, ya digo, que podría empezar contando esto, o incluso podría empezar diciendo que, por un día, he incumplido mi plazo de escribir (bueno, de subir en este caso) pero casi prefiero contaros otras cosas más divertidas como… que la CIA ha desclasificado su (uno de los muchos que ha editado, supongo) manual sobre “trucos y distracciones” escrito por un famoso mago profesional (John Mullholland, cuyo nombre es el que esta tachado en la portada) y que ahora se puede leer en internet y que es bastante “alucinante” cuando menos (digo, el hecho de que la CIA contrate a magos para estas cosas, imaginaos a Tamariz colaborando con el CNI y firmando manuales secretos).


También por hacer este inicio algo más entretenido, y por ilustraros como yo me he ilustrado, os podría comentar que me he enterado de dos términos que desconocía, uno de los cuales, aunque sospecho que no es oficial, creo que me es muy aplicable “As a person who suffers less from FOMO (fear of missing out) and more from FOBIA (fear of being invited again)” (no, no me refiero a FOMO que, aunque os parezca raro ya conocía y que no padezco pero ni en grado de tentativa); y otro oficial (por lo menos está en el diccionario Merriam-Webster) que es cuffing season que se refiere a esta época en la que baja la temperatura (ahora, al principio del otoño) y, según la definición que aportan es “a time of the year when people who are not married or in a relationship begin looking for a short-term romantic partner to spend the colder months of the year with.”; Sorprendente, eso de que exista una época en la que se busquen más las infidelidades, aunque tener, pues tiene sentido, aunque yo siempre hubiera pensado en la primavera. Mira tú.

Dicho esto, pues pasemos a las lecturas del mes; mes que empezó con el adelanto del viaje a NYC (donde todo sigue más o menos igual salvo que mi bombonería favorita ha vuelto a abrir) y sobre el que no os cuento mucho para evitar envidias y por no hacer esta entrada eterna.

Mi primera lectura, que llevaba empezada al avión de ida, ha sido El préstamo, una novela sobre una la “fuga” de una bibliotecaria de un pueblo de la América rural con un “niño lector” que no encaja (además de por lector pues pro sospechosamente homosexual) en ese pueblo, ni en su familia que le controla los libros que puede leer. La verdad es que no tiene especial interés salvo por esa descripción del estado de Vermont “Este estado es el lugar más felizmente polarizado del país. La mitad de la gente es liberal hasta el extremo, y la otra mitad, sumamente conservadora. Es como «Puedes ser gay si yo puedo tener mis rifles». Hay una especie de equilibrio entre los dos polos.”; que, en principio yo creía que sería New Hampshire cuyo lema es “Live free or die”; pero bueno, están tan cerca que igual también es aplicable.

Se me olvida mencionar que la bibliotecaria es descendiente de rusos, lo que le permite hacer esta afirmación que resulta realista en sus tres características: “Como buena rusa, quería colarme en casa del pastor Bob y envenenarlo. Como buena americana, quería demandar a alguien. Pero como buena bibliotecaria, simplemente me quede sentada.” (gano la personalidad bibliotecaria)

Ya en NYC habiendo iniciado mi acopio de libros pues me decidí, entre mis primeras compras, por leer WiseGuy, que, aunque el libro dice que inspiro la película “uno de los nuestros”, la verdad es que casi parece el guion de la misma y solo hay algunas pocas cosas que cambian entre el libro y la película. Inevitable, pese a que algunos personajes sean físicamente muy distritos en la película, no ver en ellos a Pesci, Liotta o De Niro (lo que confunde un poco, he de reconocer) Pues eso, igual de entretenida que la película con algunas diferencias que ya, si eso, pues os dejo para que las descubráis.

Seguimos, ya en los madriles, con The Dilemmas of Working Women, que son cinco cuentos/historias de mujeres trabajadoras japonesas (aunque alguna no es de mujeres ni de trabajadoras) que resultan entretenidas y (supongo, quiero creer desde el desconocimiento) s dan una visión de un Japón cotidiano (aunque vete a saber). Obviamente una de ellas es una camarera (en cinco profesiones siempre tiene que haber alguien del sector) que se enfrenta a ese dilema que siempre se da con algún cliente sobre servirle o no (especialmente a altas horas de la madrugada): “I wondered for a moment if I should really serve a customer whose doctor had told him to stop drinking. But wasn’t it really his problem, not mine, if he’d rather shorten his life and be happy than live longer one bereft of pleasure?”

También es interesante la distinción que hace entre trabajar por cuenta ajena y trabajar por cuenta propia con ese “I knew well from my salaryman days that it’s infinitely easier when someone tell you do this and do that than if the tell you to live freely and make your own decisions.”; que resume bastante bien la diferencia entre ser tú el que toma las decisiones de que tienes que hacer y que te digan todo el tiempo que hacer.

Aunque para resumen el que mas me gusta es el que hace del dilema del prisionero con ese:  “a case in which two parties focus on predicting each other’s moves only to end up both losing out…”; se puede tardar más en explicarlo, pero básicamente es esto, un claro caso de cómo gestionar la desconfianza.

Como cosas sorprendentes, en las que nunca había pensado, esta esté “I’d asked her what she wanted for dinner and she’d responded with a typical child’s choices: sushi or yakiniku.”; que demuestra que en Japón el sushi viene a ser como la comida infantil, vamos como quien dice aquí macarrones con tomate o nuggets de pollo, algo que remarco para todos los fanáticos gourmets de este producto a los que sinceramente no entiendo; y desde el punto de vista de la traducción me ha encantado el término “haighfalutin” que más o menos vendría a ser pedantería (lo digo, para que no tengáis que buscarlo) que no conocía.

Ya había visitado varias librerías de NYC cuando de repente mirando el escaparate de la nueva ubicación de McNally en el Soho, vi una nueva novela de Harris (Robert, que es el entretenido) así que entré (iba a hacerlo de todas formas) y me pues a buscarlo, sin encontrarlo. Pero para eso tiene uno a su sobrina favorita, que en cuanto le dije que lo estaba buscando se dio la vuelta y, así, sin más, cogió una copia de Agrippa, diciéndome “toma, aquí lo tienes”.

Obviamente el titulo ya lo dice todo y es una biografía del general romano Agripa (en español con una sola p) en la que sostiene la teoría de que realmente, además de un general sensato (sea eso lo que sea), parte de su éxito, o de su ascenso, se debió a que era hijo bastardo del Cesar (teoría, que por extraña que parezca parece que si es una teoría con cierto apoyo académico). También (y no tengo porque no creerle, ya que él es un especialista en Roma y yo no) cuenta que el busto más famoso de Cesar no era realmente de el – que no tenia tiempo de posar – sino de un legionario anónimo con suficiente parecido con Cesar para que, dado que casi nadie conocía el rostro de Cesar, pudiera pasar por el sin problemas.

Ya os he contado (creo) que además de una trilogía sobre emperadores romanos, Harris tiene una novela en la que el protagonista principal es un ingeniero de aguas, un constructor de acueductos, que es una novela excelente por lo que no es nada raro leer esta afirmación “History records many soldiers and statesman but seldom mentions engineers. Yet these are the men who really made Rome great. The built the roads and the aqueducts the enable the empire to spread. Their incredible constructions brought undreamed-of wealth and comfort to the people. Auctus was typical of their type – the sort of fellow to whom one gives an impossible task, who sucks his teeth and shakes his head and asks for an hour to think it over, and returns with a solution.”. Si, todos  los ingenieros querríamos ser Auctus en nuestra vida profesional.

Obviamente también deja esta gran frase sobre el poder: “He had grasped by instinct one of the great lessons of politics – that power is like a muscle. It must be exercised constantly, other wise it will turn flabby and weak.”

Para mí es demasiado biográfica por lo que no me ha acabado de gustar, pero, con todo, diría que es una buena novela (aunque es verdad que yo soy fan del autor que me parece que habiendo conseguido el éxito suficiente con un par de bestseller al principio de su carrera, ya se dedica a escribir básicamente de lo que el apetece y eso se agradece).

Encontrar Swallows me hizo bastante ilusión ya que es una de las primeras autoras japonesas que me impacto por lo japones de sus planteamientos (como olvidar a esas compañeras de trabajo que se unen para asesinar, y descuartizar, el marido maltratador de una de ellas). Sin embargo, esta novela que va sobre vientres de alquiler y otros métodos de gestación subrogada y sus problemas prácticos o dilemas morales me ha parecido interesante pero no fascinante.






The black wolf era una compra obligatoria por aquello de ser de Penny y por ser la continuación (o segunda parte) de su última novela que tras resolver una conspiración para envenenar el abastecimiento de agua de Canadá dejaba la puerta abierta para otra conspiración de mayor envergadura, y que (ojo Spoiler) tiene como eje central la invasión de Canadá por Estados Unidos ya que gran parte del agua que se consume en la costa Este proviene de los grandes lagos de Canadá y “The loss of fresh, clean, drinkable water is the single greatest Threat to survival worldwide. It’s not a one-off crisis, it’s an existential threat.”; una teoría (la de la invasión, digo, no la de la importancia del agua) que en otros tiempos uno pensaría como simplemente inconcebible pero que ahora uno no tiene tan claro que sea tan inviable con un loco al frente de ese país y de la que segur hay planes secretos como dice en el libro desde mucho antes.

He de reconocer que me resulta curioso como las tramas de Penny se han ido complicando desde ese pequeño pueblo canadiense en el que pasaba poco a conspiraciones cada vez más complejas y mundiales pero manteniendo por debajo de toda la conspiración a sus personajes locales como la pintora, los gais que dirigen el bistró, la panadera, la librera o la excelsa y loca poetisa (que podría serla típica amante de los gatos pero que, es canadiense, es amante de los patos, o por lo menos de uno que siempre va con ella) a la que es inevitable recordar ahora que le han dado el premio Nobel de literatura a una poeta canadiense (en mi incultura puedo decir que a “la poeta canadiense” ya que ni idea de que hubiera una y mas de una se me hace raro).

El libro tiene frases, ideas, estupendas como esa sobre la inutilidad de odiar a otros “Gamache knew, better than most, that hate bound a person to the one they hated. They are taken prisoner by that loathing, while the one the despised went merrily about their life, often oblivious.”; o esa otra que cualquiera (fumador me refiero) que haya esperado a alguien el tiempo suficiente como para dejar la acera llena de colillas (una de las grandes ventajas de fumar es controlar el tiempo que llevas esperando a tu chica) puede comprender perfectamente. de “When does ‘trying’ become a waste of precious time? When does hope become delusión”

Además, como Canadá es un país raro y mas lo es su frontera con Estados Unidos pues siempre es curioso enterarse de que no solo hay pueblos que son la mitad canadienses y la mitad americanos, sino que incluso hay uno Derby line, en Vermont) en que un edificio tiene la mitad en un país, siendo la Haskell Free Library en uno y en el otro la Opera House; no se como organizan el control de aduanas, ¿si vas a la opera y sales por la librería eres un emigrante ilegal?

Otras curiosidades que se aprenden es que existe un museo dedicado a la fotografía de copos de nieve, en Jericho la ciudad natal de Wilson Bentley (supongo que nada que ver con el constructor de coches de lujo) que fue el primero que los fotografió; o del concepto de la muerte por “incaprettamento” que a la vez que parece verdaderamente angustiosa parece casi una práctica normal de BDSM (venga, para que no tengáis que buscarla es un método de tortura y homicidio por estrangulamiento o auto asfixia en el que la víctima es amordazada o atada de pies, manos o tobillos a la espalda, conectando las extremidades al cuello con una cuerda. Al intentar estirar las piernas o moverse, la propia tensión de la cuerda provoca el estrangulamiento).

Y por supuesto ese, un poco mas dudoso, tema de nomenclatura de “Did you know, Chief Inspector, that the name ‘Grey nuns’ is a misnomer? They never wore grey, and at the time, back in the 1700s, ‘grise’ meant drunk. The Drink Sisters.”; al que le da más credibilidad la respuesta de “Then the Senate, being filled with eminences grises- said Gamache; Bunch of Drunks.”; ya que las monjas puede que no, pero los senadores (y casi todas las eminencias grises) seguro que le dan al jarro con una pasión propia de Sir Winston.

Claro que la que más gracia me hace, porque me gustan los planos, es esa de “Churches and maps had one thing in common. Both were becoming obsolete”; que respecto a los planos, desgraciadamente, es cierta pero que nunca se me habría ocurrido asociar a las iglesias.

Tras este “atracón” de libros en ingles era el momento de visitar mi librería de referencia (si, sigue siendo la librería Méndez en la calle mayor, donde os esperan a todos) para comprar algo en español y volver a la lectura en mi idioma nativo, digamos.

Para mi sorpresa  (ya que pese a mis contactos no sabía nada) tenían la nueva entrega de Gonzalo de Berceo, Una tumba en Al Ándalus, ejerciendo de detective que esta vez pasa en una España llena de moros (y cristianos) como ya se puede adivinar por el título, en la que curiosamente el mayor matamoros (mata de todo) se llama Benito y que tiene (el libro, no mi tocayo) como excusa la búsqueda de un manuscrito árabe que contiene, entre otras cosas, los secretos de la fabricación del Jerez (algo mas importante que cualquier otro conocimiento)

La historia, a la que he clasificado de excusa, es lo de menos ya que la novela esta llena de buenas frases/ideas como esa que todos, salvo algún hipocondriaco, suscribimos de que “La muerte pertenece a la clase de asuntos que siempre se pueden dejar para otro día, como la limpieza de las ollas, remendar la ropa y perdonar a los que nos ofenden.”; o en una línea parecida ese homenaje a Vallejo (decido yo)  que es el final de ese “Dicen por ahí que es dulce morir por la patria, y honorable también, pero en mi arrinconado corazón nada es tan dulce como estar vivo, aunque sea sin honor, ni patria ni motivo, sin demasiadas ganas y sin saber para qué, pero siempre vivir.”

Sin olvidar por supuesto ese homenaje al placer de la lectura como forma de entretenimiento de “Nunca había visto una forma tan aburrida de entretenerse, y una vez más sentí una sincera compasión por quienes no saben leer ni escribir ni dar un paseo ni quedarse tranquilos en casa viendo caer la tarde. Para sentirse vivos, necesitan cualquier cosa que los ponga en peligro, como suele ser el caso de un todo se le das la lata y le buscas las cosquillas.”, que, aunque en este caso se refiere a los toros, es aplicable al montañismo, al paracaidismo y a esas cosas que incomprensiblemente les gustan a algunos coetáneos.

E incluso en cierta medida también tiene que ver (la frase anterior, digo) con ese culto a un cuerpo ficticio (si, me refiero al deporte o entrenamiento personal que dicen ahora) de ese “Mientras tanto, Aznaro se arrolló el hábito a la cintura, lo que le permitía exhibir los sudorosos músculos de su abdomen. No sé cuándo llego a los conventos esa costumbre de imitar con el propio cuerpo el aspecto ilusorio de las esculturas grecorromanas, pero sirve muy bien para distinguir a los lunáticos de las personas que siguen en sus cabales.”

Aunque no es tan buena como las dos anteriores, no digo mas y a leerla si podéis.

Aunque no solo compré esta novela en mi visita a Méndez, decidí volver a la lectura en inglés para disminuir la pila de libros acumulada así que cogí Angels de la pila de mis compras americanas. Bueno, solo diré que no siempre se puede acertar y que es una novela que no tiene ni pies ni cabeza en la que no he conseguido entender nada de las relaciones entre los personajes ni de los propios personajes o sus dilemas. Totalmente olvidable y olvidada.

La verdad es que cogí Einstein's monsters en parte por el autor y porque se suponía eran cinco historias con una cierta preocupación por el desarme (o el rearme, mejor dicho) nuclear, la destrucción mutua asegurada y esas cosas. Ninguna de las cinco historias me ha gustado (y de algunas tengo mis dudas de que tengan relación con el tema del libro) y solo he encontrado cosas salvables en la introducción cuando de cita que “Saul Bellow has written that there are certain evils – war and money are the example he gives – that have the power to survive identification as evils.”, que me parece un concepto interesante este de los males que no se identifican como tales, muy en la línea de “Dios no es el bueno, solo tenía un mejor publicista.”; y esa otra sobre la dualidad de algún concepto como la nada “nothing meaning two things, the absence of everything and a thing called nothing.”, algo que siempre crea problemas lógicos irresolubles como el de conjunto que contiene a todos los conjuntos.

Mis lecturas de este mes acaban con un “préstamo/intercambio” de mi amiga María de la O: Cuatro casos criminales que son (si, cuatro) historias entretenidas sobre detectives en las que las cosas o se complican o no son exactamente lo que esperabas, todas ellas con un giro mas o menos inesperado en algún momento. Bastante entretenida.

Pues eso, poco a poco voy disminuyendo mi lista de pendientes en inglés, aunque aún mantengo bastantes e incluso ahora tengo pendientes en español pero bueno yo seguiré leyendo mientras vosotros ¡Divertíos asaltando el castillo!

PS: ¿habéis pensado que este año es el primero que un Papa puede votar en las elecciones de Estados Unidos? ¿lo hará? ¿votaban los Papas anteriores en las elecciones de su país?

Lecturas

El préstamo - Rebecca Makkai

Wise Guy - Nicholas Pileggi

The Dilemmas of Working Women - Fumio Yamamoto

Agrippa - Robert Harris

Swallows - Natsuo Kirino

The black wolf - Louise Penny

Una tumba en Al Ándalus - Lorenzo G. Acebedo

Angels - Denis Johnson

Einstein's monsters - Martin Amis

Cuatro casos criminales - Tanizaki Junichiro

jueves, 17 de septiembre de 2026

Comentario de textos – Agosto 2026

El otro día un exjefe mío (podría decir que el único verdadero jefe que he tenido descontando anécdotas, como mi tiempo de becario o mi periodo en Nueva Zelanda) me mando un WhatsApp recordándome una anécdota de Rutherford (Ernest o Lord, según quien lo mente, el descubridor del núcleo atómico y primer premio nobel neozelandés) que me ha hecho plantearme una pregunta.

La anécdota es que un día un profesor de física amigo suyo visito a Rutherford (supongo que en este caso a Ernest) con un alumno al que había puesto un cero cuando el alumno consideraba que se merecía un 20 (si, al parecer ese examen, o al menos el ejercicio en debate, puntuaba 20 puntos) para que hiciera de juez en la discrepancia y fijara que nota se merecía el alumno.

La pregunta en conflicto era “¿Cómo es posible determinar la altura de un edificio con ayuda de un barómetro?” y la respuesta del alumno había sido… “se sube a la cima del edificio, se toma el barómetro, se le ata una cuerda, se deja deslizar hasta el suelo, luego se sube de nuevo, se mide la longitud de la cuerda y eso da la altura del edificio”. Obviamente la respuesta es totalmente correcta. El argumento del profesor para suspender al alumno era que se trataba de un examen de física y no había empleado conocimientos de física (algo que podría estar implícito en el hecho de que el examen fuera de física pero que no estaba estipulado en la pregunta).

Rutheford, contrario a la división salomónica, opto por darle otra oportunidad al estudiante para responder a la pregunta, pero esta vez dejándole claro que debía utilizar la física y que para ello tenia seis minutos (si, ni cinco ni diez; Rutherford era físico) y según su respuesta pues le pondría un cero o un veinte (nada de medias tintas).

El estudiante acepto y se sentó, ante la, supongo yo, atenta mirada de ambos profesores, con papel y lápiz para responder.

A los cinco minutos Rutherford, al observar que el estudiante no había escrito nada, mosca y convencido de que claramente se merecía la nota que le había puesto su amigo profesor (el famoso cero), le pregunto “si renunciaba y se marchaba”.

El alumno le dijo que “para nada, es que el problema tiene muchas respuestas y no sé cuál de ellas me convence más, me parecía la mejor, o más bien cual convencerá más a Rutherford”.

Rutherford, diría que yo un poco harto del alumno, le pidió disculpas por la interrupción y le dijo que siguiera.

En el minuto que le quedaba escribió “coja el barómetro y láncelo al suelo desde la azotea del edificio, calcule el tiempo de caída (t) con un cronómetro. Después aplique la formula altura = ½ g t2 y obtendrá la altura del edificio.”

Obviamente ambos profesores tuvieron que darla por buena, era correcta y aplicaba un principio físico(aplicación directa de la formula del movimiento uniformemente acelerado con velocidad inicial de cero), así el alumno obtuvo sus veinte puntos (seguramente para cabreo del profesor que le había suspendido ya que esa no era la respuesta que esperaba).

Rutherford, curioso como todo científico y, seguramente, un poco mosqueado por la seguridad del estudiante sobre todas las respuestas que según el tenia, no pudo o no quiso dejarlo así y le pregunto qué otras respuestas había estado pensando.

A lo que el estudiante respondió “pues hay muchas maneras. coges el barómetro en un día soleado y mides la altura del barómetro y la longitud de su sombra. Si medimos a continuación la longitud de la sombra del edificio y aplicamos una simple proporción, obtendremos también la altura del edificio; coges el barómetro y te sitúas en las escaleras del edificio en la planta baja. Según subes las escaleras, vas marcando la altura del barómetro y cuentas el número de marcas hasta la azotea. Multiplicas al final la altura del barómetro por el numero de marcas que has hecho y ya tienes la altura; puede atar el barómetro a una cuerda y moverlo como si fuera un péndulo. Si calculamos que cuando el barómetro está a la altura de la azotea la gravedad es cero y si tenemos en cuenta la medida de la aceleración de la gravedad al descender el barómetro en trayectoria circular al pasar por la perpendicular del edificio, de la diferencia de estos valores, y aplicando una sencilla fórmula trigonométrica, podríamos calcular, sin duda, la altura del edificio. En este mismo estilo de sistema, atas el barómetro a una cuerda y lo descuelgas desde la azotea a la calle. Usándolo como un péndulo puedes calcular la altura midiendo su periodo de precisión”; todas respuestas correctas para resolver el problema (si bien algunas de ellas no aplican la física).

Hizo una pausa (quiero imaginar) y añadió “pero la mejor seria coger el barómetro y golpear con él la puerta de la casa del conserje. Cuando abra, decirle:-Señor conserje, aquí tengo un bonito barómetro. Si usted me dice la altura de este edificio, se lo regalo”. (vale, tiene el problema de que igual el conserje pues no sabia la altura del edificio pero pensemos que eran otros tiempos y otros conserjes)

Rutherford aceptando que para resolver el problema todas las respuestas eran válidas, pero ya un poco rallado con el estudiante, le pregunto “pero ¿sabe la respuesta convencional”.

Obviamente el estudiante la sabia, como supongo que la sabéis todos y le dijo “la diferencia de presión marcada por un barómetro en dos lugares diferentes nos proporciona la diferencia de altura entre ambos lugares por lo que basta con medir en la calle y en la azotea y restar” pero a continuación de esto añadió un especie de “no quería decirla” ya qué “sus profesores habían intentado enseñarle a pensar y que estaba harto de la universidad y de los profesores que intentaban imponerle la idea de que solo había una forma de pensar correctamente”. (respuesta impecable a la que solo le falto añadir, con respecto al primer profesor, que los profesores deberían hacer enunciados completos y precisos, si quieren respuestas adecuadas).

Por si alguno se lo pregunta o considera que el estudiante no merecía su nota, solo os diré que se trataba de Niels Bohr, ganador del premio por su modelo del átomo e innovador de la teoría cuántica que podría haberse quedado sin estudiar física por un profesor, digámoslo claramente, algo inepto y formalista. Curiosamente la identidad del profesor que quería una respuesta determinada no se ha incorporado a la anécdota y seguramente tampoco a la historia ya que es el único personaje que no gano un premio nobel (supongo).

Lo que más me sorprende de esta anécdota es que, normalmente y así estaba en el texto que me enviaron, se atribuye a Rutherford y no a Bohr cuando para mi dice mucho mas del segundo que del primero, sirviendo para dejar bastante clara la personalidad o el carácter de Bohr (algunos dirían el típico tocapelotas pero no yo que me solidarizo con él).

Quitando que ya me gustaría a mi que algún día se pudiera contar una anécdota tan buena de mí (lo del nobel lo descarto) me pregunto si hay alguna anécdota mía que diera una medida tan aproximada de mi carácter o personalidad (si, seguro que las hay y para eso tenéis los comentarios) o a falta de anécdota, una frase que me definiera.

Puede que sea porque acabo de volver de vacaciones, pero lo único, lo mejor, que se me ocurre ahora, es que “soy el tipo de persona que tiene una bombonería favorita en NYC” (que por cierto tras unos años sin tenerla localizada, habiendo estado cerrada, ha abierto de nuevo en una zona visitable y que obviamente os recomiendo visitar) que no esta al nivel de la anécdota, pero que, a mí me parece, dice mucho de mi carácter, preferencias y personalidad pero podéis opinar.

Pues nada, contada esta anécdota (que os cuento además de por ser curiosa, porque para mí define muy bien la necesidad de tener buenos profesores y de no cerrarse a opciones estrictamente convencionales, asumiendo que el empleo de soluciones no convencionales es algo sumamente valido y que debe impulsarse durante la formación; carencia, la de buenos profesores, que mi sobrina – que tiene, como varios más de la familia, lo que podríamos denominar líneas de razonamiento divergentes o no convencionales – está sufriendo en algunos exámenes. Algo bastante triste, me parece a mí; por no decir preocupante y frustrante) pasemos a las lecturas que igual es a lo que habéis venido, o no; dejando claro que por aquello de ser Agosto y estar mis librerías de referencia (si Méndez en la calle Mayor, e incluso, aunque aún no está claro que tenga esta categoría, In-verso aquí al lado, en Augusto Figueroa)de vacaciones parte del mes pues alguna compra ha sido fuera de mi zona de confort.

Mi primera lectura del mes  fue Punto Cero, una historia policiaca de un escritor clásico japones del que ya había leído otra que no me acabo de convencer. Esta tampoco lo ha hecho pese a la curiosidad de que siendo una novela de 1959 la protagonista sea una mujer (no policía) investigando sobre la desaparición de marido poco después de la boda. No es que sea mala, se deja leer y algunas cosas del Japón de poco después de su derrota en la segunda guerra mundial (sobre todo los temas familiares y de registro de familia) pues resultan interesantes como eso de que los militares llamaban a las jóvenes japonesas que ofrecían sus servicios sexuales panpan, sin aclarar la nota del traductor si este nombre es la onomatopeya de las palmadas que los militares daban para llamarlas o del sonido de sus tapados de tacón. Pero nada es lo suficientemente interesante para absorber y disfrutar de la historia.

Esta plaga de almas, me parece un titulo excelente, especialmente cuando uno piensa en esa parte de sus congéneres a los puede aplicarles que “El cielo matutino se carga de nubes que filtran la lluvia entre la luz gris; este día no tiene salvación. Algunas personas ya están en la calle: una raza agobiada, con la vista fija en el suelo, desanimada antes de que la jornada haya empezado a respirar. Tienen la expresión resentida de hombres y mujeres que desearían estar en otra parte, en cualquier otra”; especialmente si uno es el tipo de persona para el que “La intimidad de compartir sentimientos no era su forma de hacer las cosas.”

No, con ese tipo de persona no me refiero a mí (maledicentes), que, en este libro, hasta la intervención de mis médicos y de sus criterios uniformes, yo estaba más próximo a ese otro que “Siempre ha sido gordo. Nealon lo ve ahora claramente; no es un hombre abrumado por un exceso de carne en la madurez. Se le ve demasiado cómodo con su volumen, demasiado despreocupado por su corpulencia. No hay nada del pesar que tantas veces ha notado en hombres de esa edad que han sucumbido a la carne. Este hombre lleva toda su vida viviendo en paz con su persona.”; si, así cómodo, despreocupado y en paz era yo.

Como se trata de una novela que pasa en una zona muy rural de Irlanda no esta nada mal recordar la opinión del protagonista sobre sus paisanos, rurales y no tan rurales: “Nealon lo toleraba porque sabia que esos hombres eran necesarios para la vida rural, hombres que se dedican a su trabajo sin sentimientos incapacitantes. Mas tarde, en sus años de estudiante, llegaría a sentir por el un respeto diferente cunado se vio rodeado de insípidos vegetarianos y demás amantes de los animales. Para Nealon, su mirada hipersensible era una negación enfermiza de toda la mierda, la sangre y el dolor de los que se nutre la vida. Sus remilgos insulsos hicieron que se distanciara rápidamente de ellos con desagrado. La vida rural no era un idilio pastoral poblado de santos campesinos y animales cariñosos, lleno de utensilios caseros suavizados por el uso venerable. La granja era un reino pringoso que palpitaba de dolor en ciclos de muerte y renovación teñidos de boñigas verdes y mucosidades sanguinolentas.”

A ver, hay compras de las que uno solo puede culparse a si mismo, este es el caso de Aburridisima, que ya desde el titulo pues como que no hacia presagiar nada bueno, si le sumamos el hecho de ser una colección de historias y que al parece la autora “fue actriz, escritora, performer y figura clave de la contracultura japonesa” pues, como dice aquel “¿Qué podía salir mal?”. Sinceramente creo que no haya nada que salvar en este libro y cualquier otro mes ni me habría acercado a el (bueno, miento si estuviera en mi librería de referencia en un buen lugar; pues sí, igual o habría cogido). En fin, por destacar algo, ese “cuando se trataba de satisfacer su ego, podía ser mas codiciosa que un viejo prestamista.”, pero ya veis el nivel.

He de reconocer que de La vida al final no tengo ahora mismo ningún recuerdo, no puedo decir si es buena o mala, si bien me temo que no será demasiado buena ya que no he marcado ninguna frase ni ninguna pagina como algo a recordar. De hecho, releo la contraportada que me cuenta que va sobre un abogado al que le diagnostican una enfermedad terminal y se dedica a prepararse ante lo inevitable y despedirse de sus seres queridos. Pues nada, ni con esta sinopsis consigo recordar nada de esta novela. Eso ya dice bastante.

Sobre Algo supuestamente divertido que nunca volver a hacer, estoy seguro de que todos habréis adivinado que mi única razón para comprarla es que me gusto el título. Mas dudoso era el hecho de ser una recopilación de artículos, o ensayos, sobre la cultura norteamericana escritos en los noventa por un autor que me sonaba, pero no lo suficiente como para situarlo en el espectro de divertido o aburrido. Según mi librera era divertido, en el estilo de Fran Lebowitz, autora que ya he comentado me parece fundamental y divertidísima. Lamentablemente o mi librera no ha leído a Lebowitz o la confunda con la fotógrafa porque ni por la extensión (hay artículos de mas de setenta paginas) ni por el sentido del humor o la visión crítica y cínica se parecen en nada. Solamente esta frase, hablando sobre el ascenso de Reagan y de, en general, de las posturas conservadoras se salva “La mayoría de nosotros seguimos prefiriendo el nihilismo al neandertalismo”; aunque según las encuestas, las elecciones, y los comentarios generales parece que esta mayoría es cada vez más minoritaria e incluso a veces pienso que los neandertales eran demasiado evolucionados para clasificar de esto a una gran mayoría de congéneres.

Ya con mis dos librerías cerradas pues me acerque a otra muy conocida, también en el barrio, donde me compre, sin demasiadas ganas he de reconocer, Incierta gloria, novela de un catalán y escrita en catalán sobre la guerra civil, o, mejor dicho, situada en la guerra civil ya que realmente es sobre triángulos amorosos (o figuras mas complicadas que el triángulo) y la mejor frase, obviando la referencia a la existencia de un gremio de tocineros (al menos en la Barcelona de esa época; cuya festividad , por cierto, es el 17 de enero, dato que merece apuntar para celebrar) está al principio con ese “no sabemos nada de los demás, ni nos importa; en cambio, desearíamos que los demás nos conocieran a fondo. Nuestro afán por ser comprendidos solo puede compararse a nuestra desgana por comprender a nadie.”; algo con lo que, como lector, pues solo puedo estar parcialmente de acuerdo ya que igual comprender a personas reales no me interesa mucho, pero a personajes de ficción pues un poco más.

En cualquier como novela guerra civilista pues tiene alguna referencia a la religión como esa sobre los borrachos que “si beben, es para ahogar en vino el sentimiento del vacío, «el primer paso hacia la religión»”; o esa otra referente a la triple negación de San Pedro “como impresiona la indulgencia de Jesús ante ese defecto que los jóvenes rara vez perdona: la cobardía” que siempre resulta curioso pero que en tiempo de guerra tiene más sentido.

Curioso también me ha gustado que me recuerde como “Por lo visto hace apenas cien años las distintas clases sociales vivían en los mismos edificios; la diferencia la marcaba el piso. Cuanto mas pobres eran, mas cerca del cielo vivían.”, algo que ha cambiado tanto por el status de los áticos como por la existencia de urbanizaciones exclusivas o diferenciadas; pero más curioso, teniendo en cuenta que hablamos de 1930, es, al menos para mí, esto de “Otro asunto que daba pie a interminables peroratas era el de cierto guerrillero que operaba por esas fechas en las junglas de Nicaragua o de Guatemala, un tal Sandino, si no me falla la memoria…”; básicamente por la longevidad del Sandinismo, o por la tradición en los nombres ya que me recuerdo a finales de los ochenta a mí mismo, acompañado de mi hermano y un americano, gritando semi beodos en un semisótano de Long Island eso de consignas sobre Sandino y sobre otras chorradas. Ya digo, nunca se sabe.

Antes de que alguien, basado en la selección de frases, piense que es una buena novela he de decir que a mi solo me ha gustado, no demasiado, una de las tres partes que la componen pese a que en la misma hay ideas que suscribo completamente como “Ella es muy sensible al asco, lo que es lo mismo, sin el menor sentimiento. Porque los sentimientos, poco o mucho, siempre son sucios; no me lo niegues.”, aunque los seguidores del orden y del minimalismo piensen lo contario; o esa otra con la que todos valoramos el mainstream o la repetición de las marcas y locales iguales, “He llegado a pensar que toda idea, por buena que sea, se vuelve malvada si se difunde demasiado”.

Ya dicho, no me ha convencido, ni siquiera con ese “Distraerse el la cosa más aburrida del mundo. Es mucho mejor quedarse en casa y abandonarse a la tristeza; la tristeza, si uno se esfuerza en tomársela con calma, puede llegar a ser tan sedante como una lluvia de primavera. Si supiéramos sacar partido de nuestra tristeza, quizás descubriríamos que la única felicidad posible en este mundo es la de una tristeza clara y resignada. Pero hay momentos en que la tristeza nos muestra su expresión mas repulsiva; hay momentos en que  no es ya ni tristeza, que es apenas vacío, aridez, tedio de vivir, y entonces… Y pese a todo, el entretenimiento es mucho mas vacío y árido; el entretenimiento lo seca todo, todo lo que toca lo marchita.”, que, pese a que me gusta, no me convence del todo por ser excesivo y desprestigiar las distracciones (que son necesarias); una cosa es aceptar la tristeza como algo natural y otra darle este peso.

Las vidas secretas de las mujeres de los asesinos, me parece un gran título, incluso más que para un libro, para una serie de televisión (o plataforma, que se que ya la televisión prácticamente no existe) pero mas que como se plantea en el libro con las mujeres investigando otra serie de asesinatos como reportaje de que notaban o que no, si habían visto cambios, como los habían gestionado y ese tipo de cosas. Si damos crédito a las series de asesinos en serie sería una tarea difícil ya que normalmente la esposa (o la inexistencia de una relación) es precisamente uno de los desencadenantes o es la primera víctima. Difícilmente sobrevive, lo que me lleva a una de las reflexiones del libro “Una vez oí decir que los mayores temores de las mujeres en la vida son la agresión sexual y la muerte. ¿Y para los hombres? Lo que les quita el sueño es la idea de ser rechazados y humillados por una posible pareja. ¿No es patético? Que libres deben sentirse ahí fuera; viven la vida como algo normal. Que increíblemente liviana debe ser su existencia: vagar por donde quieran sin miedo, con la seguridad de que son intocables y lo peor que puede pasarles es que la chica guapa que les gusta los rechace.”; en la que teniendo razón creo que se equivoca en valorar como patético, liviano algo que debería ser normal, o igual de normal, para todos.

La novela en general carece de la gracia suficiente y solo me he reído con eso de “los hombres mas aburridos sienten la necesidad de cultivar «su imagen» vistiéndose como los Beatles.”, por aquello del parecido razonable con algún conocido, aunque entiendo aplicable a cultivar “otras imágenes” que cultivan conocidos que ya no tienen la edad necesaria. Correcta pero olvidable.

Es curioso que siendo yo un fan de Murakami, del bueno, no del que la gente, los hípsters (si es que quedan) pasea sus libros por Malasaña y Lavapiés, no me hubiera leído su primera novela, Azul casi transparente. Mi desconocimiento es todavía más curioso si consideramos que se editó en español en 1982 y trata de unos jóvenes japoneses cerca de una base militar norteamericana dedicados a poco mas que las drogas y como conseguirlas. Vamos, en cierta medida, una versión japonesa de Menos que cero y la típica novela que yo debería haber leído en su día (no descarto haberlo hecho).

Tal vez en su día me habría parecido interesante y me habría gustado, pero ahora me ha parecido floja y muy por debajo del desfase de sus novelas posteriores que si me gustan. Lo único verdaderamente sorprendente es que estos japoneses, desnortados por las drogas, estuvieran leyendo La Cartuja de Parma, algo que yo clasificaría de anacrónico más por el simple hecho de que estos jóvenes lean, sino por que lean a un clásico como Stendahl (aunque igual es un guiño del autor que yo no he pillado).

A veces no puedo resistirme a coger novelas simplemente por la nacionalidad del autor (siempre y cuando estén en una editorial conocida o tengan algo más) así que este mes me hice con El corazón negro, por aquello de ser su autor ucraniano (o ucranio como parece que se dice ahora, o al menos dicen en las noticias) y por tratarse de una investigación criminal sobre la venta ilegal de carne de cerdo (obviamente no por ser carne de cerdo sino por las restricciones tras la guerra bolchevique).

Siendo una novela entretenida, como novela de detectives o criminal pues no tiene por donde cogerla y es casi mas una critica a la burocracia, a sus chorradas o procedimientos que otra cosa. Tiene cosas graciosas cuando el investigador principal, tras asistir a un curso de interrogatorios, se queja del contenido semi vacío del mismo e incluso de que “¡Imagínate que me obligaron a fumar para aprender a echar el humo a la cara de los interrogados!”; o cuando en otro momento comenta “¡Los discípulos aprenden de los maestros novatos!”, quejándose del nivel profesional de los formadores que creo cada vez se da mas (pero igual esto es solo porque yo cada vez soy mas mayor).

Lo mejor para mi es cuando describe a alguien como “¡Desde luego que es honesto! – aseguro Jolodny, y se encogió de hombros de nuevo - ¡Y también es muy capaz de mentir, ya lo creo!”; dejando claro que no existe ninguna contradicción entre ambas cosas.

Dicho esto, he de reconocer que me ha hecho daño leer esta errata “… sentada en la mesa y alumbrada por el calendario de tres velas.” (¿calendario, en serio?); un poco menos de daño me ha hecho leer “Balde de medida. Capacidad: 10 tazas, 100 Charki, 200 shkalilki” cuando he leído la nota a pie que dice que un Charki son 123 mililitros… ¿en serio, las tazas en ucrania eran de 1,23 litros? Y yo quejándome de los tamaños de café americanos; y me ha sorprendido mucho que en una conversación sobre Judas Iscariote (hablando de traiciones y traidores) uno de los personajes diga “¿no es cierto que el fue el primero que echó a andar detrás de Jesús? ¿estaba ciego o qué?”, que seria un detalle muy interesante pero que parece que inexacto o que no está claro el orden real de los discípulos (cosas de la historia sagrada) pero seguro que no fue el primero que le siguió.

Mi última lectura del mes, Operación Masacre, tenía mucho riesgo de que no me fuera a gustar ya que es una novela de no ficción moderna sobre unos fusilados en argentina que realmente no habían muerto o no todos (cosas de argentinos o de militares no tengo claro como en se puede fallar fusilando).

Al parecer el fusilamiento era conocido y no especialmente interesante hasta que el escritor en una conversación en un bar oye que alguien le dice a otro parroquiano que hay un fusilado que vive lo que , da lugar a la investigación que recoge el libro.

Curiosamente parece que fue un desastre de fusilamiento (no solo por ser totalmente ilegal ya que no existía causa para el mismo) y que no solo sobrevivió uno sino varios (no recuerdo cuantos, pero como seis o más). Totalmente prescindible excepto por un consejo, que al parecer es un “chiste idiota de Rilke”, pero que parece bastante acertado: “Si usted piensa que puede vivir sin escribir, no debe escribir.”, o por lo menos si uno no piensa en términos meramente económicos.

En fin, me gustaría decir que ahora – tras la vacaciones – volveremos a la normalidad de las lecturas y las visitas a mis librerías, pero lo dudo ya que este año he ido antes a NYC, acabo de volver, y tengo una balda llena de libros en inglés para los próximos meses con los que divertirme. Concretamente esta:

 


Yo con esto, vosotros… pues ¡Divertíos, asaltando el castillo!

 

Lecturas

Punto Cero - Seicho Matsumoto

Esta plaga de almas - Mike McCormack

Aburridísima - Izumi Suzuki

La vida al final - Bernhard Schlink

Algo supuestamente divertido que nunca volver a hacer - David Foster Wallace

Incierta gloria - Joan Sales

Las vidas secretas de las mujeres de los asesinos - Elizabeth Arnott

Azul casi transparente - Riu Murakami

El corazón negro - Andréi Kurkov

Operación Masacre - Rodolfo Walsh

jueves, 13 de agosto de 2026

Comentario de textos – julio 2026

Si en mayo comentaba que era un poco raro que en un mes de mucho trabajo hubiera leído más de lo normal, ahora puedo confirmar que el factor que realmente aumenta mis lecturas mensuales son las visitas a Piles, especialmente si, como es el caso de este mes, las hago con poco o nada de trabajo. Como este mes he hecho dos visitas diferentes a Piles pues el número de lecturas puede, no, estoy seguro que haya alcanzado algún tipo de récord personal de lecturas mensuales pero, paso de mirarlo.

Es decir, que inevitablemente este post puede ser algo largo; claro que como con pasa con todos los “puede”, especialmente con los de las noticias, mas incluso con las climatológicas, igualmente puede que no, que no sea largo (ni de coña, está claro que va a ser largo, avisados quedáis, no se trata de un puede). La verdad es que no sé porque últimamente se dan tantas noticias en condicional, para mí que una cosa pueda pasar o no pues no debería convertirla en noticia ya que la mayoría de la población asumimos que las noticias son hechos, no previsiones. Es algo que me resulta tan difícil de digerir como esas noticias sobre leyes que se dan como aprobadas cuando la noticia real es que solamente se presenta un proyecto de ley que probablemente no sea aprobado, es decir que la noticia no va sobre la ley o una medida en concreto por mucho que decirlo así sea más impactante, incluso políticamente ventajoso, pero claramente equivoco transmitiendo la idea de que esa medida, ley o novedad climatológica (puede que venga otra ola de calor) es un hecho pese a que luego no lo sea (si, puede que exista vida extraterrestre pero también puede que no; esto nunca debería de ser una noticia).

En fin, que esto – que, como yo, os estaréis preguntando – a que viene;  es una de esas cosas que últimamente me ponen casi tan nervioso como que alguien me responda con un ‘si’ cuando le planteo una disyuntiva, la elección entre dos cosas sencillas (la pregunta ¿voy o vienes? No admite la respuesta si, de ninguna manera; las disyuntivas, salvo casos muy concretos, no admiten esto) y ahora me estoy imaginando la crisis nerviosas que debe sufrir un azafato/azafata al que gran parte del pasaje le contesta si al tradicional ¿pollo o pasta?, que seguro que tiene que corregir todo el reparto aleatorio que permite esa respuesta.

Sin más preámbulo ya que puede (seguro) que esto se alargue vamos con las lecturas del mes que empiezan con un primer viaje a Piles, tras haberme abastecido de lecturas en mi librería de referencia (si, una vez más: Librería Méndez en la calle mayor) donde lamentablemente me compre Caja 808 que pensaba que podía ser una novela interesante sobre una pionera de la organización industrial (una rama en cierta medida precursora de la robótica) y una misteriosa caja que podría contener algún secreto importante (ya que ella es un poco Kondo – lo que antes se llamaba anal – y guardaba todo en cajas numeradas). Lamentablemente me ha parecido una tortura difícil de acabar sin ningún interés. Así de sencillo. Si tiene esto que ciertamente es realista y que creo que todas las generaciones sienten respecto a las siguientes y viceversa en casi todos los campos de conocimiento: “¿Se ríen en realidad de la juventud de los programadores? ¿O lo que les hace gracia es el hecho de que sus caras de niño les permiten, a ellos, un par de hombres de mediana edad, presentarse como viejos experimentados con algún tipo de autoridad? Pero es que son viejos: en este mundo, tener cuarenta es ser viejo; no tener un dominio en Blender, Topsolid o Teckler integrado en el sistema neuronal te coloca no solo en la generación anterior, sino, algo mucho peor, en toda una categoría evolutiva que las nuevas generaciones han relegado al olvido. ¿No es eso lo que debería hacerles gracia? ¿Acaso los tipos como Phocan creen que están gestando el futuro cunado no hacen más que sobrevivir a su propia obsolescencia?”; ya, si eso, otro día hablamos de la (escasa) capacidad de entender la tecnología de estas generaciones nativas digitales.

Como yo tengo una incultura enciclopédica pues no tenía ni idea de que había existido ese Lyceum Club Femenino, fundado durante la dictadura de Primo de Rivera a semejanza de, digamos, el tradicional casino de pueblo, que as su vez es la burda reinterpretación española de los clubes ingleses y que es el centro de  El Club de las modernas, club que pretende parecerse a dichos clubs ingleses  pero sin el elitismo y con mucha más componente social (impulsando escuelas infantiles, algo previsible; o, sorpréndete como crear un club de lecturas para ciegos desarrollando una de las primera bibliotecas en Braille de España). En principio es una curiosidad fascinante, como pasaba con el de Parabere, que podría dar lugar a un buen libro, pero le pasa lo mismo: la historia real promete ser mucho más fascinante que la historia contada. Una lástima.

Eso si, tiene cosas que yo no conocía como esa descripción de la paradoja que sufrían las mujeres de la época (e incluso las actuales u otros colectivos) a las que “se les negaba la instrucción y luego se las culpaba de ignorancia” que en el libro de la que se toma esta cita (curiosamente de Josefa Amar y Borbón, ni comentemos  que poco elitista el apellido) al parecer “Recurrió a ejemplos históricos, a la tradición clásica y a la autoridad de pensadores antiguos para demostrar que, allí donde se les permitió aprender, las mujeres igualaron o superaron a los hombres.”; algo a lo que, pese a desconocer el libro citado y sus razones, no tengo nada que objetar y lo creo sinceramente.

También me ha hecho mucha ilusión encontrar una referencia  (parcial e involuntaria, sin duda, ya que no tiene nada que ver) a ese Ojos de corza Herida (un tema de La banda del otro lado, una de las continuaciones casi desconocidas de Glutamato Ye-Ye) cuando un personaje de otra escritora de la época “aclara que los hombres se enamoran de las corzas: tan lleno como está el varón de racionalidad, busca un alma irracional, animal, absurda y caprichosa que lo complemente. Al hombre inteligente le repugna la mujer con talento: ahí eta la explicación.”; algo ante lo que solo puedo declarar que sobre la base de mis gustos en mujeres pues debo de ser completamente estúpido, o idiota como dicen que soy mis conocidos. Pero, completamente, oye tu.

Mi frase favorita es esa forma de completar un clásico de la época “es verdad que la sangre con letra entra, pero no con la del alumno, sino con la del maestro.”; y mi descubrimiento favorito (podría hacerme el culto y decir que ya lo sabia pero acabo de confesar mi estupidez) es eso de que Emily Bronte publico Cumbres Borrascosas con un seudónimo masculino (Ellis Bell, por si os interesa) que al parecer hizo que algunos críticos pensaran que era de su hermana (que también publico Jane Eyre bajo seudónimo masculino y familiar (Currer Bell, en este caso; por lo que igual la teoría de la hermana pues no estaba tan desencaminada).

Tras esta lectura densa y cultureta pues pase a leer El aguardiente bendito de Algot y Anna Stina que ya desde el titulo promete ser una novela poco seria, o mejor dicho, sumamente entretenida. No defrauda y es una simple comedia de enredo entre unos nobles con ideas rancias y de mal carácter a los que todo le sale mal y por otra parte unos campesinos de buen carácter, pero semi esclavizados, por el anterior a los que todo les sale bien. Vamos una novela verdaderamente entretenida de leer mas propia de una tumbona o hamaca con el cerebro medio apagado que de una lectura frente a una chimenea con aguardiente  en una noche lluviosa. Aunque estoy seguro que se disfrutaría en ambos casos.

He de reconocer que me confunde un poco ese razonamiento en contra del socialismo, más bien de la democracia en su totalidad, sobre la base de “¿Qué pasaría si cualquier indigente pudiese participar en las decisiones? Lo mínimo es que quien quiera cambiar las leyes sea capaz de leer las que ya existen, ¿no?”;ya que en el mínimo si estoy de acuerdo, pero no en lo de indigente.

Lo mismo me pasa con ese consejo médico de “El alcohol, que casi todo el mundo disfrutaba, pero que la mayoría criticaba, había sido considerado hacia un decenio como medicina. A las embarazadas se les aconsejaba que bebiesen aguardiente y lamiesen sal para que el niño naciese sano y cuerdo. Y también se consideraba bueno para la sordera y el cáncer.”, que estoy seguro de que en lo relativo al aguardiente (ginebra en su caso) mi madre siguió escrupulosamente en todos sus embarazos, aunque dudo más respecto a lo de lamer sal, lo que explicaría porque los hermanos tenemos al menos una de las dos cualidades (no todos la misma) que impulsa el consejo. Ya digo, tengo mis dudas sobre el consejo (lo de la sordera y el cáncer tengo claro que no) como las tengo sobre los beneficios del agua con radio (o directamente radioactiva) que se publicitaba durante mucho tiempo como altamente beneficiosa para la salud.

Ya digo, una novela excelente como lectura veraniega.

Las novelas de detectives japoneses (actuales) pues reúnen dos de mis debilidades (no creo necesario aclarar cuales, ¿no?) así que La mano que mueve los hilos era casi una obligación de compra. Como buena novela japonesa pues la historia se va complicando y realmente los comportamientos y relaciones son tan extravagantemente japoneses en algún caso, y la parte detectivesca se va complicando paulatinamente por lo que  toda la historia tiene su punto. Dicho esto, he de advertiros de que no os la compréis, ni la empecéis a leer. ¿Por qué?  os preguntareis ¿Por qué si es buena no leerla? Muy sencillo: la ultima frase del libro es “sigue en el segundo volumen.”; algo que me ha parecido sencillamente inaceptable (ya que no se avisa en ningún sitio) y me ha enfadado casi tanto como esas series que hacia el final se complican solo para en lugar de resolver la historia, dejarte completamente colgado. No me parece aceptable.

Encima hay cosas que me han gustado mucho ese “Yoshio no supo que mas decir. No era muy hablador y en su mundo solo había dos tipos de personas capaces de abrir su propio negocio: o parlanchines con el pico de oro u hombres de pocas palabras. Los del primer grupo se decantaban a menudo por tiendas de electrodomésticos, pequeños supermercados y otros establecimientos en los que las ventas y las reparaciones iban de la mano. Los segundos, como Yoshio, se ganaban la vida ofreciéndole al publico lo que ellos mismos producían.”; que yo unilateralmente leo como unos son vendedores de coches usados y otros productores (seguro que ya tenéis una idea de en qué grupo considero estar); e incluso todavía más ese “¿Qué le había ocurrido a Itagaki mientras tanto? ¿o el problema era que no le había ocurrido nada? Lo recordaba funado Hope; pero en ese momento sostenía un Mild Seven Light entre los dedos. El tabaco light parecía simbolizar su falta de entusiasmo y determinación.”; ya que fumar light es casi tan buen indicador de la falta de esas cualidades como beber cerveza sin alcohol (algo que sencillamente, por definición, no puede/debe existir).

Pensaba que esta lecturas serían suficientes para mi vista a Piles pero una vez más me quedé sin nada que leer antes de volver y tuve que coger la Antología de Cuentos de Ficción Científica ya que parece que o nadie lee nada en Piles o yo soy el único que deja lo que lee para el siguiente. A este libro ya había recurrido otras veces que me pasaba esto pero ahora que lo he terminado, creo que ya solo me queda por leer Decline and fall of the Roman Empire (que de momento no me apetece nada), así que ya veremos la siguiente visita.

Realmente lo más fascinante de este libro, editado en 1965 (el año de mi nacimiento todo sea dicho), no es que se deje leer razonablemente bien (si bien es cierto que actualizar las traducciones lo mejoraría mucho) sino que sorprende la actualidad (el parecido con temas actuales de la ciencia ficción) que se apunta en esta ficción científica con tantos años de antigüedad.

Una de mis partes favoritas esta en el cuento A la intemperie en el que “Habían apartado la lluvia de las ciudades porque resultaba un despilfarro dejarla caer allí. Era mejor desviarla hacia donde pudiera llenar un depósito, ablandar un desierto o apagar un fuego en un bosque…  “; algo que cada vez que me pilla una tormenta en plena calle que me deja empapado me planteo, y que también me planteo cuando no me pilla en la calle, en este caso no por el egoísmo de no mojarme, sino por un uso racional de los recursos. También estoy seguro que, aunque fuera técnicamente viable siempre habrá quien se opondrá con un “Todo muy laudable, pensaba Oren; Pero no aceptaba semejante intromisión en la naturaleza. Era un conservador, un chiflado antiprogresista.”; eso tampoco ha cambiado salvo para peor.

Ya de vuelta en Madrid y siguiendo con el tema de los club ingleses empiezo El misterio del Bellona Club, donde descubren en su sillón habitual a un parroquiano del club muerto, en lugar de dormido bajo el periódico como era habitual. Además de tener que descubrir al asesino en este caso es importante identificar la hora de la defunción ya que de ello depende quien hereda la fortuna (como en aquel famoso caso de un padre y una hija millonarios que mueren en un accidente de avión y que dependiendo de quien haya muerto antes pues cambian los herederos), lo que hace de ella una novela entretenida, sin mas; salvo tal vez por algunas machistadas fascinantes procedentes de frases tradicionales como  “es que tengo la ancestral idea de que en situaciones de crisis hay que tratar a las mujeres como si fueran imbéciles. Supongo que es por tantos siglos de «las mujeres y los niños primero. ¡Pobres!»; o en forma de dialogo con este en el que ambas partes pue sorprenden:

“- A mí me saca de quicio ver lo grosera que es la gente cuando se casa – dijo Wimsey -. Supongo que es inevitable. Que raras son las mujeres. Da la impresión de que les importa mucho menos que un hombre sea fiel y honrado (y estoy seguro de que tu hermano lo es), que que les abran la puerta y les den las gracias. Lo he observado un montón de veces.

- Un hombre debería ser tan cortes después del matrimonio como antes de casarse – proclamo Robert Fentiman con orgullo.

- Debería serlo, pero no es así. Seguramente existe alguna razón que desconocemos – dijo Wimsey -. He preguntado a muchos hombres (ya sabes que me gusta meterme en todo) y en general te contestan con un gruñido y te dicen que sus esposas son personas sensatas y saben que las quieren sin más. Pero no creo que una mujer llegue a ser sensata jamás, ni siquiera tras una prolongada relación con su marido.

Los dos solteros negaron con la cabeza solemnemente.”

No sé, supongo que si hay una explicación para este dialogo estará en la última frase (en que son solteros los que hablan) o no. Otro puede.

También me gusta que se cite a Aristóteles con ese “que siempre se debe preferir lo imposible probable a lo posible improbable” (que contiene la misma falta de coherencia que la famosa variación de Sherlock sobre lo posible y lo imposible).

Que no me convenciera mi siguiente lectura, Los ilegales, es básicamente imputable a mí ya que al leer en la portada “la historia nunca contada del programa de espionaje mas secreto de Rusia” asumí que se trataba de una novela y no prácticamente de una tesis doctoral sobre los espías rusos infiltrados en distintos países. Dicho esto, pues evidentemente como novela es un truño y como tesis pues ni idea que mi nivel de conocimiento sobre espionaje ruso esta en menos mucho.

Eso sí, me ha encantado leer algo similar a lo que mi padre siempre decía sobre la importancia de llevarse casi mejor con las secretarias de la gente importante que con los verdaderamente importantes (directores, ministros, etc.) cuando “Wolf comprendió que las secretarias, en muchos casos, tenían acceso a tanta información confidencial como sus superiores e incluso más.”; algo que dará lugar a los tradicionales rollitos espía/secretaria de muchas novelas y películas.

También es interesante esa reflexión sobre lo difícil que es encontrar a espías para infiltrarlos en un país ya que “El KGB exigía lo imposible a sus reclutas: un operativo debía ser inteligente, flexible y lo bastante sofisticado para hacerse pasar por occidental y, al mismo tiempo, contar con una firmeza ideológica que le permitirá ignorar incluso en la intimidad del hogar los evidentes defectos de la sociedad soviética.” ; algo incluso más difícil que la conciliación familiar de los espías, que imagino ahora será un gran problema, al menos en los servicios de inteligencia españoles.

Palahniuk es un escritor que a veces me gusta mucho (creo que he leído todo lo que ha escrito) y otras sencillamente, aunque la idea general de la novela sea interesante se excede y resulta agotador y mosqueantemente pesado. Inducción por Shock esta en esta segunda categoría. La idea de la novela es que los padres, tras someter a sus hijos a diferentes test de capacidades, los venden para que una empresa los eduque, bajo una disciplina completamente férrea y sin ninguna libertad, de forma que se conviertan en los mejores de cada campo de forma que sean superricos y famosos, y para ocultarlos pues fingen su suicido, por lo que uno de ellos intenta descubrir sus orígenes. Esa es la trama y la tesis pues seria algo como  ¿Qué elegirías para tus hijos: Libertad o éxito económico y social? ¿Que estarías dispuesto a sacrificar o, más bien, a que ellos sacrifiquen? .

Alguna vez me he preguntado qué haría yo si fuera padre, como me comportaría en la educación de mis hijos y casi siempre, sobre la base de que gran parte de los hijos acaban revelándose contra sus padres solo porque sí, porque está en la naturaleza de la relación paterno filial, me he plateado que igual debería educarles con mucha mano dura y en los peores ismos (p.e. machismo, individualismo, nacionalismo, fascismo, etc.)  para que así, en su rebelión, se volvieran personas amantes de la libertad, compresivas, colaboradoras y en general buenas personas por lo que puedo solidarizarme con esa familia a la que “Cuando eras muy niña y la gente de Greener Pastures nos dijo que prometías mucho, nos comprometimos a hacer de tu vida un infierno.”; claro que , en seguida, recuerdo mi educación y como creo haber salido y esa idea se me borra de la cabeza y vuelvo a que la mejor educación se basa en el ejemplo (al fin y al cabo la imitación es otra constante del ser humano).

Como no la conocía os dejo esta cita que recoge el libro “Decía Marcel Proust que la tarea del escritor consiste en situar al lector en un mundo tan espantoso, un ámbito tan infernal y desdichado y caótico, que el regreso al mundo real se experimente como una escapada al paraíso.”; con la que, como lector, pues no estoy de acuerdo, pero, oye es Proust, el de la madalena quien lo dice y puede que este sea el éxito tanto de los melodramas como de las distopias.

Imaginaos una novela policiaca que ocurre en Islandia escrita por una finlandesa, de cuarenta y tantos, que vive en Islandia desde hace más de veinte años, y en la que los protagonistas, los investigadores, son una islandesa y un finlandés de visita que casi todo el tiempo esta tejiendo punto; y tendréis la idea general de Huellas en los fiordos. Vamos que lo de resolver el asesinato es lo de menos y lo divertido, o curioso, del libro es el carácter de los personajes (de finlandeses e islandeses) que al menos en método de trabajo no parecen muy distintos de la idea general de nuestros compatriotas en los métodos de trabajo “Habían actuado siguiendo el tradicional método de trabajo islandés: no habían  solicitado permisos, habían terminado de forma apresurada y, después, habían dejado que el episodio se sumiera en las tinieblas de la historia.”

Uno podría pensar que esto solo es aplicable al trabajo policial y que como dice una de los protagonistas “A veces no se si trabajamos en la policía o en gestión de residuos – dijo abrochándose el cinturón -. No hacemos más que reciclar la misma mierda una y otra vez. Crees que ya has cerrado un caso, pero, oh, sorpresa, te vuelve a caer encima en el siguiente turno”; pero que yo creo se puede aplicar a casi todas los ámbitos profesionales, incluso a los que de verdad trabajamos en gestión de residuos.

Como curiosidad diferenciadora me ha llamado la atención que “Todos los islandeses con numero de la seguridad social están listados en el árbol genealógico digital del país, El libro de los islandeses, en el que cualquier persona puede encontrar información sobre los padres y la relaciones de parentesco de todos los islandeses. Si uno introduce su número de la seguridad social, la pantalla muestra su árbol genealógico, remontándose hasta el primer islandés.”; algo que me cuesta mucho, mucho, pero mucho creer ya que dudo que los primeros  noruegos que llegaron, según Wikipedia en el año 874, tuvieran numero de la seguridad social o que existiera seguridad social. Así que es posible que esto que más que un factor diferenciador muestre otra característica común con los españoles: la exageración . Eso sí, si tuviéramos aquí ese servicio, la de horas que me hubiera ahorrado intentando ayudar a mi padre a que construyera el árbol genealógico familiar (verdaderamente confuso y solo de una rama, la paterna) con el primer ordenador que tuvimos en casa.

SI es diferente y fascinante el tema de los obituarios que es costumbre que todos los conocidos del difunto escriban y manden a la prensa un obiturario lo que hace que “En ocasiones, el anexo de los obituarios del periódico se extendía durante veinte páginas, ya que se publicaban absolutamente todos los textos recibidos, incluso los que podrían clasificarse como chapuza literaria. La muerte era más poderosa que la gramática. Los obituarios resaltaban la esencia de la islandicidad: la vida de cada persona era digna de narración y cada narración era importante.”

Una vez mas el calor y la ausencia de sombra que posibilitaria cruzar la puerta del Sol me obligo a cambiar mi librería de referencia por mi librería sustituta (Librería In-Verso en Augusto Figueroa) que estoy en proceso de intentar adoptar por proximidad, aunque se me esta resistiendo y todavía no he encajado con la oferta que tienen. Esta es la razón por la que cogí Tinta y sangre, que es de una de las ultimas premio nobel de la que ya había leído una y me pareció lamentable, pero, oye, un premio nobel pues merece una segunda oportunidad. Visto lo visto no se merece una tercera oportunidad por lo que dejare sin leer su novela verdaderamente famosa, por lo menos hasta que me olvide de estas dos pruebas.

Solo me ha parecido salvable esta idea: “No sabía que alguna relaciones se pudren con el tiempo como agua estancada, que poco a poco pudren incluso a las personas están sumergida en ella. No sabia que la costumbre se convierte en dependencia, que surge la compasión por el otro que se obsesiona, que el placer se desliza imperceptiblemente hacia la decepción, mientras uno se obliga a creer que todo va desesperadamente bien…”; claro que como contrapartida a esta idea interesante tiene esa incoherencia matemática de “… en cuanto a la velocidad del viento, diría que es de unos cien kilómetros por hora. Las partículas del aire que acabo de inhalar y exhalara estarán a ocho kilómetros al sur dentro de una hora.”; que igual es posible porque dudo que un viento de esa intensidad pues se mantenga constante durante esa distancia, pero… de una cosa no se deduce la otra, sino mas bien otra diferente.

Si de esta premio novel no me ha gustado ninguno de los dos libros que he leído, justo lo contrario me ha pasado con la autora de Hooked, que la que el libro anterior (Butter, que por fin han traducido al español) me gustó mucho, tanto que al ver este en ingles pues decidí comprármelo. Es lo que yo llamo una historia verdaderamente japonesa en la que la protagonista acaba haciendo chantaje a otra de las protagonistas para que sea su mejor amiga. Si, así mejores amigas a la fuerza, solo porque “What Eriko wanted more than anything wasn’t friends per se, but to be seen as a person who had friends.”; y bueno, pues las cosas, mira tú, pues no se desarrollan como debe hacerlo una relación de amistad. Sorpresa, sorpresa.

Además de la idea general la verdad es que tiene grandes frases como esa que debería hacernos reflexionar a todos de algunas respuestas que damos ya que “Saying that you can’t be bothered is, in effect, saying that you care about yourself most of all.”; o esa otra que me apunto para cuando, inevitablemente me temo, vuelva a engordar que dice “I have gained weight, but this is really my original size. I was restricting myself before and now I am not.”

También es verdad que, aunque “The world is full of information that you’re better off not knowing.” agrada encontrar información de como cambiar de genero esa expresión tan española de “un bosque de nabos” para referirse a una reunión/fiesta con solo tíos, ese “A whole beehive full of Queens.”; o que te recuerden (si, es algo que, al parecer ya sabía, o debía saber, porque al parecer Álvaro lo cuenta a menudo) que “Ding-Dong! The Witch is Dead.’ Hadn’t she heard somewhere that that song has been number one in the UK charts after Margaret Thatcher had died?.”; que sí, que fue un hecho propio del sentido del humor inglés.

También me ha encantado una de las ideas centrales, adaptando el concepto de especie invasora a las personas con ese: “so much bad stuff can happen when someone who’s lived in a certain place sets foot outside and encounters people from a different culture for the first time.”; que realmente veo más aplicable a esos cambios que les da por hacer a los cincuentones malasañeros que de repente deciden irse a vivir al campo, como ya he dicho otras veces nada bueno puede salir de eso.

Tras estas lecturas y con la previsión de otro viaje a Piles me atreví (por necesidad) atravesar la puerta del Sol y llegar a mi Liberia de referencia donde, cuando ya estaba pagando, encontré El curioso caso de Mary Mallon, una reivindicación de la cocinera más infame de toda la historia (Mary la finoidea) por Bourdain que obviamente tuve que comprar con la excusa de regalárselo a mi hermana.

El libro no es especialmente bueno y lo mejor de todo el libro es la introducción en la Bourdain se luce tanto con su clásica descripción de los chefs como un colectivo espacial (unas veces reyes de un reino único, otras piratas modernos y otras psicópatas natos) como aclarando la necesidad de Mary (emigrante podre e inculta que solo sabe cocinar) para seguir haciendo su trabajo (que otra cosa podía hacer si era lo único que sabía hacer y tenía que vivir) especialmente cuando su fama  parecía claramente exagerada y casi provocada por una inquina/obsesión de una persona ya que “ el recuento total de víctimas de Mary – a lo largo de su carrera, y eso según los cálculos de su más acérrimo e inclemente perseguidor – ascendió a treinta y tres personas infectadas, con solo tres muertes confirmadas.”; algo que no justifica el sobrenombre asignada a Mary.

Coincido, por haber oído siempre algo parecido de mi padre con que “uno se ve definido por su trabajo. El trabajo nos exime de nuestros pecados, nos absuelve de nuestros excesos y de nuestras faltas.”; por mucho que no este de moda decir algo así.

Así llegamos al nuevo libro,  El sheriff reticente, de uno de mis autores favoritos últimamente (Offutt, Chris) que a diferencia de sus novelas anteriores (aun siendo continuación de otra) tiene más madera de best-seller y recuerda casi a Baldacci o Connolly con todos esos personajes que o son agentes especiales altamente entrenados o pueden reunir un ejercito de ellos (algo que igual no es tan raro en la América profunda, a donde vuelven muchos de los que se entrenan y luchan en las guerras actuales).

Obviamente esta frase “Amaba las montañas. Amaba la vieja camioneta de su abuelo. Amaba a los pájaros y las flores silvestres. Convino en que era experto en amar cosas incapaces de corresponderle. A lo mejor era que no sabía alentar mi conservar el amor.”; es algo que considero muy aplicable a mucha gente que desenfoca su amor, preocupándose mas por sus animales de compañía, o por la naturaleza, que por su congéneres de la que, desgraciadamente, cada vez hay más.

Algo que tengo que recordar probar, aunque espero no tener que hacerlo, es ese consejo de lenguaje no verbal, que a priori dudo sea efectivo, de: “Mick centro su ojo izquierdo en el izquierdo de Jones, una técnica empleada para reforzar la no agresión. Las personas furiosas que se disponen a entrar en conflicto se miran fijamente al ojo derecho.”

Y por supuesto voy a probar ese juego de “le quito el sonido a los anuncios y trato de imaginarme que intentan venderme. Ya no es tan fácil como antes.”; que puede ser un juego tan divertido como el que hacíamos hace años de intentar ser el primero en averiguar cual es la productora de las películas viendo el logo inicial (solo para productoras independientes).

Obviamente como fumador pues no puedo dejar pasar esta frase “eso me recuerda a lo que decía Babe Ruth cuando le criticaban por fumarse un puro en público: No soy un atleta, soy un jugador de Beisbol.”; que me hace acordarme de cuando Cruiff, siendo entrenador, fue criticado por (o igual directamente le prohibieron) fumar y se paso a los chupa-chups (como si fuera mas sano).

Otra gran novela es Crímenes decentes que es un thriller que podríamos comparar con Grisham aunque mas metido en el fango del mundo de los drogadictos y menos en el proceso judicial. Una verdadera sorpresa con frases que podría decir Bogart como “no soy un pesimista, es que trabajo en un lugar que tiene muy buenas vistas sobre un mundo muy feo.”; que obviamente  firmo en su totalidad, o como ese “estas hablando de cometer el peor de los delitos – la estupidez – y correr un riego innecesario.”; o esa descripción del personaje “Capaz de encajar el carácter impredecible de la vida – y la certeza de la muerte – con una sorna brutal, contraponiendo a todos los horrores de la existencia el único don valioso que nos ha sido otorgado: la indiferencia.”, que no se si firmo pero me gustaría (creo).

Por supuesto también tiene alguna más típica como “aunque Joe creyera lo contario, el mundo estaba lleno de gente mejor que él.”, que se nos aplica a todos por estadística básica; o esa variación más fina de las moscas y la mierda que es “el consenso de las opiniones rara vez equivale a la verdad.”

Sorpréndete también (no sé porque, pero me sorprende) encontrar referencias al dibujante de porno gay underground barcelonés (si, hablamos de Nazario; premio a la cultura popular para los que acertasteis) y al pleito que tuvo (y gano) con Lou Reed cuando en 1979 este le copio un dibujo para la portada de un disco suyo:


Mi siguiente lectura, Nido, se aparta notablemente de las dos anteriores siendo una novela seria y reflexiva sobre como intentar reconstruir una vida después de (o durante) un maltrato continuado, un maltrato más psicológico que físico (lo que lo hace más difícil ya que no existen evidencias físicas) que empieza cuando, entre otras cosas, la  protagonista empieza una renuncia de parte de su vida con ese “Convertí la maternidad en una religión. Una secta que dejaba todo lo demás fuera.” y centrándose en la parte más difícil del proceso, porque “una cosa es irte y otra muy distinta es no volver.”

Me ha parecido bastante buena, creíble con poco (o nada) de sentimentalismo y su tono de humor como en ese “Las conversaciones entre su madre y su tía eran como escuchar a dos actrices con guiones distintos. Tal vez ni siquiera de la misma película.”

Además, me ha permitido añadir a mi base de datos de frases incompletas, que cambian el significado de lo que todos recordamos, esta  de “la palabra más importante del texto ha quedado eliminada de la historia. Martin Luther King no dijo «tengo un sueño». Dijo: «Todavía tengo un sueño». Dijo que, a pesar de todo, todavía soñaba con una cosa.

Como ultima lectura en Piles tenía Indetectable que previsiblemente iba a ser el best-seller (conceptualmente ya que no por volumen) que iba a leer en este viaje ya que era una historia sobre la caza de un científico soviético que crea un virus mortal e indetectable que tras la caída de la unión soviética huye a Alemania y desaparece. Prometedor a priori, aburrida y sin ritmo en la realidad.

Eso sí, que he enterado de un concepto geográfico que desconocía que es la existencia de la Transcaucásica, o Cáucaso sur, que comprende Armenia, Azerbaiyán y Georgia, que pese a saber esto pues tendría dificultades en ubicar en un mapa.

Es en esta zona geográfica donde los que persiguen al científico se aloja en un sitio que “Pero sintió que era el lugar apropiado para el día que llevaban; ahí, en ese hotel olvidado, ya no les pasaría nada más. Ahí habían dejado de pasar cosas veinte años atrás.”, algo parecido a lo que te pasaría si pararas en un hotel en mitad de Castilla La Mancha (no, así de la América profunda donde seguramente acabes asesinado por uno o más psicópatas)

Pues eso, si, solo he añadido esto de Castilla La Mancha para recordaros que ¡Divertíos asaltando el castillo!

 

Lecturas

Caja 808 - Tom McCarthy

El Club de las modernas - Eva Cosculluela

El aguardiente bendito de Algot y Anna Stina - Jonas Jonasson

La mano que mueve los hilos - Miyuki Miyabe

Antología de Cuentos de Ficción Científica - VVAA

El misterio del Bellona Club - Dorothy L. Sayers

Los ilegales - Shaun Walker

Inducción por shock - Chuck Palahniuk

Huellas en los fiordos - Satu Rämö

Tinta y sangre - Han Kang

Hooked - Asako Yusuki

El curioso caso de Mary Mallon - Anthony Bourdain

El sheriff reticente - Chris Offutt

Crímenes decentes - Javier Melero

Nido - O'Donnell Roisin

Indetectable - Serguéi Lébedev