sábado, 31 de enero de 2026

Comentario de textos - Diciembre 2025

Seguro que alguno ya estabais pensando que “muchas buenas intenciones, muchos propósitos, pero solo hasta final de año”; y puede que no os falte razón, pero la verdad es que he sufrido un desgraciado percance informático (mi ordenador murió y he tenido que comprarme otro) que me ha hecho que todo se retrase más de una semana, pero el propósito sigue. Incluso sigue renovado ya que me he dado cuenta de que mi capacidad de retención de lo que he leído cada vez dura menos por lo que o me pongo a tiempo con los comentarios de mis lecturas o, como ahora, en algunos casos pues ya no recuerdo nada de los libros que he leído (si solo fuera eso pues ni tan grave).

De hecho, al final en esta entrada también vuelvo a saltarme la introducción e ir directamente a los comentarios de libros, que además son muchos, pero no puedo evitar comentar mi apoyo total a los groenlandeses, especialmente a su (creo) ministro de exteriores que nada más salir de la reunión con ese que se cree no solo rey sino emperador (si por el fuera de todo el imperio galáctico) estaba tan harto de todo que no le dio tiempo a llegar al coche antes de encenderse un cigarrillo y, por supuesto de ofrecer, a la ministra danesa que también se encendió uno allí mismo, en los jardines de la Casa Blanca (en breve recubierta en oro, o en pan de oro). Obviamente nadie tuvo el valor de decirles nada. Esta escena (que yo he visto en televisión) me recordó el viaje a NYC el año que derribaron las Torres Gemelas en que llegamos allí en el primer avión que salió de España hacia NYC. Obviamente fue un viaje, cuando menos “extraño” por muchos motivos, pero a lo que voy, que me despisto. El caos es que en cuanto entramos en el espacio aéreo (supongo) el avión fue “escoltado” por un par de cazas de combate, entiendo que amenazando al piloto de que si se desvía lo más mínimo de su ruta igual lo volaban por los aires así que en lugar de esperar para salir del avión a que lo hicieran todos los pasajeros, el piloto fue prácticamente el primero en salir del mismo, creo que con la intención de encontrar un bar en el que echarse un buen trago para calmar los nervios. Como obviamente no había bar al alcance, tuvo que conformarse con llegar hasta la recogida de equipajes y nada más llegar allí decidió que sus nervios requerían un pitillo con urgencia. Así que, sin dudarlo, pese a la presencia policial y a la de algunos americanos claramente antitabaco, se encendió su cigarrillo (diría que tranquilamente pero no era el caso después de haber estado con dos cazas vigilándole y apuntándole) y se puso a fumar sin que nadie se atreviera a recordarle que allí no se podía fumar. Sencillamente se veía que a) lo necesitaba casi desde un punto de vista médico y b) se lo necesitaba y se lo merecía. Porque si, así con las cosas y los que somos unos enfermos pues también necesitamos medicarnos, aunque sea en público o incluso, o aun con más motivo, en sitios que pueden parecer impropios como digamos la sala de espera de un hospital cuando estas esperando algo que supone mucha tensión. Pues eso, hasta aquí mi reivindicación y mi incomprensión sobre que se admitan, por ejemplo, animales de “apoyo emocional” o todo tipo de “cuestiones medicas” pero no un cigarrillo cuando uno necesita este apoyo; ahora a las lecturas que en este mes son un combinado de compras en NYC y en mi librería de referencia de Madrid (ya sabéis, Méndez en la calle mayor). Pero, como siempre, divago, asi que a los libros.

Brutal & Strange, es una de esas compras en cierta medida impulsivas o, más bien, inevitables que uno sabe que no van a estar a la altura de las expectativas pero que aun así no puede resistirse a probar. ¿Por qué? Pues sencillamente porque su subtitulo es “Stories inspired by the songs of Elvis Costello.”, y, ni que decir tiene, que Costello es (con muchos altibajos) uno de esos músicos que forman parte de mi adolescencia y en general de casi toda mi vida (aunque últimamente este un poco más loco de lo necesario o de lo soportable); obviamente es (como Dylan, Bob) un mal cantante pero un gran compositor. Ni siquiera me atrevo a decir que ha sido una lectura decepcionante ya que para eso hay que tener expectativas sobre la lectura, así que simplemente diré que es completamente prescindible y que la relación de las canciones con las historias es, cuando menos, endeble y casi una simple excusa; pero os contare, porque igual alguno no lo sabe, que una vez escribí una historia (no, ni siquiera llegaba a un cuento) utilizando los titulo de ciento una canciones de powerpop (básicamente pero no solo) y, será vanidad, pero molaba bastante más (como historia pero sobretodo como recopilatorio e incluso como juego para averiguar los ciento un títulos) y si, tenía una canción de Costello, curiosamente una que no viene en este libro. Pero, ya, si eso, si os apetece jugar a descubrir las canciones os reproduzco la historia.

 Los papeles de Harding es otra de esas novelas que, seguro que funcionan muy bien con los distintos gremios literarios ya que trata de la persecución, las vicisitudes para hacerse con los papeles y documentos de un importante escritor para analizar su obra, por parte de un doctorando becado, algo que además de permitirle mantener su beca, conseguir la fama e incluso revolucionar la compresión de la literatura actual al descubrir a la persona detrás del autor (algo que, sinceramente en mi experiencia, no es un tan buena idea como parece y generalmente conocer los detalles de la vida de personas/personajes que admiras por su trabajo no da los mejores resultados). Como tampoco da, buenos resultados, este tipo de historia entre los que no son miembros de gremios asociados a la escritura; o por lo menos no lo han dado conmigo ya que básicamente me ha parecido bastante indiferente (muy lejos de la cita de The New Yorker que la clasifica como “Una de las novelas cómicas más originales del último medio siglo”; para nada, en mí, nada humilde, opinión).

Si me encaja, desgraciadamente, con mi experiencia el final de la descripción de sus alumnos “De los demás estudiantes, unos veinticinco o así aunaban un entusiasmo pueril y una laboriosidad infatigable. Trabajaban hasta la extenuación sin aprender gran cosa. Puede que dos o tres fueran bastante inteligentes, pero habían recibido una educación tan deficiente durante la carrera que eran incapaces de pensar por sí mismos.”; como digo, solo me encaja el final.

Mi siguiente lectura, Mi padre, el pornógrafo, proviene del intercambio con mi amiga Maria de la O, solamente porque ella lo vio antes mientras paseábamos por la feria del libro y tampoco era cosa de comprar los dos el mismo libro. Por el título uno podría pensar que es de ficción por aquello de que parece impropio referirse a su padre como pornógrafo, pero, no, se trata de un libro de memorias sobre, si, su padre que era un escritor (muy prolífico, al final hay como catorce páginas enteras recopilando los títulos de las obras de su padre; vamos toda una enciclopedia y solo se recogen las publicadas) de pornografía (ciertamente un pornógrafo en toda su acepción). Es un libro verdaderamente curioso, con una relación muy curiosa entre padre e hijo, y llego de curiosidades variadas desde el clásico “Evil is live spelled backwards”, a la extraña mención a los primos de Sophie Germain (a la que supongo aquí se añade el nombre, con el que nunca firmo en vida su s trabajos, para compensar el efecto Matilda de la que es uno de los ejemplos más claros; primos que curiosamente en ingles parecen llamarse safe prime, primos seguros, lo que podría explicar, o no, su uso en criptografía) e incluso a esa descripción de “A menudo, mi padre decía que san Pablo odiaba a las mujeres, y que eso lo llevo a fundar un culto anti femenino y anti sexo en el cristianismo. La prueba estaba en el uso de la cruz como símbolo. El anj egipcio simbolizaba el sexo y la vida: la porción inferior eran los genitales masculinos; la parte superior, un ovalo abierto que representaba la vulva de la mujer. Según papá, los cristianos cogieron el anj y cerraron a la mujer para conformar la cruz, representando la actitud negativa hacia el sexo en general y hacia las mujeres en particular.”; simbolismo que desconocía pero que ahora me hace mirar las cruces con un poco más de aprehensión.

Con todo, mi descripción favorita es esa de que se puede aplicar a ciertos sesgos de percepción e interpretación que ejemplifica con ese “… me recordaba a un perro que ladra a los coches que pasan. Los coches siguen circulando, confirmándole al perro que, en efecto, ha ahuyentado al vehículo, una recompensa que le lleva a ladrar al siguiente coche.”; si, así son las cosas y así de perniciosa puede ser nuestra interpretación de los hechos, de la relación entre hechos (tanto como la de esos perros) o de las métricas (algo sobre lo que últimamente hablo mucho, demasiado me temo).

Como nota marginal creo que voy a ver si mi foto encajaría tan bien con la de mi abuelo, con el que se supone tengo un gran parecido, como las dos de la portada, o a ver si esta encaja con la de mi padre o algún otro familiar.

Otra lectura descubierta en NYC, en la visita a mi nueva librería favorita de crímenes, es Galway Confidential, de un autor irlandés de policiaca que no conocía pero que parece que ya lleva como diecisiete con el mismo personaje. En este caso el personaje justo se está reponiendo de un coma, debido a sus andanzas anteriores, cuando estalla la pandemia (si, esa, la última) y se ve involucrado en un caso de un asesino en serie, curiosamente de monjas. Ni tan mal, como premisa y la verdad es que se lee muy bien. Un nombre a darle otra oportunidad y ver si se añade a la lista de favoritos o no; tiene potencial, pero creo que le falta algo de garra; ya veremos.

Estoy casi seguro de que cuando hable del porque no recomiendo libros mencione aquella recomendación tan fallida que le hice a mi hermano y que seguramente se publicó debido al éxito de Bright lights, big city, que era más o menos la misma idea (las cuitas de unos chicos con posibles enredados en la fiesta y el hedonismo) pero situada en NYC. Quiero creer que ya la había leído (en español) pero como no encuentro mi copia por casa (algo que no quiere decir nada al respecto) pues es posible que no. En cualquier caso, como no recordaba nada pues me la compre y me la he vuelto a leer, o a leer por primera vez; vete a saber. El caso es que, aunque creo que no está mal peor me ha parecido flojilla y sin nada especialmente destacable (no sé porque me interesaron más los pijos de LA que los de NYC; bueno, sí, obviamente por la referencia de Costello del título de LA). Así que, aunque sea un libro de culto pues paso de recomendarlo.

Es un dicho popular, con el que yo no estoy nada de acuerdo, que no se puede juzgar un libro por su portada, pero, además de que todos lo hacemos, a veces la portada, como el título, pues ya te lo dice casi todo sobre el libro; no necesitas más. Este es el caso de Colin gets promoted and dooms the world que obviamente ya indica que se trata de un divertimento, sin ninguna pretensión adicional. Efectivamente esto es lo que es, una novela divertida sobre un sosainas que trabaja en una multinacional del mal (pero del mal con mayúsculas, relacionándose con demonios y esas cosas). El caso es que pues eso, acaba desatando a un demonio cuyo objetivo básico es acabar con el mundo y para evitarlo pues tiene que relacionarse con “dioses antiguos” lo que da lugar a una de esas reflexiones cuando menos divertida: “they are sticklers for tradition, for the rites and practices that They taught to the first practioners thousand of years ago… …We’ve done that we can to modernize things, but it’s slow going. I mean, some of the Oldest Ones have only just come around to the idea that virgin’s blood can come from males as well as females. We’ve started introducing Them to the concepts of nonbinary and intersex blood, but I think that’s going to take a while”.

Ciertamente si ya a los “dioses normales” (y/o a sus fieles) ya les cuesta e incluso a muchos de nosotros ya nos cuesta pillar estas precisiones sobre la sexualidad y sus diferencias (que parece que son importantes para loa aludidos) pues imagínate a algún otro tipo de dios mas desconectado de la realidad actual (obviamente esto es una chorrada ya que no hay dioses mas o menos conectados, y vamos yo incluso diría que no hay dioses). El caso es que el libro se deja leer y entretiene sin llegar a ser nada más.

Si digo que mi siguiente lectura es la única que (de momento) ha hecho el viaje de ida y vuelta entre las librería de Maria de la O y la mía, pues seguramente penséis que es malo, muy malo, tan malo que mi buena amiga lectora ni siquiera quería tenerlo entre sus cosas. Pero no es así, ya que se trata de Cowboy de medianoche (si, en el que se basa la película que todos conocemos) y es un buen libro bastante fiel a la película pero que, a diferencia de la película, pues incluye una primera parte en la que el Cowboy, pese a ser de un pueblo de Texas, todavía no es Cowboy; algo en lo que se convierte para ir primero a Houston y posteriormente a NYC (donde empieza la película). El problema de leer un libro como este después de ver una película, que es un clásico por la actuación de uno de los personajes, basada en el mismo es que es muy difícil que este personaje en la novela, pese a que lo tenga todo, consiga llegar a la altura del trabajo del personaje que uno ya tiene (de la película, digo). Supongo que seria ideal leerlo sin haber visto la película ya que, para mí, el libro explica un poco mejor la transformación del personaje del Cowboy lleno de sueños, bondad, credulidad y esas buenas virtudes en alguien que “Y, de alguna manera, había acabado por saber que, si quería apañárselas en el mundo, necesitaba toda la rabia que pudiera acumular.” (aunque luego no actúe en consecuencia y la película acabe con bondad).

 

La japonesa de este mes, Spark,proviene directamente de mi librería japonesa de NYC (había escrito “favorita” pero lo he borrado por pretencioso; al fin y al cabo solo conozco una). Me duele tener que escribir esto, porque no suele ser el caso, pero la verdad es que esta me ha decepcionado y me ha parecido bastante mala toda la historia sobre un dúo cómico (si, parece que esto también es algo que existe en Japón) de la que no me ha interesado ninguno de los dos personajes ni la historia. Dicho esto, considerando que como en muchas novelas sobre una pareja siempre hay diferencias entre ellos básicamente del tipo “He had this thing about the reason a path existed was so we didn’t have to follow it. Finally, it was drawing on me that the path he was on, way ahead of me, was the path that I needed to get off.”, que pueden dar mucho juego pero, lamentablemente, no es el caso.

Tras esta decepción era el momento de refugiarse en la segunda compra de uno de mis clásicos y coger la excelente Way down on the high lonely, la tercera de la seria de Winslow con su aprendiz de detective (o de soluciona problemas). Esta empieza con la búsqueda del hijo de una actriz de Hollywood por parte de su padre biológico que, todo parece indicar que ha ido a esconderse entre un grupo de ultranacionalistas fervientes defensores del uso de armas de fuego para casi cualquier cosa y sobre todo para luchar contra ZOG. No, ZOG no es un primo lejano de Godzilla, se trata del “Zionist Occupation Government, the White supremacist name for the federal government in Washington, manipulated by the Jews for the suppression of the true chosen people.” Vamos, tal y como están las cosas pues nada exótico en el medio este americano y básicamente se trata de la base electoral de ese tarado del que es mejor no hablar, pero hay que tener en cuenta que esta novela tiene más de treinta años.

Si bien el grupo de tarados pues es lo que es, al vecino del grupo de tarados (que acoge a nuestro protagonista) no le falta razón cuando describe a esos urbanitas que a modo hippie se establecen en estas zonas rurales como “… you are not one of those purists we get up here who arrive with their Whole Earth catalogues and plans for a geodesic dome. They figure they’re going to grow their bean sprouts and their organic vegetables and live in harmony with nature. Only thing is, nature never read Diet for a small Planet, so the deer and the rabbits and the bugs eat the whole crop instead of restricting themselves to their socially responsible share. Then one of these ‘alternative life-stylers’ kids named Sunshine or Raven gets an ear infection that herbal tea can’t cure, and so I find myself hauling them to the doctor in my air-polluting, gas-guzzling truck so he can write them a prescription for some nonorganic chemicals they can’t pay for anyway, so half the time I end up  writing a check from the capitalist profits I make from selling my murderous , unhealthy red meat. And about the only thing that grows naturally up here that the animals don’t like is dope, so these purists are stoned half time anyway, unless they have the sense to sell it instead of smoking it. So they end up either starving, dirty, malnourished drug casualties or wealthy capitalist’s running bales of marijuana inti Reno in custom vans that costs more than my whole house.”

Yo no puedo estar mas de acuerdo con lo extraño (además de lleno de desconocimiento del mundo real, o de las realidades del mundo) que esta versión Disney de la naturaleza, en la que todos los animales y plantas (salvo el hombre) son buenos, debe de resultar para los que llevan toda la vida conviviendo, por no decir, sencillamente, enfrentados, a la naturaleza. Como digo siempre uno de los grandes aciertos del español es la consideración de medio ambiente que, a diferencia de otros idiomas para mi deja claro que existen dos mitades (ya, ya sé que medio no se refiere a eso en este contexto, pero para mí lo hace).

Otra idea que me encanta, porque yo también la creo, es “Never deny what can’t hurt you, Heal Thought. There’s nothing worse than getting caught in a lie you don’t have to tell. Save your lies for the important stuff.”; efectivamente, las mentiras hay que reservarlas para las cosas importantes y no mentir sobre cualquier cosa.

Por aquello de ir combinando idiomas pues la siguiente fue Cinco meses de invierno, que aunque debería ser una novela policiaca situada en Honolulú, se convierte en algo diferente por la casualidad de que la investigación lleva al personaje principal a Hong Kong justo el dia que los japoneses atacan Pearl Harbour. Como consecuencia pues no solo no puede volver, en los cinco años, los cinco inviernos, del título sino que le pasan todo tipo de cosas y viaja por la mitad de Asia hasta que consigue volver y resolver el asesinato.

Ya, contado así no parece excesivamente tentadora pero os diré que la historia funciona, mantiene el interés y tiene buenos personajes, y uno entiendo la sensación del protagonista de “Era como estar en el cine viendo una película oscura, como dejarse llevar, a merced del inconsciente, por un sueño en blanco y negro. No controlaba absolutamente nada: podía mirar o cerrar los ojos, eso era todo. Y si cerraba los ojos, todo pasaría igualmente.”; algo con lo que cualquiera puede solidarizarse en algunos momentos de la vida.

Esto de por si es ya es más que suficiente, incluso para compensar el uso de la palabra “acuatizaje” por parte del traductor (que si, que será correcta pero para mí nadie me va a sacar de amerizaje) pero es que además como el autor había sido dueño de un bar esto se deja notar en reflexiones interesantes como esa, muy al inicio, de “Así que cogió su vaso y olio su contenido: cuarenta y cinco centavos por chupito. Más de una hora de trabajo por tres dedos de líquido, pero lo valía.”. Yo nunca había pensado en cuantas horas de trabajo representa un chupito o una copa. La verdad es que a los precios y salarios actuales pues sigue asustando.

Últimamente, sin ninguna premeditación, parece que escojo un premio Nobel al mes. Este mes a uno que sabía que le habían dado el Nobel pero que nunca me había interesado leer, no tanto por este hecho sino porque por una parte es el autor del libro en el que se basa una esas películas muy, muy británicas sobre el servicio que no nunca me ha interesado y por otra parte, en cierta medida la misma, porque pese a tener un nombre japones, es británico. Claramente británico.

Lo  primero que he de decir es que esta novela, Never let me go, me ha gustado bastante y lo segundo que sobre la base de esta novela se me hace raro que tenga un Nobel ya que se trata de una novela de ciencia ficción. ¿un nobel a un escritor de ciencia ficción? Venga, hombre donde se ha oído cosa semejante.

Además se trata de una ficción no especialmente original ya que la historia la hemos visto en cientos de películas (y cuentos): una institución cría niños (y niñas) básicamente para utilizarlos como repuestos para trasplantes de órganos de los ricos, bellos y famosos. Vanos, nada del otro jueves, mas visto que El Tebeo. Supongo que el Nobel será por el resto de su obra.

El caso es que claro los niños (pocos) pues pasan todo el día juntos y conocen perfectamente casi lo que hace el resto a todas horas pese a lo que ninguno se sorprende de algunas actitudes de otros como “You could go around implying you’d read all kinds of things, nodding knowingly when someone mentioned, say, War and Peace, and the understanding was that no one would scrutinize your claim rationally. You have to remember, since we’d been in each other’s company constantly since arriving at the Cottages, it wasn’t possible for any of us to have read War and Peace without the rest noticing. But just like sex at Hailsham, there was an unspoken agreement to allow for a mysterious dimension where we went off and did all this reading.”

Creo que algo parecido a esto nos pasa a todos cuando alguien a quien conoces muy bien, lo suficiente para saber que ni lee ni oye música ni tiene sexo, te sorprende dando su opinión sobre la cara B de una edición japonesa de un disco que “ha escuchado”, o su equivalente en libros o sexo. Cuantas cosas hace la gente dentro de sus locas cabecillas peor no en la realidad.

Como todos sabéis, pese a todo, sigo siendo un fan de la serie de la serie principal de Connolly e incluso de otras series del mismo (como la infantil) por lo que se sorprendió mucho encontrar La tierra de las cosas perdidas e incluso mas saber que es la segunda parte de una novela que no conocía (una puede, pero ¿dos, dos que no conocía?). La verdad es que no es gran cosa y mas que una segunda parte es casi como un libro dentro de otro libro, u otra cosa de literatos de esas.

Dicho esto he de reconocer que no he visto mejor explicación de los que a los adolescentes (incluso a las) les interesan las historias de monstruos: “Cuando te salían pelos en los lugares más insospechados y tu propio cuerpo estaba por mutar (una mutación sangrienta, en algunos casos), ¿por qué no ibas a querer leer historias de vampiros, hombres lobos y monstruos, de criaturas capaces de transformarse y metamorfosearse? Al fin y al cabo, eran tu tribu;”. Impecable ya digo.

Por supuesto, no solo tiene esto, sino que también estoy completamente de acuerdo (así me lo dice la experiencia) que “era imposible vivir una vida plena e interactuar con otros sin herir o ser herido de vez en cuando. Los corazones son tiernos y se magullan con facilidad, aunque se recuperan más deprisa de lo que algunos quieren hacernos creer.”

Cosas que pese a todo hacen que quien mas quien menos pueda afirmar que “Llevamos nuestra infancia con nosotros, lo bueno y lo malo, hasta la edad adulta. De este modo, nunca nos alejamos demasiado de los niños que fuimos.”

Todavía tenía otro japones por descubrir de mis compras en NYC, A man, en este caso si era un japones con una novela japonesa, netamente japonesa, ya que se basa en una compleja trama de suplantaciones de identidad que solo puede darse (creo) en Japón por cosas tan curiosas como “As per the Civil Code, a child born within three hundred day of a divorce was legally considered to be the child of the former husband. The law has been controversial of late because of women, who, for example, divorced after suffering domestic violence and who had a child soon after with a new partner, sometimes refrained from submitting a notification of birth. This left some children to enter society without a family register. Even though they met all then conditions to obtain Japanese citizenship, the state was not aware that they were alive and consequently could not tally their deaths when they were swallowed up by the tsunami.” Mira que hay que ser raro pero supongo que puede argumentarse que hay cierta base, dudosa pero más igual de raro es descubrir que tienen una palabra para designar, de forma racista, a los descendientes de coreanos (que se llevan como nosotros con los franceses ya lo sabía) incluso después de varias generaciones ya que “he was a third generaion Zainichi”

Fijaros si yo me conozco poco a mí mismo (o tal vez soy tan variable) que no estoy seguro de si soy pesimista u optimista pero no em disgustaría ser un verdadero pesimista tal y como cuando alguien a quien le echan en cara su pesimismo y que siempre que da “un pasito para adelante, da dos para atrás” aclara que “Nope. Three forward and four back is the way to go. You might not think so by looking at me, but I’m a megapessimist – true pessimists are full of cheer! That’s my personal motto.  Our expectations are always low, so when something just a little bit nice happens, we’re on cloud nine.” Así, pesimismo con seguridad, pero con felicidad, aunque con poco nivel matemático, todo sea dicho. 

Acabo el mes y el año (mis 109 lecturas para los que seáis aficionados a las cifras; dos menos que el año pasado para los que seáis aficionados a las comparaciones) con un regalo de navidad, El Gran Reemplazo, que sinceramente espero que no me haya regalado ningún familiar lector de este blog ya que me ha parecido una autentica proqueria, una compleja y pajillera historia con operaciones de estética total en una clínica crota que no tiene ni pies ni cabeza.

En fin, tantas cosas han pasado que debería comentara desde que empecé a escribir que lo de Groenlandia pues se ha quedado casi en una anécdota que ahora me parece casi innecesaria frente a toda la perversión de la realidad a la que están sometiéndonos. Tanto es asi que ahora que existe alguien que quiere ser rey en los estados unidos toma mas sentido mi despedida de siempre, así que ¡Divertíos asaltando el castillo!

Lecturas

Brutal & Strange - Jim Fusilli (editor)

Los papeles de Harding - Robert Plunket

Mi padre, el pornógrafo - Chris Offutt

Galway Confidential - Kenji Bruen

Bright lights, big city - Jay McInerney

Colin gets promoted and dooms the world - Mark Waddell

Cowboy de medianoche - James Leo Herlihy

Spark - Naoki Matayoshi

Way down on the high lonely - Donald Winslow

Cinco meses de invierno - James Kestrel

Never let me go - Kazuo Ishiguro

La tierra de las cosas perdidas - John Connolly

A man - Keiichiro Hirano

El Gran Reemplazo - Albert Pijuan

domingo, 28 de diciembre de 2025

Comentario de textos - Noviembre 2025

Buenas de nuevo, aquí estamos intentando alcanzar mi último objetivo en plazo para cumplir mi propósito ya que, aunque como he han hecho notar no son lo mismo los propósitos (algo que en la familia no practicamos) que los objetivos (algo que sí que practicamos en casa) pues yo sigo, con mi terquedad habitual, considerando que estoy cumpliendo un propósito y no varios objetivos sucesivos ya que no acabo de captar la diferencia entre ambos en su verdadera magnitud.

Si me da tiempo a acabar esto antes de fin de año, ya me habré puesto al día de mis lecturas atrasadas de este año (salvo las de diciembre, que todavía están en progreso) e incluso con el nuevo propósito (u objetivo mensual) de mantenerme al día y, así a lo loco, no solo de comentar mis lecturas sino de incluir algo más en estos comentarios de textos a modo de introducción, os gusten o no, que como sabéis a mí me da igual (o eso me gusta decir).

Teniendo en cuenta las fechas que son y lo sucedido estos últimos días he decidido, en esta introducción, remontarme a mediados de los setenta, más específicamente a algo que sucedió (digamos) alrededor, o después, de 1975. ¿Por qué esa fecha? Bueno, pues porque con mi memoria no puedo precisar más y lo único que tengo claro es que lo que os voy a contar sucedió después de que nos mudáramos de la calle Viriato a Nicasio Gallego, es decir después de que naciera mi hermana pequeña, cuando yo tenía (digamos) pues algo más de diez años. Claro que, como en toda historia, para empezar por el principio a veces hay que remontarse algo más allá del principio de la misma; en mi caso es necesario contar que en Viriato, pese a que parezca extraño, por la edad que entonces teníamos, nuestros padres nos dejaban pasear solos por el barrio (cuando no directamente nos mandaban solos a comprar cosas de última hora por el barrio; eso sí, normalmente a tiendas conocidas donde “teníamos cuenta” y simplemente había que decir “que te lo apuntaran”, es decir, sin dinero, no tanto por su tranquilidad sino, al menos en mi caso, que me solía ofrecer voluntario para todas estas gestiones, para que no “sisaramos”, o no demasiado o demasiado frecuentemente) así que yo tenía la costumbre de pasear el barrio e incluso los días que llevaba dinero acércame a “Santa, la pipera” para comprar cosas con esa parte “de las vueltas” que nunca llegaban a casa, o por lo menos al bolsillo de mis padres.

Esta política no cambio con el cambio de barrio y nosotros (aunque no hacíamos vida de barrio) pues seguíamos paseando libremente por el barrio alentados por esas compras que teóricamente eran urgentes (algo que se necesitaba para la cena) pero que a veces tardaban más de lo esperado achacándolo a que había mucha gente en “don pedro” cuando realmente se debía a haber salido a descubrir/pasear/orearnos por el barrio (en mi caso).

En uno de estos paseos (o puede que fuera en cualquier otro con mis padres, ¿Quién lo sabe?) recuerdo haber pasado por el escaparate de una óptica que había en la glorieta de Bilbao (el limite psicológico al que nos dejaban ir solos en aquellos primeros años, aunque estaba solo a dos pasos del drugstore que era un salón de juegos que descubriríamos algo, no mucho, después y que obviamente tiraría por la borda sino el limite psicológico de mis padres, ciertamente si mi límite geográfico ya que acabaría haciéndome bastante habitual del mismo y acabaría pasando allí muchas horas con distintas maquinitas, de las que, ya, si eso, pues hablamos otro día) y allí, en el escaparate de esa óptica descubrí la maquina más fascinante que había visto nunca. Aquella cosa/máquina que había en el escaparate era sencillamente increíble, yo no solo no podía parar de mirarla cuando pasaba por el escaparate, sino que siempre que salía a la calle tenía que ir un rato a mirarla, rato que debido a lo ya comentado se alargaba excesivamente y que me obligaba, al volver a casa, a inventar todo tipo de excusas para mi tardanza (normalmente la de “mucha gente” funcionaba sin problemas, salvo una vez que mi tardanza se alargó y mi padre acabo bajando a buscarme a la tienda en la que se suponía que estaba sin encontrarme y, claro, cuando dije que “es que había mucha gente” pues… digamos que tuve algún problema de credibilidad, pero nada grave ya que, afortunadamente, había que hacer la cena y una excusa adicional de que “pues nos habremos cruzado”, afortunadamente llegue antes de que el volviera, pues me salvo de algo mucho peor, algo que en casa de mis amigos se llamaba una bronca pero que en el caso se mi padre, era peor, era “una reflexión”; mil veces peor que una bronca de casa de mis amigos).

Ya, seguro que alguno querréis saber que era esa máquina que podía tener fascinado a un preadolescente, aunque fuera un preadolescente raro como debía serlo yo (yo nunca lo he creído, que yo sea raro, ya que, para mi yo soy la definición de la normalidad, son todos los demás los que son raritos; diga lo que diga la estadística y el concepto de normalidad que en aquellos años, en mi descargo, diré que no conocía), pero no es el momento, todavía, de contároslo.

Esto duro bastante tiempo, en mi recuerdo varios años, pero al final un día aquella maquina desapareció del escaparate y con ella desapareció el tiempo que yo perdía fascinado ante el escaparate (podría mejor decir que apareció aquel tiempo, que pos supuesto yo, decepcionado con el mundo por la desaparición de la máquina, dedique a perder en otros menesteres de mis paseos, algo que seguramente me llevara a cruzar la frontera psicológica de mi territorio y bajar hasta el drugstore, donde descubriría, entre muchas otras cosas, posiblemente inadecuadas para mi edad, el mundo de las máquinas electrónicas, mas allá de las del pinball).

Así de perdido estaba yo, en aquellos años, echando de menos mi maquina e intentando sustituirla con otras que, aunque tenían sus encantos pues no eran lo mismo, era un poco como cuando después de dejar a tu verdadero amor pues te dedicas a la promiscuidad, es entretenido, puede que incluso mas, pero no es lo mismo.

Fueron pasando los años, muchos años, y aunque el recuerdo estaba allí pues estaba enterrado, olvidado si es que puede olvidarse un recuerdo (que yo diría que no, por definición, pero ya me entendéis, o no; vete a saber).

Hasta que de repente este año, paseando por Barnes&Noble, allí había algo muy parecido, mucho más pequeño, pequeña, pero era casi lo mismo, la idea era la misma y volvió aquel recuerdo, todas aquellas horas mirando aquel escaparate (como si fuera un niño de una película de posguerra o un personaje de Dickens; un niño fascinado con lo que había detrás del escaparate, tan cerca pero totalmente fuera de su alcance).

Ya, ya, ahora también os veo, a los que creéis que me conocéis o a los ávidos de un final feliz (o de un final cualquiera) pensando “pues que bien, la compraste inmediatamente ¿no?”.

Pero, no, siento decepcionaros y os diré que no, no la compre (algo que los que de verdad me conocen ya habrían anticipado por razones, que, ya, si eso, pues comentamos otro día), así que no, ese no es el final de la historia.

La historia termina (o continua) con los regalos de navidad de este año, para los que mi sobrina Ali llevaba varios días asegurándome que había encontrado el regalo perfecto para mí (algo que me tenía tan aterrorizado como cualquier noche de reyes, o de navidad, de mi infancia en la que siempre estaba el riesgo, certeza a partir de un año, de acabar con carbón en lugar de con el Fuerte Apache de Comansi, un Exin Castillos, o algo similar; si, varios años me dejaron carbón, dulce afortunadamente y, también afortunadamente, junto a otros regalos; costumbre que terminó cuando mis padres, o los reyes, vete a saber, vieron que la verdad es que el carbón dulce me gustaba y me parecía un buen regalo; no un regalazo pero si un buen regalo, mejor que, digamos, ropa; o igual termino cuando descubrimos que ambos, los reyes y los padres, eran los mismos).Si, claro visto desde vuestro lado de la historia, a estas alturas ya todos, cual lectores de policiacas que en el último capítulo descubren que sí, que el asesino era el mayordomo, anticipáis cual es el regalo pero, pese a las distintas advertencias de mi sobrina, la mañana (algo más tarde obviamente) de navidad cuando mi sobrina trajo el primer regalo (en casa, ahora, se van dando los regalos en mano de uno en uno pero sin pausas) yo no tenía ni idea de que me iba a regalar. No pensaba que nadie, menos aún mi sobrina, se hubiera fijado especialmente, o, especialmente ella recordara dos meses después m emoción o sorpresa al haberme vuelto a cruzar con la máquina de mi infancia, ya que a) mi sobrina es una adolescente que parece que no presta mucha atención salvo a sus cosas y b) como todo el mundo sabe yo soy hierático y no expreso especialmente bien mis emociones (o no las expreso de ninguna manera, o no de una forma gestual).

Así que puede que este haya sido uno de los mejores regalos de navidad que recuerdo y por seguir añadiendo emociones navideñas diré que no tanto por la maquina en si (que también) sino simplemente porque hubiera prestado atención, e incluso hago acto de contrición (aprovechando que Ali no lee esto) y modifico, al menos en parte, mi opinión sobre los intereses de mi sobrina adolescente y valoro increíblemente su gesto.

Ya, igual ahora queréis saber que era, pero, como en una mala novela, pues dejo el giro argumental final, o la explicación, para el final y ahora, a por las lecturas que, ya veras, al final no llegare a terminar este objetivo e incumpliré mi propósito y ya llevamos bastante introducción.

He de reconocer que compre The city we became por los comentarios (especialmente el de Gaiman que está en la portada) aunque con cierta prevención ya que eso de las ciudades con alma pues me parecía un poco infumable. De hecho, más que infumable me recordaba a la primera novela de mi hermano Rafa (o puede que no sea en la primera) en la que el protagonista se apunta a un taller de literatura en el que les piden un cuento con la ciudad como protagonista y les dan algunas (absurdas) indicaciones para puntuar mejor como que la ciudad sea un personaje. Bueno, pues esta escritora, esta novela al menos, pues habría sacado más allá de la matricula ya que cada uno de los barrios de NYC es un personaje y hay otro que es la ciudad al completo, y tienen la tarea de evitar la destrucción de la ciudad por parte de si misma. Vamos un desatino total; tanto desatino que reconoceré que no solo no he conseguido terminarla, sino que la mitad que he leído me ha parecido ilegible.

Tan ilegible me ha parecido que pensaba que estaba saturado de leer en ingles así que aprovechando que había pasado por mi librería de referencia (ya sabéis, Méndez en la calle Mayor) para ir a Piles unos días pues decidí empezar La mala costumbre, que sí, que tampoco tenía buena pinta al ser una historia sobre una chica transexual en el Madrid de los noventa pero que por lo menos tenía la ventaja de ser corta y, bueno, igual tenía algo de interés. La verdad es que no, que no tiene especial interés salvo por la referencia a el bar en el que yo solía desayunar hace ya bastantes años (hasta que lo vendieron a un grupo grande) pero lo suficientemente tarde para que siguiera siendo una referencia en el mundo homosexual o transexual (aunque como un día me dijo un compañero de carrera que me encontré allí “si estas mesas contaran las cochinadas que he hecho aquí, nadie se lo creería” y dado su carácter de homosexual festivo y promiscuo pues es posible que en los noventa todavía lo fuera, aunque también es posible que hubiera dejado de serlo).

Mi siguiente lectura, ya en la tranquilidad de Piles, fue The plot against America de la que me sorprendió la premisa de ciencia ficción de la misma, que sitúa la novela en una américa en la que Lindbergh no solo se convierte en un héroe nacional al cruzar el Atlántico, sino que llega a ser presidente de los Estados Unidos, una premisa rara para un autor que se supone sesudo (aunque puede que lo confunda con el otro Roth, con Henry creo). Por supuesto, Lindbergh se convierte en un presidente no solo patriótico, sino aislacionista, segregacionista, antisemita que incluso hace un pacto con Hitler; en fin, nada que no hayamos o estemos viendo en estos días. Es una novela interesante y bien construida que hace la historia impactante e interesante (incluso con esa colección de sellos de la que el niño judío que cuenta la historia se arrepiente de tener tras el pacto con Hitler), a la que igual le falta alguna frase que merezca la pena ser recordada. Eso si, tiene una curiosidad de esas de trivial que yo desconocía y es que, pese a que fue Washington el presidente que eligió Washington como capital de los estados unidos, incluso firmo la ley en la que declara que lo será permanentemente, el nunca vivió allí. Algo raro me parece y me ha dejado con la curiosidad de saber por qué eligió esa ciudad como capital (no la suficiente como para mirarlo, pero si me resulta curioso). Una buena lectura, no tan buena como, digamos, El hombre en el castillo de K. Dick pero es que eso son palabras mayores no siendo ni con mucho la mejor de K.Dick.

Aquí me veo obligado a confesar que he hecho trampa en mis lecturas ya que, pese a que compre Tarantula pensando que no la había leído nunca, solo por mi gusto por Dylan (Bob, digo) y por completar la lectura de cosas suyas. En cuanto la cogi en Piles me di cuenta de que no solo la había leído sino de que resultaba sencillamente ilegible, siendo poco más que un rumble-mumble  (batiburrillo, lo traduciría yo) sin ningún sentido que me resultaba imposible de leer. Así que, no, aunque la apunte como lectura debería de quitarla de la lista ua que sencillamente no llegue a leerme (o murmurarme) más allá de veinte o treinta paginas (tampoco es que tenga muchas más) y solo puedo pensar que, si en su día la leí, sí que era un verdadero fan de Dylan (Bob, repito) ya que ahora me parece eso, ilegible.

Ya que estaba con músicos pues me decidí por Just Kids que para decepción mía mas que sobre Patti Smith iba sobre su compañero de piso/rollo ocasional/relación (llámalo equis) Robert Mapplethorpe, posiblemente uno de los fotógrafos urbanos y gais más importantes de los setenta y ochenta, que se haría famoso por hacer fotografías homoeroticas en blanco y negro, así como por varias polémicas sexuales (homosexuales para ser exactos). Es verdad que resulta una biografia curiosa ya que, más o menos, aparecen otros personajes de esos que vivían en el Chelsea Hotel o que pululaban por aquel NYC de los años setenta y que forma parte de la cultura popular. Tambien es interesante la visión de los primeros años del que seria uno de los fotógrafos más famosos de su época, y como al principio se dedicaba a hacer collares de cuentas (como cualquier hippie de, digamos, Gandia); un poco más tarde a hacer collages con recortes de revistas de porno homosexual (mientras ejercía, en parte por diversión y en parte por dinero, como chapero en la calle 42, aunque se echa de menos que no salga el Ramone Chapero) para después pasar a hacer polaroids (y envidiar y perseguir a Warhol) y por fin fotografías ya en un formato más convencional (que le daría la fama bien entrados los ochenta). En este sentido, es interesante como biografia de Mapplethorpe y de los inicios de una carrera artística y de las penurias de los artistas (que pese a todo conseguían sobrevivir en un hotel de NYC, o en grandes apartamentos; eso sí, poco amueblados, dando lugar al concepto de Loft)y a los que “My doctor said I was anemic and told me to have red meat and drink porter, advice given to Baudelaire when he trudged through a winter in Brussels sick and alone”; porque todos sabemos de la dieta es importante para la anemia y más aún para la tuberculosis, pero algunos tenemos una idea de dieta y otros, pues, otra.

 Pues WE es una novela de ciencia ficción rusa escrita en 1921, precursora, por tanto, entre otras a las que se parece en temática (un mundo distópico dividido en clases estrictas y vigilado por un gran hermano) de 1984 y de Un mundo feliz, de la que yo nunca había oído hablar que además tiene una introducción de Margaret Atwood y un ensayo de Ursula K. Le Guin, dos de las escritoras más conocidas de distopías (digamos).

Pues eso es un mundo en el que se ha eliminado a casi toda la población “While it’s true that only 0.2 percent of the world’s population survived, on the bright side, cleansed of its thousand- year-old filth, the face of the Earth has grown quite bright and shining! Now, that remaining zero-pint-two percent could finally taste bliss from behind the walls of the One State.”; así que, en principio, ni tan mal para los que quedan, aunque obviamente nunca es así y por supuesto surge los disidentes y bueno… pues eso… todo perfecto ya que igualando a todo el mundo se elimina la envidia porque según el estado único “Isn’t it clear: joy and envy are the numerator and denominator of the fraction called happinness”

 Pues va a ser que no, que no es tan fácil, igual que esa explicación que le dan a un personaje que afirma que odia la niebla “Which means you love it. You’re afraid of it because it’s more powerful that you, you hate it because you are afraid and love it because you can’t subjugate it. After all, the only thing you can truly love are things you can’t subjugate”; que por lo menos yo pues considero la típica simpleza propia de un psicoanalista argentino, o de un argentino normal si es que hay diferencia entre ambos.

Con todo es una lectura interesante, aunque sea para preguntarse si los autores posteriores lo habían leído y buscar las diferencias entre distopías varias.

Cuando veo un libro de “los clásicos de la novela negra de la British Library”, si no llevo ya demasiadas compras, pues lo cojo ya que, de momento, sin ser espectaculares (ni tan siquiera novela negra según mi particular criterio) siempre son entretenidos y con ese toque de novela clásica de detectives. Así que este mes, en mi visita a Méndez, le toco la suerte (o a mí en suerte): Muerte de un librero que es la típica investigación de asesinato (de un librero) sin mayores complicaciones salvo con el punto de que es un librero de libros raros y el que investiga en un sargento metido a aficionado a los libros raros, metido a esta afición precisamente por el librero que será asesinado al que acompaña a casa a un día que va completamente ebrio (porque si, estas cosas hace, o hacía, la policía inglesa si te veía totalmente borracho, te acompaña amablemente a tu casa. Otros tiempos, obviamente). Lo dicho para las otras de la serie es aplicable, correcta, amable y entretenida. Sin pretensiones y sin grandes resultados; una lectura ideal para una tarde fría en Piles frente a la chimenea.

Mi visita a Piles acabo empezando la última de Penny, The grey Wolf, que como ya he dicho varias veces es una de esas escritoras que me gusta bastante. Es verdad que sus tramas cada vez se complican más lo que hace que me gusten algo menos pero en esta en concreto la trama gira entorno a la posibilidad de un atentado terrorista contra el sistema de abastecimiento de una gran ciudad canadiense (spoiler: “My God, are you trying to tell me you’re involved in a plot to poison Montreal’s drinking water as a way to save the planet”; si, esa es la idea del grupo terrorista, un poco casi como el tema del 0,2% de WE).

Es un tema que profesionalmente me ha interesado, incluso estuve trabajando en un proyecto para desarrollar un sistema de alerta temprana, uno de cuyos problemas era saber cuál podría ser el contaminante a detectar (ya que hay demasiados: Sarin, Anthrax, Ricina, etc.) pero en esta novela se decantan por el Botulismo, una buena elección, ya que se trata de “A neurotoxin. Works on the muscles. Causes paralysis. According to the latest data a gram can kill a million people”; (si, aunque parezca hay datos, inlcuso datos actualizados, de este tipo de cosas).En cualquier caso, con independencia de cual fuera el contaminante elegido, el mayor problema (que también se recoge en la novela) es que este tipo de ataque no tiene por qué ser efectivo, realmente ni siquiera tiene que llegar a realizarse, no, bastaría con la amenaza creíble de realizarlo ya que esto crearía la pérdida de confianza en un sistema básico del que depende (exagerando, y sin querer entrar en la polémica de lo que es la civilización) casi toda la civilización: el acceso seguro al agua. Si esto se pone en duda, el estado se pone en duda y el sistema de tambalea, o se cae.

Pero, como ya digo, lo que me gusta de estas novelas no es tanto la trama como los personajes (especialmente el inspector Gamache) y esas pequeñas cosas con las que (con variaciones) me siento identificado: “He’d had his first cappuccino over there, at the round table by the window. He’d hated the bitter taste. But then he’d also hated his first beer and first scotch and first taste of smoked salmon. Took him a while and some perseverance, to get used to the taste of adulthood. Now, the cannoli were a different matter. He’d liked those from the get-go”; o esas reflexiones como la que hace cuando descubre un video suyo en la red de no uno de sus mejores momentos: “Those filming had a right, thought perhaps not a perfect right, to video, but Gamache wondered if they realized that with every second they posted, they lost pieces of their humanity.”; qué diría que es algo tan sencillo como respetar aquello de que mi libertad termina donde empieza la tuya.

 Lo peor (por decir algo, aunque seguro que tiene su parte buena) es que la propia novela anuncia una segunda parte que obviamente se llamara The Black Wolf por esos dos lobos que un viejo indio le contaba a su nieto que tenía dentro de el: “…he had two wolves at war inside him, tearing at his insides. One of them, a grey wolf, wanted the old man to be strong and compassionate. Wise and courageous enough to be forgiving. The other a black wolf, wanted him to be vengeful. To forget no wrong. To forgive no slight. To attack first. To be cruel and cunning and brutal to Friends and enemies alike. To spare no one.”; algo que asusto tanto a su nieto como para irse corriente de su lado y no volver en varios días, y volver para preguntarle, muy preocupado, cuál de los dos lobos iba a ganar: “The one that I feed.”; le respondió su abuelo, así de sencillo; ganara el que alimentes.

 Ozark Dogs era una de las novelas que tenían junto a la caja en mi nueva librería de referencia para novela negra y de misterio de NYC, asi que aunque en principio parece la típica novela de rencillas familiares eternas, en las montañas Ozark en lugar de Puerto Urraco, lo que le da un poco más de color por aquello de que hay negocios de metanfetamina y supremacistas blancos por lo que prometía ser una lectura, cuando menos entretenida. Lo es, aunque le falta para ser una gran novela tener algo más sorprendente que la historia normal de rencillas familiares de tiempos inmemoriales con pocos añadidos.

 Cuando cogí Manía, de la mesa de mi librería de referencia, no era consciente de que era de una de mis autoras favoritas de los últimos años (la que habla de gordos y la obsesión actual por el deporte, de la que he comentado sus dos últimos libros) pero tenía una premisa interesante de un mundo “distópico” (pongo las comillas ya que igual no estamos tan lejos de esa distopía) en el que se ha impuesto la Paridad mental, la igualdad intelectual absoluta (ya no existe la estupidez, en ningún grado, nadie es más listo que los demás e incluso El idiota de Dostoievski está prohibido por su título), enfocada además desde la perspectiva de una profesora universitaria (la que dice basta, obviamente) que había crecido en una secta, en los testigos de Jehová, para abandonarla por todas las perogrulladas y majaderías que creían y que después de su lucha contra el sistema, hacia el final del libro, duda de si ella puede excluirse o no de ser parte de esa “humanidad en general” que la ha decepcionado apoyando estas nuevas posturas (majaderías): “No obstante, hay algo difícil de identificar que si me distingue de la mayoría, y si aun estáis leyendo esto, es probable que parezcáis a mí mismo grupo genético. La verdad, no entiendo por qué nací con una curiosa inmunidad a las enfermedades dogmáticas que con tanta facilidad infectan a mis semejantes, y tampoco entiendo por qué ciertos fenotipos no resultaron afectados por el COVID-19. Me resisto a afirmar que formo parte de un grupo de escogidos, como los testigos de Jehová, y puede que estos últimos trece años hubiera sido una persona un poco más feliz de haber seguido al rebaño sin pararme a pensar.”; nada que añadir señoría: será genética pero no cuela, ni esa igualdad ficticia ni lo de que solo se salvaran los “ciento cuarenta y cuatro mil” (escogidos de los testigos de Jehová).

He de confesar que qué se la esté tachando de anti-woke, sea esto o su contrario lo que sea, intentando significar que es fascista por esta novela (puede que también por las anteriores, pero de esta si me han llegado artículos comentándolo) me duele ya que esta vez también coincido con el planteamiento general de la novela e incluso me he reído con gran parte de la parodia, pero, esto de la risa, probablemente también sea algo genético e inevitable.

También, habiendo llevado yo mismo algunas veces a acabo alguna venganza, he de estar de acuerdo con la protagonista en que “La venganza rara vez satisface, pero eso ya lo sabía desde el principio. Como ya he dicho, no soy una ingenua emocional. De hecho, si alguien espera volver a sentirse bien, recuperado, le recomiendo encarecidamente que se olvide de venganzas. No funciona. Par empezar, no consigue que aquello de lo que queremos vengarnos no se nos infligiera; rara vez provoca en nuestra némesis una pizca de arrepentimiento; rara vez mueve a ese pobre remedo de ser humano a reconocer que el castigo era merecido”.

Pese a todo eso, como continua la protagonista, nada de eso es el motivo o el objetivo de la venganza, “con todo, mi intención no era provocar arrepentimiento, y en el fondo me daba igual si cierta persona llegaba a reconocer, incluso ante sí misma, que se lo había buscado. Tampoco intentaba sentirme feliz. Lo que quería era hacer infeliz a alguien.”; esa es la verdad de la venganza y pese a todo, a veces, como dice la canción “La única solución es la venganza”:



La elección de mi última lectura del mes (si, este ha sido un mes por encima de la media de lecturas) os sorprenderá si os digo que es de un autor mexicano y sobre la emigración asturiana a México (la de 1874, no la de la guerra civil) y la posterior re emigración, vamos los indianos, pero no puedo ocultar que de esto va El metal y la escoria (si, el titulo sería más aplicable a una novela de aventuras épicas).

Tampoco voy a ocultar que, pese a que tenga muchas cosas que me han llamado la atención como enterarme de que, al menos en México, país especialista en los temas del día de los muertos, la celebración no sea el día 1, que es solo para los muertos infantes, y que es “cada dos de noviembre, día de los muertos grandes”; o que haya existido una “guerra de los pasteles”, entre México y Francia, no estando claro si por una cuenta sin pagar en un restaurante francés (una cuenta de pasteles) o por unos destrozos, o incluso leer ese sorprendente coplilla que citan de “En Madrid ciudad bravía / que entre antiguas y modernas / tiene trescientas tabernas / y solo diez librerías”; tenga también un personaje con el que por aquello del nombre algunos puedan tener la tentación de identificarme con él en ese “Como si hubiera querido contribuir con su muerte a fortalecer el prestigio del sistema decimal, Benito, ordenado y preciso como fue en su vida, murió el 10 de octubre de 2010, el diez del diez del diez” aunque claramente llego ya demasiado tarde o demasiado pronto; o incluso por características de algún personaje con las que si me puedo identificar como ese “mentirosa hasta la falsificación y veraz hasta la llaga. Es decir, fue coherente con las polaridades entre la cuales el ser humano se debate.”, o esa otra sobre los recuerdos y porque los más antiguos son más fáciles de recordar “porque son muchas las veces que los he invocado y lo que recuerdo es el recuerdo del recuerdo… la primera casa, el primer coche, el primer amor.”; pues, pese a todo esto, la sensación que me ha quedado es que no me ha gustado.

E incluso aunque piense en hacer mía, o de mi biografía, ya veremos, esa respuesta del padre “Una vez le pregunte a papa, viendo aquella montaña de colillas; ¿todo eso te has fumado?, Y el, con una lógica implacable, me respondió: No, eso es precisamente lo que no me he fumado.”; pues eso, pese a todo esto, pues la sensación es que no me ha gustado especialmente. Raro ¿no?

Pues nada, aquí acabo el último objetivo para cumplir mi propósito, pero antes de que protestéis y justo antes de despedirme os contare cual fue el regalo, cuál fue mi obsesión durante algún tiempo, obsesión que puede, o no, guardar relación con mi fascinación por la hidráulica de la que, ya, si eso, hablaremos otro día… pues se trata simplemente de una máquina de olas, que pese a que en mis recuerdos sea mucho más impresionante ahora que la tengo he de reconocer que me sigue fascinando como el primer día y sigo quedándome embobado mirándola (tanto me gusta que os dejo un video, aunque  no le haga justicia).

  


Pues eso, ¡Divertíos asaltando el castillo! mientras yo sigo mirando las olas en mi salón.

Lecturas

The city we became - N.K. Jemisin

La mala costumbre - Alana S. Portero

The plot against America - Philip Roth

Tarantula - Bob Dylan

Just Kids - Patti Smith

We - Yevgeny Zamtatin

Muerte de un librero - Bernard J. Farmer

The grey wolf - Louise Penny

Ozark dogs - Eli Cranor

Mania - Lionel Shriver

El metal y la escoria - Gonzalo Celorio

domingo, 21 de diciembre de 2025

Comentario de textos - Octubre 2025

Pues seguimos para bingo, vamos que sigo intentando ponerme al dia de mis atrasos comunicativos. Realmente ya estoy muy cerca, aunque si bien octubre, con la visita a NYC, mi cumpleaños y otras cosas, es un mes de lectura medio me tiene preocupada la pila de libros de noviembre (que estuve en Piles) e incluso la de diciembre, pero, ya, si eso, pues ya nos preocuparemos “cuando lleguemos a ese puente” que se dice, o algo parecido.

Siempre pasan muchas cosas que no me da tiempo a comentar, sobre las que dar mi opinión y este mes (diciembre) pues no ha sido la excepción, pero como voy apretado solamente comentare lo increíble que me parece que hayan asesinado a Rob Reiner, más todavía que haya sido su hijo, pero todavía más que el presidente de estados unidos, si, ese, haya declarado que “le parece bien”; no con todas esas palabras exactas pero vamos que, para él, lo que lo ha matado ha sido “estar en contra de Trump” (vamos de él y sus políticas); creo que llego a decir que lo había matado “un virus trumpista”. Sobre esto pues, no sé, por una parte, igual eso que decían de que el valor de uno, a veces, no se mide tanto por sus amigos como por sus enemigos y casi es de alegrarse que ese personaje te odie a alguien a quien aprecias (en cierta media te da valor); y por otra pues no sé si alucinar con su teoría del virus que casi me lleva a recordar esos tiempos en los que en lugar de ser todo culpa de los virus pues todo era culpa del cáncer y todo te daba cáncer, como cantaba el gran Joe Jackson a ritmo caribeño (con bastante alegría para lo sosainas que es) y que os dejo aquí para vuestro disfrute o descubrimiento.

 


Afortunadamente la letra ya no es verdad y eso de “there is no cure, there is no answer… No, caffeine, No protein, No booze or Nicotine…”, pues ha dejado de ser cierto, por una parte, porque ahora el cáncer se cura bastante y por otra por la estúpida inclusión en la letra de las proteínas (supongo que quieren representar la raw meat pero, se le iba la rima) ya que ahora (para algunos) las proteínas son el nuevo súper alimento, que está en todo como valor extra añadido y además lo que te da cáncer pues sigue siendo un misterio (hace años leí un articulo muy interesante, en un libro que se llama Science Friction que tenía varias teorías demenciadas pero científicas de varios tema, sobre la posibilidad de que el cáncer fuera una enfermedad contagiosa; posibilidad que estadísticamente, a nivel personal probablemente sobre la base del efecto Baader-Meinhof, no parece absurda ya que en cuanto conoces a alguien con cáncer empiezan a aparecer casos en su entorno. Yo solo lo comento sin crear una conspiranoia).

En cualquier caso, ya puestos a comentar también es demencial que, si ahora alguien escribiera esta letra (o, hablando de Cáncer, la de los grandes Siniestro Total, aún más específica en el tipo de cáncer lo que daría lugar a acusaciones más graves) seria lapidado públicamente, o por lo menos en las redes. Lo que lleva a recordar al otro gran fallecido este mes Jorge Ilegales que ahora (como muchos otros) no podría publicar ninguna de sus grandes canciones, himnos generacionales casi, sin ofender seriamente a todo el planeta o por lo menos a toda la, cada vez más enorme, masa mojigata con la que convivimos (vale también ha muerto el de Extemoduro, pero a mí esto no me dice nada especial salvo que parece haber fundadas sospechas de que ambos han fallecido  por haber dejado las drogas hace poco a una edad avanzada, algo que parece que no es bueno. O las dejas pronto o, parece, que ya, mejor no las dejes).

En fin, pero vamos a lo que hemos venido aquí, en lugar de estar pensando en comprar regalos o preparar mi felicitación navideña; a intentar ponernos al día de lecturas.

Me cuesta mucho encontrar caso en los que los libros no sean mejores que las películas en las que se basan (salvo, por supuesto, como todos sabemos en el caso de El Padrino; no, ni siquiera en la obra maestra de Reiner, Rob) así que cogí con mucha ilusión La guerra de los Rose, que siendo una película casi mítica de los ochenta sobre un proceso de divorcio y la destructiva pelea entre los futuros ex por la casa en la que viven, no tenía ni idea de que estuviera basada en una novela. A ver, la novela está bien pero obviamente es otro contraejemplo de la norma general enunciada y el libro no puede compartir con la química de los dos protagonistas de la película, Kathleen Turner y Michael Douglas, ni ya puestos con Danny DeVito. Así que, si necesitáis otro contraejemplo para esa discusión recurrente sobre libros y cine, pues este lo es. 

Ya en NYC y tras visitar mis librerías de referencia de la ciudad pues empecé a leer The Woman dies que no siendo una novela sino una recopilación de cuentos cortos (52 en poco más de 150 páginas) pues era una buena elección para no tener que estar especialmente metido en la historia. Como en toda recopilación; ahora que lo pienso, corrijo ya que creo que no es una recopilación sino un libro de cuentos; escrito exprofeso así para ser publicado como una unidad (ya, no es que importe, pero por aclarar) pues los hay mejores, peores, buenos, malos y simplemente sin sentido (como ese que es una sola frase, ni siquiera especialmente brillante). Eso sí, te permite alucinar un poco con el nivel de machismo de la sociedad japonesa (tal vez, su mayor lacra) aunque mi frase favorita del libro es, creo, bastante hispánica “When a man gives his opinión, he’s a man. When a woman gives her opinión, she’s a bitch.”; que ciertamente mucha gente piensa sobre la promiscuidad.

 

Ya en Madrid mi siguiente lectura fue el último de la seria de Charlie Parker, The children of Eve, que si bien me sigue gustando este no es de los mejores (que como digo cada vez que leo uno, ninguno es como el primero) pero tampoco es el peor de la serie y, que puedo decir, pues ya les tengo cariño a los personajes y su lucha entre el bien y el mal (ambos con mayúsculas, pero personalizados en seres humanos). Podría decir que lo más curioso es que se trata de un ejemplar firmado por el autor que solo cogí (firmado, se entiende) porque no los había sin firmar ya que aunque si conozco al autor no le doy ningún valor a que este firmado, de hecho eso de comprar un libro (que no te has leído) firmado por el autor siempre me recuerda (como muchas otras cosas) a Lourdes y a cuando en, la ya desaparecida librería de NYC que era mi favorita para policiacas, el dependiente, todo amabilidad, le dijo que no se llevara el ejemplar que había cogido, que se llevara uno que tenían firmado, algo a lo que se negó diciendo “No gracias, que no lo he leído y si no me gusta pues prefiero no tener la firma.”

 El caso es que, como decía, esto no es lo más curioso del libro sino que ha sido descubrir que existe la denominada “Tatsuboko cardiomyopathy: he died of a broken heart, a surge of hormones following the stress of her loss.”, algo que uno piensa que sucede pero que también piensa que es más cosa de películas y canciones.

 Como siempre en estos casos pues también tiene alguna frase lapidaria, variación de algún dicho habitual, como ese “Small thieves, Vaughn’s father used to say, get sentences, but big thieves get statues.”; del que existen casi infinitas versiones. En general una buena lectura pero, creo, solo para los seguidores de la serie, no para iniciarse en ella o para leerlo separado.

 The strand es (creo, o creo que así se publicita) la librería más grande NYC y un foco de visita para muchos locales e incluso una atracción turística, aunque desde que la reformaron (especialmente el sótano) y se puede visitar sin sufrir un desmayo por el calor o los olores del saneamiento, y desde que incluso tiene zonas en las que dos personas pueden cruzarse sin chocar, es verdad que ha perdido gran parte de su atractivo para los más puristas (entre los que me encuentro); eso sí, a cambio ahora puede visitarse e incluso disfrutar (más o menos) no ya solo de sus precios de ganga sino de las ediciones de cosas raras que tienen. ¿Qué porque cuento esto? Bueno, pues obviamente porque mi siguiente lectura (de las varias que compre en este viaje) la compre allí y es una de esas cosas raras; una novela de detectives en Leningrado en los años 30: Punishment of a Hunter.

Estoy convencido de que el tema y la portada os habrían hecho imitarme y también os la habríais comprado, especialmente los que conozcáis la serie de novelas policiacas de Kerr sobre la Alemania nazi. Si, con que fuera la mitad de buena que la peor de esa serie pues ya sería bastante buena. Sin embargo, he de reconocer, y advertiros, de que si bien no se calcular un porcentaje que la relacione con la más floja de Kerr, solo os diré que no he conseguido terminármela y hacia la mitad decidí que ya había tenido suficiente y que esto no iba a ninguna parte. 

Un poco decepcionado decidí no arriesgar y dedicarme a While drowning in the desert, para releerla como celebración de la reedición por el treinta aniversario de la serie de novelas de Winslow (relectura porque está ya la había leído en su día; algo que sabía al comprarla aunque tenía dudas de si había leído todas las que habían reeditado) pero que me compre (solo dos de las cinco, que aunque pequeñas me parecía que comprar las cinco era excesivo y me dejada sin espacio para otras novedades) para cerrar un circulo de esos que gustan tanto a los de la espiritualidad y el karma, ya que las primeras las compre en mi antigua librería de policiacas favorita de NYC y estas reediciones  en mi nueva librería de policiacas favorita de NYC. En esta primera serie de novelas el personaje central es un mindundi que se está iniciando (en las primeras, luego ya más consolidado, obviamente) como investigador privado/resuelve problemas. En esta pues tiene que ir a recoger a un venerable anciano a las vegas y llevarlo a Palm Spings pero todo se complica poco a poco, fundamentalmente por la actitud del anciano frente a parte del viaje y los detalles. Vamos, un clásico de la comedia de carretera que entretiene, bastante. Personalmente me quedo con el descubrimiento del término “bathetic”, que creo que no existe en español, pero que intenta describir algo que es patético por excesivamente sentimental y tonto; vamos un comportamiento muy de los adolescentes que hacen un drama de que la cosa más pequeña no salga exactamente como desean y pueden ponerse de rodillas pidiendo explicaciones a los dioses porque el banco de su camiseta no coincide con el de sus pantalones. Me encantaría que hubiera equivalente en español.

 Mi siguiente lectura, Felony Juggler, es otra compra verdaderamente difícil de encontrar, quiero decir que no es una novela que uno pueda encontrar en cualquier librería, pese a que su autor (la mitad gigante de un peculiar dúo de magos americanos) tenga varias novelas publicadas y sea pues un personaje bastante conocido televisivamente. Obviamente, ya lo dice el título, va sobre un malabarista (algo que el autor fue) que compagina las actuaciones callejeras de malabares con cuchillos, con ciertos delitos, llegando a atracar un banco y ser perseguido. Es bastante entretenida y ciertamente tiene un poco de morbo el intentar distinguir que parte son autobiográficas y cuales no.

Mi última lectura de octubre la compre por el título, Sociopath. A memoir (si, pese a la coletilla de memoir que claramente indicaba basada en hechos reales; que ya sabéis que me importan poco) pero no por, como algunas ya estáis pensando, por un interés profesional personal de posible identificación en esa categoría clínica. Pues eso, son las memorias de alguien que descubre que es sociópata, que no psicópata, y lo sabe (como diría un meme cualquiera, o el más extendido) pues decide estudiar el tema (vamos, psicología) para intentar mejorar la clasificación de personalidades para hacer un hueco a la sociópata frente a l psicopatía. Además de estar de acuerdo con la diferencia general entre ambos conceptos (sin tener ni idea de ninguno de los dos, aparte de lo que todos creemos, sin base, entender) coincido con la autora en que hay niveles de sociópata en los que las emociones, si bien no salen naturales pues pueden ser aprendidas y, por lo tanto, fingidas. Lo mismo que cuando fui secuestrado por la cruz roja (motivo por el que no colaboro ni con el sorteo del oro ni con ninguna de sus actividades, por lo menos hasta que pidan perdón públicamente e incluso personalmente) y me dijeron que para poder seguir tenía que aprobar un examen de primeros auxilios ya que sin aprobar no podían seguir teniéndome como voluntario (es decir, secuestrado. Ante tan sorprendente revelación, con una gran alegría, tuve que preguntarles “vale, entonces ¿esto significa que si no apruebo me marcho a casa y acabo con mi secuestro?”; a lo que muy seguros e incluso preocupados intentaron tranquilizarme con un “no, no te preocupes, es tan fácil que es imposible suspender”. Vale, otro error por su parte ya que… como descubrirían en breve si un examen es tan fácil que no se puede suspender… igual de sencillo, o incluso más, resulta suspender y ciertamente no me costó ningún esfuerzo responder mal a todas las preguntas y sacar la nota, posiblemente, más baja de toda la historia de la cruz roja (aunque viendo a algunos personajes que luego encontraría tengo ciertas dudas de que la mía fuera la más baja), consiguiendo un claro suspenso. Suspenso que todo sea dicho no me libro de ellos, si lo hizo mi resistencia pasiva que acabo desesperándoles y me decidieron ignorarme en el futuro antes de que la situación se les fuera de las manos y acabáramos teniendo algún accidente o acabaran con alguna querellita por parte del público.

Pero, ya, si eso, os cuento mis batallitas de la mili (del servicio social sustitutorio) pues otro día. Acabo con la idea de ver alguna película de Reiner (me gustaría ver una que trata de las relaciones con su hijo que es de las pocas suyas que no he visto) pero antes y hasta la siguiente, pues ¡Divertíos asaltando el castillo!


 Lecturas

La guerra de los Rose - Warren Adler

The Woman dies - Aoko Matsuda

The children of Eve - John Connolly

Punishment of a Hunter - Yulia Yakovleva

While drowning in the desert - Donald Winslow

Felony Juggler - Penn Jillete

Sociopath. A memoir - Patric Gagne