domingo, 14 de junio de 2026

Comentario de textos - Mayo 2026

Tras el ciclo informativo de la visita del Papa (de Roma, por aclarar) pues he notado una de esas curiosas casualidades de la vida: el mes pasado yo empezaba mi entrada escribiendo sobre algunas de mis ideas sobre la IA y, al parecer, el Papa acababa de hacer lo mismo y había escrito una encíclica sobre el mismo tema. Igual alguno ha pensado que lo hice por imitar, pero, no, ya digo, simple casualidad.

En cambio, el tema con el que empiezo este mes si que esta provocado, en gran parte, por una noticia que he visto en la televisión, según la cual la policía de NYC esta inquieta porque ha detectado grupos de personas que de madrugada acceden a las alcantarillas para salir al cabo de varias horas. Tras descartar posibles actos de terrorismo y de otras actividades delictivas han confirmado que lo que hacen es bajar a cribar la mierda de las alcantarillas en busca de joyas y cosas que valor que están en las mismas. Así están las cosas en una de las principales ciudades del mundo, casi peor que esas imágenes que todos hemos visto de gente rebuscando en los vertederos de ciudades del tercer mundo para hacerse con un botín de cosas desechadas, de riquezas inéditas para ellos.

Curiosamente este mes también he acompañado, hecho de guía, a dos grupos diferentes de técnicos del ayuntamiento de Madrid en sendas visitas a dos depuradoras de la capital y parte de “mi charla” es contarles la cantidad de cosas que llegan a las depuradoras y son retenidas en las rejas de entrada (inevitable recordar una parada en una depuradora – Almansa, creo – que hice con mi hermano y su cara de estupor y asco viendo las rejas; pero creo que de eso ya os he hablado) y por supuesto comentarles que  se han llegado a encontrar cadáveres (dos que yo recuerde). Obviamente todos ponían en duda esta afirmación sobre los cadáveres y se decían unos a otros que estaba exagerando (o mintiendo directamente), que eso era imposible que como iba a llegar un cadáver por el saneamiento, que no cabe; que como, por donde, lo iban a meter. Por mucho que yo les dijera que era verdad y perfectamente posible, claramente la duda persistía en ellos y no daban crédito a la veracidad de mis palabras. SI bien no tengo fotografías de los cadáveres llegando, siendo retirados en las rejas de la depuradora, si he encontrado algo bastante similar (la retirada de un jabalí) entero en la obra de entrada que os comparto para todos los que sigáis con dudas sobre esta posibilidad.


Aclarado este asunto, a las lecturas del mes que como he tenido mucho trabajo, contradictoriamente a lo que se podría suponer, han sido muchas, casi las propias de un mes de verano.

Indignidad es la segunda novela que leo de una escritora albanesa (no habiendo leído ninguna de un escritor albanes, solo por aclarar. La verdad es que la cogí con bastantes ganas ya que la primera me había gustado mucho, pero con cierta prevención por aquella de ser autobiográfica (que como no me harto de decir, yo prefiero la ficción) sobre la búsqueda del pasado de la abuela de la autora para saber si su abuela había estado en el bando bueno o en el malo, si había sido espía o colaboracionista, consultando legajos en distintos archivos desclasificados de Albania. No me ha parecido buena, se deja leer, pero (ojo spoiler) el final es sumamente decepcionante ya que la autora descubre que realmente no está leyendo sobre su abuela, que está leyendo sobre otra albanesa del mismo nombre, algo que resulta sumamente decepcionante.

Con todo tiene frases buenas frase como esa de “algunas mujeres llevan un libro como los hombres llevan un reloj, para que la gente vea que tienen uno”, que, salvo por el matiz de genero ya que esto lo hacen los hípsters de ambos géneros (o de otros géneros e intermedios entre ambos) pues suscribo; o esa otra de “la memoria, diría mi abuela como san Agustin, es el estómago de la mente, almacena las cosas sin consumirlas” en la que me sorprende tanto la cita al santo como el saber, por mi experiencia personal de carencia de memoria, que se puede vivir sin este estomago de la mente y que algunas personas son rumiantes con varios estómagos, de una capacidad increíble. Además de la cita de san Agustin me ha gustado mucha esa otra, que la autora atribuye a Shiller (un poeta alemán) de “un animal no puede hacer mas que librarse del dolor, pero el ser humano puedo decidir sufrir”. Pues eso, si dos de las mejores citas no son de las autora pues eso quiere decir algo sobre la novela, creo.

Creo que ya comenté el mes pasado que me compré los Cuentos completos de Saki, para confirmar que un cuento en concreto no era suyo (que por lo tanto debe de ser de Dahl como yo recordaba). Mi idea era llevarme este libro a Piles par ir leyendo de pocos en pocos, como si fuera una especie de reserva lectora para tener allí, pero lo empecé y, bueno, pues me he leído los ciento cuarenta y tres cuentos tranquilamente y con mucho gusto lo que, considerando el peso del libro, pues ya invalida el llevarlo a Piles para nada.

Leer a Saki pues es, en general, salvo algunas excepciones, un gusto y aunque los hay mejores y peores os dejo una selección de frases que me parecen excepcionales (hay muchas más, pero si las copio todas probablemente infrinja varias leyes de derechos de autor) como: cuando hablando de discutir con una madre constata que “salir perdiendo en una discusión con ella no era una experiencia nueva. Salir perdiendo en un monologo era una novedad humillante.”; o cuando habla de las siete vidas de los gatos, apostillando “Es posible – respondió Tobermory – pero solo un cuerpo que se encargue de vivirlas”; e incluso ideas brillantes como ese secuestro inverso en el que “sus secuestradores recibirían una suma inicial y dos mil libras más al año… Si la familia no cumplía con tales exigencias, la tía Crispina les seria devuelta de inmediato”, más parecida al pago de una residencia que a un secuestro.

Aunque ya había leído dos libros del nobel tanzano y ninguno me había convencido demasiado, están bien y tienen cosas interesantes, pero poco más, decidí darle otra oportunidad y leer Un largo Camino, y ya con tres pues puedo decidir tranquilamente borrarlo de mi lista de compras ya que no me ha convencido especialmente. Es este caso lo más reseñable es la carencia de algunas notas al pie de página que si no imprescindibles ciertamente ayudarían a comprender frases como “Se arrodillo para adoptar la postura del sudjud en la tercera raka’a de la plegaria del Magreb y se le escapó un gemido al inclinarse hacia delante para tocar el suelo con la frente, subhana rabiyala’ala.”, que bueno, quedan un poco oscuras sin una nota aclaratoria para los que desconocemos la nomenclatura.

Las tempestálidas tiene una premisa que promete, en la que para combatir el Alzheimer de sus pacientes (una enfermedad que proporciona al entorno del paciente “una tristeza capaz de hundir al instante la flota británica al completo”) una clínica decide recrear para cada paciente una especie de zona de recuerdo, recreando la atmosfera de los años de juventud de cada uno de los pacientes y  al expandirse por la unión europea pues en cada país se elige la época más brillante de una ciudad para recrear. Si, en España se elige el Madrid de los ochenta del que dice que “así olía Madrid: a cerveza y orina, y es innegable que en ese olor había alegría.” (parece que en Budapest existía un bar Kravay en los ochenta que “había sido testigo del nacimiento del punk patrio”; ya ves tú, quien se lo iba a esperar, digo, lo de la existencia de punk húngaro en los ochenta).

También, aunque suene a chiste no descarto la posibilidad de que, en breve, si sigue la deriva de tonterías, algunas personas lleguen a platearse algo de este estilo al estudiar la evolución (si es que la estudian): “Homo… sapiens… Me temo que ya a este nivel el propio nacionalista saltara como un resorte: ¿Cómo que «homo»? A ver quién es el maricón aquí… ¿Tu por quien me tomas?”. Ya verás, tiempo al tiempo.

Yo no un gran partidario de las novelas distopicas, solo me gustan las muy, muy buenas porque creo que tienen que ser muy buenas para no acabar siendo o una simpleza absurda, una idea muy básica; o de una complejidad ininteligible con sociedades cruzadas que no acaban de comprenderse. Es decir, para ser buenas la premisa ha de ser muy buena o dará igual lo bien escrita que este que resultará mala. En el caso de Bajo el ojo del gran pájaro pues la premisa es tan compleja que se pierde (al menos yo lo pierdo) el interés cada pocas páginas y uno no se centra en la historia ya que la relación entre las varias sociedades o facciones de la misma resulta poco , o nada, interesante. Una decepción la japonesa de este mes.

Muchos me habréis oído decir que la persistencia en el error es una virtud que es algo que creo verdad cuando se aplica a las cuestiones de gustos personales frente a los gustos de la mayoría, es decir para mí se aplica a no plegarse al gusto mayoritario para encajar con la sociedad o con una idea de negocio. Es decir, creo que, si uno cree que su bar debe de ser de una forma determinada, debe mantenerlo así y no cambiarlo cada nada para adaptarse a los gustos; para mi es mejor tener una identidad fija, que uno puede cambiar según cambia el mismo,  que una identidad variable por causas ajenas. En ese sentido es bueno persistir en el error. Es verdad que esto no debe aplicarse a otras cosas como a los escritores que uno sabe que no le gustan; si tras leer varios libros de un escritor concreto de los cuales no te ha gustado prácticamente ninguno, pues no deberías seguir persistiendo en el error de comprar más de ese autor. Y esto es todo lo que puedo, debo, decir sobre A Oscuras, aparte de hacer propósito de enmienda para la próxima vez.

Este mes han tocado dos japonesas, siendo la segunda Sanshiro, que es una novela sobre universitarios a principios del siglo XX en la ciudad de Tokio que pese a algunas diferencias pues no es una vida tan diferente de la de los universitarios occidentales centradas en la publicación de sus trabajos o de sus equivalentes como fanzines, de amoríos imposibles y complejos y por supuesto de fiestas a la que acuden o a las que no están invitados. Tan poco diferente es la vida de estos universitarios de hace más de cien años de la vida actual que ya aparece el concepto de ClickBait en esa importancia que le dan al título de su artículo frente al contenido del mismo “De cualquier forma, toma la revisa y léete mi ensayo. El título es buenísimo, ¿no te parece? Dejará a la gente atónita, eso seguro. ¡Si no les dejas atónitos, no leerán nada, los malditos!”

Estoy en completo desacuerdo con esta frase de “Los académicos, dijo, lo miran todo como objeto de estudio, y de esta forma sus emociones se secan. Pero si miras las cosas con sentimiento, nunca quieres estudiarlas porque todo se reduce al amor o al odio que sientes por ellas.”; creo que esta dicotomía entre emociones y conocimiento es completamente falsa y un gran error que desgraciadamente está cada vez más generalizada llevándonos hacia la estupidez, creando esa diferencia entre las cosas que amas y de las que aprendes.

Como nota cultural de Japón no puedo evitar mencionar “El iki es un ideal estético japones. Se trata de un concepto bastante difícil de trasladar a un referente occidental. Algo iki es algo simple y a la vez improvisado, romántico, efímero a la par que original y refinado” que creo es un ideal estético que podría compartir, aunque el añadido de “el concepto occidental que mejor se le asemeja es «chic»” pues no dejas de sorprenderme y de chirriarme.

La luna de Gabriel es una novela curiosa sobre un escritor de viajes al que las circunstancias convierten en un espía de andar por casa en la época de la Guerra Fria, poco más que una mula de mensajes secretos, que curiosamente tiene que recoger los mensajes de un pinto de surrealista de Cadiz. Aunque yo no soy especialista en uniformes de porteros de hotel de esa época eso de que “el portero uniformado inclino su tricornio” se me hace verdaderamente raro ya que es un tipo de sobrero que no veo en un portero de esa época, ni en ninguna todo sea dicho.

La estructura de la novela mezcla la acción real con las transcripciones de las sesiones del protagonista con su psicólogo, al que se ha aficionado ya que en sus propias palabras “«¿A quién no le gusta hablar de sí mismo durante un ahora?», se dijo. Un ejemplo del atractivo que ejercía el psicoanálisis: la autocompasión, el egocentrismo, el ensimismamiento”, que imagino es, para algunos, la verdadera razón de ir a psicólogo, para hablar de sí mismos, algo que igual el resto de los mortales no agradecemos lo suficiente (el que hablen de si mismos con otros, digo).

Como a veces se aprende algo nuevo aquí he aprendido el termino crómlech que nada más leerlo, pese a referirse a algo de madera, asocié acertadamente a Stonehenge pero que por la diferencia de material tuve que buscar que era exactamente.

Nocturno de Venecia, una novela sobre un “matrimonio blanco” de británicos a principios del siglo XX (no, aclaro por si os lo preguntabais “blanco” no se refiere a que los cónyuges fueran blancos que eso se da por supuesto en esa época y lugar; sino a un matrimonio que no se consuma según la red;  o en palabras del autor “… cuando los enlaces, por lo general entre ancianos y muchachas jóvenes, se negociaban como apéndices de acuerdos financieros entre familias o por altas razones de Estado, y por eso no había en ellos nada personal”; vamos , un matrimonio de conveniencia) que viaje a Venecia por supuesto a un palazzo prestado (ricos, además de blancos que son, sobre todo ella) y que deja una descripción posiblemente de las más acertadas de la ciudad (digo, sin haber estado): “… aquel pestilente pueblo encajado en la fétida horcajadura del Adriatico.”

Os dejo el sabio consejo que le da un personaje a otro “Freddie, ¿no sabes que no deberías decirle jamás a una mujer que se parece a alguien que no sea ella misma” que es un corolario, tal vez un poco excesivo, del clásico familiar “nunca le digas a los hermanos que se parecen”.

Este mes uno de los autores que sigo, el de las serie de casos policiacos con nombre de mes, ha cambiado de personaje dejando al otro protagonista en junio (si no me equivocó) y con Cielo rojo sobre Glasgow inicia con otra serie sobre otro policía de Glasgow, esta vez durante la segunda guerra mundial y los bombardeos nazis. De momento no parece tan buena como la anterior, aunque, obviamente, es un escritor con oficio y la novela es entretenida, aunque la parte mas interesante que seria la del complot sobre la llegada de Rudolf Hess pues se queda un poco en el aire, faltándole pues, no sé, involucrar más a los que pudieran estar implicados, pero imagino que nadie quiere una querellita por estas cosas. También se queda un poco corto un posible alegato antibelicista que solo se insinúa en “Como sucede en todas la guerras – dijo Nickolson, torciendo el gesto -, la vida de los jóvenes es prescindible, mientras que los viejos se mantienen en el pode. Siempre ha sido así.- Tomo otro sorbo de la petaca.”; correcta, pero nada del otro jueves.

He de reconocer que Mil cosas me ha sorprendido, positivamente añado para que no quede duda. Es la historia de una pareja con un hijo, en el día previo (igual más de uno) a irse de vacaciones y como poco a poco se van aturullando con la cantidad de cosas que tienen que hacer y como unas e le van echando encima de otras hasta acabar en… bueno, sin spoilers que está bien, es corta,  y es una buena idea que la leáis (no, no es una recomendación que yo no recomiendo libros).

De hecho, en gran medida en la historia esta eso de “A menudo una enorme bola de nieve empieza por unas palabras o un gesto sin importancia.”, razón por la que hay que intentar arreglar las cosas lo antes posible; combinada con la imposibilidad, reforzada por esos menajes de Mr Wonderful,  de ser incapaces de asumir que “No pasa nada por tirar la toalla. En el fondo, se trata de un triunfo de la inteligencia, que es testigo de cómo tus esfuerzos por lograr algo no valen para nada. Está muy bien empeñarse en conseguir algo que se desea, por supuesto. La ilusión por alcanzarlo ilumina algunas tardes y noches. Pero ¿hasta qué punto hay que empeñarse en hacer cosas que, a partir de cierto momento, se vuelven demasiado difíciles?”. No, no pasa nada por ser objetivos con nuestra propia vida y hay que intentar serlo lo antes posible.

Mención especial merece tanto que cite una lectura del bueno de los hermanos Murakami (que por cierto no he leído y tengo que buscar) o de que ejemplifique como se incrementa la estadística de fallecidos por el tabaco: “Se llamaba Pepe y fumaba cuatro paquetes de Ducados al día. Tampoco usaba mechero, o solo en el primero. Nunca Tosia. Murió a los setenta y seis años. Lo atropello una furgoneta cuando se dirigía al estanco a por tabaco” que un resto de párrafo sin desperdicio sobre su dedicación terminando con su respuesta a cualquiera que le decía que le da el asco el tabaco: “Ah, como a Hitler”, que es necesario usar cuidadosamente por aquel principio básico de las discusiones en el que el primero que cita a los nazis es el que no tiene razón.

Mi última lectura del mes ha sido Cuéntamelo todo que cogí por aquello de pasar en un pequeño  pueblo de Maine, tranquilo y en el que no pasa nada importante (aunque exista una investigación de asesinato en el libro no va de eso el libro, siendo completamente secundario), un pueblo con unos habitantes que como se dice en la primera página de uno de ellos “… no se conoce a si mismo tanto como supone y jamás creería que en su vida haya algo digno de ser contado. Pero lo hay, como nos ocurre a todos.”

Vamos, que pensaba en Russo y similares a la hora de comprarlo pero que no me h gustado tanto por un parte porque forma parte de una serie de novelas e incumpliendo el primer mandamiento de cualquier seria,  da por supuesto que conoces los personajes principales por lo que si llegan sin haber leído la anterior pierde mucha gracia; y por otra parte porque es más una historia de algo que no pasa, el romance entre dos mitades de sendos matrimonios, que no avanza más allá del amor platónico y de compañía pese a las ganas de ambos ya que como le dicen a uno de los dos que debería decidirse cuando confiesa su deseo de llegar a más: “Tendrás que superarlo. En serio. Hazme caso, yo he pasado por eso, y te conozco. Tu conciencia no te dejara vivir. Puedes vivir enamorado de ella, aunque sea difícil, pero, si la tocas, tu mala conciencia no te dejara vivir. Te conozco.” Tengo mis dudas sobre si este es un buen consejo o el peor de los consejos, en general me decanto porque es el peor, pero da que pensar así que mientras ¡Divertíos asaltando el castillo!

 

Lecturas

Indignidad - Lea Ypi

Cuentos completos - Saki

Un largo Camino - Abdulrazak Gurnah

Las tempestálidas - Gueourgui  Gospodínov

Bajo el ojo del gran pájaro - Hiromi Kawakami

A oscuras - Thomas Pynchon

Sanshiro - Natsume Soseki

La luna de Gabriel - William Boyd

Nocturno de Venecia - John Banville

Cielo rojo sobre Glasgow - Alan Parks

Mil cosas - Juan Tallón

Cuéntamelo todo - Elisabeth Strout

domingo, 31 de mayo de 2026

Comentario de textos - Abril 2026

 Hoy empiezo comentando (vamos, los que me conocéis habréis leído, correctamente, “metiéndome”) con el que mucha gente esta considerando uno de los grandes avances tecnológicos de esta generación (de la anterior fue internet, que igualmente era una gran idea pero que se ha desarrollado tan deficientemente que se ha convertido en una idea pésima), avance que algunos incluso clasifican la gran revolución de esta era (posiblemente lo sea).

Empecemos por mi sobrina Ali que , como al parecer todos los jóvenes de hoy en día, igual de vagos que los adolescentes de toda la vida solo que esta nueva herramienta, la utilizan para hacer parte de sus deberes. Esto, no es muy distinto a lo que hacíamos nosotros que cogíamos el “Larousse” (o similar) para o  copiar directamente lo que decía o para escribir lo mismo, pero cambiando cosas para que no se notara o por “inquietud”.

Hasta aquí no sería nada nuevo ni comentable, es lo mismo de siempre, aunque existen algunas diferencias.

La primera es que, tal vez, ahora es más tentador y más fácil copiar las cosas tal y como te las da ya escritas la “maquina”, vamos que, al no tener ni que copiarlo, pues te facilita mucho tirar por la vagancia.

Otra, para mi más importante, es que elimina la necesidad de “ir buscando” cosas que quieres contar o explicar ya que es la “maquina” la que hace la búsqueda de todo lo que a ella le parece que tiene que contar, basada precisamente en las búsquedas de otras personas, lo cual si lo piensas bien es casi un consejo para dejar todo para ultima hora cuando ya estén “incorporadas” las búsquedas y los resultados de los más listos.

Siendo estos dos temas relevantes el problema fundamental de los modelos actuales de estos sistemas (LLMs, Large Language Models, que los llaman ) es, como mucho mejor demuestra mi “desconocido” Neal Krawetz, que en general son decepcionantes ya que muchas veces, generan Rube Goldberg-esque solutions, hyperfocus on minutia, and provide inaccurate or fictional responses”; o dicho simplemente “mienten”.

No es que mientan siempre, pero si está en su esencia la capacidad de mentir, por dos fenómenos similares que el diferencia en “alucinaciones” y “confabulación” (otros autores consideran ambos como el mismo: como la necesidad de responder, la incapacidad de decir “no lo sé” y  de carecer de un sentido de “lo que es verdad”). Como consecuencia de  los cuales o bien “alucinan”: llegan a una conclusión para la que no tienen información, pero les “suena creíble”; o “confabulan”: escogen un camino equivocado basado en minucias e información no relevante o, sencillamente, incorrecta pero que está en su modelo, no  olvidemos que gran parte de “la red/ el modelo” está llena de chorradas sin verificar).

Y esto, esto es un gran problema. Yo diría que es como  “una bola de nieve descendiendo por la ladera del himalaya” ya que, en el caso de tener un escaso conocimiento, pues implanta un conocimiento completamente erróneo y sesgado que se trasmite y que se retroalimenta.

Esto ya es malo de por sí, pero es que además algunos profesores (que a vagancia pueden llegar a superar a los vagos de sus alumnos) ahora usan esta misma tecnología para “detectar” si algo está escrito por una persona o por “la maquina”, así que cogen el texto y lo pasan por “un detector de IA”, que obviamente puede que acierte y clasifique el texto como generado, por ejemplo en el caso de que sea una copia directa y extensa o de que tenga las típicas “coletillas” del proceso que el vago del alumno ni siquiera se molestara en borrar (lo que vendría ser equivalente a copiar el pie de página del Larousse) pero también puede que falle estrepitosamente y clasifique como algo generado algo que simplemente esta bien escrito y es correcto.

Esto es muy arriesgado, hay cientos, probablemente miles, de abogados especialistas debatiendo autorías de canciones o textos en juzgados conclusiones cuando menos dudosas; a la par que dañino para los que de verdad lo hagan bien.

Ahora bien, si uno introduce erratas o errores marginales (algo que además de hacer muchas veces involuntariamente, a veces también hago voluntariamente – cual bordador de alfombras persa, que siempre introducían un fallo porque la perfección solo estaba al alcance a Ala - sabiendo que el que lo va a revisar va a estar mirando hasta que encuentre el fallo por lo que una vez encontrado pues ya se relaja) pues es probable que lo de por valido. Es decir, que para evitar estos problemas estos sistemas promueven que uno añada errores.

Por otra parte, si el texto es algo que “solo” has corregido con un programa, pero en el que la base es tuya es probable que sea clasificado como generado y por lo tanto rechazado cuando precisamente esta puede ser una buena utilidad de este tipo de sistemas: el de ayudarte a expresar mejor lo que querías decir, vamos que si lo usas para ayudarte pues puedes tener problemas.

No se si explico alguno de estos problemas o desvarío pero para terminar esta parte, antes de pasar a lo libros, solo os contare que parece que esto mismo está pasando en los servicios de Recursos Humanos, que antes recomendaban que corrigieras tu CV con IA pero que ahora, aunque inicialmente los valoran mejor, finalmente los rechazan por generados. (a menos que introduzcas errores que luego se volverán en tu contra en la entrevista personal) y además se ha detectado un corporativismo entre sistemas. Así los RRHH que usan para la comprobación automática, digamos ChatGPT valoran, notablemente, mejor los generados con su herramienta que los hechos con, digamos, Claude y viceversa; pero siempre mejor que los no generados.

Encontrar, entre las novedades de mi librería de referencia (si, ya sabéis, pero, para que quede constancia, yo repito su nombre: Méndez en la calle mayor) La maldición de los Stensson pues me sorprendió porque pensaba que su autor, un nombre sueco, solo quería escribir la trilogía que ya había escrito pensaba yo que, como justificación de eso, de ser noble y no tener que trabajar para ganarse la vida, la buena vida, pero como su trilogía me había gustado pues me la compre sin dudar.  

Me ha parecido mucho mas floja que la trilogía, de hecho casi me han aburrido todas esas rencillas entre nobles y la lucha por unos reinos con unas dinastías que desconozco completamente pero que cuando uno comprueba el árbol genealógico que viene en la contra guarda del libro comprueba que para el autor es una saga familiar, de su propia familia quiero decir lo que no le añade la gracia suficiente. El caso es que como esta ambienta en 1434, puede que brillantemente, ni lo dudo ni tengo mas pruebas que la existencia de frases que desde luego no tienen el filtro actual como esa de “Eberstein escupe una sarta de improperios contra las mujeres y concluye que preferiría que tuvieran la inteligencia de los perros: un cachorro prende toda la vida con un azote, mientras que una mujer aguante palos sin volverse nunca más sabia.”; aunque al introducir personajes femeninos pueda contrarrestar este efecto con replicas femeninas a amenazas de duros hombres del norte, como esa de “Sangre – Ella lo mira con desprecio -. No me sorprende que le tengas miedo; no estas acostumbrado a verla. Yo, en cambio, he sangrado cada vez desde que cumplí doce años.”, a las que les sobra el sentido común de algo normal pero ignorado por muchos, por no decir casi todos, hombres, incluso hoy en día.

Cogí El amo del corral estando completamente seguro de que ya la había leído (cuando se edito a finales de los noventa, con mucha fama de  y tuvo bastante fama) e incluso con la sospecha de que, al tratarse de un  conflicto de basuras, que podía tratarse de esa versión inexistente sobre la mafia de las basuras que yo, unilateralmente, atribuyo a Don Wilson pero que no, tampoco es esta novela. Esta es una biografía de un personaje ficticio que se convierte en el centro de una rebelión de los trabajadores de recogida de basuras en una localidad de Pensilvania convirtiéndose en un héroe popular prácticamente sin hacer nada. La verdad es que se lee bastante bien pese a que no he conseguido marcar nada destacable en la misma lo cual, pues nunca es buena señal de la calidad de la novela.

Escogí La noche devastada mas que por mis gustos personales, que a mí las novelas de terror, de casas encantadas, pues no me van mucho, como regalo para Alvaro ya que va sobre unos adolescentes franceses de los años noventa aficionados pues a las cosas de adolescentes de esa época como Nirvana, las películas de terror y otras cosas que, con matices son propias de todas las adolescencias. El caso es que me la leí y no me disgusto, incluso diría que esta bastante bien en su género (no es que yo sepa mucho de este género) y solo puedo decir que se deja leer, pero sin dejar huella y, una vez, mas sin haber marcado ninguna frase como especialmente brillante.

Con El barman del Ritz me paso algo parecido: el titulo me obligaba a comprarla, si no para mi pues para Alvaro, pero que fuera una historia real, ambienta en el Paris ocupado, con un barman que era judío pues como que tiraba bastante para atrás y hubiera sido un error ya que solo por frases como “Si el coctel es un arte de rigor y mesura, llevar un bar es, por el contrario, el arte del desorden; dejar que la vida se desborde, jugar con los límites, aceptar sobrepasarlos a veces, en eso ha consistido el éxito de Frank Meier, mas incluso que en sus célebres combinados. Esa es también su ambigüedad, la de un espíritu disciplinado imantado por el anticonformismo.”; que en mi modesta experiencia es totalmente cierta, si no para todos los bares o las personas, si para muchos, o al menos para los que a mí me gustan; o esa otra sobre las cualidades de un barman “Poner la realidad a un lado, atenerse a la lógica, decirle al cliente lo que quiere oír; Frank jamás había imaginado que una vida de barman lo entrenaría para los interrogatorios”, que aporta una nueva visión de lo que da este trabajo en la que, obviamente, uno nunca piensa.

También esta esa respuesta a lo que a filosófica pregunta de que le gustaría a uno escuchar de Dios cuando  llegara la hora, ese impecable “No hay sitio Frank, vuelva más tarde. Creo que eso estaría muy bien.”, que algunas noches algunas personas no encajan tan bien como deberían; e incluso ese consejo de “No se lo tome todo en serio, Frank, la frivolidad es el principio de la sabiduría. Es un poco pronto, pero sírvame un gin-tonic y brindemos…” que sin llegar a ser un Churchill pues es muy aceptable. Pues eso, que bastante bien.

Como ya he comentado otras veces uno tiene sus tradiciones y comprar La intriga del funeral inconveniente, por ser una novela de Mendoza, pues entra entre ellas y por lo tanto es algo inevitable, mas inevitable si es una novela alineada con esas primeras de broma de las que tan bien recuerdo tengo. Sin ser mala, es entretenida de forma general, pues como muchas cosas tradiciones, que ya son más un espectáculo anodino, o como la nostalgia pues ya no es lo que era.

Una tradición que para mi es obligatoria es comprar, preferentemente en inglés, cada nueva novela de Irving, no solo por se uno de mis escritores favoritos si no por ser uno de los pocos gustos que comparto con la supermodelo más conocida de mis años adolescente o post adolescente. Así que la compra de La reina Esther era obligatoria, para mí, e incluso apetecible ya que tenía una extensión bastante más manejable (quiero decir reducida) que las últimas novelas, mancuernas casi, de Irving permitiendo la lectura en la cama sin riesgo para la vida. Incluso, según la contraportada pues volvía a terreno conocido (al de “Príncipes de Maine…”) con lo que prometía incluso más. Pero, creedme si os digo que lo he intentado pero que no he conseguido terminármela. Ya van dos de Irving que no consigo terminarme lo que obviamente indica que uno de los dos, o los dos, hemos cambiado mucho en todos estos años.

Tras esta racha de lecturas decepcionantes pues me daba un poco de pereza enfrentarme a Los malos muertos una novela teóricamente policiaca que pasa en las excavaciones arqueológica de L’Escala y que solo había cogido porque me recordó un verano que pase en un campamento de verano allí cuando era pequeño y del que lo que mas recuerdo (obviamente no son las ruinas que seguro que visitamos varias veces) es una feria en la que el gran premio de jugar a los dardos (si, extrañamente el juego de la feria no era con escopetas de balines, algo a lo que estábamos más acostumbrados los chavales, por el propio campamento, donde practicábamos y jugábamos con escopetas, sino con dardos) era uno coco entero (los de consolación eran trozos de coco, bastante secos por el sol y el calor). El caso es que en aquella época yo jugaba muchos a los dardos porque teníamos una diana en el pasillo de casa, contra la puerta de la habitación de los chicos, y pese a que la puerta ya era poco más que un colador de tantos agujeros que tenía, la verdad es que no tenia rival por lo que gane varios cocos para sorpresa de todo el mundo (algo que también me pasaría posteriormente cuando, ya adolescente, jugaba a los dardos en El León Rojo para sorpresa de amigos y disgusto de desconocidos y camellos que apostaban en contra de aquella pareja de chavales que no tenían edad para estar en ese bar y mucho menos para beberse las pintas honradamente ganadas a los dardos).

Aparte de este viaje en la memoria a aquel verano en L’Escala pues la novela ni fu ni fa (6-7, no como nota, que sería alta, sino por si hay algún preadolescente leyendo esto), se deja leer, pero poco más.

Mi ultima lectura, La mejor edad, pues también entra en el catalogo de autores semi obligatorios, o por lo menos en esa lista de aquellos por los que de vez en cuando siento curiosidad (en la categoría de poetas o letristas metidos a la tarea de escribir una novela, o como diría mi hermano a terminar algún renglón de vez en cuando). Es cierto que basta con leer la contraportada, la descripción general de la historia que es la de un juez que visita, treinta años después de la condena, en el bar que regenta a su primer condenado al que sabe que condeno sin pruebas sin que quede claro que busca del encuentro y con la duda de que deparara este encuentro. Se deja leer aunque aporta poco aunque tenga esta frase de “No digo que no, y puedo cambiar de opinión como cambio de bebida” que, aunque parezca fácil, todos sabemos es bastante difícil en general y mas con la edad (yo he cambiado varias veces de bebida pero muchas mas de opinión) y un poco pero (por su longitud) esta otra de “En la barra del bar, se aprenden muchas cosas, es una lección constante de vida, cada bebedor parece un catedrático dispuesto a ejemplificar la estupidez o la inteligencia. Uno adquiere sabiduría a fuerza de mirar escuchar y reconocer las cosas importantes…” (abro paréntesis para decir que esto es algo que cada vez se da menos, ya que ahora los camareros es raro que se fijen o escuchen, por mucho que los bebedores sigan siendo todos catedráticos; cierro paréntesis para continuar con su reflexión sobre la discontinuidad de la vida ) “… Contar la vida no es más que intentar explicar el momento del error o del acierto; todas la historias desembocan en una decisión, en la conversación que no se tuvo, el beso que no se dio. La suerte de haber salido esa noche, la fortuna de haber encontrado un buen amor, la catástrofe de no apagar el ordenador antes de salir de sacas, el riesgo de dejas las pruebas del delito ante los ojos de tu marido o tu mujer…”, que es un poco reduccionista desde mi punto de vista pero que, como buen poeta, termina construyendo una buena frase “todo el mundo es un delincuente que va dejando pruebas por donde pasa”

En fin, como veis no ha sido el mejor mes de lecturas y he de decir que, aunque esta vez empecé a escribir bastante pronto (antes del primer de los últimos escándalos de PSOE) pues he terminado por los pelos dentro del mes y seguramente antes del último de los escándalos de la política nacional.

En fin, en breve (espero) el siguiente mes y vosotros pues ¡Divertíos asaltando el castillo!

 

Lecturas

La maldición de los Stensson - Nilas Natt Och Dag

El amo del corral - Tristan Egolf

La noche devastada - Jean-Baptiste Del Amo

El barman del Ritz - Phillipe Collin

La intriga del funeral inconveniente - Eduardo Mendoza

La reina Esther - John Irving

Los malos muertos - Eisabeth Anglarill

La mejor edad - Luis García Montero

domingo, 12 de abril de 2026

Comentario de Textos – Marzo 2026

En fin, pues parece que, de momento, ni se acaba el mundo ni empieza la tercera guerra mundial (aunque las cosas no están nada claras) al menos entre humanos que otra cosa parece ser, según informa el Scientific American, la “guerra civil” que se ha desatado  entre dos facciones de chimpancés en Uganda donde dos bandos que existían pero convivían en armonía – compartían territorio y formaban parejas “mixtas” – hasta junio de 2015 (el artículo precisa que el 24, es decir San Juan),cuando se montó una trifulca entre los dos grupos que ha llevado a que estos se separen en dos territorios definidos. Ahora se dedican a defender sus fronteras y matar a los del otro grupo por razones que no quedan claras pero que pueden deberse a “raza y cultura”, vamos a diferencias con la celebración de la noche de San Juan (o igual esa es solo la excusa)

Si bien, a mí no me parece raro, si me ha hecho acordarme de ese tipo de afirmaciones tipo “el ser humano es la única especia que mata sin motivo” o “el ser humano es la única especie cruel” que algunas personas defienden, con una versión disneyficada del mundo animal,  ignorando a todas las especies que, por ejemplo, se comen a sus crías o abandonan a los débiles a una muerte segura.

En el mismo artículo también se cita otra guerra similar en Tanzania, a mediados de los 70, que casualmente presencia la única primatóloga que todo el mundo conoce (si, la que luego defenderá el mundo de varias hornadas de Aliens, animales cuyo instinto – el de los aliens, digo – pues es poco más que el de sobrevivir y reproducirse, matando o como sea) que en aquel momento achaco este comportamiento, mira tú por donde, a la intervención de los humanos, que les daban de comer bananas, concluyendo que no era su comportamiento “natural” que, ni que decir tiene, para ella era el de ser “buenos” por naturaleza. Pues mira tú que sorpresa.

Pero, en fin, ya esta bien de guerras y diferencias entre especies o facciones de una misma especie, recordemos que hay muchas cosas que nos unen a todos, como este fin de semana ha demostrado el Ayuntamiento de Madrid haciendo su versión de uno de los festivales clásicos de rock-punk-hardcore, el Resurrection Fest  (el Resu que lo llaman los habituales, que casualmente cumple los mismos años que el Wurltizer y que La Sexta; es decir veinte)  pero traducido al castellano, o español, como “Festival de la Resurrección” y mas centrado en canticos católicos que en el rock (aunque igual, o más, hardcore que el original, me temo) pese a que sigan existiendo cosas que nos separan, como que el Resu de su aforo en personas y en este, pues se de en “almas” (me pregunto cuál será la equivalencia entre almas y personas, ¿22 gramos por alma y 75 kg por persona, como en los ascensores? ¿cuentan las mujeres o son cuentas preconciliares? ¿cuentan cómo almas los animales de compañía o están tan avanzados?). Dejémoslo estar y pasemos a las lecturas del mes.

Mi primera lectura de este mes, proveniente de mi librería de referencia de Madrid (si, esa misma, la de siempre: Méndez en la calle mayor), ha sido Las horas secretas, del autor de la serie de novelas sobre el servicio secreto británico caballos lentos que me pareció excelente (por aclarar diré el excelente se aplica a la serie de novelas, no la serie de plataforma, que no está mal pero no es lo mismo). Esta es una historia de espías que básicamente pasa en el Berlín de 1994, que sin estar mal pues tampoco está especialmente bien; se deja leer pero es un poco pesada.

Es verdad que tiene frases brillantes como esa que es aplicable a casi cualquier grupo en el que “Aunque públicamente se repetía el mantra de «todos estamos en el mismo barco», estaba claro que. Al embarcarse, todos sabían que lo primordial era saber a quien ibas a tirar primero por la borda.”; o esa verdad, totalmente de Perogrullo, que parecen no aceptar ciertas políticas (y políticos) públicas de que “el servicio puede tener problemas de presupuestos y recursos, pero esos problemas no se resuelven privatizando y subcontratando a otros. Se resuelven con presupuestos y recursos.”; o incluso esa variación/actualización sobre creer/ gustar de “las coincidencias le gustaban tan poco como los finales felices en las películas. Porque, fuera de la ficción, esos finales resultaban tan fiable como un perfil de Tinder.”

Seguí con La lista de los siete, una novela de terror victoriano escrita por el creador de Twin Peaks (entiendo que con esto se refieren al autor del libro en el que se vaya, olvidando a Linch; pero así es la publicidad), por aclarar algo tan genérico, pues va de un un grupo de conspiradores relacionados con el espiritismo que es investigado por Arthur Conan Doyle, haciendo un cierto paralelismo con sus obras y donde por supuesto hay un emulador del infame Moriarty, otro de un Watson y probablemene otros que, no habiendo leído suficiente de Conan Doyle, yo no reconozco.

Entre ellos un par de hermanos que, siendo un par de delincuentes, básicamente son la fuerza bruta con la que investiga y que, en un momento dado, cuando les preguntan porque se dedican a delinquir lo atribuyen a los escaparates porque “hubo un tiempo en que para saber lo que vendían en una tienda tenias que entrar. Ahora pasas por delante de cualquier establecimiento mediano y toda la mercadería esta expuesta ante tus ojos, y además siempre la mejor. La tentación, eso es. Mirar todos esos escaparates, ver todo ese botín y no poder tenerlo.”

También me parece muy buena  cuando Watson observa el inicio con las drogas de Conan Doyle, y sus dudas sobre si usarlas o no, le dice “Doyle, no diré ni una palabra sobre la decisión que esta a punto de tomar excepto esto: es mucho más fácil resistirse a dar el primer paso en el camino de la ruina que cualquiera de los otros mil que dará después”; ciertamente, a veces es así de fácil y de difícil; mejor parar antes del primer paso; e incluso está bien recordar la coincidencia de pensamiento, de la primera regla inamovible compartida, entre los delincuentes y los inmensamente ricos (en el caso de que no sean los mismos): ”nunca gastes tu propio dinero.”

Con todo la respuesta que me despertó la mayor sonrisa fue la que Doyle cuando le preguntan “¿ha pasado algún tiempo compartiendo sus días con alguna cultura primitiva, doctor.”; que seguramente es la misma que daría casi cualquiera “No, si excluye a los franceses.”

Tras esta lecturas, no a consecuencia de ellas, decidí irme unos días a Piles y como lo decidí prácticamente de un día para otro pues estaba sin lecturas en casa por lo que tuve que visitar una de las nuevas librerías del barrio (que esta lejos de convertirse en una librería de referencia) que me sirve para abastecerme en estas ocasiones en las que no me da tiempo de cruzar la puerta del sol.

Mi respeto por Leonard Cohen como escritor de canciones, o poeta si uno quiere, viene de lejos y creo que tengo (o he tenido) todos sus poemarios editados en castellano por lo que, pese a haber leído una novela/cuento suyo que no me pareció gran cosa, pues me compre El juego favorito, pero sin gran entusiasmo por el recuerdo de mi última lectura de su prosa que creo que ya comenté en su día.

Pues eso, que una vez leída no puedo más que reafirmarme y decir que no es especialmente interesante pese a ser una novela de amistad juvenil que siempre tiene algo de interés, pero en este caso lo único destacable (para mi) ha sido leer “La máquina de discos gemía. El creyó entender la nostalgia de la melodías baratas mejor que nadie. La Wurlitzer era una gran bestia que parpadeaba de dolor. Era la herida de neón de todo el mundo. Un ventrílocuo doliente. Era la clase de mascota que quería la gente. Un eterno oso que achuchar, con sangre eléctrica. Breavman podía permitirse gastar veinticinco centavos. Era gorda, amaba sus cadenas, se atiborraba y estaba dispuesta a enconarse toda la noche”; pero solo por ser de las pocas veces que encuentro el nombre citado.

Coger Los universalistas en una librería a la que todavía no le tengo pillado el truco era un claro riesgo, pero en cierta medida pensé que como la acción se centraba en una rave ilegal pues igual leer esto me convalidaba tener que ver esa película de la que, hasta que ha perdido el Oscar, todo el mundo hablaba maravillas (bueno, nadie que yo conozca, con todo el mundo me refiero solamente a los medios y cosas así).Espero que la convalidación sea valida ya que es una novela bastante pesadilla en la que solo se salvan esa referencia a un libro titulado No mas woke que, curiosa que no extrañamente, no se vendió como esperaba la editorial esperaba pese a su provocativo y popular título, ya que “por lo visto, la gente a la cual no le daba vergüenza colocar No mas woke en su biblioteca en realidad no tenia tal cosa, al menos en su gran mayoría.”; esa otra sobre la utilidad del estudio de la estadísticas que “Ahora valoraba enormemente la incuestionable autoridad que proporcionaba dicha materia, es especial entre los analfabetos numéricos. Formula cualquier afirmación como una ecuación, había descubierto, y puedes darla por comprobada.”, que en si misma demuestra un analfabetismo matemático como lo de “culpar al algoritmo”; y, a una gran distancia ese “¿Por qué me gustaba tanto beber? No soportaba estar borracha. Aunque podría decirse que la sobriedad total todavía era peor. LO que a mi me gustaba era el espacio intermedio. El lugar en que mis ideas eran sagaces, donde todo el mundo se veía un poco borroso y sus habitantes parecían un poco mas lejanos, menos idiotas y grotescos…” que siempre he pensado es el estado ideal, el objetivo real de beber, disfrutar más de todo, a diferencia de la forma de beber solo para estar borracho de, digamos, los ingleses.

Escogidas estas dos, me hice también con La vida de ellas ya que una novela (o varios cuentos juntos) japonesa y escrita por una mujer pues siempre es un valor seguro ya que por lo menos aporta una visión extraña del mundo, o una visión de un mundo extraño en algunos aspectos aunque parecido en otros como esa falsedad tan común de “El profesor les explico que el problema de la literatura escrita por mujeres es que tenia demasiadas ramas y hojas, pues no sabían profundizar hasta llegar a la raíces de un tema.”; o esa otra gran verdad en la que la protagonista de uno de los cuentos que quiere ser escritora reflexiona sobre el matrimonio decidiendo que no quiere casarse porque “Observaba con ojo critico a cuantos matrimonios conocía y dudaba sobre el trato que recibiría por parte de su marido. Solo veía humillaciones que la indignaban. Todas las mujeres casadas cargaban con pesadas cadenas alrededor de la cintura y sus rostros parecían espectros que hubieran perdido la identidad. Algunas se convertían en unas histéricas por los celos y el tedio de sus vidas; otras se pasaban todo el día lavando pañales, tan exhaustas que no tenían ni energías ni para beber un aso de agua; y otras, las más, eran completamente serviles a sus maridos. EL corazón de aquellas mujeres agonizaba aplastado por el peso del esposo y los hijos, con la vitalidad estancada como la corriente de un desagüe obstruido por la suciedad.”; y que, por lo tanto , nunca conseguirá su sueño de ser escritora si se casa. Pese a todo esta diatriba poco después se casa con Nitta que , cual, si fuera argentino, le dice “No te confundas – respondió Nitta - Crees que soy como los demás hombres, ¿verdad? Pero no es así, yo comprendo a las mujeres. jamás he pensado que seas inferior a mí. Stoy convencido de que debes estar en igualdad de condiciones conmigo y respeto tu voluntad de ser independiente. No seremos la típica pareja. Tu serás mi compañera y yo tu amigo. Reconoceré tu libertad y te abriré camino. Darte libertad también me hará libre a mí. No quiero que seas solo una simple ama de casa. Mi ideal de matrimonio incluye respetarte como mujer con un alma propia.”; fácil y obvio seria deciros que el argentino estuvo muy lejos de sus bonitas palabras y que el matrimonio de la escritora protagonista no sale como las promesas preveían, pero si os cuento que este relato , por cierto de 1913, que en su edición final se titula La escritora, en su primera versión se llamaba La prostituta pues igual os da una idea mas cabal de como avanza la historia.

Como en toda obra japonesa, también se aprenden curiosidades, aportadas por los traductores, como que sensei literalmente significa ‘el que ha nacido antes’ y que lo de maestro es solo una generalización o particularización, o las curiosidades de las fiestas tradicionales japonesas como el Obon, en el que “existe la costumbre de hacer un caballo con un pepino y una vaca con una berenjena, ambos con palillos de modo de patas” para que sirvan de medio de transporte a los espíritus de la familia entre el viaje de ida y vuelta del mundo de los muertos, algo que ciertamente puede rivalizar con algunas de nuestras tradiciones.

En este viaje volví a quedarme corto de lecturas por lo que para el tren tuve que buscar una librería de urgencia para tener algo que leer en el tren de vuelta, y en la segunda que encontré (la primera era solo un almacén de una especie de ONG) encontré Tenemos que hablar de Kevin que parece es la novela que ha dado fama a esa autora que últimamente me gusta bastante.

La novela, escrita en forma de cartas a su marido, va sobre los recuerdos, las reflexiones, de una madre sobre la crianza y la educación de su hijo (y de su hija) y las diferencias entre el padre y la madre, tras enterarse de que su hijo ha acabado haciendo una matanza en su instituto. Aunque a la madre el resultado final (la matanza) le sorprende el caso es que durante toda la novela va acumulando incidentes que la llevan a pensar, desde bastante pronto, que su hijo es sencillamente malo y que los métodos educativos actuales, basados en que los niños son autodidactas natos y buenos per se (como los chimpancés) pues no le convencen mucho ya que “… si he de hacer caso a mi experiencia cuando dejas que la gente se las arregle por si sola, aprenden pocas cosas y ninguna buena.”

Si bien tiene este tipo de críticas a lo que algunos definen como “lo woke” me sigue resultando sorprendente que sea reivindicada por la derecha trumpista cuando por ejemplo hablando de la enseñanza religiosa dice cosas como “el hecho de que tanto a mi nos enseñaran cuando éramos niños algo de lo que después nos fue posible distanciarnos tal vez haya sido una ventaja para nosotros, porque sabíamos cómo hubiéramos podido ser, y también que  no quisimos serlo.”, difícilmente puede entenderse como una defensa de la educación religiosa (a la que, todo sea dicho clasifica como “esa sarta de tonterías… no hay muchacho actual que se las trague.”) salvo tal vez a la contra como cuando yo digo (en broma) que si tuviera hijos los educaría fascistamente para que se revelarán contra mí, contra sus padre, digo, ya que es casi seguro que se rebelen por lo menos indicarles una dirección adecuada; o sus opiniones sobre esa  idea católica del sacrificio de su esposo del que dice “Bien es verdad que siempre te encanto la idea de sacrificarte. Por muy admirable que fuera, tu disposición a  dar tu vida por otra persona puede haberse debido, en cierta medida, al hecho de que cuando tu vida estaba completamente en tus manos, no sabias que hacer con ella. Sacrificarse es una manera fácil de escapar.”; sinceramente no acabo de ver cómo encaja esto en la crítica woke.

Como curiosidad os cuento que ella, la protagonista es fundadora/directora de una editorial de guías tipo lonely planet, por lo que hay dos citas a España, ambas algo confusas como cuando le dice a su marido “Toda mi vida he estado forzándome a hacer cosas. Nunca fui a Madrid, Franklin, porque me apeteciera comer una paella…”, algo, venir a Madrid a comer paella, que estadísticamente si seria un sacrificio; o cuando habla de “departamentos universitarios de estudios de conflictos que publican incontables tesis doctorales sobre los terroristas de ETA, que no son más que un centenar.”, que teniendo que escribe las cartas den el 2000 pues no queda claro si son pocos o muchos.

Ya de vuelta en Madrid pues me pase por mi librería de referencia donde, entre otros varios, me compre Donde mueren las bestias, que ciertamente tenia una pinta rara por tratarse de una historia sobre pastores de ovejas en el norte de Inglaterra en 2001 que, se supone, es seminegra. Vamos un poco al estilo del noir agrario de la América profunda, pero mas cerca. En uno de esos sitios, los fells, idílicos en los que todo el mundo se conoce, donde “los habitantes de los fells son simpáticos como el que más. Tan simpáticos que, si ven tu casa en una ladera rocosa, construyen la suya lo bastante lejos como para que tu no los veas a ellos. Muchos kilómetros de nada son los mejores muros.”; un lugar de tradiciones, aunque  para al menos uno de los protagonistas “Soy de los que piensan que la tradición es solo el nombre que le damos a cosas que no hay motivo alguno para hacer.”

La novela es mala, pesada como ella sol y casi tan confusa como este párrafo “En la vida de cualquiera hay una tendencia a la pereza que el cuerpo se empeña en disimular. Dsa igual lo olvidadizo que te hayas vuelto o lo gordo o lo ciego que este: todo el mundo lleva dentro a un tipo flaco que sabe correr. Es perezoso porque sabe que solo le queda una carrera, y se aferra a ella como una abeja a su aguijón.”, que no acabo de entender cual es su idea, si la pereza es consustancial o no, o es algo contra lo que lucha el cuerpo. Ni idea.

Mi siguiente lectura, la compra, surgió a propuesta del nuevo de la librería que una vez que había pagado se acerco con un libro contándome que lo había encargado un actor (¿Pepe Viyulea?) y que le parecía que podía interesarme por el titulo ¿Están vivos los ríos?, algo en lo que no le falta razón ya que casi cualquier referencia hidráulica o hídrica hace que compre sin mirar mucho más.

Un claro defecto de mi carácter. No es solo que el libro sea malo, o que ni siquiera sea un libro sino tres artículos excesivamente largos y totalmente sin interés sobre un tema que tal y como lo trata no tiene ningún interés y no deja de ser una chorrada, ya que no se trata de si los ríos están vivos, si no que trata sobre el derecho jurídico de los ríos en cuanto a persona jurídica y de si al reconocerlos esta entidad jurídica no estamos obligados a protegerlos en incluso a considerar que puede existir el asesinato de un rio.

Ya, ya se que esto es una majadería y que, si bien es verdad que en 2017 en Nueva Zelanda llevaron esto hasta el extremo, reconociendo al rio Whanganui como un “todo vivo indivisible” y “entidad espiritual y física” e incluso reconociéndolo como “persona física” con capacidad para representarse a si mismo ante los tribunales y con derechos; esto se debió no a un aspecto legal sino a un aspecto religioso del pueblo Maori y una de esas concesiones del imperio a los aborígenes. Reconocidos que no dejan de ser, pues eso, aspectos religiosos como (y esto es verdad) que el agua que es usada por, digamos, el ser humano, no puede volver directamente al cauce del rio  si no que primero tiene que pasar por la madre tierra para regenerarse espiritualmente. Todo muy espiritual pero su legislación de aguas lleva mas de un siglo de retraso respecto a la española y sus exigencias de calidad son en muchos casos, cuando menos dudosas, pero eso sí, ahora si un rio quiere acercarse por el tribunal penal de Wellington legalmente puede hacerlo.

El libro pone otros ejemplos de leyes de carácter similar en sitios claramente irrespetuosos con sus ríos como, por ejemplo, la India; o que solo pueden mantener esta teorías en caso de ser pocos en un rio grande, grande como puede ser el de zonas del amazonas.

Como consecuencia de intentar explicar esto el libro cuenta con frases ilegibles in un diccionario y papel y lápiz como “ante un rio, lo mismo que ante un dios, la prehensión estalla en apófansis; la deixis se desmantela. Lo ajeno no será articulado. Estará vivo, pero de una forma que no sabremos decir.” ¿Confusos? Pues esto no es nada, en un momento dado empieza a desbarrar sobre la forma de comunicación del rio: “¿Cómo sería su gramática de la animacidad? Indudablemente, la metáfora sería el núcleo: el ropo transformador que une lo similar con lo diferente. Tendría que ser una gramática de ecotono, de transición ecológica, y de espacio interzonal, rica en transitividad y reciprocidad, siempre temblando en el borde, en la que el fluir y el saber son indisolubles una forma de ser que da y devuelve, que rima y resuena, que se mueve en arcos y curvas, que trabaja con palabras que se prestan sonidos entre sí, que mezcla el agua y la tierra que comparte el clima que cambia unida; un lenguaje líquido, inquieto evanescente.”

Pues eso, claro, claro. Espero que me avisen el día que cualquier rio se presente a reclamar sus derechos en un juzgado o el día que alguien decida reclamarle sus obligaciones y sencillamente acusen al Júcar de asesinato. No es que sea malo, es que es peor, es infumable, ilegible e insensato pero, oye tenía la palabra rio en el título.

Mi ultima lectura del mes ha sido El repartidor de Pekin que es básicamente una biografía laboral de un chino sin profesión que se dedica a realizar trabajos de muy baja, o ninguna cualificación y que cuenta sus experiencias laborales. Según la contraportada pareciera que el protagonista y el escritor que son el mismo son lectores ávidos de escritores como Chejov o Carver, y que por lo tanto habrá referencias interesantes, pero no hay ninguna y las veces que sale el nombre de un autor es solo para citar que lleva el libro de un sitio a otro.

Básicamente es una mierdecilla de libro sin ningún interés, con menos interés que aquel (creo que de Bukowski) en el que hace lo mismo y se dedica a describir los trabajs de mierda que tiene pero aderezándolos con bastantes encuentros sexuales lo que, quieras que no, pues le da un aura de malditismo mas prometedora. En este sencillamente no pasa nada interesante y pese a lo exótico solo tiene un par de cosas curiosas como esa visión de la ciudades europeas y el ciclismo cuando dice, contraria a la visión europea de china, que “shanghai es la que tiene mas cultura ciclista y mayor numero de aficionados, aunque también es vedad que sigue lejos de alcanzar el nivel de las ciudades de Europa y Estados Unidos” como si toda Europa fuera Amsterdam y en Madrid  o chicago se vieran muchos ciclistas urbanos. Increíble.

Pero puestos a comentar cosas increíbles me quedo con la alusión a una máxima taoísta (si esa religión alternativa que abrazan muchos de esos aficionados a la vida en el campo que quieren ser incluso más originales, auténticos, que los simples budistas) que dice “«La naturaleza es un retiro menor, el gran retiro está en la ciudad». El verdadero desapego no se logra huyendo del mundo, sino viviendo en el sin ser esclavo de sus ataduras.”; ¿ que hippies campestres, a que no os lo esperabais?

Claro que para cosas sorprendentes la afirmación de contraportada en la que se señala que “el autor de este libro no es escritor. O no lo era hasta que el relato de su vida encadenando trabajos precarios en las megaciudades de China se convirtió en un fenómeno editorial”, que no queda claro si quiere decir que para ser escritor no basta con escribir si no que hay que ser un fenómeno editorial o que se puede ser autor, pero sin ser escritor. Todo muy confuso, como el mundo estos días. En fin, ¡Divertíos asaltando el castillo!

 

Lecturas

Las horas secretas - Mick Herron

La lista de los siete - Mark Frost

El juego favorito - Leonard Cohen

Los universalistas - Natasha Brown

La vida de ellas - Tamura Toshiko

Tenemos que hablar de Kevin - Lionel Shriver

Donde mueren las bestias - Scott Preston

¿Están vivos los ríos? - Robert MacFarlane

El repartidor de Pekin - Hu Anyan

domingo, 29 de marzo de 2026

Comentario de Textos – Febrero 2026

Hoy voy a empezar con un "desbarre" personal; lo digo por si queréis avanzar hasta los libros y ahorraros el mismo. Avisados estáis.

Como consecuencia de los trabajos que estoy haciendo últimamente tengo que relacionarme con nuevos y diferentes “directores de proyecto” que cada vez, puede que, por cosas de la edad, puede que incluso solo  de mi edad, o por otras causas, me empiezan a resultar más incomprensibles; no, no solo mas incomprensible si no que cada vez me parece que la capacidad técnica, y en algunos casos mental, presenta una alarmante tendencia a la baja., llegando a estar por debajo del mínimo exigible en esta profesión.

Cuando empecé a trabajar todos los “directores de proyecto” que tenía eran gente mayor que yo, a veces significativamente mayor, pero en otros no tanto, e incluso algunos eran de mi edad; ahora pues casi todos son menores, notablemente en algunos casos, que yo. Sin embargo, aunque parezca raro, la mayoría de los proyectos de mis primeros años eran, en cierta medida, mucho más complejos técnicamente que los que hago ahora: si hace unos años hacia depuradoras para poblaciones de mas de cien mil habitantes, ahora básicamente las depuradoras en las que trabajo llegan escasamente a los cinco mil habitantes que, obviamente, son mas sencillas y, además, trabajo en otros temas como saneamientos que realmente son técnicamente “triviales”.

Es decir, no solo es comprensible que el nivel de los directores de proyecto de estos proyectos mucho menos complejos pueda, o deba, ser más bajo, si no que incluso, por la diferencia de edad su experiencia y conocimientos sean memores. Esto es comprensible, cosas de la edad; cosas que unidas al aumento de la mía (edad, experiencia y/o conocimientos) puedan condicionar mi perspectiva de su nivel y sus capacidades, pero… no es esto, o no es solo esto. Para mi el verdadero problema es (ya he hablado otras veces de ello) es que ahora cada vez mas gente sufre el efecto Dunning-Kruger (o yo soy más perceptivo a él) combinado con a) una falta de respeto a las ideas (y trabajo) de los demás y b) un exceso de vanidad que viene a ser lo mismo que el “a”.

El caso es que cada día me veo más exacerbado, angustiado, por las imbecilidades que se les ocurren a mis “directores de proyecto” y por su incapacidad para darse cuenta de que lo que están proponiendo, como la gran idea que solo se les ha ocurrido a ellos, es sencillamente irrealizable o sencillamente estúpida (por no repetir imbécil o demencial) y que otras soluciones (analizadas por otros con anterioridad) son mejores y que no es que no hayan evaluado lo que ahora “se les ha ocurrido” a ellos,, Su creencia es, sencillamente, que todos los demás son “incompetentes” y no, son incapaces de asumir, de pensar, que esas “grandes ideas” suyas ya han sido evaluadas y se han descartado por no ser adecuadas. Esto, tener que volver a evaluar cosas que personas, seguramente más competentes técnicamente que mi “director de proyecto” e incluso probablemente también más que yo, pues empieza a ser un poco una tortura, sobre todo cuando tienes que evaluar cosas que sencillamente “ves” que no son una buena idea, ya que, a veces, “demostrar lo evidente” requiere mucho trabajo inútil.

Es posible que penséis que exagero (cosas de la edad) pero en mis primeros treinta años de ejercicio profesional solo me he sentido “tentado” (de verdad) de mandar a tomar por culo a un “director de proyecto” (cosa que al final hice aunque acabe el trabajo) por considerar que lo que estaba pidiéndome era sencillamente “equivocado” y sin embargo en los pocos meses de este año he estado “tentado” de mandar al mismo sitio a mas de cuatro de los, digamos, ocho “directores” que he tenido y de momento no descarto mandar a mas de uno a donde le corresponde; ventajas de la edad que hace que no necesites tanto el dinero como en otros momentos.

En fin, pues nada que ya me he desahogado, aunque haya dejado sin mencionar que además de en mi trabajo, esta tendencia existe también en el negocio de la noche donde pese a llevar veintisiete años con bares que nos dan de vivir cada vez mas empleados parecen cree que nos ha tocado en una tómbola, que no tenemos ni idea y que ellos, por supuesto lo harían mucho mejor que nosotros, o que cualquiera de nosotros. Pero, no me tiréis de la lengua que luego me acusaran de edadismo; hecha esta reflexión pues me paso a comentar lecturas que estoy en el último fin de semana del mes en curso y no quiero retrasarme en mi cita con mis lectores.

Mi primera lectura del mes fue Los Nombres, que realmente son como tres novelas cortas alternativas que parten de los distintos nombres que un matrimonio le da a su hijo: Gordon el nombre que quería el padre pero que odiaba la madres, Julián el nombra que quería darle la madre, pero inaceptable para el padre ya que no seguía la tradición familiar, o Bear el nombre que elige su hermana. Cada una de las vidas se desarrolla de forma muy diferente, no solo la del hijo, sino la de toda la familia, según el nombre escogido. Es un ejercicio interesante, aunque mi mayor pega al conjunto del libro es los destinos y grados de felicidad que se asocian a cada uno de los nombres, pero no quiero hacer spoilers.

Que el libro este escrito por una chica, una mujer debería escribir, pues le permite escribir cosas como “No quiero un hombre que sea desagradable, pero ¿Cómo confiar en uno amable?” algo con lo que todos los que nos consideramos amables, seguramente sin razón, pensamos cuando vemos las parejas que escogen algunas de nuestras conocidas en lugar de escogernos a nosotros; algo que dicho por un hombre pues parecería, cuando menos, revanchista.

Personalmente, a diferencia de mucha gente, creo que algunas diferencias de carácter pueden hacer que las relaciones funcionen como que uno “…deje los platos para la mañana siguiente, o el campo le resulte claustrofóbico, rodeado de un cielo demasiado grande y un verde infinito” y el otro pues será Kondo y pastoril. No, no digo que todas las diferencias sean viables, hay cosas insalvables, pero no suelen ser este tipo de cosas.

Como cultura, que siempre viene bien refrescar, me ha gustado que citara que la expresión de su padre era “… inicua. Una palabra que se parece mucho a inocua, aunque es justo lo contrario…”, a lo que seguro que alguno dice esa estupidez enervante de “es solo semántica”; O que nos recuerde que so bien Saturno se comió a sus hijos para evitar ser derrocado (algo que todos recordamos) también nos recuerde que “… uno de los hijos de Saturno, Jupiter, escapo. Que la madre de Jupiter protegió al niño, lo mantuvo a salvo. Y que, ya adulto, regreso y cumplió la profecía: el niño derroco a su padre.” (algo que, yo por lo menos, olvido junto con… Ops, el nombre de la madre de Júpiter)

Ya digo, un libro interesante, aunque tampoco ninguna maravilla (aclaro esto ya que el otro día ante la pregunta de si había leído un libro, respondí espera que lo miro, pero al mirar este blog no me quedo clara mi opinión, así que ahora intentare poner una valoración global para recordar).

Pasemos a Albión, siguiente lectura obtenida en mi librería de referencia (si, Méndez en la calle mayor a la que le sigue viniendo bien que la visitéis) de la que si digo que pasa en Gran Bretaña (en la pérfida Albión) pues tampoco estoy haciendo un spoiler ¿no? Se trata de las diferentes visiones que tres hermanos tienen de la finca familiar y del destino al que dedicarla al fallecimiento del patriarca. La hermana mayor quiere convertirla en un refugio natural, renaturalizando la finca; el hermano quiere por una parte desarrollarla para superricos con temas new age; la hermana menor no tiene una idea clara ocupada en sus temas de pareja y a esto se añade otro personaje, un tío/hermano honorifico, que simplemente vie allí y se ocupa de que todo se mantenga bien cuya opinión no parece tener importancia para los herederos.

Como no puede faltar en una novela de clase alta británica pues hay un personaje que no es alcohólico, porque ningún ingles lo es, pero que “Es solo un hombre que se ha medicado a base de alcohol.” (sobremedicado incluso, pareciera, aunque sin llegar a ser un Churchill).

Obviamente al ser una novela familiar no le pueden faltar sabias palabras sobre la familia (que pone en voz de un maestro budista) como “… si alguna vez se te sube el ego a la cabeza y te piensas que estas rozando la iluminación, lo que tienes que hacer es irte a pasar unos días con tu familia.” Nada como la familia para devolverte a la sensatez, a veces.

Como valoración global de la novela creo que el hecho de que ponga una cita que no es del propio libro, ni tampoco especialmente brillante, os dará una idea de que la novia no me ha parecido buena, buena: “Los ricos que no saben usar sus riquezas son de una pobreza incalculable. Porque es pobreza de espíritu.”

El mes anterior tome prestada una de las dos novelas que le regale por navidad a mi hermana Helena y este mes he podido tomar prestada la otra, Nobles y rebeldes, que es la biografía de otra de las hermanas Mitford, en este caso de “la comunista” de la familia.

Al igual que pasa con la anterior (también con la biografía de Parabere) diría que el libro no hace justicia a la vida de los personajes que se retratan que creo que son mas fascinantes de lo recogido en el libro y que un buen escritor le podría haber sacado mucho más jugo, aunque seguramente le habrían tildado de inverosímil, pero me temo que así eran algunas vidas en tiempos muy convulsos.

Esta parece un poco “mas sincera”, mas centrada en la realidad debería decir ya que no considera que su familia, recordemos totalmente aristócrata, fuera pobre y pasaran penurias y tiene varias cosas criticas con su clase social (por algo era la comunista de la familia) como ese : “Las cualidades como la paciencia, la modestia, la resignación y la autodisciplina, el respeto instintivo por la dignidad fundamental de todo ser humano – incluso del enemigo – de que dan muestras tantas veces los negros o los judíos en su lucha por la igualdad, eran algo que en nuestro caso brillaba por su ausencia o solo estaba presente en forma embrionaria,”

También es divertida su evaluación de la preadolescencia con ese: “Una chica de trece años es un caleidoscopio de personalidades distintas, si no, en muchos sentido, un mero producto de su imaginación.”

Incluso es refrescante que tenga alguna frase dudosa para su propio novio al que comparándolo con su hermana (Gorgo, la nazi) escribe: “al igual que a Gorgo, odiar se le daba de maravilla, aunque a diferencia de ellas su veneno iba dirigido a los enemigos de la humanidad, la paz y la libertad.” También me ha encantado descubrir un término que no conocía “jingosimo” que creo que define muy bien algunas políticas actuales pero que no os aclaro para que os informéis vosotros mismo.

Por último como la pareja acaba visitando NYC (exiliados según ellos mismo, pero, exiliados a la manera de aristócratas ingleses de novela, dando “palos” a sus compatriotas, pero incluso trabajando) he de coincidir con su visión de la personalidad de los lugareños de allí: “El rasgo distintivo de esa personalidad parecía ser la chispa de interés momentáneo que provocaba en los neoyorkinos el más trivial de los contactos. Cualquier extraño al que le preguntabas por una dirección y con quien pasabas unos instantes hablando en la calle se implicaba enérgicamente en los problemas ajenos, cuestionando hasta que punto era acertado tu plan y sugiriendo a menudo una vía alternativa.”

Si antes, para valorar una novela he usado una cita que no es del propio libro (aunque aparece en el mismo) para mi siguiente lectura Resultado final me sobra con dos palabras: Winslow y Cuentos. Si queréis mas datos pues… son seis cuentos… varían entre buenos a muy buenos y que dejan frases que firmaría cualquier estudiante cuando lleva notas bajas a casa, “si el mínimo no fuera suficiente, no sería el mínimo.”; cualquier adolescente que se aficione a la lectura “Chrissy llegaba de clase, agarraba un libro y se ponía a leer. Eso fue hasta que descubrió el alcohol. Lugo llegaba de clase, agarraba un libro y una botella y se ponía a leer y a beber.”; o que incluso podrían estar en un azulejo de bar, o en un cartel inspiracional de oficina moderna, “La belleza se queda en la piel – repuso Dave -. La fealdad llega hasta el hueso.”

Los motivos que me llevaron a escoger Hambre fueron que en la portada aparece un cuadro de Munch, que no el de siempre, y que, para mi desconocimiento, el autor es premio nobel y este mes aun no había cogido ningún nobel. Aclaro esto porque verdaderamente, basada en tema, mas que una novela prometedora pues parece el típico truño sobre un escritor (periodista realmente) que lo pasa muy mal, vamos que básicamente pasa hambre entre trabajo y trabajo.

Solo puedo decir que lo esperable pues se cumple y que si le han dado el premio nobel al autor pues tendrá que ser por otras obras u otro motivo geopolítico porque es un truño y solo he conseguido salvar una frase, de la que incluso tengo dudas: “El inteligente pobre era un observador mucho mas agudo que el inteligente rico.”

Comprar cada novela de Landero, en este caso Coloquio de invierno, es, no digo una obligación moral, pero si una necesidad histórica (ha sido un gran escritor) y de conocimiento personal (es amigo de mi hermano). SI bien, tampoco quiero engañar a nadie y mi aportación de mi compra es irrelevante, el motivo fundamental sigue siendo el primero y siempre espero que cada nueva novela este a la altura de sus grandes textos.

MI sensación sobre esta novela es que responde a la pregunta de ¿Qué hace un novelista cuando no tiene novela que publicar pero que tiene unos cuantos cuentos mas o menos inconexos a los que dar salida, pero no quiere publicar un libro de cuentos? Pues esto: agruparlos bajo una excusa (en este caso personajes que se quedan aislados en una cabaña) y hacerlos pasar por una novela.

Es algo que puede estar bien, con esta misma premisa hay algún libro que está bien o incluso muy bien, pero que puede que no salga tan bien. Básicamente depende de los cuentos, o las historias, de forma independiente y de su relación entre ellas. En este caso, pues he de decir que a mi ni me ha convencido nada. Es vedad que sigue siendo Landero y que por lo tanto puede dejar cosas como ese “no se había parado a pensar que, como todo en la vida, también el pasado hay que ganárselo, disputárselo palmo a palmo al olvido.”, algo que los que estamos ya en fase olvidadiza pues apreciamos.

E incluso deja esta reflexión que podría ser sobre si mismo: “Entonces me ponía  a escribir y daba gusto ver como la pluma corría, volaba sobre el papel, con que sinceridad y convicción, y así durante cuatro, cinco, diez folios, y durante ese tiempo yo era el hombre mas feliz del mundo, feliz como un niño o un enamorado primerizo, hasta que luego iba perdiendo el ímpetu, como un reguero de agua vertida que quiere hacer cauce y ser arroyo, y después rio, y que parece que su furia inicial va a anegar el mundo, pero que enseguida se queda sin fuerza, hace un remansito, se lo bebe la tierra y esa es toda su hazaña. Y lo mismo mi mano…”

Sobre mi última lectura de este mes, Desperdigados por el mundo, la japonesa de este mes, tengo una opinión que solo puedo clasificar de dividida. Por una parte, me ha parecido mala y con una premisa poco, o nada, interesante y si bastante pajillera, pero por otra he marcado un montón de paginas sobre asuntos varios y de lo más variado.

Así, por ejemplo comenta “En el pasado, había mucha gente que consideraba la palabra esquimal despectiva porque estaban convencidos de que significaba «persona que come pescado crudo»” algo que coincide con lo que todo sabemos de que el termino correcto es inuit pero que sorprende que sea ese el motivo penando, por ejemplo, en el Sushi o en la cocina peruana (donde el pescado esta básicamente crudo) pero que resulta aun mas sorprendente cuando a continuación añade que mas tarde parece que le significado era el de “«persona que se ata los cordones de las raquetas de nieve». Dicho así, parece hasta poético.”, algo, lo de poético, que parece excesivo y por otra parte vete a saber si es cierto, lo del significado, digo, y que tipo de persona es la que no se ata los cordones de la raqueta de nieve.

También he de reconocer que me uno a eso de que otra razón para querer ir a noruega es la que proporciona uno de los personajes: “El no inicial de la palabra Noruega, que coincidía exactamente con aquel sentimiento de negación que yo albergaba.”; y ni que decir tiene que suscribo plenamente “si uno esta mal sin motivo, es mejor ir al médico, pero yo tengo un motivo de peso para estarlo.”, que me parece un gran discriminante para tomar este tipo de decisión.

También como curiosidades ahora me corroen estas dudas existenciales sobre dioses: “Los dioses budistas eran más gordos que Jesús, pero debían de pesar menos, porque conseguían sentarse encima de los lotos sin hundirse en el agua del estanque.”; sobre el arte cuando alguien va a ver por primera vez el Mediterráneo y piensa “Era precioso, pero tuve la sensación de que aquel paisaje ya lo había visto alguna vez en algún museo. Me pregunte si los cuadros se creaban primero y los paisajes solo eran meras imitaciones.”, algo que cualquiera puede sentir incluso con NYC; y un poco más lejana pero seguro que con equivalente próximo esa sobre los ultranacionalistas japoneses (en general machistas arrecimos) de los que “yo no entendía que a los ultranacionalistas les gustara tanto una historia en la que una mujer, Amaerasu Omikami, esa la deidad suprema por encima de su hermano Susanno, un fracaso de hombre.” Todas preguntas curiosas ¿no?

Ya digo, una opinión general mala pero que parece que con cosas buenas como esta con la que me gusta, sin motivo, sentirme identificado: “Nunca, desde niño, he perdido ninguna disputa ni he dejado que el asunto llegara a las manos. Controlo a mis oponentes con el lenguaje y los obligo a rendirse antes de que estallen de ira lanzándoles palabras hasta debilitarlos. Nunca he hecho nada porque me lo pidiera un amigo o un profesor, pero tampoco se me da bien decir que no. Así que, cuando me niego a algo, lo hago sin alzara la voz, pero con claridad, cerrando la puerta con calma y con firmeza. La conversación siempre termina cuando yo quiero que termine.”, que obviamente por mucho que todos pensemos eso de nosotros, es una visión falsa en toda su extensión, pero cierta en el añadido final de “Sin embargo, discutir con mi madre era como jugar una partida de ajedrez con los ojos vendados y todas las de perder.”, si cambiamos madre por alguna otra persona.

Pues eso, os imagino a todos de vacaciones de Semana Santa o de lo que sea así que ¡Disfrutad asaltando el castillo! (peor no literalmente).

 

Lecturas

Los Nombres - Florence Knapp

Albión - Anna Hope

Nobles y rebeldes - Jessica Mitford

Resultado final - Don Winslow

Hambre - Knut Hamsum

Coloquio de invierno - Luis Landero

Desperdigados por el mundo - Yoko Tawada