Tras el ciclo informativo de la visita del Papa (de Roma, por aclarar) pues he notado una de esas curiosas casualidades de la vida: el mes pasado yo empezaba mi entrada escribiendo sobre algunas de mis ideas sobre la IA y, al parecer, el Papa acababa de hacer lo mismo y había escrito una encíclica sobre el mismo tema. Igual alguno ha pensado que lo hice por imitar, pero, no, ya digo, simple casualidad.
En cambio, el tema con el que empiezo este mes si que esta
provocado, en gran parte, por una noticia que he visto en la televisión, según
la cual la policía de NYC esta inquieta porque ha detectado grupos de personas
que de madrugada acceden a las alcantarillas para salir al cabo de varias
horas. Tras descartar posibles actos de terrorismo y de otras actividades
delictivas han confirmado que lo que hacen es bajar a cribar la mierda
de las alcantarillas en busca de joyas y cosas que valor que están en las mismas.
Así están las cosas en una de las principales ciudades del mundo, casi peor que
esas imágenes que todos hemos visto de gente rebuscando en los vertederos de
ciudades del tercer mundo para hacerse con un botín de cosas desechadas, de
riquezas inéditas para ellos.
Curiosamente este mes también he acompañado, hecho de guía,
a dos grupos diferentes de técnicos del ayuntamiento de Madrid en sendas
visitas a dos depuradoras de la capital y parte de “mi charla” es contarles la
cantidad de cosas que llegan a las depuradoras y son retenidas en las rejas de
entrada (inevitable recordar una parada en una depuradora – Almansa, creo – que
hice con mi hermano y su cara de estupor y asco viendo las rejas; pero creo que
de eso ya os he hablado) y por supuesto comentarles que se han llegado a encontrar cadáveres (dos que
yo recuerde). Obviamente todos ponían en duda esta afirmación sobre los
cadáveres y se decían unos a otros que estaba exagerando (o mintiendo
directamente), que eso era imposible que como iba a llegar un cadáver por el
saneamiento, que no cabe; que como, por donde, lo iban a meter. Por mucho que
yo les dijera que era verdad y perfectamente posible, claramente la duda
persistía en ellos y no daban crédito a la veracidad de mis palabras. SI bien
no tengo fotografías de los cadáveres llegando, siendo retirados en las rejas
de la depuradora, si he encontrado algo bastante similar (la retirada de un
jabalí) entero en la obra de entrada que os comparto para todos los que sigáis
con dudas sobre esta posibilidad.
Aclarado este asunto, a las lecturas del mes que como he tenido mucho trabajo, contradictoriamente a lo que se podría suponer, han sido muchas, casi las propias de un mes de verano.
Indignidad es la segunda novela que leo de una
escritora albanesa (no habiendo leído ninguna de un escritor albanes, solo por
aclarar. La verdad es que la cogí con bastantes ganas ya que la primera me
había gustado mucho, pero con cierta prevención por aquella de ser
autobiográfica (que como no me harto de decir, yo prefiero la ficción) sobre la
búsqueda del pasado de la abuela de la autora para saber si su abuela había
estado en el bando bueno o en el malo, si había sido espía o colaboracionista,
consultando legajos en distintos archivos desclasificados de Albania. No me ha
parecido buena, se deja leer, pero (ojo spoiler) el final es sumamente
decepcionante ya que la autora descubre que realmente no está leyendo sobre su
abuela, que está leyendo sobre otra albanesa del mismo nombre, algo que resulta
sumamente decepcionante.
Con todo tiene frases buenas frase como esa de “algunas
mujeres llevan un libro como los hombres llevan un reloj, para que la gente vea
que tienen uno”, que, salvo por el matiz de genero ya que esto lo hacen los
hípsters de ambos géneros (o de otros géneros e intermedios entre ambos) pues
suscribo; o esa otra de “la memoria, diría mi abuela como san Agustin, es el
estómago de la mente, almacena las cosas sin consumirlas” en la que me
sorprende tanto la cita al santo como el saber, por mi experiencia personal de
carencia de memoria, que se puede vivir sin este estomago de la mente y que
algunas personas son rumiantes con varios estómagos, de una capacidad
increíble. Además de la cita de san Agustin me ha gustado mucha esa otra, que
la autora atribuye a Shiller (un poeta alemán) de “un animal no puede hacer
mas que librarse del dolor, pero el ser humano puedo decidir sufrir”. Pues
eso, si dos de las mejores citas no son de las autora pues eso quiere decir
algo sobre la novela, creo.
Creo que ya comenté el mes pasado que me compré los Cuentos
completos de Saki, para confirmar que un cuento en concreto no era suyo
(que por lo tanto debe de ser de Dahl como yo recordaba). Mi idea era llevarme
este libro a Piles par ir leyendo de pocos en pocos, como si fuera una especie
de reserva lectora para tener allí, pero lo empecé y, bueno, pues me he leído
los ciento cuarenta y tres cuentos tranquilamente y con mucho gusto lo que,
considerando el peso del libro, pues ya invalida el llevarlo a Piles para nada.
Leer a Saki pues es, en general, salvo algunas excepciones,
un gusto y aunque los hay mejores y peores os dejo una selección de frases que
me parecen excepcionales (hay muchas más, pero si las copio todas probablemente
infrinja varias leyes de derechos de autor) como: cuando hablando de discutir
con una madre constata que “salir perdiendo en una discusión con ella no era
una experiencia nueva. Salir perdiendo en un monologo era una novedad
humillante.”; o cuando habla de las siete vidas de los gatos, apostillando “Es
posible – respondió Tobermory – pero solo un cuerpo que se encargue de
vivirlas”; e incluso ideas brillantes como ese secuestro inverso en
el que “sus secuestradores recibirían una suma inicial y dos mil libras más
al año… Si la familia no cumplía con tales exigencias, la tía Crispina les
seria devuelta de inmediato”, más parecida al pago de una residencia que a
un secuestro.
Aunque ya había leído dos libros del nobel tanzano y ninguno
me había convencido demasiado, están bien y tienen cosas interesantes, pero
poco más, decidí darle otra oportunidad y leer Un largo Camino, y ya con
tres pues puedo decidir tranquilamente borrarlo de mi lista de compras ya que
no me ha convencido especialmente. Es este caso lo más reseñable es la carencia
de algunas notas al pie de página que si no imprescindibles ciertamente
ayudarían a comprender frases como “Se arrodillo para adoptar la postura del
sudjud en la tercera raka’a de la plegaria del Magreb y se le escapó un gemido
al inclinarse hacia delante para tocar el suelo con la frente, subhana
rabiyala’ala.”, que bueno, quedan un poco oscuras sin una nota aclaratoria
para los que desconocemos la nomenclatura.
Las tempestálidas tiene una premisa que promete, en
la que para combatir el Alzheimer de sus pacientes (una enfermedad que
proporciona al entorno del paciente “una tristeza capaz de hundir al
instante la flota británica al completo”) una clínica decide recrear para
cada paciente una especie de zona de recuerdo, recreando la atmosfera de los
años de juventud de cada uno de los pacientes y
al expandirse por la unión europea pues en cada país se elige la época más
brillante de una ciudad para recrear. Si, en España se elige el Madrid de los
ochenta del que dice que “así olía Madrid: a cerveza y orina, y es innegable
que en ese olor había alegría.” (parece que en Budapest existía un bar Kravay
en los ochenta que “había sido testigo del nacimiento del punk patrio”; ya ves
tú, quien se lo iba a esperar, digo, lo de la existencia de punk húngaro en los
ochenta).
También, aunque suene a chiste no descarto la posibilidad de
que, en breve, si sigue la deriva de tonterías, algunas personas lleguen a
platearse algo de este estilo al estudiar la evolución (si es que la estudian):
“Homo… sapiens… Me temo que ya a este nivel el propio nacionalista saltara
como un resorte: ¿Cómo que «homo»? A ver quién es el maricón aquí… ¿Tu por
quien me tomas?”. Ya verás, tiempo al tiempo.
Yo no un gran partidario de las novelas distopicas, solo me
gustan las muy, muy buenas porque creo que tienen que ser muy buenas para no
acabar siendo o una simpleza absurda, una idea muy básica; o de una complejidad
ininteligible con sociedades cruzadas que no acaban de comprenderse. Es decir,
para ser buenas la premisa ha de ser muy buena o dará igual lo bien escrita que
este que resultará mala. En el caso de Bajo el ojo del gran pájaro pues
la premisa es tan compleja que se pierde (al menos yo lo pierdo) el interés
cada pocas páginas y uno no se centra en la historia ya que la relación entre
las varias sociedades o facciones de la misma resulta poco , o nada,
interesante. Una decepción la japonesa de este mes.
Muchos me habréis oído decir que la persistencia en el error
es una virtud que es algo que creo verdad cuando se aplica a las cuestiones de
gustos personales frente a los gustos de la mayoría, es decir para mí se aplica
a no plegarse al gusto mayoritario para encajar con la sociedad o con una idea
de negocio. Es decir, creo que, si uno cree que su bar debe de ser de una forma
determinada, debe mantenerlo así y no cambiarlo cada nada para adaptarse a los
gustos; para mi es mejor tener una identidad fija, que uno puede cambiar según
cambia el mismo, que una identidad
variable por causas ajenas. En ese sentido es bueno persistir en el error.
Es verdad que esto no debe aplicarse a otras cosas como a los escritores que
uno sabe que no le gustan; si tras leer varios libros de un escritor concreto
de los cuales no te ha gustado prácticamente ninguno, pues no deberías seguir
persistiendo en el error de comprar más de ese autor. Y esto es todo lo que
puedo, debo, decir sobre A Oscuras, aparte de hacer propósito de
enmienda para la próxima vez.
Este mes han tocado dos japonesas, siendo la segunda Sanshiro,
que es una novela sobre universitarios a principios del siglo XX en la ciudad
de Tokio que pese a algunas diferencias pues no es una vida tan diferente de la
de los universitarios occidentales centradas en la publicación de sus trabajos
o de sus equivalentes como fanzines, de amoríos imposibles y complejos y por
supuesto de fiestas a la que acuden o a las que no están invitados. Tan poco
diferente es la vida de estos universitarios de hace más de cien años de la
vida actual que ya aparece el concepto de ClickBait en esa importancia que le
dan al título de su artículo frente al contenido del mismo “De cualquier
forma, toma la revisa y léete mi ensayo. El título es buenísimo, ¿no te parece?
Dejará a la gente atónita, eso seguro. ¡Si no les dejas atónitos, no leerán
nada, los malditos!”
Estoy en completo desacuerdo con esta frase de “Los
académicos, dijo, lo miran todo como objeto de estudio, y de esta forma sus
emociones se secan. Pero si miras las cosas con sentimiento, nunca quieres
estudiarlas porque todo se reduce al amor o al odio que sientes por ellas.”;
creo que esta dicotomía entre emociones y conocimiento es completamente falsa y
un gran error que desgraciadamente está cada vez más generalizada llevándonos
hacia la estupidez, creando esa diferencia entre las cosas que amas y de las
que aprendes.
Como nota cultural de Japón no puedo evitar mencionar “El
iki es un ideal estético japones. Se trata de un concepto bastante difícil de
trasladar a un referente occidental. Algo iki es algo simple y a la vez
improvisado, romántico, efímero a la par que original y refinado” que creo
es un ideal estético que podría compartir, aunque el añadido de “el concepto
occidental que mejor se le asemeja es «chic»” pues no dejas de sorprenderme
y de chirriarme.
La luna de Gabriel es una novela curiosa sobre un
escritor de viajes al que las circunstancias convierten en un espía de andar
por casa en la época de la Guerra Fria, poco más que una mula de mensajes
secretos, que curiosamente tiene que recoger los mensajes de un pinto de
surrealista de Cadiz. Aunque yo no soy especialista en uniformes de porteros de
hotel de esa época eso de que “el portero uniformado inclino su tricornio”
se me hace verdaderamente raro ya que es un tipo de sobrero que no veo en un
portero de esa época, ni en ninguna todo sea dicho.
La estructura de la novela mezcla la acción real con las
transcripciones de las sesiones del protagonista con su psicólogo, al que se ha
aficionado ya que en sus propias palabras “«¿A quién no le gusta hablar de
sí mismo durante un ahora?», se dijo. Un ejemplo del atractivo que ejercía el
psicoanálisis: la autocompasión, el egocentrismo, el ensimismamiento”, que
imagino es, para algunos, la verdadera razón de ir a psicólogo, para hablar de
sí mismos, algo que igual el resto de los mortales no agradecemos lo suficiente
(el que hablen de si mismos con otros, digo).
Como a veces se aprende algo nuevo aquí he aprendido el
termino crómlech que nada más leerlo, pese a referirse a algo de madera,
asocié acertadamente a Stonehenge pero que por la diferencia de material tuve
que buscar que era exactamente.
Nocturno de Venecia, una novela sobre un “matrimonio
blanco” de británicos a principios del siglo XX (no, aclaro por si os lo
preguntabais “blanco” no se refiere a que los cónyuges fueran blancos que eso
se da por supuesto en esa época y lugar; sino a un matrimonio que no se consuma
según la red; o en palabras del autor “…
cuando los enlaces, por lo general entre ancianos y muchachas jóvenes, se
negociaban como apéndices de acuerdos financieros entre familias o por altas
razones de Estado, y por eso no había en ellos nada personal”; vamos , un
matrimonio de conveniencia) que viaje a Venecia por supuesto a un palazzo
prestado (ricos, además de blancos que son, sobre todo ella) y que deja una
descripción posiblemente de las más acertadas de la ciudad (digo, sin haber
estado): “… aquel pestilente pueblo encajado en la fétida horcajadura del
Adriatico.”
Os dejo el sabio consejo que le da un personaje a otro “Freddie,
¿no sabes que no deberías decirle jamás a una mujer que se parece a alguien que
no sea ella misma” que es un corolario, tal vez un poco excesivo, del
clásico familiar “nunca le digas a los hermanos que se parecen”.
Este mes uno de los autores que sigo, el de las serie de casos
policiacos con nombre de mes, ha cambiado de personaje dejando al otro protagonista
en junio (si no me equivocó) y con Cielo rojo sobre Glasgow inicia con otra
serie sobre otro policía de Glasgow, esta vez durante la segunda guerra mundial
y los bombardeos nazis. De momento no parece tan buena como la anterior, aunque,
obviamente, es un escritor con oficio y la novela es entretenida, aunque la
parte mas interesante que seria la del complot sobre la llegada de Rudolf Hess
pues se queda un poco en el aire, faltándole pues, no sé, involucrar más a los
que pudieran estar implicados, pero imagino que nadie quiere una querellita por
estas cosas. También se queda un poco corto un posible alegato antibelicista
que solo se insinúa en “Como sucede en todas la guerras – dijo Nickolson, torciendo
el gesto -, la vida de los jóvenes es prescindible, mientras que los viejos se
mantienen en el pode. Siempre ha sido así.- Tomo otro sorbo de la petaca.”;
correcta, pero nada del otro jueves.
He de reconocer que Mil cosas me ha sorprendido,
positivamente añado para que no quede duda. Es la historia de una pareja con un
hijo, en el día previo (igual más de uno) a irse de vacaciones y como poco a
poco se van aturullando con la cantidad de cosas que tienen que hacer y como
unas e le van echando encima de otras hasta acabar en… bueno, sin spoilers que
está bien, es corta, y es una buena idea
que la leáis (no, no es una recomendación que yo no recomiendo libros).
De hecho, en gran medida en la historia esta eso de “A
menudo una enorme bola de nieve empieza por unas palabras o un gesto sin
importancia.”, razón por la que hay que intentar arreglar las cosas lo antes
posible; combinada con la imposibilidad, reforzada por esos menajes de Mr
Wonderful, de ser incapaces de
asumir que “No pasa nada por tirar la toalla. En el fondo, se trata de un
triunfo de la inteligencia, que es testigo de cómo tus esfuerzos por lograr
algo no valen para nada. Está muy bien empeñarse en conseguir algo que se
desea, por supuesto. La ilusión por alcanzarlo ilumina algunas tardes y noches.
Pero ¿hasta qué punto hay que empeñarse en hacer cosas que, a partir de cierto
momento, se vuelven demasiado difíciles?”. No, no pasa nada por ser
objetivos con nuestra propia vida y hay que intentar serlo lo antes posible.
Mención especial merece tanto que cite una lectura del bueno
de los hermanos Murakami (que por cierto no he leído y tengo que buscar) o de
que ejemplifique como se incrementa la estadística de fallecidos por el tabaco:
“Se llamaba Pepe y fumaba cuatro paquetes de Ducados al día. Tampoco usaba
mechero, o solo en el primero. Nunca Tosia. Murió a los setenta y seis años. Lo
atropello una furgoneta cuando se dirigía al estanco a por tabaco” que un resto
de párrafo sin desperdicio sobre su dedicación terminando con su respuesta a
cualquiera que le decía que le da el asco el tabaco: “Ah, como a Hitler”,
que es necesario usar cuidadosamente por aquel principio básico de las
discusiones en el que el primero que cita a los nazis es el que no tiene razón.
Mi última lectura del mes ha sido Cuéntamelo todo que
cogí por aquello de pasar en un pequeño
pueblo de Maine, tranquilo y en el que no pasa nada importante (aunque
exista una investigación de asesinato en el libro no va de eso el libro, siendo
completamente secundario), un pueblo con unos habitantes que como se dice en la
primera página de uno de ellos “… no se conoce a si mismo tanto como supone y
jamás creería que en su vida haya algo digno de ser contado. Pero lo hay, como
nos ocurre a todos.”
Vamos, que pensaba en Russo y similares a la hora de
comprarlo pero que no me h gustado tanto por un parte porque forma parte de una
serie de novelas e incumpliendo el primer mandamiento de cualquier seria, da por supuesto que conoces los personajes
principales por lo que si llegan sin haber leído la anterior pierde mucha
gracia; y por otra parte porque es más una historia de algo que no pasa, el
romance entre dos mitades de sendos matrimonios, que no avanza más allá del
amor platónico y de compañía pese a las ganas de ambos ya que como le dicen a
uno de los dos que debería decidirse cuando confiesa su deseo de llegar a más: “Tendrás
que superarlo. En serio. Hazme caso, yo he pasado por eso, y te conozco. Tu
conciencia no te dejara vivir. Puedes vivir enamorado de ella, aunque sea
difícil, pero, si la tocas, tu mala conciencia no te dejara vivir. Te conozco.”
Tengo mis dudas sobre si este es un buen consejo o el peor de los consejos, en
general me decanto porque es el peor, pero da que pensar así que mientras ¡Divertíos
asaltando el castillo!
Lecturas
Indignidad - Lea Ypi
Cuentos completos - Saki
Un largo Camino - Abdulrazak Gurnah
Las tempestálidas - Gueourgui Gospodínov
Bajo el ojo del gran pájaro - Hiromi Kawakami
A oscuras - Thomas Pynchon
Sanshiro - Natsume Soseki
La luna de Gabriel - William Boyd
Nocturno de Venecia - John Banville
Cielo rojo sobre Glasgow - Alan Parks
Mil cosas - Juan Tallón
Cuéntamelo todo - Elisabeth Strout
























