domingo, 29 de marzo de 2026

Comentario de Textos – Febrero 2026

Hoy voy a empezar con un "desbarre" personal; lo digo por si queréis avanzar hasta los libros y ahorraros el mismo. Avisados estáis.

Como consecuencia de los trabajos que estoy haciendo últimamente tengo que relacionarme con nuevos y diferentes “directores de proyecto” que cada vez, puede que, por cosas de la edad, puede que incluso solo  de mi edad, o por otras causas, me empiezan a resultar más incomprensibles; no, no solo mas incomprensible si no que cada vez me parece que la capacidad técnica, y en algunos casos mental, presenta una alarmante tendencia a la baja., llegando a estar por debajo del mínimo exigible en esta profesión.

Cuando empecé a trabajar todos los “directores de proyecto” que tenía eran gente mayor que yo, a veces significativamente mayor, pero en otros no tanto, e incluso algunos eran de mi edad; ahora pues casi todos son menores, notablemente en algunos casos, que yo. Sin embargo, aunque parezca raro, la mayoría de los proyectos de mis primeros años eran, en cierta medida, mucho más complejos técnicamente que los que hago ahora: si hace unos años hacia depuradoras para poblaciones de mas de cien mil habitantes, ahora básicamente las depuradoras en las que trabajo llegan escasamente a los cinco mil habitantes que, obviamente, son mas sencillas y, además, trabajo en otros temas como saneamientos que realmente son técnicamente “triviales”.

Es decir, no solo es comprensible que el nivel de los directores de proyecto de estos proyectos mucho menos complejos pueda, o deba, ser más bajo, si no que incluso, por la diferencia de edad su experiencia y conocimientos sean memores. Esto es comprensible, cosas de la edad; cosas que unidas al aumento de la mía (edad, experiencia y/o conocimientos) puedan condicionar mi perspectiva de su nivel y sus capacidades, pero… no es esto, o no es solo esto. Para mi el verdadero problema es (ya he hablado otras veces de ello) es que ahora cada vez mas gente sufre el efecto Dunning-Kruger (o yo soy más perceptivo a él) combinado con a) una falta de respeto a las ideas (y trabajo) de los demás y b) un exceso de vanidad que viene a ser lo mismo que el “a”.

El caso es que cada día me veo más exacerbado, angustiado, por las imbecilidades que se les ocurren a mis “directores de proyecto” y por su incapacidad para darse cuenta de que lo que están proponiendo, como la gran idea que solo se les ha ocurrido a ellos, es sencillamente irrealizable o sencillamente estúpida (por no repetir imbécil o demencial) y que otras soluciones (analizadas por otros con anterioridad) son mejores y que no es que no hayan evaluado lo que ahora “se les ha ocurrido” a ellos,, Su creencia es, sencillamente, que todos los demás son “incompetentes” y no, son incapaces de asumir, de pensar, que esas “grandes ideas” suyas ya han sido evaluadas y se han descartado por no ser adecuadas. Esto, tener que volver a evaluar cosas que personas, seguramente más competentes técnicamente que mi “director de proyecto” e incluso probablemente también más que yo, pues empieza a ser un poco una tortura, sobre todo cuando tienes que evaluar cosas que sencillamente “ves” que no son una buena idea, ya que, a veces, “demostrar lo evidente” requiere mucho trabajo inútil.

Es posible que penséis que exagero (cosas de la edad) pero en mis primeros treinta años de ejercicio profesional solo me he sentido “tentado” (de verdad) de mandar a tomar por culo a un “director de proyecto” (cosa que al final hice aunque acabe el trabajo) por considerar que lo que estaba pidiéndome era sencillamente “equivocado” y sin embargo en los pocos meses de este año he estado “tentado” de mandar al mismo sitio a mas de cuatro de los, digamos, ocho “directores” que he tenido y de momento no descarto mandar a mas de uno a donde le corresponde; ventajas de la edad que hace que no necesites tanto el dinero como en otros momentos.

En fin, pues nada que ya me he desahogado, aunque haya dejado sin mencionar que además de en mi trabajo, esta tendencia existe también en el negocio de la noche donde pese a llevar veintisiete años con bares que nos dan de vivir cada vez mas empleados parecen cree que nos ha tocado en una tómbola, que no tenemos ni idea y que ellos, por supuesto lo harían mucho mejor que nosotros, o que cualquiera de nosotros. Pero, no me tiréis de la lengua que luego me acusaran de edadismo; hecha esta reflexión pues me paso a comentar lecturas que estoy en el último fin de semana del mes en curso y no quiero retrasarme en mi cita con mis lectores.

Mi primera lectura del mes fue Los Nombres, que realmente son como tres novelas cortas alternativas que parten de los distintos nombres que un matrimonio le da a su hijo: Gordon el nombre que quería el padre pero que odiaba la madres, Julián el nombra que quería darle la madre, pero inaceptable para el padre ya que no seguía la tradición familiar, o Bear el nombre que elige su hermana. Cada una de las vidas se desarrolla de forma muy diferente, no solo la del hijo, sino la de toda la familia, según el nombre escogido. Es un ejercicio interesante, aunque mi mayor pega al conjunto del libro es los destinos y grados de felicidad que se asocian a cada uno de los nombres, pero no quiero hacer spoilers.

Que el libro este escrito por una chica, una mujer debería escribir, pues le permite escribir cosas como “No quiero un hombre que sea desagradable, pero ¿Cómo confiar en uno amable?” algo con lo que todos los que nos consideramos amables, seguramente sin razón, pensamos cuando vemos las parejas que escogen algunas de nuestras conocidas en lugar de escogernos a nosotros; algo que dicho por un hombre pues parecería, cuando menos, revanchista.

Personalmente, a diferencia de mucha gente, creo que algunas diferencias de carácter pueden hacer que las relaciones funcionen como que uno “…deje los platos para la mañana siguiente, o el campo le resulte claustrofóbico, rodeado de un cielo demasiado grande y un verde infinito” y el otro pues será Kondo y pastoril. No, no digo que todas las diferencias sean viables, hay cosas insalvables, pero no suelen ser este tipo de cosas.

Como cultura, que siempre viene bien refrescar, me ha gustado que citara que la expresión de su padre era “… inicua. Una palabra que se parece mucho a inocua, aunque es justo lo contrario…”, a lo que seguro que alguno dice esa estupidez enervante de “es solo semántica”; O que nos recuerde que so bien Saturno se comió a sus hijos para evitar ser derrocado (algo que todos recordamos) también nos recuerde que “… uno de los hijos de Saturno, Jupiter, escapo. Que la madre de Jupiter protegió al niño, lo mantuvo a salvo. Y que, ya adulto, regreso y cumplió la profecía: el niño derroco a su padre.” (algo que, yo por lo menos, olvido junto con… Ops, el nombre de la madre de Júpiter)

Ya digo, un libro interesante, aunque tampoco ninguna maravilla (aclaro esto ya que el otro día ante la pregunta de si había leído un libro, respondí espera que lo miro, pero al mirar este blog no me quedo clara mi opinión, así que ahora intentare poner una valoración global para recordar).

Pasemos a Albión, siguiente lectura obtenida en mi librería de referencia (si, Méndez en la calle mayor a la que le sigue viniendo bien que la visitéis) de la que si digo que pasa en Gran Bretaña (en la pérfida Albión) pues tampoco estoy haciendo un spoiler ¿no? Se trata de las diferentes visiones que tres hermanos tienen de la finca familiar y del destino al que dedicarla al fallecimiento del patriarca. La hermana mayor quiere convertirla en un refugio natural, renaturalizando la finca; el hermano quiere por una parte desarrollarla para superricos con temas new age; la hermana menor no tiene una idea clara ocupada en sus temas de pareja y a esto se añade otro personaje, un tío/hermano honorifico, que simplemente vie allí y se ocupa de que todo se mantenga bien cuya opinión no parece tener importancia para los herederos.

Como no puede faltar en una novela de clase alta británica pues hay un personaje que no es alcohólico, porque ningún ingles lo es, pero que “Es solo un hombre que se ha medicado a base de alcohol.” (sobremedicado incluso, pareciera, aunque sin llegar a ser un Churchill).

Obviamente al ser una novela familiar no le pueden faltar sabias palabras sobre la familia (que pone en voz de un maestro budista) como “… si alguna vez se te sube el ego a la cabeza y te piensas que estas rozando la iluminación, lo que tienes que hacer es irte a pasar unos días con tu familia.” Nada como la familia para devolverte a la sensatez, a veces.

Como valoración global de la novela creo que el hecho de que ponga una cita que no es del propio libro, ni tampoco especialmente brillante, os dará una idea de que la novia no me ha parecido buena, buena: “Los ricos que no saben usar sus riquezas son de una pobreza incalculable. Porque es pobreza de espíritu.”

El mes anterior tome prestada una de las dos novelas que le regale por navidad a mi hermana Helena y este mes he podido tomar prestada la otra, Nobles y rebeldes, que es la biografía de otra de las hermanas Mitford, en este caso de “la comunista” de la familia.

Al igual que pasa con la anterior (también con la biografía de Parabere) diría que el libro no hace justicia a la vida de los personajes que se retratan que creo que son mas fascinantes de lo recogido en el libro y que un buen escritor le podría haber sacado mucho más jugo, aunque seguramente le habrían tildado de inverosímil, pero me temo que así eran algunas vidas en tiempos muy convulsos.

Esta parece un poco “mas sincera”, mas centrada en la realidad debería decir ya que no considera que su familia, recordemos totalmente aristócrata, fuera pobre y pasaran penurias y tiene varias cosas criticas con su clase social (por algo era la comunista de la familia) como ese : “Las cualidades como la paciencia, la modestia, la resignación y la autodisciplina, el respeto instintivo por la dignidad fundamental de todo ser humano – incluso del enemigo – de que dan muestras tantas veces los negros o los judíos en su lucha por la igualdad, eran algo que en nuestro caso brillaba por su ausencia o solo estaba presente en forma embrionaria,”

También es divertida su evaluación de la preadolescencia con ese: “Una chica de trece años es un caleidoscopio de personalidades distintas, si no, en muchos sentido, un mero producto de su imaginación.”

Incluso es refrescante que tenga alguna frase dudosa para su propio novio al que comparándolo con su hermana (Gorgo, la nazi) escribe: “al igual que a Gorgo, odiar se le daba de maravilla, aunque a diferencia de ellas su veneno iba dirigido a los enemigos de la humanidad, la paz y la libertad.” También me ha encantado descubrir un término que no conocía “jingosimo” que creo que define muy bien algunas políticas actuales pero que no os aclaro para que os informéis vosotros mismo.

Por último como la pareja acaba visitando NYC (exiliados según ellos mismo, pero, exiliados a la manera de aristócratas ingleses de novela, dando “palos” a sus compatriotas, pero incluso trabajando) he de coincidir con su visión de la personalidad de los lugareños de allí: “El rasgo distintivo de esa personalidad parecía ser la chispa de interés momentáneo que provocaba en los neoyorkinos el más trivial de los contactos. Cualquier extraño al que le preguntabas por una dirección y con quien pasabas unos instantes hablando en la calle se implicaba enérgicamente en los problemas ajenos, cuestionando hasta que punto era acertado tu plan y sugiriendo a menudo una vía alternativa.”

Si antes, para valorar una novela he usado una cita que no es del propio libro (aunque aparece en el mismo) para mi siguiente lectura Resultado final me sobra con dos palabras: Winslow y Cuentos. Si queréis mas datos pues… son seis cuentos… varían entre buenos a muy buenos y que dejan frases que firmaría cualquier estudiante cuando lleva notas bajas a casa, “si el mínimo no fuera suficiente, no sería el mínimo.”; cualquier adolescente que se aficione a la lectura “Chrissy llegaba de clase, agarraba un libro y se ponía a leer. Eso fue hasta que descubrió el alcohol. Lugo llegaba de clase, agarraba un libro y una botella y se ponía a leer y a beber.”; o que incluso podrían estar en un azulejo de bar, o en un cartel inspiracional de oficina moderna, “La belleza se queda en la piel – repuso Dave -. La fealdad llega hasta el hueso.”

Los motivos que me llevaron a escoger Hambre fueron que en la portada aparece un cuadro de Munch, que no el de siempre, y que, para mi desconocimiento, el autor es premio nobel y este mes aun no había cogido ningún nobel. Aclaro esto porque verdaderamente, basada en tema, mas que una novela prometedora pues parece el típico truño sobre un escritor (periodista realmente) que lo pasa muy mal, vamos que básicamente pasa hambre entre trabajo y trabajo.

Solo puedo decir que lo esperable pues se cumple y que si le han dado el premio nobel al autor pues tendrá que ser por otras obras u otro motivo geopolítico porque es un truño y solo he conseguido salvar una frase, de la que incluso tengo dudas: “El inteligente pobre era un observador mucho mas agudo que el inteligente rico.”

Comprar cada novela de Landero, en este caso Coloquio de invierno, es, no digo una obligación moral, pero si una necesidad histórica (ha sido un gran escritor) y de conocimiento personal (es amigo de mi hermano). SI bien, tampoco quiero engañar a nadie y mi aportación de mi compra es irrelevante, el motivo fundamental sigue siendo el primero y siempre espero que cada nueva novela este a la altura de sus grandes textos.

MI sensación sobre esta novela es que responde a la pregunta de ¿Qué hace un novelista cuando no tiene novela que publicar pero que tiene unos cuantos cuentos mas o menos inconexos a los que dar salida, pero no quiere publicar un libro de cuentos? Pues esto: agruparlos bajo una excusa (en este caso personajes que se quedan aislados en una cabaña) y hacerlos pasar por una novela.

Es algo que puede estar bien, con esta misma premisa hay algún libro que está bien o incluso muy bien, pero que puede que no salga tan bien. Básicamente depende de los cuentos, o las historias, de forma independiente y de su relación entre ellas. En este caso, pues he de decir que a mi ni me ha convencido nada. Es vedad que sigue siendo Landero y que por lo tanto puede dejar cosas como ese “no se había parado a pensar que, como todo en la vida, también el pasado hay que ganárselo, disputárselo palmo a palmo al olvido.”, algo que los que estamos ya en fase olvidadiza pues apreciamos.

E incluso deja esta reflexión que podría ser sobre si mismo: “Entonces me ponía  a escribir y daba gusto ver como la pluma corría, volaba sobre el papel, con que sinceridad y convicción, y así durante cuatro, cinco, diez folios, y durante ese tiempo yo era el hombre mas feliz del mundo, feliz como un niño o un enamorado primerizo, hasta que luego iba perdiendo el ímpetu, como un reguero de agua vertida que quiere hacer cauce y ser arroyo, y después rio, y que parece que su furia inicial va a anegar el mundo, pero que enseguida se queda sin fuerza, hace un remansito, se lo bebe la tierra y esa es toda su hazaña. Y lo mismo mi mano…”

Sobre mi última lectura de este mes, Desperdigados por el mundo, la japonesa de este mes, tengo una opinión que solo puedo clasificar de dividida. Por una parte, me ha parecido mala y con una premisa poco, o nada, interesante y si bastante pajillera, pero por otra he marcado un montón de paginas sobre asuntos varios y de lo más variado.

Así, por ejemplo comenta “En el pasado, había mucha gente que consideraba la palabra esquimal despectiva porque estaban convencidos de que significaba «persona que come pescado crudo»” algo que coincide con lo que todo sabemos de que el termino correcto es inuit pero que sorprende que sea ese el motivo penando, por ejemplo, en el Sushi o en la cocina peruana (donde el pescado esta básicamente crudo) pero que resulta aun mas sorprendente cuando a continuación añade que mas tarde parece que le significado era el de “«persona que se ata los cordones de las raquetas de nieve». Dicho así, parece hasta poético.”, algo, lo de poético, que parece excesivo y por otra parte vete a saber si es cierto, lo del significado, digo, y que tipo de persona es la que no se ata los cordones de la raqueta de nieve.

También he de reconocer que me uno a eso de que otra razón para querer ir a noruega es la que proporciona uno de los personajes: “El no inicial de la palabra Noruega, que coincidía exactamente con aquel sentimiento de negación que yo albergaba.”; y ni que decir tiene que suscribo plenamente “si uno esta mal sin motivo, es mejor ir al médico, pero yo tengo un motivo de peso para estarlo.”, que me parece un gran discriminante para tomar este tipo de decisión.

También como curiosidades ahora me corroen estas dudas existenciales sobre dioses: “Los dioses budistas eran más gordos que Jesús, pero debían de pesar menos, porque conseguían sentarse encima de los lotos sin hundirse en el agua del estanque.”; sobre el arte cuando alguien va a ver por primera vez el Mediterráneo y piensa “Era precioso, pero tuve la sensación de que aquel paisaje ya lo había visto alguna vez en algún museo. Me pregunte si los cuadros se creaban primero y los paisajes solo eran meras imitaciones.”, algo que cualquiera puede sentir incluso con NYC; y un poco más lejana pero seguro que con equivalente próximo esa sobre los ultranacionalistas japoneses (en general machistas arrecimos) de los que “yo no entendía que a los ultranacionalistas les gustara tanto una historia en la que una mujer, Amaerasu Omikami, esa la deidad suprema por encima de su hermano Susanno, un fracaso de hombre.” Todas preguntas curiosas ¿no?

Ya digo, una opinión general mala pero que parece que con cosas buenas como esta con la que me gusta, sin motivo, sentirme identificado: “Nunca, desde niño, he perdido ninguna disputa ni he dejado que el asunto llegara a las manos. Controlo a mis oponentes con el lenguaje y los obligo a rendirse antes de que estallen de ira lanzándoles palabras hasta debilitarlos. Nunca he hecho nada porque me lo pidiera un amigo o un profesor, pero tampoco se me da bien decir que no. Así que, cuando me niego a algo, lo hago sin alzara la voz, pero con claridad, cerrando la puerta con calma y con firmeza. La conversación siempre termina cuando yo quiero que termine.”, que obviamente por mucho que todos pensemos eso de nosotros, es una visión falsa en toda su extensión, pero cierta en el añadido final de “Sin embargo, discutir con mi madre era como jugar una partida de ajedrez con los ojos vendados y todas las de perder.”, si cambiamos madre por alguna otra persona.

Pues eso, os imagino a todos de vacaciones de Semana Santa o de lo que sea así que ¡Disfrutad asaltando el castillo! (peor no literalmente).

 

Lecturas

Los Nombres - Florence Knapp

Albión - Anna Hope

Nobles y rebeldes - Jessica Mitford

Resultado final - Don Winslow

Hambre - Knut Hamsum

Coloquio de invierno - Luis Landero

Desperdigados por el mundo - Yoko Tawada