domingo, 12 de abril de 2026

Comentario de Textos – Marzo 2026

En fin, pues parece que, de momento, ni se acaba el mundo ni empieza la tercera guerra mundial (aunque las cosas no están nada claras) al menos entre humanos que otra cosa parece ser, según informa el Scientific American, la “guerra civil” que se ha desatado  entre dos facciones de chimpancés en Uganda donde dos bandos que existían pero convivían en armonía – compartían territorio y formaban parejas “mixtas” – hasta junio de 2015 (el artículo precisa que el 24, es decir San Juan),cuando se montó una trifulca entre los dos grupos que ha llevado a que estos se separen en dos territorios definidos. Ahora se dedican a defender sus fronteras y matar a los del otro grupo por razones que no quedan claras pero que pueden deberse a “raza y cultura”, vamos a diferencias con la celebración de la noche de San Juan (o igual esa es solo la excusa)

Si bien, a mí no me parece raro, si me ha hecho acordarme de ese tipo de afirmaciones tipo “el ser humano es la única especia que mata sin motivo” o “el ser humano es la única especie cruel” que algunas personas defienden, con una versión disneyficada del mundo animal,  ignorando a todas las especies que, por ejemplo, se comen a sus crías o abandonan a los débiles a una muerte segura.

En el mismo artículo también se cita otra guerra similar en Tanzania, a mediados de los 70, que casualmente presencia la única primatóloga que todo el mundo conoce (si, la que luego defenderá el mundo de varias hornadas de Aliens, animales cuyo instinto – el de los aliens, digo – pues es poco más que el de sobrevivir y reproducirse, matando o como sea) que en aquel momento achaco este comportamiento, mira tú por donde, a la intervención de los humanos, que les daban de comer bananas, concluyendo que no era su comportamiento “natural” que, ni que decir tiene, para ella era el de ser “buenos” por naturaleza. Pues mira tú que sorpresa.

Pero, en fin, ya esta bien de guerras y diferencias entre especies o facciones de una misma especie, recordemos que hay muchas cosas que nos unen a todos, como este fin de semana ha demostrado el Ayuntamiento de Madrid haciendo su versión de uno de los festivales clásicos de rock-punk-hardcore, el Resurrection Fest  (el Resu que lo llaman los habituales, que casualmente cumple los mismos años que el Wurltizer y que La Sexta; es decir veinte)  pero traducido al castellano, o español, como “Festival de la Resurrección” y mas centrado en canticos católicos que en el rock (aunque igual, o más, hardcore que el original, me temo) pese a que sigan existiendo cosas que nos separan, como que el Resu de su aforo en personas y en este, pues se de en “almas” (me pregunto cuál será la equivalencia entre almas y personas, ¿22 gramos por alma y 75 kg por persona, como en los ascensores? ¿cuentan las mujeres o son cuentas preconciliares? ¿cuentan cómo almas los animales de compañía o están tan avanzados?). Dejémoslo estar y pasemos a las lecturas del mes.

Mi primera lectura de este mes, proveniente de mi librería de referencia de Madrid (si, esa misma, la de siempre: Méndez en la calle mayor), ha sido Las horas secretas, del autor de la serie de novelas sobre el servicio secreto británico caballos lentos que me pareció excelente (por aclarar diré el excelente se aplica a la serie de novelas, no la serie de plataforma, que no está mal pero no es lo mismo). Esta es una historia de espías que básicamente pasa en el Berlín de 1994, que sin estar mal pues tampoco está especialmente bien; se deja leer pero es un poco pesada.

Es verdad que tiene frases brillantes como esa que es aplicable a casi cualquier grupo en el que “Aunque públicamente se repetía el mantra de «todos estamos en el mismo barco», estaba claro que. Al embarcarse, todos sabían que lo primordial era saber a quien ibas a tirar primero por la borda.”; o esa verdad, totalmente de Perogrullo, que parecen no aceptar ciertas políticas (y políticos) públicas de que “el servicio puede tener problemas de presupuestos y recursos, pero esos problemas no se resuelven privatizando y subcontratando a otros. Se resuelven con presupuestos y recursos.”; o incluso esa variación/actualización sobre creer/ gustar de “las coincidencias le gustaban tan poco como los finales felices en las películas. Porque, fuera de la ficción, esos finales resultaban tan fiable como un perfil de Tinder.”

Seguí con La lista de los siete, una novela de terror victoriano escrita por el creador de Twin Peaks (entiendo que con esto se refieren al autor del libro en el que se vaya, olvidando a Linch; pero así es la publicidad), por aclarar algo tan genérico, pues va de un un grupo de conspiradores relacionados con el espiritismo que es investigado por Arthur Conan Doyle, haciendo un cierto paralelismo con sus obras y donde por supuesto hay un emulador del infame Moriarty, otro de un Watson y probablemene otros que, no habiendo leído suficiente de Conan Doyle, yo no reconozco.

Entre ellos un par de hermanos que, siendo un par de delincuentes, básicamente son la fuerza bruta con la que investiga y que, en un momento dado, cuando les preguntan porque se dedican a delinquir lo atribuyen a los escaparates porque “hubo un tiempo en que para saber lo que vendían en una tienda tenias que entrar. Ahora pasas por delante de cualquier establecimiento mediano y toda la mercadería esta expuesta ante tus ojos, y además siempre la mejor. La tentación, eso es. Mirar todos esos escaparates, ver todo ese botín y no poder tenerlo.”

También me parece muy buena  cuando Watson observa el inicio con las drogas de Conan Doyle, y sus dudas sobre si usarlas o no, le dice “Doyle, no diré ni una palabra sobre la decisión que esta a punto de tomar excepto esto: es mucho más fácil resistirse a dar el primer paso en el camino de la ruina que cualquiera de los otros mil que dará después”; ciertamente, a veces es así de fácil y de difícil; mejor parar antes del primer paso; e incluso está bien recordar la coincidencia de pensamiento, de la primera regla inamovible compartida, entre los delincuentes y los inmensamente ricos (en el caso de que no sean los mismos): ”nunca gastes tu propio dinero.”

Con todo la respuesta que me despertó la mayor sonrisa fue la que Doyle cuando le preguntan “¿ha pasado algún tiempo compartiendo sus días con alguna cultura primitiva, doctor.”; que seguramente es la misma que daría casi cualquiera “No, si excluye a los franceses.”

Tras esta lecturas, no a consecuencia de ellas, decidí irme unos días a Piles y como lo decidí prácticamente de un día para otro pues estaba sin lecturas en casa por lo que tuve que visitar una de las nuevas librerías del barrio (que esta lejos de convertirse en una librería de referencia) que me sirve para abastecerme en estas ocasiones en las que no me da tiempo de cruzar la puerta del sol.

Mi respeto por Leonard Cohen como escritor de canciones, o poeta si uno quiere, viene de lejos y creo que tengo (o he tenido) todos sus poemarios editados en castellano por lo que, pese a haber leído una novela/cuento suyo que no me pareció gran cosa, pues me compre El juego favorito, pero sin gran entusiasmo por el recuerdo de mi última lectura de su prosa que creo que ya comenté en su día.

Pues eso, que una vez leída no puedo más que reafirmarme y decir que no es especialmente interesante pese a ser una novela de amistad juvenil que siempre tiene algo de interés, pero en este caso lo único destacable (para mi) ha sido leer “La máquina de discos gemía. El creyó entender la nostalgia de la melodías baratas mejor que nadie. La Wurlitzer era una gran bestia que parpadeaba de dolor. Era la herida de neón de todo el mundo. Un ventrílocuo doliente. Era la clase de mascota que quería la gente. Un eterno oso que achuchar, con sangre eléctrica. Breavman podía permitirse gastar veinticinco centavos. Era gorda, amaba sus cadenas, se atiborraba y estaba dispuesta a enconarse toda la noche”; pero solo por ser de las pocas veces que encuentro el nombre citado.

Coger Los universalistas en una librería a la que todavía no le tengo pillado el truco era un claro riesgo, pero en cierta medida pensé que como la acción se centraba en una rave ilegal pues igual leer esto me convalidaba tener que ver esa película de la que, hasta que ha perdido el Oscar, todo el mundo hablaba maravillas (bueno, nadie que yo conozca, con todo el mundo me refiero solamente a los medios y cosas así).Espero que la convalidación sea valida ya que es una novela bastante pesadilla en la que solo se salvan esa referencia a un libro titulado No mas woke que, curiosa que no extrañamente, no se vendió como esperaba la editorial esperaba pese a su provocativo y popular título, ya que “por lo visto, la gente a la cual no le daba vergüenza colocar No mas woke en su biblioteca en realidad no tenia tal cosa, al menos en su gran mayoría.”; esa otra sobre la utilidad del estudio de la estadísticas que “Ahora valoraba enormemente la incuestionable autoridad que proporcionaba dicha materia, es especial entre los analfabetos numéricos. Formula cualquier afirmación como una ecuación, había descubierto, y puedes darla por comprobada.”, que en si misma demuestra un analfabetismo matemático como lo de “culpar al algoritmo”; y, a una gran distancia ese “¿Por qué me gustaba tanto beber? No soportaba estar borracha. Aunque podría decirse que la sobriedad total todavía era peor. LO que a mi me gustaba era el espacio intermedio. El lugar en que mis ideas eran sagaces, donde todo el mundo se veía un poco borroso y sus habitantes parecían un poco mas lejanos, menos idiotas y grotescos…” que siempre he pensado es el estado ideal, el objetivo real de beber, disfrutar más de todo, a diferencia de la forma de beber solo para estar borracho de, digamos, los ingleses.

Escogidas estas dos, me hice también con La vida de ellas ya que una novela (o varios cuentos juntos) japonesa y escrita por una mujer pues siempre es un valor seguro ya que por lo menos aporta una visión extraña del mundo, o una visión de un mundo extraño en algunos aspectos aunque parecido en otros como esa falsedad tan común de “El profesor les explico que el problema de la literatura escrita por mujeres es que tenia demasiadas ramas y hojas, pues no sabían profundizar hasta llegar a la raíces de un tema.”; o esa otra gran verdad en la que la protagonista de uno de los cuentos que quiere ser escritora reflexiona sobre el matrimonio decidiendo que no quiere casarse porque “Observaba con ojo critico a cuantos matrimonios conocía y dudaba sobre el trato que recibiría por parte de su marido. Solo veía humillaciones que la indignaban. Todas las mujeres casadas cargaban con pesadas cadenas alrededor de la cintura y sus rostros parecían espectros que hubieran perdido la identidad. Algunas se convertían en unas histéricas por los celos y el tedio de sus vidas; otras se pasaban todo el día lavando pañales, tan exhaustas que no tenían ni energías ni para beber un aso de agua; y otras, las más, eran completamente serviles a sus maridos. EL corazón de aquellas mujeres agonizaba aplastado por el peso del esposo y los hijos, con la vitalidad estancada como la corriente de un desagüe obstruido por la suciedad.”; y que, por lo tanto , nunca conseguirá su sueño de ser escritora si se casa. Pese a todo esta diatriba poco después se casa con Nitta que , cual, si fuera argentino, le dice “No te confundas – respondió Nitta - Crees que soy como los demás hombres, ¿verdad? Pero no es así, yo comprendo a las mujeres. jamás he pensado que seas inferior a mí. Stoy convencido de que debes estar en igualdad de condiciones conmigo y respeto tu voluntad de ser independiente. No seremos la típica pareja. Tu serás mi compañera y yo tu amigo. Reconoceré tu libertad y te abriré camino. Darte libertad también me hará libre a mí. No quiero que seas solo una simple ama de casa. Mi ideal de matrimonio incluye respetarte como mujer con un alma propia.”; fácil y obvio seria deciros que el argentino estuvo muy lejos de sus bonitas palabras y que el matrimonio de la escritora protagonista no sale como las promesas preveían, pero si os cuento que este relato , por cierto de 1913, que en su edición final se titula La escritora, en su primera versión se llamaba La prostituta pues igual os da una idea mas cabal de como avanza la historia.

Como en toda obra japonesa, también se aprenden curiosidades, aportadas por los traductores, como que sensei literalmente significa ‘el que ha nacido antes’ y que lo de maestro es solo una generalización o particularización, o las curiosidades de las fiestas tradicionales japonesas como el Obon, en el que “existe la costumbre de hacer un caballo con un pepino y una vaca con una berenjena, ambos con palillos de modo de patas” para que sirvan de medio de transporte a los espíritus de la familia entre el viaje de ida y vuelta del mundo de los muertos, algo que ciertamente puede rivalizar con algunas de nuestras tradiciones.

En este viaje volví a quedarme corto de lecturas por lo que para el tren tuve que buscar una librería de urgencia para tener algo que leer en el tren de vuelta, y en la segunda que encontré (la primera era solo un almacén de una especie de ONG) encontré Tenemos que hablar de Kevin que parece es la novela que ha dado fama a esa autora que últimamente me gusta bastante.

La novela, escrita en forma de cartas a su marido, va sobre los recuerdos, las reflexiones, de una madre sobre la crianza y la educación de su hijo (y de su hija) y las diferencias entre el padre y la madre, tras enterarse de que su hijo ha acabado haciendo una matanza en su instituto. Aunque a la madre el resultado final (la matanza) le sorprende el caso es que durante toda la novela va acumulando incidentes que la llevan a pensar, desde bastante pronto, que su hijo es sencillamente malo y que los métodos educativos actuales, basados en que los niños son autodidactas natos y buenos per se (como los chimpancés) pues no le convencen mucho ya que “… si he de hacer caso a mi experiencia cuando dejas que la gente se las arregle por si sola, aprenden pocas cosas y ninguna buena.”

Si bien tiene este tipo de críticas a lo que algunos definen como “lo woke” me sigue resultando sorprendente que sea reivindicada por la derecha trumpista cuando por ejemplo hablando de la enseñanza religiosa dice cosas como “el hecho de que tanto a mi nos enseñaran cuando éramos niños algo de lo que después nos fue posible distanciarnos tal vez haya sido una ventaja para nosotros, porque sabíamos cómo hubiéramos podido ser, y también que  no quisimos serlo.”, difícilmente puede entenderse como una defensa de la educación religiosa (a la que, todo sea dicho clasifica como “esa sarta de tonterías… no hay muchacho actual que se las trague.”) salvo tal vez a la contra como cuando yo digo (en broma) que si tuviera hijos los educaría fascistamente para que se revelarán contra mí, contra sus padre, digo, ya que es casi seguro que se rebelen por lo menos indicarles una dirección adecuada; o sus opiniones sobre esa  idea católica del sacrificio de su esposo del que dice “Bien es verdad que siempre te encanto la idea de sacrificarte. Por muy admirable que fuera, tu disposición a  dar tu vida por otra persona puede haberse debido, en cierta medida, al hecho de que cuando tu vida estaba completamente en tus manos, no sabias que hacer con ella. Sacrificarse es una manera fácil de escapar.”; sinceramente no acabo de ver cómo encaja esto en la crítica woke.

Como curiosidad os cuento que ella, la protagonista es fundadora/directora de una editorial de guías tipo lonely planet, por lo que hay dos citas a España, ambas algo confusas como cuando le dice a su marido “Toda mi vida he estado forzándome a hacer cosas. Nunca fui a Madrid, Franklin, porque me apeteciera comer una paella…”, algo, venir a Madrid a comer paella, que estadísticamente si seria un sacrificio; o cuando habla de “departamentos universitarios de estudios de conflictos que publican incontables tesis doctorales sobre los terroristas de ETA, que no son más que un centenar.”, que teniendo que escribe las cartas den el 2000 pues no queda claro si son pocos o muchos.

Ya de vuelta en Madrid pues me pase por mi librería de referencia donde, entre otros varios, me compre Donde mueren las bestias, que ciertamente tenia una pinta rara por tratarse de una historia sobre pastores de ovejas en el norte de Inglaterra en 2001 que, se supone, es seminegra. Vamos un poco al estilo del noir agrario de la América profunda, pero mas cerca. En uno de esos sitios, los fells, idílicos en los que todo el mundo se conoce, donde “los habitantes de los fells son simpáticos como el que más. Tan simpáticos que, si ven tu casa en una ladera rocosa, construyen la suya lo bastante lejos como para que tu no los veas a ellos. Muchos kilómetros de nada son los mejores muros.”; un lugar de tradiciones, aunque  para al menos uno de los protagonistas “Soy de los que piensan que la tradición es solo el nombre que le damos a cosas que no hay motivo alguno para hacer.”

La novela es mala, pesada como ella sol y casi tan confusa como este párrafo “En la vida de cualquiera hay una tendencia a la pereza que el cuerpo se empeña en disimular. Dsa igual lo olvidadizo que te hayas vuelto o lo gordo o lo ciego que este: todo el mundo lleva dentro a un tipo flaco que sabe correr. Es perezoso porque sabe que solo le queda una carrera, y se aferra a ella como una abeja a su aguijón.”, que no acabo de entender cual es su idea, si la pereza es consustancial o no, o es algo contra lo que lucha el cuerpo. Ni idea.

Mi siguiente lectura, la compra, surgió a propuesta del nuevo de la librería que una vez que había pagado se acerco con un libro contándome que lo había encargado un actor (¿Pepe Viyulea?) y que le parecía que podía interesarme por el titulo ¿Están vivos los ríos?, algo en lo que no le falta razón ya que casi cualquier referencia hidráulica o hídrica hace que compre sin mirar mucho más.

Un claro defecto de mi carácter. No es solo que el libro sea malo, o que ni siquiera sea un libro sino tres artículos excesivamente largos y totalmente sin interés sobre un tema que tal y como lo trata no tiene ningún interés y no deja de ser una chorrada, ya que no se trata de si los ríos están vivos, si no que trata sobre el derecho jurídico de los ríos en cuanto a persona jurídica y de si al reconocerlos esta entidad jurídica no estamos obligados a protegerlos en incluso a considerar que puede existir el asesinato de un rio.

Ya, ya se que esto es una majadería y que, si bien es verdad que en 2017 en Nueva Zelanda llevaron esto hasta el extremo, reconociendo al rio Whanganui como un “todo vivo indivisible” y “entidad espiritual y física” e incluso reconociéndolo como “persona física” con capacidad para representarse a si mismo ante los tribunales y con derechos; esto se debió no a un aspecto legal sino a un aspecto religioso del pueblo Maori y una de esas concesiones del imperio a los aborígenes. Reconocidos que no dejan de ser, pues eso, aspectos religiosos como (y esto es verdad) que el agua que es usada por, digamos, el ser humano, no puede volver directamente al cauce del rio  si no que primero tiene que pasar por la madre tierra para regenerarse espiritualmente. Todo muy espiritual pero su legislación de aguas lleva mas de un siglo de retraso respecto a la española y sus exigencias de calidad son en muchos casos, cuando menos dudosas, pero eso sí, ahora si un rio quiere acercarse por el tribunal penal de Wellington legalmente puede hacerlo.

El libro pone otros ejemplos de leyes de carácter similar en sitios claramente irrespetuosos con sus ríos como, por ejemplo, la India; o que solo pueden mantener esta teorías en caso de ser pocos en un rio grande, grande como puede ser el de zonas del amazonas.

Como consecuencia de intentar explicar esto el libro cuenta con frases ilegibles in un diccionario y papel y lápiz como “ante un rio, lo mismo que ante un dios, la prehensión estalla en apófansis; la deixis se desmantela. Lo ajeno no será articulado. Estará vivo, pero de una forma que no sabremos decir.” ¿Confusos? Pues esto no es nada, en un momento dado empieza a desbarrar sobre la forma de comunicación del rio: “¿Cómo sería su gramática de la animacidad? Indudablemente, la metáfora sería el núcleo: el ropo transformador que une lo similar con lo diferente. Tendría que ser una gramática de ecotono, de transición ecológica, y de espacio interzonal, rica en transitividad y reciprocidad, siempre temblando en el borde, en la que el fluir y el saber son indisolubles una forma de ser que da y devuelve, que rima y resuena, que se mueve en arcos y curvas, que trabaja con palabras que se prestan sonidos entre sí, que mezcla el agua y la tierra que comparte el clima que cambia unida; un lenguaje líquido, inquieto evanescente.”

Pues eso, claro, claro. Espero que me avisen el día que cualquier rio se presente a reclamar sus derechos en un juzgado o el día que alguien decida reclamarle sus obligaciones y sencillamente acusen al Júcar de asesinato. No es que sea malo, es que es peor, es infumable, ilegible e insensato pero, oye tenía la palabra rio en el título.

Mi ultima lectura del mes ha sido El repartidor de Pekin que es básicamente una biografía laboral de un chino sin profesión que se dedica a realizar trabajos de muy baja, o ninguna cualificación y que cuenta sus experiencias laborales. Según la contraportada pareciera que el protagonista y el escritor que son el mismo son lectores ávidos de escritores como Chejov o Carver, y que por lo tanto habrá referencias interesantes, pero no hay ninguna y las veces que sale el nombre de un autor es solo para citar que lleva el libro de un sitio a otro.

Básicamente es una mierdecilla de libro sin ningún interés, con menos interés que aquel (creo que de Bukowski) en el que hace lo mismo y se dedica a describir los trabajs de mierda que tiene pero aderezándolos con bastantes encuentros sexuales lo que, quieras que no, pues le da un aura de malditismo mas prometedora. En este sencillamente no pasa nada interesante y pese a lo exótico solo tiene un par de cosas curiosas como esa visión de la ciudades europeas y el ciclismo cuando dice, contraria a la visión europea de china, que “shanghai es la que tiene mas cultura ciclista y mayor numero de aficionados, aunque también es vedad que sigue lejos de alcanzar el nivel de las ciudades de Europa y Estados Unidos” como si toda Europa fuera Amsterdam y en Madrid  o chicago se vieran muchos ciclistas urbanos. Increíble.

Pero puestos a comentar cosas increíbles me quedo con la alusión a una máxima taoísta (si esa religión alternativa que abrazan muchos de esos aficionados a la vida en el campo que quieren ser incluso más originales, auténticos, que los simples budistas) que dice “«La naturaleza es un retiro menor, el gran retiro está en la ciudad». El verdadero desapego no se logra huyendo del mundo, sino viviendo en el sin ser esclavo de sus ataduras.”; ¿ que hippies campestres, a que no os lo esperabais?

Claro que para cosas sorprendentes la afirmación de contraportada en la que se señala que “el autor de este libro no es escritor. O no lo era hasta que el relato de su vida encadenando trabajos precarios en las megaciudades de China se convirtió en un fenómeno editorial”, que no queda claro si quiere decir que para ser escritor no basta con escribir si no que hay que ser un fenómeno editorial o que se puede ser autor, pero sin ser escritor. Todo muy confuso, como el mundo estos días. En fin, ¡Divertíos asaltando el castillo!

 

Lecturas

Las horas secretas - Mick Herron

La lista de los siete - Mark Frost

El juego favorito - Leonard Cohen

Los universalistas - Natasha Brown

La vida de ellas - Tamura Toshiko

Tenemos que hablar de Kevin - Lionel Shriver

Donde mueren las bestias - Scott Preston

¿Están vivos los ríos? - Robert MacFarlane

El repartidor de Pekin - Hu Anyan