domingo, 30 de noviembre de 2025

Comentario de textos - Julio 2025

Aquí estamos de nuevo, en el límite temporal para que no aumente, aun mas, el retraso mensual en el repaso de mis lecturas; si consigo acabar esto hoy que es treinta de noviembre me mantendré con un retraso de cinco meses, que es una barbaridad, pero, es lo que es, en fin. Intentaremos mejorar y espero ponerme al día en algún momento; no solo porque me divierte sino así más que nada porque cinco (o seis) meses después de terminar las lecturas pues ya casi no recuerdo nada de lo que he leído salvo, tal vez, la impresión general de cada libro, aunque, a veces, ni eso.

Muchas cosas han pasado desde lo último comentado, junio, que estuve en Aruba, una semana por un trabajo que se está alargando y que además de la oportunidad de visitar el caribe (que, dicho sea de paso, me pareció poco interesante; bonito, pero sin nada interesante salvo la curiosidad de que el idioma allí, en Aruba, es una mezcla español y holandés que ni acaba de entenderse ni de ser incomprensible) pues también me permitió volver a pisar suelo colombiano por la parada en el aeropuerto (aunque técnicamente no puedo decir que haya vuelto a  Colombia, el primer país extranjero en el que viví, ya que no pase el control de aduanas); después viaje a NYC, cumplir los sesenta, visitar Piles (sin utilizar todavía los descuentos propios de mi edad) para darle la llave a un jardinero para que arregle lo que llamamos jardín pero que cada vez tiene un aire más selvático, recibir algunas noticias familiares preocupantes, y alguna de otra cosa sin especial relevancia como estar hasta las narices (u otro órgano) de casi todo el mundo.

Vamos, sin novedades relevantes, así que, hoy sin preámbulo, a por las lecturas de hace ya casi medio año.

La primera de ellas, Tierra de empusas, es la única no comprada en mi librería de referencia debido, como ya comenté de la anterior, a que se me había echado el tiempo encima para irme de viaje y la compré, en parte, porque no tenía claro lo que eran las empusas del título y, en parte por ser de una escritora polaca con un premio Nobel de la que no tenía ni idea ni había leído nada.

Supongo que no debería decir esto, ya que ellos deben de saber más, pero últimamente mis gustos no coinciden con los de la academia sueca y la verdad es que, creo, que los últimos Nobel que he leído no me han interesado especialmente y ni siquiera me han parecido especialmente buenos, simplemente confusos y espesos. Este es el caso de esta novela que si me la he acabado creo que fue tan solo porque el viaje de regreso fue muy largo y era mi única lectura.

La única curiosidad es que estando de acuerdo con que uno de los problemas actuales es el individualismo, incluso que la causa del mismo es de la educación (de que otra cosa iba a ser) pues no puedo coincidir en la forma en la que la adjetiva: “Su padre consideraba que la culpa de todas las desgracias nacionales y de los fracasos educativos la tenía una educación demasiado blanda que comportaba el afeminamiento, la sensiblería y la pasividad, que en nuestros días recibía un nombre muy de moda: «individualismo»; no, no creo que nada de todo eso tenga que  ver, especialmente, con el individualismo que se también se da en machitos, muy machitos sin sensibilidad y con excesiva actividad, siendo incluso mas peligroso este tipo de individualismo (o no, no lo tengo claro).

Ya de vuelta, una vez recuperado del viaje y terminado este truño, pues me acerque a mi librería de referencia (que igual habéis notado que antes no os he dicho cual, por no repetirme, pero que os la repito para que la visitéis: Méndez en la calle mayor) donde, entre otros pues me compre una novela “negra”, para desengrasar de la alta literatura de Nobel, El Filatelista, que tenía el hándicap de pasar en Suiza, lugar poco indicado para una intriga de complicados asesinatos por psicópatas, o de ser verdaderamente “negra”, ya que aunque no dudo de que suiza también tenga sus posibilidades como escenario de novela negra en este caso pues es una simple novela de la investigación de unos asesinatos que no aporta prácticamente nada.

Es verdad que en las primeras páginas habla de “… la sobreabundancia de niños con alto potencial intelectual en las aulas. La normalidad, si es que eso ha existido alguna vez, se había convertido en excepción.”; sobreabundancia que, no hace falta tener un alto potencial intelectual para entenderlo, resulta un oxímoron de esos ya que, si lo normal es tener altas capacidades, estas dejan de ser altas y pasan a ser normales, para explicar a continuación que “Luego, cuando a esas mamas les habían explicado que el diagnóstico implicaba más bien un hándicap para su hijo, se había convertido en una excusa para justificar el fracaso escolar: «Mi hijo es superdotado, se aburre en clase». Treinta años antes, a esos niños se les llamaba zoquetes.”.

El caso es que es mi familia si han existido personas (y personajes) que indudablemente tenían alto potencial intelectual (algunos como mi tipo Pepe Armero, lo desarrollaron; otros, como su hijo Jose Ramiro, pues no tanto, o de una forma que podríamos clasificar de alternativa) pero ninguno de ellos fue diagnosticado salvo, Jose Ramiro, creo, y ahora mi sobrina favorita que aun, debido a su edad, me tiene con la duda de si lo desarrollara o no; yo espero que lo haga, incluso que lo haga de una forma menos alternativa que Jose Ramiro.


Mi siguiente lectura, Buenos días Tristeza, es un clásico del cine y que es poco más que un guion lo que permite leerla de un tirón dejando buenas frases, como “Confundes tipos de inteligencia con edades de la inteligencia.”; frase que como dice a continuación “Me encanto el tono lapidario de su fórmula. Ciertas frases desprenden para mí un aura intelectual, sutil, que me subyuga, por más que no las comprenda del todo.”; vamos lo que ahora son frases para tazas, delantales y cosas por el estilo, frases Mr. Wonderful.

Yo también tengo la duda sobre mí mismo que espero que alguien más comparta, esa de “No sé si su bondad era una forma refinada de su inteligencia o sencillamente de su indiferencia, pero tenía siempre para conmigo la palabra y el gesto adecuados, y si de veras hubiera tenido que sufrir, no habría podido contar con mejor apoyo.”

Por supuesto otras frases a recordar pueden ser “Nos acostumbramos a los defectos de los demás cuando no nos creemos obligados a corregirlos”, o ese “… al casarme con una mujer de su edad, dejaba de pertenecer a esa categoría de hombres sin fecha de nacimiento” que imagino es indiferente de la edad de con quién te casas y es más asociable a que esto pasa con casi cualquier relación a la que te asocien de forma primordial (o eso queremos creer los mayores, mayores de cualquier edad)

Aquí hago un poco de trampa al incluir este Cuarteto de la memoria, que son realmente cuatro novelas, por lo que debo dejar claro este mes solo me leí la primera de las cuatro (El informe Stein) del cuarteto. El hecho de no leer las otras tres en este momento imagino que ya os dará, a poco avispados que seáis, una idea de mi opinión sobre esta primera novela en la que, sencillamente no he visto cada destacable. Afortunadamente las otras tres, sin aportar mucho, pues por lo menos dejan alguna idea, frase, interesante, pero, ya, si eso, para agosto que fue cuando me las terminaría.






Lo mejor de Prohibido morir aquí, creo que es el título; especialmente para una novela sobre personas de la tercera (o cuarta) edad que viven en hoteles y que tienen extrañas relaciones todas muy británicas y, por ello, bastante comedidas. Se deja leer, pero o no aporta nada o yo no recuerdo nada especial ni he marcado nada destacable; correcta y muy inglesa pero poco más.

Tras esta novelita británica tocaba Audición, que tanto por el formato, la editorial y el nombre la autora parecía una novela japonesa, pero… no: la autora es de California y la acción transcurre en Manhattan, uno de los personajes centrales se llama Xavier, así que de japonesa poco. Lo único que realmente tiene de japonesa es la intrigante premisa del libro que parte de algunos comportamientos más orientales que del imperio mundial. Ni bien, ni mal y lo único con lo que me quedo es con esto de “se había convertido en una persona que siempre se sentía en casa, con indiferencia del lugar del mundo en el que se hallase” que es algo que cada vez me pasa más, o igual lo que me pasa en lo contario que en ningún lugar me siento en casa, igual no sé lo que es sentirse en casa. Tengo mis dudas al respecto.

Aunque también clasificada, por la editorial, como novela negra El asesinato de los Aosawa es otra novela de crímenes, pero, para mí, no es novela negra pero esta si es japonesa, tanto la autora como la propia premisa con un asesinato en masa de niños (ni más ni menos que diecisiete; ese si todos a la vez). Se trata de la investigación del asesinato de forma retrospectiva, tras treinta años, que, aunque la sospechosa principal parece clara y no demasiado discutible mantiene la tensión y el interés general sembrando las dudas suficientes.

Como curiosidades pues contiene una extravagante explicación de la calvicie coronaria, sobre la referencia e imágenes de monjes: “Una teoría es que la construcción de la fuerza interior a través de la practica espiritual hace que la energía que circula por el organismo se autorregule y produzca un calor intenso en la parte superior del cuerpo, lo que lleva al desarrollo natural de la calvicie.”, que el mismo que la expone ya añade “sospecho que hay un elemento de oportunismo en esa explicación.”; como la hay en todas las basadas en las energías interiores de este estilo.

También hace referencia a la expresión española de “ha pasado un Angel” para esos silencios que se producen de pronto, que no son tan raros en Japón, por lo que añade que “Los españoles son mucho más habladores que los japoneses, así que imagino que los momentos así serán raros para ellos.”, que es lo que hace que el momento sea especial pareciendo insinuar que en Japón el silencio en las conversaciones pues no es nada excepcional. Vete a saber.

Aunque obviamente no es suya ya que la he leído más veces, en distintas variantes, me sigue gustando eso de “mucha gente puede complicar las cosas sencillas, pero no hay mucha gente capaz de hacer que las ideas complejas sean fáciles de entender.”; que después de haber vuelto a dar un curso a ingenieros del canal donde parece que han entendido algunas ideas que les he explicado pues, mi vanidad, hace que me la quiera aplicar (impropiamente, sin dudas).

Mi última lectura de ese lejano mes de julio fue La fabricación de un crimen, una novela basada en hechos reales (el caso Wallace) ocurridos en México (donde testaferro se dice prestanombres, que es menos insultante y más descriptivo que ese cara de hierro español) que no estoy seguro de saber explicarlo así que para intentarlo os copio lo que el propio autor dice en el último capítulo (no en la contraportada que todos sabemos que no la escribe el autor) y ya, si eso, pues decidís vosotros mismos:

“El caso Wallace desnuda una disputa feroz de nuestra época donde la justicia importa menos que el poder a la hora de descifrar la verdad. Trata de una víctima de secuestro que muy probablemente jamás fue secuestrada, de un muerto que continuo dando testimonio de vida después de su asesinato, de una defensora de derechos humanos que torturo para fabricar culpables, de una banda de criminales inexistente y de una acción de la justicia tremendamente injusta”

MI explicación seria que una madre de la alta sociedad se empeña en que alguien ha secuestrado (incluso asesinado) a su hijo y dedica todas sus fuerzas, contactos e inventiva (llega a poner vallas publicitarias con las fotos de sus sospechosas) a culparlas y que “se haga justicia” (a ser posible que las maten o las condenen a cadena perpetua) cuando, si, al final ni lo habían secuestrado ni asesinado. Una historia verdaderamente alucinante que de ser inventada seria simplemente increíble.

En fin, pues un paso más cerca de ponerme al día; aunque mañana estaré a la misma distancia de conseguirlo que estaba antes de publicar esto. Yo seguiré intentándolo pero vosotros, pues eso, ¡ Divertíos asaltando el castillo!

 

Lecturas

Tierra de empusas - Olga Tokarczuk

El Filatelista - Nicolas Feuz

Buenos días Tristeza - Francoise Sagan

Cuarteto de la memoria - El informe Stein - Jose Carlos Llop

Prohibido morir aquí - Elizabeth Taylor

Audición - Katie Kitamura

El asesinato de los Aosawa - Riku Onda

La fabricación de un crimen - Ricardo Raphael

domingo, 2 de noviembre de 2025

Comentario de textos – Junio 2025

Con un retraso indecente vuelvo a este entretenimiento de comentar mis lecturas. Empiezo ampliando mi record de retraso en escribir aquí, ya estamos a 1 de noviembre y empiezo a intentar comentar mis lecturas de mayo; algo que podría achacar a algunas cifras que he alcanzado ya que este es la primera entrada que escribo desde mi posición de miembro ampliamente susceptible a ser víctima de la discriminación del edadismo, ya tengo los sesenta; el Wurlitzer se acerca a los veinte años (veintiséis desde que montamos el primer bar, algo por lo que nos han dado un premio platino por los primeros veinticinco como empresa), mi peso se ha rebajado hasta cifras que no tenía, probablemente, desde mediados de los años ochenta y que no me sientan especialmente bien (yo diría que ni a mi salud, pero desde luego no a mi carácter) y, no sé, es posible que este trimestre haya batido mi propio record de facturación en mi empresa ya que estoy desbordado de trabajo, que, afortunadamente, gracias a la barba que me había dejado crecer (acabo de quitármela), me empieza a situar en una situación en la que los que me miran (y no me conocen) pues consideran de sabio que es bastante divertida.

Ya digo, podría achacarlo del retraso a cualquiera de estas cifras o una combinación de ellas, pero la verdad es que no lo hare ya que espero que todas ellas sigan aumentando (si, incluso el peso) durante bastante tiempo y espero que esto no aumente los retrasos en mis futuros comentarios.

La verdad es que ahora mismo, con el nivel de retraso que llevo, casi me da miedo empezar estos comentarios debido a que mi lista de lecturas atrasadas, y de frases es tan larga que me he quedado sin mis marcadores favoritos para citas (Book Darts se llaman y molan todo; así que os los recomendaría, si fuera yo de ese tipo de personas) de los que tenía dos cajas de cincuenta, por lo que incluso considerando que haya perdido varios es una cifra de comentarios atrasados que asusta. Pero no solo tengo que empezar porque necesito mis marcadores para recordar lo que he leído (ya llevo un par de libros en los que estoy doblando las esquinas, pero no es lo mismo) sino que ya tengo en cartera para la lectura todas mis compras en NYC a las que se sumaran las compras de mi librería de referencia de Madrid (si, Méndez en la calle mayor) que deberé visitar en breve a ver qué novedades hay.


Así que hoy salvo contaros que, por fin, después de viajar a los estados unidos todos los años (desde el 88, desde el 2001 con Alvaro y Helena y desde el 2015 con Alicia) es la primera vez que la agente de inmigración, tras consultar su ordenador, va y me (nos, que ahora por razones de papeles que no creo necesario contar, pasamos el control juntos) dice “anda, si venís siempre por estas fechas” en lugar de los clásicos “¿motivos del viaje?” y chorradas parecidas destinadas supongo a detectar narcotraficantes o inmigrantes ilegales y simplemente nos deja pasar, pues no voy a contar nada más personal y voy directamente a las lecturas.

Los dos primeros libros los compre en el barrio, sin visitar mi librería de referencia, por darle una oportunidad a una librería nueva que han abierto y que es más bonita que otras cosas (o por lo menos de momento, recién abierta; así que le daré alguna que otra oportunidad) y obviamente el primero lo compre por su título: Monterosso mon amour, en la esperanza de que el citado fuera el escritor que, hace muchos años me descubrió mi hermano (junto con muchos otros) pero obviamente no lo era (se refiere a un pueblo, por si teníais curiosidad, aunque deberíais dedicar vuestra curiosidad al augusto escritor, en calidad y nombre).

El libro pues pasa sin pena ni gloria, ni es bueno ni es malo, pero, aunque yo si sea partidario de ellos también estoy, en parte, de acuerdo con “Carmen odia los Cliffhangers. Considera una forma de sadismo dejar al espectador en suspense al final de un capitulo tras despertar deliberadamente expectativas desmesuradas. No se puede terminar un espectáculo de circo con un redoble de tambores solo porque quieres vendar entradas para la siguiente función. No sería ético.”; no creo que sea lo mismo ya que se trata de vender el siguiente libro solo de seguir leyendo y bien hechos pues son un estilo que a mí me gusta (a veces).

Mi otra compra fue La guerrera que no me tentaba demasiado, pero a la que decidí darle una oportunidad (ya digo, acababan de abrir y no estaban demasiado abastecidas o con demasiado criterio) pese a que la contraportada dijera que es “una mezcla de memorias y mitología” de una niña china que vive en California. Pues eso, que será una mezcla, no digo yo que no, pero poco interesante para mí, salvo tal vez esa parte inclasificable de “Si fuera mía – apuntaba alguien -, le daría una bofetada. Aunque para que perder el tiempo en enseñarle disciplina a una niña… «Criar a una niña es criar a alguien para que se la lleve un desconocido»” que no sabría ni por dónde empezar a comentar.

También me ha sorprendido la pasión de los chinos por el número seis, un número que para nosotros es bastante anodino (aunque tenga sus curiosidades, como ser el producto de los tres primeros números) e incluso como justifican algunos aspectos de su importancia “Seis – añadió- es el número de todo. Eres una mujer de suerte. Seis es el número del universo. Los cuatro puntos cardinales son seis, si les sumas el cenit y el nadir. El fénix tiene seis notas altas y seis notas baja, en el mundo hay seis biomas, seis sentidos, seis virtudes, seis obligaciones, seis tipos de ideograma, seis animales domésticos, seis artes y seis caminos para la metempsicosis. Hace más de dos mil años que seis estados se unieron para derrocar a los Qin. Y, por supuesto, el I Ching está compuesto por hexagramas. Y el Gran Seis, que es China.”; hay, aunque mucho sea ininteligible o dudoso, pues casi nada.

Después de estas dos lecturas me había quedado sin nada que leer y a la vez andaba esperando para ir a la feria del libro a reponer lecturas asi que estaba a punto de rebuscar en la librería cuando Helena me paso Todas las guerras empiezan en verano, libro que creo que no se había comprado y que había llegado a sus manos por ser la autora una conocida de las noches del Morgenstern. En la situación tan precaria en la que me encontraba pues decidí darle una oportunidad a la amiga Diana, y tras esta lectura me he dado cuenta de que debo de mantener siempre un stock de lecturas a mi disposición.

Afortunadamente la lectura me duro hasta mi visita, con mi amiga Maria de la O (otra cosa que tengo muy atrasada es quedar con ella para tomar una palmera de chocolate, pero… estoy en ello) que ya empieza casi a ser una tradición (así soy yo – como casi toda mi familia – si hago una cosa dos o más veces, pues, si me apetece, la convierto en tradición y ya está instaurada para siempre). Maria de la O parece despistada pero es muy ordenada, va a la feria con planificación y lista de deseos e incluso mira el directorio de casetas para ver a donde tiene que dirigir sus pasos (justo todo lo contrario que yo, que voy sin ninguna idea previa y no voy aleatoriamente porque es difícil ir en una línea con más gente recorriendo la misma línea) pues me deje llevar hasta que en una caseta vimos unos libros de la editorial Sajalin y convencidos de que este año no tenía caseta (ya digo, que alguien había mirado) pues me compre La cosecha de Hielo.

En principio no tenía mala pinta el libro situado en navidad en un pueblo de Kansas donde un abogado está a punto de marcharse con el dinero que le ha robado al mafioso de su cliente, pero las cosas se van complicando. Ya digo, prometedor, y no está mal, pero se queda corto en el desarrollo y sobretodo en los personajes y el lenguaje. Correcto, pero nada destacable.

Aunque de momento va en camino todavía no sé si se convertirá en tradición (depende de factores externos) comprar, en la visita a la feria, algún libro (o uno cada uno, es una tradición poco definida todavía) de la editorial Dirty Works. En mi caso este fue Dios nos golpea a todos, que además de tener un título que todos podemos compartir pues no tenia, sobre el papel, mala pinta con un celador de un sanatorio, una campeona de pulsos femenina, bastantes drogas y una potencial huida a Australia. AL igual que el anterior es correcto, pero poco más. Lo mejor de todo es la contraportada donde se inventan frases elogiosas del libro de genere como Shakespeare o Mark Twain. Es una chorrada, pero me hace bastante gracia y aunque ninguno de los libros que he leído de la editorial me ha convencido del todo pues intentare que se cree la tradición.

Obviamente como ya había comprado un libro de Sajalin, convencido de que este año no tenían caseta, pues enseguida encontramos que sí que tenía caseta (estoy seguro que si no hubiera comprado el primero pues no habrían tenido caseta; que así es la vida). Como es una editorial que me gusta pues me compre un par de libros (lo que casi convirtió, para mí, la feria en mono editorial). El primero (que he leído, que compre los dos a la vez, no soy tan rarito como para hacer dos compras en la misma caseta) fue En el Patio, que es una historia de personajes carcelarios en, si, la cárcel, concretamente en San Quintín, escrita, al parecer, por un huésped habitual de este tipo de establecimientos. Realmente he de repetir la opinión de los libros anteriores y pues eso, ni bien ni mal, correcto, pero no excepcional. Solamente destacable su opinión sobre ciertas comidas como “cuando les ofrecían judías verdes, dados de zanahoria, espinacas o ensalada: comida de niño, no comida de hombre, decían; comida de gente con tan poco orgullo que eran capaces de admitir que tenían hambre y no podían satisfacer sus necesidades.”; ya que como todo el mundo sabe la necesidad de comida, es de comida rica, no de cualquier comida y menos de verduras. Hasta ahí podíamos llegar, que los presos también tienes su orgullo (Seguramente, en muchos casos, es por lo que están presos).

Mi otra compra fue Días Sombríos, una novela de gánsteres irlandeses, bueno, de maleantes irlandeses de medio pelo con una pelea entre bandas y varios asesinatos. Este si me ha gustado más, sin llegar a gustarme, gustarme, ya que le falta mucho ritmo, situaciones más memorables o frases que dejen un poco de poso. Demasiado plana dentro de ser correcta. Aun así, añado otro nombre a mi lista de autores a leer retrospectivamente: James Plunkett (del que apunto su novela Strumpet City en mi lista esa que no tengo ni nunca uso; pero apuntado queda y olvidado lo estará en breve; pero si por lo que sea, la veis por algún sitio y os acordáis pues oye, ya me contáis).

Curiosamente para alegría mía, Sajalin compartía caseta con Nórdica, que es una editorial a la que, aunque creo que solo tengo un libro, le tengo mucho cariño porque el libro que tengo (hijas del frio) es una recopilación de cuentos de escritoras nórdicas que me gustó mucho (o eso creo recordar). El caso es que no tenían muchas cosas tentadoras, o nórdicas, por lo que al final acabe comprándome una novela de un clásico americano, Steinbeck (si, el de las uvas de la ira): El Autobús perdido, siguiendo la recomendación de la chica de la caseta (creo recordar, aunque puede que fuera lo contario y que ella me recomendara otro de los que estaban reeditando ¿Quién puede saberlo?). El caso es que la novela no está mal, los personajes son curiosos, así como la descripción de aspectos de los mismos como ese que “Creía en el poder la Virgen como los niños creen en el poder de sus tíos. Era una muñeca, una diosa, un amuleto y una pariente:”; que igual me solo me llama la atención por lo de tío.

En la novela un autobús queda atrapado por una riada y a partir de ahí pues, como siempre, están los que quieren seguir y los que prefieren no hacer nada (como si fuera el típico problema moral del que no tengo ni idea, pero me preocupa, como resuelven los coches autónomos, ya sabéis, ese si tu acción tiene una consecuencia mala; muere una persona; pero tu inacción es peor: mueren dos ¿Qué haces? Lo tienes claro, pero y ¿si una es un niño, pero los dos son ancianos?; o ¿si una es un premio nobel de la paz y los otros dos asesinos?; demasiadas opciones, me parece y demasiada necesidad de información para que haya un consenso moral). EL caso es que en un momento dado habla de ríos, de esos ríos que podrían ser uno cualquiera de Valencia “Es un rio inestable y temperamental, muerto durante una época del año, mortífero en otra.” Que tanto recuerda a ese refrán valenciano de "Plou poc, però per a lo poc que plou, plou prou".

El caso es que como compre tres libros en la caseta pues me regalaron un cuentecito, en una edición nov venal (algo que desconocía lo que era): La pelea en la casa de Hendrix, que no deja de ser un detalle pero que tampoco es especialmente interesante.

Con estas lecturas llegue, sin darme cuenta, hasta la fecha en la que tenía que irme a Aruba (de esta experiencia pues, ya, si eso, os cuento otro día) sin nada que leer y como ya sé que el aeropuerto de Madrid, ni siquiera en horario normal, ofrece nada bueno de comprar en cuanto a lecturas pues me volví a acercar a la nueva librería del barrio para darles esa segunda oportunidad (y por necesidad).

Sigue sin convencerme esta librería, siendo su proximidad su única ventaja, pero aun no su variedad o criterio (que creo que aún no está muy definido o que yo no he pillado). Tanto es así que acabe saliendo con la última de Millás, más convencional no se puede ser, aunque también compre otra, esa de Ese imbécil que va a escribir una novela. He de reconocer que cada vez me parecen más flojillos sus libros, con menos interés en la historia e incluso en la escritura, aunque siempre hay algunas cosas buenas como ese “…pero gran parte de las relaciones sociales se tejen sobre supuestos que no son. Lo que no es ocupa en la existencia de los seres humanos más espacio que lo que es.”

Total, que puede que sea por la lejanía de las lecturas, pero el caso es que nada de lo leído en este mes me ha emocionado especialmente; podría (si tuviera memoria) contaros ya si algo de los meses pasados lo ha hecho, pero, como no tengo y para no hacer spoilers, pues solo os digo divertíos asaltando el castillo.

 

Lecturas

Monterosso mon amour - Iljia Leonard Pfeiffer

La guerrera - Kingston Maxine Hong

Todas las guerras empiezan en verano - Diana Aller

La cosecha de hielo - Scott Phillips

Dios nos golpea a todos - Poe Ballantine

En el patio - Malcolm Braly

La pelea en casa de Hendrix - George Milburn

Días Sombríos - Gene Kerrigan

El autobús perdido - John Steinbeck

Ese imbécil va a escribir una novela - Juan José Millas