Aquí estamos de nuevo, en el límite temporal para que no aumente, aun mas, el retraso mensual en el repaso de mis lecturas; si consigo acabar esto hoy que es treinta de noviembre me mantendré con un retraso de cinco meses, que es una barbaridad, pero, es lo que es, en fin. Intentaremos mejorar y espero ponerme al día en algún momento; no solo porque me divierte sino así más que nada porque cinco (o seis) meses después de terminar las lecturas pues ya casi no recuerdo nada de lo que he leído salvo, tal vez, la impresión general de cada libro, aunque, a veces, ni eso.
Muchas cosas han pasado desde lo último comentado, junio,
que estuve en Aruba, una semana por un trabajo que se está alargando y que además
de la oportunidad de visitar el caribe (que, dicho sea de paso, me pareció poco
interesante; bonito, pero sin nada interesante salvo la curiosidad de que el
idioma allí, en Aruba, es una mezcla español y holandés que ni acaba de entenderse
ni de ser incomprensible) pues también me permitió volver a pisar suelo
colombiano por la parada en el aeropuerto (aunque técnicamente no puedo decir
que haya vuelto a Colombia, el primer país
extranjero en el que viví, ya que no pase el control de aduanas); después viaje
a NYC, cumplir los sesenta, visitar Piles (sin utilizar todavía los descuentos
propios de mi edad) para darle la llave a un jardinero para que arregle lo que
llamamos jardín pero que cada vez tiene un aire más selvático, recibir algunas
noticias familiares preocupantes, y alguna de otra cosa sin especial relevancia
como estar hasta las narices (u otro órgano) de casi todo el mundo.
Vamos, sin novedades relevantes, así que, hoy sin preámbulo,
a por las lecturas de hace ya casi medio año.
La primera de ellas, Tierra
de empusas, es la única no comprada en mi librería de referencia debido,
como ya comenté de la anterior, a que se me había echado el tiempo encima para
irme de viaje y la compré, en parte, porque no tenía claro lo que eran las empusas del título y, en parte por ser
de una escritora polaca con un premio Nobel de la que no tenía ni idea ni había
leído nada.
Supongo que no debería decir esto, ya que ellos deben de saber
más, pero últimamente mis gustos no coinciden con los de la academia sueca y la
verdad es que, creo, que los últimos Nobel que he leído no me han interesado
especialmente y ni siquiera me han parecido especialmente buenos, simplemente
confusos y espesos. Este es el caso de esta novela que si me la he acabado creo
que fue tan solo porque el viaje de regreso fue muy largo y era mi única lectura.
La única curiosidad es que estando de acuerdo con que uno de
los problemas actuales es el individualismo, incluso que la causa del mismo es
de la educación (de que otra cosa iba a ser) pues no puedo coincidir en la
forma en la que la adjetiva: “Su padre
consideraba que la culpa de todas las desgracias nacionales y de los fracasos
educativos la tenía una educación demasiado blanda que comportaba el afeminamiento,
la sensiblería y la pasividad, que en nuestros días recibía un nombre muy de
moda: «individualismo»; no, no
creo que nada de todo eso tenga que ver,
especialmente, con el individualismo que se también se da en machitos, muy
machitos sin sensibilidad y con excesiva actividad, siendo incluso mas
peligroso este tipo de individualismo (o no, no lo tengo claro).
Ya de vuelta, una vez recuperado del viaje y terminado este
truño, pues me acerque a mi librería de referencia (que igual habéis notado que
antes no os he dicho cual, por no repetirme, pero que os la repito para que la visitéis:
Méndez en la calle mayor) donde, entre otros pues me compre una novela “negra”,
para desengrasar de la alta literatura
de Nobel, El Filatelista, que tenía
el hándicap de pasar en Suiza, lugar poco indicado para una intriga de
complicados asesinatos por psicópatas, o de ser verdaderamente “negra”, ya que
aunque no dudo de que suiza también tenga sus posibilidades como escenario de
novela negra en este caso pues es una simple novela de la investigación de unos
asesinatos que no aporta prácticamente nada.
Es verdad que en las primeras páginas habla de “… la sobreabundancia de niños con alto
potencial intelectual en las aulas. La normalidad, si es que eso ha existido
alguna vez, se había convertido en excepción.”; sobreabundancia que, no
hace falta tener un alto potencial intelectual para entenderlo, resulta un oxímoron
de esos ya que, si lo normal es tener altas capacidades, estas dejan de ser
altas y pasan a ser normales, para explicar a continuación que “Luego, cuando a esas mamas les habían explicado
que el diagnóstico implicaba más bien un hándicap para su hijo, se había convertido
en una excusa para justificar el fracaso escolar: «Mi
hijo es superdotado, se aburre en clase». Treinta años antes, a esos niños se
les llamaba zoquetes.”.
El caso es que es mi familia si han existido personas (y
personajes) que indudablemente tenían alto potencial intelectual (algunos como mi
tipo Pepe Armero, lo desarrollaron; otros, como su hijo Jose Ramiro, pues no
tanto, o de una forma que podríamos clasificar de alternativa) pero ninguno de
ellos fue diagnosticado salvo, Jose Ramiro, creo, y ahora mi sobrina favorita
que aun, debido a su edad, me tiene con la duda de si lo desarrollara o no; yo
espero que lo haga, incluso que lo haga de una forma menos alternativa que Jose
Ramiro.

Mi siguiente lectura, Buenos
días Tristeza, es un clásico del cine y que es poco más que un guion lo que
permite leerla de un tirón dejando buenas frases, como “Confundes tipos de inteligencia con edades de la inteligencia.”;
frase que como dice a continuación “Me
encanto el tono lapidario de su fórmula. Ciertas frases desprenden para mí un
aura intelectual, sutil, que me subyuga, por más que no las comprenda del todo.”;
vamos lo que ahora son frases para tazas, delantales y cosas por el estilo,
frases Mr. Wonderful.
Yo también tengo la duda sobre mí mismo que espero que
alguien más comparta, esa de “No sé si su
bondad era una forma refinada de su inteligencia o sencillamente de su
indiferencia, pero tenía siempre para conmigo la palabra y el gesto adecuados,
y si de veras hubiera tenido que sufrir, no habría podido contar con mejor apoyo.”
Por supuesto otras frases a recordar pueden ser “Nos acostumbramos a los defectos de los demás
cuando no nos creemos obligados a corregirlos”, o ese “… al casarme con una mujer de su edad, dejaba de pertenecer a esa categoría
de hombres sin fecha de nacimiento” que imagino es indiferente de la edad
de con quién te casas y es más asociable a que esto pasa con casi cualquier relación
a la que te asocien de forma primordial (o eso queremos creer los mayores,
mayores de cualquier edad)
Aquí hago un poco de trampa al incluir este Cuarteto de la memoria, que son realmente
cuatro novelas, por lo que debo dejar claro este mes solo me leí la primera de
las cuatro (El informe Stein) del cuarteto. El hecho de no leer las otras tres
en este momento imagino que ya os dará, a poco avispados que seáis, una idea de
mi opinión sobre esta primera novela en la que, sencillamente no he visto cada
destacable. Afortunadamente las otras tres, sin aportar mucho, pues por lo
menos dejan alguna idea, frase, interesante, pero, ya, si eso, para agosto que
fue cuando me las terminaría.
Lo mejor de Prohibido
morir aquí, creo que es el título; especialmente para una novela sobre
personas de la tercera (o cuarta) edad que viven en hoteles y que tienen
extrañas relaciones todas muy británicas y, por ello, bastante comedidas. Se
deja leer, pero o no aporta nada o yo no recuerdo nada especial ni he marcado
nada destacable; correcta y muy inglesa pero poco más.
Tras esta novelita británica tocaba Audición, que tanto por el formato, la editorial y el nombre la
autora parecía una novela japonesa, pero… no: la autora es de California y la acción
transcurre en Manhattan, uno de los personajes centrales se llama Xavier, así
que de japonesa poco. Lo único que realmente tiene de japonesa es la intrigante
premisa del libro que parte de algunos comportamientos más orientales que del
imperio mundial. Ni bien, ni mal y lo único con lo que me quedo es con esto de “se había convertido en una persona que siempre
se sentía en casa, con indiferencia del lugar del mundo en el que se hallase”
que es algo que cada vez me pasa más, o igual lo que me pasa en lo contario que
en ningún lugar me siento en casa, igual no sé lo que es sentirse en casa.
Tengo mis dudas al respecto.
Aunque también clasificada, por la editorial, como novela
negra El asesinato de los Aosawa es
otra novela de crímenes, pero, para mí, no es novela negra pero esta si es
japonesa, tanto la autora como la propia premisa con un asesinato en masa de
niños (ni más ni menos que diecisiete; ese si todos a la vez). Se trata de la investigación
del asesinato de forma retrospectiva, tras treinta años, que, aunque la sospechosa
principal parece clara y no demasiado discutible mantiene la tensión y el interés
general sembrando las dudas suficientes.
Como curiosidades pues contiene una extravagante explicación
de la calvicie coronaria, sobre la referencia e imágenes de monjes: “Una teoría es que la construcción de la
fuerza interior a través de la practica espiritual hace que la energía que
circula por el organismo se autorregule y produzca un calor intenso en la parte
superior del cuerpo, lo que lleva al desarrollo natural de la calvicie.”,
que el mismo que la expone ya añade “sospecho
que hay un elemento de oportunismo en esa explicación.”; como la hay en
todas las basadas en las energías interiores de este estilo.
También hace referencia a la expresión española de “ha
pasado un Angel” para esos silencios que se producen de pronto, que no son tan
raros en Japón, por lo que añade que “Los
españoles son mucho más habladores que los japoneses, así que imagino que los
momentos así serán raros para ellos.”, que es lo que hace que el momento
sea especial pareciendo insinuar que en Japón el silencio en las conversaciones
pues no es nada excepcional. Vete a saber.
Aunque obviamente no es suya ya que la he leído más veces,
en distintas variantes, me sigue gustando eso de “mucha gente puede complicar
las cosas sencillas, pero no hay mucha gente capaz de hacer que las ideas
complejas sean fáciles de entender.”; que después de haber vuelto a dar un
curso a ingenieros del canal donde parece que han entendido algunas ideas que
les he explicado pues, mi vanidad, hace que me la quiera aplicar
(impropiamente, sin dudas).
Mi última lectura de ese lejano mes de julio fue La fabricación de un crimen, una novela
basada en hechos reales (el caso Wallace) ocurridos en México (donde testaferro
se dice prestanombres, que es menos
insultante y más descriptivo que ese cara de hierro español) que no estoy
seguro de saber explicarlo así que para intentarlo os copio lo que el propio
autor dice en el último capítulo (no en la contraportada que todos sabemos que
no la escribe el autor) y ya, si eso, pues decidís vosotros mismos:
“El caso Wallace desnuda una disputa feroz de nuestra época donde
la justicia importa menos que el poder a la hora de descifrar la verdad. Trata
de una víctima de secuestro que muy probablemente jamás fue secuestrada, de un
muerto que continuo dando testimonio de vida después de su asesinato, de una
defensora de derechos humanos que torturo para fabricar culpables, de una banda
de criminales inexistente y de una acción de la justicia tremendamente injusta”
MI explicación seria que una madre de la alta sociedad se
empeña en que alguien ha secuestrado (incluso asesinado) a su hijo y dedica
todas sus fuerzas, contactos e inventiva (llega a poner vallas publicitarias
con las fotos de sus sospechosas) a culparlas y que “se haga justicia” (a ser
posible que las maten o las condenen a cadena perpetua) cuando, si, al final ni
lo habían secuestrado ni asesinado. Una historia verdaderamente alucinante que
de ser inventada seria simplemente increíble.
En fin, pues un paso más cerca de ponerme al día; aunque mañana
estaré a la misma distancia de conseguirlo que estaba antes de publicar esto.
Yo seguiré intentándolo pero vosotros, pues eso, ¡ Divertíos asaltando el
castillo!
Lecturas
Tierra de empusas - Olga Tokarczuk
El Filatelista - Nicolas Feuz
Buenos días Tristeza - Francoise Sagan
Cuarteto de la memoria - El informe Stein - Jose Carlos Llop
Prohibido morir aquí - Elizabeth Taylor
Audición - Katie Kitamura
El asesinato de los Aosawa - Riku Onda
La fabricación de un crimen - Ricardo Raphael
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