Como ya supondréis mi objetivo ahora es ponerme al día de las lecturas antes de que acabe el año, y siendo ya diciembre y yendo yo solo por agosto pues, la cosa se complica. Así que esta esta vez pues no habrá introducción comentando mis inquietudes o chorradas (que si me paro a pensar seguro que hay bastantes cosas que comentar, que el mundo está cada día más extraño, o al menos a mí me lo parece); así, que hoy directamente a las lecturas que, por aquello de ser el mes de agosto, no son pocas (aunque como he ido poco a Piles este año pues tampoco son tantas) pero afortunadamente para la longitud de esta entrada (desgraciadamente para mi) pues han sido bastante mediocres y con pocas cosas reseñables.
Mi primera lectura fue Posesión, que es una de esas novelas
que gustan a los miembros de los gremios asociados a la literatura (de hecho,
fue ganadora del premio Booker) ya
que van sobre sus obsesiones con otros escritores y con “desentrañar” sus vidas
a través de sus papeles; en este caso unas cartas inéditas de un escritor
victoriano (imaginario) que aparecen de pronto y que “cambiaran la percepción”
que se tiene sobre el mismo en todo el mundo. Si bien suelen gustar mucho en
“el gremio”, la verdad es que es difícil que nos gusten a los demás tanto (hay
excepciones, aunque ahora no se me ocurre ninguna), y yo, pues he de reconocer
que no me ha convencido especialmente.
Con todo si me ha gustado esa reflexión sobre “Es curioso, ahora que lo pienso, que en el
ajedrez la mujer sea la que puede dar grandes carreras y andar libremente en
todas direcciones, mientras que en la vida es justo del revés”, hecho al
que siendo consciente nunca me había planteado exactamente así (si había
pensado que el rey era una de las piezas más inútiles, en movimientos, de todas
las que hay, pero lo de la reina pues no me lo había planteado); o esa otra de “¿conoces la teoría de que la historia
clásica de detectives surge con la novela clásica del adulterio, porque todo el
mundo quiere saber quién es el padre, cual es el origen, cual es el secreto”,
con la que sin tener claro la existencia de ese género (novela clásica de
adulterio) salvo precisamente Madame Bovary
donde no hay ninguna intriga (que yo recuerde) creo que no estoy de acuerdo
pero, que sabré yo de estas cosas.
Nuestros días serán
infinitos, pues tenía una premisa más interesante en la que un padre
secuestra a su hija y se la lleva a vivir al sótano de una casa que ha
convertido en un refugio nuclear donde la convence de que todo ha sido destruido
y solo quedan ellos dos en todo el mundo. Un día ella tiene un encuentro con “otras botas” que no son las de su padre
y finalmente consigue escapar. No es un mal planteamiento para una novela
(tampoco especialmente original ya que hay muchas películas que van más o menos
de esto mismo; gente que vive engañada sobre el fin del mundo) que puede dar
lugar a reflexiones interesantes sobre el control e incluso sobre la normalidad
del control en la infancia. Lamentablemente se me “ha quedado corta”, con poco interés quiero decir y no veo nada
destacable o destacado.
Curiosamente cogí Humus
con bastante reticencia ya que una novela sobre dos estudiantes de agronomía
que toman caminos opuestos, uno que decide volver a explotar los terrenos
familiares que habían sido abandonados porque el uso de pesticidas los había
arruinado y otro que monta una start-up
para el uso de gusanos para la regeneración de la tierra (por supuesto mediante
selección genética, inteligencia artificial y otras cosas de ese estilo y moda)
pues eso, tenía un riesgo elevad de ser demasiado tópica.
Por eso me ha sorprendido muy favorablemente con su tono
general, algunas descripciones como “la
reproducción de la lombriz de tierra es sexo gay seguido de reproducción
asistida entre chicas”, que puede ser cierta o no, que yo sobre este tema
poco, digno mejor nada, sé; o algunas frases como “Arthur disertaba así acerca
de los males que acarrea la abundancia con esa falsa desesperación de los
veinte años, cuando uno puede pasárselo bien no creyendo en nada porque aún
cree en sí mismo.” (obviando la imposibilidad lógica de no creer en nada si uno
cree en uno). Vamos que, en general, me ha gustado bastante
Como el mercado editorial sigue publicando japoneses pues yo
sigo comprándolos y mi japonés de este mes ha sido Susaki Paradise, una novela (o seis historias con un punto común)
publicada poco después del fin de la segunda guerra mundial relacionadas con la
prostitución en Japón. Concretamente las historias pasan en una taberna a las
afueras del barrio de las prostitutas donde se van cruzando estas historias de
las que entran, las que salen las que permanecen. Es curioso, aunque como había
leído hace poco otro sobre, más o menos, el mismo tema pues nada me ha
sorprendido esta vez especialmente (ya me sorprendieron algunas
particularidades en la lectura anterior).
Leer a autores sudamericanos siempre tiene el problema, o la
diversión, del lenguaje particular de cada país, así que cuando en La muerte ajena, al poco de empezarla,
uno se encuentra con ese “Veronica lleno
la bañadera. ¿Bañadera o bañera?” uno no puede más que volver a preguntarse
¿Qué tipo de duda es esa? ¿en qué país se platea un hablante nativo este tipo
de duda? Bueno, pues, en este caso, es en Argentina, aunque no descarto que la
duda le surja precisamente por el habla de otro país de habla hispana (aprox.).
Aparte de estas curiosidades lingüísticas la historia, la investigación por
parte de una periodista de la típica muerte de la que se duda si es asesinato o
suicidio pues no parta mucho, salvo el hecho de que la periodista se plantea la
duda porque la muerta, aunque nadie lo sepa, es su hermana (de distinto padre,
razón por la que no nadie las vincula). Por lo demás pues poco que comentar, ni
buena ni mala.
Mi última compra en mi librería de referencia (si, Méndez en
la calle mayor de Madrid; nunca está de más repetirlo para aportar un poco de
publicidad) antes de que cerraran por el verano (recordar que pese al fría
actual estas son las lecturas de agosto) fue El Jacarandá y creo que solo la compre porque me parecía raro el
uso de “el” (por mucho que se trate
de un árbol, para mi es “la”, no me preguntéis porque) ya que el tema un
exiliado ruandés, bueno de segunda generación, en Francia decide investigar sus
orígenes pues, prometer, no prometía
mucho pero, bueno, también estaba el tema de las vacaciones (de la librería, no
las mías) y la necesidad de acopio. Pues eso, sin especial interés para mí y la
verdad es que no he conseguido conectar con los problemas de identidad del
personaje. Seguramente el autor tenga su público, pero yo no estoy en ese
grupo.
Efectivamente, como era previsible, había comprado pocos
libros para el verano así que terminadas mis compras tuve que volver a El cuarteto de la memoria, de la que
todavía me quedaban tres novelas por leer de ese cuartero. Es verdad que estas tres me han gustado algo
más que la primera (que no me convenció en lo más mínimo) y me gusta ese
concepto de “… la estirpe de los viajeros
inmóviles, que ambos sabíamos que la vida era un viaje a ninguna parte sin
moverse de ningún sitio” (que casi seguro que no es suya ya que me suena
haberla oído antes).
Cuando lees varias novelas el mismo autor siempre encuentras
cosas/ideas que “se repiten” aunque formuladas de maneras iguales o un poco
diferentes. En este caso es el concepto de “La
vida también es generosa. La gente se olvida de lo generosa que es la vida.
Todos piensan en lo que pudo haber sido y no fue, pocas veces en lo que fue sin
que uno mereciera que lo fuera” idea que, al menos a mí, me parece muy
similar a esa otra de “… alejándose día a
día de la vida que hubiera podido tener y no quiso, o no pudo, o no lo dejaron.
O simplemente, no supo, que es lo que nos acaba ocurriendo a todos.” Yo
creo que son dos caras de la misma moneda, las excusas sobre el control de
nuestras decisiones y de su influencia. Peor, que sabré yo.
He de decir que no me he leído las tres novelas seguidas,
eso sería un excesivamente suicida, sino que las combine con la lectura
(relectura, que uno es un cultureta) de cuentos
de K. Dick que siempre da gusto volver a descubrir (redescubrir, debería
haber escrito). ¿tengo que contaros algo de K. Dick? No lo creo, me niego a
creer que tenga que deciros algo sobre él, aparte de lo evidente: “K. Dick es
un genio”. No un genio de la ciencia ficción sino de la normalidad, y lo único
que hace es cambiar alguna cosa de la normalidad para que todo pase al terreno
de la ciencia ficción, en lugar de mantenerse en el realismo, pero si uno quita
este elemento todas las historias son de relaciones normales (o anormales pero
realistas). K Dick es una lectura obligatoria, casi todo diría, pero es verdad
que escribía muchos cuentos (es de una época en la que para sobrevivir como
escritor uno tenía que escribir muchos cuentos para publicar en las revistas) y
que los hay mejores y peores, pero básicamente todos buenos.
Podía haber seguido leyendo cuentos de K Dick, creo que
tengo (o he tenido) además de casi todas sus novelas, los cuatro de los cinco
tomos que edito minotauro (no sé porque no tengo el quinto; cosas que pasan)
pero hice otra visita a mi librería de referencia que, aunque solo había estado
dos semanas de vacaciones no había podido visitar ya que cruzar la puerta del
sol en agosto es casi tan suicida (por otros motivos) como hacerlo ahora, casi
en víspera de navidad. Eso si, añado también que esta no es la portada de mi edición, mi edición tiene una portada mucho mas discreta.,
Confesare que desconocía que la famosa película de El Buscavidas (si, la de Eddie Felson «el
rápido»: si, la de Paul Newman;
todos sabéis cual y si no lo sabéis pues ya tenéis tarea) era una novela así
que me lleve una alegría al descubrirlo, comprarla y leerla. Es verdad que es difícil
valorar el libro cuando uno tiene una idea tan clara de la película, que es razonablemente
fiel al libro, pero como en todos los libros buenos pues siempre hay cosas que
no llegan al libro como esa explicación de porqué el gordo de Minnesota no
acepta partidas con grandes jugadores ya que “en las partidas entre jugadores profesionales de primer nivel, siempre
había algo en juego más allá del dinero, algo que no se reconocía fácilmente y
con lo que tampoco resultaba fácil negociar. Se dice que cuando una ballena
lucha contra otra nunca es por hambre. Y tiene todo el sentido del mundo,
porque el mar está lleno de peces más pequeños.”
Tampoco esta tan claro en la película (o yo no lo recuerdo)
los graves problemas de Eddie con el alcohol y como al final encuentra la misma
sensación que le daba el alcohol: “Se
trataba de una suerte de nirvana, como la que se siente tras un largo trago de
whisky por la mañana, antes de comer. Sin embargo, a diferencia del alcohol,
esa sensación no presagiaba un camino de sordidez y malestar, sino más bien un
tranquilo placer que, al día siguiente, se vería incrementado por algo mejor,
aunque de una naturaleza totalmente distintas. Había goce y vida a su alrededor
y le habían llegado de forma inesperada, después de ducharse y mientras
compraba ropa cara a la hora de la cena.” Algo que, así sacado de contexto,
puede considerarse una apología de otro vicio (el de comprar cosas caras) pero
que no es idea, no es la compra lo que le da esa sensación, sino el control de
su vida.
La última lectura de este mes está un poco fuera de carácter
(de mi carácter, digo) ya que se trata de Presentes
que, si, va sobre, digamos, la guerra civil española. Concretamente sigue, a
través de varios personajes, el traslado del cadáver de Jose Antonio desde
Alicante hasta el Valle de los caídos. Supongo que, además de por haber leído
otra novela del autor recomendada y que me gusto, pues es un tema que forma
parte de mi infancia. No, no el hecho que narra (que obviamente no tengo edad
suficiente), sino el hecho de en los largos viajes a Játiva de mi infancia cada
cierto tiempo mi padre señalaba a un lado de la carretera (si, aunque pueda
sonar raro, nosotros a Játiva no íbamos por la carretera de Valencia sino por
la de Alicante) y decía Jose Antoniana señalando una columna. No, no os hagáis
una idea extraña, no lo decía con ninguna reverencia ni nada parecido, lo decía
igual que cuando veía un silo de sal, decía silo de sal, solo por comentar. Este
es uno de esos recuerdos de esos viajes (en uno de los cuales batimos (por tardanza, no por rapidez) el récord
de tiempo, tardando más de veinticuatro horas en llegar a Játiva, ya que la
rotura del 1500 en la cuesta que bajaba a Aranjuez hizo necesario que pernoctáramos
allí y nos vinieran a buscar en coche). Puede que no sea un recuerdo fiable, ya
que otro de los recuerdos más vividos de estos viajes es cuando mi padre
gritaba “Godelleta” y nosotros teníamos que responder “el ombligo del mundo”
pero por mucho de tenga este recuerdo (y mantenga la tradición en los viajes
con mi sobrina) el caso es que estoy seguro de que nunca pasábamos por
Godelleta (el ombligo del mundo, tengo que añadir y ya puestos añado que por
raro que parezca, algo de razón había en esta frase ya que Godelleta, el
ombligo del mundo, era un nudo logístico muy importante, de los más importantes
de la zona) en estos viajes (ahora, que vamos por la carretera de Valencia si
pasamos, pero, entonces, es ciertamente improbable). Supongo que así funcionan
los recuerdos y que algo que igual paso una o dos veces pues se ha convertido,
en mi memoria, en una tradición de todos los viajes que hacíamos.
Pero volviendo a la novela en cuestión, pues os diré que
está bien (como la otra que he leído) pero, al igual que a aquella, pues la veo
un poco tramposa en cuanto a la forma de contar las cosas, a la hora de elegir
algunas de las escenas o personajes. Por algo que podríamos considerar cierto
grado de deformación profesional me duele (no solo en este caso sino en
general) el uso, incómodo para mí, de algunas palabras a las que les tengo
cariño pero que se han venido usando para otros fines y al igual que el maestro
del pueblo de El Bonillo “Por eso no
entiende esta pesadilla a la que llaman depuración; etimológicamente, alcanzar
lo puro, dejar algo incontaminado y exento de toda mezcla. Es lo que se busca
ahora: maestros puros para las escuelas de la España pura. Y a él no lo
presienten puro. No lo suficientemente puro. Y hay que ser puramente puro, puro
en pura puridad, cuando uno asume el encargo de troquelar las almas de la nueva
España.”; pero, ya digo, es solo una manía mía como cuando alguien usa la
palabra ingeniero para referirse a alguien que no tiene ni idea con expresiones
del tipo “toma con el ingeniero”. El cualquier caso el libro se deja leer bien
y pese a su sesgo en los retratos pues creo que si representa bien aquella
España de post guerra. Además, como el autor es de Genovés, estoy convencido de
que a mi padre le habría encantado leerlo y, eso siempre es un plus.
Con esto, acelerado y con poco detalle, ya estoy un mes (una
entrada) más cerca de conseguir llegar a ponerme al día en lo que queda de año.
Ya veremos (en breve); de momento: ¡Divertíos asaltando el castillo!
Lecturas
Posesión - A.S. Byatt
Nuestros días serán infinitos - Claire Fuller
Humus -
Gaspard Koening
Susaki
Paradise - Yoshiko Shibaki
La muerte ajena - Claudia Piñeiro
El Jacaranda - Gaël Faye
Cuarteto de la memoria - La cámara de ámbar - Jose Carlos
Llop
Cuarteto de la memoria - Háblame del tercer hombre - Jose
Carlos Llop
Cuarteto de la memoria - El mensajero de Argel - Jose Carlos
Llop
Cuentos Varios - Philip K Dick
El buscavidas - Walter Tevis
Presentes - Paco Cerdà
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