domingo, 7 de diciembre de 2025

Comentario de textos - Agosto 2025

Como ya supondréis mi objetivo ahora es ponerme al día de las lecturas antes de que acabe el año, y siendo ya diciembre y yendo yo solo por agosto pues, la cosa se complica. Así que esta esta vez pues no habrá introducción comentando mis inquietudes o chorradas (que si me paro a pensar seguro que hay bastantes cosas que comentar, que el mundo está cada día más extraño, o al menos a mí me lo parece); así, que hoy directamente a las lecturas que, por aquello de ser el mes de agosto, no son pocas (aunque como he ido poco a Piles este año pues tampoco son tantas) pero afortunadamente para la longitud de esta entrada (desgraciadamente para mi) pues han sido bastante mediocres y con pocas cosas reseñables.

Mi primera lectura fue Posesión, que es una de esas novelas que gustan a los miembros de los gremios asociados a la literatura (de hecho, fue ganadora del premio Booker) ya que van sobre sus obsesiones con otros escritores y con “desentrañar” sus vidas a través de sus papeles; en este caso unas cartas inéditas de un escritor victoriano (imaginario) que aparecen de pronto y que “cambiaran la percepción” que se tiene sobre el mismo en todo el mundo. Si bien suelen gustar mucho en “el gremio”, la verdad es que es difícil que nos gusten a los demás tanto (hay excepciones, aunque ahora no se me ocurre ninguna), y yo, pues he de reconocer que no me ha convencido especialmente.

Con todo si me ha gustado esa reflexión sobre “Es curioso, ahora que lo pienso, que en el ajedrez la mujer sea la que puede dar grandes carreras y andar libremente en todas direcciones, mientras que en la vida es justo del revés”, hecho al que siendo consciente nunca me había planteado exactamente así (si había pensado que el rey era una de las piezas más inútiles, en movimientos, de todas las que hay, pero lo de la reina pues no me lo había planteado); o esa otra de “¿conoces la teoría de que la historia clásica de detectives surge con la novela clásica del adulterio, porque todo el mundo quiere saber quién es el padre, cual es el origen, cual es el secreto”, con la que sin tener claro la existencia de ese género (novela clásica de adulterio) salvo precisamente Madame Bovary donde no hay ninguna intriga (que yo recuerde) creo que no estoy de acuerdo pero, que sabré yo de estas cosas.

Nuestros días serán infinitos, pues tenía una premisa más interesante en la que un padre secuestra a su hija y se la lleva a vivir al sótano de una casa que ha convertido en un refugio nuclear donde la convence de que todo ha sido destruido y solo quedan ellos dos en todo el mundo. Un día ella tiene un encuentro con “otras botas” que no son las de su padre y finalmente consigue escapar. No es un mal planteamiento para una novela (tampoco especialmente original ya que hay muchas películas que van más o menos de esto mismo; gente que vive engañada sobre el fin del mundo) que puede dar lugar a reflexiones interesantes sobre el control e incluso sobre la normalidad del control en la infancia. Lamentablemente se me “ha quedado corta”, con poco interés quiero decir y no veo nada destacable o destacado.

Curiosamente cogí Humus con bastante reticencia ya que una novela sobre dos estudiantes de agronomía que toman caminos opuestos, uno que decide volver a explotar los terrenos familiares que habían sido abandonados porque el uso de pesticidas los había arruinado y otro que monta una start-up para el uso de gusanos para la regeneración de la tierra (por supuesto mediante selección genética, inteligencia artificial y otras cosas de ese estilo y moda) pues eso, tenía un riesgo elevad de ser demasiado tópica.

Por eso me ha sorprendido muy favorablemente con su tono general, algunas descripciones como “la reproducción de la lombriz de tierra es sexo gay seguido de reproducción asistida entre chicas”, que puede ser cierta o no, que yo sobre este tema poco, digno mejor nada, sé; o algunas frases como “Arthur disertaba así acerca de los males que acarrea la abundancia con esa falsa desesperación de los veinte años, cuando uno puede pasárselo bien no creyendo en nada porque aún cree en sí mismo.” (obviando la imposibilidad lógica de no creer en nada si uno cree en uno). Vamos que, en general, me ha gustado bastante

Como el mercado editorial sigue publicando japoneses pues yo sigo comprándolos y mi japonés de este mes ha sido Susaki Paradise, una novela (o seis historias con un punto común) publicada poco después del fin de la segunda guerra mundial relacionadas con la prostitución en Japón. Concretamente las historias pasan en una taberna a las afueras del barrio de las prostitutas donde se van cruzando estas historias de las que entran, las que salen las que permanecen. Es curioso, aunque como había leído hace poco otro sobre, más o menos, el mismo tema pues nada me ha sorprendido esta vez especialmente (ya me sorprendieron algunas particularidades en la lectura anterior).

Leer a autores sudamericanos siempre tiene el problema, o la diversión, del lenguaje particular de cada país, así que cuando en La muerte ajena, al poco de empezarla, uno se encuentra con ese “Veronica lleno la bañadera. ¿Bañadera o bañera?” uno no puede más que volver a preguntarse ¿Qué tipo de duda es esa? ¿en qué país se platea un hablante nativo este tipo de duda? Bueno, pues, en este caso, es en Argentina, aunque no descarto que la duda le surja precisamente por el habla de otro país de habla hispana (aprox.). Aparte de estas curiosidades lingüísticas la historia, la investigación por parte de una periodista de la típica muerte de la que se duda si es asesinato o suicidio pues no parta mucho, salvo el hecho de que la periodista se plantea la duda porque la muerta, aunque nadie lo sepa, es su hermana (de distinto padre, razón por la que no nadie las vincula). Por lo demás pues poco que comentar, ni buena ni mala.

Mi última compra en mi librería de referencia (si, Méndez en la calle mayor de Madrid; nunca está de más repetirlo para aportar un poco de publicidad) antes de que cerraran por el verano (recordar que pese al fría actual estas son las lecturas de agosto) fue El Jacarandá y creo que solo la compre porque me parecía raro el uso de “el” (por mucho que se trate de un árbol, para mi es “la”, no me preguntéis porque) ya que el tema un exiliado ruandés, bueno de segunda generación, en Francia decide investigar sus orígenes pues, prometer, no  prometía mucho pero, bueno, también estaba el tema de las vacaciones (de la librería, no las mías) y la necesidad de acopio. Pues eso, sin especial interés para mí y la verdad es que no he conseguido conectar con los problemas de identidad del personaje. Seguramente el autor tenga su público, pero yo no estoy en ese grupo.

Efectivamente, como era previsible, había comprado pocos libros para el verano así que terminadas mis compras tuve que volver a El cuarteto de la memoria, de la que todavía me quedaban tres novelas por leer de ese cuartero.  Es verdad que estas tres me han gustado algo más que la primera (que no me convenció en lo más mínimo) y me gusta ese concepto de “… la estirpe de los viajeros inmóviles, que ambos sabíamos que la vida era un viaje a ninguna parte sin moverse de ningún sitio” (que casi seguro que no es suya ya que me suena haberla oído antes).

Cuando lees varias novelas el mismo autor siempre encuentras cosas/ideas que “se repiten” aunque formuladas de maneras iguales o un poco diferentes. En este caso es el concepto de “La vida también es generosa. La gente se olvida de lo generosa que es la vida. Todos piensan en lo que pudo haber sido y no fue, pocas veces en lo que fue sin que uno mereciera que lo fuera” idea que, al menos a mí, me parece muy similar a esa otra de “… alejándose día a día de la vida que hubiera podido tener y no quiso, o no pudo, o no lo dejaron. O simplemente, no supo, que es lo que nos acaba ocurriendo a todos.” Yo creo que son dos caras de la misma moneda, las excusas sobre el control de nuestras decisiones y de su influencia. Peor, que sabré yo.

He de decir que no me he leído las tres novelas seguidas, eso sería un excesivamente suicida, sino que las combine con la lectura (relectura, que uno es un cultureta) de cuentos de K. Dick que siempre da gusto volver a descubrir (redescubrir, debería haber escrito). ¿tengo que contaros algo de K. Dick? No lo creo, me niego a creer que tenga que deciros algo sobre él, aparte de lo evidente: “K. Dick es un genio”. No un genio de la ciencia ficción sino de la normalidad, y lo único que hace es cambiar alguna cosa de la normalidad para que todo pase al terreno de la ciencia ficción, en lugar de mantenerse en el realismo, pero si uno quita este elemento todas las historias son de relaciones normales (o anormales pero realistas). K Dick es una lectura obligatoria, casi todo diría, pero es verdad que escribía muchos cuentos (es de una época en la que para sobrevivir como escritor uno tenía que escribir muchos cuentos para publicar en las revistas) y que los hay mejores y peores, pero básicamente todos buenos.

Podía haber seguido leyendo cuentos de K Dick, creo que tengo (o he tenido) además de casi todas sus novelas, los cuatro de los cinco tomos que edito minotauro (no sé porque no tengo el quinto; cosas que pasan) pero hice otra visita a mi librería de referencia que, aunque solo había estado dos semanas de vacaciones no había podido visitar ya que cruzar la puerta del sol en agosto es casi tan suicida (por otros motivos) como hacerlo ahora, casi en víspera de navidad. Eso si, añado también que esta no es la portada de mi edición, mi edición tiene una portada mucho mas discreta.,

Confesare que desconocía que la famosa película de El Buscavidas (si, la de Eddie Felson «el rápido»: si, la de Paul Newman; todos sabéis cual y si no lo sabéis pues ya tenéis tarea) era una novela así que me lleve una alegría al descubrirlo, comprarla y leerla. Es verdad que es difícil valorar el libro cuando uno tiene una idea tan clara de la película, que es razonablemente fiel al libro, pero como en todos los libros buenos pues siempre hay cosas que no llegan al libro como esa explicación de porqué el gordo de Minnesota no acepta partidas con grandes jugadores ya que “en las partidas entre jugadores profesionales de primer nivel, siempre había algo en juego más allá del dinero, algo que no se reconocía fácilmente y con lo que tampoco resultaba fácil negociar. Se dice que cuando una ballena lucha contra otra nunca es por hambre. Y tiene todo el sentido del mundo, porque el mar está lleno de peces más pequeños.”

Tampoco esta tan claro en la película (o yo no lo recuerdo) los graves problemas de Eddie con el alcohol y como al final encuentra la misma sensación que le daba el alcohol: “Se trataba de una suerte de nirvana, como la que se siente tras un largo trago de whisky por la mañana, antes de comer. Sin embargo, a diferencia del alcohol, esa sensación no presagiaba un camino de sordidez y malestar, sino más bien un tranquilo placer que, al día siguiente, se vería incrementado por algo mejor, aunque de una naturaleza totalmente distintas. Había goce y vida a su alrededor y le habían llegado de forma inesperada, después de ducharse y mientras compraba ropa cara a la hora de la cena.” Algo que, así sacado de contexto, puede considerarse una apología de otro vicio (el de comprar cosas caras) pero que no es idea, no es la compra lo que le da esa sensación, sino el control de su vida.

La última lectura de este mes está un poco fuera de carácter (de mi carácter, digo) ya que se trata de Presentes que, si, va sobre, digamos, la guerra civil española. Concretamente sigue, a través de varios personajes, el traslado del cadáver de Jose Antonio desde Alicante hasta el Valle de los caídos. Supongo que, además de por haber leído otra novela del autor recomendada y que me gusto, pues es un tema que forma parte de mi infancia. No, no el hecho que narra (que obviamente no tengo edad suficiente), sino el hecho de en los largos viajes a Játiva de mi infancia cada cierto tiempo mi padre señalaba a un lado de la carretera (si, aunque pueda sonar raro, nosotros a Játiva no íbamos por la carretera de Valencia sino por la de Alicante) y decía Jose Antoniana señalando una columna. No, no os hagáis una idea extraña, no lo decía con ninguna reverencia ni nada parecido, lo decía igual que cuando veía un silo de sal, decía silo de sal, solo por comentar. Este es uno de esos recuerdos de esos viajes (en uno de los cuales batimos (por tardanza, no por rapidez) el récord de tiempo, tardando más de veinticuatro horas en llegar a Játiva, ya que la rotura del 1500 en la cuesta que bajaba a Aranjuez hizo necesario que pernoctáramos allí y nos vinieran a buscar en coche). Puede que no sea un recuerdo fiable, ya que otro de los recuerdos más vividos de estos viajes es cuando mi padre gritaba “Godelleta” y nosotros teníamos que responder “el ombligo del mundo” pero por mucho de tenga este recuerdo (y mantenga la tradición en los viajes con mi sobrina) el caso es que estoy seguro de que nunca pasábamos por Godelleta (el ombligo del mundo, tengo que añadir y ya puestos añado que por raro que parezca, algo de razón había en esta frase ya que Godelleta, el ombligo del mundo, era un nudo logístico muy importante, de los más importantes de la zona) en estos viajes (ahora, que vamos por la carretera de Valencia si pasamos, pero, entonces, es ciertamente improbable). Supongo que así funcionan los recuerdos y que algo que igual paso una o dos veces pues se ha convertido, en mi memoria, en una tradición de todos los viajes que hacíamos.

Pero volviendo a la novela en cuestión, pues os diré que está bien (como la otra que he leído) pero, al igual que a aquella, pues la veo un poco tramposa en cuanto a la forma de contar las cosas, a la hora de elegir algunas de las escenas o personajes. Por algo que podríamos considerar cierto grado de deformación profesional me duele (no solo en este caso sino en general) el uso, incómodo para mí, de algunas palabras a las que les tengo cariño pero que se han venido usando para otros fines y al igual que el maestro del pueblo de El Bonillo “Por eso no entiende esta pesadilla a la que llaman depuración; etimológicamente, alcanzar lo puro, dejar algo incontaminado y exento de toda mezcla. Es lo que se busca ahora: maestros puros para las escuelas de la España pura. Y a él no lo presienten puro. No lo suficientemente puro. Y hay que ser puramente puro, puro en pura puridad, cuando uno asume el encargo de troquelar las almas de la nueva España.”; pero, ya digo, es solo una manía mía como cuando alguien usa la palabra ingeniero para referirse a alguien que no tiene ni idea con expresiones del tipo “toma con el ingeniero”.  El cualquier caso el libro se deja leer bien y pese a su sesgo en los retratos pues creo que si representa bien aquella España de post guerra. Además, como el autor es de Genovés, estoy convencido de que a mi padre le habría encantado leerlo y, eso siempre es un plus.

Con esto, acelerado y con poco detalle, ya estoy un mes (una entrada) más cerca de conseguir llegar a ponerme al día en lo que queda de año. Ya veremos (en breve); de momento: ¡Divertíos asaltando el castillo!

 

Lecturas

Posesión - A.S. Byatt

Nuestros días serán infinitos - Claire Fuller

Humus - Gaspard Koening

Susaki Paradise - Yoshiko Shibaki

La muerte ajena - Claudia Piñeiro

El Jacaranda - Gaël Faye

Cuarteto de la memoria - La cámara de ámbar - Jose Carlos Llop

Cuarteto de la memoria - Háblame del tercer hombre - Jose Carlos Llop

Cuarteto de la memoria - El mensajero de Argel - Jose Carlos Llop

Cuentos Varios - Philip K Dick

El buscavidas - Walter Tevis

Presentes - Paco Cerdà




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