domingo, 21 de diciembre de 2025

Comentario de textos - Octubre 2025

Pues seguimos para bingo, vamos que sigo intentando ponerme al dia de mis atrasos comunicativos. Realmente ya estoy muy cerca, aunque si bien octubre, con la visita a NYC, mi cumpleaños y otras cosas, es un mes de lectura medio me tiene preocupada la pila de libros de noviembre (que estuve en Piles) e incluso la de diciembre, pero, ya, si eso, pues ya nos preocuparemos “cuando lleguemos a ese puente” que se dice, o algo parecido.

Siempre pasan muchas cosas que no me da tiempo a comentar, sobre las que dar mi opinión y este mes (diciembre) pues no ha sido la excepción, pero como voy apretado solamente comentare lo increíble que me parece que hayan asesinado a Rob Reiner, más todavía que haya sido su hijo, pero todavía más que el presidente de estados unidos, si, ese, haya declarado que “le parece bien”; no con todas esas palabras exactas pero vamos que, para él, lo que lo ha matado ha sido “estar en contra de Trump” (vamos de él y sus políticas); creo que llego a decir que lo había matado “un virus trumpista”. Sobre esto pues, no sé, por una parte, igual eso que decían de que el valor de uno, a veces, no se mide tanto por sus amigos como por sus enemigos y casi es de alegrarse que ese personaje te odie a alguien a quien aprecias (en cierta media te da valor); y por otra pues no sé si alucinar con su teoría del virus que casi me lleva a recordar esos tiempos en los que en lugar de ser todo culpa de los virus pues todo era culpa del cáncer y todo te daba cáncer, como cantaba el gran Joe Jackson a ritmo caribeño (con bastante alegría para lo sosainas que es) y que os dejo aquí para vuestro disfrute o descubrimiento.

 


Afortunadamente la letra ya no es verdad y eso de “there is no cure, there is no answer… No, caffeine, No protein, No booze or Nicotine…”, pues ha dejado de ser cierto, por una parte, porque ahora el cáncer se cura bastante y por otra por la estúpida inclusión en la letra de las proteínas (supongo que quieren representar la raw meat pero, se le iba la rima) ya que ahora (para algunos) las proteínas son el nuevo súper alimento, que está en todo como valor extra añadido y además lo que te da cáncer pues sigue siendo un misterio (hace años leí un articulo muy interesante, en un libro que se llama Science Friction que tenía varias teorías demenciadas pero científicas de varios tema, sobre la posibilidad de que el cáncer fuera una enfermedad contagiosa; posibilidad que estadísticamente, a nivel personal probablemente sobre la base del efecto Baader-Meinhof, no parece absurda ya que en cuanto conoces a alguien con cáncer empiezan a aparecer casos en su entorno. Yo solo lo comento sin crear una conspiranoia).

En cualquier caso, ya puestos a comentar también es demencial que, si ahora alguien escribiera esta letra (o, hablando de Cáncer, la de los grandes Siniestro Total, aún más específica en el tipo de cáncer lo que daría lugar a acusaciones más graves) seria lapidado públicamente, o por lo menos en las redes. Lo que lleva a recordar al otro gran fallecido este mes Jorge Ilegales que ahora (como muchos otros) no podría publicar ninguna de sus grandes canciones, himnos generacionales casi, sin ofender seriamente a todo el planeta o por lo menos a toda la, cada vez más enorme, masa mojigata con la que convivimos (vale también ha muerto el de Extemoduro, pero a mí esto no me dice nada especial salvo que parece haber fundadas sospechas de que ambos han fallecido  por haber dejado las drogas hace poco a una edad avanzada, algo que parece que no es bueno. O las dejas pronto o, parece, que ya, mejor no las dejes).

En fin, pero vamos a lo que hemos venido aquí, en lugar de estar pensando en comprar regalos o preparar mi felicitación navideña; a intentar ponernos al día de lecturas.

Me cuesta mucho encontrar caso en los que los libros no sean mejores que las películas en las que se basan (salvo, por supuesto, como todos sabemos en el caso de El Padrino; no, ni siquiera en la obra maestra de Reiner, Rob) así que cogí con mucha ilusión La guerra de los Rose, que siendo una película casi mítica de los ochenta sobre un proceso de divorcio y la destructiva pelea entre los futuros ex por la casa en la que viven, no tenía ni idea de que estuviera basada en una novela. A ver, la novela está bien pero obviamente es otro contraejemplo de la norma general enunciada y el libro no puede compartir con la química de los dos protagonistas de la película, Kathleen Turner y Michael Douglas, ni ya puestos con Danny DeVito. Así que, si necesitáis otro contraejemplo para esa discusión recurrente sobre libros y cine, pues este lo es. 

Ya en NYC y tras visitar mis librerías de referencia de la ciudad pues empecé a leer The Woman dies que no siendo una novela sino una recopilación de cuentos cortos (52 en poco más de 150 páginas) pues era una buena elección para no tener que estar especialmente metido en la historia. Como en toda recopilación; ahora que lo pienso, corrijo ya que creo que no es una recopilación sino un libro de cuentos; escrito exprofeso así para ser publicado como una unidad (ya, no es que importe, pero por aclarar) pues los hay mejores, peores, buenos, malos y simplemente sin sentido (como ese que es una sola frase, ni siquiera especialmente brillante). Eso sí, te permite alucinar un poco con el nivel de machismo de la sociedad japonesa (tal vez, su mayor lacra) aunque mi frase favorita del libro es, creo, bastante hispánica “When a man gives his opinión, he’s a man. When a woman gives her opinión, she’s a bitch.”; que ciertamente mucha gente piensa sobre la promiscuidad.

 

Ya en Madrid mi siguiente lectura fue el último de la seria de Charlie Parker, The children of Eve, que si bien me sigue gustando este no es de los mejores (que como digo cada vez que leo uno, ninguno es como el primero) pero tampoco es el peor de la serie y, que puedo decir, pues ya les tengo cariño a los personajes y su lucha entre el bien y el mal (ambos con mayúsculas, pero personalizados en seres humanos). Podría decir que lo más curioso es que se trata de un ejemplar firmado por el autor que solo cogí (firmado, se entiende) porque no los había sin firmar ya que aunque si conozco al autor no le doy ningún valor a que este firmado, de hecho eso de comprar un libro (que no te has leído) firmado por el autor siempre me recuerda (como muchas otras cosas) a Lourdes y a cuando en, la ya desaparecida librería de NYC que era mi favorita para policiacas, el dependiente, todo amabilidad, le dijo que no se llevara el ejemplar que había cogido, que se llevara uno que tenían firmado, algo a lo que se negó diciendo “No gracias, que no lo he leído y si no me gusta pues prefiero no tener la firma.”

 El caso es que, como decía, esto no es lo más curioso del libro sino que ha sido descubrir que existe la denominada “Tatsuboko cardiomyopathy: he died of a broken heart, a surge of hormones following the stress of her loss.”, algo que uno piensa que sucede pero que también piensa que es más cosa de películas y canciones.

 Como siempre en estos casos pues también tiene alguna frase lapidaria, variación de algún dicho habitual, como ese “Small thieves, Vaughn’s father used to say, get sentences, but big thieves get statues.”; del que existen casi infinitas versiones. En general una buena lectura pero, creo, solo para los seguidores de la serie, no para iniciarse en ella o para leerlo separado.

 The strand es (creo, o creo que así se publicita) la librería más grande NYC y un foco de visita para muchos locales e incluso una atracción turística, aunque desde que la reformaron (especialmente el sótano) y se puede visitar sin sufrir un desmayo por el calor o los olores del saneamiento, y desde que incluso tiene zonas en las que dos personas pueden cruzarse sin chocar, es verdad que ha perdido gran parte de su atractivo para los más puristas (entre los que me encuentro); eso sí, a cambio ahora puede visitarse e incluso disfrutar (más o menos) no ya solo de sus precios de ganga sino de las ediciones de cosas raras que tienen. ¿Qué porque cuento esto? Bueno, pues obviamente porque mi siguiente lectura (de las varias que compre en este viaje) la compre allí y es una de esas cosas raras; una novela de detectives en Leningrado en los años 30: Punishment of a Hunter.

Estoy convencido de que el tema y la portada os habrían hecho imitarme y también os la habríais comprado, especialmente los que conozcáis la serie de novelas policiacas de Kerr sobre la Alemania nazi. Si, con que fuera la mitad de buena que la peor de esa serie pues ya sería bastante buena. Sin embargo, he de reconocer, y advertiros, de que si bien no se calcular un porcentaje que la relacione con la más floja de Kerr, solo os diré que no he conseguido terminármela y hacia la mitad decidí que ya había tenido suficiente y que esto no iba a ninguna parte. 

Un poco decepcionado decidí no arriesgar y dedicarme a While drowning in the desert, para releerla como celebración de la reedición por el treinta aniversario de la serie de novelas de Winslow (relectura porque está ya la había leído en su día; algo que sabía al comprarla aunque tenía dudas de si había leído todas las que habían reeditado) pero que me compre (solo dos de las cinco, que aunque pequeñas me parecía que comprar las cinco era excesivo y me dejada sin espacio para otras novedades) para cerrar un circulo de esos que gustan tanto a los de la espiritualidad y el karma, ya que las primeras las compre en mi antigua librería de policiacas favorita de NYC y estas reediciones  en mi nueva librería de policiacas favorita de NYC. En esta primera serie de novelas el personaje central es un mindundi que se está iniciando (en las primeras, luego ya más consolidado, obviamente) como investigador privado/resuelve problemas. En esta pues tiene que ir a recoger a un venerable anciano a las vegas y llevarlo a Palm Spings pero todo se complica poco a poco, fundamentalmente por la actitud del anciano frente a parte del viaje y los detalles. Vamos, un clásico de la comedia de carretera que entretiene, bastante. Personalmente me quedo con el descubrimiento del término “bathetic”, que creo que no existe en español, pero que intenta describir algo que es patético por excesivamente sentimental y tonto; vamos un comportamiento muy de los adolescentes que hacen un drama de que la cosa más pequeña no salga exactamente como desean y pueden ponerse de rodillas pidiendo explicaciones a los dioses porque el banco de su camiseta no coincide con el de sus pantalones. Me encantaría que hubiera equivalente en español.

 Mi siguiente lectura, Felony Juggler, es otra compra verdaderamente difícil de encontrar, quiero decir que no es una novela que uno pueda encontrar en cualquier librería, pese a que su autor (la mitad gigante de un peculiar dúo de magos americanos) tenga varias novelas publicadas y sea pues un personaje bastante conocido televisivamente. Obviamente, ya lo dice el título, va sobre un malabarista (algo que el autor fue) que compagina las actuaciones callejeras de malabares con cuchillos, con ciertos delitos, llegando a atracar un banco y ser perseguido. Es bastante entretenida y ciertamente tiene un poco de morbo el intentar distinguir que parte son autobiográficas y cuales no.

Mi última lectura de octubre la compre por el título, Sociopath. A memoir (si, pese a la coletilla de memoir que claramente indicaba basada en hechos reales; que ya sabéis que me importan poco) pero no por, como algunas ya estáis pensando, por un interés profesional personal de posible identificación en esa categoría clínica. Pues eso, son las memorias de alguien que descubre que es sociópata, que no psicópata, y lo sabe (como diría un meme cualquiera, o el más extendido) pues decide estudiar el tema (vamos, psicología) para intentar mejorar la clasificación de personalidades para hacer un hueco a la sociópata frente a l psicopatía. Además de estar de acuerdo con la diferencia general entre ambos conceptos (sin tener ni idea de ninguno de los dos, aparte de lo que todos creemos, sin base, entender) coincido con la autora en que hay niveles de sociópata en los que las emociones, si bien no salen naturales pues pueden ser aprendidas y, por lo tanto, fingidas. Lo mismo que cuando fui secuestrado por la cruz roja (motivo por el que no colaboro ni con el sorteo del oro ni con ninguna de sus actividades, por lo menos hasta que pidan perdón públicamente e incluso personalmente) y me dijeron que para poder seguir tenía que aprobar un examen de primeros auxilios ya que sin aprobar no podían seguir teniéndome como voluntario (es decir, secuestrado. Ante tan sorprendente revelación, con una gran alegría, tuve que preguntarles “vale, entonces ¿esto significa que si no apruebo me marcho a casa y acabo con mi secuestro?”; a lo que muy seguros e incluso preocupados intentaron tranquilizarme con un “no, no te preocupes, es tan fácil que es imposible suspender”. Vale, otro error por su parte ya que… como descubrirían en breve si un examen es tan fácil que no se puede suspender… igual de sencillo, o incluso más, resulta suspender y ciertamente no me costó ningún esfuerzo responder mal a todas las preguntas y sacar la nota, posiblemente, más baja de toda la historia de la cruz roja (aunque viendo a algunos personajes que luego encontraría tengo ciertas dudas de que la mía fuera la más baja), consiguiendo un claro suspenso. Suspenso que todo sea dicho no me libro de ellos, si lo hizo mi resistencia pasiva que acabo desesperándoles y me decidieron ignorarme en el futuro antes de que la situación se les fuera de las manos y acabáramos teniendo algún accidente o acabaran con alguna querellita por parte del público.

Pero, ya, si eso, os cuento mis batallitas de la mili (del servicio social sustitutorio) pues otro día. Acabo con la idea de ver alguna película de Reiner (me gustaría ver una que trata de las relaciones con su hijo que es de las pocas suyas que no he visto) pero antes y hasta la siguiente, pues ¡Divertíos asaltando el castillo!


 Lecturas

La guerra de los Rose - Warren Adler

The Woman dies - Aoko Matsuda

The children of Eve - John Connolly

Punishment of a Hunter - Yulia Yakovleva

While drowning in the desert - Donald Winslow

Felony Juggler - Penn Jillete

Sociopath. A memoir - Patric Gagne



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