Pues seguimos para bingo, vamos que sigo intentando ponerme al dia de mis atrasos comunicativos. Realmente ya estoy muy cerca, aunque si bien octubre, con la visita a NYC, mi cumpleaños y otras cosas, es un mes de lectura medio me tiene preocupada la pila de libros de noviembre (que estuve en Piles) e incluso la de diciembre, pero, ya, si eso, pues ya nos preocuparemos “cuando lleguemos a ese puente” que se dice, o algo parecido.
Siempre pasan muchas cosas que no me da tiempo a comentar, sobre
las que dar mi opinión y este mes (diciembre) pues no ha sido la excepción,
pero como voy apretado solamente comentare lo increíble que me parece que hayan
asesinado a Rob Reiner, más todavía
que haya sido su hijo, pero todavía más que el presidente de estados unidos,
si, ese, haya declarado que “le parece
bien”; no con todas esas palabras exactas pero vamos que, para él, lo que
lo ha matado ha sido “estar en contra de
Trump” (vamos de él y sus políticas); creo que llego a decir que lo había
matado “un virus trumpista”. Sobre
esto pues, no sé, por una parte, igual eso que decían de que el valor de uno, a
veces, no se mide tanto por sus amigos como por sus enemigos y casi es de
alegrarse que ese personaje te odie a alguien a quien aprecias (en cierta media
te da valor); y por otra pues no sé
si alucinar con su teoría del virus que casi me lleva a recordar esos tiempos
en los que en lugar de ser todo culpa de los virus pues todo era culpa del cáncer
y todo te daba cáncer, como cantaba el gran Joe
Jackson a ritmo caribeño (con bastante alegría para lo sosainas que es) y
que os dejo aquí para vuestro disfrute o descubrimiento.
Afortunadamente la letra ya no es verdad y eso de “there is no cure, there is no answer… No, caffeine, No protein, No booze or Nicotine…”, pues ha dejado de ser cierto, por una parte, porque ahora el cáncer se cura bastante y por otra por la estúpida inclusión en la letra de las proteínas (supongo que quieren representar la raw meat pero, se le iba la rima) ya que ahora (para algunos) las proteínas son el nuevo súper alimento, que está en todo como valor extra añadido y además lo que te da cáncer pues sigue siendo un misterio (hace años leí un articulo muy interesante, en un libro que se llama Science Friction que tenía varias teorías demenciadas pero científicas de varios tema, sobre la posibilidad de que el cáncer fuera una enfermedad contagiosa; posibilidad que estadísticamente, a nivel personal probablemente sobre la base del efecto Baader-Meinhof, no parece absurda ya que en cuanto conoces a alguien con cáncer empiezan a aparecer casos en su entorno. Yo solo lo comento sin crear una conspiranoia).
En cualquier caso, ya puestos a comentar también es demencial que, si ahora alguien escribiera esta letra (o, hablando de Cáncer, la de los grandes Siniestro Total, aún más específica en el tipo de cáncer lo que daría lugar a acusaciones más graves) seria lapidado públicamente, o por lo menos en las redes. Lo que lleva a recordar al otro gran fallecido este mes Jorge Ilegales que ahora (como muchos otros) no podría publicar ninguna de sus grandes canciones, himnos generacionales casi, sin ofender seriamente a todo el planeta o por lo menos a toda la, cada vez más enorme, masa mojigata con la que convivimos (vale también ha muerto el de Extemoduro, pero a mí esto no me dice nada especial salvo que parece haber fundadas sospechas de que ambos han fallecido por haber dejado las drogas hace poco a una edad avanzada, algo que parece que no es bueno. O las dejas pronto o, parece, que ya, mejor no las dejes).
En fin, pero vamos a lo que hemos venido aquí, en lugar de estar pensando en comprar regalos o preparar mi felicitación navideña; a intentar ponernos al día de lecturas.
Me cuesta mucho encontrar caso en los que los libros no sean
mejores que las películas en las que se basan (salvo, por supuesto, como todos
sabemos en el caso de El Padrino; no,
ni siquiera en la obra maestra de Reiner,
Rob) así que cogí con mucha ilusión La
guerra de los Rose, que siendo una película casi mítica de los ochenta
sobre un proceso de divorcio y la destructiva pelea entre los futuros ex por la
casa en la que viven, no tenía ni idea de que estuviera basada en una novela. A
ver, la novela está bien pero obviamente es otro contraejemplo de la norma
general enunciada y el libro no puede compartir con la química de los dos
protagonistas de la película, Kathleen
Turner y Michael Douglas, ni ya puestos con Danny DeVito. Así que, si necesitáis otro contraejemplo para esa
discusión recurrente sobre libros y cine, pues este lo es.
Ya en NYC y tras visitar mis librerías de referencia de la
ciudad pues empecé a leer The Woman dies
que no siendo una novela sino una recopilación de cuentos cortos (52 en
poco más de 150 páginas) pues era una buena elección para no tener que estar
especialmente metido en la historia. Como en toda recopilación; ahora que lo
pienso, corrijo ya que creo que no es una recopilación sino un libro de
cuentos; escrito exprofeso así para ser publicado como una unidad (ya, no es
que importe, pero por aclarar) pues los hay mejores, peores, buenos, malos y
simplemente sin sentido (como ese que es una sola frase, ni siquiera
especialmente brillante). Eso sí, te permite alucinar un poco con el nivel de
machismo de la sociedad japonesa (tal vez, su mayor lacra) aunque mi frase
favorita del libro es, creo, bastante hispánica “When a man gives his opinión, he’s a man. When a woman gives her
opinión, she’s a bitch.”; que ciertamente mucha gente piensa sobre la
promiscuidad.
Ya en Madrid mi siguiente lectura fue el último de la seria de Charlie Parker, The children of Eve, que si bien me sigue gustando este no es de
los mejores (que como digo cada vez que leo uno, ninguno es como el primero)
pero tampoco es el peor de la serie y, que puedo decir, pues ya les tengo
cariño a los personajes y su lucha entre el bien y el mal (ambos con
mayúsculas, pero personalizados en seres humanos). Podría decir que lo más
curioso es que se trata de un ejemplar firmado por el autor que solo cogí
(firmado, se entiende) porque no los había sin firmar ya que aunque si conozco
al autor no le doy ningún valor a que este firmado, de hecho eso de comprar un
libro (que no te has leído) firmado por el autor siempre me recuerda (como
muchas otras cosas) a Lourdes y a cuando en, la ya desaparecida librería de NYC
que era mi favorita para policiacas, el dependiente, todo amabilidad, le dijo
que no se llevara el ejemplar que había cogido, que se llevara uno que tenían
firmado, algo a lo que se negó diciendo “No gracias, que no lo he leído y si no
me gusta pues prefiero no tener la firma.”

Estoy convencido de que el tema y la portada os habrían hecho imitarme y también os la habríais comprado, especialmente los que conozcáis la serie de novelas policiacas de Kerr sobre la Alemania nazi. Si, con que fuera la mitad de buena que la peor de esa serie pues ya sería bastante buena. Sin embargo, he de reconocer, y advertiros, de que si bien no se calcular un porcentaje que la relacione con la más floja de Kerr, solo os diré que no he conseguido terminármela y hacia la mitad decidí que ya había tenido suficiente y que esto no iba a ninguna parte.
Un poco decepcionado decidí no arriesgar y dedicarme a While drowning in the desert, para
releerla como celebración de la reedición por el treinta aniversario de la
serie de novelas de Winslow (relectura
porque está ya la había leído en su día; algo que sabía al comprarla aunque
tenía dudas de si había leído todas las que habían reeditado) pero que me
compre (solo dos de las cinco, que aunque pequeñas me parecía que comprar las
cinco era excesivo y me dejada sin espacio para otras novedades) para cerrar un
circulo de esos que gustan tanto a los de la espiritualidad y el karma, ya que las primeras las compre en
mi antigua librería de policiacas favorita de NYC y estas reediciones en mi nueva librería de policiacas favorita
de NYC. En esta primera serie de novelas el personaje central es un mindundi que se está iniciando (en las
primeras, luego ya más consolidado, obviamente) como investigador
privado/resuelve problemas. En esta pues tiene que ir a recoger a un venerable
anciano a las vegas y llevarlo a Palm Spings pero todo se complica poco a poco,
fundamentalmente por la actitud del anciano frente a parte del viaje y los
detalles. Vamos, un clásico de la comedia de carretera que entretiene,
bastante. Personalmente me quedo con el descubrimiento del término “bathetic”, que creo que no existe en
español, pero que intenta describir algo que es patético por excesivamente
sentimental y tonto; vamos un comportamiento muy de los adolescentes que hacen
un drama de que la cosa más pequeña no salga exactamente como desean y pueden
ponerse de rodillas pidiendo explicaciones a los dioses porque el banco de su
camiseta no coincide con el de sus pantalones. Me encantaría que hubiera
equivalente en español.

Mi última lectura de octubre la compre por el título, Sociopath. A memoir (si, pese a la
coletilla de memoir que claramente
indicaba basada en hechos reales; que ya sabéis que me importan poco) pero no
por, como algunas ya estáis pensando, por un interés profesional personal de
posible identificación en esa categoría clínica. Pues eso, son las memorias de
alguien que descubre que es sociópata, que no psicópata, y lo sabe (como diría
un meme cualquiera, o el más extendido) pues decide estudiar el tema (vamos,
psicología) para intentar mejorar la clasificación de personalidades para hacer un hueco a la sociópata frente a l
psicopatía. Además de estar de acuerdo con la diferencia general entre ambos
conceptos (sin tener ni idea de ninguno de los dos, aparte de lo que todos
creemos, sin base, entender) coincido con la autora en que hay niveles de
sociópata en los que las emociones, si bien no salen naturales pues pueden ser
aprendidas y, por lo tanto, fingidas. Lo mismo que cuando fui secuestrado por la cruz roja (motivo por
el que no colaboro ni con el sorteo del oro ni con ninguna de sus actividades,
por lo menos hasta que pidan perdón públicamente e incluso personalmente) y me
dijeron que para poder seguir tenía
que aprobar un examen de primeros auxilios ya que sin aprobar no podían seguir
teniéndome como voluntario (es decir,
secuestrado. Ante tan sorprendente revelación, con una gran alegría, tuve que
preguntarles “vale, entonces ¿esto significa que si no apruebo me marcho a casa
y acabo con mi secuestro?”; a lo que muy seguros e incluso preocupados
intentaron tranquilizarme con un “no,
no te preocupes, es tan fácil que es imposible suspender”. Vale, otro error por
su parte ya que… como descubrirían en breve si un examen es tan fácil que no se
puede suspender… igual de sencillo, o incluso más, resulta suspender y
ciertamente no me costó ningún esfuerzo responder mal a todas las preguntas y
sacar la nota, posiblemente, más baja de toda la historia de la cruz roja (aunque
viendo a algunos personajes que luego encontraría tengo ciertas dudas de que la
mía fuera la más baja), consiguiendo un claro suspenso. Suspenso que todo sea
dicho no me libro de ellos, si lo hizo mi resistencia pasiva que acabo
desesperándoles y me decidieron ignorarme en el futuro antes de que la
situación se les fuera de las manos y acabáramos teniendo algún accidente o
acabaran con alguna querellita por parte del público.
Pero, ya, si eso, os cuento mis batallitas de la mili (del
servicio social sustitutorio) pues otro día. Acabo con la idea de ver alguna
película de Reiner (me gustaría ver
una que trata de las relaciones con su hijo que es de las pocas suyas que no he
visto) pero antes y hasta la siguiente, pues ¡Divertíos asaltando el castillo!
La guerra de los Rose - Warren Adler
The Woman dies - Aoko Matsuda
The children of Eve - John Connolly
Punishment of a
Hunter - Yulia Yakovleva
While drowning
in the desert - Donald Winslow
Felony Juggler
- Penn Jillete
Sociopath. A
memoir - Patric Gagne
No hay comentarios:
Publicar un comentario