domingo, 14 de junio de 2026

Comentario de textos - Mayo 2026

Tras el ciclo informativo de la visita del Papa (de Roma, por aclarar) pues he notado una de esas curiosas casualidades de la vida: el mes pasado yo empezaba mi entrada escribiendo sobre algunas de mis ideas sobre la IA y, al parecer, el Papa acababa de hacer lo mismo y había escrito una encíclica sobre el mismo tema. Igual alguno ha pensado que lo hice por imitar, pero, no, ya digo, simple casualidad.

En cambio, el tema con el que empiezo este mes si que esta provocado, en gran parte, por una noticia que he visto en la televisión, según la cual la policía de NYC esta inquieta porque ha detectado grupos de personas que de madrugada acceden a las alcantarillas para salir al cabo de varias horas. Tras descartar posibles actos de terrorismo y de otras actividades delictivas han confirmado que lo que hacen es bajar a cribar la mierda de las alcantarillas en busca de joyas y cosas que valor que están en las mismas. Así están las cosas en una de las principales ciudades del mundo, casi peor que esas imágenes que todos hemos visto de gente rebuscando en los vertederos de ciudades del tercer mundo para hacerse con un botín de cosas desechadas, de riquezas inéditas para ellos.

Curiosamente este mes también he acompañado, hecho de guía, a dos grupos diferentes de técnicos del ayuntamiento de Madrid en sendas visitas a dos depuradoras de la capital y parte de “mi charla” es contarles la cantidad de cosas que llegan a las depuradoras y son retenidas en las rejas de entrada (inevitable recordar una parada en una depuradora – Almansa, creo – que hice con mi hermano y su cara de estupor y asco viendo las rejas; pero creo que de eso ya os he hablado) y por supuesto comentarles que  se han llegado a encontrar cadáveres (dos que yo recuerde). Obviamente todos ponían en duda esta afirmación sobre los cadáveres y se decían unos a otros que estaba exagerando (o mintiendo directamente), que eso era imposible que como iba a llegar un cadáver por el saneamiento, que no cabe; que como, por donde, lo iban a meter. Por mucho que yo les dijera que era verdad y perfectamente posible, claramente la duda persistía en ellos y no daban crédito a la veracidad de mis palabras. SI bien no tengo fotografías de los cadáveres llegando, siendo retirados en las rejas de la depuradora, si he encontrado algo bastante similar (la retirada de un jabalí) entero en la obra de entrada que os comparto para todos los que sigáis con dudas sobre esta posibilidad.


Aclarado este asunto, a las lecturas del mes que como he tenido mucho trabajo, contradictoriamente a lo que se podría suponer, han sido muchas, casi las propias de un mes de verano.

Indignidad es la segunda novela que leo de una escritora albanesa (no habiendo leído ninguna de un escritor albanes, solo por aclarar. La verdad es que la cogí con bastantes ganas ya que la primera me había gustado mucho, pero con cierta prevención por aquella de ser autobiográfica (que como no me harto de decir, yo prefiero la ficción) sobre la búsqueda del pasado de la abuela de la autora para saber si su abuela había estado en el bando bueno o en el malo, si había sido espía o colaboracionista, consultando legajos en distintos archivos desclasificados de Albania. No me ha parecido buena, se deja leer, pero (ojo spoiler) el final es sumamente decepcionante ya que la autora descubre que realmente no está leyendo sobre su abuela, que está leyendo sobre otra albanesa del mismo nombre, algo que resulta sumamente decepcionante.

Con todo tiene frases buenas frase como esa de “algunas mujeres llevan un libro como los hombres llevan un reloj, para que la gente vea que tienen uno”, que, salvo por el matiz de genero ya que esto lo hacen los hípsters de ambos géneros (o de otros géneros e intermedios entre ambos) pues suscribo; o esa otra de “la memoria, diría mi abuela como san Agustin, es el estómago de la mente, almacena las cosas sin consumirlas” en la que me sorprende tanto la cita al santo como el saber, por mi experiencia personal de carencia de memoria, que se puede vivir sin este estomago de la mente y que algunas personas son rumiantes con varios estómagos, de una capacidad increíble. Además de la cita de san Agustin me ha gustado mucha esa otra, que la autora atribuye a Shiller (un poeta alemán) de “un animal no puede hacer mas que librarse del dolor, pero el ser humano puedo decidir sufrir”. Pues eso, si dos de las mejores citas no son de las autora pues eso quiere decir algo sobre la novela, creo.

Creo que ya comenté el mes pasado que me compré los Cuentos completos de Saki, para confirmar que un cuento en concreto no era suyo (que por lo tanto debe de ser de Dahl como yo recordaba). Mi idea era llevarme este libro a Piles par ir leyendo de pocos en pocos, como si fuera una especie de reserva lectora para tener allí, pero lo empecé y, bueno, pues me he leído los ciento cuarenta y tres cuentos tranquilamente y con mucho gusto lo que, considerando el peso del libro, pues ya invalida el llevarlo a Piles para nada.

Leer a Saki pues es, en general, salvo algunas excepciones, un gusto y aunque los hay mejores y peores os dejo una selección de frases que me parecen excepcionales (hay muchas más, pero si las copio todas probablemente infrinja varias leyes de derechos de autor) como: cuando hablando de discutir con una madre constata que “salir perdiendo en una discusión con ella no era una experiencia nueva. Salir perdiendo en un monologo era una novedad humillante.”; o cuando habla de las siete vidas de los gatos, apostillando “Es posible – respondió Tobermory – pero solo un cuerpo que se encargue de vivirlas”; e incluso ideas brillantes como ese secuestro inverso en el que “sus secuestradores recibirían una suma inicial y dos mil libras más al año… Si la familia no cumplía con tales exigencias, la tía Crispina les seria devuelta de inmediato”, más parecida al pago de una residencia que a un secuestro.

Aunque ya había leído dos libros del nobel tanzano y ninguno me había convencido demasiado, están bien y tienen cosas interesantes, pero poco más, decidí darle otra oportunidad y leer Un largo Camino, y ya con tres pues puedo decidir tranquilamente borrarlo de mi lista de compras ya que no me ha convencido especialmente. Es este caso lo más reseñable es la carencia de algunas notas al pie de página que si no imprescindibles ciertamente ayudarían a comprender frases como “Se arrodillo para adoptar la postura del sudjud en la tercera raka’a de la plegaria del Magreb y se le escapó un gemido al inclinarse hacia delante para tocar el suelo con la frente, subhana rabiyala’ala.”, que bueno, quedan un poco oscuras sin una nota aclaratoria para los que desconocemos la nomenclatura.

Las tempestálidas tiene una premisa que promete, en la que para combatir el Alzheimer de sus pacientes (una enfermedad que proporciona al entorno del paciente “una tristeza capaz de hundir al instante la flota británica al completo”) una clínica decide recrear para cada paciente una especie de zona de recuerdo, recreando la atmosfera de los años de juventud de cada uno de los pacientes y  al expandirse por la unión europea pues en cada país se elige la época más brillante de una ciudad para recrear. Si, en España se elige el Madrid de los ochenta del que dice que “así olía Madrid: a cerveza y orina, y es innegable que en ese olor había alegría.” (parece que en Budapest existía un bar Kravay en los ochenta que “había sido testigo del nacimiento del punk patrio”; ya ves tú, quien se lo iba a esperar, digo, lo de la existencia de punk húngaro en los ochenta).

También, aunque suene a chiste no descarto la posibilidad de que, en breve, si sigue la deriva de tonterías, algunas personas lleguen a platearse algo de este estilo al estudiar la evolución (si es que la estudian): “Homo… sapiens… Me temo que ya a este nivel el propio nacionalista saltara como un resorte: ¿Cómo que «homo»? A ver quién es el maricón aquí… ¿Tu por quien me tomas?”. Ya verás, tiempo al tiempo.

Yo no un gran partidario de las novelas distopicas, solo me gustan las muy, muy buenas porque creo que tienen que ser muy buenas para no acabar siendo o una simpleza absurda, una idea muy básica; o de una complejidad ininteligible con sociedades cruzadas que no acaban de comprenderse. Es decir, para ser buenas la premisa ha de ser muy buena o dará igual lo bien escrita que este que resultará mala. En el caso de Bajo el ojo del gran pájaro pues la premisa es tan compleja que se pierde (al menos yo lo pierdo) el interés cada pocas páginas y uno no se centra en la historia ya que la relación entre las varias sociedades o facciones de la misma resulta poco , o nada, interesante. Una decepción la japonesa de este mes.

Muchos me habréis oído decir que la persistencia en el error es una virtud que es algo que creo verdad cuando se aplica a las cuestiones de gustos personales frente a los gustos de la mayoría, es decir para mí se aplica a no plegarse al gusto mayoritario para encajar con la sociedad o con una idea de negocio. Es decir, creo que, si uno cree que su bar debe de ser de una forma determinada, debe mantenerlo así y no cambiarlo cada nada para adaptarse a los gustos; para mi es mejor tener una identidad fija, que uno puede cambiar según cambia el mismo,  que una identidad variable por causas ajenas. En ese sentido es bueno persistir en el error. Es verdad que esto no debe aplicarse a otras cosas como a los escritores que uno sabe que no le gustan; si tras leer varios libros de un escritor concreto de los cuales no te ha gustado prácticamente ninguno, pues no deberías seguir persistiendo en el error de comprar más de ese autor. Y esto es todo lo que puedo, debo, decir sobre A Oscuras, aparte de hacer propósito de enmienda para la próxima vez.

Este mes han tocado dos japonesas, siendo la segunda Sanshiro, que es una novela sobre universitarios a principios del siglo XX en la ciudad de Tokio que pese a algunas diferencias pues no es una vida tan diferente de la de los universitarios occidentales centradas en la publicación de sus trabajos o de sus equivalentes como fanzines, de amoríos imposibles y complejos y por supuesto de fiestas a la que acuden o a las que no están invitados. Tan poco diferente es la vida de estos universitarios de hace más de cien años de la vida actual que ya aparece el concepto de ClickBait en esa importancia que le dan al título de su artículo frente al contenido del mismo “De cualquier forma, toma la revisa y léete mi ensayo. El título es buenísimo, ¿no te parece? Dejará a la gente atónita, eso seguro. ¡Si no les dejas atónitos, no leerán nada, los malditos!”

Estoy en completo desacuerdo con esta frase de “Los académicos, dijo, lo miran todo como objeto de estudio, y de esta forma sus emociones se secan. Pero si miras las cosas con sentimiento, nunca quieres estudiarlas porque todo se reduce al amor o al odio que sientes por ellas.”; creo que esta dicotomía entre emociones y conocimiento es completamente falsa y un gran error que desgraciadamente está cada vez más generalizada llevándonos hacia la estupidez, creando esa diferencia entre las cosas que amas y de las que aprendes.

Como nota cultural de Japón no puedo evitar mencionar “El iki es un ideal estético japones. Se trata de un concepto bastante difícil de trasladar a un referente occidental. Algo iki es algo simple y a la vez improvisado, romántico, efímero a la par que original y refinado” que creo es un ideal estético que podría compartir, aunque el añadido de “el concepto occidental que mejor se le asemeja es «chic»” pues no dejas de sorprenderme y de chirriarme.

La luna de Gabriel es una novela curiosa sobre un escritor de viajes al que las circunstancias convierten en un espía de andar por casa en la época de la Guerra Fria, poco más que una mula de mensajes secretos, que curiosamente tiene que recoger los mensajes de un pinto de surrealista de Cadiz. Aunque yo no soy especialista en uniformes de porteros de hotel de esa época eso de que “el portero uniformado inclino su tricornio” se me hace verdaderamente raro ya que es un tipo de sobrero que no veo en un portero de esa época, ni en ninguna todo sea dicho.

La estructura de la novela mezcla la acción real con las transcripciones de las sesiones del protagonista con su psicólogo, al que se ha aficionado ya que en sus propias palabras “«¿A quién no le gusta hablar de sí mismo durante un ahora?», se dijo. Un ejemplo del atractivo que ejercía el psicoanálisis: la autocompasión, el egocentrismo, el ensimismamiento”, que imagino es, para algunos, la verdadera razón de ir a psicólogo, para hablar de sí mismos, algo que igual el resto de los mortales no agradecemos lo suficiente (el que hablen de si mismos con otros, digo).

Como a veces se aprende algo nuevo aquí he aprendido el termino crómlech que nada más leerlo, pese a referirse a algo de madera, asocié acertadamente a Stonehenge pero que por la diferencia de material tuve que buscar que era exactamente.

Nocturno de Venecia, una novela sobre un “matrimonio blanco” de británicos a principios del siglo XX (no, aclaro por si os lo preguntabais “blanco” no se refiere a que los cónyuges fueran blancos que eso se da por supuesto en esa época y lugar; sino a un matrimonio que no se consuma según la red;  o en palabras del autor “… cuando los enlaces, por lo general entre ancianos y muchachas jóvenes, se negociaban como apéndices de acuerdos financieros entre familias o por altas razones de Estado, y por eso no había en ellos nada personal”; vamos , un matrimonio de conveniencia) que viaje a Venecia por supuesto a un palazzo prestado (ricos, además de blancos que son, sobre todo ella) y que deja una descripción posiblemente de las más acertadas de la ciudad (digo, sin haber estado): “… aquel pestilente pueblo encajado en la fétida horcajadura del Adriatico.”

Os dejo el sabio consejo que le da un personaje a otro “Freddie, ¿no sabes que no deberías decirle jamás a una mujer que se parece a alguien que no sea ella misma” que es un corolario, tal vez un poco excesivo, del clásico familiar “nunca le digas a los hermanos que se parecen”.

Este mes uno de los autores que sigo, el de las serie de casos policiacos con nombre de mes, ha cambiado de personaje dejando al otro protagonista en junio (si no me equivocó) y con Cielo rojo sobre Glasgow inicia con otra serie sobre otro policía de Glasgow, esta vez durante la segunda guerra mundial y los bombardeos nazis. De momento no parece tan buena como la anterior, aunque, obviamente, es un escritor con oficio y la novela es entretenida, aunque la parte mas interesante que seria la del complot sobre la llegada de Rudolf Hess pues se queda un poco en el aire, faltándole pues, no sé, involucrar más a los que pudieran estar implicados, pero imagino que nadie quiere una querellita por estas cosas. También se queda un poco corto un posible alegato antibelicista que solo se insinúa en “Como sucede en todas la guerras – dijo Nickolson, torciendo el gesto -, la vida de los jóvenes es prescindible, mientras que los viejos se mantienen en el pode. Siempre ha sido así.- Tomo otro sorbo de la petaca.”; correcta, pero nada del otro jueves.

He de reconocer que Mil cosas me ha sorprendido, positivamente añado para que no quede duda. Es la historia de una pareja con un hijo, en el día previo (igual más de uno) a irse de vacaciones y como poco a poco se van aturullando con la cantidad de cosas que tienen que hacer y como unas e le van echando encima de otras hasta acabar en… bueno, sin spoilers que está bien, es corta,  y es una buena idea que la leáis (no, no es una recomendación que yo no recomiendo libros).

De hecho, en gran medida en la historia esta eso de “A menudo una enorme bola de nieve empieza por unas palabras o un gesto sin importancia.”, razón por la que hay que intentar arreglar las cosas lo antes posible; combinada con la imposibilidad, reforzada por esos menajes de Mr Wonderful,  de ser incapaces de asumir que “No pasa nada por tirar la toalla. En el fondo, se trata de un triunfo de la inteligencia, que es testigo de cómo tus esfuerzos por lograr algo no valen para nada. Está muy bien empeñarse en conseguir algo que se desea, por supuesto. La ilusión por alcanzarlo ilumina algunas tardes y noches. Pero ¿hasta qué punto hay que empeñarse en hacer cosas que, a partir de cierto momento, se vuelven demasiado difíciles?”. No, no pasa nada por ser objetivos con nuestra propia vida y hay que intentar serlo lo antes posible.

Mención especial merece tanto que cite una lectura del bueno de los hermanos Murakami (que por cierto no he leído y tengo que buscar) o de que ejemplifique como se incrementa la estadística de fallecidos por el tabaco: “Se llamaba Pepe y fumaba cuatro paquetes de Ducados al día. Tampoco usaba mechero, o solo en el primero. Nunca Tosia. Murió a los setenta y seis años. Lo atropello una furgoneta cuando se dirigía al estanco a por tabaco” que un resto de párrafo sin desperdicio sobre su dedicación terminando con su respuesta a cualquiera que le decía que le da el asco el tabaco: “Ah, como a Hitler”, que es necesario usar cuidadosamente por aquel principio básico de las discusiones en el que el primero que cita a los nazis es el que no tiene razón.

Mi última lectura del mes ha sido Cuéntamelo todo que cogí por aquello de pasar en un pequeño  pueblo de Maine, tranquilo y en el que no pasa nada importante (aunque exista una investigación de asesinato en el libro no va de eso el libro, siendo completamente secundario), un pueblo con unos habitantes que como se dice en la primera página de uno de ellos “… no se conoce a si mismo tanto como supone y jamás creería que en su vida haya algo digno de ser contado. Pero lo hay, como nos ocurre a todos.”

Vamos, que pensaba en Russo y similares a la hora de comprarlo pero que no me h gustado tanto por un parte porque forma parte de una serie de novelas e incumpliendo el primer mandamiento de cualquier seria,  da por supuesto que conoces los personajes principales por lo que si llegan sin haber leído la anterior pierde mucha gracia; y por otra parte porque es más una historia de algo que no pasa, el romance entre dos mitades de sendos matrimonios, que no avanza más allá del amor platónico y de compañía pese a las ganas de ambos ya que como le dicen a uno de los dos que debería decidirse cuando confiesa su deseo de llegar a más: “Tendrás que superarlo. En serio. Hazme caso, yo he pasado por eso, y te conozco. Tu conciencia no te dejara vivir. Puedes vivir enamorado de ella, aunque sea difícil, pero, si la tocas, tu mala conciencia no te dejara vivir. Te conozco.” Tengo mis dudas sobre si este es un buen consejo o el peor de los consejos, en general me decanto porque es el peor, pero da que pensar así que mientras ¡Divertíos asaltando el castillo!

 

Lecturas

Indignidad - Lea Ypi

Cuentos completos - Saki

Un largo Camino - Abdulrazak Gurnah

Las tempestálidas - Gueourgui  Gospodínov

Bajo el ojo del gran pájaro - Hiromi Kawakami

A oscuras - Thomas Pynchon

Sanshiro - Natsume Soseki

La luna de Gabriel - William Boyd

Nocturno de Venecia - John Banville

Cielo rojo sobre Glasgow - Alan Parks

Mil cosas - Juan Tallón

Cuéntamelo todo - Elisabeth Strout

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