Con la periodicidad de los años bisiestos este año nos ha tocado lidiar de nuevo con la monomanía informativa de otro mundial de futbol, en el que como la selección española ha llegado más lejos (hasta ser campeona por si alguno no se ha enterado) la monomanía informativa centrada en las peripecias de la selección pues ha durado más de lo acostumbrado como si se tratara de una de estas olas de calor impulsadas por el cambio climático. Y todo eso teniendo en cuenta que hay, al menos, dos guerras en marcha, ambas con muy mala pinta y con mínimas posibilidades de acabar, pero con muchas posibilidades de acabar con la economía mundial (o por lo menos la de cada uno de los que somos personas normales) y una pila bastante considerable de escándalos judiciales y de corrupción tanto en nuestro país como en el resto de Europa.
Así que me uno a esta monomanía y os comento un par de cosas
que me han llamado la atención y que igual no has llegado o no las habéis
pensado de la misma manera que yo.
La primera, no por orden cronológico, es la relación de
Trump con España que ha pasado, una vez más, de España es lo peor (antes de la
cumbre de la OTAN y antes del mundial) ha ser de lo mejor (después de la cumbre
de la OTAN y una vez mas después de que España ganara la final). Esto no tiene
nada de novedoso. Lo que me ha llamado la atención es que en una entrevista (o
canutazo, creo que es como ahora llaman a cuando les preguntan sobre la marcha)
le preguntan “¿Cómo van sus desavenencias con España, alguna tensión?” y
el responde “todo perfecto con España, ninguna tensión con España. Yo no
tengo ninguna tensión con ningún país”. Algo que no deja de sorprender
justo cuando esta en mitad de un conflicto bélico en aumento en Irán, pero para
su sentimiento, o entendederas es de, “ninguna tensión con ningún país” (eso sí,
hoy ha anunciado nuevos aranceles a una lista interminable de países, entre
ellos la unión europea por no hacer suficiente por cumplir las condiciones
laborales de la infancia. Increíble pero cierto).
Por otra parte, me ha parecido muy llamativo que toda la
publicidad de la final del mundial se centrada en el concepto “el partido de
tu vida” para resaltar su importancia. No sé a vosotros, pero a mí esto me
parece altamente pesimista ya que da a entender que es ahora o nunca y
considerando que los mundiales (y sus finales) se producen con la misma
periodicidad que los años bisiestos y que la mayoría del público pues tendrá
por delante del orden de 50 años, pues eso quiere decir que los medios no
esperan que España llegue a otra final en las próximas doce oportunidades ya
que si lo hace este no será “el partido de tu vida”, al menos para el
espectador medio. A mi me parece un poco negativo, pero vamos que yo de futbol,
lo justo en entendimiento e interés.
También me ha parecido muy divertido el empeño de la FIFA de
que no pudiera aparecer ninguna marca de productos que no les pagaran a ellos
su “diezmo” en forma de contrato de publicidad. Es divertido porque han
tenido que renombrar para la ocasión casi todos los estadios en los que se
jugaban los partidos que, siendo estados unidos el capitalismo en persona, pues
todos tenían un nombre con una marca. El caso mas divertido ha sido el de un
estadio Levis (ni idea de cual o donde está) en el que les han obligado a
cubrir el logo que adorna casi la totalidad del estadio, pero… como el logo de
Levis es tan reconocible por su forma, Levis se ha limitado a cubrir el logo
con una lona blanca con lo que no solo se seguía reconociendo, sino que ha dado
lugar a un éxito viral de publicidad. Tanto existo ha tenido que el resto de
las marcas han seguido esta forma de cumplir con la letra y, por ejemplo,
Gillette ha cubierto sus logos con una especie de espuma de afeitar que han ido
retirando y Heinz ha sacado una edición de sus salsas sin el nombre que se ha
agotado en nada. Queridas que te pagara por la publicidad pues muchas gracias
que me has dado una idea para hacer mas publicidad y tener mas éxito; así es lo
de cumplir con la letra y no con el espíritu de las cosas o de la ley; o
incluso el tan español de hecha la ley hecha la trampa, pero sin contratar al
genio de al abogado español que, estoy seguro, recurrió alguna muta por lo de “prohibido
fumar” en el metro consiguiendo que lo ampliaran a “prohibido fumar, o
llevar el cigarrillo encendido” (me gustaría saber quién fue y en que superbuffette
trabajo ese genio).
Pero para que no todo sea futbolero supongo que habréis oído
la noticia de la epidemia de diarrea que ha afectado a varios miles de personas
en cuatro estados americanos que a diferencia del aumento de otras enfermedades
ya erradicas y que están de vuelta en los estados unidos por la negación (supresión
de la obligatoriedad) de la vacunación no es del todo culpa de la administración,
sino que parece que se ha debido a la importación de lechuga contaminada desde
Mexico. Hasta aquí nada especialmente raro, salvo tal vez la cantidad de
afectados). Pero el caso es que todos los infectados lo han sido por comprar en
Taco-Bell que no es famoso por sus ensaladas lo que si que lo hace un poco más
extraño ¿Qué tipo de personas van a Taco-Bell y piden ensaladas? Supongo que
las misma que lo hacen en McDonalds. Pues sin más preámbulo noticiero a las lecturas
del mes.
Una portada bonita y una historia centrada en paseos por NYC
pues siempre es una tentación, aunque las que den paseos y por lo tanto cuenten
la historia, o sean las protagonistas de la historia, sean una anciana madre y
su hija emigrantes centroeuropeas para mas señas, algo que le quita cierto
nivel de tentación. En cualquier caso este es el libro, Apegos feroces,
con el que empiezo las lecturas del mes y sin ser malo pues tampoco es bueno;
hay ratos en los que se hace bastante pesado y uno, al menos yo, cada cierto
número de páginas, pues esta tentado de dejarlo y pasar a otra cosa más
entretenida pero entonces pues surge una frase, idea, que te hace continuar
como esa sobre lo que crea la dependencia económica de otra persona
(generalmente de las mujeres hacia sus maridos) y sus problemas derivados por
la desigual que eso puede generar con ese:
“Si ella trabajara, él no tendría que encerrarla en casa. No estaría
mal de la cabeza y podría mandar al marido al caraja. ¿No se te ha pasado por
la cabeza, sabelotodo? Me he dado cuenta de que, cuando una mujer no puede
mandar a un hombre al carajo, con frecuencia acaba loca.”; en el que si
bien no se entiende la primera parte de porque tiene que encerrarla en casa
(celos, obviamente) si coincido con la segunda y no solo en las relaciones
personales, también en las laborales; o esa con la que me puedo sentir
identificado de “La variedad de comentarios ajenos que permite que las
palabras «Eso es ridículo» pasen de mi cerebro a mi lengua es asombrosa”,
si no fuera porque ejerzo un autodominio increíble y le prohíbo a mi boca
pronunciar estas palabras (no solo esas palabras, sino también otras como “alma
de cántaro” que resuenan demasiadas veces al día en el interior de mi
cabeza en relación con otras personas); o por citar otra frase del libro que
creo que considero aplicable a demasiadas personas cuando explican algo (no
solo políticos) con ese “Aquellas perlas de pensamiento nunca parecían
concluir nada o estar relacionadas entre sí de forma relevante. Su inteligencia
era como un tramo de vía ferroviaria escindido de la conexión principal por
ambos extremos, con un misero vagón moviéndose adelante y atrás entre
estaciones, imitando el movimiento y la travesía.”; es decir, por si no ha
quedado claro algo totalmente prescindible e inútil.
También me ha llamado mucho la atención ese “El
gentrificado West Village nos rodea, no nos concede paz, pero nos calma.”;
ya que la novela esta publicada en 1987 y esta parte de la historia se sitúa
mucho antes por lo que las protagonistas ya consideran gentrificada esta parte
de NYC en, digamos, los setenta. Y todavía se sigue con que si se está
gentrificando o no.
A primeros de junio la verdad es que hacia bastante calor en
Madrid y no me atrevi a cruzar la puerta del sol para acudir a mi librería de
referencia por lo que decidí abastecerme en menor medida en una librería que ha
abierto en mi barrio (Librería In-Verso, en Augusto Figueroa) y por cuya
puerta paso de la que bajo a hacer la compra (algo bastante inevitable casi
siempre pero mas ahora que consumo mucha mas fruta y verdura que dura poco y
hay que comprar con frecuencia) que me sirve como complemento en esos momentos
en que me quedo sin lectura y hace demasiado calor o llueve demasiado. Es una
librería bonita y las dependientas son majas (diría que argentinas, pero
podrían ser chilenas o similar, no es que importe), pero a la que todavía no le
he cogido el tranquillo ya que tienen bastante tendencia a dedicar la
zona principal a pocos autores casi de forma monográfica (es un estilo que a mí
me convence menos que el de la variedad pero que no está mal). El caso es que, además del anterior,
pues cogí uno llamado Panza de Burro, básicamente porque era de una
editorial completamente desconocida (creo que ni siquiera es una editorial,
sino solo una editora) y porque pasaba en Tenerife con una mezcla idiomática
que prometía que podría ser divertida. Bueno, el caso es que no lo es, de hecho,
a veces crispa los nervios todas los localismos que utiliza que hacen el texto
casi ininteligible, y además la historia pues no tiene nada especial y,
sinceramente, ninguna frase/idea memorable o remarcable.
Por el contrario, Los reyes de la casa, tenia una
historia de esas de cara o cruz, igual podía ser buena e interesante o una
simpleza absoluta ya que esta centrada en la exposición pública en redes: una
madre hace de su medio de vida el publicar videos de ella y de sus dos hijos
como una familia perfecta y feliz forrándose y compitiendo con otras familias
que hacen lo mismo hasta que de repente secuestran a la hija. La verdad es que
es una lectura muy entretenida y el contraste entre el comportamiento de la
hija y el del hijo, así como todo el comportamiento de la madre, son creíbles e
interesantes. Además, tiene esta frase sobre porque algunos ni nos plateamos ir
al psicólogo para resolver nuestros problemas: “Quizá debería
haberse tendido en un diván para comprender los motivos, pero ha decidido
permanecer de pie, pase lo que pase.”, que parafrasea a esa otra de mejor
morir de pie que vivir de rodillas (o tumbado en un diván).
(nota sobre psicólogos y psiquiatras sobre la base de una
historia real: Un padre y un hijo, millonarios, que llevan tiempo peleados por
temas de dineros y herencias, salen a dar un paseo por una ruta de paseo por la
montaña de la que solo vuelve el hijo ya que el padre muere cayéndose por un
precipicio. Tras investigar un poco y descubrir cosas como que el hijo había hecho
la ruta un par de veces en los días anteriores, y encontrar inconsistencias en
las declaraciones del hijo pues le acusan de asesinato. La investigación avanza,
la policía dice que el tipo de caída no puede ser accidental, la defensa hace
una recreación de una caída anterior del padre para demostrar que si la caída es
compatible… en fin, cosas normales. Pero de repente la ayudante de la psicoterapeuta
a la que acudía el hijo (o ambos, esto no lo tengo claro) confiesa que lo de ambos
hicieran una ruta juntos había sido una propuesta suya (no de la ayudante, se
entiende) como parte de una terapia extrema en la que debían ponerse en
una situación de peligro para que el hijo se enfrentara a la pérdida del padre
simulando que lo perdía en un accidente, que simuladamente mataba al padre.
En fin, pues eso; como decía aquel: No digo más.)
Obviamente, las fechas obligan, mi siguiente parada de
avituallamiento fue la feria del libro acompañado de María de la O, que aunque
ella no lo sepa y al leer esto lo niegue o intente arrepentirse yo ya lo considero
una tradición, además de una excusa ineludible para vernos, que sino lo vamos
dejando y al final pues no nos vemos y en la que ella lleva su lista de libros
que busca, le interesan, y selecciona las casetas en las que quiere parar
(aunque se le olviden en cuanto toma nota de cuales son); yo, fiel a mi
carencia de estilo, pues simplemente me dejo llevar de editorial en editorial
sin ningún criterio ni plan. Versiones contrapuestas que le dan un poco de diversión
al paseo por la feria.
Mi plan, casi siempre, incluye una parada en Nórdica
Editores donde extravagantemente en lugar de comprar un libro de la
editorial de la caseta acabo comprando uno de las editoriales con las que,
habitualmente, comparte caseta. En este caso le toco a Sexto piso,
concretamente a Pícnic extraterrestre siendo la principal razón para
comprarlo la portada y una secundaria que fuera de dos rusos (bueno, de la
antigua unión soviética, que el libro es de 1972) y de ciencia ficción. Además,
la premisa, según la contraportada, pues tenia su gracia: si, es verdad que nos
visitan los extraterrestres, pero básicamente no se interesan lo más mínimo por
nosotros de igual forma que la mayoría no nos interesamos por los insectos si
nos vamos de picnic (claro, a menos que nos molesten). Pues eso que tenía buena
pinta, pero me ha decepcionado, y mucho: es completamente trivial y
prescindible.
Puede que fuera por que María de la O llevara ideas
de lo que quería comprarse, o puede que yo no estuviera centrado pero el caso
es que solo me compre ese libro y ella se compro bastante mas por lo que en la
tradicional y obligatoria recapitulación tras las compras, con su obligatoria cerveza,
comparando la desigualdad de nuestras compras pues me presto, hasta nuestro
próximo intercambio, El ultimo septiembre, novela ambientada en Irlanda
(durante la guerra de la independencia) pero en una mansión que solo podemos
suponer es de ingleses o, cuando menos, de partidarios de la pérfida Albión por
lo que, en principio, une las curiosidades de los ricos británicos con,
digamos, una época, cuando menos, confusa.
El carácter británico queda claramente reflejado en ese “Personalmente,
estoy en contra de las maletas cuando se viaja, uno no para de contarlas… Un
buen baúl, sin duda no hay nada mejor que eso.”, si, así es como hay que
viajar y no midiendo el tamaño del equipaje de cabina; y el de la época en ese
“Nunca he comprendido por que no se puede pegar a las mujeres o por que hay que
salvarlas en caso de naufragio cuando todo el mundo se queja de su inutilidad.”,
que plantea una pregunta que muchos consideraran interesante recalcando la
contradicción.
En cualquier caso, mi favorita, es “No me puede imaginar
queriendo atacar a alguien. Pero, en fin, también es verdad que no me puedo
imaginar otra mentalidad que no sea la mía…, a menos que la mentalidad sea otra
cosa. ¿Por qué es mucho peor para una chica no ir al tenis que para un joven no
ir a España?”, coincidiendo en las dos primeras partes e inquietándome la
comparación de la pregunta final (sobre todo, así al leerla aislada de la conversación
anterior; lo que cualquier político diría sacada de contexto).
Curiosamente no es la referencia más extravagante a España ya que en otro
momento dice “No es culpa de la que usted no pueda estar en Tahití o en
Valladolid o en donde usted hubiera querido estar este verano.”; ¿qué es
más sorprendente la comparación o el simple hecho de considera Valladolid como
un destino de vacaciones de verano? Yo no lo tengo claro.
En la Tierra somos fugazmente grandiosos, la compre
porque me llamo la atención el título, si, pese a su pretenciosidad lo de
fugazmente y grandiosos pues es una contraposición que siempre tiene
éxito, y eso que desde la contraportada
tenía mis dudas sobre que fuera a gustarme eso de “un hijo que le escribe
una larga carta a una madre que no sabe leer” ya que ¿para que se la
escribe? ¿para que hace examen de conciencia, le cuenta a su madre toda su
vida, incluso cosas que, en mi opinión, no deben de contarse a una madre, ni
casi a nadie, si él sabe que no la va a poder leer, que van a tener, en el caso
más favorable, que leérsela; con lo que ya le esta contando su vida no solo a
su madre sino a ese intermediario desconocido? Es verdad que no tengo claro de
donde saca la contraportada que la madre no sabe leer, ya que lo que dice el
autor es “Solo me atrevo a contarte lo que viene después poque la
posibilidad de que esta carta llegue a ti es mas bien escasa; de hecho, la
certeza absoluta de que no puedes leerla es lo que me hace contártelo.” Que
para mi no indica que ella no sepa leer, sino que no leerá esta carta que es
muy distinto y es, en cierta medida, por lo que la gente escribe en blogs que
nadie leer o por lo que puedes escribir cosas que implican a otros en un medio
así (aunque algunos no seamos capaces de vencer esta frontera).
La novela no me ha interesado nada, pero si me ha gustado
esa frase de “Dicen que nada dura para siempre, pero tenemos miedo a que
pueda durara mas que lo que dura nuestro amor por ello.”; algo que creo que
a todos nos pasa con muchas cosas (bueno, salvo a los que se tatúan sopa en
chino pensando que es el ideograma de felicidad o algo similar).
Otro libro que solo compre por la portada fue La edad del
desconsuelo, arriesgándome a lo que pudiera venir entre sus páginas que
desgraciadamente no es nada especialmente interesante o con lo que me haya
sentido identificado. Únicamente creo que está bien la comparación entre las
relaciones personales (amores y esas cosas) y las laborales (con los empleados)
expresada como “La entidad laboral es casi tan compleja como la domestica,
con la tentación añadida de creer – injustificadamente según mi experiencia –
que es posible repararla y mejorarla con un cambio de personal.”; donde no
queda claro a que se aplica el cambio de personal (si a la pareja o a los
empleados) pero si creo que a veces el cambio de los elementos no es suficiente
y se necesita un cambio mas profundo (digamos, horteramente, en la dinámica de
la relación).
Curiosamente, como a casi todos los escritores, se le va la
pinza cuando intentar contar cosas fuera de su ámbito, como “Cuando
trabajaba en la empresa de construcción, mi jefe me explico la regla de los
cuarenta y tres centímetros. La regla de los cuarenta y tres centímetros tiene
que ver con la construcción de escaleras. Si se suma la huella y la
contrahuella de un peldaño, el resultado debe de ser igual a cuarenta y tres
centímetros. Cuando esto es así, el peldaño es perfecto para el pie.”; ¿de
verdad? Así que un peldaño de 40 centímetros de huella (donde se pisa) y de 3
de contrahuella (la altura del escalón) es perfecto y el contario también. No,
de ninguna manera… no si no se cumplen unos mínimos de huella y unos máximos de
contrahuella; pues no, igual que la respuesta al sentido del universo, por
mucho que lo digan en la guía del autoestopista galáctico y todos los
fumados hagan este chiste, no es 42 y eso pese a que en binario este número sea
101010 que parece la puntuación de Nadia Comaneci.
Otro titulo que deseche en la feria del libro pero que
estaba en la lista de Maria de la O (aunque no recuerdo si se lo compro,
creo que si pero para su madre) era El verano en que mi madre tuvo los ojos
verdes, que sinceramente, pese a todo, me parece un buen titulo (mas para
un poema,, o poemario, que para una novela, pero…); el caso es que me lo acabe comprando pese
a que la contraportada apoya la teoría de que iba a ser un truño. La verdad es
que no, y que tiene cierta gracia como cuando dice “No habría podido tener
un cáncer benigno ni, aunque lo hubiera deseado, porque a lo largo de su vida
eligió siempre mal.”; o eso de “… su repuesta fue que una decisión
estúpida es producto de otra decisión estúpida. Una chaqueta fea y barata atrae
mas ropa fea y barata. Un sopapo perdonado acarreará un puñetazo y una mentida
admitida se transformará en un cementerio de verdades.”; curiosamente creo
que muchas malas decisiones se acumulan y que dan lugar a malas consecuencias.
También coincido en la diferente valoración en ciertas
nomenclaturas en función del poder adquisitivo como eso de “Cuando tienen
mucho dinero, a los enfermos psíquicos se les llama excéntricos, y Jim era
además simpático.”; que es la misma razón por la que la mayoría de la gente
diferencia entre árabes y moros; unos son un problema y otros pues son la
realeza directamente.
Compre Hombres enamorados por ser la secuela de Trainspotting,
buena novela y mejor película sobre drogadictos escoceses, y también porque no
me había podido leer la precuela (Skagboys)ya que yo pensaba que la
había comprado en ingles, pero la había comprado en escoces cerrado y era
completamente ilegible. Pues eso, en esta secuela básicamente todos los
personajes siguen enganchados solo que ahora en lugar de estarlo a la heroína
(o al alcohol los más puristas) todos están enganchados a “el amor”, que como
dice uno de los protagonistas “Es la droga mas fácil de quitarse. Porque, a
diferencia de otras drogas, te deja tirado sin preguntarte.”
Los personajes siguen siendo creíbles y tienen las mismas
patologías de carácter como el broncas alcohólico que tras nombrarle padrino de
una boda “se centra en su otra configuración por defecto, a saber, su fuerte
tendencia al delirio absoluto, que triunfa incluso cobre si propensión hacia la
violencia irracional.”; o aquel otro obsesionado con el dinero ya que “Yo
no quiero adquirir una fortuna: quiero conseguirla, perderla y obtenerla de
nuevo. Lo crucial es estar protegido de las consecuencias negativas de mis
decisiones.”; que me parece un conejo muy sabio; y por supuesto ese que “Había
aprendido muy pronto que era mejor no expresar emociones tales como el miedo y
la ansiedad. La educación en Leith te enseñaba que solo servían para darles
poder sobre ti a los cabrones y a los idiotas. Me lo guardaba todo para mí.”;
quien mas quien menos todos coincidimos en parte y somos una combinación de
estos estereotipos.
La verdad es que, hasta el disclaimer, en forma de
nota del autor al final del libro, tiene su gracia: “Puesto que la novela
esta ambienta en la década de 1980, muchos personajes de Hombres enamorados, así
como la sociedad en general, se expresaban de un modo que ahora se consideraría
ofensivo y discriminatorio. Como obra de ficción, Hombres enamorados busca
imitar los patrones de habla usados habitualmente por muchas personas de su época,
Lo cual no es en absoluto una aprobación (tampoco una condena) de tales
comportamientos; es solo un intento de replicarlos con autenticidad a través de
los personajes de la historia”; aunque más que gracia, a mí me asusta el
hecho de tener que poner algo tan obvio para que no pasarte la vida en el
juzgado en los medios. Igual si no eres capaz de comprender algo como esto sin
que te lo tengan que decir explícitamente no deberías de leer y tiene
suficiente con ver el mundial de futbol. Hay cosas que no están hechas para
todos, o igual es solo que no hay suficiente inteligencia para todos.
En fin, ¡Divertíos asaltando el castillo! (pero sin fuego
que parece que no están las cosas para bromas con esto)
Lecturas
Apegos feroces - Vivian Gornick
Panza de burro - Andrea Abreu
Los reyes de la casa - Delphine de Vigan
Pícnic extraterrestre - Arkadi y Borís Strugatski
El ultimo septiembre - Elizabeth Bowen
En la Tierra somos fugazmente grandiosos - Ocean Voung
La edad del desconsuelo - Majes Smiley
El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes - Tatiana
Tibuleac
Hombres enamorados - Irvine Welsh