martes, 5 de agosto de 2014

Comentario de textos - Julio 2014

El huerfano – Adam Johnson
Ciudad Ocupada – David Peace
Superdolares – Luigi Carletti , Agente Kasper
Candido – Voltaire
Prayer – Philip Kerr
Bosque Frio – Partick McCabe
El tratamiento – Mo Hayder
Alguien dice tu nombre – Luis Garcia Montero
Elvis o la virtud – Frantz Delplanque
El don – Mai Jia

Lo sé, lo sé, a mí también me ha pasado.

Ciertamente, viendo la lista de libros de este mes parece claro que he debido de hacer trampas o bien se me ha ido de las manos lo de la lectura. Supongo que un poco de ambas cosas, pero eso si para ambas cosas tengo excusa (en general, que quede claro, puedo tener excusa para casi cualquier cosa, y si  no la tengo pues la busco y la encuentro).

Respecto a “hacer trampas” en la lista: yo diría que es muy probable que los dos primeros no los leyera este mes si no el mes anterior ya que a mediados-finales del mes pasado estaba prácticamente sin libros cuando con motivo de celebrar el cumpleaños de mi sobrino Rafa (el primero que celebramos con él, aunque ya supere holgadamente los veinte años, y no estuviera muy claro porque teníamos que reunirnos este año para celebrarlo; cosas de la vida) recibí un pedido casi a domicilio – en el restaurante que ahora nos acoge para este tipo de celebraciones familiares – procedente de la librería Fuenfria de Cercedilla (la que ya debe de ser vuestra librería favorita o por lo menos favorita de la sierra de Madrid) y transportado por mi hermano. Además a finales de Junio pase unos días en Piles (que sí, que significa hemorroides en Ingles pero que es un sitio muy agradable) por lo que posiblemente me leería un par de libros allí en esos cuatro días (si no alguno más).

Respecto a que “se me ha ido de las manos” solo puedo decir que aunque tengo algunos trabajos ando últimamente con pocas ganas de hacerlos, lo cual me obliga a ocuparme en otras tareas y puesto que la televisión cada día es peor – cuantas más cadenas menos interesante parece ser el contenido -  pues mi tiempo de lectura aumenta significativamente. SI a esto le sumamos que los días de verano son más largos pues eso, que hay muchas más horas de lectura. Por supuesto también está la explicación b y es que cada día soy menos sociable y más ermitaño lo que hace que disponga de mucho más tiempo que ocupar, todo el que antes dedicaba a actividades sociales (vamos, lo que viene siendo: a tomar copas).

La selección del “servicio casi a domicilio” es siempre algo más limitada que la selección de una librería – tampoco va a ir Rafa en el autobús con una maleta de cartón rellena de libros como si fuera un vendedor de postguerra con todo su muestrario a cuestas (aunque igual esta imagen le está tentando, que siempre ha sido rarito en cuanto a su imagen, bueno y en eso y en otros aspectos, y puede que su próxima visita la realice de esta guisa) –pero siempre es suficiente para abastecerme adecuadamente e incluso para que tenga que volver a cargar con algunos no seleccionados,  a veces simplemente por supervivencia propia (o los carga él o me toca cargar a mí con ellos) y otras (las menos) porque no pasan mis místicos criterios de selección (igual la próxima vez apunto los descartados por aquello de aclarar mi misticismo selector).

Entre los libros preseleccionados estaba Ciudad Ocupada, una selección arriesgada ya que es una “segunda” novela de una trilogía, pero entendible al ser una novela que pasa en Japón (que seguro que ya os he contado que para mí es el último destino exótico – mucho más que el África negra o similares – y que algún día visitare. Peso divago, si eso, ya os lo cuento otro día). Además, cosas de la suerte, yo ya me había leído la primera novela de la trilogía (Tokio Year Zero, o Tokio Año cero, para los que la hayáis leído traducida) de la que, obviamente, no recordaba nada, ni tan siquiera si me había gustado o no pero que dudo hubiera comentado con Rafa. Ya digo: arriesgado pero con suerte. ¿La novela, os preguntáis? Pues no está mal pero la verdad es que tiene un “tufillo” a taller de literatura (donde al parecer, me lo ha explicado Rafa que de esto sabe, no van con monos de mecánico ni con un lápiz en la oreja ajustando sonetos, pese a que esta imagen provenga del propio Rafa) mezclando distintos estilos de narración que si ahora os cuenta una parte este señor, que si luego esta señora, que si ahora ponemos un periódico, que si ahora metemos una poesía. En fin, que no está mal pero si yo fuera el profesor (o director del taller) las notas para sus padres no le garantizarían unas vacaciones sin deberes adicionales.


Elegí El Huerfano, fiándome de los comentarios de Rafa que había leído las primeras cincuenta páginas y le habían gustado. Además de esto, pues pasaba en Corea del Norte (en la mala) lo que siendo un país razonablemente desconocido y que ahora es uno de los “imperios del mal” pues siempre parece prometedor (la de Murakami sobre los coreanos que invaden una Isla de Japón que leí hace poco ya os la he comentado en otra entrada y bueno, los norcoreanos sí parecen bastante tarados). Bien, Rafa tenía razón y las primeras cincuenta páginas, incluso puede que las cien primeras, están bien y resultan entretenidas. Lamentablemente es como si en lugar de un buen filetón tienes que comerte a la fuerza  todo el lomo de una vaca, e incluso de una vaca tejana que como todos sabemos deben de ser mucho más grandes que una ternera gallega o que un buen buey irlandés (yo diría que como cinco veces cualquiera de ellos si se mantiene la relación entre las alitas de pollo del Texas BBQ de NYC y las alitas de un pollo normal). Pues eso, que acabas algo más que saturado y al final ya ni siquiera recuerdas el excelente sabor de los primeros trozos que comiste e incluso, dramatizando, puede empujarte al vegetarianismo (Dios no lo quiera ya que eso os dejara sin algunas opciones laborales como ser portero de discoteca, además de hacer vuestra vida, no solo las comidas, mucho más aburrida).


La verdad es que las historias “basadas en hechos reales” no me suelen interesar demasiado, salvo en el caso de Estrenos TV que sencillamente creo que son educativas y que la eliminación de este tipo de películas de la televisión ha tenido un efecto muy negativo en la formación de los jóvenes de hoy en día, pero las historias de falsificadores y de casi cualquier tipo de timador sí que me suelen interesar. Superdolares reunía ambas características ya que (se supone que) es la historia real de un agente de un cuerpo especial de la policía que investiga la existencia de una instalación de fabricación de dólares falsos pero perfectos, prácticamente auténticos al realizarse con la misma tecnología y los mismos materiales que los originales. Como dicen varios de los personajes “Same-same but different”. Si, podía ser interesante pero también había que tener en cuenta un par de cosas: el cuerpo al que (supuestamente) pertenece este agente especial es de los carabinieri italianos y la verdad es que, sin faltar a la policía italiana, pues, no es el típico cuerpo que acojona o que promete especialmente, aunque esto puede deberse al desconocimiento que yo tengo de los cuerpos especiales o tal vez al secretismo inherente de este tipo de cuerpos (al parecer uno de los cuerpos especiales más “duros” del mundo es la policía montada del Canadá, muy por encima del Mosad, los Navy-Seals o similares, que incluso tiene un tren especial para llevar todo su equipamiento a donde sea necesario); y encima el nombre en clave de este agente (que pese a ser secreto firma el libro) es Agente Kasper (si, como el fantasma risueño dela película pero con una K para darle un toque más agresivo, supongo). Pues eso, un par de cosillas pero de cosillas importantes ¿no?.


La verdad es que si todo fuese inventado el libro habría estado mucho mejor. Corrijo: si todo hubiese sido inventado por un buen autor de Thrillers hubiese estado mucho mejor. Puede que la realidad supere a la ficción en el sentido de que realmente suceden cosas que son muchos más increíbles que las que alguien pueda imaginar, cosas que si pusieras en una novela harían que esta fuera tachada de increíble (por mucho que todo fuera cierto) pero esas cosas hay que saber contarlas, hay que tener lo que unos llaman “ritmo dramático” y también lo que mi padre llamaba “calidad de página”, o cualquier otra cosa igualmente difícil de explicar (Si eso, otro día, os cuento lo que yo creo que mi padre entendía por “calidad de página”, que puede no tener nada que ver con lo que el entendía pero que es un criterio que yo también he adoptado y que resulta muy útil para valorar libros). El caso es que además de una historia, real o ficticia, hay que tener algo, algo más, que ciertamente ninguno de los dos autores tiene por lo que el libro se queda en un apunte de historia sin profundizar en la misma ni en sus personajes.

Uno de esos lugares comunes que a todo el mundo le gustan tanto y que no pueden evitar mencionar como su plan de verano es la relectura de los clásicos, aunque en la mayor parte de los casos más que relectura sería más correcto hablar de lectura ya que el hecho de conocer el título de un libro, el nombre del autor e incluso saber de qué va no hace que cuando te lo leas lo puedas llamar relectura. No, para ser relectura has de habértelo leído antes; si no, no vale como relectura.

En este sentido mi autor clásico en esta compra iba a ser Voltaire y la obra elegida: Cándido. ¿Sería una relectura de los clásicos? Pues, en el momento de la compra no conseguía decidirlo, ¿existía la posibilidad de que yo, con mi enciclopedia incultura, no hubiera leído a Voltaire; incluso de que no hubiera leído Cándido, en concreto? Difícil de creer. Estaba dispuesto a admitir que no lo hubiera leído en francés, algo que hubiera sido raro ya que mi francés se limita a tres o cuatro palabras sueltas, curiosamente casi todas relacionadas con el desayuno u otra comida; pero ¿que yo no hubiera leído a Voltaire, el Cándido de Voltaire? No resultaba creíble. Claro que podría ser, podría ser puesto que siendo el tipo de libro de “sentencias” yo no recordaba ni una sola de las que se reproducían en la contraportada, pero ni una sola de ellas; así que puede que no lo hubiera leído.


En cualquier caso, ya se tratara de una lectura o de una relectura de los clásicos, el hecho de que estuviera traducido por Carlos Pujol (algo a lo que mi hermano daba mucha importancia, pero que para mí no tenía mayor trascendencia, salvo la de que Carlos Pujol es, efectivamente, un escritor que parece genial) era un factor a favor de su adquisición para lectura (o relectura, ya veríamos) pero el factor decisivo es que tenía ilustraciones. Sí, no lo neguemos ¿quién puede resistirse a un libro ilustrado? Y ¿si el ilustrador es el que ilustro la mayoría de los libros de Roald Dahl (Quentin Blake se llama por si os lo estabais preguntando)? No había duda, desde luego con dibujitos no lo había leído. Así que ya podía decir que este verano releería (o leería) a los clásicos que como digo es un objetivo de cualquier “intelectual-hipster-llámalo-X” que se precie; no solo los releería, si no que los releería en una traducción envidiable (lo de los dibujitos no sería necesario mencionarlos, salvo a conocidos, ya que para algunas personas esto le resta seriedad a la relectura de los clásicos).

La verdad es que se trata de un libro muy divertido, pese a estar lleno de sentencias maximalistas,  como esa de “las desgracias particulares engendran el bien general; de modo que cuantas más desgraciadas particulares haya, mejor anda todo” que casi podría resumir la política del partido popular y su triunfalismo en estos años. Hasta más o menos la mitad del libro para mí era una lectura de los clásicos, por lo que mi plan no de relectura de los clásicos no se cumplía. Pero allí estaba, concretamente en la página 82, allí estaba ese grito y salvaje que conocía tan bien, que en tantas borracheras habíamos utilizado como cita clásica para demostrar nuestro nivel intelectual de cara a conquistar mujeres. Si, en ese simbólico número de página, que representa el mejor año (posiblemente y de momento) de mi vida y también una de las mejores cosechas de Rioja estaba mi cita favorita de Voltaire: “¡Comamos Jesuita, comamos Jesuita!”.

Si, se trataba de una relectura de los clásicos en toda regla (salvo, tal vez, por lo de los dibujitos). De hecho, ahora podía comprobarlo, no solo había leído Cándido con anterioridad, si no que había leído otros diez cuentos de Voltaire, en la misma excelente traducción de Pujol y en una colección sesuda con notas a pie de página. Ya podía quitarme la barba sin dejar de ser un hípster (no, no fue este el motivo por el que me la he quitado pero encaja tan bien con la historia que tenía que mencionarlo e incluso asociar ambos hechos).

Con esta relectura acabe los libros procedentes de la librería Fuenfria y decidí acercarme por la Casa del libro a ver si había alguna novela en ingles que me apeteciera, ya sabéis por aquello de no traicionar a mis librerías de referencia, tan pronto en el mes, o incluso por si había alguna novela no-novedad de algún autor que hubiera descubierto había poco gracias a las recomendaciones implícitas, la selección previa, de ambas librerías ya que ninguna de estas dos opciones (idioma extranjero o libro que no es novedad) me paree una traición a mis librerías ya que ellas me surten de novedades o de los clásicos reeditados.

Cuando era pequeño solía desear, e incluso lo decía en voz alta, un daño concreto, habitualmente la muerte, a alguna persona. ¿Quién no ha pensado, o le ha dicho a alguien, “ojala te mueras”, o cualquier otro mal sencillo como “ojala ardas en el infierno por toda la eternidad y un día”? No, ¿vosotros no? Anda mentirosillos, no, si tampoco os habréis reído nunca de las caídas de la gente. Vale, seguir engañándoos.

La verdad es que yo lo deje de hacer un día que pensé, o sentí, y si ahora va y se muere; así, tranquilamente, yo voy, le deseo la muerte y el tipo va y se muere. Joder, eso sería algo increíble y no digo algo increíble en un buen sentido (aunque posiblemente la muerte del tipo de personas a las que yo se la deseaba habría sido un bien para la humanidad); no, creo que si hubiera pasado habría sido increíblemente chungo, eso si habría sido un trauma insuperable, pensar que con desear cosas puedes hacer que pasen. Acojona. Bueno, pues eso, más o menos, pero a través de la oración, es lo que se supone que se plantea en Prayer de Kerr. La idea de la novela – sin ser un spoiler – es: ¿qué pasaría si de verdad el orar realmente funcionara?; si un grupo de personas, devotos cristianos o católicos,  se unieran para orar y pedir por la muerte de los enemigos de la religión y estos empezaran a morir en extrañas circunstancias ¿sería posible que esto hubiera sido por el poder de la oración?; ¿Que tipo de Dios te haría caso en algo así? La verdad es que supongo que tal y como va el mundo es posible pensar que casi cualquier Dios que existiera, al que la gente reza, podría ser de este tipo; o por citar a un personaje de la novela “sometimes I think God is just the devil pretending to be nice”.


La verdad es que Kerr, un escritor que me gusta hasta cunado el libro no le sale bien (si, a todo el mundo le pasa) y que me descubrió Rafa con aquella fascinante Una investigación filosófica, varios años antes de que se hiciera famoso con su serie de Gunther, resuelve la historia con credibilidad, me atrevería a decir con “calidad de página” (sea esto lo que sea). Si bien, con ese toque sobrenatural, no es una novela negra al uso (aunque hay novelas negras sobre “poderes sobrenaturales” que son ciertamente al uso, como las de Charlie Parker de Connolly que, dicho sea de paso, es una de mis series favoritas) tiene frases realmente negras y reflexiones apasionantes como: “I’m just saying that fooling yourself is what being human is all about, right? It’s the Price we pay for having the kind of brain that invents explanations for stuff. I believe in human gullibility and not much else” que a mí al menos me recuerda a aquella conocida cita de “solo creo que hay dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana. Del universo no estoy seguro” que creo recordar era de Einstein.

Antes de encontrar esta novela había localizado Bosque Frio, que había cogido sin dudar ya que pensaba que era del escritor de “Oigo Sirenas en la calle”, novela que había leído hace poco y me había gustado bastante, así completaba mi fondo bibliográfico y comprobaba si el que me hubiera gustado era casual o si realmente era un escritor a recordar. Un buen plan, salvo por el detalle de que no se trataba del mismo escritor. No, no lo eran: uno era McCabe y el otro McKinty; nada que ver, bueno al menos los dos son irlandeses y los dos son McAlgo. Tampoco es tan raro confundirlos ¿no?. Tampoco tienen nada que ver ya que si la de McKinty es una novela urbana esta es una novela rural con una complicada historia de la que no puedo contaros mucho sin hacer un spoiler, por lo que solo diré que el que puede ser a recordar es McKinty, no McCabe (aunque este tampoco está mal, pero un poco demasiado “retorcido” para mi gusto).



Normalmente con estos libros habría llegado a final de mes sin problema y sin embargo aún estábamos en la primera quincena de Julio. Ya había sido suministrado por la librería Fuenfria de Cercedilla (esa que cada vez os gusta más, no lo neguéis) e incluso ya había gastado el comodín de la novela extranjera.

Mal íbamos.

Resultaba casi imperiosa la visita a mi librería de referencia, la librería Méndez de la calle Mayor, antes de que se fueran de vacaciones ya que en estos meses veraniegos no hay planes de comidas familiares por lo que se resultaba poco creíble el suministro casi a domicilio desde la lejana (para mí que no piso el campo, no para vosotros que debéis visitarla con frecuencia) Cercedilla.

Mi primera elección fue El Tratamiento y antes de hablar de ella debería hacer dos correcciones a este texto: la primera es que os debo contar que Bosque Frio trata sobre abusos infantiles y la segunda que eso de que he dejado de desear que muera gente es mentira ya que sigo deseando que mueran todos aquellos que abusan de los demás, especialmente los que abusan de niños. Con conozco a ninguno (creo, que nunca se sabe) pero estoy convencido de que si lo conociera no solo desearía matarlo, es posible (solo posible, que quede claro) que podría ser algo más que deseo. Las dos aclaraciones las considero necesarias ya que ambas novelas tratan sobre pederastas y, ya digo, es algo que me molesta mucho. No, no me molesa que las novelas traten el tema, que es algo que creo bueno ya que resulta incomprensible e ininteligible pero desgraciadamente real, si no los pederastas en sí mismos (no solo ellos si no que también los maltratadores de su pareja y en general la gente que abusa de otra) e incluso la continuidad de comportamientos a los que suelen estar asociados y lo difícil que es romper ese circulo vicioso.

En cualquier caso, la novela se lee razonablemente bien, aunque es algo tramposa en algún planteamiento, pero lo que más me ha impactado es saber que existen asociaciones que defienden la pederastia y la pedofilia (legales, quiero decir). Sinceramente no lo entiendo. Aunque puede que haya casos, causas o motivos para revisar la edad de consentimiento (que no se cual es) desde luego el limite me parece necesario y sano y algunas cosas no creo que puedan ser ni planteables por una mente que no esté totalmente enferma.

Ya digo las dos me dejaron mal sabor de boca (por su tema), sabor que no estaba seguro de que me pudiera quitar Alguien dice tu nombre, ya que las novelas escritas por poetas no suelen ser especialmente buenas (zapatero a tus zapatos, que aunque te creas capaz de hacer zapatillas, no es lo tuyo) salvo honrosas excepciones, me viene a la cabeza Javier (Chavi) Azpeitia (aunque creo que no ha publicado poesía yo tengo un incunable que demuestra que es un gran poeta, además de gran escritor). Aunque no esperaba mucho creo que incluso recibí menos de lo que esperaba: una historia de amor en la Granada del franquismo y en el seno de una editorial que me ha dejado completamente indiferente, pero seguro que tiene su público. Para mi olvidable y olvidada.





Aunque no íbamos bien, había que seguir intentándolo y tal vez Elvis o la virtud podía ser la novela excelente y divertida de este mes ya que según la contraportada era “una lectura excelente si te gusta el rock y el humor negro”. A mí me gustan las dos cosas, creo, ya que en ese genérico del rock presenta un grave problema de definición que ya hace sospechosa esa frase. (¿rock? Pues depende de que rock ¿no?; como si solo hubiera uno o todo fuera lo mismo). Para empeorar las cosas es la segunda novela con el mismo personaje y yo no había leído la primera y viendo las referencias que el propio autor hace a esta novela posiblemente no la lea. Pero aquí no terminaban las señales de que podía ser una decepción, no, no lo he dicho pero el autor es francés; acabáramos. Esto no podía traer nada bueno, no podía terminar bien esta lectura, incluso había riesgo de no terminarla. En su descargo dire que es razonablemente entretenida, aunque rozando el absurdo en algunos momentos y que como el propio autor cita de otro autor “Vamos, que no se trata de dotar a un personaje de toda la parafernalia del rock ni hacer que cite letras de grupos punk para que el libro sea eso, rock”.


No, ciertamente no se trata de eso y creo que debería haberse aplicado el cuento, que se dice, porque creo que eso es mas o menos lo que ha hecho y con el resultado esperado.

Las novelas sobre criptógrafos, o sobre secretos (como encubrirlos, descubrirlos y su importancia) siempre me resultan interesantes. Si mi inteligencia hubiera sido mayor y si Caminos no hubiera estado mucho más cerca que la autónoma, que es donde me hubiera tocado estudiar de no escoger una carrera de la Politécnica, es posible que hubiera estudiado exactas (matemáticas dicho en fino) e incluso es probable que hubiera acabado enloquecido por la criptografía o alguna otra  rama de las matemáticas, igualmente criptica. En cierta medida Caminos me salvo de este tipo de locura, aunque hay de tantos tipos que obviamente no me ha salvado de la locura.

Obviamente El don, que trata de un criptógrafo chino, era una elección casi inevitable. La novela en si es entretenida a ratos y otros ratos es ligeramente insoportable y en general se acaba haciendo excesivamente larga (si, gana la parte insoportable). Como en mis últimos años de Caminos estuve trabajando en un sitio que se llamaba el LSI (Laboratorio de Sistemas Inteligentes) teóricamente haciendo temas de inteligencia artificial (la broma tradicional es que como no teníamos natural teníamos que intentar hacernos con algo artificial) pues me quedo con una descripción que hace de los problemas del desarrollo de la inteligencia artificial: “Después de todo, un ordenador no es lo mismo que un cerebro humano. Con las personas basta que un hombre y una mujer se acuesten juntos para crear un nuevo ejemplo de inteligencia humana. Puede haber fallos, claro, como cuando nace una persona con deficiencia mental. En muchos aspectos, la creación de inteligencia artificial podría compararse con la tarea de convertir a un deficiente mental en una persona de inteligencia elevada, algo sumamente difícil”.


Puesto que se acercaban las vacaciones confirme con la librería Méndez  de la calle Mayor que cerrarían hasta el 18 de agosto yo que requería comprar un par de libros más ya que aunque la librería Fuenfria de Cercedilla estará abierta todo el verano – no solo no tenéis excusa y debéis subir a tomar una cervecita, ver el campo y compraros unos libros si no que no me negareis que es un plan excelente– las probabilidades de que yo visite el campo son como las de que no llueva durante la feria del libro: ínfimas.


Pero, si eso, ya os cuento el mes que viene; aunque antes espero contaros otras cosas si consigo el tiempo y venzo la pereza.

viernes, 25 de julio de 2014

Comentario de textos - Junio 2014


Canada - Richard Ford
Big Brother - Lionel Shriver
Los Hijos - Gay Talese
El gato que venia del cielo - Takashi Hiraide
Los caballeros las prefieren rubias. Anita Loss
Pero se casan con las morenas – Anita Loss


Pues como os comentaba a finales de mayo, para evitar acudir a la feria del libro, me acerque por segunda vez consecutiva a la Librería Méndez sin respetar el turno implícito de dividir mis compras entre mi librería de referencia y la que ya supongo es vuestra librería favorita en la sierra de Madrid: la librería Fuenfria de Cercedilla que sé que cada día os gusta más y que espero que os siga gustando cada día un poco más por aquello de departir con el librero tarambana y tener escaso riesgo de cruzaros conmigo (dos grandes ventajas que seguro no apreciáis suficientemente).
 
Con mi memoria, incluso con la que tenía antes, comprar libros) es difícil porque nunca recuerdo si ya me lo he comprado o no (algo menos con los discos, pero incluso me pasa con la ropa y de hecho tengo varias camisas idénticas y no solo porque me gusten, que me gustan, si no porque me he olvidado de que las había comprado) o si he leído algo del autor y de si me ha gustado no. Cuando estoy en la tienda, salvo casos excepcionales, esta es una duda que me ataca al mirar cada libro ¿he leído algo de este autor?¿me gusto o fue aquel que deje a mitad?

La verdad es que estaba convencido de que ya había leído algún libro de Richard Ford y estaba igualmente convencido de que me había gustado; además las dos primeras frases de Canadá prometían: “Primero os contare lo del atraco que cometieron nuestros padres. Y luego lo de los asesinatos, que vinieron después.”. Un principio bastante prometedor ¿no?, no tan bueno como para incluirlo en mi top ten de principios demoledores, que un día intentare recopilar en una entrada por aquello de comentarlos, pero a mí me parece un buen principio. Lamentablemente y aunque es verdad que hay un atraco e incluso unos asesinatos en el libro el libro no tiene el ritmo que un principio como este se merece, de hecho se queda en una anécdota respecto al resto del libro que se vuelve una lenta historia familiar de dos hermanos y de su separación por ese primer acontecimiento pero que no a mí al menos no me ha interesado especialmente e incluso se me ha hecho bastante pesado, no tanto como para dejarlo a medias pero casi, casi.

(Por si os lo estáis preguntando, lo he comprobado y no, no había leído ningún libro de Richard Ford y estoy casi seguro que confundía a ese Richard con Richard Russo, del que ya creo haber comentado algún otro libro y que si que es un autor que me atrevería a recomendaros, si yo recomendara libros o autores y si supiera que os gustan los libros “lentos” que no es el caso. O igual o confundía con cualquier otro Richard o incluso con algún otro Ford que todo es posible).

Shiver sin embargo era un apellido que no me sonaba de nada, aunque titular, en estos tiempos que corren, una novela Big Brother son ganas de provocar malentendidos entre los potenciales lectores que nos dejamos llevar por poco más que el titulo y/o la portada, que solo de vez en cuando miramos la contraportada, algo que intentamos evitar ya que suelen tener tendencia a destriparte la historia, y que normalmente nos conformamos con mirar las primeras frases o como mucho ojeamos las paginas para hacernos una idea del “tono” general del libro y de si es “de diálogos” o “de largas descripciones” ya que, creo que inevitablemente, ese Big Brother lo tenemos asociado, los más afortunados, a un mundo en el que todos nuestros movimientos son vigilados, y los menos afortunados a un programa, o muchos, incluso demasiados, de la peor televisión.

En este caso la contraportada nos habla de otra historia de hermanos, lo que obviamente y puesto que en Canadá ya había hermanos era un punto en su contra, pero también nos informa de que en la historia hay un “nazi de la nutrición” lo que obviamente era un punto a su favor, al menos para mí que estoy convencido de que este tipo de nazis son verdaderamente peligrosos, seguramente no tanto como los nazis convencionales pero no muy lejos de ellos (dicho esto sin ánimo de trivializar el nazismo como ahora hacen muchos nazis encubiertos de los muy distintos tipos que existen) y que son un objetivo prioritario de mis diatribas periódicas por motivos que no voy a entrar a explicar ahora mismo, pero que estoy dispuesto a explicar en cualquier momento delante de un buen chuletón o incluso de cualquier comida adecuada, por supuesto siempre orgánica (porque yo solo como comida orgánica y solo bebo agua mineral porque como todos debéis saber no hay de otro tipo: de momento no hay agua vegetal, ni animal, salvo tal vez la reciclada que beben algunos astronautas; ni comida inorgánica, salvo para algunos culturistas o similares y para los ya mencionados astronautas que pueden alimentarse de pastillas o productos nutricionales elaborados en laboratorios farmacéuticos).

Afortunadamente el libro trata sobre todo de las relaciones entre dos hermanos - realmente, aunque irrelevante, se trata de hermana y hermano - y del entorno familiar de ella (él no tiene puesto que es un fracasado, fracasado por gordo entre muchas otras cosas) y de cómo se vive una adicción.

La verdad es que a medida que avanzas en el libro piensas que la gordura es simplemente una metáfora de cualquier adicción (y en gran medida lo es) aunque también a medida que avanzas algunas situaciones son solo explicables, atribuibles, a la gordura y no tienen una equivalencia en otras adicciones.

Siendo yo gordo – sí, porque aunque parezca que he adelgazado la báscula de mi endocrina dice que para nada, que sigo rondando las tres cifras (no dire por que lado) - podríais suponer que me ha gustado por eso, pero la verdad es que no. La verdad es que me ha gustado porque creo que trata bastante bien lo que algunas personas están dispuestas a hacer por su familia y como algunas decisiones para mantener lo que crees importante no son compartidas por aquellas persona que más te importan y hace que algunas cosas que podrían ser sumamente sencillas, como ayudar a un hermano, se compliquen excesivamente.

Aparte de los nombres de los autores y esas otras características básicas que ya he comentado un factor que siempre influye en la decisión es el tamaño del libro.

La verdad es que cuando veo un libro muy largo, digamos de más de 700 páginas con letra pequeñita, siempre me enfrento al mismo dilema: si es bueno estaré encantado e incluso se me hará corto, además puesto que los libros cuestan prácticamente lo mismo sea cual sea su longitud son obviamente una gran inversión desde un punto de vista económico; pero, si es malo, si no consigo meterme en la historia o en los personajes se me hará interminable, a menos que lo termine por el “método b” que es el de dejarlo sin acabar, y sentiré que he perdido mucho tiempo por lo que será una pésima inversión de tiempo.

Los Hijos, con unas setecientas cincuenta páginas y con una letra que obliga a casi cualquiera - salvo a los jóvenes imberbes o prepubescentes - a plantearse la adquisición de unas nueva gafas que faciliten su lectura, en mi caso de unas lentes progresivas que me conviertan en el anciano entrañable que me gustaría ser en breve, o más probablemente en el viejo gruñón que casi seguro terminare siendo también en breve (lo único seguro, es que sea lo que sea, será en breve); así que si encontramos a alguien que apueste por la primera opción, podéis apostar, que ya sé que todos vosotros apostaríais por la segunda: la del viejo gruñón, es uno de esos libros que resulta necesario “sopesar” muy mucho.

Esta vez, aunque os parezca increíble, me acordaba de haber leído hace poco otro libro de Talese, que incluso recuerdo haber comprado porque confundí al autor con otro. Sí, me acordaba de haber leído un libro de Talese pero, por supuesto, no recordaba si el libro que había leído me había gustado o no, obviamente recordar este pequeño detalle es algo que está por encima de mi capacidad memorística actual y que por supuesto carece de importancia.
 
También he de reconocer que para mí, las pocas veces que la leo, carece de importancia lo que diga la contraportada ya que en esos raros casos la leo en diagonal y saltándome una de cada dos palabras. Ahora que la vuelvo a leer, dice claramente que es una saga familiar desde finales del XIX hasta los primeros cincuenta, obviamente con mi método de lectura de contraportadas yo había decidido, unilateralmente y sin ningún criterio, que la saga familiar sucederá en otra época más actual y que de hecho se centrara en los sesenta. Misterios de la vida y de la lectura de salteada.

Pero fue por esta decisión unilateral, que la saga se centrara en los cincuenta y sesenta la razón principal por la que me decidí a comprarlo, así que ya podéis imaginar mi sorpresa cuando la historia empieza a finales de XIX e incluso parece que se va a remontar hacia atrás y no avanzar hacia mediados del siglo veinte.

Una sorpresa total para mí, que veía como avanzaban las páginas del libro y seguíamos en la primera guerra mundial y que para cuando empezaba la segunda guerra mundial ya habíamos pasado holgadamente la mitad del libro.

A este paso para llegar a mitad de los sesenta iba a necesitarse un segundo tomo del que no me habían anunciado nada en la contraportada, menuda estafa, menuda estafa, si esto fuera lo que decía la contraportada y no algo que yo hubiera decidido por mi cuenta que no era el caso.

La verdad es que se trata de uno de esos libros que parecen muy bien documentados y en los que se aprende muchas cosas, como porque los tanques se llaman tanques (según Talese, se debe a que en el primer transporte, en la primera guerra mundial, se llevaron cubiertos en tren al frente - curiosamente hasta el desierto del Sinaí -  y, para despistar al enemigo, se referían a ellos como tanques/depósitos de agua); que en la primera guerra mundial las divisiones americanas eran divisiones segregadas - solo de negros o solo de blancos - y que entre estas estaba el regimiento 369 que se llamaba los Harlem Hellfighters (un nombre excelente, del que me gustaría ver la insignia, si es que la tenían); y se recuerdan algunas otras como que Mussolini fue - además de director de periódico - un agitador comunista antes de convertirse en el Duce o que Cole Porter en 1934 tuvo un éxito musical con un tema que decía “Eres lo más, eres Muss-o-li-ni...”.

Desgraciadamente, pese a la apariencia de bien documentado y a lo creíble de lo que cuenta, habla de la guerra civil española, comentando “que duro hasta la caída de Barcelona a manos de la tropas de Franco en enero de 1939”. Es verdad que yo de historia se poco menos de lo estrictamente necesario, pero incluso para mí - incluso para mi dañada memoria – parece, cuando menos, ligeramente inexacto. Claro, esto me hace poner en duda el resto de informaciones que  contiene aunque no lo suficiente como para que no las cuente en un futuro cercano (verificadas o sin verificar, eso ya veremos).

Los libros especialmente “delgados” también requieren una profunda reflexión ya que por precio, al costar básicamente lo mismo que uno normal o que uno gordo, son una “mala” inversión económica; eso si, por malos que sean tampoco te van a destrozar la vida mucho tiempo (bueno, algunos lo consiguen por aquello de ser sumamente ilegibles pero es difícil es como marcharse del cine viendo un corto).

Con poco más de 150 páginas, con una letra considerable y con unos márgenes que solo pueden clasificarse de generosos El gato que venía de cielo, podría ser clasificado como una mala elección solo por este motivo. Mucho peor elección si consideramos mi especial relación con los gatos, que han sido fuente de varios disgustos y situaciones bastante confusas a lo largo de mi vida (si eso, ya os cuento otro día). A su favor tenia estar escrito por un japonés, algo que salvo que se trate del Murakami plasta puede ser suficiente (el que es obligatorio haber leído para poder tomar café en La bicicleta), y también el venir recomendado por Kenzaburo Oé que es un autor que para mí era de culto mucho antes de que le dieran el Nobel (que creo que se lo han dado pero ahora me entra la duda) y que, pese a esto, sigue siéndolo. Solo diré que si bien Oé seguirá teniendo todo mi aprecio (¿Cómo podría perderlo alguien que titula un libro “Arrancad las semillas, fusilad a los niños”?) esta recomendación no me parece fiable ni justificada, aunque esto último puede que sea fruto de su edad (de la suya, digo) y de un posible amor a los gatos no comprendido ni compartido (suyo, que no mío).

Pues si ni el autor, ni el título, ni la contraportada ni incluso el tamaño que otro criterio se puede aplicar para seleccionar un libro concreto entre otros muchos os andaréis preguntando. Pues ni idea, tengo que responderos, pero estoy seguro de que no son futro del azar y que de alguna forma, coherente pero inconsciente, las tomo sin poder explicar por qué.

Bueno, en el caso de Los caballeros las prefieren rubias y de Pero se casan con las morenas si puedo explicaros por qué ya que eran dos libros que formaban parte de una colección de humor que había en casa de mis padres que junto con los de Wodehouse y algunos otros forman parte de eso que podríamos llamar “mis preciados recuerdos”. Si, esa colección, con su lomo verde, así como otras de serie negra (una en marrones y otra totalmente negra que seguro que Rafa recuerda y sabría decir nombre y editorial) representan, no sé si la literatura pero si los libros. Podría deciros que ambos libros (editados en uno solo ahora) son muy, pero que muy divertidos y podría incluso contaros muchas cosas o transcribiros las frases más graciosas pero no lo hare ya que a) creo que es mejor que os los leáis (igual que los de Wodehouse o el resto de esa colección que no recuerdo) y b) porque estoy convencido de que si bien puede que no conozcáis los libros seguro que conocéis la película. Solo os diré que merece la pena leerse hasta el prólogo, esa “biografía de un libro” y que creo que muchos de los personajes siguen siendo totalmente vigentes (con ciertos cambios menores).

Os lo recomendaría pero no lo hago ya que igual no tenéis el mismo sentido del humor que yo y puedo que reflexiones como “ayer llegamos en tren a Londres porque el barco no llega hasta Londres… que en Nueva York todo es mejor porque el barco llega realmente hasta Nueva York, y empiezo a pensar que, a fin de cuentas, Londres no es tan educativo” ni siquiera os arranquen una sonrisa ya que puede que incluso os parezca mejor Londres que Nueva York algo que no pienso ni comentar.

La verdad es que este mes me ha costado mucho encontrar el tiempo para escribir esta entrada, para acabarla realmente, y que ya casi me toca empezar a escribir la del Julio sin ni siquiera haber tenido tiempo de contaros (más bien de contármela a mí ya que no os vengáis arriba que yo escribo para mí y solo os uso como excusa) alguna batallita o reflexión. No todo ha sido culpa mía, y de mi dejadez y cansancio vital, si no que la tecnología no me ha ayudado y la “perdida” de mi ordenador ha contribuido notablemente a mi retraso (aunque no lo excuse).

Pero no os confiéis que espero, en breve, retomar mis batallitas y reflexiones.


 

 

 
 

lunes, 9 de junio de 2014

Comentario de textos - Mayo 2014

An Officer and a spy - Robert Harris
La segunda vida de Viola Wither - Stella Gibbons
Avenida de los gigantes - Marc Dugain
Los jardines de la disidencia - Jonathan Lethem
Un hombre disponible - Hilma Wolitzer
Body Bags. Teorías de la violencia - Jason Pearson
Bloodshot. Incendiar el mundo - Duane Swierczynski, Manuel Garcia, Arturo Lozzi


Este mes estaba convencido de que en algún momento quedaría con Rafa y así podría evitar seguir con mis traiciones a la Librería Fuenfria de Cercedilla (que espero estéis visitando y visitéis mas de lo que yo lo estoy haciendo, especialmente ahora que ya ha llegado el buen tiempo y considerando que es fácil superar mi numero de visitas). 

Ya sabéis, subís a tomar unas gambas a aquel lugar que empezó siendo un chiringuito y que ya parece mas un par de bautizos, bodas y banquetes (pero que sigue teniendo sus excelentes gambas) y luego os acercáis a tomar un cafe, quien dice un cafe dice un algo, y quien dice uno dice un numero por determinar, por el pintoresco pueblo de Cercedilla (lo que televisivamente, supongo, se conoce como un marco incomparable) y luego pues os acercáis a por unos libros. Bueno, casi mejor pasaos antes de tomar esos algos y así seguramente, sin mucha dificultad, podáis convencer a Rafa de que os acompañe hasta el bar de los de El pájaro burlón (ni idea del nombre, pero el mejor de la zona) a tomar otro algo y sobretodo todavía contéis con medios económicos para adquirir libros (que ya sabe lo que se complican las tardes de tomar un cafe y como se suele acabar sin un céntimo de euro en el bolsillo; aunque Rafa acepta tarjetas sin problemas por lo que esta excusa no os vale de nada).

Pues eso, que estaba yo convencido de que pronto vería a Rafa y mis lecturas de este mes tendrían ese punto exótico que siempre proporciona el venir directamente del campo. Si, estaba convencido, aunque obviamente no tenia ninguna razón para ello y se trataba mas de una creencia voluntariosa que de cualquier otra cosa. 

Ademas, como aun me quedada un libro de mis comprar anteriores en la librería Mendez de la calle Mayor, La segunda vida de Viola Wither, pues pensaba que tendría margen suficiente para ver a Rafa antes de que la necesidad me volviera a empujar a la traición familiar. Un libro con una historia con buen aspecto sobre familias inglesas ricas, fiestas benéficas y todas esas cosas que permiten desarrollar unos personajes y una fina ironía de esas que, por lo menos a mi, me resultan sumamente divertidas. Pero, no; no resulto así y por algún motivo (no digo que el libro sea malo, aunque supongo que lo pienso) sencillamente no consiguió interesarme lo mas mínimo, en realidad me aburrió lo suficiente para dejarlo a la mitad (algo que antes me parecía cercano a la herejía pero que a medida que envejezco me sucede con mas frecuencia y ya casi hago con naturalidad aunque con cierto cabreo, compresible, por no haber acertado especialmente cuando lo he comprado sin referencias, solo por instinto).


Dejar este libro a la mitad recortaba el tiempo disponible para conseguir ver a Rafa a tiempo aproximando la posibilidad de la traición. Afortunadamente aun me quedaban por leer un par de cómics, que le había regalado a Alvaro por su cumpleaños (creo): Body Bags y Bloodshot; pero los cómics dan poco margen. Si son buenos, Body Bags lo es, te los acabas leyendo en un par de horas como máximo y si son malos, mejor dicho incomprensibles, como Bloodshot me lo pareció a mi, pues tardas incluso menos; mucho menos si ya estas en modo dejarlos a mitad si no te convencen.

Pero, por algún extraño proceso mental ya que no había ningún motivo (léase ninguna festividad familiar a la vista), yo seguía convencido de que pronto vería a Rafa y me proveería de libros de exótico origen. Así de extravagante es el cerebro humano, incluso el cerebro microinfartado que ahora tengo. Este convencimiento me hacia renunciar a visitar mi librería de referencia y puesto que la coincidencia se retrasaba solo me quedaba tomar una medida desesperada: traicionar a ambas librerías. Si bien la doble traición tenia un cierto rasgo de justicia, incluso de justicia poética (para un cerebro dañado, digo y por aquello de ser librerías; aunque no pensara comprar poesía) no me acababa de convencer, ademas de plantear el problema de tener que buscar otra librería con la que traicionara a ambas; ni La Central, ni El Molar, ni Tipos Infames, me parecían una opción a la luz de mis visitas anteriores y las opciones mas supermercado  como la Fnac, la Casa del Libro o incluso El Corte Ingles tampoco me convencían.

Vale, ya puedo oiros pensando “pues subete a Cercedilla, puto vago redomado, así ves a Rafa y compra libros sin tanta tontería”. Y si ciertamente esa podía ser una opción, es mas, es la opción que yo os recomendaría en mi situación, o aun mas es la opción que os recomiendo a todos vosotros, en cualquier situación, pero no olvidemos que yo tenia el convencimiento de que vería a Rafa pronto lo que obviamente hacia innecesario el subir a Cercedilla, e incluso si yo subía podría ser que justo eso evitara que nos viéramos ya que igual yo subía el día que el bajaba y como sabéis por las películas nunca es bueno engañar al destino con este tipo de pequeñas argucias. No, no, subir a Cercedilla estaba descartado de momento por esas cosas del destino (que no por pereza, que quede claro).

¿Engañar al destino, cometer una doble traición? Ciertamente no eran opciones muy tentadoras y desde luego no pensaba quedarme sin lectura ya que eso me obligaría a contaros mas batallitas del abuelo o a escribir reflexiones sobre sabe dios que cosas y como apenas me dejáis mensajes pues pienso que las escribo solo para mi (que por otra parte es lo que hago) y me cuesta encontrar el momento y el tiempo iba pasando por lo que necesitaba una solución de urgencia.

¿Irme a NYC, a visitar Kinokinuya o McNally? No,  igualmente necesitaría algo que leer en el avión ¿Comprar por Amazon? Podía ser, pero al fin y al cabo por Amazon solo me gusta comprar autores que ya conozco para completar sus obras con cosas que ya, o todavía, no se encuentran en las librerías y ademas también tarda un par de días que con tanta indecisión empezaba a no tener. No, no eran buenas opciones pero había algo en ellas, en ambas opciones, que podía funcionar.

Claro, era evidente: podía comprar un libro en ingles y así ni cometía doble traición (ni Mendez ni Fuenfria tienen una buena sección en ingles por lo que no podía considerarse una traición comprar algo que ellos no tienen), ni jugaba a engañar al destino subiendo a Cercedilla con el riesgo de casualmente cruzarme con Rafa en la carretera, no verle y cambiar irremisiblemente el curso de la civilización. Solo necesitaba encontrar algo en la sección en Ingles de la FNAC, la Casa del libro o El Corte Ingles que justificara plenamente su compra.

No solo tenia un plan si no que, como comprobaría mas tarde en la sección de Ingles de la FNAC, tenia un plan que funcionaria perfectamente ya que  tenían una nueva novela de Harris (Robert, no Richard, lo cual era mejor) con un titulo excelente: An Officer and a Spy. Dicho y hecho, ya tenia libro par esperar a encontrarme con Rafa (algo de lo que seguía convencido) ademas un libro nuevo de Robert Harris que tenia la ventaja de ser un grandísimo escritor, un escritor del que, extrañamente, se traducen pocas novelas y no consigue triunfar aquí y que ademas me recuerda las sesiones de Best-Sellers que teníamos en la calle Lérida con Rafa y Lourdes en las que cada uno compraba una novela y nos las íbamos turnando mientras bebíamos, comíamos, bebíamos, cenábamos y seguíamos hasta que todos habíamos leído todas; vamos como un tradicional maratón de la guerra de las galaxias pero con libros variados (aunque Rafa nos sacaba siempre una o dos de ventaja) ya que en una de ellas descubrimos a los dos Harris (que no, que no son hermanos, que de hecho con de dos continentes distintos). El caso es que la compre sin mirar de que iba (era un Harris y eso, para mi, es mas que suficiente) y hasta que llegue a casa no supe que iba sobre el caso Dreyfus. Si lo hubiera sabido puede que hubiera dudado comprarmela ya que los temas “históricos, basados en casos reales” me interesan entre poco y nada, prefiero claramente la ficción. Solo os diré una cosa: Harris (Robert) es un grande y no comprarla seria un error, no leerla seria un gran error. Claro que si tengo que deciros esto es que no habéis leído Fatherland, The Fear Index, The Ghost o incluso las de Romanos (Imperium. Lustrum o sobre todo Pompeii) así que tenéis grandes novelas, grandes Best-sellers aunque no vendan mucho, por delante (su hermano Richard también tiene grandes cosas, aparte de El silencio de los corderos, como Domingo Negro que también descubrimos en aquellas sesiones y que os recomendaría, si recomendara libros).

Pero claro, el problema de los libros buenos y especialmente de los best-sellers es que se leen de una sentada y claro al día siguiente estas otra vez sin nada que leer y por supuesto Rafa sin aparecer lo que ya hacia irremediable la traición, la visita a la librería Mendez que aprovecho para recordar que siempre es algo sumamente agradable, como todas las buenas traiciones tienen una parte en la que disfrutas.

Puede que debido a la proximidad de la feria del libro, o puede que fueran los remordimientos de la traición, pero me pareció que había menos libros tentadores aunque entre ellos estaba el nuevo de Jonathan Lethem: Los jardines de la disidencia que se supone que recorre varias (3) generaciones de disidentes culturales, lo que para los americanos viene siendo comunistas, hippies y casi cualquier tipo de activismo político. La verdad es que Lethem es uno de esos autores raros, debe de ser moderno, de los que siempre pienso que me gusta solo porque guardo un buen recuerdo de la primera novela suya que leí Motherless Brooklyn y porque también es uno de los escritores favoritos de personas que me caen bien (no daré nombres que ellos ya saben quienes son), pero que en cuanto empiezo a leerlo deja de gustarme, se me hace sumamente farragoso, aburrido, plano y pretencioso. Este libro no ha sido una excepción y a punto estuve de abandonarlo, pero estoy seguro de que si sale Lethem en una conversación seguiré diciendo que me gusta, que es un autor muy interesante,  e incluso si veo su próximo libro casi seguro que lo compre aunque sea la ultima oportunidad que le concedo (a menos que luego me olvide de mis buenas intenciones). Así soy yo, inconsistente y con todo tipo de prejuicios y de post-juicios que ignoro continuamente.

Si un libro empieza con su protagonista en la cárcel y enseguida te cuentan que mato a sus abuelos solo tienes dos opciones o pensar que va a ser un mal libro y que ya conoces mas o menos la historia o pensar que casi seguro que hay algo mas en el libro y que lo de los abuelos solo es el comienzo. Sin querer estropearos la lectura, os diré que Avenida de los gigantes esta dentro del segundo caso aunque, desgraciadamente, sin que en la historia haya mucho mas. Vale, lo hay, hay mucho mas, pero lo que hay tampoco resulta especialmente impresionante y aunque hace una lectura agradable se te queda la sensación de que podías no haberlo leído y tampoco te habrías perdido gran cosa. Si quisiera ponerme pedante y esto fuera, como sospechas algunos, un blog de libros diría que le falta “profundidad psicológica” o incluso mejor aun “que adolece de profundidad psicológica” y esto que, para mi de forma general, seria una virtud no acaba de serlo en este caso.

Supongo que si hubiera habido mas novedades interesantes nunca habría cogido un libro como Un hombre disponible, en el que según la contraportada la historia es la de un viudo cuyas hijas ponen un anuncio para buscarle novia en una revista literario y de una autora de la que nunca he oído hablar pese a tener catorce novelas publicadas. Vale, probablemente hay muchos autores y autoras que tienen muchas obras publicadas y que yo desconozco pero ¿catorce? No se, parecen muchas obras para no tener ni una referencia, aunque siempre esta la posibilidad de que la tuviera y la haya olvidado. Leído el libro no creo que sea el caso, mas bien me decanto porque es un libro que no debería haber publicado Alfaguara, o tal vez si, pero en una colección de libros de verano para no lectores habituales, vamos que con una edición y portada distintas y archivado en la zona de folletines de una librería estaría mejor. No, no es que sea un folletín y no es que no tenga cosas buenas (algunas de las citas que tiene el pobre protagonista te arrancan una sonrisa) pero vamos que realmente es mas ese libro que comprarías en el Carrefour si  ya no te queda nada que leer en Piles que algo para comprar en una buena librería, o incluso en una librería normal.

Con estos libros conseguí llegar al final del mes, a falta de un par de días, y puesto que mi hermano Rafa seguía sin aparecer por la gran ciudad y yo seguía sin perder la seguridad en que le vería en breve, aunque por supuesto sin desafiar al destino subiendo a verle, decidí dejarme de tonterías y pasarme de nuevo por la librería Mendez, de la calle Mayor, antes de que me viera obligado a acudir a la feria del libro a deprimirme observando como los mismos libros se repiten en las mismas casetas de forma casi compulsiva ya que casi han desaparecido aquellas casetas editoriales con sus extravagancias que, al menos en mi recuerdo, eran la esencia de la feria del libro; cuando ibas a conocer libros y editoriales que tenían una escasa o nula distribución para que te sorprendieran. 

Tal vez la feria del libro nunca ha sido como es ahora en mi recuerdo, o tal vez si ya que mis recuerdos son de los ochenta que como todo el mundo sabe eran otra cosa (como la nostalgia, que ya no es lo que era), puede incluso que ahora haya vuelto a ser como era en mi recuerdo ya que, al fin y al cabo, hay tantas cosas en este país que han vuelto a situaciones iguales, o peores, a las de aquellos tiempos. Pero divago, si eso (si la visito) ya os lo cuento otro día.


lunes, 5 de mayo de 2014

Comentario de textos - Abril 2014

Mujeres - John Updike
Mascara - Stanislaw Lem
Avidas Pretensiones - Fernando Aramburu
Una gota de sangre - Jose Ignacio Gomez-PIntado
Sobrebeber - Kingley Amis
W.I.T.C.H. 
Oigo sirenas en la calle - Adrian McKinty
Los lanzallamas - Rachel Kushner
Darth Vader y su princesita - Jeffrey Brown

Supongo que este es un momento tan bueno como cualquier otro para corregir una afirmación realizada anteriormente: la de que Updike no me gusta. Es verdad que hasta ahora solo compraba los libros de Updike porque era uno de los escritores favoritos de mi padre, los leía y seguía sin comprender por que le gustaba a mi padre. De hecho esta fue la razón por la que compre Mujeres, sabiendo que lo mas probable es que no me gustara, su compra era simplemente un homenaje inevitable. Puede que me realmente me este haciendo mayor y que ya no me parezca a mi padre en mi letra minúscula, esa que parece que le produce un arrebato a mi hermana pequeña cada vez que ve papeles míos; por que si, de vez en cuando todavía escribo a mano, especialmente formulas matemáticas; por que si, soy de ese tipo de personas que si utiliza las matemáticas en su vida cotidiana y de vez en cuando tengo que hacer integrales, derivadas y otras operaciones para entender algunos conceptos (por no hablar de la teoría de conjuntos que uso diariamente para clasificar cosas, personas o eventos). Puede, que me haya hecho mayor, tan mayor como mi padre, puede ser una explicación; otra puede ser que este Updike no le habría gustado a mi padre y que por eso me ha gustado a mi. Cualquiera de las dos es posible, incluso probable y no tengo pruebas para ninguna de ellas, aunque hay indicios claros de la primera.

No os descubro nada, para eso esta el titulo y la contraportada, si os cuento que va de los recuerdos que un jubilado tiene sobre algunas de las mujeres de su vida, alguien para el que “el mapa del territorio se correspondía con el lugar donde se hallaban las casas de las mujeres que le interesaban. En tal casa vivía una mujer con la que se había acostado; en esa otra, una con la que fantaseaba acostarse; y en medio se encontraban todas las demás, espacios en blanco, deshabitados y vacíos como el interior de Africa, los desiertos de Arabia y los mares del Sur”. A mi también me pasa, aunque las zonas desérticas que componen mi geografía personal son demasiadas, incluso incluyendo los bares y lugares en los que he estado con alguna de esas mujeres, incluso incluyendo aquellas con las que solo he fantaseado. Demasiados territorios sin explorar; una lastima no haber sido un mejor explorador, una pena no haber sido un “explorador galáctico” que diría Sisa pero como dice el propio Updike “Las paredes del cráneo son muy resistentes, y nos encierran con nuestros miedos”.

Pero esto de comprar libros de autores que no me gustan, o que no me gustaban, no me pasa solo con Updike. No, una relación parecida tengo con Lem, Stanislaw; del que periódicamente leo algo, intentando fuertemente que me guste ya que se supone que es uno de los grandes de la Ciencia Ficción, un maestro de maestros. Por eso me compre, en la Librería Mendez de la calle Mayor, Mascara; un libro con trece cuentos, inéditos en castellano que según la contraportada están a la altura de sus mejores obras. Puede que sea demasiado mayor o demasiado obtuso pero la verdad es que sigo sin pillarle la gracia a Lem y creo que este ha sido mi ultimo intento con el. Seguro que es un escritor genial pero a mi me parece una pesadilla, no una pesadilla en el sentido positivo de dar miedo o terror, de un mal sueño; no, me parece una pesadilla en un sentido falsamente etimológico, como si pesadilla compartiera raíz con pesado: un polaco espeso y aburrido donde los haya, como un gulash mal cocinado que no llega a la altura de una buena carne a la jardinera, aunque sea mucho mas de alta cocina.

Con estos dos libros prácticamente me plante en los preparativos de la semana santa y de una excursión a Piles, es decir a una nueva, e importante, decisión de abastecimiento, de selección de mi lugar de abastecimiento, que todo parecía indicar que se saldaría con una nueva traición a mi hermano y a la librería Fuenfria de Cercedilla ya que no había planes de que nos viéramos y me abasteciera a domicilio antes de irme. Pero no, la verdad es que la traición no fue necesaria, en este momento, ya que Rafa había pasado por casa de mi hermana, antes de irse a Francia donde su ultima novela parece que esta siendo un éxito y donde según tengo entendido incluso le comparan con Stephen King (al que mi hermano, todo sea dicho, compara con Galdos ya que, con bastante razón, le considera un escritor realista. Un escritor realista, si, como lo oís; pero un escritor realista que vive en Maine, que es un lugar lo suficientemente raro. Pero divago, si eso, ya os lo cuento otro día). 

El caso es que con esta adquisición, con otro libro que le había regalado a Alvaro por su cumpleaños y que pensaba aprovechar para robarle esos días y con un inédito que tenia en el ordenador me sentía preparado para irme a Piles. Si no me alcanzaba para todo el viaje ya compraría, ya me mercaría, algún best-seller en el supermercado o intentare leer alguno de los pocos libros que quedan por Piles; así evitaba la traición familiar.

Normalmente los únicos inéditos que leo son las novelas de Rafa, inéditos que siempre espero con interés y que creo que me pasa por razones distintas a las de la mera cortesía por imprimirle una, o mas copias para corregir. Si, así de vanidoso soy y pienso que me las deja por que le interesa mi opinión, aunque sea para poder ignorarla o incluso para reafirmarse en contra de ella (algo que supongo de utilidad ya que si hay partes que no me gustan puede que sean las mejores; somos bastante distintos en nuestros gustos y fobias).

La novela inédita, posiblemente por poco tiempo, es Una gota de sangre en el Martini, por favor y se lo que os andáis preguntando ahora es ¿por que? ¿por que tengo yo una novela inédita no escrita por mi hermano? Pues no, la respuesta no es porque tengo un blog de libros de fama mundial entre el par de lectores que no son de mi familia; nada mas lejos de la realidad: no tengo ni un par de lectores que no sean de mi familia (salvo cuando cito un nombre propio que entonces suele aparecer el mencionado para corregir lo que cuento, diciendo que no sucedió así). Obviamente la tengo porque me la ha pasado el autor, que no es, ni mas ni menos, que Cipi (sin con C porque el nombre no le viene de Zipi y Zape, si no que se trata de El Cipayo, nombre que proviene de Salgari y sus tigres de Mompracem). Podría dar el nombre completo de El Cipayo, pero a los que no lo conocéis no os dirá nada (todavía, otra historia será cuando la edite y sea un super ventas), para los que lo conocéis no os aportara nada y si lo menciono es casi seguro que se aparezca por lo comentarios para corregirme; ademas ya esta en la lista inicial (que es que no os fijáis).  La verdad es que la novela tiene posibilidades ya que se trata de una aventura de mods (algunos de los cuales son vampiros; otros no. Como los pimientos de Padrón) y rockers (de los cuales algunos son hombres lobo) ambientada en Madrid y a día de hoy (mas o menos) de forma que los hombres lobo van al Wurli mientras que los vampiros se dedican mas a tomar cocteles (tengo que acordarme de probar el raf, o incluso tomarme uno con Cipayo un día de estos) obviamente en el Del Diego o en su defecto Gis-Tonics en el Buster, compartiendo todos un territorio neutral de La Vía Láctea, amenizada por Oscar (la única persona capaz de pinchar una saeta en plena noche, si le apetece, y lo se porque a veces le apetece). 

La verdad es que es una novela muy entretenida, ideal para leerla en la playa y que seguramente pueda ser la primera de una serie, o mejor seria decir de una serie de recopilatorios ya que cada capitulo esta titulado con una buena canción (sorprendentemente no todas mochis), y que en conjunto componen una excelente banda sonora. Creo que yo vendería la novela y el disco como un pack; aunque puede que no sea una buena idea ya que los mochis solo usan originales. La verdad es que la comparación con Peter Punk, el Lincantropunk y el otro de la saga que no recuerdo, resulta inevitable, por aquello de adaptar personajes típicos a bandas urbanas, aunque no tiene nada que ver, imagino que incluso con la serie crepúsculo pero como esto lo desconozco, ya que ni he leído ni visto esta serie, pues me callo la comparación para que no se enfade Cipayo, que seguro que no le gusta el comentario. Si estuviera editada y yo fuera de las personas que recomiendan libros, os la recomendaría, no solo por la propia novela y el CD que debería acompañarla si no porque los dibujos que he visto que la acompañan (que creo que son de Marta) son muy buenos, muy elegantes, muy mochis y muy negros, y ademas, pero no solo por ello, Cipi es muy buena gente y le considero amigo lo que ya seria motivo suficiente para recomendarla. A ver si hay suerte y la edita pronto, aunque ha de cambiar algunas cosas... tonterías de disléxico como que si vas de Alonso Martinez a Colon y quieres ir a la carretera de Burgos debes de girar a la izquierda, a la izquierda, Cipi, no a la derecha, que acabamos en Atocha. (conste que no digo que Cipi sea disléxico, no es eso... solo que es la otra derecha).

La verdad es que leer novelas en las que salen entornos que conoces, personajes que son conocidos o que puedes reconocer, pese a los esfuerzos del editor por ocultarlos como protección ante posibles querellitas, siempre tiene un valor añadido e incluso convierte la lectura en una especie de juego entretenido (aun tengo que averiguar quienes son la base de las hermanas sesenteras de Una gota de sangre) y en cierta medida Avidas pretensiones también proporciona este juego. No para mi, que solo conozco el mundo editorial, el mundo de los premios literarios españoles, de segunda o tercera mano a través de algunas historias y amigos de Rafa pero estoy seguro de que si para mucha gente que identificara claramente a algunos prototipos reales. Aparte de este juego de adivinanzas la novela tiene gracia de forma puntual pero se queda muy lejos de lo que, creo, quiere llegar a ser, de, digamos, ese Tom Sharpe, u otros ingleses, irónicos y descriptivos de un ambiente literario o universitario verdaderamente desternillantes. Muy lejos, desgraciadamente muy lejos, casi tan lejos como queda Oxford de CasaDios; con todo no es un mal intento. 

Yo no me la habría comprado nunca pero como Rafa la dejo por casa pues le di una oportunidad; en cambio Sobrebeber me la habría comprado si no hubiera sido porque la había regalado dos veces el mes pasado, aun así si me hubiera quedado sin lecturas es posible que me la hubiera vuelto a comprar. Propiamente no es una novela si no que se trata de la unión de tres libros, dos de ellos procedentes de columnas periodísticas y un tercero con una serie de exámenes de conocimientos, todo ello sobre el arte y placer de beber (aunque a veces también sobre la estupidez con la que algunas personas acompañan el beber). Aunque como dice el propio autor en el prologo, por el hecho de ser una recopilación de artículos, hay cosas que se repiten y que parecen mas obsesión de lo que es necesario ciertamente es un libro que en cualquier momento, a cualquier persona y en cualquier pagina te proporcionara una sonrisa con una frase o idea ingeniosa, aunque seas de la liga antialcohólica o aun así ya que hasta estas deben de aceptar que “los beneficios sociales de la bebida en colectividad superan los desastres individuales que puede precipitar”. No solo es ideal para disfrutar en cualquier momento, en tragos largos o cortos, si no que es sumamente educativo con sus recetas de cocteles, consejos para la resaca e incluso una reivindicación necesaria de la Carlsberg, que es una de las cervezas a las que yo ya me he acostumbrado y que disfruto y os recomiendo  (la Carlsberg, que, como sabéis, yo no recomiendo libros).

La verdad es que en Piles las hora duran mucho mas, o los días tienen muchas mas horas que en cualquier otros sitio así que incluso aunque vayas pertrechado con un numero suficiente de libros, aunque vayas a estar muy pocos días, aunque te pases la mitad de ellos constipado y sin poner leer, aunque tengas, y te pongas, a preparar una conferencia que has de dar, o incluso aunque estés con Alicia que con sus activos cuatro años reclama una atención casi constante, que requiere ser un profesional para ignorar, al final siempre te acabas quedando sin lectura y tienes que recurrir o a lo que los demás han llevado o a lo poco que queda por allí (aprovecho para pedir a familiares y otros visitantes que empiecen a dejar libros para estas situaciones). Por eso, solo por eso, pee a los avisos y consejos en contra me leí W.I.T.C.H. Conspiración terrorista internacional de las mujeres del infierno. Comunicaciones y Hechizos. Un panfletillo de recopilación de artículos de un movimiento feminista radical de los sesenta que os puedo resumir en una palabra: lamentable; en dos: una mierda. Lamentable ya que no proporciona ningún contexto en el que entender nada del movimiento que quiere reivindicar y por que todos los artículos, por llamarlos algo, son sencillamente muy malos y están muy mal traducidos, no, muy mal no, pésimamente; en la frontera de lo ilegible. Si tuviera que salvar alguno, aunque no se me ocurre ningún motivo para tener que hacerlo, salvaría el ultimo en el que al cabo de unos años una de las lideresas del movimiento hace critica de sus compañeros de movimientos radicales y de su actitud incluso mas machista  que la media de la sociedad. Bueno, salvaría eso y alguno de los nombres alternativos para explicar el acrónimo WITCH como ese de Women’s Infuriated at Taking care of Hoodlums.

Pues con estas lecturas, prestadas en mayor o menor medida, ya había conseguido pasar la semana santa sin traicionar a mi hermano ni a la librería Fuenfria de Cercedilla, pero el mes no se había acabado por lo que tenia que volver a enfrentarme a la necesidad de traicionar a la familia o de viajar en autobús, tren o similar. Como no podía ser menos elegí el camino de menor resistencia y traicione a la familia visitando la librería Mendez de la calle Mayor ya intentaría quedar un día de estos con Rafa y aprovechar el servicio a domicilio que me ofrece como cliente preferente pero de momento triunfaba la traición.

Y como triunfaba. 

Oigo sirenas en la calle tiene el aspecto de una novela policiaca normalita, nada especial si ves la portada o incluso si ojeas la contraportada pero a mi me ha parecido una gran novela. Una gran novela negra que ciertamente no tiene una gran trama pero que si que tiene grandes personajes y una cotidianeidad en una Irlanda prácticamente militarizada, con el IRA plenamente activo y la invasión de las Malvinas, que construye un marco totalmente creíble para un personaje que ademas de oir a los Buzzcocks lee Cien años de soledad, “era una buena novela, pero, como dijo aquel, tal vez setenta y cinco años de soledad hubieran sido suficientes”. Algo que, ahora con Garcia Marquez recién fallecido, sonara a herejía (no diré yo que no lo sea) pero que a mi me sigue pareciendo sumamente gracioso.



Los lanzallamas, novela que también podría haber recibido a domicilio, no solo vía Rafa, si hubiera quedado con el, si no que incluso a través del Circulo de Lectores que la edita si fuera yo usuario de esto,  empieza flojilla y la verdad es que dan ganas de dejarla pero me alegro de no haberlo hecho, ya que al final me ha parecido una gran novela sobre los pijos que juegan a ser radicales o artistas, vamos sobre esas personas que todos conocemos que mantienen ideas y actitudes que solo son posibles con la tranquilidad que da el tener las espaldas cubiertas. Vamos, sobre todos los que juegan a ser punks o radicales para volver a casa a cenar lo que su madre les ha preparado sin preguntarse como todo funciona tan bien si ellos no han participado en nada. Curiosamente he aprendido mas sobre algunos grupos radicales de los setenta, como los Motherfuckers, que en el libro ese de los manifiestos de las brujillas. No es que recuerde a Novecento pero realmente la amistad entre dos personas de mundos opuestos y en colisión - ademas las dos con un telón italiano - me traía esa película a la memoria pero posiblemente sean cosas de mi cerebro dañado.

En cualquier caso la mejor lectura de este mes ha sido Darth Vader y su princesita que recrea una infancia alternativa de Leia como hija de Darth Vader con algunos chistes antológicos (otros menos) su hermano Luke y por supuesto su novio adolescente Han Solo. Diez minutos de sonrisas.