domingo, 21 de junio de 2015

He vuelto - Comentario de textos

¿increíble, verdad? Con lo bien que lo llevaba, aunque no llegaba a tener una periodicidad  salvo por el comentario de textos mensual – por lo menos si tenia una cierta costumbre de escribir en este blog y ya veis: ahora hace cinco, seis meses que no he dejado pasar sin escribir nada, nada, ni siquiera los comentarios de mis lecturas.

Bueno realmente no es que no haya escrito nada, ya que si que he escrito cosas, he empezado algunas que no he conseguido terminar porque cada vez se me hacían mas y mas largas, ciertamente inacabables o si fueran acabables debería de aplicarles unas diez veces el método Stefen King para reducirlas como el a una longitud legible (si, al parecer King la primera versión de las novelas de King es como diez veces más larga que la novela final y su método consiste en una vez escrita diezmarla. Casi increíble viendo los tomos que le salen pero posible viendo las longitudes que incluso a mí me salen).

Pese a no escribir en este blog la verdad es que en estos últimos meses si he escrito un par de cosillas que, encima de todo, he podido ver impresas: un articulillo para un especial de Agua de El Economista y una pequeña “entrevista” a Alvaro para la revista de una asociación de bares. No, no es mucho, lo se; pero es solo por justificarme, aunque teniendo en cuenta que he conseguido mudarme de casa y prácticamente tener mi casa acabada, tras luchar con mi inutilidad para el bricolaje, que no solo hace que tarde mucho en hacer las cosas si no que puesto que mis estanterías, estantes e inlcuso cuadros, tienen tendencia a caerse y me veo obligado a repetir su colocación pues, claro, me lleva mucho mas tiempo del normal. Al fin y al cabo durante toda la EGB suspendia metódicamente la “pretecnología” y mis trabajos ni siquiera eran aptos de ser presentados en las ferias de fin de curso del colegio.

Pero divago, si eso, ya os lo cuento otro día.

Hoy mi objetivo es intentar ponerme al día de las lecturas de estos meses, que afortunadamente han sido menos de las normales y de las que mis notas serán más breves porque aunque he seguido tomando notas creo que con tanto lió de cajas, colocar y ordenar al final he perdido casi todas las que había tomado y he dejado pasar tanto tiempo de algunos libros que sinceramente ya ni siquiera recuerdo haberlos leído. Así de mal anda mi memoria, menos mal que, previsoramente, los últimos libros leídos no los he ordenado, que si no, no podría escribir ni los títulos, que por cierto son estos:

Saints of New York – R. J. Ellory
Light and dark – Natsume Soseki
Los Simpsons y las matematicas – Simon Singh
La nuevas aventuras de Hansichi – Okamoto Kido
La luminarias – Eleanor Catton
El balcón en invierno – Luis Landero
Una revelación brutal – Louise Penny

Mercado de invierno – Philip Kerr
Soy Leyenda – Richard Matheson
Expo 58 – Jonathan Coe
Hanns y Rudolf – Thomas Harding


























Mi mudanza ha sido por etapas y en la primera de ellas, la ocupación de una casa que mi hermana tiene en la calle Santa Brigida, todavía me quedaban un par de libros de los que había comprado en NYC e incluso empece a escribir mi “comentario de textos” de ellos por lo que puedo reconstruir un poco mas de los libros.

Saints of New York es de esas novelas con McGuffin: en las que se cuenta una historia sencilla (la investigación de la muerte de un traficante) simplemente como excusa para ir contando otra historia que es la que de verdad le interesa al autor, que en este caso es la investigación de si el padre del protagonista era, o no, un policía corrupto. La verdad es que no ha debido de convencerme mucho porque ahora miro la portada y ni siquiera consigo recordar nada especial del libro, salvo la presencia de policías irlandeses, y que gracias a mis notas puedo reconstruir su afición al alcohol “Hell if his adult life was a road trip he’d done pretty much all of it DUI”; o sus complicadas relaciones con la divinidad: “would have liked to believe in God, but he felt that faith should be mutual. It should be reciprocated. And he knew, with certainty, that God did not believe in him” e incluso citando partes poco conocidas (diría poco conocidas por mí, pero eso sería aplicable a casi toda la totalidad) de la biblia que promueven el consumo de alcohol, en este caso: Proverbios 31. Poco más os puedo contar

Light and Dark es una novela cotidiana y decimonónica, puede que incluso costumbrista, pero de costumbres japonesas Es, cuando menos, curiosa en el sentido de ver un poco de lo que podría ser una vida cotidiana de un Japón pre guerra mundial pero post samuráis, de un Japón en vías de desarrollo y de las relaciones maritales, familiares y personales. En ese sentido muchas cosas resultan completamente sorprendentes, pero le falta “historia”, en el sentido de trama, ya que apenas si pasa nada relevante o al menos nada relevante que yo recuerde.

Una vez terminados estos restos de la maleta de NYC era el momento de enfrentarse a los “regalos navideños”. Si, entiendo vuestra aprehensión, casi miedo, ya que será parecido al que yo sentía al desenvolverlos:



Resulta evidente, lo he repetido muchas veces, que a mi los escritores japonés me suelen gustar, que de hecho considero que Japón es el único sitio exótico que realmente queda en este mundo, mucho mas que la sabana africana o las cumbres asiáticas que tan exótica le parecen a la gente. Eso es cierto pero de esto a que una novela juvenil  de un detective japonés (más bien unos cuentecillos que en algunos casos no pasan de un chiste malo) pueda interesarme hay un abismo. Un abismo insondable. No sé, no digo que Las nuevas aventuras de Hanshichi sean malas, ni siquiera digo que sean mejores o peores que las “antiguas/originales” aventuras de Hanshichi (esto último por desconocimiento de estas últimas) y tal vez antes de la pubertad puedan tener algún interés o resultar curiosas. Igual la culpa es mía y de que en lugar de ser un preadolescente soy post-post, (tal vez incluso un par de post más serían necesarios para relacionar mi edad actual con la adolescencia).


Si el tal Hanshichi me pilla mayor para disfrutarlo, Las luminarias, creo que me pilla pequeño para disfrutarlo ya que no he conseguido cogerle la gracia, o dicho de otra forma que me ha parecido sencillamente ilegible. Tan ilegible como que la he dejado a mitad, tal vez me haya perdido la mitad buena – mi padre tuvo una época en l que todos los  libros y  las películas le parecía que tenían cuando menos dos partes y si le preguntabas por cualquiera te decía “bien, la primera parte bien” o “la primera parte no me gusto peor la segunda es excelente”- no lo se, o igual es que no he cogido la gracia de la relación de los capítulos con los horóscopos, o que la he cogido y su estupidez me parece sorprendente. No se, sinceramente, no sé; ya digo, no conseguí acabarla.





Las matemáticas me interesan más que los horóscopos por lo que Los Simpson y las matemáticas parece un regalo más adecuado, además Simon Singh es un divulgador entretenido y los Simpson sin ser de mis series favoritas pues es ciertamente divertida y una “referencia cultural” necesaria. La verdad es que es un libro que se lee muy bien, muy entretenido y con anécdotas, curiosidades e inquietudes fascinantes (¿Cómo puede ser que si los personajes tienen cuatro dedos cuenten en base diez?). Lástima que tena dos partes – esto es un hecho y no que cada vez me parezca mas a mi padre – y que la segunda este dedicada a Futurama, una serie que ciertamente no es una referencia cultural para mí.






Terminados los regalos navideños, faltandome el tiempo para visitar la librería Fuenfria de Cercedilla y sin reuniones familiares para aprovechar el servicio a domicilio de la misma, resultaba obligada la visita a mi librería de referencia. Aunque ahora me pille un poco mas lejos la Librería Méndez de la calle mayor, he decidido seguir manteniéndola como mi librería de referencia en Madrid (capital, que en entornos más amplios, al igual que para vosotros, la librería Fuenfria debe ser la de referencia. No nos equivoquemos).

Puesto que nadie me lo había regalado por navidad me compre El balcón en invierno, ya que Landero normalmente me gusta y de este Rafa me había dicho – casualmente un día que nos encontramos al propio Landero en el barrio y delante de el – que era muy bueno, que le había gustado mucho. Si no conocéis a Rafa podéis pensar que lo decía por estar Landero delante pero no, Rafa habría aprovechado para decirle que no le gustaba si bien luego en público y sin Landero delante habría jurado que le encantaba, al fin y al cabo son amigos y la amistad y la familia (en el caso de que no sean lo mismo) son lo primero. La verdad: es una buena novela, incluso excelente; eso si, es una novela de Luis Landero con todo lo que eso significa y que por aquello de ser breve no os voy a contar hoy, si eso, ya lo hablamos otro día.

Hay escritores que me gustan, que me gustan casi intrínsecamente, que sigo y de los que compro cualquier novela que saquen. Incluso si el tema de la novela me resulta completamente indiferente como es el caso de Mercado de Invierno. A mí el tema del futbol sinceramente… pues eso… que ni siquiera me parece un tema, salvo tal vez cuando trata sobre los hoolligans ingleses violentos que en si mismos son fascinantes, como todos los violentos por otra parte que es indudable que siempre ejercen un poder fascinador (en libro, me refiero; en la vida real esta fascinación intelectual se trasforma en repugnancia) por lo que podría haberla obviado, pero Kerr es Kerr y hay que darle una oportunidad en cualquier tema que escriba. Al fin y al cabo, si a el le parece lo suficientemente fascinante como para escribir sobre el pues habrá que intentar adivinar porque. Me cuesta decidir si es una buena o una mala novela porque me he dado cuenta – ya lo sabía – que no conozco nada de ese entorno y claro todas las referencias a los personajes secundarios se pierden en mi caso por lo que pese a estar bien escrita y muy bien contada pues me pierdo (como en las partes en latín de El nombre de la rosa). Imagino que si conoces a los personajes secundarios y accesorios debe de ser una lectura muy entretenida y una serie a seguir, yo no estoy seguro de que lo haga.

Piglia, es otro de estos autores (no son tantos realmente, aunque si unos cuantos) con los que siempre me siento tentado a comprar cualquier libro que vea, sin pensarlo, sin casi ni ojear la contraportada (bueno, solo para comprobar que no me suena haberlo leído). El camino de Ida lo compre sin fiarme en que Ida estaba con mayúsculas y que se refería por lo tanto a una persona y no al verbo, que me parecía un título más adecuado, especialmente para un argentino (o para una primera parte de algo). Diria que me gusto, que tal vez me gusto mucho, pero me temo que no me ha dejado ningún recuerdo y que ahora mismo lo miro y no consigo recordar ni tan siquiera haberlo leído. Esto no puede ser bueno.






Otro de esos temas fascinantes, para mí, es la vida cotidiana de los nazis o de cualquier grupo violento ¿Cómo puede mantenerse una vida familiar cuando uno tiene un desprecio total por la vida humana? ¿Cómo puede vivir alguien con su familia en un campo de concentración participando en las masacres? ¿Cómo puede llegar uno  a disociar tanto una realidad de otra, o la visión de su realidad de la realidad? Hanns y Rudolf que compre pensando que era una novela, es realmente una biografía novelada; realmente dos biografías cruzadas: la del comandante de Auschwitz y la de un judío alemán aunque acabara persiguiéndole para sentarle en el banquillo en un juicio contra la humanidad. Siempre digo que prefiero las novelas a las biografías, que prefiero saber que las cosas que leo son inventadas y no verdad y este caso no es una excepción: preferiría que todo fuera solo una invención y que nada de esto hubiera sucedido. Podría tener un poco (más) de fe en la humanidad. Lamentablemente parece que no, que todo, o al menos bastante es cierto y eso asusta, asusta más que pensar en asesinos psicópatas inventados que recordar que han existido y posiblemente siguen existiendo.

Hablando de violencia, resulta curioso que pensar en las diferencias entre Estados Unidos y Canadá que siempre nos trasmiten que todo lo violento de Estados Unidos se transforma casi en pacifico en Canadá. No tengo muy claro de dónde o como nace esta diferencia, puede que de esa idea hippie de los americanos que huían a Canadá para escapar de Vietnam o de la imagen de guardabosques pijo de la policía montada de Canadá (que pese a esto son uno de los cuerpos de elite más duros del mundo) pero el caso es que no son tantas las novelas de asesinatos en Canadá así que Una revelación brutal podría llenar este vacío al estar escrita por la autora canadiense de proyección más internacional (sic). La novela no esta mal, puede que incluso bien ya que mantiene la tensión y la sorpresa, pero la verdad es que al acabar uno se convence de que tanto los Simpson como South Park o el resto de las referencias en las que se burlan de la violencia de los canadienses (fuera de los campos de hockey, que son otra cosa) parece plenamente justificada y que realmente la violencia en Canadá es menos violencia.

Pese a que (no me preguntéis porque) el escudo de mi colegio era el Atomium de Bruselas yo nunca había visitado Bruselas ni había tenido ganas y todo mi conocimiento sobre “esos Belgitas” viene, efectivamente, de Asterix. Sin embargo ahora estoy apuntado a un comité de Investigación sobre Hidrocarburos no convencionales (si, ya, ya os veo venir: ¿de qué? Pero si tú todavía crees que hay gasolina con y sin plomo ¿Qué sabrás tu de hidrocarburos? Pues sinceramente, tenéis razón y no sé nada. Pero tampoco hace falta saber; de hecho no saber es precisamente mi especialidad).

En cualquier caso, el caso es que tenía que viajar a Bruselas – posiblemente tenga que viajar de vez en cuando, pero ya tengo comprometido todo el chocolate que puedo importar, que será de Darcies por si vais – así que me pareció curioso comprarme una novela que pasare en Bruselas: Expo 58.Ya, hubiera sido mejor comprar algo actual y no algo que pasara en 1958 pero bueno esta es la que estaba allí en el mostrador. La verdad es que tiene su gracia, sobretodo el hecho de que el protagonista tiene que montar un pub británico en el pabellón de la exposición universal aunque tampoco sería una gran novela para recomendar (si yo recomendara novelas). Se deja leer, sin problemas y poco más.

Creo que he leído alguna otra novela antes de que empezara Junio – que las de Junio quedan para la siguiente entrega – pero como no estoy seguro de cuando las he leído terminare con Soy Leyenda, que curiosamente – ya que las dos versiones de la película que he visto me han parecido malas – me apetecía leer. No me ha gustado mucho pero la verdad es que siempre habia pensado que los monstruos eran una especie de Zombies y sin embargo lo que son es un tipo especial de vampiro. Si, hay que ver, verdad. O yo no me entero de las películas de terror, algo altamente probable, o hay una conspiración vampírica para culpar a los zombies de todos los males de los fututos apocalípticos. No sé, le preguntare a Álvaro que de Zombies y otros entes malignos sabe más y seguro que sabe resolver la duda de qué pasa si un vampiro muerde a una momia ¿en que se convierte la momia?.





En fin, creo que este parón me ha enseñado una lección y es que debo de escribir más a menudo y centrarme en historias cortas. Reflexión que me hago a mí mismo porque dudo que ninguno de mis lectores halláis llegado hasta aquí. 

Pero divago, si eso, ya lo comentamos otro día.

lunes, 12 de enero de 2015

Comentario de Textos - Diciembre 2014

The ways of the dead – Neely Tucker
You should have known – Jean Hanff Korelitrz
The man who wouldn’t stand up – Jacob M. Appel
Ojalá nos perdonen – A. M. Homes
Anatomy of a murder – Robert Traver
Brooklyn – Colm Tóibín
Neverwhere – Neil Gaiman

Este mes (bueno, realmente el mes anterior, no esté en el que escribo) he tenido motivos suficientes para haber escrito más entradas ya que ha sido un mes con suficientes cambios/noticias que habrían justificado más entradas. El principal es que he vendido mi casa, la casa de Santa Ana; por supuesto sin haberme comprado otra antes (uno es así) por lo que ahora mismo estoy a la espera de tener un nuevo domicilio, y vuelvo a vivir “provisionalmente”.

Esto por si solo habría justificado varias entradas en este blog (que no, que no es de libros: que es de mis chorradas, aunque no lo parezca) y podría haber enumerado las casas en las que he vivido,  o las mudanzas entre ellas que al final son casi más significativas, o tal vez solo aquellas en las que he vivido provisionalmente; podría haberos contado mis inquietudes frente a la provisionalidad de estar sin domicilio o incluso haberos contado porque me he decidido a vender mi casa actual arriesgándome a esta inquietud frente a la provisionalidad; podría incluso haber recuperado recuerdos de muchas cosas que han aparecido de la que preparaba la mudanza (no al hacerla, que uno ya esta mayor y esta vez se la he encargado a profesionales, algo más profesionales que Charlie, Saban(dija)  y, por supuesto, Álvaro que han sido los encargados de las ultimas que he tenido que hacer); en fin, que temas había y ganas de escribir también, pero…

Precisamente por esta provisionalidad de la que os hablo y por la inquietud que me produce (si, lo reconozco; soy tan malo afrontando cambios como haciendo abdominales. Cosas que pasan) no me han quedado suficientes ganas para vencer la pereza, casi en grado de molicie, que se me ha venido encima. Eso que os ahorráis.

Pero solo os lo ahorráis de momento, ya que gracias a la colaboración de los de siempre (ellos ya sabes quienes son y seguro que vosotros también; probablemente seáis los mismos ya que esto tampoco lo lee tanta gente, así que me ahorro la enumeración nominativa) ya tengo apalabrada una nueva casa, aunque aún tardare un tiempo en tenerla lista por temas diversos (administrativos y de obras) lo que incluso podría añadir posibilidades de entradas a este blog. Pero, si eso, ya os lo cuento otro día que hoy toca hablar de lecturas.

Aunque algo más que diezmada a principios de mes todavía tenía mi montañita de libros comprados en NYC de la que nutrirme con solo estirar la mano desde el sillón de mi salón (ya ex salón) y ¿qué mejor forma de empezar el mes que con una policiaca, de un autor para mi desconocido, como The ways of the dead?. En principio ninguna, aunque una vez leída se me ocurren mejores formas u opciones. No porque sea una mala novela, que no lo es, incluso es una buena novela, pero un poco demasiado típica o tópica (que no sé qué es más acertado en estos casos). Tiene sus asesinatos, su detective duro, sus conspiraciones de poderosos y en general lo suficiente para pasar un rato entretenido; buena, pero le fala algo que la haga un poco especial, ese poquito que la llevaría un poco más allá, que la haría destacar de entre el montón de novelas policías convencionales. Eso sí, tiene una de las mejores clasificaciones de lo que vienen siendo las distintas especies de White Trash (aunque no puedo valorar su precisión, intentare recordar las diferencias para posibles conversaciones y discusiones):
“Dipshits from Georgia, north Florida, the Carolinas, those are crackers. West Virginia, Kentucky, Tennessee, Arkansas? Hillbillies. Hicks from Mississippi, Alabama, and north Louisiana – and just up in the western part of Tennessee and just across the river in the Arkansas delta? Those are rednecks. South Louisiana? Cajuns. Not even God can help you with them.“Y’all look the same to me.“I can’t help you with your prejudices.“Which  ones are the poor white trash?“The ones who’ll shoot your ass somewhere between you calling them ‘white’ and ‘trash’”
Ya he comentado varias veces que los libros escritos por chicas, más aun si son thrillers, siempre despiertan mi curiosidad – al igual que los de japoneses, que me siguen pareciendo la última civilización exótica (novelas de misterio escritas por mujeres japonesas he leído pocas pero las que he leído me han gustado bastante, por si os lo estabais preguntando; si, las hay y tienen su punto)- por lo que ciertamente tenia ganas de leer You Should have known. Pese a que la premisa del libro (que una psiquiatra, consejera matrimonial, que está a punto de publicar un libro con ese mismo título, descubra que ella es una de esas personas que deberían haber sabido lo que pasaba en su relación) no era demasiado tentadora, ¿un poco simplista, diría yo?.  Además, como yo considero que tengo una buena capacidad para engañar (tendría, podría mentir muy bien, quiero decir, podría, si quisiera - que no quiero, quede claro -  ya que eso me convertiría en un buen mentiroso y como siempre digo “la sinceridad es muy importante, si consigues fingirla está hecho”) la premisa de que es difícil engañar a alguien durante mucho tiempo y que uno debería haberlo sabido me parece un poco falta de realismo. Es verdad que sí que creo que hay muchas cosas que la gente debería haber sabido de las personas con las que se relaciona si tan solo hubiera querido fijarse un poco en algunos signos, especialmente en las relaciones de pareja, todos conocemos a alguien que sabemos que no se está fijando adecuadamente en su pareja, que no está leyendo las señales de su verdadero comportamiento (¿no? Bueno, yo sí, aunque no daré nombres hoy), señales tan obvias que no podemos evitar pensar, cuando todo se acaba descubriendo, “debería haberlo sabido”. No sé, será eso de que el amor es ciego o sencillamente: subnormal en algunos casos (y no, ni daré nombres, ni me refiero a nadie en particular). Con todo, es una novela entretenida aunque tampoco brillante.

Si es cierto que las relaciones de pareja producen esta ceguera en algunos casos, no son ni con mucho las relaciones que más ceguera (o subnormalidad) producen a día de hoy. Desafortunadamente, hay relaciones mucho peores: el patriotismo, la fe religiosa o incluso la fe en un equipo de futbol, por poner algunos ejemplos. No solo peores por la intensidad que despiertan y por el número de participantes simultáneos, sí no porque además tienen, pueden, a volverse contra aquella persona o grupo de personas que no comparta este mismo sentimiento. Puedes (es difícil, pero se puede según la publicidad institucional) conseguir convencer a una chica de que ese tipo que le parece excepcional y que tanto se preocupa por ella, en realidad es un auténtico cabrón machista que seguramente termine haciéndole daño, incluso, probablemente, físico e incluso posiblemente mucho pero intenta, sin embargo, convencer a un grupo de que no te importa especialmente su equipo deportivo favorito, su dios favorito y probablemente único, o su única patria y sus símbolos.
Inténtalo y, si eso (si sobrevives, quiero decir) pues ya me lo cuentas otro día. Sin llegar a matarle esto es lo que le pasa al protagonista de The man who wouldn’t stand up, alguien que sencillamente durante los preliminares de un parrido decide no levantarse cuando suena el himno nacional; alguien que harto de tanto patriotismo vacío, empeora las cosas cuando intentan afearle su conducta mostrándole sentado, en la inevitable pantalla gigante del estadio, durante el himno mostrando un dedo(y no uno cualquiera, se entiende) a la cámara y manteniéndose sentado; alguien que luego se reafirma en que no quería levantarse ese día, sencillamente no quería, para unirse a la multitud. Por supuesto debes imaginarte a este americano díscolo en la América actual, en esa América post 11 de septiembre en la que se han recortado tantos derechos civiles (además de acabar con los complementos masculinos en los viajes en avión) y en la que se requiere tanta ciega adhesión a los símbolos patrios que este insulto es equiparable a los peores insultos de algunos dibujantes de caricaturas para otros colectivos. Esa es la prometedora premisa del libro y la única queja es que no esta tan bien desarrollada como sería deseable, aunque lo suficiente para ser una lectura entretenida.

Puesto que mi pila de libros de NYC empezaba a disminuir preocupantemente y como todavía tenía un libro llegado desde la Librería Fuenfria de Cercedilla, vía mi servicio personal de mensajería (aka mi hermano, aka el librero tarambana), me decidí a cambiar de idioma y leer Ojala nos perdonen. En principio no me interesaba demasiado ya que estoy un poco cansado de esas historias de familia que en la contraportada tienen que citar a Tolstoi (aquello de “todas las familias felices son iguales; las familias infelices lo son cada una a su manera”), además la foto de la autora disfrazada de neoyorquina de Annie Hall revisitada a lo moderno no me parecía nada tentadora, un poco demasiado institutriz  a la vez que un poco demasiado super-star literaria. Puesto que era mi única opción en español en ese momento: o me estiraba hasta alguna de mis librerías de referencia o esperaba hasta las navidades y me arriesgaba con las opciones de regalo que seguro llegarían en esas fechas. Entre esas opciones y considerando mi vagancia consustancial la opción estaba clara y la verdad es que la elección fue acertada ya que el libro me gusto bastante. He de decir que creo que es bueno, aunque puede que mi visión este un poco afectada por el hecho de que el protagonista sufre un ictus, que si bien creo que no es exactamente lo mismo que yo sufrí (creo que hay matices medidos entre un ictus y un derrame cerebral) hace que sienta cierta identificación con él y con algunas de sus reflexiones sobre su la recuperación:
“Estoy empezando a recuperar la normalidad o lo que no es normal del todo pero se considera normal en este último mes. No puedo decir en absoluto que me sienta yo mismo; de hecho, en realidad no recuerdo como me sentía y lo que podría significar ‘yo mismo’”
 e incluso, ya puestos, sobre las sensaciones anteriores: 
“¿Cómo explicarse uno mismo? Es como si lo único que pudiera hacer fuera gruñir y confiar en que me entiendan por la entonación. Podría culpar al ictus, pero mentiría. ¿Cómo puedo decirle a alguien que siempre me ha habitado una sensación herrumbrosa de asco, un agua insípida, salobre, que sospecho que es mi alma?”.

Volviendo a NYC, a las compras realizadas allí quiero decir que para volver aun tendre que esperar un poco, repetiré que una de las cosas que me gusta del mercado editorial americano (de sus librerías) es que se pueden encontrar reediciones de libros con facilidad, no solo de libros clásicos en un sentido estricto, con mayúsculas, que esos también se encuentran aquí, si no de libros que solo son clásicos en un sentido de serie-B: clásicos no importantes, como Anatomy of a murder. Si, ese mismo, el libro en el que se basa la película que si bien todos confundimos con otra (seguramente cada uno de nosotros la confunda con una película distinta) reconocemos la cartelería de la misma como un icono atemporal y que  es uno de los clásicos de las películas de juicios. Por mucho que todos (yo incluido) la confundamos con otra película basándonos solo en la imagen clásica de su anuncio una vez que uno empieza a leer el libro se le vienen a la cabeza imágenes inconfundibles de la misma y se da cuenta de que es un gran libro al que realmente la película hace justicia y que el reparto seria difícilmente más acertado. Siendo ambos (libro y película) excelentes, como esto (no) es un blog de libros me veo obligado a decir que el libro es mejor que la película aunque solo sea por cosas como describir lo que el abogado principal hace un día que está preocupado al abandonar la sala al final de la jornada laboral (recordemos que esto es América y que la jornada acaba algo antes de las cinco de la tarde): 
“So I did the only sensible thing a worried man could do – I stopped off at the Halfway House for one tall drink, just one. By midnight, having bought my way into the jazz combo, that old hepcat Polly Biegler and his borrowed fly-swatters was making crazy with the drums. ‘Lissen to the ma-a-n….’”
¿A quién no le ha pasado, salir agobiado de trabajar a tomarse una copita y seguir seis horas después disfrutando como un poseso de la atmósfera de un bar? ¿A ti, no? Pues, lo siento. En serio, deberías probarlo, hay pocas cosas mas gratificantes.

Puede que aún no lo haya dejado claro pero NYC me gusta mucho, probablemente sea mi ciudad favorita y si, lo sé, digo esto desde mi casi total incultura de ciudades ya que tampoco conozco tantas y me falta por conocer muchas de las obligatorias. Pero lo digo tranquilamente, y lo defiendo con la insensata seguridad que caracteriza muchas de mis afirmaciones categóricas. Pues pese a ser NYC mi ciudad favorita he de reconocer que nunca le he cogido el punto a Brooklyn, que se supone que ahora es lo cool de NYC (si es que todavía se dice cool, que lo dudo).

Pese a intentarlo no consigo que me guste (mucho menos ahora que Katherine ya no vive allí) y eso que dos de mis restaurantes favoritos, de mi top ten diría, están precisamente en este barrio (¿Cuáles, os preguntais? Pues, si eso, ya os lo cuento otro dia). Así que si veo una novela que se titula simplemente Brooklyn pues claro, me la compro para seguir intentando cambiar de opinión, porque nunca se sabe e igual la gente tiene razón y yo estoy equivocado (seguro, seguro, será eso). Aunque la novela no es mala, solo os diré que no lo ha conseguido, no ha conseguido que cambie de opinión, pero yo seguiré intentándolo y quien sabe, igual algún día me guste Brooklyn (tal vez, tal vez, si consigo mudarme allí).





Como ya es costumbre y para no decepcionaros os diré que sí, que este mes también me he leído Neverwhere, que, en cierta medida, ya me había leído. En mi descargo diré que esta vez no es que hubiera leído la novela, si no que había leído la adaptación de la misma a cómic, que no es exactamente lo mismo, aunque en este caso sea casi lo mismo ya que se trata de una novela fantástica más propia de un cómic que de una novela. Por lo tanto es discutible eso de que ya la hubiera leído, siendo indiscutible que era como si no lo hubiera leído ya que no me acordaba de nada, absolutamente de nada. Al contrario que en el caso de las versiones cinematográficas y para demostrar que esto no es un blog de libros os diré que creo, confío realmente, en que el cómic sea mejor que la novela por que la novela no tiene nada especial y lo poco que tiene puede quedar mejor bien dibujado (salvo tal vez la referencia a The great Stink de Londres que en 1858 obligo a remodelar todo el saneamiento de la ciudad dando un importante impulso a la ingeniería sanitaria, que tampoco os interesara mucho pero que casi seguro no aparece en el cómic).

Estas lecturas han hecho disminuir mí ya mermada pila de libros notablemente (dejando solo dos para enfrentar el final de las festividades y lo que venga después) por lo que incluso teniendo en cuenta las aportaciones de las fiestas navideñas harán inevitable la visita a mis librerías de referencia o bien el uso de suministros alternativos.

En cualquier caso que sepáis que este mes si he visitado la Librería Fuenfria de Cercedilla, algo de lo que tengo testigos ya que por increíble que parezca (con lo poco que la visito) me encontré con Nacho, justo antes de que él se marchara para el sudeste asiático a disfrutar de las fiestas con la guapa y encantadora Patty de Pantones (afortunado él y añado, para no parecer excesivamente machista: afortunada ella), que andaba de convivencias empresariales y se había escapado para acercarse a la nunca suficientemente reconocida librería Fuenfria de Cercedilla (si él ha podido, vosotros no tenéis escusa. Que lo sepáis).


Pese a tener testigos de mi visita por increíble que parezca no tengo pruebas de ella ya que al final se nos alargó la mañana hablando de otras cosas y me baje sin ningún libro de mi librería de referencia, algo que no os recomiendo hacer ya que luego os arrepentiréis de no tener buenas lecturas como estoy haciendo yo ahora mismo.

martes, 9 de diciembre de 2014

Comentario de textos - Noviembre 2.014

Parade – Shuichi Yoshida
The Big Crowd – Kevin Baker
Mi educacion – Susan Choi
The Rage – Gene Kerrigan
Borderline – Lawrence Block
The Brother’s Cabal – Jonathan L. Howard

La verdad es que disponer de un stock de libros de reserva proporciona mucha tranquilidad espiritual y soluciona mucho – totalmente, diría –los dilemas de horarios o de elección de librería que visitar. Aunque podríamos decir que te aleja de las novedades (que en general tampoco me importan tanto) e inquieta, o inquietaba, a mis libreros de referencia (ya no les inquieta porque hace un par de años, tras varios meses de no visitarlos y a una preocupada pregunta suya ya les comente esta situación y ahora no les sorprende).

Gracias a la maleta de libros recopilada en NYC ahora disfruta de esta tranquilidad espiritual, en la que puedo escoger lo que leo del montón situado en mi salón. Una situación envidiable, que seguramente durara hasta finales de enero ya que aún quedan suficientes libros en esa pila, e incluso alguno de la última compra a domicilio procedente de la librería Fuenfria de Cercedilla (innecesario recordar que es esta debe de ser vuestra librería favorita. Si no lo es ya, mal vamos).

“after the first dead there is no other” es una frase que en distintas variaciones hemos oído / leído en muchísimas novelas de asesinos o de guerra. Al parecer la primera vez que matas es difícil pero luego uno, como que se habitúa a ello y se convierte en algo mucho menos preocupante (eso dicen, yo no puedo ni corroborarlo ni desmentirlo. Sin embargo en uno de los cuentos que completan Borderline la frase se utiliza en otro sentido completamente distinto con el que, lamentablemente, si que me encuentro familiarizado: “When one dead affects you completely, then the deaths that comes after it don’t have their full effect.”. Creo que todos tenemos una muerte de este tipo en nuestras vidas (ojala me equivoque y todavía no la hayáis tenido). Una muerte que hace que todas las demás, por importantes que sean, no nos lleguen a afectar como esta, una muerte que cambia nuestra concepción del dolor, de la perdida, una muerte que, sencillamente, cambia el rumbo de nuestras vidas, que nos afecta completamente. Yo la tuve, la tengo, pero no os la contare hoy ya que, como parece saber todo el mundo, aquí, hoy, hemos “venido a hablar de libros”. ¿Qué tengo que decir sobre Borderline y los cuentos  que la acompañan? Pues que hace justicia, plenamente, a su portada Pulp (he de reconocer que me gusta mucho esta colección: su selección y su edición; no sé porque aquí (en esta España mía, esta España nuestra) no se editan cosas tan bonitas), las historias de los personajes – tópicas donde las haya – están muy bien, con su ración de sexo, y crimen. Ya digo, Pulp en estado casi puro (bueno, lo que yo imagino como tal género que puede que no lo sea; al fin y al cabo que sabré yo de esto).

The Big Crowd es, según la contraportada, una novela sobre dos hermanos emigrantes a estados unidos, uno de los cuales asciende en la escala social desde su trabajo en los muelles hasta alcalde de Nueva York; mientras que el otro, que emigra después, empieza a descubrir sus trapos sucios. ¿no me digáis que no parece prometedora? ¿Corrupción, corrupción en NYC?  Obviamente, todos nos imaginamos el crecimiento de la mafia de estibadores, de servicios urbanos… uhhhmmm, prometedora… encima, rencillas entre hermanos, algo que, salvo para los hijos únicos, siempre le proporciona un valor añadido. Si, así es la vida e incluso los mitos…. después de la pareja inicial vienen los problemas entre hermanos, ya sabéis Caín y Abel, Thor y Loki… en fin, un clásico. Sin deciros que sea mala, os diré dos cosas: que es una de las causas principales de que haya leído poco este mes, de lo mucho que me ha costado leerla, y eso que no he conseguido acabármela (la he dejado de leer cuando ya solo quedaban ochenta páginas, vamos casi acabada pero… la vida es corta para esto). Curiosamente ahora (al buscar las portadas en internet) me doy cuenta de que ya había leído otro libro de este autor (Dreamland, sobre Coney Island) y me había pasado lo mismo, "mardita memoria".

Tan cansado me había dejado la novela anterior que decidí volver a leer en español, por si acaso parte de mi cansancio era por leer en inglés, y de los dos que estaban todavía en mi montón, me decidí por Mi educación, libro que me había suministrado Rafa desde la librería Fuenfría de Cercedilla (si, esa misma, ya sabéis: vuestra librería favorita).El libro empieza bien, con una alumna que llega a clase de un profesor de literatura que tiene fama de ser “casi el diablo”. Bueno, no es un mal principio, es un principio con posibilidades; pero… si, a veces hay un pero. Pero la novela se convierte en una historia de amor (lesbiano para más señas) que la verdad es que no lleva a ninguna parte interesante, por lo menos en las 280 páginas que yo he leído. Es verdad que esta novela tampoco la he acabado y puede que luego mejore. Lo dudo pero es posible, tal vez, si eso ya me lo contáis.


Tras estas dos decepciones, pues era hora de volver a territorio conocido –no mucho, por aquello de mi memoria – así que me decidí por darle una oportunidad a The Rage porque había leído otra novela del autor y mi había parecido sumamente correcta, o tal vez incluso excelente. Esta tan bien es una buena novela, una novela clásica en la Irlanda actual y urbana, con sus personajes de bajos fondos y sus trapicheos. Sé que es una buena novela ya que la mejor parte no es la historia que cuenta, la historia central, si no que la mejor parte es la de un personaje secundario, una monja. Si , una monja que le sirve para reflexionar sobre los abusos en la infancia (siendo ella la abusadora): “When you do something terrible, after a while – the daily routine, the people around you, the work, the worries – after a while all that takes over. So many layers of time settling on the memories – and the big things, even the awful things, they end up buried under all the other stuff. Sometimes it feels like it happened to someone else”. ¿Quién no se ha hecho trampa a si mismo mediante este olvido, quien no tiene maldades enterradas en su pasado entre tantas capas de cosas normales? ¿Vosotros no? Bueno, pues será cosa mía.

Aun confiando en vuestra palabra y que ninguno tengáis ninguna maldad enterrada en vuestro pasado me uno a la monja en recordaros: “When I was a child, the priests told us to recognize the dividing line between a venial sin and the mortal sin that put your soul in danger. Did you take pleasure in it? – That was the measure of things back then. Your instincts could lead you astray, but you were in real trouble if you take pleasure in it”. Puede que no sea exacto, ni preciso pero no me parece una mala distinción. Ya lo sabes, si disfrutas es que es mortal (a menos que tenga beicon, que entonces es normal. Todo es mejor con beicon).

Leer libros de buenos autores que conoces siempre es algo que gusta, pero he de reconocer que me gusta mucho mas leer autores que no conozco y aunque para eso vale cualquier librería la verdad es que comprar japoneses en Kinokinuya es una de mis actividades favoritas, y de  esta librería me traje Parade (ya solo me queda otra de japoneses).  Aunque no es una excelente novela, la verdad es que se lee bastante bien y los cuatro (o cinco) personajes centrales dan una (extravagante o normal, no lo sé) visión de los veinteañeros japoneses. No se trata de una novela demenciada en el sentido de las de Murakami (el de serie b, no el cultureta) si no que la mayoría de los personajes, aunque peculiares, son normales (razonablemente) e incluso comparto la sorpresa de uno de los protagonistas cuando reflexiona:



“So even though I’d done only things that would benefit me, whenever any of them – be it Koto, Ryosuke, MIrai or Satoru – have a problem, they always come to me for advice, like it’s the most natural thing in the world. Never once have I really been kind and considered the other person’s situation, but still they come to me, like Koto’s asking my advice this evening. Even so, perhaps through some twisted part of their personalities they view this detachment as consideration, and I find my stock, despite my unwillingness, rising in their eyes.
“Before I Knew it, my lack of genuine concern led them to treat me like some great elder brother figure. If they’re satisfied with selfish consideration like this, then how does the rest of the world treat them? The thought has me worried.”

No tanto porque me haya pasado a mí, que no, que a mí nadie me considera con un hermano mayor para pedirme consejo – debe ser que mi déficit de interés es excesivo – si no por aquello de ver a gente pidiendo consejo a otras personas de las que sabes que no les importa lo mas mínimo y te preguntas ¿de verdad, esta era su mejor opción? Y te quedas preocupado.

De las novelas de Cabal, bueno, vale, de las novelas de Howard, ya he hablado otras veces en este blog ya que es un autor que he descubierto casi a la vez que iniciaba este blog y ya llevo leídas tres de él, y del que además (extrañamente, diría) me acuerdo ya que tampoco es fácil olvidar libros en los que es protagonista es un nigromante.  Bueno, al menos para mí que no tengo ni idea de lo que leéis vosotros e igual solo leéis sobre este tema y podéis confundir fácilmente a los autores de libros con nigromantes. Pero divago, a lo que iba, The Brothers Cabal, tiene dos partes ya que hay dos hermanos y los dos salen en el libro (como sabiamente habréis adivinado por el título, aunque podrían haber sido más). Uno es un nigromante y el otro es… pues, ¿Qué diríais?... pues es un vampiro. Si, ni más ni menos que un vampiro, y si también hay hombres lobo en el libro, además de otros monstruos (no, no hay ningún Frankenstein) e incluso un grupo de mujeres aviadoras (iba a escribir lesbianas aviadoras pero de esto no estoy seguro, aunque se sospecha por la sorpresa del vampiro y su poco éxito entre ellas).La primera parte, la del hermano vampiro, es más flojilla de lo habitual (al fin y al cabo va sobre el hermano y ya sabéis que a nadie le interesan los hermanos) pero la segunda sube un poco el listón aunque sin llegar a la calidad de las anteriores de la serie. Con todo una lectura entretenida.

Hasta aquí las lecturas del mes y ahora antes de terminar os confesare que ahora leo tomando notas. No, no es que tome notas siempre, solo de vez en cuando; de vez en cuando apunto alguna frase (las que reproduzco aquí) apuntando la página y el título del libro para luego poder copiarla. Si, hago esto y lo hago en un cuadernillo especial que tengo en la mesa. Hasta aquí algo más o menos normal. Lo raro es que a veces se me olvida que he tomado notas de algún libro y me olvido de copiar alguna frase apasionante de las que he leído (a veces desecho alguna en la lectura de la agenda). Si, así son las cosas y esto me ha pasado hace poco con estas dos:

“Cuando estés a punto de sepultar a tu cuarta esposa bajo el suelo de la cocina, haz una pausa y prepara té”

“Las jovencitas sois como piedras, nada os conmueve. No se puede tener una relación con una piedra, yo por lo menos no puedo”.


Dos grandes frases que os dejo para vuestro disfrute y para que intentéis adivinar a que novela pertenecen, e incluso en la esperanza de que comentéis prometo una cena como premio al que acierte.

sábado, 8 de noviembre de 2014

Comentario de textos - Septiembre y Octubre 2.014

Septiembre:
   1222 – Anne Holt
   Historias y desventuras del desconocido soldado Schlump – Hans Herbert Grimm
   El teniente Sturm – Ernst Jünger
   La Chica de ojos verdes -  Edna O’Brien
   Galveston – Nic Pizzolatto
   Aguas Turbulentas – Ian Rankin
Octubre
   El meridiano de Greenwich – Jean Echenoz
   Popular Hits of the Showa Era – Ryu Murakami
   Revenge – Yoko Ogawa
   The Ginger man – J. P. Donleavy
   The Drop – Dennis Lehane
   Consumed – David Cronenberg
   Jon Connnolly – The infernals
   The last good kiss – James Crumley

Como en los cines de mi infancia (los cines Colon y Plaza de Cangas de Onís y el Espronceda de Madrid me vienen a la memoria) hoy toca programa doble: septiembre y octubre en un solo post, ya que no me dio tiempo a escribir el post de septiembre antes de llevar a cabo mi peregrinación anual, talibán que es uno para estas cosas, y ahora me enfrento a una pilita de libros que comentar y con pocos recuerdos de algunos (algo que, aunque no lo parezca, es bueno porque aportara brevedad a los comentarios).

Como seguro sospechabais, dado mi carácter, en la librería Méndez no compre un solo libro (el que comente en el último post) si no que salí de allí con otros tres, porque eso de comprar uno solo se me hace raro, muy raro y, para que negarlo, ir más de una vez al mes ya puede considerarse vicio ¿no? y tampoco es eso.

Inevitablemente Historias y desventuras del desconocido soldado Schlump, en su título, hace que recuerdes las aventuras de aquel “valeroso Schwejk” con el que, además de ser un clásico, recuerdo haber pasado unos ratos excelentes y motivo (este último, no el de ser un clásico) por el que deberíais leerlo aunque igual no os hace gracia. La contraportada advierte de que es “una obra maestra de la literatura antibélica” y posiblemente lo sea, no digo yo que no. Eso si, donde Schwejk es antibélico por reducción al absurdo, creando las situaciones más absurdas imaginables solo por su literalidad a la hora de cumplir órdenes y por su Sancho-Panzismo (concepto que dudo que exista en términos formales, pero que espero que comprendáis) este es antibélico pretendiendo ser realista y crítico. Personalmente prefiero mil veces el absurdo del primero frente a ese supuesto realismo que no me acaba de convencer, con todo se lee bien y para un fumador siempre da gusto que recuerden la visión del tabaco que existía antes, antes de este mundo de sanidad (que no santidad) forzada, con frases como “ya sabe usted que un hombre sin tabaco es un hombre a medias”. Al fin y al cabo hasta hace unos pocos años (cada vez mas) los soldados debían llevar en su equipo de supervivencia un paquete de tabaco, ya que ofrecer un cigarrillo era considerado un acto de amistad que podría llevarse a cabo sin barreras idiomáticas. Supongo que hoy tendrán que llevar algo con Biobifidus o un poco de salvado de Quinoa para confraternizar, ya que ahora este sencillo gesto de ofrecer un pitillo puede, al parecer, ser considerado como una invitación al suicidio, y el hecho de fumarse un pitillo seguramente pueda ser visto como un acto de tortura. Pero divago, ya despotricare contra los anti fumadores otro día que hoy hemos venido a hablar de libros (no de mi libro, conste que para eso, si es que llega, queda mucho). Pues eso, que esta supuesta obra maestra a mí me ha aburrido un poco, puede que bastante, así que es posible que lo sea.

Como ya estaba con la primera guerra mundial pues seguí con ella y además del soldado me decidí por coger a un representante de mayor rango: El teniente Sturm. Un error: lo que la tropa no había conseguido desde luego no lo conseguirían los mandos, a menos que lo que pretendieran fuera conseguir que me aburriera. Si era así, igual alguien debería ascender de rango al soldado y yo creo que el teniente podría aspirar a general (en el caso de que esto sea más, que mi conocimiento del ejercito es algo menos que reducido).  No sé porque alguien podría querer leer este libro si no que tampoco sé porque alguien podría querer escribirlo.



Como no solo de guerra vive/lee el hombre, también cogí en la librería Méndez La Chica de los ojos verdes que no solo tenía una chica en el título, algo bueno, si no que además estaba escrito por una chica, algo incluso más prometedor. No solo sobre chicas, si no que sobre chicas irlandesas en Irlanda. Un tema que a cualquiera apasionaría, incluso aunque no se trate de chicas pelirrojas. En fin, poco más se podría pedir ¿no? Pues por aquello de pedir yo habría pedido que fuera divertido, con tradicionales personajes entrañables y dramáticos, o tal vez tan solo que no se espesara tanto en las disputas entre católicos y protestantes, pero ya sabéis lo que dicen: “contra el vicio de pedir, está la virtud de no dar”.




Viajar por temas de trabajo a veces me gusta y otras me parece una autentica pérdida de tiempo, pero lo que es casi siempre constante es que me veo obligado a visitar las librerías de estaciones y aeropuertos ya que o se me olvida coger algo que leer o no tengo nada que coger. De forma general estas librerías tienen para mí un interés meramente sociológico, el de descubrir que es lo que realmente está leyendo el resto del mundo, y siempre me resulta difícil escoger algo apetecible que no sea una reedición en rustica (un paperback en el idioma del imperio, que uno sabe idiomas) de algún libro que no compre en su día porque no me tentó lo suficiente. Es raro que de verdad encuentre algo que me apetezca leer.

Así que cuando dando vueltas por la escasa librería de la estación de Atocha vi Galveston, una novela negra que recomendaba Lehane no deje que me asustara la banda que le habían puesto de que era la primera novela de un guionista de una serie de televisión y la compre. No, no es que tenga nada en contra de los guionistas de televisión, mucho menos contra la televisión en si (que considero nutritiva y visto lo visto creo que deberían reponer Estrenos TV y hacerla obligatoria en la educación secundaria), pero resulta evidente que cosas que funcionan en una serie de televisión no funcionan en una novela, igual que resulta evidente que cosas que funcionan perfectamente en las novelas no tienen cabida ni en la televisión ni en el cine. Este es uno de esos casos en los que me reafirmo ya que, pese a no tener una mala historia ni malos personajes, comete algunos excesos narrativos que solo podrían funcionar en una serie de televisión (creo que ni siquiera en película funcionarían). Si esto es lo mejor que ha leído Lehane en la última década, una de dos: o Lehane no lee novela negra, ni siquiera las suyas, o no tenemos los mismos gustos. Esto último me resultaría raro porque sí que me gustan sus novelas. En fin, es lo que tiene recomendar cosas o recomendar no leerlas… por eso yo no lo hago.

Otra vez sin nada que leer, con poco trabajo – corrijo, con trabajo pero sin ningunas ganas de hacerlo – y con la pereza de subir hasta Cercedilla a visitar la librería Fuenfria e incluso con la pereza de ir a comprar más libros (si, últimamente estoy batiendo records de pereza; bueno, no los estoy batiendo porque me da pereza) me puse a revisar la librería de Álvaro con la esperanza de encontrar algo que no hubiera leído.

Aunque no parecía una posibilidad muy viable, ya que además de no haberlo leído tenía que apetecerme, tuve suerte y había una novela de la madrina de la novela negra noruega: 1222. Ya sabéis como soy y no tenía ni idea de que existiera una madrina de la novela negra noruega, mucho menos de que esta madrina hubiera sido ministra de Justicia de Noruega; algo normal a menos que os diga que estoy casi seguro de que ya había leído otra novela suya y casi seguro que había leído lo mismo en la contraportada. Así somos algunos, que los cargos no nos impresionan y muchos datos no dejan huella en muestra memoria. Aparte de esta curiosidad y de recordar que para medir la intensidad del viento se utiliza la escala de Beaufort (algo que había sabido pero había olvidado y que pese a no tener demasiada utilidad me ha venido muy bien para un informe que estaba preparando) lo único que os puedo contar es que básicamente es Diez negritos pero ambientada en otro sitio (si, lo habéis adivinado: en noruega) y algo más floja (aunque la contraportada clasifique esto como una vuelta de tuerca).

Una vez al año, o algo más, recibo un correo electrónico que me hace conectar la impresora a toda velocidad, imprimir un documento adjunto y marcharme a mi casa a encerrarme concentrado en la lectura, ya que recibo un primer borrador de la nueva novela de mi hermano Rafa (perdón, quiero decir de Don Rafael Reig). Bueno, no siempre es un correo si no que a veces es una visita del autor y en lugar de una copia tengo que imprimir un par de ellas; pero eso sí, siempre es un gran día, un día esperado y apetecible que alegra los días siguientes.

De momento y para no daros más envidia de la necesaria solo os diré un par de cosas: se llama El malhumor, aunque esto sea eso que llaman un working title, y es… buena. Diría que es muy buena pero ya sabéis se trata de mi hermano, de mi hermano mayor para más señas, y obviamente un hermano menor no dirá estas cosas en público de su propio hermano.

No os diré nada mas de momento y me reservo mis opiniones para la lectura de la obra publicada cuando pueda recomendaros que vayáis a vuestra librería de referencia (o mejor aún hasta la librería Fuenfria de Cercedilla, donde el librero tarambana os hará una buena falsificación de la firma de Rafa y si vais de mi parte igual hasta os falsifica una dedicatoria) para haceros con una copia (o varias, que seguro tenéis amigos que leen y que mejor regalo que un buen libro) tan rápido como os lo permitan vuestras piernas y vuestros compromisos y actividades (tampoco se trata de que salgáis del baño sin lavaros las manos para comprarla; pero casi).

Con esta muy agradable lectura ya estaba a menos de una semana de que se acabara el mes y prácticamente a menos de diez días de marchar de peregrinación. Además estaba casi seguro que antes de la peregrinación vería a mi hermano, lo que normalmente equivale a una buena visita a una buena librería, ya que habíamos de celebrar su cumpleaños y por supuesto habría de someterme al preceptivo interrogatorio sobre su última novela. Estos eran motivos suficientes para que en lugar de visitar otra librería me conformara con rebuscar, una vez más y en vista del éxito anterior, en la librería de Álvaro.

Os confieso que si muchas veces elijo un libro solo por el título, solo por la portada o incluso por donde está colocado, hay otras veces que me niego a leer un autor porque no me gusta su nombre. Ya, cada loco con sus manías pero ese es el motivo por el que nunca me he comprado un libro de Andrea Camillieri (que no, que no es una chica) ni de Ian Rankin. Sencillamente no me parecen nombres de buenos autores. Afortunadamente Álvaro no tiene estas manías, o no tan acentuadas (aunque no tiene ninguno de Camillieri. No digo más, señor Juez), y en su librería estaba Aguas turbulentas (libro que, todo sea dicho, podría haberme comprado por su título, por aquello del agua. Otra manía). Digo afortunadamente ya que es una novela bastante entretenida que se lee muy bien, con sus curiosidades o extrañezas, como que la bebida normal de un inspector de policía escoces sea el Laproigh (o como se escriba que no me apetece buscarlo en internet, ni levantarme a mirar la etiqueta) whisky que, hasta donde yo sé, no sería habitual ni para gentes de posibles (aunque en escocia no será ni de importación); y con frases con las que puedes sentirte identificado como esa de “Había estado a punto de encontrar cobijo en la música, de convertir el problema  en una canción anestésica para su conciencia”. ¿Cuantas veces las canciones me habrán dado cobijo, cuantas habrán anestesiado mi conciencia?

En cualquier caso al final comimos con mi hermano para celebrar su cumpleaños y esto resolvía mis problemas de lectura durante algún tiempo. Algo que si bien podía ser innecesario ya que en muy pocos días no solo estaría de peregrinación si no que estaría comprando libros en mis librerías favoritas de mi ciudad favorita (Cercedilla no es una ciudad que lo sepáis, por eso no incluyo la librería Fuenfria) me ahorraría el tener que comprar cualquier novela en la tienda del aeropuerto de Barajas – Adolfo Suarez que visitaba por primera vez desde su cambio de nombre, todo sea dicho.

Le compre varios libros a Rafa, aunque no pensaba leerlos de momento (probablemente en varios meses ya que mal se tenía que poner para que no volviera con material para varios meses; para todo el invierno si todo iba bien) salvo uno para el avión de ida y este lo elegí por tamaño (entre los que compre) calculando la cada vez más interminable duración del vuelo y sus esperas pero considerando que viajábamos con Alicia que, por un motivo u otro, siempre proporciona cierta distracción y entretenimiento y considerando también que en los aviones se reduce mi capacidad de concentración.

El elegido fue El meridiano de Greenwich que, con poco menos de doscientas cincuenta páginas, pensaba yo que podría cubrir fácilmente unas cuatro o cinco horas de lectura entretenida, o en el peor de los casos de lectura sin más. Increíblemente y para desesperación de mi hermana Helena, que afirmara que me desespera y ponía caras de ello (aunque todos sabéis que yo soy hierático, lo que le quita credibilidad), no pude aguantar más de una hora leyendo, eso sí: una hora que se me hizo interminable y solo de manera intermitente. No es que me parezca malo, es que me parece peor, peor que casi cualquier cosa. Tan malo era que mi plan era dejarlo en NYC y no volver a verlo nunca más, no por hacer que sufriera el que lo encontrara si no por evitar que se comprara este libro una vez más. Un libro que es peor que estar sentado en un avión sin nada que leer, mucho peor, es un libro que jamás debería haberse editado, que jamás debería haberse impreso, e incluso que jamás debería haberse escrito. Pero seguro que tiene su público, me fijare si vuelvo a ir a La Bicicleta.

Llevo peregrinando a NYC desde 1.988 (realmente desde 1.989, ya que el primer año no fue una peregrinación) por lo que ya no hay muchas cosas que tenga que visitar, aunque aún me quedan muchas cosas por conocer y descubrir (incluso cosas que me apetecen pero que por algún motivo nunca he hecho) pero entre la cosas que tengo que hacer es visitar mis librerías, aunque cada vez queden menos de ellas: Partners&Crime cerró el año pasado y este ha cerrado St Marks e incluso Shakespeare & Company (aunque esta nunca ha sido de mis librerías favoritas) por lo que  la próxima visita habrá que dedicarse a buscar nuevas que repongan este vacío.

Si bien no tengo un orden – no soy tan psicópata -  para visitar mis librerías favoritas estos últimos años la primera suele ser Kinokinuya, que además de Japonesa es papelería lo que la hace sencillamente fascinante por lo que los primeros días en NYC acabo leyendo a autores japoneses (no es que en Kinokinuya no haya autores no japoneses, tienen de todo) y que mejor forma de empezar que por Murakami (ese no, el otro; el que me gusta a mi, el de la serie B) aunque este año no tuviera novela nueva aún me quedan algunas suyas por leer.

Ahora ya me queda una menos: Popular Hits of the Showa Era, novela que es un verdadero desfase, sencillamente alucinante: un grupo de “colgados” japoneses que se reúnen para unas extravagantes (es decir poco) sesiones de Karaoke acaba entrando en guerra con un grupo de mujeres divorciadas de mediana edad y … hasta aquí puedo leer (por que viene en la contraportada). También leo en la contraportada que hay película (algo que no me extraña nada, ya que la historia se presta a ello) que se llama Karaoke Terror, película de culto en Japón al parecer, aunque dudo que este doblada a ningún idioma que me permita verla. Posiblemente la novela sea mejor pero si veis la película en alguna parte ya me contáis y si os enteráis de cuál es la Showa era pues también.




No leo muchos cuentos, soy más de grandes tomos decimonónicos que de historias breves, pero si veo un libro de cuentos de terror japoneses pues obviamente lo comprare, mucho más si estoy de viaje ya que los cuentos te permiten leer por la noche sin el riesgo de quedarte enganchado a la historia hasta que se hace de día, algo que, parece que no, pero que no es aconsejable cuando andas de viaje. Revenge tiene once cuentos de terror (dark tales, que no es lo mismo pero que no se traducir mejor), que además de ser un numero raro de cuentos (diez, doce o incluso trece parece un número más apropiado) tienen una extraña ilación entre ellos enlazando parcialmente las historias a través de personajes secundarios, lugares o monentos. Un gran libro de cuentos, incluso diría un gran libro sin más y aunque algunas historias sean mejores, otras mas increíbles y otras, pues eso, otras, todas ellas da gusto leerlas.


Otra visita obligada en NYC es Rand McNally, donde la selección de libros y las recomendaciones del personal (no en directo, si no a través de las notas que ponen en los libros) suelen ser de mi agrado y en cuya parte de abajo además de una muy razonable sección de novela negra hay un baño de uso público (antes era gratuito pero ahora creo que cobran; eso sí: sigue limpio, según me dicen ya que yo no lo he visitado. Me vejiga aguanta un día entero sin requerir atención) que me permite estar mirando libros un poco más de tiempo sin que surjan los nervios de los acompañantes, o que sirve como una excusa excelente para visitarla (lo de ir a un baño limpio, es una de las pocas cosas que es difícil de encontrar en NYC) por no hablar de la dependienta que solían tener que era verdaderamente hermosa y encantadora (no, ya no está. Lo siento, como os digo, la ciudad está cambiando).

Si bien The Drop no es representativa de lo que suelo comprar en McNally, donde suelo comprar autores que no solo desconozco si no de los que nunca he oído hablar, se trata de una buena novela y eso sin ser una novela. Porque no es estrictamente una novela, si no que se trata de un cuento que han convertido en una película y del que el propio autor ha sacado una novela. Creo, aunque mi memoria es lamentable, que de hecho el cuento fue de lo primero que leí de Lehane y ya me pareció bueno. Ahora, excepto por sus recomendaciones me parece excepcional, y en este libro no se queda corto de reflexiones que yo firmaría: “It was like on that day in school when they taught personal responsibility, this entire fucking generation had banged in sick”; o la visión del catolicismo actual: “Cafeteria Catholicism did this. People wanting to be mostly Catholic, except for, you know, the hard parts” y por supuesto una cierta idea no de la felicidad si no de la perdida de la misma en la que, a veces, me siento reflejado: “Happiness made Marv anxious because he knew it didn’t last. But happiness destroyed was worth wrapping your arms around because it always hugged you back”. Y todo eso dentro de una buena historia, excelente.
Por supuesto y aunque no esté bien decirlo (por aquello de ser una institución capitalista, el símbolo del fin de las librerías independientes, según algunos) me sigue encantando Barnes & Noble, no solo porque su fondo de armario sea casi inagotable y puedas rellenar esas lagunas que todos tenemos (yo más, que lo sepáis; yo siempre mas) si no porque siempre tienen reediciones interesantes de esos clásicos que yo no conozco, de los que ni siquiera he oído hablar.

De esas reediciones saque The Ginger man que al parecer es un clásico de la picaresca de mediados de siglo (ni siquiera sabía que existía este concepto). La verdad es que a mí no me ha gustado demasiado  pero creo que se debe a mi desconocimiento tanto del idioma que hace que me pierda algunas bromas (sé que están hay pero mi ingles no llega a captarlas) y también de las relaciones de los ingleses ricos, o los americanos para el caso, con los irlandeses a los que esto les supone un grado de respeto que no acabo de captar. Lo dicho, no me ha gustado pero sospecho que por culpa mía: uno debe de conocer sus limitaciones, saltárselas de vez en cuando pero no sorprenderse si al saltárselas se pega una buena. Cosas que pasan.





Justo lo contrario me ha pasado con Consumed, novela que le he regalado a Álvaro aunque luego (en un gesto de mala educación) se la he quitado para leerla. Eso sí, sin querer ya que cogí todos los libros sin darme cuenta para traerlos a casa y me traje esta, por lo que la he leído antes de lo que me apetecía (para poder devolvérsela, aunque sea usada). Digo lo contrario porque en esta novela creo que no es que yo no comprenda las cosas (por idioma o    de por referencias) si no que es al escritor al que se le van las cosas de las manos y quiere contar una historia ciertamente por encima de sus posibilidades que acaba siendo sumamente confusa y de escaso interés. Aunque ciertamente puede que también sea culpa mía y me haya perdido algo básico de la historia del arte de los últimos siglos. No descarto ninguna opción pero me decanto por la segunda: culpa del autor.



Si Consumed me ha parecido una novela mala y pedante justo es decir que alguien podría considerar The infernals como una novela infantil y estúpida, un cuento de niños sin mayor interés. Y lo es, pero es verdaderamente divertida desde el principio hasta el final e incluyendo las notas a pie de página (que usa como Goldman, en modo Morgenstern, usa los paréntesis). Se trata de una segunda parte, de la continuación en personajes e idea de The Gates of Hell, por lo que hago mía la segunda nota a pie a página del libro y os reflexiono “And by the way, what kind of person are you, Reading the second part of a series before the first? I mean, really? Do you put your shoes before your socks, or put your pants before your underwear?”.

Pues eso, no hay más preguntas, Señor Juez.




PS: he de confesaros que no solo he leído segundas partes de una serie antes de la primera si no que últimamente tengo tendencia a comprar libros que ya he leído pero que me olvidado haber leído como The last good Kiss que también me he vuelto a comprar en NYC. En mi descargo diré que en este caso lo había leído en español y claro el titulo no era el mismo (en español se titulaba El ultimo buen beso, que obviamente no tiene nada que ver con el titulo original). Pero, sí, soy ese tipo de persona o peor.