domingo, 8 de abril de 2018

Comentario de textos Marzo 2018



Empiezo a escribir con un poco de pereza. Es una luminosa mañana de domingo, ya he comprado la nueva novela de Rafa, tengo una carpeta de discos por escuchar y la verdad es que la coca cola sin cafeína (al igual que el descafeinado) carecen el aspecto inspirador de la coca cola normal o del café con su cafeína, varios de los libros que he leído este mes no han sido especialmente inspiradores, ha sido un mes – pese a las vacaciones de semana santa – un pelín cansado en cuento a temas de trabajo e incluso en otros aspectos. Muchos factores que hacen que empiece despacio, tan despacio como empieza la excelente So much for the afterglow de Everclear. Eso si, probablemente esta entrada no mejore como lo hace la canción pero seguro que tiene, al menos, una errata tan grande como que ha cometido el que ha trascrito la letra.


Empecé el mes leyendo Sirenas, una novela negra ambientada en el submundo de la droga de Manchester. Sobre el papel, o mejor dicho sobre la contraportada, parecía no estar nada mal: chicas ricas enganchadas a las drogas, el típico policía cado en desgracia, los bajos fondos: vamos, el típico marco de novela negra con posibilidades. Mi sensación con esta novela es la misma que tengo cada vez que, por razones diversas, me veo obligado a visitar el campo: puede que sea un marco de una belleza incomparable, con sus árboles, su luces y sus sombras y sin embargo a mí no me dice nada, me parece un desperdicio, un esfuerzo de creatividad malgastado, no puedo evitar pensar en tanto esfuerzo creativo malgastado por parte de cualquiera de las deidades que se supone son responsables de ese entorno. Pues lo mismo me pasa con esta novela, un esfuerzo malgastado, que puede que a mucha gente le guste pero que a mí no me ha dicho nada. Bueno, miento. La verdad es que ha habido una frase que me ha encantado: “Las chicas suelen dedicarme sonrisas de cartilla de racionamiento, como si ahorraran para otra persona, pero Catherine era diferente. Ella siempre sonreía de verdad. Y yo, en cambio, le mentía siempre”. Sí, listillos, yo también se contar y sé que no se trata de una frase, si no de tres; pero es una forma de hablar. Igual que el nombre de Catherine puede cambiarse por cualquier otro, aunque es verdad que yo todavía recuerdo la sonrisa de Catherine pese a que imagino que no sería la de verdad, verdad; y yo nunca la mentí; no había motivo ya que no hubo oportunidad por aquello de que nunca hubo relación.

Mi principal queja contra Uno de los nuestros, es la traducción del título (One of Us, es el título original; si, con esa U mayúscula). Puede que formalmente este bien, no lo dudo pero a  mí me chirria ese “nuestros”. Por una parte, inevitablemente, me hace pensar en gánsteres urbanos (y no en las montañas de Pensilvania que es donde pasa la acción) y creo que realmente se refiere a “nosotros”, a Uno de nosotros. Ya, ya sé que parece una chorrada y  soy consciente de que no soy capaz de explicarlo pero para mí existe mucha diferencia entre “nosotros” y “nuestros” pero para mí es muy grande, casi la misma que entre “ser” y “estar”. El libro en si me ha gustado bastante, no por la historia, que he de reconocer que no me ha convencido especialmente, ni siquiera por la nostalgia de mi primera visita a Estados Unidos, no a Pensilvania si no a Morgantown, un pueblo de West Virginia, que antes de descubrir el chollo de los estudiantes de idiomas era un pueblo minero que me gusta imaginar parecido a este Lost Creek de la novela. No, la historia no me ha convencido mucho pero si me han encantado ciertas descripciones como “Si mi padre creyera en la evolución de las especies, seguramente estaría convencido de que el ser humano había aprendido a caminar erguido para restregárselo a los monos en la cara. Pero es creacionista. Cree que fue hecho a imagen y semejanza de Dios”.

Y siendo esa buena, se queda corta frente a la invención de una categoría de chicas que, con ciertas diferencias, todos conocemos (desgraciadamente cada vez más numerosas, por la falta de cuidado, o por el exceso de los mismos, de sus progenitores): “Chicas bonsái las llamaba yo, por esos árboles en miniatura manipulados que todo el mundo admira y desea, pero que solo pueden prosperar en manos de un experto cualificado. Esas chicas también eran aberraciones de la naturaleza, su mente atrofiada y deforme igual que las diminutas ramas de esos árboles”.

Con todo mi favorita sigue siendo la versión revisitada del clásico “la mate porque era mía” que en esta novela se convierte en “Supongo que fue un suicidio y un accidente: ella misma provoco accidentalmente su muerte al decepcionarme”. No creo que se pueda ser más bruto, indiferente, egocéntrico, o lo que sea, que a mí me faltan las palabras para definir según que comportamientos.
Para compensar un poco esta frase machista aprovecho y os pongo a The Excessories, un grupo con chica al frente (¿frontgirl?) descubierto entre los discos de Álvaro y que suenan realmente bien (tienen una versión del In the Flesh de Blondie, mejor que el original).




Después de este libro me había quedado “técnicamente” sin nada que leer; digo “técnicamente” porque todavía me quedaba un libro que había comprado no para leérmelo yo, sino para regalar: El puente. Ante el dilema de acercarme a alguna de mis librerías de referencia o leerme este libro a escondidas, antes de regalarlo, o en lugar de regalarlo, mi vagancia lo tenía claro (si bien mi educación en un colegio de pago no estaba tan segura de que la opción de mi vagancia fuera aceptable, ni tan siquiera planteable). He de confesar que mi vagancia gano a mi educación, con la excusa de que el receptor del regalo (a la sazón Barcina, que si estás leyendo esto ya me disculpo por esta lectura que convierte el regalo en un objeto de segunda mano) lo entendería y le importaría más el detalle que hecho de que este sin estrenar. La verdad es que pese a ser un libro periodístico sobre la construcción de un puente, el puente de Verrazano-Narrows, basado en entrevistas con los obreros es un libro entretenido (con algunas fotos curiosas) que refleja una de las grandes épocas de la ingeniería, de la ingeniería de obra: la época de los ingenieros itinerantes, que al igual que los obreros iban allí donde había trabajo como si fueran cazadores prehistóricos antes de que la sociedad se transformara en recolectora y algunos ingenieros pudiéramos obtener el fruto de nuestro trabajo sin necesidad de ir detrás de las obras, a la caza del alimento.

Curiosamente se habla bastante de algunos fracasos de la ingeniería de puentes, de puentes que se derrumban, que a mí siempre me recuerda a la historia que se contaba en mi casa de la construcción de un puente en Játiva en la que el ingeniero jefe estaba, durante casi toda la obra, en el casino y de vez en cuando se acercaban allí uno de los obreros a informarle de que “el puente se ha caído” a lo que al parecer el solía responder “pues volver a construirlo” hasta que al final tras varios intentos el puente consiguió mantenerse en pie (no, la historia familiar no identifica el puente en cuestión por lo que no puedo confirmaros si el puente sigue allí o si, una vez construido y con el uso, se ha vuelto a caer alguna vez mas o ya definitivamente).

Como Talese no es de mi familia, ni se circunscribe al ámbito de Játiva,  sus historias son más dramáticas y mejor documentadas, como la del puente Firth of Tay en Escocia, donde murieron  sesenta y cinco personas cuando se derrumbó un domingo, aunque la explicación del derrumbe habría sido muy propia de esa España de la que hablo: “Los extremistas religiosos culparon del accidente a la compañía ferroviaria por hacer circular trenes en domingo” (para vuestra tranquilidad si tenéis que viajar en festividad religiosa, los ingenieros detectaron que el problema estaba en hierro forjado y no en el tema del descanso dominical).

Leído este libro ya se acercaba peligrosamente (para los puentes y sus usuarios, según algunos autores) la semana santa por lo que la visita a mi librería de referencia resultaba ya inaplazable y debido a la falta de tiempo no podría acercarme a la librería Fuenfria de Cercedilla (que ya sabéis que visito todo lo que puedo, que sinceramente espero sea menos de lo que podéis vosotros) por lo que me acerque a la calle mayor a visitar la Librería Méndez y realizar un aprovisionamiento de cara a las tardes-noches de chimenea aunque esta vez no pensaba leer mucho porque tenía trabajo, tanto trabajo que decidí llevarme el ordenador nuevo en lugar del portátil.

Si bien el tiempo seguramente no fuera playero ya que estoy aprovecho para poneros otro clásico que en cualquier discografía que se precie debe de estar en a letra e, o en la letra c, según las manias de orden de cada uno y que, como no podía ser menos, esta en la de Alvaro. Costello, Elvis, no necesita presentación y este Oliver’s Army por supuesto que tampoco. Un clásico, incluso con ese traje en esa playa de mentirijillas.



Tengo mis sospechas de que Las Supervivientes se va a convertir en uno de esos éxitos editoriales, tipo Perdida, sin ser tan buena pero por supuesto sin ser mala, que no lo es. De hecho diría que es una buena novela, con una historia entretenida y original en la que se cuenta la historia de algunas chicas que sobreviven a matanzas varias (si, chicas y blancas; ya sabemos todos que los negros implicados en matanzas no sobreviven en ninguna película) pero es una historia en la que todo el tiempo estas esperando “el giro final” ese que ahora parece necesario en todas las novelas de intrigas e incluso en las que no son de intriga. Para mí, que ya sabéis tengo cierta deformación por los temas relacionados con el agua y con NYC, ha sido una sorpresa saber que en NYC, en Central Park, cerca de Bethesda Terrace hay una estatua que se llama el Angel de las Aguas. No tenía ni idea, creo que nunca me he fijado y ya tengo otra excusa para volver a visitar NYC (no es que necesite ninguna excusa especial, además de que luego se me olvidara, pero hace como más elegante tenerla y parece más justificado el viaje).


Como casi todos los personajes de esta novela son femeninos es el momento de poner a otro grupo de chicas que no tenía situado y que me ha gustado mucho: The eyeliners en el que aparecen con Joan Jett aunque no les hace ninguna falta que aparezca. Un descubrimiento.


Sería inútil negar que uno de los principales motivos para comprar La extraordinaria familia Telemacus fuera la portada (que no es exactamente esta). Es algo indudable e inevitable para casi cualquiera, mas para mi que no tengo ningún tipo de autocontrol. Por supuesto el hecho de que fuera sobre, digamos, gente con poderes (tipo telequinesia, precognición, etc.) es decir de timadores pues era un plus y el hecho de pareciera que iba a cavar en tragedia si bien con cierto sentido del humor ya era un factor definitivo. He de reconocer que, siendo una chorrada, se lee muy bien y es sumamente entretenido. Una estupenda lectura para la playa o para cualquier sitio en el que uno tenga tiempo de disfrutar; bien escrito y con ideas divertidas: “el problema de hacerse mayor era que cada nuevo día tenía que competir con miles de otros días pasados. Y ¡qué fantástico tenía que ser un día para ganar en ese concurso de belleza! ¡O para llegar siquiera a las finales! Porque, encima, el recuerdo amañaba la partida, maquillaba los defectos de los rivales mientas el presente tenía que salir bajo los focos sin la ayuda de nadie, con la cara marcada por vulgaridades y ojeras de fastidio: humo de tubos de escape, ruido de radios y envases de comida rodando por la acera. Incluso una tarde como aquella, que había pasado relajándose en un parque, bajo un cielo tan limpio como la conciencia de una monja, estaba plagada de imperfecciones que impedían que figurara en el top ten”. Impecable, si es que ya ni la nostalgia es lo que era.

Supongo que a todos nos ha pasado pero a mi hacia mucho que no me pasaba, así que encontrarme con un libro clásico que sé que he leído pero del que no recuerdo nada me pillo un poco de sorpresa. Si, como lo habéis leído: hacia mucho que no me pasaba, ya que últimamente lo que me pasa s que ni siquiera recuerdo que son clásicos o que me los haya leído. Así que ver Lucky Jim que es un libro que estoy seguro de haber leído pero del que no tengo ningún recuerdo me sorprendió un poco, especialmente cuando hacia no mucho había estado comentando algo sobre el (no, no recuerdo con quien, ni qué; ¿Qué esperabais, una memoria infalible a mi edad?). Pues eso, un clásico aunque a mí no me ha impresionado como creo que lo hizo en su día y ni siquiera me he reído lo que recordaba haberme reído, de hecho casi he llegado a aburrirme en algunas partes. Con todo no puedo evitar compartir esto con vosotros: “”Sí. Tu actitud refleja los dos requisitos imprescindibles del romanticismo. Quieres llevártela a la cama y no puedes. Y, además, no la conoces demasiado bien. Desconocimiento y privación de otra persona, Jim. Encajas en la formula a la perfección, y lo peor es que quieres seguir encajando en ella.”
.
Después de este clásico de la literatura es el momento de recordar otro grupo clásico localizado entre los discos de Alvaro: The explosives y su A girl like you; un clasico del Power-Pop de todos los tiempos que hacia tanto que no oia que me costó mucho reconocerlo.


Cuando voy a Piles, si llevo suficientes libros, me gusta llevarme un libro de cuentos, o de historias, por aquello de que siempre lo puedes dejar a medias y reformarlo en el próximo viaje. Esta vez esa función la cumplía una recopilación de historias de Detectives Victorianas, que como todas las recopilaciones pues tenía cosas mejores, peores, buenas e incluso malas pero que en general eran entretenidas aunque obviamente se quedan un poco anticuadas en sus planteamientos y son tal vez, en general, demasiado clásicas: un poco Victorianas diría yo. Algo esperable supongo, como que The Early Hours suenen a grupo australiano por los cuatro costados. Hay cosas que son inevitables ¿no os parece?



Afortunadamente Álvaro se acercó por Piles y trajo algunos refuerzos lectores ya que ,mi plan de no acabarme las historias victorianas y dejarlas en Piles para otra visita no había funcionado y me quede sin lecturas antes de terminar los días de semi-descanso. He de reconocer que desafortunadamente no se trajo el que más me apetecía leer de los que le habíamos regalado por su cumpleaños, sino que trajo Mitologia Nordica, que como su propio nombre indica es una recopilación de cuentos de la mitología nórdica (aprovechando el tirón cinematográfico de Thor, las películas, e incluso de American Gods, la serie).

Entre estas historias esta la del mas sabio de los dioses Kvasir (Thor es fuerte pero tonto; Loki es intrigante pero tampoco muy listo y Odin es un pendenciero) que es tan listo que les explica, entre otras cosas, "como purificar el agua y como fabricar ropa con hojas de ortiga". Lo primero siempre es útil pero lo segundo yo no acabo de verlo claro.

Se trata de dioses mas normalitos que nuestros omnipotentes dioses (o Dios con mayúsculas) y con algunas reacciones que mas o menos puedes comprender: "Loki también acudió a la fiesta y bebió demasiada cerveza. Bebió mas allá de la alegría, las risas y las bromas, y cayo en un estado malhumorado y pensativo". Que es algo con lo que todos nos podemos identificar, ¿quien no ha tenido un dia malo bebiendo?, aunque tan mal beber como el de Loki no es normal ya que : "Cuando oyó que los dioses elogiaban a Fimafeng, el sirviente de Aegir, por su celeridad y diligencia, se levanto rápidamente de su puesto y le asesto una cuchillada. Finafeng murió al instante". Pero tampoco parece normal entre los dioses ya que los demás se quedaron horrorizados y le expulsaron del banquete para que el banquete prosiguiera, eso si, "pero con menos alegría". vamos, que ni era algo normal, ni tampoco tan importante. Así son los dioses.

Pues nada con esto se acaban las lecturas del mes y también doy por acabado la revisión de la letra “E” de la discografía de Álvaro, después de poner a otro obligatorio a modo de despedida, porque ya lo dice Eric Ambel, “si tienes que marcharte, márchate ya”.



Sirenas – Joseph Knox
Uno de los nuestros – Tawni O’Dell
El Puente – Gay Talese
Las supervivientes – Riley Sager
La extraordinaria familia Telemacus – Daryl Gregory
Lucky Jim - KIngsley Amis
Detectives Victorianas – Ed. Michael Sims
Mitologia Nordica  – Neil Gaiman







domingo, 4 de marzo de 2018

Comentario de textos - Febrero 2018 + (discos)


Si el mes pasado casi  llegaba tarde a escribir sobre lo que había leído, este diría que llego pronto ya que solo estamos a día tres y parece un poco pronto pero la verdad es que mi intención es escribir estas notas el primer sábado de cada mes. Asi que ni realmente no voy ni pronto ni tarde.

A lo que sí que llego tarde es a comentar sobre algo que no sea libros, algo que a partir de hoy voy a empezar a solucionar por la vía de combinar estos comentarios mensuales de libros con comentarios de discos. Para ello voy a empezar por incluir aquí comentarios sobre  la revisión de los discos de Álvaro que he llevado durante los últimos meses tomándole prestado una bolsa de discos cada semana, por orden casi alfabético.

Hoy empezaremos por los discos, aunque en un futuro intentare mezclar ambas cosas, y empezare por el principio, o lo que para mí viene siendo el principio, ya que como yo soy como soy no me decidí a apuntar nada sobre los discos hasta que no iba por la letra D (si, tarde más de tres letras completas en darme cuenta de que podía ser algo divertido; así de lento me he vuelto), así que nos saltaremos varias letras (por lo menos de momento) no, no habrá nada de Any Trouble, AC/DC, Altered Images, Bauhaus, The Clash ni de muchos otros.

La verdad es que el primer grupo que he apuntado es Delco que a mí me personalmente no me gusta, me parecen moñas incluso a mí, además de pretenciosos, pero al que le tengo cariño por Manuel Piñon, que es un tipo majo, mejor crítico de cine que músico, que además es amigo del hermano de un amigo de Cocucho, de Pallol (ya, ya sé que parece algo lejano, pero cualquier amigo, o solo conocido, de Cocucho contara siempre con mi amistad y mi cercanía) con el que tenía un fanzine de cine llamado Super 8.

El siguiente grupo que tengo apuntado es The Del Lords, que ya es otra categoría, ya son palabras mayores, esto ya es una banda de verdad, muy de verdad, con Scott Keppner y sobre todo (para mi) con Eric Ambel, al que tuve la suerte de ver en directo en NYC dando un señor concierto y en cuyo bar, el Lakeside Lounge, he podido disfrutar tanto de cervezas como de un extravagante concierto de The Mop-Tops en el que no seriamos más de quince o veinte personas y nosotros tres éramos los únicos que conocíamos a la banda y prácticamente todas sus canciones (algo que considerando que ellos son suecos y nosotros españoles y que estábamos en NYC resultaba sumamente curioso, para ellos y para todo el mundo. Creo que ellos todavía no dan crédito a que los conociéramos).

Ya, antes de que ninguno se me lance al cuello, ya sé que esta canción es (mucho más) famosa tocada por The Skeletons, lo sé, pero en el disco que tiene Álvaro hay una versión de esta canción que al oírla que recordó otras de esas casualidades de la vida que se dan de vez en cuando. Cuando Joaquín estaba montando su primera tienda, una época en la que vendía un montón de discos de promoción, de esos que tiene un cartelillo de “prohibida su venta”,  me vendió un disco que casi seguro había pirateado el mismo ya que se trataba de una copia con dos discos de los Skeletons y con una portadilla DIY.

En aquel momento para mí esto no tenía mucha importancia ya que quien más quien menos hemos pirateado algún disco, y todos hemos hecho cosas de legalidad dudosa cuando ha sido necesario ,por lo que vender un disco hecho por el mismo no me pareció mal; de hecho como eran discos descatalogados, casi me parecía bien. Sin embargo con el paso de los años conocí a Lindsay Hutton que era el editor de los discos originales, que había invertido el dinero en editar los discos y claro, las cosas ya no parecían tan sencillas. En cualquier caso seguía sin tener mayor importancia ya que Lindsay los había editado sin ningún animo comercial, solo porque creía en la banda y en cierta medida no estaba en contra de esta compra. O quiero creer yo que no estaría en contra, no estoy seguro de si lo he comentado con él, o no.

La primera sorpresa monumental fue encontrar a The Distractions, que son un grupo no excesivamente conocido con un único LP y a los que yo no habría reconocido exclusivamente por el nombre. Otra cosa es reconocerlos en cuanto suenan los primeros acordes de Looking for a Gost, (bueno, no exactamente los primeros acordes ya que esta es una canción de la que probablemente nunca he oído el principio ya que la recuerdo en cinta, grabada de la radio y en aquella época los locutores tenían la fea costumbre de seguir hablando cuando ya había empezado la canción). En cualquier caso, tiene ese sonido lluvioso y melancólico que es sencillamente excelente y que a mí me devuelve a las tardes de porros (más que a las de cervezas) de mis primeros ochenta, fumando y charlando sin ninguna prisa con todo un sábado o, más probablemente, un domingo o un día entre semana por delante.


Sobre Dave Edmunds creo que he mantenido cientos de conversaciones en mañanas de cervecitas con un amigo de Manolo Die que creo recordar que se llamaba Enrique pero del que solo recuerdo que tenía una novia muy guapa (y no por ello menos simpática, aunque ahora mismo sea incapaz de recordar su nombre) que vivía en el Paseo de la Habana en una casa que tenía una piscina en la azotea (la novia, digo; Enrique era hijo de un portero de una de las casas de la zona) y a la que Manolo y yo nos marchamos a visitar un verano a Portonovo (realmente a un monte cercano donde instalamos una tienda de campaña y donde para ahorrar nos dedicábamos a recoger mejillones de la ría ilegalmente como auténticos hippies para luego gastarnos el dinero que teníamos en cervecitas y sobretodo en Ribeiros, que eran prácticamente regalados). La verdad es que nuestras discusiones más que sobre Dave Edmunds, eran sobre Rockpile y sobre si el sonido era más debido a Nick Lowe o a Dave Edmunds (por supuesto obviando a Billy Bremmer y a Terry Williams que pese a su importancia no aparecían en nuestras conversaciones). Ya, ya sé que no parece un tema que admita discusión – ni se os ocurra empezar esto de nuevo – porque hay cosas evidentes, como que esta no es la mejor canción de Edmunds pero es la que me apetece poner: 



Hablando de hippismos resulta inevitable mencionar  a David Lindley y su El Rayo-X, que curiosamente no es el disco que tiene Álvaro pero que si es el disco por el que debe ser recordado, con esas extravagancias que son “She took my Romeos” “Tu-Ber-Cu-Lucas and the Sinus Blues” y otras maravillosas versiones de un músico acompañado de grandes músicos. Entre ellos Jackson Browne, pero también con Crosby-Nash y con James Taylor, que fue el productor de este disco (razón por la que supongo que el disco llego a ser conocido en primer lugar, por sus amigos diríamos) y con el que ya había trabajado haciendo el falseto final de Stay, esa canción que todos hemos bailado agarrados como posesos, y en la que esa ultima repetición del “Oh won't you stay, just a little bit longer” es suya. Del disco que tiene Alvaro yo destaco este “Talk to the lawyer” que ya hablaba de temas como Afganistán y la CIA por aquello de que hay cosas que nunca cambian.



Ninguna discografía, ningún comentario de una discografía, puede dejar fuera, en la letra D, a los Dexys Midnight Runners; es sencillamente imposible; o solamente es posible si uno acepta el protagonismo de Kevin Rowland y los ha archivado en la K, o en la R, en lugar de en la D. Esa sería la única explicación posible para dejarlos fuera; y aun así sería bastante discutible. Los Dexys son un grupo bastante especial para mí, entre otras cosas porque me compre un disco suyo –Geno, no el Searching for the Young Rebels – cuando todavía no eras famosos en España (en mi segundo viaje a Inglaterra) y tuve la suerte de verlos en directo cuando se hicieron verdaderamente famosos con el Too-Rye-Ay (el que tiene la celebérrima Come on Eileen) y vinieron a tocar a Madrid, disfrazados entonces de granjeros del medio oeste con pantalones de peto después de haber abandonado su look estibador que es el que hemos usado para logotipo del Wharf-73. Luego se volvieron, o se volvió Kevin Rowland, todavía mas locos y se pasaron a una música más tranquila-.disfrazados de ejecutivos, creo recordar y la verdad es que dejaron de interesarme, pero sus canciones e incluso las versiones de sus canciones siguen siendo parte de mi.


Con esto terminan mis notas sobre la letra D, que como habréis notado no inlcuyen nada de los últimos años ya que solo he revisado los que estaban ordenados; los nuevos, los que aún no estaban ordenados, serán objeto de otros robos/prestamos en un futuro. Lo digo antes de que empecéis a decir que me he quedado atascado, que no oigo nada nuevo, que todos los discos son del siglo pasado, que soy un viejo mochales (algo que no me voy a molestar en negar, o rebatir, pero que no podéis deducir de estos comentarios) y otras lindezas similares.

Y ahora a por las lecturas (en futuras entregas intentare ir mezclando lecturas y discos, para confundiros o para hacerlo más entretenido, o para ambas cosas).

Durante mi visita a mi librería de referencia capitalina, la librería Méndez de la calle mayor, vi Al caer la luz, un libro de McInerney del que me sonaba haber leído algún otro libro y que me había gustado pero no consigo encontrar ni el libro ni ningún recuerdo sobre el mismo. Es algo que podría sonar extraño pero que en mi caso no lo es tanto: puede que el libro este en casa de Álvaro y Helena y puede que mis recuerdos estén perdidos en mi cerebro; o puedo que nunca haya leído nada suyo. Todo es posible. El caso es que este libro es entretenido, que pasa en NYC a medidos de los ochenta y en el que un editor intenta lanzarse a la compra de la empresa en la que trabaja – azuzado más que nada por esa teoría tan ochentera de que el dinero es lo primordial y que si no lo tienes te bastaba con pedirlo, endeudarte, y todo se solucionaría. Si, esa teoría que sustituía la reflexión pro el riesgo y que a niveles más individuales ha provocado que muchas familias acaben empeñadas y encerradas en callejones sin salida; esa teoría que eliminaba la reflexión y garantizaba que el plan propuesto inicialmente  se iba a desarrollar sin ningún inconveniente, que no era necesario un plan-b, que siempre sucederá la que pensamos inicialmente, sin complicaciones. Esa teoría que va contra la realidad más básica en la que nada sale como uno quiere y en la que uno tiene que ceder cosas para una negociación con la vida o con el resto del mundo. Esa teoría que se ha puesto tan de moda entre nuestros políticos que ahora dicen orgullosamente, presumiendo incluso de  que “ellos no tienen un plan- b” como si esta ausencia de refelexion sobre las posibilidades fuera algo bueno.
Obviamente este dejarse llevar por esa facilidad de compra, por ese préstamo que alguien le hará, por esa seguridad en sí mismo hacen que sus relaciones personales – entre otras su matrimonio – se vean sacudidos y la falta de reflexión sobre qué es lo que está haciendo (aparte de lo obvio), de las implicaciones de lo que está haciendo, de las acciones colaterales a sus acciones principales le acabaran llevando a ciertos problemas. Pero tampoco quiero avanzaros mucho más ya que es una novela que se lee bastante bien y que deja reflexiones entretenidas como esta sobre la maternidad: “…pero ya ni llevaba la cuenta de cuantas de sus amigas habían sucumbido recientemente a esa forma de propaganda de que una no es una mujer completa si no los tiene; que las sometería a la coacción de un supuesto reloj biológico – si solo es un reloj, por el amor de Dios, no una bomba-.” A la que añade su sorpresa sobre como esa reloj-bomba ha cambiado su mundo en el que “Últimamente, se encontraba cenando muchas veces con gente que no paraba de levantarse para llamar a su casa para hablar con la canguro en vez de con el camello de turno”. No siendo m intención, ni la del autor, comparar a los bebes con las drogas. No, nada más lejos de mi intención.

Aunque por lo que escribo parezca un intelectual, o un hípster, o por edad más bien un progre que no ve la televisión, la verdad es que sí que veo bastante series aunque no las comento por aquí para parecer un tipo más interesante, más intenso. En esta línea de fingir es por lo que decidí comprarme El cuento de la criada que parece ser una serie que ha tenido mucha fama (que obviamente yo no he visto, que quede claro) por si surgía en alguna conversación poder decir eso de “no, no la he visto pero ¿tu, has leído el libro?”.

La fama de la serie al parecer se basa en ser una serie feminista, o puede que post-feminista que para mí esto es como lo del punk y el post-punk, que no me acaba de quedar clara la diferencia. Afortunadamente el libro viene con una introducción de la propia autora q(que esta vez me he leído, aunque soy del tipo de personas que no se leen las introducciones o prólogos) en la que ella misma responde a la dichosa pregunta. Pregunta que como a mí, tampoco le queda claro que quiere decir, así que no se si lo aclara o no; yo diría que no, que no es feminista (ni de lejos) y que haya mujeres interesantes  o que sean importantes en la historia se debe solamente a “porque en la vida real las mujeres son interesantes e importantes. No son un subproducto de la naturaleza, no representan un papel secundario en el destino de la humanidad, y eso lo han sabido todas las sociedades”.

Desde mi punto de vista se trata de una novela, no, creo que no llega a novela sino que haciendo gala del título es un cuento, que no aporta nada especial salvo los detalles curiosos de cualquier novela (o cuento) especulativa (distopía o utopía, que eso ya implica un juicio moral) sin especial interés en la creación del universo que pretender reflejar que tiene una premisa muy simple, basada en la maternidad o en la falta de la misma. No entiendo como alguien puede clasificarla de novela feminista pero la verdad es que de eso se poco (de clasificaciones, digo; no de feminismo, tema en el que prefiero no valorar mi s conocimientos). Con todo se lee bien y deja alguna reflexión interesante para alguien como yo que ya ha dejado de ser joven y mira a estos con distanciamiento ya que “Los jóvenes suelen ser los más peligrosos, los más fanáticos y los que más se alteran cuando tienen un arma en la mano. Aún no han aprendido a existir en el tiempo. Hay que tener mucho tacto con ellos.”

E incluso esa otra sobre la importancia individual “pero la gente es capaz de cualquier cosa con tal de no admitir que sus vidas carecen de sentido. O sea, que no sirven de nada. No tienen argumento” que yo suscribo plenamente, cada día que pasa un poco más de hecho (¿me estaré volviendo definitivamente epicúreo?). E incluso aporta su poquito de conocimiento inútil al explicar de dónde viene el Mayday que es una señal de socorro universal (que pese a lo que pueda parecer no tienen que ver nada con el mes de mayo, si no con los franceses).

Mi última adquisición, que realmente debería haber adquirido en mi librería de referencia de la sierra – Si, correcto, la librería Fuenfría de Cercedilla que espero estéis visitando asiduamente para dar conversación al librero tarambana que ya tiene su última novela en impresión, o cerca. Atentos compañeros – ya que fue mi hermano Rafa el que me la recomendó fue El legado de los espías. En este caso es cierto que se puede resumir en una frase “una novela de espías de Le Carré” o variaciones de la misma, como una buena novela, la última novela de, o incluso omitir lo de espías. En fin, yo prefiero no opinar porque la verdad es que tanta doble conspiración me produce un cierto vértigo que me impide leer con tranquilidad y me tiene todo el tiempo preguntándome eso de “¿de verdad son tan tramposos, tan de cambiar de bando los espías? ¿de verdad son tan inteligentes como para hacerlo con cierta dignidad y constancia en la vida real o simplemente es todo una ficción?”  Tendré que suponer que si, pero vamos el único “espía” que conozco no es tan inteligente y no le veo yo muy capaz de tanta trapacería, o igual es todo una tapadera.

Hasta aquí hemos llegado y si todo ha ido bien este post, su primera parte, debería estar con videos, pero es posible que esto no suceda dada mi escasa habilidad con estas máquinas que cada día me odian más (aún no sé por qué, pero puede que sea porque para mí solo son una herramienta, no muy distinta de un buen rotulador y un buen cuaderno, mientras que para el resto del mundo parecen ser mucho mas que eso). Ellos sabrán mas, digo; supongo.

Al caer la luz – Jay McInerney
El cuento de la criada – Margaret Atwood
El legado de los espías – John le Carré








sábado, 17 de febrero de 2018

Comentario de textos - Enero 2018


Una de esas verdades que de puro obvias parece innecesario recordar es “que todo depende del punto de vista” que al fin y al cabo podría cavar transformándose en que “no existe una verdad objetiva”, algo que claramente entraría en contradicción con el inicio de la frase y con el inicio de esta entada.
¿Qué a que viene este inicio con filosofía barata, más que barata: regalada hecho, lo de regalado, que no nos evita a algunas personas “mirarle los dientes” a cualquier regalo aunque no sea caballar) os preguntareis (o tal vez no)?

Pues básicamente porque iba a empezar diciendo que había sido un mal mes, en el que prácticamente no había leído nada, un mes (algo más de un mes, realmente) durante el que he estado desbordado de trabajo y durante el que me he visto a suspender/no convocar algunas comidas con gente a la que hace mucho que no veo y a la que me apetece mucho ver; un mes en durante el que he tenido algo más de tensión de la recomendable de la que, ahora que me he liberado un poco, me doy cuenta al notar que me duelen las muelas seguramente por haber dormido apretando los dientes como un animalillo.

Si, iba a empezar escribiendo que era había sido un mal mes pero ¿realmente lo ha sido? En el sentido de leer, de mis actividades sociales e incluso de escribir en este blog, sin lugar a dudas lo ha sido, pero la verdad es que también ha sido un buen mes. Ya que aunque todavía no he cerrado el precio que voy a cobrar por los trabajos que he realizado es bastante posible que este mes me proporcione cierta tranquilidad económica para los próximos seis, o más, meses. Lo cual, teniendo en cuenta el estado actual de las cosas y sobre todo como estaban las cosas estos últimos años, pues no esta tan mal como podría parecer. Es verdad que no he conseguido quedar a comer con Lourdes ni con Jose Manuel (ni con otras gentes a las que echo de menos); es verdad que no he vuelto a mi último intento de intentar aprender a tocar la guitarra (esta vez con ayuda de una aplicación de esas de móvil) y que no he tenido tiempo de muchas cosas como subir a ver la nieve a Cercedilla y visitar mi librería de referencia de la sierra (si, esa, la librería Fuenfría, esa que, espero, si estéis visitando vosotros para tomaros unos algos con el librero tarambana), de ponerme a escribir ese libro técnico que tengo entre manos y que mi editor todavía no reclama pero que yo mismo me reclamo. Si estamos a día diecisiete y todavía no he tenido tiempo de escribir sobre mis, escasísimas, lecturas del mes y menos de empezar otros temas… en fin, ha habido muchas cosas que no he conseguido pero a cambio creo que he conseguido una tranquilidad importante (económica, vale; pero por algo se empieza y esta es necesaria para tener tranquilidad en otros aspectos).

Así que realmente no ha sido un mal mes, ha sido un mes que podría ser raro comparado con los meses anteriores en los que no había tenido esta presión laboral, pero ni siquiera puede clasificarse de raro comparado con mis meses normales de hace unos años, en los que estar desbordado de trabajo era lo normal y no la anécdota.

Pero, divago, y me enredo en cosas que realmente no tengo tiempo de contar hoy (ya hablaremos otro día de mi insana obsesión por el trabajo, o incluso de esa mas insana necesidad por tener el dinero suficiente para no tener que preocuparme por él, incluso teniendo en cuenta posibles imponderables futuros que siempre suceden).

Así que a los libros – que lo que no escriba hoy, ya tendrá que esperar otra semana porque mañana voy a ver si consigo un poco más de trabajo para este mes y así dejo casi cerrado el año).

Empecé el año, tras haberme leído los regalos de navidad, acabándome un libro de cuentos que me compre en NYC, Haunted Nights. Era un libro que estaba leyendo a ratos perdidos ya que todos los cuentos están centrados en Halloween y aunque se trata de un tema que permite cierta variedad, dentro de unos límites, resultaría insensato leerse de un tirón ya que dieciséis cuentos son muchos para que todos vayan de lo sobrenatural, de fantasmas y de ese tipo de cosas. Aunque ninguno de los cuentos, ni ninguno de los escritores, me ha impactado  especialmente es un libro que se deja leer y que está bien para tener en el cuarto de baño, especialmente en las fiesta navideñas que, para que negarlo, suelen tener el resultado de visitas más largas de lo habitual al retrete, incluso lo suficientemente largas para poder leerte un cuento corto entero.

Acabado este libro ya no me quedaba nada que leer y los que os mantenéis al día de las noticias ya sabréis que era cuasi imposible salir de casa por las temperatura gélidas, árticas, que teníamos en Madrid que, según todos los medios, eran a la vez de record y a la vez las más bajas de los últimos doce años. Menuda mierda de record: doce años, no hacia tanto frio en doce años…. Buuurrrrppp… pues vaya… sí que tenía que hacer frio… ¡doce años, doce! Qué barbaridad, ciertamente era un record, todo un record (como los famosos diecisiete whiskies de aquel).

Afortunadamente, creo que Rafa, se había dejado por casa de mi hermana un par de libros en inglés: Nineteen seventy four y Nineteen Seventy Seve. No es que  me apetecieran mucho precisamente, llevaban rondando por la oficina varios meses (por no decir años) porque ya había leído dos del mismo autor y ninguno de los dos me había convencido. Sin llegar a disgustarme, no me habían convencido y eso que los que me había leído pasaban en Japón mientras que la acción de estos se sitúa en Yorkshire. No, no es que tenga nada en contra de Yorkshire, lugar que posiblemente me costaría ubicar con precisión en un mapa y del que solo me viene a la cabeza el pudding y el jamón. De hecho las contraportadas y las múltiples citas que incluyen te hacen pensar que se trata de un nuevo genio de la novela negra que además se combina con la música, lo que en parecía hacerlos interesantes. Solo os diré una cosa: empecé uno, lo deje a medias, probé con el segundo y creo que lo deje incluso antes que el primero y eso en un invierno con frio de record (record de doce años, pero record al parecer).

No me quedo más remedio (bueno, tampoco es que me cueste mucho) que acercarme a mi librería capitalina de referencia – ya sabéis, la librería Méndez de la calle Mayor - a intentar abastecerme para cuando se cortaran las vías de comunicación y algún grupo ecologista decidiera soltar a los osos polares del zoológico y ya que estaba a tomarme una palmera de chocolate de El Riojano que con tanto frio uno necesita un poco de energía extra.

Más de ochocientas páginas, con una letra pequeñita, tienen Final en Berlín, y pese a que a veces abusa de una manía enumeradora un poco preocupante, a mí me ha parecido un novelón. Un novelón, además de por la obvia razón dimensional que no permite clasificarla de otra forma, me refiero a un novelón en el sentido de una buena novela e incluso al sentido de una novela densa e igual hasta de pensar. La novela empieza con un desertor del ejército alemán que llega a Berlín en los días previos a que Berlín sea tomada (o recuperada, como queráis decirlo) por los ejércitos soviéticos y americanos. Un Berlín en el que “las personas se han vuelto indiferentes, el letargo ha apelmazado demasiado las circunvoluciones de sus cerebros para que se puedan desesperar, pues la desesperación requiere siempre de la reflexión, comprensión de los hechos y valoración de la situación”.

Para mí las partes más impresionantes son las que se refieren a como en la Alemania de preguerra pudo triunfar el nazismo, como, con que facilitad fue asimilado el nazismo  por personas normales, como “los prejuicios han enraizado tan firmemente en nosotros como una melodía, que en nuestra más tierna juventud aprendimos mal y cantamos mal, y, a pesar de que más tarde catemos esta melodía según las notas correcta de al partitura, en nosotros sigue resonando la vieja melodía y a menudo la preferimos a la correcta. Exactamente igual nos ocurre con los prejuicios: contaminan nuestro pensamiento y continúan influyendo en nosotros incluso cuando ya nos hemos convencido de lo contrario. Tu no dejas de calumniar, siempre quedara algo pendiente, y ese es exactamente el método de los nazis, de manera que relacionamos con determinados conceptos y nombres determinadas ideas: Stalin, un verdugo; Churchill, un borracho; Roosevelt, un esbirro de los judíos; el pacifismo, reblandecimiento de los huesos; el parlamentarismo, cháchara; la democracia, política sin riñones.” . Impresionantes desgraciadamente por lo mucho que se parece a nuestra situación actual en muchos temas: los inmigrantes, las mujeres, los homosexuales… en fin, y eso que yo soy de los primeros que me dedico a canturrear canciones que no son las que corresponden y que luego confunden a mis familiares cuando oyen las versiones originales por lo que por lo menos por la parte de la metáfora soy tan culpable como el que más aunque me gusta pensar que solo me es aplicable la parte metafórica (seguro que no, pero espero que no demasiado).

En el libro hay muchas más cosas – como la descripción de los distintos tipos sociales que se apuntaron con prontitud al nazismo, de sus motivaciones – pero por dejar una última (ya, si eso, pues os leéis el libro) dejo esta perogrullo-paradoja: “Hemos nacido porque los hombres aman a las mujeres y morimos porque las personas se odian las unas a las otras. ¿Cómo puede surgir del amor el odio? Somos creados por personas y exterminados por personas. ¿Tu entiendes por qué es así, camarada?”

Hasta aquí mis escasas lecturas de este mes que he acabado con un fuerte propósito de enmienda, si no tanto de leer más o menos (algo que no me preocupa, no se trata de una competición) si de empezar a corregir mi vida social e incluso de retomar otras actividades que han sido aplazadas por el trabajo.

Como muestra de mis buenas intenciones acabare hablando un poco de música (no, no voy a comentar que me he perdido el concierto de Fischer-Z, que más por el concierto en si me da pena porque habría sido una gran excusa para intentar contactar con algún Ruiz Richi y  haber intentado tomar una cerveza o haber ido al concierto en homenaje al que a todos nos falta. Claro que para eso yo tendría que ser otro tipo de persona).

No, haré algo mucho más fácil, relacionado con la música que está sonando ahora mismo, la música de la que estoy disfrutando en estos momentos. Porque aunque yo no recomiende libros si os puedo recomendar que os hagáis con, al menos, un par de cajas de las reediciones que está sacando Cherry Red Records de la música con la que, al menos yo, hemos crecido. Las hay excepcionales: ahora mismo estoy oyendo Action, Time Vision (Punk ingles del 76 al 79) y esta mañana estaba con Silhouettes & Statues (música gótica – no, no del gótico famoso – del 78 al 86) y luego me pondré un  recopilatorio de las cintas que sacaba el NME en los años ochenta, eso mientras espero a que me lleguen mis nuevos encargos y escucho las copias piratas de los recopilatorios que he regalado (sí, soy así de cutre y antes de regalarlos me he copiado los discos. Ya sabéis porque no os pido que me los dejéis. Bermejo, Caamaño; lo confieso  vuestros regalos han sido cosas de segunda mano. Inevitablemente. Pero así son mas hipster).

En serio, escoger una caja de Cherry Red y ya veréis como se os agolparan los recuerdos en vuestros cerebros (a menos que sean como el mío que ya casi no recuerda nada, tierra baldía que diría alguno).


Haunted Nights – VVAA
NIneteen Seventy Four – David Pearce (parte)
Nineteen Seventy Seven – David Pearce (parte)
Final en Berlin – Heinz Rein

jueves, 4 de enero de 2018

Comentario de Textos - Diciembre 2017

Intento empezar a escribir esto antes de que se acabe el mes de diciembre, antes de que se acabe el año, algo que en principio seria hacer un poco de “trampa” ya que no se han acabado mis lecturas del mes. Pero no es tanta trampa ya que ahora mismo es la mañana del día de fin de año lo que hace presagiar que no lea ni un renglón en lo que queda de año y que lo que hay hasta aquí es lo que habrá mañana.

Además, ahora que miro alrededor mes compruebo que realmente lo de viajar (este ha sido un mes con varios viajes, aprovechando puentes y temas laborales) , si bien es bueno para muchas cosas, entre ellas mi pila de libros que ha crecido como la tradicional barriga cervecera o cualquier barriga normal en estas fechas, no lo es para mí pila de libros por leer, ya que esta ha desaparecido por completo (solo me queda uno de cuentos de Halloween, del que solo llevo la mitad ya que ¿Cuántos cuentos con temática de Halloween puede leer uno seguidos?; mi máximo esta en tres, así que aún me queda tiempo para acabarlo).

No solo se ha acabado mi pila de libros de NYC, si no que estas navidades solo me han regalado dos libros (No, ninguno de ellos es Patria, que ciertamente casi esperaba para tener una excusa para leerlo ya que no tengo claro que me apetezca nada), uno lo suficientemente corto para ya haber pasado a la pila de libros a comentar y otro que ahora me veo en la obligación moral de tener que ir a cambiarlo (obligación que es posible que no cumpla; no soy yo muy bueno con esto de las obligaciones morales).

El caso es que ahora que me enfrento a mi pila de lecturas del mes, con la que podríamos seguir la extravagante tradicional familiar de hacer unas cuantas montañas para incluir como “paisaje” del tradicional Belén que se ponía en casa de mis padres, me arrepiento de haber dejado de tomar notas sobre los libros y confiar en mis nuevos y preciosos marcadores para marcar mis pasajes favoritos. No porque los marcadores no funcionen, que funcionan estupendamente, son elegantes y me permiten marcar las frases en entornos en los que si sacara una libreta para copiar frases me tomarían – equivocadamente, todo hay que decirlo – por un psicópata, posiblemente peligroso; si no porque con la memoria que tengo si no he colocado ningún marcador me cuesta demasiado acordarme de que va cada libro (creo que algunos podría volver a leerlos pero la ausencia de marcadores me indica que esto no es una buena idea) y ahora me veo envuelto en el problema de buscar los recuerdos de los libros en mi dañada memoria. Pero lo intentare… a ver que información encontramos perdida entre mis neuronas.

Los casinos, los juegos de cartas, los timadores y similares son temas que siempre me han fascinado. Podría decir que esta fascinación viene sobre todo de mi afición de la magia con cartas, que viene de los años en que dedicaba gran parte de mi tiempo libre – y parte del ocupado – a realizar juegos de cartas o de monedas, de los años que tome clases de magia, teóricamente con Juan Tamariz, pero realmente con Joaquín Navajas (un genio con las monedas), en fin de esos años en los que siempre llevaba una baraja y unos cuantos medios dólares, de cuando me iba de vacaciones con un tomo de casi mil páginas de Alex Elmsley para ponerme a practicar en cuanto podía – lo siento Lourdes pero así son las adicciones y en algo tenía que entretenerme mientras tú hacías Taichí en, digamos, las afueras de Segovia –, de  esos años en los que daba “la brasa” a todos los conocidos con el tradicional “coge una carta” e incluso de aquellas extrañas ocasiones en los que los conocidos disfrutaban con mis juegos de cartas y monedas, o las todavía más escasas ocasiones en la que disfrutaban desconocidos como aquellos punkitos que pretendían echarse unas risas a mi cosa y acabaron bastante alucinados con mi versión del Matrix de Al Schneider en el Mesón Gallego (versión ligeramente alcoholizada y lamentable comparada con la de Schneider, que hasta sabiendo cómo se hace me sigue pareciendo increíble cada vez que la veo en video) pero es más probable que la afición venga de las historias familiares de aquel bisabuelo que perdió casi toda la fortuna familiar jugando a las cartas.

Así que no es de extrañar que cogiera Queen of Spades nada más verlo y sin molestarme ni en mirar un poco la contraportada, o puede que mirara la contraportada para confirmar que iba sobre jugadores y casinos. Lo que tengo claro es que me salte la parte en la que decían que era una versión actualizada de una fábula de Pushkin pero ambientada en un casino de Seattle, ya que si hubiera leído eso… estoy casi seguro de que no lo habría cogido, ya que aunque ni conozco Seattle ni tengo ningún recuerdo de Pushkin lo de una revisión de una fábula me habría tirado para atrás, sin ninguna duda. Lo único sorprendente del libro es que en ese casino ficticio, situado en el siglo XX,  continúen jugando al Faro, en lugar de jugar solamente al Texs Hold’em o como mucho al Black Jack. El Faro es un juego decimonónico al que no creo que nadie vivo haya jugado nunca y del que yo solo tengo las referencias de libros de magia antiguos (hablo de Robert-Houdin y similares) en el que sí que se hablaba mucho de cómo hacer trampas en las partidas de Faro. Quitando esta anécdota que creo que a nadie interesa la verdad es que se trata de un libro verdaderamente prescindible y muy alejado de los grandes libros de este estilo entre los que aprovecho para recomendaros los de James Swain (si, como suena: será que me siento valiente de cara al año que viene pero estos libros los recomiendo: Grift Sense es una obra maestra y Funny money o Sucker Bet también son excelentes y si los leéis el próximo año ya habréis leído algo excelente) aunque igual lo hago porque creo que, inexplicablemente, no están traducidos al español así que el riesgo de la recomendación es bajo.

Paseando por Kinokuniya estuve a punto de no coger The name of the game is a Kidnapping solo porque la portada pseudo-psicodélica se parecía demasiado a otras portadas japonesas de los últimos años y eso me escamaba un poco. Al final me decidí a cogerla porque ya había leído un par de novelas del autor, si bien con resultados dispares, y en aquel momento no tenía muy claro si me habían gustado mucho o poco. Leída esta tercera me gustaría poder confirmaros si mi opinión se decanta hacia seguir recordando el nombre del autor como una opción a comprar o si debería añadirlo a la lista de autores fallidos. Lamentablemente mi recuerdo de la novela es escaso y la solapilla no me aclara mucho: si, va sobre un secuestro y tiene puntos buenos, de eso estoy seguro, pero no lo sufrientemente buenos como para haber marcado ninguno y ni siquiera tengo claro que la historia se resuelva de forma especialmente interesante. Me temo que tendré que seguir probando con HIgashino para poder emitir un veredicto final, o temporalmente final, ya que de momento diría que hay empate técnico.

El puente de diciembre me marche a Piles con mi sobrina (y su madre, claro está) con la intención de que su madre aprendiera a montar en bicicleta – cosa que todavía es un work in progress – y Alicia no se aburriera demasiado en Madrid, o se pasara el día de pantalla en pantalla (de la tele a la Tablet, de la Tablet al ordenador, del ordenador a la tele y otras combinaciones que ha descubierto para cuando le dices que lleva mucho viendo la tele pueda corregirte y decirte que no, que no ha visto la tele que estaba con el ipad, o con otra pantalla. Menuda es la niña, ha heredado el gen discutidor de los Reig, y el gen puntilloso de los Villacis). En ese momento estaba empezando Dear Cyborgs, libro que compre en la librería Words de Brooklyn solo porque me parecía enrollado hacerlo, aunque he de reconocer que leer ciencia ficción, o mejor dicho novelas futuristas, en ingles me resulta muy difícil ya que muchas veces no se si no entiendo algunas palabras porque mi nivel de inglés es insuficiente o porque son palabras que se ha inventado el autor para describir algo que todavía no existe y claro, me acabo perdiendo. Se trata de un libro corto, poco más que un cuento largo, por lo que no me apetecía mucho llevármelo a Piles y tener que volver a traerlo de vuelta. Así que decidí dejarlo. En principio el plan era dejarlo y retomarlo a la vuelta pero la verdad es que lo poco que había leído no hizo que me interesara lo suficiente retormarlo a la vuelta y aunque lo he dado por leído la verdad es que no debería. Igual lo retomo cualquier día de estos y os cuento algo más de él, de momento se va a la estantería.

Afortunadamente para Piles tenía una novela policíaca de algo más de quinientas páginas, Six Four, que pese a tratarse también de un secuestro – estoy seguro de que en Japón no hay tantos secuestros como estadísticamente parecen indicar mis lecturas, igual que estoy seguro de que no hay tantos asesinos en serie o raptos de niños en estados unidos como estadísticamente demuestran mis series televisivas favoritas – parecía una gran opción para leer frente a la chimenea, si conseguíamos encender el fuego. Para encender el fuego tuvimos que esforzarnos bastante y al final usar pastillas de encendido - ya, ya sé que todos sabéis encender el fuego con ramitas, tablillas y troncos pequeños pero nosotros solo teníamos troncos medianos; y así, os lo aseguro es mucho más difícil de lo que parece – pero para devorar el libro no tuve que hacer ningún esfuerzo. Se deja leer casi de un tirón y, desde un desconocimiento absoluto, parece mostrar un gran realismo de partes de la cultura japonesa (pero que sabré yo; igual Japón o el cuerpo de policía de Japón no se parece en nada a esto, asi de atrevida es la ignorancia). Yo diría que merece la pena.

Como me temía, pese a sus más de quinientas páginas, no era lectura suficiente para todas las tardes noches frente a la chimenea así que también me lleve Paprika, como apoyo logístico por si se me acababa la lectura que yo no soy de ese tipo de personas que son capaces de leer dos, o más, libros a la vez. A mí ya me cuesta leerlos de uno en uno, me cuesta mantener a los personajes de un solo libro en mi cabeza, como para andar simultaneando libros. No quiero imaginarme el caos que se podría montar dentro de mi cerebro con distintos asesinos pululando, mezclándose entre países y épocas (supongo que así es como nacen aberraciones como Orgullo y prejuicio y zombies).

En cualquier caso, la premisa de Paprika es bastante sencilla – para ser una novela futurista – y es la típica policiaca de sueños: unos inventan una máquina que permite curar enfermedades mentales internándose en los sueños de los pacientes; otros roban esta máquina y la usan para el mal; hay una detective adorable y adorada por todos los personajes; la historia se complica y se resuelve. Nada del otro jueves pero la historia esta llevada con gracia y el libro se deja leer.

En este momento mi pila de lecturas había bajado notablemente y prácticamente ya estaba reducida a poco más que un clásico: Somehing Wicked this way comes que estaba más o menos seguro de que ya había leído, solo que hace muchos, muchos años por lo que para mí sería como leerlo por primera vez (bueno, siendo sincero creo que esto se puede decir de casi cualquier libro y en menos de dos semanas; aunque luego a mitad me dé cuenta de que efectivamente ya lo he leído, las primeras cien o doscientas páginas seguro que me parecen nuevas en casi cualquier libro). ¿Qué puedo decir del libro? Es un clásico y es de Bradbury, no creo que haga falta decir nada más. Podría contaros que es la historia de una feria que llega a un pueblo y en la que se ven atrapados unos niños, podría incluso haceros un spoiler del final porque como el propio Bradbury escribe casi al final del libro “Is Death important? No. Everything that happens before Death is what counts.”, algo que para mí, además de su literalidad, se traduce en que en los libros o en las películas no es tanto el final, ni tan siquiera la historia lo que importa; no, lo que importa de verdad es como está contada la historia y en eso Bradbury es un maestro.

De mi pila de libros que hace menos de dos menos tenía un tamaño tranquilizador ya solo me quedaba un libro, de hecho solo me quedaba un libro que yo no había querido comprarme pero que no pude evitar comprar. ¿Cómo es esto? Os contare, creo que estábamos en Words cuando Álvaro me paso At Swim-Two-Birds, que es su portada tenía un elogio de Dylan Thomas que decía “This is just the book to give your sister if she’s a loud, dirty, boozy girl”. Así que tras hacerle el chiste de rigor a Alvaro sobre si yo le parecía su hermana para recomendarme este libro, o si pretendía que se lo regalara a mi hermana y entonces la estaba llamando gritona, sucia y borracha, algo que no me parecía para nada bien (ya sabéis en plan Asterix en Córcega y su “¿no te gusta mi hermana?... ¿Qué te gusta mi hermana?”) se lo devolví diciéndole que no me interesaba (ni a mi hermana, ni probablemente tampoco a la suya).

No me lo quería comprar, no porque me lo hubiera recomendado Álvaro, sí no porque le había echado un vistazo rápido al prologo y lo comparaban con Joyce y soy consciente de que mi ingles no está, ni estará nunca, a la altura suficiente para leer a Joyce en Ingles (ni probablemente mi español para leerlo traducido). Pero no podía dejar de comprarlo, además de porque me lo había pasado Álvaro – que en este viaje me había pasado muy pocos libros –, porque hay estaba Dylan Thomas diciendo que lo recomendaba (vale, para una hermana borracha, ruidosa y sucia; pero lo recomendaba el mismísimo “diecisiete whiskies, todo un record”). Era inevitable comprarlo, pero ya os digo que prácticamente imposible leerlo. Conseguí llegar hasta la mitad hasta que subconscientemente me lo deje en casa antes de partir de viaje a Tenerife y no lo he vuelto a retomar.

Este desliz subconsciente de dejarme el libro que estaba leyendo en casa teniendo por delante un viaje de ida y vuelta en el día a Tenerife – no, no tengáis envidia. Podria haber sido a cualquier sitio ya que salí de casa a las cinco de la mañana y a las nueve de la tarde ya estaba de vuelta (agotado, eso sí). Nada que ver con mi feliz viaje a Tenerife hace muchos años para hacer de canguro – me obligo a volver a rebuscar en el kiosco del aeropuerto. Cuando ya estaba prácticamente resignado a comprarme Patria (que para que no quedan dudas no me apetece leer) y aun a riesgo de acabar teniéndolo repetido el día de Navidad, vi un nuevo Baldacci: La larga milla, protagonizado por ese personaje que tiene el problema mental inverso al mío, que no puede olvidar nada. Poco puedo decir de Baldacci, salvo que es siempre correcto aun cuando ya no llegue a la altura de sus primeros libros; de su nuevo personaje solo diré que considerar lo suyo como un problema mental no me parece serio ya que no se trata de que no pueda olvidar nada y que lo esté recordando todo, todo el tiempo, algo que sería verdaderamente complicado y confuso. No, lo que le pasa es que puede recuperar sus recuerdos más o menos a voluntad, lo cual no es ningún problema comparado con el de no poder recuperarlos en ningún momento (o peor todavía con la de no poder hacer nuevos recuerdos, que más bien es lo que me pasa a mi, como en su día le paso a Steve Wozniack; Woz para sus amigos y para los detractores de Apple, o mas concretamente del tonto-del-haba de Steve Jobs. Creo que el acabo curándose, tengo que acordarme de mirar cómo, o casi pediros que me recordéis mirarlo, que a mi se me olvidara) y solo de vez en cuando “revive” recuerdos dolorosos. No me parece para tanto.

Si os diré que en este libro se le nota que es de letras, y que todos sus lectores previos (los amigos o familia que leen el borrador antes de publicarlo) también lo son. Me explico, yo no sé mucho de armas pero si alguien tiene “una nueve milímetros y una cuarenta y cinco” guardadas en un maletín para armas (sea lo que sea eso) este no puede medir “unos setenta y cinco centímetros cuadrados”. No, no creo que uno sea capaz de meter dos pistolas en una caja que mide poco más de 8,6 centímetros de lado. No, no me lo creo, es imposible.

He hecho pruebas con conocidos de letras, dejándoles a leer la página completa,  y efectivamente no les ha llamado la atención (aunque el marcador les daba alguna pista de donde había que fijarse) asi que puede que si esto me ha llamado tanto la atención es porque me he acordado de una acalorada conversación con un “prestigioso artista”, Josechu Davila, una noche de hace ya muchos años en la barra del Morgenstern en la que me resulto imposible convencerle de que una pizza de un metro cuadrado (que era una instalación que quería hacer seguramente con fondos públicos) no podía medir 50 centímetros de lado, que tenía que medir un metro de lado para que fuera de un metro cuadrado. Fue imposible convencerle y no solo hizo esta instalación si no creo que hizo otra en la que, según él y puede que los que le financiaban, tenía un millón de metros cúbicos de aire contaminado de Madrid en un cubo de un metro de lado. Artistas y gentes de letras (o murcianos y otras gentes de mal vivir, que diría aquel).

Mi incapacidad para volverme a meter en el inglés de Flann O’Brien me dejaba sin nada que leer, con la pila de libros agotada, lo que si no fuera por la proximidad de la navidad me obligaría a visitar mis librerías de referencia de Madrid y Cercedilla (ya sabéis la librería Méndez de la calle mayor y la librería Fuenfría de Cercedilla, que os supongo visitando de forma anónima ya que no me llegan informes de vuestras visitas desde el frente de la sierra).

Como ir al centro es imposible en Navidad e ir a la periferia, o a campo abierto, es para mí casi imposible en cualquier época del año, me resigne a esperar a los regalos de navidad leyendo más cuentos de Halloween y viendo series de televisión.

Y así, en la feliz, familiar y hogareña mañana de Navidad, recibí mi recompensa de un año de lecturas con el libro de mi sobrino y también con Huracán en Jamaica, llegado desde las frías montañas de Cercedilla. Supongo que debía hacer frio, mucho frio,  en Cercedilla porque el único motivo que se me ocurre para regalarme este libro es el de buscar el calor de la Jamaica del título, o más bien de los rones que uno siempre asocia a Jamaica (que aclaro no están entre mis favoritos; demasiado especiados) sin haber leído ni un par de páginas. Personalmente me ha parecido muy malo, incluso diría lamentablemente malo, y como es cortito ni siquiera me ha dado tiempo a abandonarlo (aunque estuve tentado de hacerlo).

Ahora ya estoy casi en la víspera de Reyes, entreteniéndome con más cuentos de Halloween y esperando a ver si ya de una vez se vacía el centro de Madrid y puedo acércame a visitar mis librerías de referencia.

En fin, no es que tenga propósitos de año nuevo (que luego uno nunca cumple) pero espero que este año consiga escribir de algo más que de libros e incluso avanzar con mis tareas pendientes e incluso ver a esos amigos que hace mucho tiempo que no veo.

Queen of Spades – Michael Shou-Yung Shum
The name of the game is kidnapping – Keigo Higashino
Six Four – Hideo Yokoyama
Dear Cyborgs – Eugene Lim
Paprika – Yasutaka Tsutsui
Something wicked this way comes – Ray Bradbury
La ultima MIlla – David Baldacci
At Swim-Two Birds – Flann O’Brien

Huracán en Jamaica – Richard Hughes

martes, 5 de diciembre de 2017

Comentario de textos - Noviembre 2017

Tener una pila de libros por leer resulta verdaderamente tranquilizador permitiéndote elegir que leer desde la comodidad del salón de casa, si se te acaba un libro pues sencillamente escoges otro y, tras una pausa para permitir que los personajes del libro abandonen tu cerebro, empiezas a seguir las aventuras, o desventuras, de otros desconocidos a los que, posiblemente, si hay suerte, disfrutaras conociendo; o tal vez te resultaran odiosos, preocupantes o, si hay mala suerte, totalmente indiferentes.

Si yo fuera una persona previsora me podría ahorrar una de las cosas malas (si, todo tiene cosas malas si piensas el tiempo suficiente en ello) de tener una pila de libros en espera ya que me dedicaría a reponerla visitando mis librerías de referencia (ya sabéis cuales son y aunque ahora las dos sean prácticamente inaccesibles: la librería Méndez de la calle Mayor por la acumulación de gente propia del centro e incluso por eso de tener que circular, como peatón, en un solo sentido por algunas calles; la librería Fuenfría de Cercedilla porque sigue estando a una distancia inalcanzable para un peatón y posiblemente a punto de quedarse aislada por la nieve, cosa que a mí me tira para atrás pero que seguro que a vosotros, mas amantes de la naturaleza, os debería animar a visitarla, tomaros un caldito – quien dice caldito, dice vino – y disfrutar de esos marcos incomparables que seguro que hay por las proximidades). Como yo no soy previsor y no repongo los libros por leer a medida que voy leyendo de la pila,  he de enfrentarme a comprobar como esta va desciendo preocupantemente de tamaño, como van quedando cada vez menos opciones de lectura y sobretodo, más preocupante, como la pila de lecturas a comentar va aumentando significativamente, algo que al enfrentarme a contaros lo que he leído me preocupa ya que son demasiados libros, cosas,  a recordar – afortunadamente me compre en NYC unos marcadores de línea que me permiten marcar las cosas más interesante de cada libro sin necesidad de hace el psicópata escribiendo en otro cuaderno – pero que también debería preocuparos a vosotros, mis cualificados lectores, porque tal vez hay demasiadas cosas que comentar y me salga, inevitablemente, un comentario largo.

En fin, sea como sea, toca empezar y lo hago, no por elección personal, sí no porque suelo escribir en el orden en que las he leído, con Since we fell, la última novela de uno de mis autores favoritos: Dennis Lehane. Os seré sincero: miro el libro, leo lo que pone en la solapilla interior – la trama de la novela – ojeo algunas páginas al azar, incluso voy a los dos marcadores que he puesto y nada, no consigo recordar prácticamente nada de la historia y, sin embargo, me atrevo a afirmar que es una buena novela. ¿Por qué, os preguntareis? Pues sencillamente porque si recuerdo la sensación de entretenimiento, de interés, que sentía durante la lectura, las ganas de volver a retomar la lectura o de continuar con ella. Parece poco, pero para los que tenemos menos memoria que algunos peces es más que suficiente para arriesgarnos a decir que es una buena novela y que nos ha gustado. Así de valientes y osados somos los desmemoriados. Además, para completar mi memoria,  tengo mis dos marcadores que me permiten ofreceros una gran afirmación sobre el mundo en general y como ha cambiado: “the switch form a culture that made things of value to a culture that consume things of dubious merit. She’d grown up in the absence, in other people’s memory of a dream so fragile it had been doomed from the moment of conception. If there had ever been a social contract between the country and its citizens, it was long gone now, save the Hobbesian agreement that had been in play since our ancestors had first stumbled from caves in search of food: Once I get mine, you’re on your own”; y otra más personal que me apunto por si alguien me pregunta que es lo que no me gusta de mi mismo: “That I don’t like about myself is that sometimes I don’t really like myself”. Ambas la subscribe completamente aunque sobre la primera tengo algunas dudas al no tener muy claro quien es Hobbes  que sospecho, casi con seguridad, que no es el tigre de Calvin.

Después de leer a uno de mis autores favoritos parecía un buen momento para intentar leer un autor que no conocía pero que parece que es la estrella de este otoño-invierno, al menos en NYC, ya que en todas las librerías tenían como mínimo su nuevo libro (algo con tortugas en el título, es todo lo que recuerdo). Como más que hípster yo soy un cultureta de la vieja escuela obviamente no me compre ese libro que estaba en todas partes si no que espera a encontrar más títulos en otra librería y entre ellos me decidí por An abundance of Katherines. Igual el que le ha hecho famoso (ese de las tortugas, que creo haber visto también por estos lares) es estupendo pero la verdad es que de este lo mejor es el título, e incluso este solo es bueno si uno tenía una preciosa y encantadora amiga llamada Katherine que vivía en NYC y, no sé porque pero creo que no es el caso de mucha gente. Es una novela que me atrevo a clasificar de “pedorra”, una historieta de amores envuelta, o vestida, en un galimatías de matemáticas que obviamente el autor no ha comprendido, ni asimilado, ni nada de nada.


Después de esta decepción – previsible decepción, añadiría en mi desconfianza de todos los libros, o autores, que de repente aparecen llenando todas las estanterías de todos los sitios – me debatía entre una policía desconocida o volver a uno de mis autores clásicos. Tras unos momentos de duda, me decidí por The Silent Dead, una policiaca  japonesa, que siempre son exóticas y entretenidas. Sin ser nada excepcional, la verdad es que no decepciona, o no mucho. Me explico: si bien la historia central es un poco decepcionante, pese a que el primer avance hacia el descubrimiento del asesino este relacionado con la contaminación del agua, algo que a mí siempre me interesa, la verdad es que esta historia central es un poco plana. En cambio la descripción de las jerarquías de la policía japonesa, por ejemplo la naturalidad con la que se aceptan los ascensos por razones familiares  resulta curiosa, y el personaje de la investigadora resulta interesante. Mientras la leía veía en las noticias los avances sobre el juicio por violación múltiple de estos imbéciles que se autodenominan La Manada (tal vez lo único acertado que han hecho, ya que ciertamente son unos animales, aunque posiblemente fuera más adecuado que se hubieran denominado La Piara, dicho esto con mi mayor respeto hacia los cerdos, pero ya me entendéis) y en este libro también hay un juicio por violación. En este juicio la agredida, cuando los abogados defensores intentan poner en duda la violación, hace el siguiente razonamiento (la detective Sata de la que habla fue asesinada en acto de servicio, como no podía ser menos precisamente investigando esta violación): “The fact that I had no scratch marks does not mean that the sex was consensual. The man was holding a knife to my throat. His other hand was over my mouth. I ‘chose’ not to resist because I was afraid of being brutalized even more and of the knife cutting me. Submitting is not the same thing as consenting. Why don’t we apply your logic to Detective Sata? Detective Sata was prepared to put her life on the line to arrest that man. According to your reasoning, the fact she was ready to risk her life meant that she was happy to be killed – and that her murder was therefore consensual. You can’t seriously think that”. Aunque comprendo lo que quiere decir, y lo comparto, he de reconocer que creo que existe un grave problema lógico en este razonamiento, creo incluso que el razonamiento puede incluso usarse de la forma inversa sin demasiados problemas. Pese a esto creo que la idea del mismo es fundamental “someterse no es lo mismo que consentir”, a lo que yo añado que  ni siquiera consentir es suficiente, el consentimiento de una parte no exonera de su culpa en un acto.

Por supuesto que también coincido con la tesis general de la novela que la protagonista resume en “there is only one way to live your life: facing forward” y de hecho la pongo en práctica en cuanto me acabo este libro y abro la última novela de Connolly:  A Game of Ghosts (mi plan realmente era abrir la anterior que me acababa de comprar en NYC, todo contento de tener por delante dos novelas de Connolly, pero al volver a casa tuve que enfadarme con mi memoria ya que la anterior ya me la había leído. Desastre de memoria que tiene uno, o doble desastre ya que no ha sido el único libro que me he comprado en este viaje que ya me había leído y no recordaba, aunque dudaba). ¿Qué decir de Connolly? Pues que es como ciertos estilos musicales, si te gusta el power pop te gusta el power pop; por mucho que a un oyente al que no le guste el power pop y todas las canciones le parezcan iguales, si te gusta, te gusta y te parecerán muy diferentes.  En este libro en concreto creo que él quería acabar el ciclo de Charlie Parker, más de la mitad del libro parece dedicada a cerrar algunos temas abiertos con anterioridad, pero en algún momento la codicia (propia o de su editor) le lleva a no terminar de cerrar la serie dejando las puertas abiertas a continuaciones. Yo creo que ha sido un error y que era un buen momento para acabar con la serie, claro que es posible que yo este equivocado y que la próxima de la serie sea fascinante (yo la comprare, al menos una vez) o incluso que el motivo de no cerrar la serie no sea la codicia si no cualquier otra cosa. Ya veremos.

Antes hablaba de mi recelo hacia los libros o autores que aparecen de repente llenado todos los medios, otras veces ha hablado de mi recelo hacia los grandes adjetivos que autores que me gustan dedican a algunos libros (aunque casi siempre acabe picando y comprándolos) pero tengo más recelos… soy un tipo receloso que le vamos a hacer. En libros también recelo de las pegatinas que anuncian un libro como uno de los 100 mejores, o de los notables, según una publicación fiable, pero a mí no me suena su autor (algo que tiene más que ver con mi incultura enciclopédica que con la fama real del autor) incluso recelo más cuando la publicación es de reconocido prestigio, como The New York Times, y todavía más cuando en lugar de una pegatina esto está impreso en la portada.
Afortunadamente también soy una persona que se sobrepone a sus recelos y últimamente en casi todos los viajes acabo comprando por lo menos un libro desconocido (para mi) de la lista 100 Notable Books del New York Times Book Review, a la que, poco a poco, le estoy cogiendo cariño. Este año le ha tocado el turno a Black Water que me ha parecido un libro notable (como enuncia la lista). Con la ayuda de la contraportada os puedo decir que, al parecer, es un libro sobre espías pero escrito mirando al pasado (retrospectivamente, vamos) pese a que en sus propias palabras mira a varios pasados ya que “people talked about the past as if it was a thing, an object: the past, like the box pr the house or the three – as if it was solid and singular. But the past wasn’t an object with boundaries but something fluid and continuos, like a river. Nobody has one past.”; e incluso algunos hechos del pasado te hacen olvidar tu propio pasado:  “… it was hard sometimes to remember that early part, the happy past… what happened at the end of those five years was so overwhelming and calamitous that It collapsed time, concertinaed those years into no more than a few images. It made it seem as though that early, happy period for him has been no more than the prelude to the inevitable.” No se ha vosotros pero a mi si me ha pasado un par de veces y supongo que por eso, además de por razones médicas y por la falta de fotografías tras varios incendios, me cuesta tanto recordar algunos años incluso para contároslos, o contármelos a mí mismo.

Después de salir de este pasado de espías lo siguiente era pasarse a la ciencia ficción de Dark Matter, cuya mayor pega es que es más ficción que ciencia ya que la parte científica se vuelve ligeramente irracional con tanto viaje por los multiversos esos que se suponen que se crean cada vez que tomamos una decisión aunque por volver al libro anterior “Wasn’t that the problem, always, not making a choice – not knowing whether you had a choice or not?” lo cual obviamente complica la creación de los multiversos, al no saber que es exactamente una decisión o cuales son las opciones de elección. Pese a tener la base de una historia de amor simple, la verdad es que se lee estupendamente y resulta entretenida en su mayor parte.







Tras la ciencia ficción, un poquito de terror siempre viene bien así que mi siguiente elección fue Dark Debts, una historia bastante bien montada centrada en los exorcismos y otros fenómenos “para anormales” (como esta casualidad cósmica, que igual se os ha pasado desapercibida, de los títulos de dos palabras de mis últimas tres lecturas. Seguro que esto significa algo especial, o posiblemente tan solo que andaba cansado de títulos largos, o simple casualidad). Al parecer yo no he leído la versión original, de 1996, si no una revisión/reescritura de la versión original que la autora ha hecho para celebrar los veinte años de la novela, algo que es un poco extraño y que me deja con la duda de cómo sería la versión inicial. En cualquier caso lo que si tengo bastante claro es que parece tratarse de una respuesta católica a El exorcista, en la que en cierta medida se defiende la tesis de que si uno es poseído es porque ha hecho algo mal, que la posesión no tiene lugar en inocentes (o en familias inocentes) si no que uno se lo ha buscado por sus malas acciones. Con todo, para mí lo más chocante ha sido descubrir que la autora ha sido guionista de Cancion Triste de Hill Street, de Hechizo de luna y de muchas otras series que considero buenas o, por lo menos, sumamente divertidas (Hill Street la considero como genial, todo sea dicho) algo que se nota en alguno de los grandes problemas teológicos que una de las protagonistas se plantea como “I’d like to know what God has against famous musicians in small airplanes?” (Algo que estoy casi seguro que mi sobrina Nieves no puede no ya contestar, si no que me temo que ni siquiera puede entender por qué resulta necesario planteárselo, y me temo que no está sola en los que ignoran el porqué de esta pregunta básica).

La verdad es que ha sido un mes verdaderamente entretenido de lecturas - con escaso criterio o con variedad y con eclecticismo -  que ha merecido la pena pese a que ahora mi pila de libros por leer este preocupantemente disminuida. Y en camino de agotarse ya que me marcho a Piles a pasar este puente de diciembre.


Since we fell – Dennis Lehane
An abundance of Katherines – John Greene
The silent dead – Tetsuya Honda
A game of Ghosts – John Connolly
Black water – Louise Doughty
Dark Matter – Blake Crouch

Dark Debts – Karen Hall