domingo, 5 de junio de 2022

Comentario de textos – mayo 2022

Hoy sí que tengo que saltarme la tradicional introducción porque este mayo he pasado dos puentes largos en Piles y mi lista de lecturas se ha disparado, casi de una forma disparatada. Aun no me he acostumbrado a hacer otra cosa en Piles que no sea leer; espero que en el próximo viaje (para huir de la semana del orgullo; semana de diez días, como si hubieran aprendido a contar con El Corte Ingles o, como si, directamente, no supieran contar o, tal vez, sea por reafirmar que el tamaño sí que importa. Vete tú a saber, el caso es que yo huiré del barrio a Piles esos días… pero esta vez con el ordenador para intentar hacer algo más que leer. No prometo nada, pero si intentara. Ahora a empezar con lo “obligatorio”.

Ella entró por la ventana del baño al parecer toma su título de una canción de los Beatles, que al parecer se basa en una historia real: “una muchacha se coló en la casa de Paul McCartney por la ventana del baño y la torcieron; la morra confesó que era su fan y que solo quería ver cómo vivía; al beatle le simpatizo y de allí nació la rola.”, que según la canción “iba protegida por una cuchara de plata”. En fin, sin entrar en el tema principal – que, obviamente, es que tipo de protección te ofrece una cuchara, o que tipo de cuchara es la que ofrece protección, o incluso como de colgado has de estar para pensar que una cuchara ofrece alguna protección – me centrare en el tema secundario que es el del idioma. Si bien en esta frase se consigue entender la historia, la verdad es que hay que hacer un esfuerzo de contexto en casi cada una de las paginas para entender, o imaginar, que hablan en el mismo idioma que nosotros, pero “como sea hay que estar bien truchas; y si entiendo bien nos toca mover. Is barniz.” que ya es un poquito más difícil de interpretar y no la es más difícil. Con todo es una historia entretenida, aunque es posible que me haya perdido algún matiz de la historia.

Creo que ya he contado muchas veces que no soy nada aficionado a la historia, por lo que tampoco suelen interesarme mucho las biografías (realmente la verdad es algo que no me importa mucho, y no estoy aceptando que en ninguna de las dos cosas – la historia o las biografías – exista demasiada verdad; que no creo) y La diagonal Alekhine es básicamente una historia biográfica de Alekhine, de la parte de su vida relacionada con la Alemania nazi,  de cómo mientras espera, o más bien intenta evitar, la revancha con Capablanca pues se convierte en colaborador de Goebbels a la vez que ve como los grandes maestros judíos caen bajo el régimen del que el participa.

Con todo lo dicho si bien no me ha gustado, reconozco que se deja leer y que tiene algunas frases buenas, como esa, parece, cita de “La riqueza es un valioso cuchillo, quien lo tiene debe usarlo para repartir su pan, no para herir”.

También creo que es muy válida la reflexión sobre el antisemitismo de un judío “Spielmann solía considerar el antisemitismo un cumplido. Los antisemitas le recordaban a esos hombres que insultan a las mujeres demasiado hermosas para ellos, a las que intentan vejar para resarcirse de la frustración de no poder estrecharlas entre sus brazos.” que ciertamente se parece, en cierta medida, al machismo pero para la que todavía es más aplicable la continuación de la reflexión: “Pero con los nazis y la guerra, con las leyes raciales y el Anschluss, el cumplido ya no era de recibo. Spielmann había tenido que huir y pasar vergüenza de forma sistemática. Había empezado a avergonzarse de todo y ante todos.”, algo que también me pasa a mi cuando veo el nivel de machismo a mi alrededor (si, antes de que lo digáis mi nivel no lo noto, aunque debería), como se pierden derechos y libertades por el mundo y como algo que podría ser considerado como un cumplido ya pasa a ser un abuso o directamente un acoso.

Si la decisión de comprar el libro anterior es poco explicable, conociendo mis gustos, la de comprar El idealista solo la puedo explicar por haber pasado cincuenta días en Vietnam (no, no es que los contara, pero sé que fueron los que estuve ya que fue los que me pago el Banco Mundial que es una forma no muy fina de hacer namedroping para quedar como un consultor de prestigio mundial).

La verdad es que es una novela que me ha aburrido y que no ha conseguido despertar mi interés, creo que en ningún momento. O eso creo recordar, igual no es tan mala pero ahora mismo no recuerdo – ni he marcado – nada especial en toda la novela y prácticamente la he olvidado del todo.

La verdad es que antes de irme a Piles había hecho un poco de trampa y de mi compra en la librería Méndez (ya sabéis, en la calle mayor y ahora mismo también en la feria del libro) me había reservado la última novela de Winslow: Ciudad en llamas que, como ya es casi un imperativo, pues ya se anuncia como la primera de una trilogía; ¿es que ya nadie puede escribir una sola novela sin pensar en dividirla en partes o pensar en las secuelas o precuelas de la historia? ¿tan difícil es encontrar un punto de final o de inicio de una historia y dejarlo así?

Si no fuera de Winslow diría que es una buena novela, pero… esperaba más de una historia de la mafia portuaria irlandesa, aunque esto es básicamente solo el telón de fondo de la novela que realmente, como las buenas novelas, va de otra cosa (dudo que tenga parecido con La Iliada, como sugiere la contraportada; pero he de reconocer que no me acuerdo los suficiente de La Iliada) entre las cuales las más relevante el daño que las falsas acusaciones tienen, vamos de los actos tienen, o pueden tener, consecuencias importantes por lo que hay que medir las mentiras que uno cuenta.

Como pasa entre irlandeses, fuera de Irlanda, una de las partes más divertidas es la descripción de algunas características absolutas de los irlandeses, entre ellas “¿has odio hablar del Alzheimer de los irlandeses? Se les olvida todo, menos los rencores.” que vale tanto para los irlandeses como para Puerto Hurraco y, así, en general, para la mitad, o más, de la población.

Pues con esta lectura ya estaba casi preparando el segundo puente de mayo, mi segunda visita en el mes a Piles para intentar hablar con constructores para ver si conseguimos solucionar lo del piso de arriba. Esto parece una tarea imposible, en mi opinión por el carácter de los lugareños y lo huevones que son; pero no desistimos y algún día conseguiremos que empiecen las obras y nos quede una casa conjunta verdaderamente habitable.

Poco antes de ir, esta vez en coche yo solo, había empezado Tren Bala que es una novela con una de esas premisas muy japonesas: meter en un recinto muy cerrado a un puñado de asesinos cada uno a cumplir una misión que, en cierta medida, es contraria a la de los demás y donde cada uno tiene sus características: siendo el protagonista alguien a quien las cosas se le complican continuamente, pese a lo que va sobreviviendo y avanzando en la historia. Vamos, que es como una vuelta de tuerca (o dos) a una novela de Hitchcock o de Agatha Cristie.

La verdad es que tiene partes muy divertidas como cuando uno de los asesinos (el que hace las veces de supervillano, que entre los asesinos hay de todo) justifica la posibilidad de matar a alguien a quien tiene secuestrado “El pequeño Wataru, que ahora mismo solo respira, dejaría incluso de hacer esto. Si tenemos en cuenta el hecho de que con ello ya no exhalaría mas CO2 en la atmosfera, podría decirse que estamos siendo ecológicamente responsables. Matar al Pequeño Wataru Kimura, pues, no sería un pecado, sino una medida sostenible”

Es cierta medida es un razonamiento impecable, pero creo que si se le explicara a cualquier gobierno una medida parecida para mejorar la resiliencia o salvar el planeta (que realmente solo significa salvarlo para la humanidad; que hagamos lo que hagamos el planeta no necesita que nadie lo salve, él se salvara con o sin nosotros, por lo menos, hasta que nuestra tecnología avance lo suficiente para hacerlo explosionar. Aunque la humanidad o el 80% de las especies se extingan, el planeta seguirá sin ellas, tan ricamente) la rechazaría. Probablemente no tanto sobre base morales sino por esa característica de los políticos (y otras personas) que “Está acostumbrado a dar órdenes y exigir cosas, Los consejos y las opiniones de otros no llegan a sus oídos. Lo único que necesita de ellos son informes”; a lo que yo añado “para poderlos ignorar”.

Yo me he divertido bastante leyéndola, solo me falta añadir esa pregunta que se hace: “si le decimos a alguien que es libre para hacer lo que quiera, ¿Qué cree que haría primero?” a la que me temo que la respuesta dada por el villano también es acertada para una proporción absurda de la gente (diría que más del 90%): “Mirara a su alrededor para ver que están haciendo los demás…. ¡A pesar de haberle dicho que puede hacer lo que quiera! Aunque se le conceda carta blanca; seguirá preocupándose por lo que hacen los demás. Y los imitara sobre todo en aquellas cuestiones que sean importantes, pero, a su vez, carezcan de respuesta clara.”

Pasar de esta historia dinámica, casi un divertimento, a una de esas novelas (que se suponen) de corte clásico en la que el asesinato se comete por la existencia o publicación de Los cuadernos perdidos de Proust, pues es difícil, o directamente injusto para la segunda. No hay color, no tenía ninguna oportunidad pese a ser una novela (que no pasa de ser) correcta y que igual en otro momento se hubiera leído con menos pesadez. La única idea divertida en la novela tiene que ver con ese dicho que todos seguimos usando cuando nos perdemos por una ciudad y decimos algo como “Tras haber rodado en círculos durante media hora – cosa paradójica en una región donde todo está rectilíneamente dividido en cuadrados y rectángulos” que carece de sentido en casi cualquier ciudad (salvo algunos pequeños centros urbanos).

Mi siguiente elección, Caza al amanecer, tenía bastantes probabilidades de no gustarme ya que leí la primera del autor y pese a venderse como un nuevo género (country noir) no consiguió interesarme ni por la curiosidad de pasar en West Virginia (el primer sitio que visité de los EEUU) donde también pasa esta, ni por ninguna otra razón. Para mí lo mejor (o lo peor, no lo tengo claro) es que de los dos caballos de uno de los protagonistas, uno se llama Wurlitzer (el otro Pinky) lo que por lo menos me proporciono una sonrisilla.

Es verdad que aquí vuelve a aparecer una crítica al fracking (a la fracturación hidráulica) aunque he de reconocer que esta vez ni siquiera he entendido una de las frases del autor que en un momento dado piensa en “hacer retroingeniería con los desperdicios de la fracturación” y no consigo imaginarme que podría querer hacer ni a que podría referirse. Supongo que es una de esas cosas que le sonaban tan bien y no pudo evitar ponerla, aunque no se sepa lo que puede significar.

Aunque parecía que mis lecturas iban de mal en peor y debería ponerle remedio, en lugar de eso decidí arriesgarme con la lectura Stitch, pese a que el resumen de la contraportada (un escritor americano en Venecia y en horas muy bajas, se relaciona con otros personajes para lo que la única duda que hay es si están en horas más bajas o solamente parecidas a las de escritor). Es decir, algo que tenía todas las papeletas para ser un pedorrez. En ese sentido no defrauda y si no la deje a medias fue solo por cabezonería y porque en Piles todavía no tengo localizada librería de referencia en la contorná y siempre da miedo quedarse sin lectura y tener que acudir a The Rise and Fall of the Roman Empire que creo es lo único que me queda por leer en Piles ya que nadie más parece dejar libros por allí.

Es verdad que me quedaba La calle de los espías, la cuarta entrega de esos espías excesivamente peculiares (esos caballos lentos) dirigidos por el todavía más particular Lamb que para mí va mejorando en cada entrega. En esta se enfrentan a un atentado en Londres que lleva “el terrorismo a otro nivel porque esos chavales recibieron una invitación” siendo los chavales las víctimas del atentado y consistiendo la invitación en una convocatoria por redes sociales para un flashmob algo que sería otro motivo para prohibir esa práctica tan de los noventa, afortunadamente desaparecida.

También es muy divertida la reflexión sobre los terroristas y como se les puede considerar al estudiar su comportamiento y si ante sus errores uno puede preguntarse “¿un error de aficionado? Una pregunta sin sentido. Cuando se trataba de terroristas suicidas, todos eran novatos en el oficio.” Obviamente ningún terrorista suicida pasa del paso de novato, a menos que cometa un error tan grande que no merezca la calificación completa de terrorista suicida.

Como en todas las de la serie es la dinámica entre los personajes y sus idiosincrasias lo que le proporciona a la novela su gracia. Pese a ello me quedo con el texto de un cartel que debería adaptarse para muchas obras “Estamos examinando las tuberías de agua en este sector. En algunos momentos puede dar la impresión de que no se realiza trabajo alguno” ya que como dice el lector del cartel “Nada mejor que preparar tu coartada de antemano”.

Para ese puente también me había llevado una novela que se compro mi sobrina Alicia en una mini-feria del libro que organiza su colegio: The fountains of silence y por la que sentía curiosidad. Más que por la propia novela, sentía curiosidad por el motivo que podía haber llevado a mi sobrina a comprarla (que de momento no ha sido suficiente para leerla) e incluso por la razón por la que esta novela podía haber llegado a una mini-feria escolar.

Respecto del segundo motivo probablemente se debe a que en algún momento se cita a Montessori en el libro (e igual algún profesor lo supo y se lo compro) y respeto al primero pues supongo que leyó la contraportada y le pareció que había una gran historia de amor y, bueno, está en esa edad.

A mí me inquietaba un poco el titulo ya que me recordaba demasiado a una canción de Glutamato Ye-Ye que, obviamente, va sobre la muerte. Esta:


En fin, el caso es que si… que es un auténtico dramón (aunque no mueren todos y casi tiene un final feliz) con todos los tópicos posibles de la España franquista: un americano rico en un hotel con su familia y queriendo ser fotógrafo, una camarera de piso hermosa y encantadora, un amigo de la familia que quiere ser torero para olvidar su paso por un hogar social directamente sacado del tebeo Paracuellos, sus guardias civiles… en fin, todo…

A ver si Ali se lo lee y podemos comentarlo ya que siento verdadera curiosidad por ver que “se le queda” de la historia, si es que se le queda algo.

La verdad es que sobre Caso clínico tengo una duda sobre si me ha gustado o no. Por una parte tengo la sensación de que no me ha parecido gran cosa pero, por otra parte, tengo marcadas tres frases que ahora que releo me hacen pensar que puede que estuviera bien.

La primera no es especialmente buena pero como se refiere a un padre, ingeniero de camino, que no salimos demasiado en las novelas (los ingenieros de caminos, digo, menos en las traducciones que tienden a usar el término ingeniero civil; que los padres si salen mucho) en el que una hija rememora a su padre “Hasta hace poco impartía conferencias en asociaciones de ingenieros de caminos. Estas charlas – a las que con frecuencia nos llevaba a Veronica y a mi de niñas – se celebraban en salas de reuniones o en espacios parroquiales con las paredes forradas de madera y eran regentadas exclusivamente por hombres de pelo blanco con chaquetas y prendas de tweed”. Algo que me atrevería a clasificar de topicazo, sino fuera porque estaba hablando de otro país ya que, en esta España mía, esta España nuestra, no existen asociaciones de ingenieros de caminos así en plural. (que aquí solo existe el colegio y sus demarcaciones).

Pero el topicazo se completa con “Todas sus charlas empezaban de la misma manera: «La diferencia entre un ingeniero y un poeta es que para el ingeniero, el puente era una cuestión matemática, mientras que para el poeta constituía un símbolo». Él era ingeniero, proseguía, y consideraba que había poesía en las matemáticas”, conjunto de frases que tiene tanto tópicos que no sabría ni por done empezar a criticarla.

Otra es esa larga reflexión sobre el suicido, o más bien sobre el no suicido: “Si hay algo que me ha salvado hasta ahora, es que siempre he sido terriblemente perezosa. No tengo fuerza de voluntad para aplicarme con diligencia a una tarea, la que sea. El aletargamiento no parece, sin embargo, razón suficiente para no matarse a una misma. Que una siga adelante por el mero hecho de ser demasiado vaga como para hacer lo contrario no es ni noble ni romántico. Aun así, se diría que este es el punto al que he llegado: ya no me importa a seguir viviendo, pero tampoco tengo lo que hace falta para poner fin a mi vida. Aun incluso en este estado de absoluto agotamiento en el que me encuentro soy capaz de reírme de la ironía. En la vida un sigue por defecto. Si no se interviene, la vida sigue, como si fuera una entidad que existe con independencia de su custodio, Poner fin a una vida requiere fuerza de voluntad, El suicidio (si, por una vez hemos de llamarlo por su nombre) requiere cierta determinación. Requiere planificación y firmeza. Estas son cualidades de las que carezco por completo. El suicidio no es para indecisos, y yo siempre he sido una indecisa.” Que explica porque no hay más suicidios, aunque que quede claro que, para mí, uno ya es demasiado.

Pero, por supuesto, la palma se la lleva “La imagen que yo tenía del interior de un pub londinense se asemejaba a un cuadro de El Bosco, poblado de prostitutas, estibadores, dipsomaniacos y maricones, todos ciegos de alcohol y entregados a actos licenciosos de la peor índole” que define más a la protagonista de clase media y mojigata del libro, que a un pub londinense (o por lo menos a la mayoría de los que yo conozco. No, nunca he conocido uno que respondiera a esa descripción, aunque seguro que los hay o ha habido).

Mi última lectura del mes, La buena gente del campo, me llego como regalo de una nueva tradición que acabo de iniciar en mis relaciones con una conocida del ámbito laboral con la que de vez en cuanto tomo café para pedirle favores o comentarios profesionales. La tradición consiste en que en cada reunión nos regalamos un libro – que hayamos leído, nos haya gustado y pensemos que puede gustar a cualquiera ya que tampoco conocemos nuestros gustos (todavía). En esta primera reunión ella me regalo este cuento corto sobre un timador del sur de estados unidos (cuando el sur era el sur) y que pese a su longitud deja algunas cosas brillantes como esa en la que me siento en gran parte identificado: “La señora Hopewell tenia cada año la impresión de que cada año se parecía menos a la demás gente y más a sí misma.” Y con otra que ya me gustaría poder aplicarme: “Un genio de verdad podía llegar a hacer entender una idea hasta a un cerebro inferior” pero que me temo no lo será, aunque ya veremos si al final vuelvo a dar clases si lo consigo.

En fin, pues eso que un mes largo de lecturas que solo puede acabar de una forma ¡Divertíos asaltando el castillo!

 

Lecturas

Ella entró por la ventana del baño – Élmer Mendoza

La diagonal Alekhine  Arthur Larrue

El idealista – Viet Thanh Nguyen

Ciudad en llamas – Don Winslow

Tren Bala – Kotaro Isaka

Los cuadernos perdidos de Proust – Estelle Monbrun

Caza al amanecer – Tom Bouman

Stitch – Richard Stern

La calle de los espias – Mick Herron

The fountains of silence – Ruta Sepetys

Caso clínico – Graeme Macrae Burnet

La buena gente del campo – Flannery O’Connor

sábado, 28 de mayo de 2022

Comentario de textos – Abril 2022

Pues así, por empezar con una curiosidad, os cuento que esta semana me he enterado de que en el colegio de mi sobrina Alicia (que ahora tiene 12 años) parce que han montado un club de lectura. Eso si, un club de lectura de milennials (dada su edad): en el que en lugar de leer los libros pues simplemente los ojean, saltándose todo lo que son descripciones o que directamente no son diálogos.  Es ciertamente un club de lectura que, a mi entender, parece precisamente fomentar la no-lectura, aunque como ya contaba muy bien Goldman algunos de los mejores libros (el de Morgenstern, en concreto) requieren que te saltes partes extensas del mismo. Haciendo esto, como hacia el abuelo que se lo leía (en teoría al propio Goldman) cuando era pequeño, sale un libro perfecto; leyéndolo entero como el descubriría tras regalárselo a su hijo pues el libro resulta completamente ilegible. Así que ya veis, pese a que estoy totalmente en contra de la práctica del club de lectura para no leer los libros también puede que esté equivocado (Goldman Dixit).

Igual en algún caso concreto funciona bien – esto de no leer el libro entero, leerse solo los diálogos (que conste que no hablamos de teatro, donde esto es lo suyo) – pero creo que es una práctica que, por lo menos, debería combinarse con la lectura de buenos libros escogidos que les puedan interesar a pre-adolescentes de 12 años. No sé, yo para la enseñanza de la literatura, creo en el concepto de “lectura retrospectiva” (que desarrollamos con mi hermano Rafa hace mucho tiempo) que es contrario al que nos sometieron nuestros profesores obligándonos a leer al principio de curo las Jarchas y luego ya ir avanzando, pero sin llegar nunca a la actualidad. Yo creo que la literatura debe enseñarse, o la afición a la misma se crea, leyendo desde la actualidad hacia atras.: hay que empezar con algo actual con lo que puedas conectar y de un mundo que reconozcas y desde ahí empezar a descubrir (en casi todos los libros se acaba citando a otros) y, pues, ya verás hasta donde llegas.

Por alusiones a mi hermano, pues comentaros que el día 1 de junio saca nueva novela “El rio de cenizas” y de la que no puedo opinar todavía ya que solo he leído un único borrador, el primero que se llamaba “Las personas mayores” pero que – aunque cuando la lea, la comentare y criticare –  desde ya mismo os recomiendo que os compréis y leáis que seguro que es buena (aquí me la estoy jugando porque a mí el borrador no acabo de convencerme: tenia cosas muy buenas pero le faltaba, le faltaba mucho; pero seguro que ha mejorado mucho mas) Así que: todos a comprarla el día 1, o durante la feria del libro (eso si comprarla en la caseta de la librería Méndez que son mis proveedores oficiales).

Hecha la publicidad y antes de meterme en el lio de comentar mis lecturas y aunque no todavía no este confirmado os cuento que me ha surgido la posibilidad de un trabajo en Colombia, bueno, más bien para Colombia ya que la mayor parte lo hare desde aquí (entendiendo por aquí, Madrid y Piles) pero que seguramente me permita pasar una o dos semanas, a gastos pagados y con cicerones, en Bogotá. Ya, ya sé que no es Cali que es donde trascurrieron dos años de mi infancia (de los que no tengo nada más que recuerdos ficticios, o de segunda mano, a través de haber visto películas familiares en Super-8) pero si al final sale y paso por Bogotá, seguro que me acerco a Cali e incluso intentare pasarme por “Santa Marta, Barranquilla y Cartagena… son tres perlas que brotaron, que brotaron del mar caribe… Santa Marta…” que dice esa canción que tengo grabada desde pequeño en el cerebro, o igual es en la masa de la sangre. Ya os iré contando. Ahora, a la tarea de comentar las lecturas.

Parece que Mariana Enríquez es una autora de culto por lo menos en su Argentina natal, pero de la que yo no tenía consciencia de haber oído hablar y que Bajar es lo peor es su primera novela, que también es una novela de culto. La contraportada no augura nada bueno ya que parece la típica novela de un trio social, más que amoroso, que se desarrolla en el submundo del underground de buenos aires, teóricamente punk, pero sobretodo con muchas drogas y muchos problemas psicológicos de los protagonistas, pero nunca se sabe con estas cosas y como no conozco nada del Buenos Aires de los noventa, pensando que podría parecerse al Madrid de los ochenta pues me decidí a darle una oportunidad. A mí no me ha convencido, lo que puede ser debido a que no haya sabido captar todas las referencias que el libro parece tener (digo, por haber sido una novela de culto) o, más probablemente (en mi opinión) puede ser debido a que es sencillamente mala. No he encontrado nada destacable y la verdad es que los protagonistas me han parecido más personajes de un programa de televisión de esos que salen madres con sus hijos quejándose de las adicciones de estos últimos, que personas reales y creíbles que puedan representar a una sociedad real, pero… igual estos personajes son creíbles en Argentina donde, casi todos parecen personajes de televisión con la cantidad de problemas que acarrean.

Mi segunda lectura La ciudad de los vivos, al parecer, está basada en un caso real de asesinato en Roma; un caso de esos que son verdaderamente incomprensibles para mí, en el que se asesina básicamente solo por asesinar, por hacer daño y que sencillamente no acabo de comprender (por muchas series de asesinos que vea, no acabo de comprender la mente criminal y es algo que me inquieta). La novela no es ni buena ni mala y por usas palabras del propio autor “La historia parece escrita por un guionista a quien no le preocuparan las imposiciones de la verosimilitud” que es verdad que es algo que le pasa a la realidad, que si la cuentas en una novela muchas veces parece sencillamente inverosímil. Supongo que la única explicación de algunos comportamientos hay que buscarlas en la declaración de uno de los asesinos “yo eliminaría las tres primeras letras de la palabra «perversión», Son todas versiones diferentes de la humanidad, distintos matices de individualidad, a veces vividas con sufrimiento” pero es algo con lo que no puedo estar de acuerdo: la perversión no es una versión de nada, en mi opinión.

Es verdad que el libro tiene cosas divertidas como la reproducción de una carta que al parecer el papa Pacelli (para mi desconocido) escribió a los generales de las fuerzas áreas británicas y estadounidenses pidiéndoles que “si acaso es vuestra intención continuar con los bombardeos sobre Roma, que os abstuvierais de hacerlo entre las doy las tres y media: aquí en el Vaticano a esas horas Su Santidad reposa. Paz y bien.” que por increíble que pueda parecer a mí me resulta perfectamente creíble; o aquella sobre “Una de las leyendas de los ultimas tiempos decía que Roma era la única capital europea que no había sufrido atentados gracias a su sempiterna informalidad” algo que resulta, incluso, más creíble que la anterior, o que por lo menos responde plenamente al tópico de Roma, con un tráfico que hace imposible planear nada con precisión (menos aun ejecutarlo) y a la tradicional impuntualidad de los lugareños (aunque esto afecta poco ya que en principio los encargados de los atentados se supone que no serán romanos sino foráneos que tienen otro sentido de la puntualidad, normalmente patológico como muchos dementes).

Afortunadamente, aunque aún este por confirmar, parece que el mercado editorial ha cambiado en relación con los libros japoneses y si antes era muy raro encontrar alguno traducido ahora creo que casi puede iniciar una sección fija con mi libro japonés del mes. Este mes ha sido Tokio, estación de Veno que es de un estilo japonés que podríamos llamar introspectivo (frente a otros estilos más dinámicos) y que no es de mis favoritos; lo que a mí más me gusta es cuando se les va la pinza del todo y algo menos esas novelas “serenamente meditativa y sutilmente espectral”. Dicho esto, seguiré comprando las novelas japonesas que vea: primero para que sigan editándolas y segundo porque pese a todo me ha gustado. Aunque es una novela bastante japonesa hay en ella ideas que son bastante universales como “ser pobre es el mayor de los crímenes. Y el castigo por ese crimen era ser pobre. Antes de que uno pudiera redimir su culpa volvía cometer un nuevo crimen, y así estábamos, en un círculo vicioso el que solo se podía escapar dejando de ser pobre.”, algo, esto de dejar de ser pobre, que es una tarea, o misión, imposible para demasiada gente.

Es verdad que es una novela melancólica, triste incluso, en la que (no pienso explicar todavía porque seguramente no tenga motivos) me siento identificado, a veces, con el protagonista, con ese que “Yo nunca llevaba ninguna foto encima. Pero las personas que se fueron, los lugares que deje atrás y el tiempo que ya paso siempre estaban presentes, en frente de mis ojos. Yo vivía de espaldas al futuro, evitándolo, mirando solo al pasado. Lo que sentía no era añoranza ni nostalgia, no era algo tan dulce. Simplemente no podía soportar el presente y el futuro me aterrorizaba, y cuando me quise dar cuenta estaba hundido en un pasado que una vez acontecido ya no podía llevarme a ninguna parte. No sé si el tiempo llego a su fin o si se detuvo temporalmente; no sé si es algo que se puede rebobinar y empezar de nuevo, como una película. O puede ser que el tiempo me expulsara para siempre. No lo sé, no lo sé, no lo sé…”

No, yo tampoco lo se… pero si lo siento así, a veces; aunque otras (al igual que el protagonista) tampoco me interesa el pasado ya que “Aquellos recuerdos de los que nunca me había podido desprender estaban guardados en una caja, sellados por el tiempo. Las cajas que han sido selladas por el tiempo no se deben abrir. Si se abren, uno vuelve a caer en el abismo del pasado.” Y ese abismo da miedo, por lo que en parte te quedas sin pasado, a la vez que sabes que es lo único que te queda. Igual por cosas como estas es por lo que me cuesta tanto cumplir con el objetivo inicial del blog, que, sorpresa, sorpresa, no era hablar de mis lecturas, si no de mí mismo. Pero, ya, si eso, nos hacemos los argentinos otro día.

Cuando repartimos la librería de mis padres, lo hicimos sobre cajas que habíamos llenado como habíamos podido simplemente vaciando las estanterías dela manera más eficiente posible: tal y como estaba. Como básicamente estaba ordenada alfabéticamente y sin etiquetar a cada uno nos tocaron algunas letras del abecedario. Entre otras letras a mí me tocó la G y recuerdo haber colocado – en distintas mudanzas – casi todo Graham Greene, que era un favorito de la casa y pensaba que estaba completo. Así que fue una pequeña sorpresa encontrar Brighton Rock, un título que no me sonaba nada. Ni haberlo leído, ni haberlo ordenado, ni haberlo donado o regalado en ningún momento. Ahora una vez leído sigue sin sonarme haberlo leído, así que en cierta media me he leído una nueva novela de Greene, y la verdad es que me ha parecido floja. Está bien, la historia e incluso los personajes, pero, no sé, me parece que le falta garra e incluso lo que les sobra a otras: reflexión sobre la condición o las miserias humanas. Si es que uno nunca está contento que si unas porque les falta, que si otras porque les sobra. ¿Qué puedo decir? Esperaba más.


Los nombres prestados es una de esas novelas que tiene potencial (vale, según la contraportada todas parecen tenerlo, salvo contadas excepciones) ya que pasa a mediados de los ochenta y tiene un trasfondo político y de la violencia (político militar, que diría alguno) de aquella transición modélica Sin embargo, ni mientras la estaba leyendo ni ahora que intento recordar – con la distancia de poco más de un mes – me viene a la cabeza nada positivo que decir sobre ella y lo mejor que puedo decir es que se deja leer pero que si no la lees tampoco te habrás perdido nada.

Algo parecido le pasa a La joven que no podía leer, aunque en este caso era más esperable ya que, en gran medida, es una novela canónica, o de género. Concretamente del genero manicomio de finales del XIX con un misterio escondido que deberá descubrir un recién llegado a la institución (no como loco, sino como médico). Añádele a eso un par de personajes estrambóticos y tienen, eso, una novela clásica, casi un remake de otras novelas del mismo estilo. Poco aporta al género, aunque se lee de una forma entretenida como casi todas las del género (si te gusta el género, claro).

Supongo que El festín del amor podría ser clasificada por algunos (no por mí que paso de clasificaciones aparte de la inevitable: excelente, buena, mala, pésima y algún grado adicional como él ni una cosa ni la otra) por aquello de que aparecen varias historias que, ahora mismo no recuerdo si son conexas o inconexas. De hecho, tampoco recuerdo nada especialmente y una de las pocas cosas que he marcado es irrelevante para la mayoría de la gente pese a que a mí me haga ilusión leer “Bueno, dijo, voy a poner música en la máquina de discos. Se levantó y camino hasta la Wurlitzer a través del humo de los cigarrillos” que además de incluir el nombre mítico pues me hace recordar esos tiempos en los que era posible, necesario incluso, atravesar el humo de los cigarrillos en los bares que sinceramente yo sí que echo de menos, mucho.

También, aunque no se me ocurra a quien aplicársela, me encanta la imagen que una de las protagonistas tiene de sí misma: “soy el árbol contra el que se estrella un conductor borracho al salirse de la carretera. El árbol no se mueve. Se limita a quedarse donde está. Mata a la persona por el mero hecho de estar ahí de pie. Esa seria yo. Esa es mi actitud: una inmovilidad y una neutralidad letales.” Ya digo, no se me ocurre nadie que encaje en esta descripción, pero me gusta.

“Por encima pueden parecer novelas policiacas tradicionales; pero a mi entender tratan mas sobre la vida que sobre la muerte: hablan de las decisiones, del precio de la libertad, del esfuerzo por vivir en paz.” Esto es lo que dice la propia autora sobre su serie de novela y en gran medida estoy de acuerdo, estoy de acuerdo tras haber leído Ofensa Mortal, porque ya había leído otras dos novelas de la serie y, aunque me habían gustado, no me habían encantado, ni cuando las lei sentí que efectivamente, el crimen, o crímenes, que ocurría en la novela no era, para nada la parte importante. Con esta nivela sí que he tenido esa sensación de que va de otra cosa y la verdad es que me ha encantado. Me ha parecido una novela excelente, para que negarlo.

Estoy demasiado de acuerdo, o las puede entender y ver reflejadas en otras personas, con demasiadas opiniones que vierten demasiados de los personajes que (si yo recomendara libros) os recomendaría que dejarais de leer aquí este blog y os fuerais a leerla porque desde el leitmotiv del comisario principal: “No des crédito a todo lo que pienses” (que no recuerdo haber leído en ninguna de las otras dos novelas de la autora) con el que no puedo estar más de acuerdo y que acabo de decidir adoptar; pasando por aquel otro personaje: que tras una analogía sobre las bondades de la escalada y de la virtud del esfuerzo de escalarla aunque uno muriera en el intento el personaje se da cuenta de que su analogía es incorrecta y que  “si uno muere en la ladera de una montaña, lo hacía cometiendo un acto egoísta y sin sentido. Una proeza de fuerza y ego revestida de bravuconería” o ese concepto que demasiada gente aplica sin conocer, y del que “Ruth era una firme seguidora del preciclaje, de una evolución del reciclaje: hacía uso de las cosas antes de que la gente las tirara”.

Sinceramente está llena de detalles buenos desde esa alumna que en clase hace una pregunta y que sentía que “Se había expuesto, había dado muestras de ignorancia y de algo peor: había mostrado interés por saber” que parece ser algo que sienten los pre adolescentes y creo que incluso mucho son pre adolescentes a los que les parece que lo peor es mostrar interés por saber, y así va el mundo; hasta es frase corta que casi recuerda a Ana Maria Moix: “Siempre estaba alerta ante cualquier amenaza. Como un pistolero… O como un libro de poesía abierto.” Que te deja la duda si el libro de poesía abierto es una amenaza o es algo que siempre esta alerta; pasando por algo que es aplicable a demasiada gente “Él era simplemente eso: común. Un pedazo de carbón que se creía un diamante. UN imbécil con un gran despacho.”

Ya digo, demasiadas cosas buenas… la conversación telefónica entre “una mujer que hablaba con un cerrado acento británico tratando de entender a una mujer con acento quebequés. Ambas hablaban un inglés al parecer ininteligible.”, que recuerda a tantas conversaciones que todos hemos sufrido en las que la voluntad de no entenderse y de lucir el acento de algunas personas es increíble y que solo podría ser más realista si en lugar de una súbdita británica fuera con un francés, o francesa.

Es un libro que, incluso, me deja la tarea de comprobar el hecho de que existe un pueblo llamado Saint-Louis-du_Ha! Ha! (que existe) y del que debería ser hijo honorifico Chimo Bayo (que no lo es, de momento) e incluso eso que sabe cualquiera pero que parece que la gente ha olvidado: “las emociones no eran ni mucho menos lineales. Formaban círculos, ondas, puntos y triángulos. Pero rara vez discurrían en línea recta.” y que les hace pensar que la gente o te cae mal o bien, sin matices y para siempre.

Ya digo, para mí, una gran novela y una gran forma de acabar esta entrada, de la que ya solo me queda pendiente mi deseo final de ¡Divertíos asaltando el castillo!

 

Lecturas

Bajar es lo peor – Mariana Enríquez

La ciudad de los vivos – Nicola Lagioia

Tokio, estación de Veno. Yu MIri

Brighton Rock – Graham Greene

Los nombres prestados – Alexis Ravelo

La Joven que no podía leer – John Harding

El festín del amor – Charles Baxter

Ofensa mortal – Louise Penny

domingo, 8 de mayo de 2022

Comentario de textos – Marzo 2022

 En fin, esto era algo que tarde o temprano tenía que pasar. Si es que se venía venir. Casi era inevitable. Pero igual, antes de que os empecéis a preguntar ¿Qué demonios ha pasado, a que me estoy refiriendo? Imagino que conviene aclara que no es nada importante y que me refiero tan solo al hecho de haberme saltado un mes completo sin completar ese blog de lecturas. Ya, ya se, que con este principio igual esperabais algo más interesante, algo por lo que mereciera la pena seguir leyendo esta entrada del blog.

Realmente podría contaros otras cosas que poco a poco se veían venir, que al final han pasado y que son mucho más interesantes, pero como con cosas que afectan más a otras personas, pues de momento me las callo y, ya, si eso, cuando las personas con más implicación las cuenten pues yo las comentare, o comentare mi opinión sobre ellas.

En cualquier caso, como ya estamos a ocho de mayo y todavía tengo pendiente escribir sobre los libros de marzo (afortunadamente pocos) y los de abril (afortunadamente muchos) hoy no me voy a enrollar con esta introducción y voy a empezar con las lecturas, que, me temo, que la primera de ellas podría llevarme a una digresión / dispersión incontrolada e incontrolable.

Si, si la última lectura del mes pasado fue de un libro auto editado por un amigo durante la pandemia recopilando unas conversaciones de café entre conocidos, el primero de este mes entra en la misma categoría: la de los libros auto editados por un “amigo” por el aburrimiento provocado por la pandemia diferenciándose en que en este caso no recoge unas conversaciones entre conocidos sino simplemente los pensamientos del autor bajo el título de Pensando 2020. Creo que lo primero es aclarar porque, en este caso, he puesto amigo entre comillas y en cursiva. Esto es fácil: yo considero al autor un amigo, de hecho, fue mi primer socio profesional y mantuvimos una empresa durante casi una década, compartimos muchísimo tiempo juntos, compartimos ideas, el equivalente en alcohol a varias cosechas de la ucrania invadida, noches en vela y por supuesto cada uno soporto las excentricidades y particularidades del otro, cada uno se apoyó en el otro para su desarrollo profesional durante aquella grata etapa, e incluso las seguíamos compartiendo incluso después de terminar nuestra relación societaria (que se acabó en excelentes términos por razones ajenas a la misma) pero, a la vez es muy complicado ya que hace años que no nos hablamos y se, por terceras personas, que él está muy enfadado conmigo por algo que al parecer hice, o sería más correcto decir por algo que no hice (según tengo entendido falte al funeral de su padre). Imagino que puede tener razón para estar enfadado, para haber estado enfadado en su día, ya que yo no recuerdo porque no fui al funeral y no sé si tenía una razón suficientemente válida para mi ausencia. Sencillamente no tengo ni idea, pero tampoco esperaba que el padeciera lo que Don Winslow denomina “el Alzheimer de los irlandeses. Se les olvida todo, menos los rencores” de ahí las comillas, ya que, según tengo entendido, nuestra relación de amistad ya no es biunívoca. Una pena ya que es indudable que pasamos muchas cosas juntos en su día y que es una lástima que todo se haya perdido por, digamos, una torpeza social.

En cualquier caso, ya, si eso, hablamos otro día de aquella época, aquella primera empresa y las muchas anécdotas de aquella década, al de los 90, época en la que Pablo ya tenía la costumbre – puede que la tuviera de siempre – de apuntar cosas (pensamientos e ideas) fundamentalmente en servilletas de bar o posavasos y acumularlas en los bolsillos de su americana donde, durante las épocas intermitentes y periódicas en las que intentaba dejar de fumar, se mezclaban con un puñado de garbanzos secos que llevaba como sustituto de algunos cigarrillos (no de todos). No estoy seguro de si sigue con esta costumbre – sospecho que si – ya que a mi este libro me parece el resultado de pasar a limpio, ampliando, algunas de esas notas incluyendo sus predicciones para la post pandemia. Desde mi punto de vista hay mucho de rumbling and mumbling, la mayor parte sin especial interés, pero siempre resulta curioso ver como un amigo verbaliza sus pensamientos fuera de una conversación influenciada por los licores y supuestamente tras una reflexión más profunda que la de escribir una idea en una servilleta.

Creo que, por completar la historia del libro (no la de la amistad con Pablo, que volverá a salir), es necesario aclarar que este libro me ha llegado a través de un amigo común – la supuesta tercera pata de aquella sociedad, supuesta ya que solo lo fue nominalmente pese a que él fue el nexo de unión entre las partes – que mantiene un contacto escaso con el autor, pero mayor que el que mantenemos los “amigos” ahora.

En Lake Success, libro que si compre en mi librería de referencia (ya sabéis, Librería Méndez en la calle mayor de Madrid, poco después o poco antes de llegar a las palmeras de chocolate de El Riojano y que deberías visitar con frecuencia; ambos sitios) ya que, en principio, el personaje principal era descrito en la contraportada con una cantidad de adjetivos: “Narcisista, vulgar, millonario, infantil, acomplejado, soberbio, displicente, inútil, infatuado, estereotípico, incapaz, irresponsable” que auguraban, por lo menos, un personaje divertido. La verdad es que nada más lejos de la realidad y a mí me ha costado interesarme por sus aventuras y desventuras, que por otra parte me han parecido carentes de interés y solo destacaría, casi en relación con la contraportada, la frase de “La mejor ficción es la ficción del autoengaño. Señala el contraste entre la banalidad de nuestras ficciones inventadas y la impotencia del mundo real”. Bueno, digo esto a la espera de visitar The Old Town Bar, en la decimoctava en NYC para comprobar si sus salchichas a la brasa merecen ser destacadas. Es un sitio que queda apuntado para cuando se pueda viajar sin restricciones de mascarillas.

Buena Suerte es, creo, el cuarto libro que leo de su autor. El primero me gusto, el segundo menos, el tercero empezó a aburrirme y este la verdad es que me ha dejado completamente indiferente. Entiendo que hay una especie de moraleja sobre la amistad y el dinero, incluso entre la necesidad de conseguir dinero sacrificando casi todo para conseguirlo, conseguir el objetivo por cualquier medio; e incluso entiendo la necesidad de trabajar como animales pare cumplir un objetivo de tu propia empresa (las noches sin dormir, incluso los días enteros de empalmada para acabar) pero, creo que ni siquiera está bien contado. Un poco de demasiada moralina, con toda la tragedia que se desata por esto. Lo que si me ha hecho mucha ilusión es comprobar que otro bar, aunque sea uno ficticio, al cierre encendía las luces y empezaba a sonar ese clásico que es “No tenéis que iros a casa, pero tampoco podéis quedaros aquí” al igual que en el Morgenstern.

Ahora solo me falta recordar que este autor no me gusta especialmente para futuras compras. Dudo que lo consiga pero lo intentare.

 Los dos Lados, lo cogí por aquello de leer una policiaca que pasara en España y escrita por una chica y publicada por Siruela que, a veces, me ha descubierto a escritores interesantes. A ver, se trata de una novela que ni fu, ni fa… creo que quiere contar más de lo que sabe contar por lo que hay alguna idea buena, e incluso algún personaje al que se le puede coger cariño, pero que no acaba de definir ni los personajes, que quedan flojos en general, ni la historia principal ni, menos, la historia secundaria (el subtexto, que, creo, dicen los entendidos) en la que creo que no se acaba de encontrar a gusto la autora, que no se lo acaba de creer.

En fin, como me pasa siempre, cuanto peores son los libros que leo, menos leo y este mes (marzo) no ha sido especialmente bueno, pero abril ha sido distinto y como además estaba la semana santa, de la que he pasado parte en Piles, pues la siguiente entrega, que será en breve que voy con mucho retraso y he de ponerme al día, promete ser larga.

Mientras tanto, ¡Divertíos asaltado el castillo! y, por si alguno no la conocéis (y porqué hace mucho que no pongo ningún video) os dejo con la canción de cierre del Morgenstern que hace una buena despedida.


 


Lecturas

Pensando 2020 – Pablo González Rodríguez

En Lake Success – Gary Shteyngart

Buenas Suerte – Nickolas Butler

Los dos lados – Teresa Cardona

sábado, 26 de marzo de 2022

Comentario de textos - Febrero 2022

Pues pese a que me duela ya empieza a ser costumbre esto de encontrarme en el último fin de semana del mes siguiente con “la tarea” de escribir la tradicional entrada de mis comentarios de texto y, lo que es peor, sin haber escrito ninguna otra entrada (de otros temas que es lo que divierte).

Me gustaría decir que he tenido un mes muy complicado, haciendo muchas cosas, pero, aunque he tenido bastante trabajo este mes creo que la principal causa de mi retraso se debe a la cantidad de “marcianadas” que últimamente suceden en mi entorno. Ninguna de estas marcianadas me quita especial tiempo, por lo que su utilidad como excusa es baja, pero me llevan a un estado mental en el que me “desfondo” y al final, y tras pasar casi todo el día sentado ante las pantallas (si, así en plural; que ahora tengo dos para hacer multitarea o más bien para procrastinar el doble al poder tener dos temas abiertos en el ordenador y no avanzar en ninguno) pues se me hace cuesta arriba el seguir sentado en el ordenador y, pues me cambio de silla o sillón o sofá y ya me desconecto.

¿Qué marcianadas han surgido este mes (o en los últimos meses, que el tiempo es relativo y mi memoria, cuando menos, liquida sino directamente gaseosa)? Pues de todo un poco, desde una misteriosa herencia que parece que ha aparecido, pasando por relaciones con un delegado de personal que da mala fama (o la fama que los empresarios les suponen) a todos los sindicalistas del mundo aprovechando todo para su único beneficio, sin olvidar los lentos, inexistentes, avances con la obra de Piles, las sorprendentes decisiones de algunos familiares, ofertas de trabajo verdaderamente marcianas (que ya os contare si avanzan) y, en fin, de todo un poco, desde una sobrecarga de trabajo hasta que, así sin más, el itunes de mi ordenador haya dejado misteriosamente de funcionar (algo que me tiene ahora mismo bastante mosqueado y a punto de reiniciar este ordenador para ver si se recupera o si tengo que, utilizar un método todavía más clásico, como empezar a golpear fuertemente en el lateral del mismo para que arranque).

En fin, nada realmente importante pero muchas cositas pequeñas que, a algunos al menos, pues nos descentran y, a veces, desfondan. Pero, a lo que vamos en esta entrada: mis lecturas del mes.

Empecé el mes con retraso lector ya que no tenía absolutamente nada que leer hasta que Bermejo me presto Castellano, un libro que decía que le estaba gustando y que tenía tanto en digital (formato en el que estaba leyéndolo el) como en formato físico (vamos, el libro) que no estaba leyendo.

Es uno de estos libros que son como un dos en uno: en los capítulos pares te cuenta, con la precisión y a ratos el aburrimiento de un libro de historia, de la historia de los comuneros de castilla, esos que conforman parte del barrio de salamanca; y en los capítulos impares pues anécdotas biográficas del propio escritor. He de reconocer que, a mí, los capítulos pares me han superado (ya que nunca me ha interesado la historia, a menos que este muy bien novelada, que no es el caso, aunque no esté mal) pero me he divertido sabiendo que los que juzgaron a los comuneros “en pena de su maleficio” los condenaron “a pena de muerte natural” lo cual, así, en principio, pues no parece tan grave hasta que uno reflexiona que si a uno, digamos, le dan garrote vil, o lo matan por cualquier otro medio pues puede, en un sentido amplio considerarse natural que se muera. En estos capítulos también aparece la frase “algo que tiene la barbarie es que crece y se reproduce a medida que se ejercita” que es una buena forma de expresar un hecho innegable.

Respecto a los capítulos impares me quedo con los primeros en los que cuenta como el adquiere un espíritu castellano cuando se marcha a vivir a Cataluña y cuando descubre a, oye una cinta de Nuevo Mester de Juglaría en un viaje en coche (si es que alguna música hace mucho daño; menos mal que no tenía una cinta de Joaquin Diaz. LO digo con conocimiento de causa que en casa estaban, en vinilo, tanto la cinta que Lorenzo Silva oye en el coche en su viaje epifánico, como, ya digo, cosas más duras como el ya mencionado Joaquin Diaz, al que yo vi actuar en una iglesia de un pueblo de Segovia – Sotosalbos, creo que se llamaba – un día, de los escasos, en que mis amigos me llevaron engañado de excursión al campo, pero, eso, ya si eso, lo explico otro día).

También, uniendo la parte personal con la parte histórica, me ha gustado recordar (que sí, que lo sabía) que Madrid debe su nombre a que “Para abastecerse de agua, dada la poca que le podía aportar el rio Manzanares y el desnivel favorable para traerla, recurrió a un tipo de conducción subterránea desarrollado por los aqueménidas, que los árabes importaron de Persia y llamaron mayrat, cuyo plural dio la palabra Mairit” y que es lo que algunos, en el sector, llamamos “los viajes del agua” de Madrid. Vale, no sabía los detalles, como que los desarrolladores se llamaban aqueménidas pero si sabía la historia y siempre está bien reconocer historias que conoces, aunque sean tan inútiles y absurdas, o de tan poco interés general, como estas.

Antes he mentido un poco y la verdad es que me quedaba un libro por leer de los que había comprado el mes anterior en mi librería de referencia (por si os habéis olvidado, y ahora que habrá cambios en mis librerías de referencia, Méndez en la calle mayor donde ya están todos esperando vuestras visitas) y que, es posible, que incluso hubiera empezado antes de que Bermejo me prestara este, pero con el que no había conseguido avanzar. El libro en cuestión se llama Nostalgia pero que realmente es una especie de recopilación de cinco cuentos o novelas cortas. ¿Por qué había comprado este libro, que así, de primeras ya tenía aspecto de ser bastante infumable? ¿es que estaba loco? ¿es que había desabastecimiento y era lo único que quedaba? No, nada de eso (o si, quien sabe). La verdad es que lo compre porque (para los que no lo sepáis) me pase un año, o algo más, prácticamente a caballo entre Madrid y Braila (una pequeña, pero no pintoresca, ciudad del este de Rumania). Iba y venía lo suficiente como para que me compensara tener tarjeta de viajero frecuente de Tarom (las líneas aéreas rumanas), lo suficiente incluso para coincidir con varios de los acordeonistas que asolaban las calles de Madrid por aquella época y nunca (creo) había tenido la oportunidad de leer a ningún autor rumano (ni siquiera estaba seguro de que este concepto existiera), añadiría actual pero no es necesario. Es decir: sentía curiosidad por intentar entender un poco más a algunos de los conocidos que deje allí y, ya sabéis mi extraña teoría, de que se prende los libros. El caso es que no conseguí acabármelo (afortunadamente me prestarían otro libro a tiempo) y aunque puede que le de otra oportunidad en alguna tarde de desesperación no parece algo probable.

Pues eso, que cuando estaba atascado en la lectura del rumano anterior, Alvaro se acabó Project Hail Mary, un libro de ciencia ficción que le había regalado por navidad, y me lo paso. Salvado por la campana, menuda diferencia. Todo lo malo, o intenso, que era el anterior, lo tiene este de entretenido, incluso de ligero pese a que casi toda la ciencia que le aporta a la ficción (suficiente pero no en exceso) es bastante creíble y viable. Alguna es clásica como eso de pensar que si hay vida alienígena no tiene por qué parecerse en nada a nosotros, ni siquiera sus condiciones de vida han de ser similares, o compatibles con las nuestras; otras son simplemente reflexiones tan cotidianas que sorprenden como la del astronauta que se pone a pensar en algo y “I tried to scratch my head, but the vinyl suit got in the way” y, que a mí por lo menos, me hace pensar en cómo se verían limitados en algunas circunstancias comportamiento tan sencillos y tan interiorizados como rascarse la cabeza para pensar; otras sencillamente geniales basadas en la premisa del libro (la potencia del sol está disminuyendo y la tierra se va enfriando lo que nos lleva a la destrucción) y que crean un dilema moral a algunos cuando otros proponen cosas como “derretir los polos con explosiones nucleares” ya que si el problema es el enfriamiento de la tierra la solución es fácil:  “Humanity has been accidentally causing global warming for a century. Let’s see what we can do when we really set our minds to it… I care about saving humanity. So get me some greenhouse effect”.; otras son más personales cuando a los astronautas que irán en una misión especial, probablemente suicida, les consultan sobre como (si llegara el caso) les gustaría morir y la respuesta de una de ellas (la rusa) da lugar al siguiente dialogo:

“Heroin”. She shrugged. “I have been good girl all my life. No drugs. Limited Sex. I want to experience massive pleasure before I die. People die from heroin all the time. Must be nice.”

I rubbed my temples. “You want to die… from a heroin overdose?”

“Not immediately,” she said. “I want to enjoy. Start with normal effective dose. Get High. Addicts all agree first few uses are best. Then downhill from there. I want to feel those first few doses. Then overdose when time is right”.

“I guess. We can do that,”

Y por supuesto, para mí la mejor, la relativa a la capacidad inteligente de la especie humana “We’re as smart as evolution made us. So we’re the minimum intelligence needed to ensure we can dominate our planets”. Ese nivel de inteligencia, pero parece que ni una gota más de la necesaria y cada vez menos. Verdaderamente entretenida y si yo fuera ese tipo de persona, os la recomendaría, incluso bastante.

En fin, siguiendo con las cosas extrañas que últimamente pasan o que han pasado a raíz de la pandemia mi amigo Table me trajo un librillo, que ha editado el mismo en el que recopila una serie de conversaciones por correo o algún otro medio tecnológico con sus compañeros de oficina. Camera Café lo ha llamado ya que es el grupo que solía tomar café prácticamente todos los días en la oficina y con el que yo, los años que trabaje en la misma oficina, pues también tomaba café. La verdad es que es una lectura extraña en la que se puede comprobar, o más bien reafirmar las características que uno ya le había asociado a cada uno de los personajes (personas) que conforman un grupo heterogéneo dentro de un grupo básicamente homogéneo. Aporta ese punto nostálgico de recuperar el contacto con conocidos con los que has compartido desayunos durante bastante tiempo y que ya no ves, y sobre todo las instrucciones claras del juego con el que veíamos quien pagaba el desayuno que, sencillamente, yo nunca legue a entender, ni mucho menos, aplicar bien de puro freak que era (o es, que igual el grupillo lo ha retomado ahora que ya hay actividad presencial).

Como veis a base de préstamos y regalos, ya había pasado más de la mitad del mes, pero aún me quedaba un puente en Piles (para conseguir dar luz al piso de arriba, aunque sea en precario, a la espera de avanzar con la obra necesaria) así que ya se imponía la visita a la librería Méndez para acaparar lecturas ya que, aunque he escrito puente se trataba de la semana blanca, o de la semana de carnavales y había que rellenar la bolsa con lecturas.

Pero no, no os asustéis porque pese a que fuera a pasar cinco o seis días en Piles (lo que obviamente representa cinco o seis libros, como mínimo) mi torpeza al empacar hizo que me olvidara de mis marcadores por lo que tras el tiempo trascurrido desde la lectura mis comentarios serán breves ya que se basaran en lo que recuerdo, sin ningún apoyo memorístico.

Empecé por Enterrador, que empecé antes de marcharme a Piles en parte porque una vez comprado (leída la contraportada con calma) era el que menos me apetecía ya que no es una novela sino una especie de memorias de un empresario de pompas fúnebres, y, a mí, las historias reales me interesan mucho menos que las inventadas. No está ni bien, ni mal; se deja leer, pero tiene poco que aportar. Le falta la gracia, el humor negro si quieres decirlo así, que uno esperaba de las historias de un enterrador (que resulta que no lo es, que es un empresario de pompas fúnebres y no, no es lo mismo). Si me gustó mucho (Lo suficiente para hacerle una foto mientras leía) la frase “Matar a alguien de la misma especie – a uno mismo o a otro – requiere verdadera resolución y un silencio de muerte, aunque sea momentáneo, de todas las voces que se levantan en contra.” Ojalá la gente escuchara más y no se encerrara en sus silencios voluntarios.



Si eres como yo y tienes una pilita de libros entre los que hay uno que se llama Empezamos por el final está claro por cual empezaras, no, no hay duda. Tampoco hay duda de que esta novela es melodrama en toda regla, con sus buenos, muy buenos, con sus malos, incluso con una niña y su abuelo, con muchos problemas familiares y de identidad. En fin, que tiene todo para ser un melodrama y lo es. Ninguna duda al respecto, pero, a mí, me ha gustado, incluso me ha gustado mucho. Puede que sea que me voy haciendo mayor o que siempre me han gustado los melodramas escritos (no en la vida real, que no los soporto) y bueno, por supuesto el personaje del abuelo, pues que voy a decir que quien no querría ser un abuelo así, quien no cree que el sería un abuelo así, aunque este muy lejos de serlo.

Un libro con un mago o con cartas en la portada siempre llama mi atención y si va sobre artistas de variedades (incluyendo en esto a magos que no son estrellas) pues tiene todas las papeletas como le ha pasado a Bueno, aquí estamos. Aquí también hay bastante melodrama, con niños desplazados de la guerra, aunque esta vez para bien ya que se trata de un desplazamiento dentro de la propia Inglaterra a una familia que siente más cariño por el desplazado que la propia pero básicamente es la historia de un triángulo amoroso que está bien pero que no acaba de convencer, al menos a mí no me ha convencido.

Cuando le tienes cariño a un autor, cuando además coincides a veces con él por el barrio e incluso has tomado alguna cerveza con él, aunque sospeches que su nueva novela no va a ser buena pues la compras y te arriesgas. Esto es lo que ha pasado con Una historia ridícula que solo la compre por el autor y la verdad es que no me ha convencido nada, pero seguiré comprando lo que publique Landero ya que cuando es bueno es muy bueno y cuando no lo es, tampoco es tan malo. Siempre se deja leer.

La verdad es que intente no leerme Bobby March vivirá para siempre en Piles, con la intención de traérmela de vuelta Madrid ya que es la tercera de una serie que me está gustando bastante y, no sé, porque estuvieran todas juntas. Lo primero que tengo que comentar es que obviamente el titulo no está bien traducido. A ver, está perfectamente traducido pero la traducción estricta hace que se pierda la gracia de la serie: la primera se llamaba enero no sé qué, la segunda algo de febrero y esta… esta, en inglés, si se llama marzo no sé cuántos, pero claro en español ese marzo no se lee como un mes. Dicha esta tontería la verdad es que es una buena novela policiaca, no estrictamente negra, que está compuesta de varias historias que parecen completamente desparejas, pero. sin spoilers… de momento por mi puede seguir con más meses que las estoy disfrutando.

Bueno, estoy tentado de repetir alguna de mis promesas de que escribiré más y de otras cosas, pero… ya sabéis lo que digo y dicen: “si te engañan una vez, no es cumpla de nadie a todos nos pueden engañar; si te engañan una segunda vez es porque el que te engaña es muy bueno; si te engañan una tercera… es que eres tonto y (casi) mereces que te engañen”. Así que, no digo más que decía aquel y ¡Disfrutad asaltando el castillo!

 

Lecturas

Castellano – Lorenzo Silva

Nostalgia – Mircea Cartarescu

Project Hail Mary – Andy Weir

Camera Café (o semanario de una pandemia) – Fernando Mesa

Enterrador – Thomas Lynch

Empezamos por el final – Chris Whitaker

Bueno, aquí estamos – Graham Swift

Una historia ridícula – Luis Landero

Bobby March vivirá para siempre – Alan Parks

domingo, 20 de febrero de 2022

Comentario de Textos enero 2022

Aquí estoy de nuevo, aprovechando esta tarde de sábado / mañana de domingo (no, no es que no sepa en que día vivo, ni si es por la tarde o por la mañana; es porque, aunque empiezo en la tarde del sábado igual se alarga la escritura y no lo termino hasta mañana), para escribir sobre mis lecturas (si, si, ya se, que llevo varias prometiendo escribir sobre otras cosas, pero… en fin, que “no me da la vida” que, al parecer dicen algunos grupos de jóvenes, y no tan jóvenes).

El caso es que ha sido un mes bastante interesante para mi vanidad ya que un par de personas con las que trabajo habitualmente, ellos en el papel de mis jefes y yo en el papel de experto (en mis cosas), me han pedido si querría darles cursos o charlas de formación. Es algo que en gran medida me ha sorprendido mucho ya que pese a que cada vez que me preguntaban algo yo les contaba “un rollo” de los míos, contestando a su pregunta, pero también comentando todo tipo de cuestiones colaterales, proporcionándoles opiniones discutibles (refiriéndome con ello a opiniones no aceptadas, o no pensadas, por algunos) y con sus toques de teoría y anécdotas que, seguramente, no venían al caso. Bueno, que os voy a contar; ya sabéis, esa forma mía de contar según qué cosas que es entre ordenado y disgregada, pero sobre todo verborreica por escrito y ellos jamás habían mostrado demasiado interés en entrar en el debate que siempre propone uno cuando explica algo. Vamos, que yo tenía mis dudas de que mis respuestas les parecieran ni tan siquiera adecuadas, pero, mira tú por donde, parece que sí que se lo parecían y que “les aclaraban” las cosas que preguntaba.  “… sorpresas te da la vida…” que cantaban aquellos y aquel otro (que sí, que la versión original no es la que yo canto imitando a la Orquesta Platería, eso lo sabemos todos), antes de añadir “…si naciste pa’ martillo, del cielo te caen los clavos...:”

Claro, de momento estoy bastante contento, henchido de vanidad (vamos, como siempre, que es algo que pese a mis inseguridades no me falta), básicamente porque todavía no he dado ni el curso que me han pedido que preparara (de momento solo he preparado el Syllabus que dicen los profesionales) y tampoco he dado mi charla (clase magistral, prefiero llamarla yo), aunque esta ya está preparada, y no solo en mi cabeza, a falta de pasarla a limpio (que es cuando suelen darse las cosas por preparadas) sino que incluso ya tengo la presentación (si, en PowerPoint, cual profesional).

Pues eso, que de momento todo bien… imagino que cuando de la clase magistral (este jueves, justo antes de marcharme para Piles a descansar un poco e incluso a ver si avanzamos con la contratación de la obra que necesita la casa nueva) andaré menos contento ya que mis jefas (en este caso ambas son chicas) habrán comprobado que igual no fue tan buena idea pedirme esta cosa a mí, y que si al final lo del curso sale adelante pues igual y les hacen una evaluación a los alumnos sobre el profesor (el que esto escribe) pues igual me vuelven a suspender todos como en mi última participación en la EOI. Ya os iré informando, si va bien… que, si va mal, pues me callare y lo dejare correr para ir a lamerme las heridas de mi vanidad.

Eso sí… ahora me toca preparar un curso y conociendo lo que me lleva a mi preparar este tipo de cosas pues… me temo que me he metido en un buen berenjenal del que ya veremos cómo salimos, pero desde luego leyendo algo menos y probablemente sin conseguir escribir de otras cosas que del curso… o no, ya veremos, no adelantemos acontecimientos que luego las cosas funcionan de formas muy raras, inescrutables que diría otros.

No todo han sido alegrías, sino que he recibido una mala noticia, pero, como todavía no está confirmada al cien por cien, pues de momento no os la comento ya que todas las decisiones son reversibles y puede que al final la noticia no se produzca o que, pese a mis reticencias iniciales, sea para bien.

Ya veremos, de momento solo puedo confirmar que este mes mis lecturas no me han llenado de satisfacción, sino más bien todo lo contrario. Este mes no he acertado con mis elecciones en mi librería de referencia de la capital del Reino (del de esta España nuestra, digo) y mi primera elección Que no te quiten la corona que, así en principio (sobre la base de la contraportada) no tenía mala pinta y podía incluso tener un toque sesentero con su protagonista de edad madura y problemas vitales por su alcoholismo y soledad , me ha resultado tan insoportable que la he tenido que dejar poco después de pasar el limite teórico de las cincuenta páginas. No sé, igual en algún momento le doy otra oportunidad a lo que parece una aburrida historia centrada, por algún extravagante motivo, pero sin ninguna gracia, en Cimino y Melville (ahí es nada, para que luego digan de intensidad).




Tras esta decepción (siempre resulta penoso abandonar un libro que uno ha escogido) volví a mi librería de referencia y cuando ya me estaba yendo el hermano menor me dijo “has visto la de LeCarre”, le dije que no, aunque la había visto de reojo y no me había tentado mucho. Por mucho que lo intento no consigo pillarle la gracia a LeCarre y la cotidianeidad de sus espías. En cualquier caso, al final cogí Proyecto Silverview, tanto por la recomendación como por esa nostalgia de leer autores que gustaban a mis padres pese a que ya sepa que no me gustan. Son cosas que no puedo evitar y menos en el caso de la gran novela postuma del autor, ya que con eso uno entiende que no habrá más (ya veremos que esto de las herencias de los escritores famosos es lo que tiene) y bueno, pues un último esfuerzo igual valía la pena.

Es más, de lo mismo, de lo de siempre. Está bien escrita, pero a mí no me ha despertado el interés. Eso sí, obviamente el homenaje a mi madre queda servido solo con leer esta frase: “ya estaban en la cocina ayudando a su madre….  …Ocupándose además de que su madre tuviera en todo momento un gin-tonic al alcance de la mano, porque no era que fuese alcohólica, pero juraba ser incapaz de cocinar sin tener preparado algo fuerte que beber.”  Algo que también pasaba en mi casa con mi madre, que siempre tenía un gin-tonic al alcance de la mano (además de otras botellas para echarle a la comida ya que para ella todos los platos requerían su poquito de coñac o de oporto o de cualquier otro licor) aunque en su caso no creo que toda la frase sea aplicable.

Creo que Escombros tiene una de las portadas más feas de los últimos tiempos y es casi un motivo para no comprarla ya que parece una mierda de novela juvenil pero la verdad es que a veces las portadas engañan y como era de un colombiano pues decidí darle una oportunidad pese a ese aspecto de mala novela juvenil. La verdad es que no es juvenil y tampoco diría que es mala, claro que tampoco diría que es buena o no juvenil., creo que esperaba más del personaje principal que al final no ha conseguido interesarme. Eso sí, me ha sorprendido mucho la información contenida en esta frase: “así que mi viacrucis no fue maíz trillado como el de Cristo que solo tuvo que subir un montículo, el Calvario, y con asistente, el Cirineo, un judío muy bello, esterilizado, que le ayudaba a cargar la cruz”. No sé, en mi imaginario personal y creo que en de todos está el de Cristo subiendo la cruz hasta el Gólgota él solo, sufriendo bajo su peso y con una corona de espinas, pero ¿ahora va y resulta que tenía un ayudante para llevar la cruz? Sorpresas te da la revisión de la historia sagradas porque si, parece que lo del Cirineo (San Simón de Cirene) es cierto, aunque no se sepa mucho de él, salvo que venia del campo. Ya ves tu, toda una imagen tradicional queda subvertida.


Cuando tenía en mis manos El señor Wilder y yo, tenía muchas dudas ya que el titulo me parecía curioso y con posibilidades de ser divertido (con Billy Wilder de coprotagonista, casi seguro sería divertido) pero el autor… el autor me producía muchas dudas… estaba casi seguro que no me gustaba., tenía la sensación de haber leído un par de novelas suyas que no me habían hecho ninguna, o poca, gracia. Lamentablemente mi memoria tenía sus dudas sobre el autor y al final decidí cogerlo. No es que fuera exactamente un error, pero vamos, que me podía haber ahorrado la lectura de este libro en el que, desde mi punto de vista, solo hay una historia razonablemente divertida: con Billy Wilder recorriendo granjas pro Francia para tomar queso Brie y llegando tarde a un rodaje. Pero ya digo, solo razonablemente divertida la mejor anécdota, el resto pues prescindible.




Los colores del adiós, mi última lectura de este mes, es tal vez la que más se salva entre las escogidas este mes y, creo, que es básicamente por ser un libro de cuentos, que al ser más dispersos pues siempre hay más posibilidades de que haya algo bueno en ellos. El caso es que si bien tengo la sensación de que me ha gustado no consigo recordar ninguno de los cuentos y mucho menos nada especial de ellos (no he marcado ni una sola frase) lo que, me parece a mí, no puede ser una buena noticia respecto a la calidad del libro. Pese a todo, tengo la sensación de que no me ha disgustado, pero, como digo, la verdad es que el listón estaba muy bajo este mes.

En fin, pues eso que voy a ver si voy preparando mi curso por si al final me lo contratan y vosotros pues ¡Divertíos asaltando el castillo!

 




Lecturas

Que no te quiten la corona – Yannick Haenel

Proyecto Silverview – John Le Carré

Escombros – Fernando Vallejo

El señor Wilder y yo – Jonathan Coe

Los colores del adiós – Bernhard Schlink