viernes, 25 de julio de 2014

Comentario de textos - Junio 2014


Canada - Richard Ford
Big Brother - Lionel Shriver
Los Hijos - Gay Talese
El gato que venia del cielo - Takashi Hiraide
Los caballeros las prefieren rubias. Anita Loss
Pero se casan con las morenas – Anita Loss


Pues como os comentaba a finales de mayo, para evitar acudir a la feria del libro, me acerque por segunda vez consecutiva a la Librería Méndez sin respetar el turno implícito de dividir mis compras entre mi librería de referencia y la que ya supongo es vuestra librería favorita en la sierra de Madrid: la librería Fuenfria de Cercedilla que sé que cada día os gusta más y que espero que os siga gustando cada día un poco más por aquello de departir con el librero tarambana y tener escaso riesgo de cruzaros conmigo (dos grandes ventajas que seguro no apreciáis suficientemente).
 
Con mi memoria, incluso con la que tenía antes, comprar libros) es difícil porque nunca recuerdo si ya me lo he comprado o no (algo menos con los discos, pero incluso me pasa con la ropa y de hecho tengo varias camisas idénticas y no solo porque me gusten, que me gustan, si no porque me he olvidado de que las había comprado) o si he leído algo del autor y de si me ha gustado no. Cuando estoy en la tienda, salvo casos excepcionales, esta es una duda que me ataca al mirar cada libro ¿he leído algo de este autor?¿me gusto o fue aquel que deje a mitad?

La verdad es que estaba convencido de que ya había leído algún libro de Richard Ford y estaba igualmente convencido de que me había gustado; además las dos primeras frases de Canadá prometían: “Primero os contare lo del atraco que cometieron nuestros padres. Y luego lo de los asesinatos, que vinieron después.”. Un principio bastante prometedor ¿no?, no tan bueno como para incluirlo en mi top ten de principios demoledores, que un día intentare recopilar en una entrada por aquello de comentarlos, pero a mí me parece un buen principio. Lamentablemente y aunque es verdad que hay un atraco e incluso unos asesinatos en el libro el libro no tiene el ritmo que un principio como este se merece, de hecho se queda en una anécdota respecto al resto del libro que se vuelve una lenta historia familiar de dos hermanos y de su separación por ese primer acontecimiento pero que no a mí al menos no me ha interesado especialmente e incluso se me ha hecho bastante pesado, no tanto como para dejarlo a medias pero casi, casi.

(Por si os lo estáis preguntando, lo he comprobado y no, no había leído ningún libro de Richard Ford y estoy casi seguro que confundía a ese Richard con Richard Russo, del que ya creo haber comentado algún otro libro y que si que es un autor que me atrevería a recomendaros, si yo recomendara libros o autores y si supiera que os gustan los libros “lentos” que no es el caso. O igual o confundía con cualquier otro Richard o incluso con algún otro Ford que todo es posible).

Shiver sin embargo era un apellido que no me sonaba de nada, aunque titular, en estos tiempos que corren, una novela Big Brother son ganas de provocar malentendidos entre los potenciales lectores que nos dejamos llevar por poco más que el titulo y/o la portada, que solo de vez en cuando miramos la contraportada, algo que intentamos evitar ya que suelen tener tendencia a destriparte la historia, y que normalmente nos conformamos con mirar las primeras frases o como mucho ojeamos las paginas para hacernos una idea del “tono” general del libro y de si es “de diálogos” o “de largas descripciones” ya que, creo que inevitablemente, ese Big Brother lo tenemos asociado, los más afortunados, a un mundo en el que todos nuestros movimientos son vigilados, y los menos afortunados a un programa, o muchos, incluso demasiados, de la peor televisión.

En este caso la contraportada nos habla de otra historia de hermanos, lo que obviamente y puesto que en Canadá ya había hermanos era un punto en su contra, pero también nos informa de que en la historia hay un “nazi de la nutrición” lo que obviamente era un punto a su favor, al menos para mí que estoy convencido de que este tipo de nazis son verdaderamente peligrosos, seguramente no tanto como los nazis convencionales pero no muy lejos de ellos (dicho esto sin ánimo de trivializar el nazismo como ahora hacen muchos nazis encubiertos de los muy distintos tipos que existen) y que son un objetivo prioritario de mis diatribas periódicas por motivos que no voy a entrar a explicar ahora mismo, pero que estoy dispuesto a explicar en cualquier momento delante de un buen chuletón o incluso de cualquier comida adecuada, por supuesto siempre orgánica (porque yo solo como comida orgánica y solo bebo agua mineral porque como todos debéis saber no hay de otro tipo: de momento no hay agua vegetal, ni animal, salvo tal vez la reciclada que beben algunos astronautas; ni comida inorgánica, salvo para algunos culturistas o similares y para los ya mencionados astronautas que pueden alimentarse de pastillas o productos nutricionales elaborados en laboratorios farmacéuticos).

Afortunadamente el libro trata sobre todo de las relaciones entre dos hermanos - realmente, aunque irrelevante, se trata de hermana y hermano - y del entorno familiar de ella (él no tiene puesto que es un fracasado, fracasado por gordo entre muchas otras cosas) y de cómo se vive una adicción.

La verdad es que a medida que avanzas en el libro piensas que la gordura es simplemente una metáfora de cualquier adicción (y en gran medida lo es) aunque también a medida que avanzas algunas situaciones son solo explicables, atribuibles, a la gordura y no tienen una equivalencia en otras adicciones.

Siendo yo gordo – sí, porque aunque parezca que he adelgazado la báscula de mi endocrina dice que para nada, que sigo rondando las tres cifras (no dire por que lado) - podríais suponer que me ha gustado por eso, pero la verdad es que no. La verdad es que me ha gustado porque creo que trata bastante bien lo que algunas personas están dispuestas a hacer por su familia y como algunas decisiones para mantener lo que crees importante no son compartidas por aquellas persona que más te importan y hace que algunas cosas que podrían ser sumamente sencillas, como ayudar a un hermano, se compliquen excesivamente.

Aparte de los nombres de los autores y esas otras características básicas que ya he comentado un factor que siempre influye en la decisión es el tamaño del libro.

La verdad es que cuando veo un libro muy largo, digamos de más de 700 páginas con letra pequeñita, siempre me enfrento al mismo dilema: si es bueno estaré encantado e incluso se me hará corto, además puesto que los libros cuestan prácticamente lo mismo sea cual sea su longitud son obviamente una gran inversión desde un punto de vista económico; pero, si es malo, si no consigo meterme en la historia o en los personajes se me hará interminable, a menos que lo termine por el “método b” que es el de dejarlo sin acabar, y sentiré que he perdido mucho tiempo por lo que será una pésima inversión de tiempo.

Los Hijos, con unas setecientas cincuenta páginas y con una letra que obliga a casi cualquiera - salvo a los jóvenes imberbes o prepubescentes - a plantearse la adquisición de unas nueva gafas que faciliten su lectura, en mi caso de unas lentes progresivas que me conviertan en el anciano entrañable que me gustaría ser en breve, o más probablemente en el viejo gruñón que casi seguro terminare siendo también en breve (lo único seguro, es que sea lo que sea, será en breve); así que si encontramos a alguien que apueste por la primera opción, podéis apostar, que ya sé que todos vosotros apostaríais por la segunda: la del viejo gruñón, es uno de esos libros que resulta necesario “sopesar” muy mucho.

Esta vez, aunque os parezca increíble, me acordaba de haber leído hace poco otro libro de Talese, que incluso recuerdo haber comprado porque confundí al autor con otro. Sí, me acordaba de haber leído un libro de Talese pero, por supuesto, no recordaba si el libro que había leído me había gustado o no, obviamente recordar este pequeño detalle es algo que está por encima de mi capacidad memorística actual y que por supuesto carece de importancia.
 
También he de reconocer que para mí, las pocas veces que la leo, carece de importancia lo que diga la contraportada ya que en esos raros casos la leo en diagonal y saltándome una de cada dos palabras. Ahora que la vuelvo a leer, dice claramente que es una saga familiar desde finales del XIX hasta los primeros cincuenta, obviamente con mi método de lectura de contraportadas yo había decidido, unilateralmente y sin ningún criterio, que la saga familiar sucederá en otra época más actual y que de hecho se centrara en los sesenta. Misterios de la vida y de la lectura de salteada.

Pero fue por esta decisión unilateral, que la saga se centrara en los cincuenta y sesenta la razón principal por la que me decidí a comprarlo, así que ya podéis imaginar mi sorpresa cuando la historia empieza a finales de XIX e incluso parece que se va a remontar hacia atrás y no avanzar hacia mediados del siglo veinte.

Una sorpresa total para mí, que veía como avanzaban las páginas del libro y seguíamos en la primera guerra mundial y que para cuando empezaba la segunda guerra mundial ya habíamos pasado holgadamente la mitad del libro.

A este paso para llegar a mitad de los sesenta iba a necesitarse un segundo tomo del que no me habían anunciado nada en la contraportada, menuda estafa, menuda estafa, si esto fuera lo que decía la contraportada y no algo que yo hubiera decidido por mi cuenta que no era el caso.

La verdad es que se trata de uno de esos libros que parecen muy bien documentados y en los que se aprende muchas cosas, como porque los tanques se llaman tanques (según Talese, se debe a que en el primer transporte, en la primera guerra mundial, se llevaron cubiertos en tren al frente - curiosamente hasta el desierto del Sinaí -  y, para despistar al enemigo, se referían a ellos como tanques/depósitos de agua); que en la primera guerra mundial las divisiones americanas eran divisiones segregadas - solo de negros o solo de blancos - y que entre estas estaba el regimiento 369 que se llamaba los Harlem Hellfighters (un nombre excelente, del que me gustaría ver la insignia, si es que la tenían); y se recuerdan algunas otras como que Mussolini fue - además de director de periódico - un agitador comunista antes de convertirse en el Duce o que Cole Porter en 1934 tuvo un éxito musical con un tema que decía “Eres lo más, eres Muss-o-li-ni...”.

Desgraciadamente, pese a la apariencia de bien documentado y a lo creíble de lo que cuenta, habla de la guerra civil española, comentando “que duro hasta la caída de Barcelona a manos de la tropas de Franco en enero de 1939”. Es verdad que yo de historia se poco menos de lo estrictamente necesario, pero incluso para mí - incluso para mi dañada memoria – parece, cuando menos, ligeramente inexacto. Claro, esto me hace poner en duda el resto de informaciones que  contiene aunque no lo suficiente como para que no las cuente en un futuro cercano (verificadas o sin verificar, eso ya veremos).

Los libros especialmente “delgados” también requieren una profunda reflexión ya que por precio, al costar básicamente lo mismo que uno normal o que uno gordo, son una “mala” inversión económica; eso si, por malos que sean tampoco te van a destrozar la vida mucho tiempo (bueno, algunos lo consiguen por aquello de ser sumamente ilegibles pero es difícil es como marcharse del cine viendo un corto).

Con poco más de 150 páginas, con una letra considerable y con unos márgenes que solo pueden clasificarse de generosos El gato que venía de cielo, podría ser clasificado como una mala elección solo por este motivo. Mucho peor elección si consideramos mi especial relación con los gatos, que han sido fuente de varios disgustos y situaciones bastante confusas a lo largo de mi vida (si eso, ya os cuento otro día). A su favor tenia estar escrito por un japonés, algo que salvo que se trate del Murakami plasta puede ser suficiente (el que es obligatorio haber leído para poder tomar café en La bicicleta), y también el venir recomendado por Kenzaburo Oé que es un autor que para mí era de culto mucho antes de que le dieran el Nobel (que creo que se lo han dado pero ahora me entra la duda) y que, pese a esto, sigue siéndolo. Solo diré que si bien Oé seguirá teniendo todo mi aprecio (¿Cómo podría perderlo alguien que titula un libro “Arrancad las semillas, fusilad a los niños”?) esta recomendación no me parece fiable ni justificada, aunque esto último puede que sea fruto de su edad (de la suya, digo) y de un posible amor a los gatos no comprendido ni compartido (suyo, que no mío).

Pues si ni el autor, ni el título, ni la contraportada ni incluso el tamaño que otro criterio se puede aplicar para seleccionar un libro concreto entre otros muchos os andaréis preguntando. Pues ni idea, tengo que responderos, pero estoy seguro de que no son futro del azar y que de alguna forma, coherente pero inconsciente, las tomo sin poder explicar por qué.

Bueno, en el caso de Los caballeros las prefieren rubias y de Pero se casan con las morenas si puedo explicaros por qué ya que eran dos libros que formaban parte de una colección de humor que había en casa de mis padres que junto con los de Wodehouse y algunos otros forman parte de eso que podríamos llamar “mis preciados recuerdos”. Si, esa colección, con su lomo verde, así como otras de serie negra (una en marrones y otra totalmente negra que seguro que Rafa recuerda y sabría decir nombre y editorial) representan, no sé si la literatura pero si los libros. Podría deciros que ambos libros (editados en uno solo ahora) son muy, pero que muy divertidos y podría incluso contaros muchas cosas o transcribiros las frases más graciosas pero no lo hare ya que a) creo que es mejor que os los leáis (igual que los de Wodehouse o el resto de esa colección que no recuerdo) y b) porque estoy convencido de que si bien puede que no conozcáis los libros seguro que conocéis la película. Solo os diré que merece la pena leerse hasta el prólogo, esa “biografía de un libro” y que creo que muchos de los personajes siguen siendo totalmente vigentes (con ciertos cambios menores).

Os lo recomendaría pero no lo hago ya que igual no tenéis el mismo sentido del humor que yo y puedo que reflexiones como “ayer llegamos en tren a Londres porque el barco no llega hasta Londres… que en Nueva York todo es mejor porque el barco llega realmente hasta Nueva York, y empiezo a pensar que, a fin de cuentas, Londres no es tan educativo” ni siquiera os arranquen una sonrisa ya que puede que incluso os parezca mejor Londres que Nueva York algo que no pienso ni comentar.

La verdad es que este mes me ha costado mucho encontrar el tiempo para escribir esta entrada, para acabarla realmente, y que ya casi me toca empezar a escribir la del Julio sin ni siquiera haber tenido tiempo de contaros (más bien de contármela a mí ya que no os vengáis arriba que yo escribo para mí y solo os uso como excusa) alguna batallita o reflexión. No todo ha sido culpa mía, y de mi dejadez y cansancio vital, si no que la tecnología no me ha ayudado y la “perdida” de mi ordenador ha contribuido notablemente a mi retraso (aunque no lo excuse).

Pero no os confiéis que espero, en breve, retomar mis batallitas y reflexiones.


 

 

 
 

lunes, 9 de junio de 2014

Comentario de textos - Mayo 2014

An Officer and a spy - Robert Harris
La segunda vida de Viola Wither - Stella Gibbons
Avenida de los gigantes - Marc Dugain
Los jardines de la disidencia - Jonathan Lethem
Un hombre disponible - Hilma Wolitzer
Body Bags. Teorías de la violencia - Jason Pearson
Bloodshot. Incendiar el mundo - Duane Swierczynski, Manuel Garcia, Arturo Lozzi


Este mes estaba convencido de que en algún momento quedaría con Rafa y así podría evitar seguir con mis traiciones a la Librería Fuenfria de Cercedilla (que espero estéis visitando y visitéis mas de lo que yo lo estoy haciendo, especialmente ahora que ya ha llegado el buen tiempo y considerando que es fácil superar mi numero de visitas). 

Ya sabéis, subís a tomar unas gambas a aquel lugar que empezó siendo un chiringuito y que ya parece mas un par de bautizos, bodas y banquetes (pero que sigue teniendo sus excelentes gambas) y luego os acercáis a tomar un cafe, quien dice un cafe dice un algo, y quien dice uno dice un numero por determinar, por el pintoresco pueblo de Cercedilla (lo que televisivamente, supongo, se conoce como un marco incomparable) y luego pues os acercáis a por unos libros. Bueno, casi mejor pasaos antes de tomar esos algos y así seguramente, sin mucha dificultad, podáis convencer a Rafa de que os acompañe hasta el bar de los de El pájaro burlón (ni idea del nombre, pero el mejor de la zona) a tomar otro algo y sobretodo todavía contéis con medios económicos para adquirir libros (que ya sabe lo que se complican las tardes de tomar un cafe y como se suele acabar sin un céntimo de euro en el bolsillo; aunque Rafa acepta tarjetas sin problemas por lo que esta excusa no os vale de nada).

Pues eso, que estaba yo convencido de que pronto vería a Rafa y mis lecturas de este mes tendrían ese punto exótico que siempre proporciona el venir directamente del campo. Si, estaba convencido, aunque obviamente no tenia ninguna razón para ello y se trataba mas de una creencia voluntariosa que de cualquier otra cosa. 

Ademas, como aun me quedada un libro de mis comprar anteriores en la librería Mendez de la calle Mayor, La segunda vida de Viola Wither, pues pensaba que tendría margen suficiente para ver a Rafa antes de que la necesidad me volviera a empujar a la traición familiar. Un libro con una historia con buen aspecto sobre familias inglesas ricas, fiestas benéficas y todas esas cosas que permiten desarrollar unos personajes y una fina ironía de esas que, por lo menos a mi, me resultan sumamente divertidas. Pero, no; no resulto así y por algún motivo (no digo que el libro sea malo, aunque supongo que lo pienso) sencillamente no consiguió interesarme lo mas mínimo, en realidad me aburrió lo suficiente para dejarlo a la mitad (algo que antes me parecía cercano a la herejía pero que a medida que envejezco me sucede con mas frecuencia y ya casi hago con naturalidad aunque con cierto cabreo, compresible, por no haber acertado especialmente cuando lo he comprado sin referencias, solo por instinto).


Dejar este libro a la mitad recortaba el tiempo disponible para conseguir ver a Rafa a tiempo aproximando la posibilidad de la traición. Afortunadamente aun me quedaban por leer un par de cómics, que le había regalado a Alvaro por su cumpleaños (creo): Body Bags y Bloodshot; pero los cómics dan poco margen. Si son buenos, Body Bags lo es, te los acabas leyendo en un par de horas como máximo y si son malos, mejor dicho incomprensibles, como Bloodshot me lo pareció a mi, pues tardas incluso menos; mucho menos si ya estas en modo dejarlos a mitad si no te convencen.

Pero, por algún extraño proceso mental ya que no había ningún motivo (léase ninguna festividad familiar a la vista), yo seguía convencido de que pronto vería a Rafa y me proveería de libros de exótico origen. Así de extravagante es el cerebro humano, incluso el cerebro microinfartado que ahora tengo. Este convencimiento me hacia renunciar a visitar mi librería de referencia y puesto que la coincidencia se retrasaba solo me quedaba tomar una medida desesperada: traicionar a ambas librerías. Si bien la doble traición tenia un cierto rasgo de justicia, incluso de justicia poética (para un cerebro dañado, digo y por aquello de ser librerías; aunque no pensara comprar poesía) no me acababa de convencer, ademas de plantear el problema de tener que buscar otra librería con la que traicionara a ambas; ni La Central, ni El Molar, ni Tipos Infames, me parecían una opción a la luz de mis visitas anteriores y las opciones mas supermercado  como la Fnac, la Casa del Libro o incluso El Corte Ingles tampoco me convencían.

Vale, ya puedo oiros pensando “pues subete a Cercedilla, puto vago redomado, así ves a Rafa y compra libros sin tanta tontería”. Y si ciertamente esa podía ser una opción, es mas, es la opción que yo os recomendaría en mi situación, o aun mas es la opción que os recomiendo a todos vosotros, en cualquier situación, pero no olvidemos que yo tenia el convencimiento de que vería a Rafa pronto lo que obviamente hacia innecesario el subir a Cercedilla, e incluso si yo subía podría ser que justo eso evitara que nos viéramos ya que igual yo subía el día que el bajaba y como sabéis por las películas nunca es bueno engañar al destino con este tipo de pequeñas argucias. No, no, subir a Cercedilla estaba descartado de momento por esas cosas del destino (que no por pereza, que quede claro).

¿Engañar al destino, cometer una doble traición? Ciertamente no eran opciones muy tentadoras y desde luego no pensaba quedarme sin lectura ya que eso me obligaría a contaros mas batallitas del abuelo o a escribir reflexiones sobre sabe dios que cosas y como apenas me dejáis mensajes pues pienso que las escribo solo para mi (que por otra parte es lo que hago) y me cuesta encontrar el momento y el tiempo iba pasando por lo que necesitaba una solución de urgencia.

¿Irme a NYC, a visitar Kinokinuya o McNally? No,  igualmente necesitaría algo que leer en el avión ¿Comprar por Amazon? Podía ser, pero al fin y al cabo por Amazon solo me gusta comprar autores que ya conozco para completar sus obras con cosas que ya, o todavía, no se encuentran en las librerías y ademas también tarda un par de días que con tanta indecisión empezaba a no tener. No, no eran buenas opciones pero había algo en ellas, en ambas opciones, que podía funcionar.

Claro, era evidente: podía comprar un libro en ingles y así ni cometía doble traición (ni Mendez ni Fuenfria tienen una buena sección en ingles por lo que no podía considerarse una traición comprar algo que ellos no tienen), ni jugaba a engañar al destino subiendo a Cercedilla con el riesgo de casualmente cruzarme con Rafa en la carretera, no verle y cambiar irremisiblemente el curso de la civilización. Solo necesitaba encontrar algo en la sección en Ingles de la FNAC, la Casa del libro o El Corte Ingles que justificara plenamente su compra.

No solo tenia un plan si no que, como comprobaría mas tarde en la sección de Ingles de la FNAC, tenia un plan que funcionaria perfectamente ya que  tenían una nueva novela de Harris (Robert, no Richard, lo cual era mejor) con un titulo excelente: An Officer and a Spy. Dicho y hecho, ya tenia libro par esperar a encontrarme con Rafa (algo de lo que seguía convencido) ademas un libro nuevo de Robert Harris que tenia la ventaja de ser un grandísimo escritor, un escritor del que, extrañamente, se traducen pocas novelas y no consigue triunfar aquí y que ademas me recuerda las sesiones de Best-Sellers que teníamos en la calle Lérida con Rafa y Lourdes en las que cada uno compraba una novela y nos las íbamos turnando mientras bebíamos, comíamos, bebíamos, cenábamos y seguíamos hasta que todos habíamos leído todas; vamos como un tradicional maratón de la guerra de las galaxias pero con libros variados (aunque Rafa nos sacaba siempre una o dos de ventaja) ya que en una de ellas descubrimos a los dos Harris (que no, que no son hermanos, que de hecho con de dos continentes distintos). El caso es que la compre sin mirar de que iba (era un Harris y eso, para mi, es mas que suficiente) y hasta que llegue a casa no supe que iba sobre el caso Dreyfus. Si lo hubiera sabido puede que hubiera dudado comprarmela ya que los temas “históricos, basados en casos reales” me interesan entre poco y nada, prefiero claramente la ficción. Solo os diré una cosa: Harris (Robert) es un grande y no comprarla seria un error, no leerla seria un gran error. Claro que si tengo que deciros esto es que no habéis leído Fatherland, The Fear Index, The Ghost o incluso las de Romanos (Imperium. Lustrum o sobre todo Pompeii) así que tenéis grandes novelas, grandes Best-sellers aunque no vendan mucho, por delante (su hermano Richard también tiene grandes cosas, aparte de El silencio de los corderos, como Domingo Negro que también descubrimos en aquellas sesiones y que os recomendaría, si recomendara libros).

Pero claro, el problema de los libros buenos y especialmente de los best-sellers es que se leen de una sentada y claro al día siguiente estas otra vez sin nada que leer y por supuesto Rafa sin aparecer lo que ya hacia irremediable la traición, la visita a la librería Mendez que aprovecho para recordar que siempre es algo sumamente agradable, como todas las buenas traiciones tienen una parte en la que disfrutas.

Puede que debido a la proximidad de la feria del libro, o puede que fueran los remordimientos de la traición, pero me pareció que había menos libros tentadores aunque entre ellos estaba el nuevo de Jonathan Lethem: Los jardines de la disidencia que se supone que recorre varias (3) generaciones de disidentes culturales, lo que para los americanos viene siendo comunistas, hippies y casi cualquier tipo de activismo político. La verdad es que Lethem es uno de esos autores raros, debe de ser moderno, de los que siempre pienso que me gusta solo porque guardo un buen recuerdo de la primera novela suya que leí Motherless Brooklyn y porque también es uno de los escritores favoritos de personas que me caen bien (no daré nombres que ellos ya saben quienes son), pero que en cuanto empiezo a leerlo deja de gustarme, se me hace sumamente farragoso, aburrido, plano y pretencioso. Este libro no ha sido una excepción y a punto estuve de abandonarlo, pero estoy seguro de que si sale Lethem en una conversación seguiré diciendo que me gusta, que es un autor muy interesante,  e incluso si veo su próximo libro casi seguro que lo compre aunque sea la ultima oportunidad que le concedo (a menos que luego me olvide de mis buenas intenciones). Así soy yo, inconsistente y con todo tipo de prejuicios y de post-juicios que ignoro continuamente.

Si un libro empieza con su protagonista en la cárcel y enseguida te cuentan que mato a sus abuelos solo tienes dos opciones o pensar que va a ser un mal libro y que ya conoces mas o menos la historia o pensar que casi seguro que hay algo mas en el libro y que lo de los abuelos solo es el comienzo. Sin querer estropearos la lectura, os diré que Avenida de los gigantes esta dentro del segundo caso aunque, desgraciadamente, sin que en la historia haya mucho mas. Vale, lo hay, hay mucho mas, pero lo que hay tampoco resulta especialmente impresionante y aunque hace una lectura agradable se te queda la sensación de que podías no haberlo leído y tampoco te habrías perdido gran cosa. Si quisiera ponerme pedante y esto fuera, como sospechas algunos, un blog de libros diría que le falta “profundidad psicológica” o incluso mejor aun “que adolece de profundidad psicológica” y esto que, para mi de forma general, seria una virtud no acaba de serlo en este caso.

Supongo que si hubiera habido mas novedades interesantes nunca habría cogido un libro como Un hombre disponible, en el que según la contraportada la historia es la de un viudo cuyas hijas ponen un anuncio para buscarle novia en una revista literario y de una autora de la que nunca he oído hablar pese a tener catorce novelas publicadas. Vale, probablemente hay muchos autores y autoras que tienen muchas obras publicadas y que yo desconozco pero ¿catorce? No se, parecen muchas obras para no tener ni una referencia, aunque siempre esta la posibilidad de que la tuviera y la haya olvidado. Leído el libro no creo que sea el caso, mas bien me decanto porque es un libro que no debería haber publicado Alfaguara, o tal vez si, pero en una colección de libros de verano para no lectores habituales, vamos que con una edición y portada distintas y archivado en la zona de folletines de una librería estaría mejor. No, no es que sea un folletín y no es que no tenga cosas buenas (algunas de las citas que tiene el pobre protagonista te arrancan una sonrisa) pero vamos que realmente es mas ese libro que comprarías en el Carrefour si  ya no te queda nada que leer en Piles que algo para comprar en una buena librería, o incluso en una librería normal.

Con estos libros conseguí llegar al final del mes, a falta de un par de días, y puesto que mi hermano Rafa seguía sin aparecer por la gran ciudad y yo seguía sin perder la seguridad en que le vería en breve, aunque por supuesto sin desafiar al destino subiendo a verle, decidí dejarme de tonterías y pasarme de nuevo por la librería Mendez, de la calle Mayor, antes de que me viera obligado a acudir a la feria del libro a deprimirme observando como los mismos libros se repiten en las mismas casetas de forma casi compulsiva ya que casi han desaparecido aquellas casetas editoriales con sus extravagancias que, al menos en mi recuerdo, eran la esencia de la feria del libro; cuando ibas a conocer libros y editoriales que tenían una escasa o nula distribución para que te sorprendieran. 

Tal vez la feria del libro nunca ha sido como es ahora en mi recuerdo, o tal vez si ya que mis recuerdos son de los ochenta que como todo el mundo sabe eran otra cosa (como la nostalgia, que ya no es lo que era), puede incluso que ahora haya vuelto a ser como era en mi recuerdo ya que, al fin y al cabo, hay tantas cosas en este país que han vuelto a situaciones iguales, o peores, a las de aquellos tiempos. Pero divago, si eso (si la visito) ya os lo cuento otro día.


lunes, 5 de mayo de 2014

Comentario de textos - Abril 2014

Mujeres - John Updike
Mascara - Stanislaw Lem
Avidas Pretensiones - Fernando Aramburu
Una gota de sangre - Jose Ignacio Gomez-PIntado
Sobrebeber - Kingley Amis
W.I.T.C.H. 
Oigo sirenas en la calle - Adrian McKinty
Los lanzallamas - Rachel Kushner
Darth Vader y su princesita - Jeffrey Brown

Supongo que este es un momento tan bueno como cualquier otro para corregir una afirmación realizada anteriormente: la de que Updike no me gusta. Es verdad que hasta ahora solo compraba los libros de Updike porque era uno de los escritores favoritos de mi padre, los leía y seguía sin comprender por que le gustaba a mi padre. De hecho esta fue la razón por la que compre Mujeres, sabiendo que lo mas probable es que no me gustara, su compra era simplemente un homenaje inevitable. Puede que me realmente me este haciendo mayor y que ya no me parezca a mi padre en mi letra minúscula, esa que parece que le produce un arrebato a mi hermana pequeña cada vez que ve papeles míos; por que si, de vez en cuando todavía escribo a mano, especialmente formulas matemáticas; por que si, soy de ese tipo de personas que si utiliza las matemáticas en su vida cotidiana y de vez en cuando tengo que hacer integrales, derivadas y otras operaciones para entender algunos conceptos (por no hablar de la teoría de conjuntos que uso diariamente para clasificar cosas, personas o eventos). Puede, que me haya hecho mayor, tan mayor como mi padre, puede ser una explicación; otra puede ser que este Updike no le habría gustado a mi padre y que por eso me ha gustado a mi. Cualquiera de las dos es posible, incluso probable y no tengo pruebas para ninguna de ellas, aunque hay indicios claros de la primera.

No os descubro nada, para eso esta el titulo y la contraportada, si os cuento que va de los recuerdos que un jubilado tiene sobre algunas de las mujeres de su vida, alguien para el que “el mapa del territorio se correspondía con el lugar donde se hallaban las casas de las mujeres que le interesaban. En tal casa vivía una mujer con la que se había acostado; en esa otra, una con la que fantaseaba acostarse; y en medio se encontraban todas las demás, espacios en blanco, deshabitados y vacíos como el interior de Africa, los desiertos de Arabia y los mares del Sur”. A mi también me pasa, aunque las zonas desérticas que componen mi geografía personal son demasiadas, incluso incluyendo los bares y lugares en los que he estado con alguna de esas mujeres, incluso incluyendo aquellas con las que solo he fantaseado. Demasiados territorios sin explorar; una lastima no haber sido un mejor explorador, una pena no haber sido un “explorador galáctico” que diría Sisa pero como dice el propio Updike “Las paredes del cráneo son muy resistentes, y nos encierran con nuestros miedos”.

Pero esto de comprar libros de autores que no me gustan, o que no me gustaban, no me pasa solo con Updike. No, una relación parecida tengo con Lem, Stanislaw; del que periódicamente leo algo, intentando fuertemente que me guste ya que se supone que es uno de los grandes de la Ciencia Ficción, un maestro de maestros. Por eso me compre, en la Librería Mendez de la calle Mayor, Mascara; un libro con trece cuentos, inéditos en castellano que según la contraportada están a la altura de sus mejores obras. Puede que sea demasiado mayor o demasiado obtuso pero la verdad es que sigo sin pillarle la gracia a Lem y creo que este ha sido mi ultimo intento con el. Seguro que es un escritor genial pero a mi me parece una pesadilla, no una pesadilla en el sentido positivo de dar miedo o terror, de un mal sueño; no, me parece una pesadilla en un sentido falsamente etimológico, como si pesadilla compartiera raíz con pesado: un polaco espeso y aburrido donde los haya, como un gulash mal cocinado que no llega a la altura de una buena carne a la jardinera, aunque sea mucho mas de alta cocina.

Con estos dos libros prácticamente me plante en los preparativos de la semana santa y de una excursión a Piles, es decir a una nueva, e importante, decisión de abastecimiento, de selección de mi lugar de abastecimiento, que todo parecía indicar que se saldaría con una nueva traición a mi hermano y a la librería Fuenfria de Cercedilla ya que no había planes de que nos viéramos y me abasteciera a domicilio antes de irme. Pero no, la verdad es que la traición no fue necesaria, en este momento, ya que Rafa había pasado por casa de mi hermana, antes de irse a Francia donde su ultima novela parece que esta siendo un éxito y donde según tengo entendido incluso le comparan con Stephen King (al que mi hermano, todo sea dicho, compara con Galdos ya que, con bastante razón, le considera un escritor realista. Un escritor realista, si, como lo oís; pero un escritor realista que vive en Maine, que es un lugar lo suficientemente raro. Pero divago, si eso, ya os lo cuento otro día). 

El caso es que con esta adquisición, con otro libro que le había regalado a Alvaro por su cumpleaños y que pensaba aprovechar para robarle esos días y con un inédito que tenia en el ordenador me sentía preparado para irme a Piles. Si no me alcanzaba para todo el viaje ya compraría, ya me mercaría, algún best-seller en el supermercado o intentare leer alguno de los pocos libros que quedan por Piles; así evitaba la traición familiar.

Normalmente los únicos inéditos que leo son las novelas de Rafa, inéditos que siempre espero con interés y que creo que me pasa por razones distintas a las de la mera cortesía por imprimirle una, o mas copias para corregir. Si, así de vanidoso soy y pienso que me las deja por que le interesa mi opinión, aunque sea para poder ignorarla o incluso para reafirmarse en contra de ella (algo que supongo de utilidad ya que si hay partes que no me gustan puede que sean las mejores; somos bastante distintos en nuestros gustos y fobias).

La novela inédita, posiblemente por poco tiempo, es Una gota de sangre en el Martini, por favor y se lo que os andáis preguntando ahora es ¿por que? ¿por que tengo yo una novela inédita no escrita por mi hermano? Pues no, la respuesta no es porque tengo un blog de libros de fama mundial entre el par de lectores que no son de mi familia; nada mas lejos de la realidad: no tengo ni un par de lectores que no sean de mi familia (salvo cuando cito un nombre propio que entonces suele aparecer el mencionado para corregir lo que cuento, diciendo que no sucedió así). Obviamente la tengo porque me la ha pasado el autor, que no es, ni mas ni menos, que Cipi (sin con C porque el nombre no le viene de Zipi y Zape, si no que se trata de El Cipayo, nombre que proviene de Salgari y sus tigres de Mompracem). Podría dar el nombre completo de El Cipayo, pero a los que no lo conocéis no os dirá nada (todavía, otra historia será cuando la edite y sea un super ventas), para los que lo conocéis no os aportara nada y si lo menciono es casi seguro que se aparezca por lo comentarios para corregirme; ademas ya esta en la lista inicial (que es que no os fijáis).  La verdad es que la novela tiene posibilidades ya que se trata de una aventura de mods (algunos de los cuales son vampiros; otros no. Como los pimientos de Padrón) y rockers (de los cuales algunos son hombres lobo) ambientada en Madrid y a día de hoy (mas o menos) de forma que los hombres lobo van al Wurli mientras que los vampiros se dedican mas a tomar cocteles (tengo que acordarme de probar el raf, o incluso tomarme uno con Cipayo un día de estos) obviamente en el Del Diego o en su defecto Gis-Tonics en el Buster, compartiendo todos un territorio neutral de La Vía Láctea, amenizada por Oscar (la única persona capaz de pinchar una saeta en plena noche, si le apetece, y lo se porque a veces le apetece). 

La verdad es que es una novela muy entretenida, ideal para leerla en la playa y que seguramente pueda ser la primera de una serie, o mejor seria decir de una serie de recopilatorios ya que cada capitulo esta titulado con una buena canción (sorprendentemente no todas mochis), y que en conjunto componen una excelente banda sonora. Creo que yo vendería la novela y el disco como un pack; aunque puede que no sea una buena idea ya que los mochis solo usan originales. La verdad es que la comparación con Peter Punk, el Lincantropunk y el otro de la saga que no recuerdo, resulta inevitable, por aquello de adaptar personajes típicos a bandas urbanas, aunque no tiene nada que ver, imagino que incluso con la serie crepúsculo pero como esto lo desconozco, ya que ni he leído ni visto esta serie, pues me callo la comparación para que no se enfade Cipayo, que seguro que no le gusta el comentario. Si estuviera editada y yo fuera de las personas que recomiendan libros, os la recomendaría, no solo por la propia novela y el CD que debería acompañarla si no porque los dibujos que he visto que la acompañan (que creo que son de Marta) son muy buenos, muy elegantes, muy mochis y muy negros, y ademas, pero no solo por ello, Cipi es muy buena gente y le considero amigo lo que ya seria motivo suficiente para recomendarla. A ver si hay suerte y la edita pronto, aunque ha de cambiar algunas cosas... tonterías de disléxico como que si vas de Alonso Martinez a Colon y quieres ir a la carretera de Burgos debes de girar a la izquierda, a la izquierda, Cipi, no a la derecha, que acabamos en Atocha. (conste que no digo que Cipi sea disléxico, no es eso... solo que es la otra derecha).

La verdad es que leer novelas en las que salen entornos que conoces, personajes que son conocidos o que puedes reconocer, pese a los esfuerzos del editor por ocultarlos como protección ante posibles querellitas, siempre tiene un valor añadido e incluso convierte la lectura en una especie de juego entretenido (aun tengo que averiguar quienes son la base de las hermanas sesenteras de Una gota de sangre) y en cierta medida Avidas pretensiones también proporciona este juego. No para mi, que solo conozco el mundo editorial, el mundo de los premios literarios españoles, de segunda o tercera mano a través de algunas historias y amigos de Rafa pero estoy seguro de que si para mucha gente que identificara claramente a algunos prototipos reales. Aparte de este juego de adivinanzas la novela tiene gracia de forma puntual pero se queda muy lejos de lo que, creo, quiere llegar a ser, de, digamos, ese Tom Sharpe, u otros ingleses, irónicos y descriptivos de un ambiente literario o universitario verdaderamente desternillantes. Muy lejos, desgraciadamente muy lejos, casi tan lejos como queda Oxford de CasaDios; con todo no es un mal intento. 

Yo no me la habría comprado nunca pero como Rafa la dejo por casa pues le di una oportunidad; en cambio Sobrebeber me la habría comprado si no hubiera sido porque la había regalado dos veces el mes pasado, aun así si me hubiera quedado sin lecturas es posible que me la hubiera vuelto a comprar. Propiamente no es una novela si no que se trata de la unión de tres libros, dos de ellos procedentes de columnas periodísticas y un tercero con una serie de exámenes de conocimientos, todo ello sobre el arte y placer de beber (aunque a veces también sobre la estupidez con la que algunas personas acompañan el beber). Aunque como dice el propio autor en el prologo, por el hecho de ser una recopilación de artículos, hay cosas que se repiten y que parecen mas obsesión de lo que es necesario ciertamente es un libro que en cualquier momento, a cualquier persona y en cualquier pagina te proporcionara una sonrisa con una frase o idea ingeniosa, aunque seas de la liga antialcohólica o aun así ya que hasta estas deben de aceptar que “los beneficios sociales de la bebida en colectividad superan los desastres individuales que puede precipitar”. No solo es ideal para disfrutar en cualquier momento, en tragos largos o cortos, si no que es sumamente educativo con sus recetas de cocteles, consejos para la resaca e incluso una reivindicación necesaria de la Carlsberg, que es una de las cervezas a las que yo ya me he acostumbrado y que disfruto y os recomiendo  (la Carlsberg, que, como sabéis, yo no recomiendo libros).

La verdad es que en Piles las hora duran mucho mas, o los días tienen muchas mas horas que en cualquier otros sitio así que incluso aunque vayas pertrechado con un numero suficiente de libros, aunque vayas a estar muy pocos días, aunque te pases la mitad de ellos constipado y sin poner leer, aunque tengas, y te pongas, a preparar una conferencia que has de dar, o incluso aunque estés con Alicia que con sus activos cuatro años reclama una atención casi constante, que requiere ser un profesional para ignorar, al final siempre te acabas quedando sin lectura y tienes que recurrir o a lo que los demás han llevado o a lo poco que queda por allí (aprovecho para pedir a familiares y otros visitantes que empiecen a dejar libros para estas situaciones). Por eso, solo por eso, pee a los avisos y consejos en contra me leí W.I.T.C.H. Conspiración terrorista internacional de las mujeres del infierno. Comunicaciones y Hechizos. Un panfletillo de recopilación de artículos de un movimiento feminista radical de los sesenta que os puedo resumir en una palabra: lamentable; en dos: una mierda. Lamentable ya que no proporciona ningún contexto en el que entender nada del movimiento que quiere reivindicar y por que todos los artículos, por llamarlos algo, son sencillamente muy malos y están muy mal traducidos, no, muy mal no, pésimamente; en la frontera de lo ilegible. Si tuviera que salvar alguno, aunque no se me ocurre ningún motivo para tener que hacerlo, salvaría el ultimo en el que al cabo de unos años una de las lideresas del movimiento hace critica de sus compañeros de movimientos radicales y de su actitud incluso mas machista  que la media de la sociedad. Bueno, salvaría eso y alguno de los nombres alternativos para explicar el acrónimo WITCH como ese de Women’s Infuriated at Taking care of Hoodlums.

Pues con estas lecturas, prestadas en mayor o menor medida, ya había conseguido pasar la semana santa sin traicionar a mi hermano ni a la librería Fuenfria de Cercedilla, pero el mes no se había acabado por lo que tenia que volver a enfrentarme a la necesidad de traicionar a la familia o de viajar en autobús, tren o similar. Como no podía ser menos elegí el camino de menor resistencia y traicione a la familia visitando la librería Mendez de la calle Mayor ya intentaría quedar un día de estos con Rafa y aprovechar el servicio a domicilio que me ofrece como cliente preferente pero de momento triunfaba la traición.

Y como triunfaba. 

Oigo sirenas en la calle tiene el aspecto de una novela policiaca normalita, nada especial si ves la portada o incluso si ojeas la contraportada pero a mi me ha parecido una gran novela. Una gran novela negra que ciertamente no tiene una gran trama pero que si que tiene grandes personajes y una cotidianeidad en una Irlanda prácticamente militarizada, con el IRA plenamente activo y la invasión de las Malvinas, que construye un marco totalmente creíble para un personaje que ademas de oir a los Buzzcocks lee Cien años de soledad, “era una buena novela, pero, como dijo aquel, tal vez setenta y cinco años de soledad hubieran sido suficientes”. Algo que, ahora con Garcia Marquez recién fallecido, sonara a herejía (no diré yo que no lo sea) pero que a mi me sigue pareciendo sumamente gracioso.



Los lanzallamas, novela que también podría haber recibido a domicilio, no solo vía Rafa, si hubiera quedado con el, si no que incluso a través del Circulo de Lectores que la edita si fuera yo usuario de esto,  empieza flojilla y la verdad es que dan ganas de dejarla pero me alegro de no haberlo hecho, ya que al final me ha parecido una gran novela sobre los pijos que juegan a ser radicales o artistas, vamos sobre esas personas que todos conocemos que mantienen ideas y actitudes que solo son posibles con la tranquilidad que da el tener las espaldas cubiertas. Vamos, sobre todos los que juegan a ser punks o radicales para volver a casa a cenar lo que su madre les ha preparado sin preguntarse como todo funciona tan bien si ellos no han participado en nada. Curiosamente he aprendido mas sobre algunos grupos radicales de los setenta, como los Motherfuckers, que en el libro ese de los manifiestos de las brujillas. No es que recuerde a Novecento pero realmente la amistad entre dos personas de mundos opuestos y en colisión - ademas las dos con un telón italiano - me traía esa película a la memoria pero posiblemente sean cosas de mi cerebro dañado.

En cualquier caso la mejor lectura de este mes ha sido Darth Vader y su princesita que recrea una infancia alternativa de Leia como hija de Darth Vader con algunos chistes antológicos (otros menos) su hermano Luke y por supuesto su novio adolescente Han Solo. Diez minutos de sonrisas.


lunes, 28 de abril de 2014

Controlando accesos (1986-2014)

En breve, cuando el ayuntamiento tenga a bien convocar un examen de renovación, yo me

retiro como controlador de accesos, bueno, me retiro oficialmente ya que mi mi carnet de “controlador de accesos” caduca, y a mi no me apetece renovarlo, me da demasiada pereza tener que volver a examinarme. Pereza de volver a examinarme del conocimiento de la ley, pero mucha mas pereza volver a examinarme de “personalidad”. 

La verdad es que esto ultimo no solo me da pereza, si no que también me da un poco de miedo: con la cantidad de ensaladas y frutas que tomo ahora, teniendo incluso un restaurante vegetariano favorito, es posible que mi personalidad no este a la altura de los requerimientos y que asunta que pueda ser identificado como “vegetariano” en las pruebas de personalidad, lo que es un riesgo. 

Si, es un riesgo, un riesgo elevado, ya que todos los que conozco que han suspendido este examen son vegetarianos, de hecho diría que todos los vegetarianos que conozco que se han presentado al examen han suspendido, al menos una vez. Para la segunda oportunidad muchos de ellos, estoy convencido, hicieron de tripas corazón y comieron carne los días antes para asegurar el aprobado.

La verdad es que este hecho, el suspendo metódico de los vegetarianos, a mi me parece una buena prueba de que el examen de personalidad es, al menos, capaz de separar algunos comportamientos radicales que pueden llegar a ser conflictivos como controladores. Por que si, no nos engañemos, es innegable que la casi totalidad de los vegetarianos tienen un problema de actitud, una actitud “talibanesca” que no les hace aptos para este trabajo. Por supuesto, por supuesto que hay actitudes peores que la que denota ser vegetariano pero posiblemente también sean detectadas en el examen con preguntas sencillas como esas de “¿si algún cliente intenta abandonar el local por la puerta de emergencia, usted? a) se acerca a el y le explica educadamente que no puede usar esa puerta. b) le agarra del cuello y le golpea una vez arrojandole discretamente por la puerta de emergencia del local. c) le retiene lo antes posible, avisa al resto de sus compañeros y entre todos le revientan a golpes con el objetivo de que el resto de clientes capten adecuadamente el mensaje” o esas otras de “¿las puertas de emergencia? a) deben permanecer accesibles y operativas en todo momento y es parte de su trabajo asegurarse de que lo estén. b) deben de bloquearse antes de admitir a nadie en la sala y permanecer inoperativas en todo momento. c) deben de cerrarse con llave o cualquier mecanismo - cadenas y candados - que no permitan su uso bajo ninguna circunstancia.” y algunas otras igual de difíciles

Pues si, me da tanta pereza (y miedo) y al fin y al cabo ahora salgo tan poco, paso tan poco tiempo en el Wurlitzer o en el Wharf, que no me compensa renovar el carnet por lo que en breve dejare de ser “portero”, algo que oficialmente, y solo oficialmente, he sido durante los últimos cuatro años y un trabajo que realice por primera vez hace 28 años.

Si, ciertamente, aunque parezca increíble, fue hace 28 años que tuve mi primera experiencia, mi primera noche, como “portero”

En 1986 yo estudiaba Caminos, carrera que había elegido por varias razones entre las que se encontraban como principales,pero no por orden de importancia: mi ausencia de una vocación de estudio de nada en concreto combinada con la ilusión que a mi padre le hacia que yo siguiera sus pasos (puesto que mis hermanos mayores no lo habían hecho), ademas estaba cerca de casa (en la Politécnica, a donde se podía ir andando, y no en la Autónoma que es donde a mi me habría tocado hacer la carrera por temas de reparto entre colegios y universidades y que estaba en el campo, lejos en el campo) ademas, y sobretodo, en Caminos se organizaban conciertos, era uno de los templos de la movida, por lo que, calculaba (como buen ingeniero) que si hacia caminos podría meterme en Culturales y de esta forma disfrutar de los conciertos gratis, y no solo yo si no que podría invitar a Jaco e incluso a otros, al fin y al cabo seria de los organizadores.

Ese año estudiaba segundo de segundo, si bien primero lo había pasado razonablemente bien (solo me habían quedado dos, lo que no era un récord en ningún sentido)  el año anterior me haba quedado, digamos, dormido y no había aprobado nada, ni las que me quedaban de primero ni ninguna de segundo. Ya digo, fue un año académicamente inexistente; eso si, fue un año que clasificaría como sensacional aunque no tenga ningún recuerdo concreto del mismo. Bueno, tengo muchos, entre ellos algunos de los mejores de mi vida; pero, si eso, ya os cuento otro día.

El caso es que ya estaba en culturales, ya me colaba (acompañado) a los conciertos aunque para ello ademas de preparar el salón de actos antes del concierto y después (montar y desmontar asientos) tenia que hacer ocasionalmente de camarero . 

Algo que tenia bastantes ventajas ya que me permitía abastecerme, y abastecer a mis conocidos, de bebida de las “botellas de abajo”, las bebidas bebibles, que nos reservábamos para nosotros mientras vendíamos ron La Flota, ginebra J.B. y similares, que no llegaban a causar ceguera pero que si daban lugar a increíbles y casi mortales resacas, algo que se a ciencia cierta porque las que sobraban eran las que bebíamos durante la semana mientras “estudiábamos” en el local de Culturales en lugar de ir a clase, antes de ir a clase o incluso después de clase... ya que éramos estudiantes aplicados y solíamos quedarnos estudiando hasta tarde, ademas de pobres por lo que no era cosa de desperdiciar oportunidad alguna de beber, aunque se tratara de ron La Flota, al que todo sea dicho se le cogía cariño a medida que cogías una buena borrachera.

Ademas, curiosamente, por extraño que parezca, a una gran parte de culturales no le gustaban los conciertos lo que permitía abandonar mi puesto de camarero durante el concierto e irme a disfrutar del mismo tranquilamente. Ciertamente, merecía la pena estudiar Caminos por estos agradables ratos.

Aunque os pueda parecer increíble, dada la cantidad de gente que seguro conocéis que afirma haber estado en Caminos en casi todos los conciertos, todos esos que han visto a Los Nikis, a Ataque de Caspa, a La Frontera, a Aviador Dro y a muchos otros, normalmente los conciertos de culturales estaban solo medio llenos, eso siendo generosos, y eran de muy buen rollo, no necesitando ningún tipo de seguridad, bastando con estar en la puerta para ir cortando las entradas ordenadamente.

Normalmente, normalmente eran muy tranquilos y estaban medio vacíos. Norma mente, pero como toda norma tiene su excepción, los conciertos de culturales también. 

Para culturales la excepción fue el concierto de Kortatu y La Polla Records, que acabaría siendo el ultimo concierto en Caminos ya que pese a ser el mas exitoso de publico empezaría y terminaría con numerosos destrozos en la Escuela, algo que nunca seria perdonado por a dirección y que daría lugar a la prohibición de los conciertos de “rock” por siempre jamas y un día (después de esto Culturales se dedicaría a organizar conciertos de música clásica y ciertamente ya merecía menos la pena estudiar caminos).

Que el concierto de Kortatu y La Polla iba a ser un éxito de publico era algo que suponíamos, al fin y al cabo aquel año el rock radical vasco estaba en pleno auge, ademas se habían vendido todas las entradas que habíamos dejado en Escridiscos, algo insólito, y como me comento Joaquin (que por entonces aun estaba con Escribano en el escridiscos de Sandoval) no solo había mucha mas gente preguntando por entradas si no que había oído que mucha gente pensaba ir sin entrada a intentar colarse; de hecho pensaban ir a montarla hasta colarse, pues ¿no eran ellos punks y radicales...? ¿como para pagar a unos pijillos de estudiantes de ingeniería? Para nada, nasti de plasti (era  1986 y si, los punkis decían estas cosas, aunque ahora lo nieguen).

No se si fue a petición de culturales, por iniciativa propia, o por indicaciones del servicio de seguridad de la Moncloa (que esta al lado y que de hecho durante muchos años mantuvo un puesto de observación, con un francotirador según se decía y algo que yo comprobaría unos años después, vigilando desde la torre de caminos) pero el caso es que a medida que el aparcamiento de caminos se llenaba de publico potencial (a.k.a. punkis bastante costrosos) se apostaron también dos “grilleras” de policía. 

Así que aunque hubiera muchos punkis, y aunque no parecieran nuestros habituales punkis “de palo” madrileños, si no ciertamente un poco mas conflictivos, estábamos protegidos de ellos, tanto por la presencia policial como por la infranqueable valla que cerraba la puerta de caminos (que suponíamos de acero Bessemer, por lo menos, y anclada por auténticos profesionales de la ingeniería, de la ingeniería de caminos. No digo mas) por lo que decidimos que todo iba bien, nos pusimos unas primera cervezas y nos dispusimos a abrir la entrada tranquilamente.

Y todo fue tranquilo, hasta que dejo de ser tranquilo; como ocurre siempre: nunca pasa nada hasta que pasa algo. Y paso: se acabaron las entradas que había pero no el publico que quería entrar, publico que ademas no tenia ningún interés en pagar la entrada, ni ninguna posibilidad de hacerlo, ya que en su mayoría se había gastado todo el poco dinero que tenia en cervezas y otras sustancias, o pensaba seguir gastando ese poco dinero en eso (cervezas y/o sustancias) y no en pagar una entrada.

Nosotros cerramos la puerta dejando a la policía observando y controlando a los punkis sin entrada, y a lo punkis observando a la policía (poco) y estudiando (detalladamente) la valla de acero que cerraba el acceso a la escuela y entonces... entonces empezó el lío...

Los punkis empezaron a colgarse de la valla de acero, empezaron a zaranderarla ante la atenta mirada y ultra-pasiva actitud de la policía desde el exterior, con los que no o bien no iba el tema o, mas probablemente, no se sentían con ganas de participar en lo que estaban seguro que se avecinada ;y de la anonadada, pero aun confiada, mirada nuestra desde el interior de la valla de protección. 

Nuestra mirada era confiada puesto que la valla había sido construida por nuestros mayores, seguramente calculada para resistir este tipo de comportamientos y peores, y  nosotros aun confiábamos en ellos aunque la observación de la valla y su comportamiento en el limite elástico empezaba a disminuir nuestra confianza en los cálculos realizados por nuestros mayores. 

Nuestra confianza disminuía por momentos, no solo en los cálculos de nuestros mayores puesto que ya estaba claro que la valla no aguantaría (no perderíamos la fe en sus cálculos en esta ocasión, si no unos años después cuando el laboratorio de geotecnia y mecánica del suelo se hundiría casi completamente por una mala cimentación) si no que también perdíamos nuestra confianza en el apoyo policial que, aparte de la presencia teóricamente disuasoria, no parecía que fuera a progresar ni aportar nada a resolver la situación.

Era el momento de reagruparnos, de replantear la estrategia y de tomar nuevas posiciones para evitar la catástrofe, casi inevitable ya, de la caída de la valla o al menos de su caída con un numero indeterminado de punkis sobrexcitados. Nadie quiere que le caifa un punki, sobreexcitado  o no, encima y mucho menos un grupo de ellos.

No conseguimos abrir la valla pero si retirarla para al menos permitir la entrada sin necesidad de la total destrucción de lo que quedaba de la misma, evitando a la vez algunos accidentes y todos los punkis sin entrada... entraron a la escuela y la mayoría de ellos entraron a ver el concierto.

La mayoría había venido a ver el concierto y ahora que habían conseguido entrar pues era el momento de hacer lo que habían venido a hacer. Claro que no todos habían venido a ver el concierto (si había que verlo lo verían) y para estos otros también era el momento de hacer lo que habían venido a hacer. Fuera lo que fuera, parecía que requería distribuirse por toda la escuela y en algunos casos incluía la destrucción a cabezazos de los aseos, taquillas y en general todo aquello que encontraban a mano y desprotegido.

Afortunadamente los baños de la planta baja eran numerosos y el destrozar los mismos, lavabos y retretes, a cabezazos les llevo un tiempo que nos permitió a nosotros “los pijos estudiantes de ingeniería” situarnos estratégicamente para evitar la dispersión, propagación, de los punkis por otras zonas la escuela.

A mi me toco colocarme en la escalera principal de acceso a la primera planta y como éramos pocos me toco quedarme solo con la idea de evitar que nadie subiera por aquella escalera; era la primera vez que trabajaba de “seguridad” de “portero” o de “controlador de acceso”, como queráis llamarlo. 

Es verdad que no soy un tipo grande, para los estándares de los porteros soy mas bien un tipo pequeño, y en aquella época, hace 28 años, era mas pequeño - aun no había dado el estirón a lo ancho que daría luego - pero la verdad es que tampoco era pequeño comparado con los mal alimentados punkis; tampoco era un tipo con una imagen intimidante, de hecho en aquella época vestía, casi exclusivamente, con pantalones de pintor, confucios y camisetas de buen rollo de Phineass, vamos que era mas bien un hippie a los que los que los punkis tenderían a no respetar (ya sabéis “matar hippies en las Cies..” y todo eso) sin embargo me pareció un trabajo fácil y nadie paso, ni intento mas de un segundo, pasar por aquella escalera.


Si, ya veis, un aspecto aterrador, especialmente haciendo malabares.

La verdad es que bastaba con estar allí, fumando tranquilamente (si, en aquellos días se podía fumar no solo en la escuela si no incluso en clase; siempre recordare a Osuna mi profesor de hidráulica que nos explicaba la capa limite y otros fenómenos hidráulicos, con las volutas de su puro de después de comer), y decirle a la gente, con mucha educación, que no podían pasar. 

Es verdad que algunos, especialmente los grupos con chicas e incluso alguno especialmente bajito, se podían un poco pesados con lo de pasar y decían cosas como “pues yo pienso pasar” , “tu no vas a impedirme pasar”, “quien te crees que eres jod**** im***”, “tu eres un m*** y voy a pasar, así que apartate ca***” y cosas así... pero nada que no se pudiera arreglar educadamente con una frase corta tipo “a mi me pagan para que no pase nadie, por algo será. Tu veras”, eso fue suficiente en todas las ocasiones.

En otras zonas de la escuela tuvieron mas problemas e incluso algunos punkis lograron acceder a algunas zonas que se suponían protegidas, pero ninguno por mi escalera, lo cual, considerando que era la principal, que yo estaba solo y que no podía ser considerado como especialmente amenazador no estuvo mal.

Del concierto en si, no os puedo contar nada ya que me pase toda la noche en aquella escalera fumando tranquilamente. Si me hubiera apetecido ver a Kortatu, que si tenían un punto de diversión entretenido con ese himno que decía “.... mañana sol y buen tiempo...”;  perderme a la Polla no me importo lo mas mínimo ya que me parecían, y no he cambiado de opinión, una autentica basura mala y tan pesadamente reivindicativa como aquellos cantautores de mis mayores. Eso si, el concierto fue un éxito económico que unido a una huelga, por la ley de atribuciones, que se declaro en la ingeniería nos permitió, a prácticamente todo culturales, marcharnos de vacaciones durante unas semanas en unos Land Rover a Galicia. Pero, si eso, ya os lo cuento otro día.

Podría parecer, por el titulo, que mas o menos me hubiera dedicado a ser portero durante todos estos años así que conviene aclarar que eso es completamente falso. La verdad es que como ese fue el ultimo concierto de Caminos yo no volví a ejercer de portero en Caminos (puede que en alguna fiesta, si volviera) y no seria hasta 1999 cuando volvería a ponerme, ocasionalmente, en la puerta del Morgenstern o en el interior del mismo.

Básicamente el trabajo en el Mogenstern era en gran parte lo contrario de lo que se espera de un portero ya que no consistía tanto en controlar el aforo como en conseguir que la gente no hiciera ruido en la calle para no llamar la atención de la policía e incluso que se estuvieran callados en el interior cuando habíamos llamado su atención a latas horas y habíamos encerrado a todo el mundo dentro pidiendoles silencio (algo que bajo ningún concepto debe de hacerse, ni debe de responderse como alternativa si os lo preguntan en el examen, a menos que seáis vegetarianos en cuyo caso, puesto que suspenderéis de todas maneras, podéis contestar con sinceridad). No, casi nada de lo que hacíamos en el Morgenstern, salvo evitar las broncas, debe de realizarse conforme a ley pero eran otros tiempos e incluso nosotros aramos otros. Pero, si eso, ya os lo cuento otro día.


Aunque parezca increible, me da pena lo de dejar de tener carnet de portero. No se, renunciar a esto es un poco renunciar a parte del pasado, es un poco traicionar a alguno y distanciarme de cosas que realmente me importan pero asi son las cosas y ademas siempre me quedara la capacidad porteritl del cotilleo. ¿no?