sábado, 28 de mayo de 2016

Comentario de textos - Mayo 2016


Señales de Humo – Rafael Reig
El impresor de Venecia -  Javier Azpeitia
La Cata – Roald Dahl
Avenue of Mysteries – John Irving
¿Has tenido familia alguna vez? – Bill Clegg
Los impunes – Richard Price
Relatos tempranos – Truman Capote
La mano de Dios – Philip Kerr


Si el mes pasado llegaba tarde, tarde, a esta cita con mis comentarios este mes me Adelanto y empiezo a escribir esto en una mañana de sábado cuando todavía no ha acabado mayo, como además ayer empezó la Feria del Libro y todavía quedan tres días de mayo existe la posibilidad de que todavía debiera añadir algún libro a esta lista del mes. En cualquier caso como dudo que visite la Feria en fin de semana (nunca se sabe), como ya hay bastantes en mi lista y como además en ella están un par de ellos de autores conocidos (conocidos por mi, personalmente quiero decir) he decidido escribir antes de tiempo y quien sabe igual a alguien le sirve para decidirse por comprar alguno de estos libros en la feria.

Aunque, creo que innecesario decir cuál es el que creo que deberíais de compraros – no debería haber duda al respecto – cambiare mi habitual orden cronológico para mencionar que una compra obligatoria, sin el “casi” que suele ponerse, debería ser: Señales de Humo. Si alguno tenéis un hermano mayor sabéis que precisamente – pese a la creencia popular – este sería un motivo para no hablar bien de él, ya que a) las relaciones con alguien con quien has compartido habitación obligatoriamente desde pequeño no son las mejores referencias para llevarse bien y mucho menos para hablar bien de él; b) si te ha tocado vestirte con las ropas heredadas, de segunda mano vamos, o jugar con los juguetes que el ya había roto o manipulado (razón por la que supongo mi juego favorito de pequeño era el QuimiCefa ya que la escasa afición de mi hermano por la ciencia practica – no así por la teórica que siempre le ha gustado, pese a no estar claro que su entendimiento de la misma sea correcto en algunos casos – me permitía tener un juego de primera mano) tampoco ayudan a apoyarlo y c) (citando al propio autor, con recelos por los motivos anteriores) está muy bien saber, e incluso reconocer, que algunas personas son geniales, que tienen más cultura que tú, que escriben mucho mejor y que, así en general, puede que incluso sean más inteligentes. Todo eso está muy bien pero sería mucho mejor si fuera una persona desconocida, a ser posible de un lugar lejano, y no alguien a quien conoces. No, que sea alguien a quien conoces mola poco, que se a tu hermano no mola nada: mucho mejor si fuera alguien de la sierra de Cazorla o de Babia. Pero en fin, esto es lo que hay… el único consuelo es que gracias a la dedicatoria tengo una prueba de que al menos en cuanto a códigos se refiere claramente le supero.

En cualquier caso se trata de un libro brillante, con partes que son más que excelentes que justifican totalmente la compra del mismo – incluso justifican la compra de dos ejemplares: uno en una tienda que puntué para las listas de éxitos de la prensa y otro en la Librería Fuenfría de Cercedilla para llevárselo dedicado y también para apoyar económicamente al autor de cara a nuevas novelas, aunque con partes que se hacen un poquito más espesas. Supongo que esto último, lo de que haya partes “mas espesas” puede hacer dudar a alguno pero si pensáis en el libro como en un disco – algo de lo que me costó mucho convencer a mis padres cuando era pequeño para conseguir que me subvencionaran la compra de discos de forma parecida a como subvencionaban la compra de libros – es evidente que hay discos excelentes aunque todas sus canciones no lo sean, de hecho yo tengo muchos discos (creo que todo el mundo debería tenerlos ya que algunos son obligatorios) que solo tienen una canción excelente, una canción justifica todo el disco, incluso a veces toda la carrera musical de un artista (conste que este no es el caso del libro, ni del autor, que, puedo decir, que tiene mucho más que una canción).

Imagino que puede leerse como un libro de texto, de crítica o teoría literario que es en la zona en la que absurdamente, seguramente por alguna rencilla personal, los de La Casa del Libro han decidido clasificarlo como tal y relegarlo al sótano en lugar de ponerlo en exhibición con las novedades pero yo me lo he leído como una novela (como leo casi todo, salvo la poesía) que creo que es lo que es. 

Vale que es una novela con un tema, la narración, que al fin y al cabo no es más que “Por eso la narración es el depósito de lo que sabemos o creemos sobre nosotros mismos y sobre cómo debemos vivir nuestra vida” e incluso tal vez con una tesis: “No hay que ser uno mismo, gente del provenir, por mucho que lo repitan los poetas y las compañías telefónicas: hay que ser otro, todos los demás”, es decir algo más que la solidaridad: la compresión del otro, la identificación con él, el conocimiento de que formar parte de algo mayor que uno mismo y en consecuencia como se ha adaptado la forma de contar historias, lamentablemente, en el sentido contrario hasta llevarnos a esa individualidad/insolidaridad que es la señal de identificación de estos tiempos (incluso entre las personas solidarias, que lo son, en muchos casos, precisamente por no identificarse con los que son solidarios, si no por sentirse/saberse diferentes).

Se trata asimismo de un libro sumamente culto en el que se nos recuerdan (mejor, se nos enseñan) curiosidades como que (ya sabéis quienes) “se limitaron a llamar waterboarding a lo que en la edad media se conocía como tormento de toca y agua, inventado por la Inquisición, ya que tenía prohibido derramar sangre o mutilar” probando que ni siquiera en las cosas malas hemos avanzado tanto como pensamos o incluso probando que siempre, en cualquier área del conocimiento, hay que conocer a los clásicos; incluso nos recuerda ciertos desatinos que han llevado hasta nuestros días con fuerzas renovadas como “hasta comer sin sal, que, como todo el mundo sabía, era cosa que solo hacia el Maligno, pues cuantos participaron en algún aquelarre confesaron (bajo tortura en general) que en los banquetes del Diablo ningún alimento llevaba sal, lo que les hizo incomodo tragarse aquellos manjares”, desatino aconsejado actualmente por gran parte de la profesión médica incluyendo a mis médicos. No puedo evitar señalar que si bien creo que todo lo recogido en el libro puede ser cierto tengo mis dudas sobre algún detalle concreto como ese de que Cervantes “En 1580, tras cinco años y un mes cautivo, desembarco cerca de Denia, en la playa de Piles” ya que la ubicación concreta me parece una pequeña licencia poética o, más probablemente, un guiño a la propia historia familiar.

Con todo, incluso con el prisma deformante del odio de un hermano pequeño, un gran libro cuya mayor pega – que seguramente se hará famosa, en algunos círculos – es la errata en un verso de Vallejo que proporciona al verso un giro casi surrealista (vinculándolo de forma extravagante con el mundo de la moda) que pese a todo resulta comprensible e incluso divertida.

El cuento La cata, lo compre para regalárselo a mi amigo Muñoz que ahora anda metido en medio de un divorcio y viviendo en un apartamento provisional en el que obviamente solo tiene algunos libros de esos de aeropuerto o estación sobre gestión empresarial y cosas igualmente absurdas. No es que crea que antes de su divorcio tuviera algún libro decente  en su casa y sé que no es lo que llamaríamos un lector por lo que realmente regalarle un libro es algo que no tiene demasiado sentido salvo el de regalarle a alguien algo que nunca se compraría el mismo. Dahl es un autor que yo siempre recomiendo para aprender a leer en inglés, me parece fácil de leer y sus historias siempre son entretenidas con ese puntito británico de mala leche y aunque este estuviera traducido estaba ilustrado lo que obviamente siempre le da un puntito para aquellas personas no excesivamente lectoras y precisamente este libro va (bueno, no es exactamente que vaya de eso) sobre una de las pocas aficiones confesables de Muñoz: el vino, la cata de vinos y eso de distinguir un vino de otro. No hace falta decir que el cuento, como casi todos los de Roald Dahl, es entretenido y aunque ya lo hayas leído siempre se disfruta de la relectura por lo que antes de regalárselo me regale una relectura del mismo y no sé si es por eso, o solamente porque mi memoria anda cada dia peor, por lo que el otro día que estuve con él se me olvido regalárselo pero en breve espero acordarme y que su casa, aunque provisional, tenga un buen libro (o al menos un buen cuento).

Azpeitia es amigo de mi hermano Rafa y por lo tanto más o menos amigo y conocido de toda la familia, siendo además uno de esos amigos que a mi hermano le molesta un poco  – a la vez que le agrada mucho – que sean buenos escritores de su misma generación y que como él dice ya podrían haber nacido más lejos y no ser uno de tus amigos para poder o envidiarles u odiarles tranquilamente sin los problemas de la amistad. Dado lo rápido que cambian las novedades en las librerías , casi más que la ropa en un Zara o en un Primark, es posible que si no hubiera sido por Rafa la edición de este libro, El mercader de Venecia, se me hubiera pasado entre mis visitas a mis librerías de referencia y hubiera sido una pena ya que todo lo (poco) que he leído de Xavi (si, en la familia le llamamos Xavi) me ha gustado (si recomendara libros, recomendaría, sin lugar a dudas, la lectura de Ariadna en Naxos). Si bien suelo decir que me gusta más como poeta que como narrador esto es solo porque tengo un incunable suyo (un borrador único, o casi único, de Miedo a perder la memoria) que no está entre mis  posesiones mas preciadas y sobre la base del que a veces estoy a punto de que Azpeitia es el mejor poeta actual hasta que obviamente me acuerdo de Nogales,  al que por mucha amista que haya hay que llamar Don Pablo Nogales, que sin lugar a dudas y pese a ser poco practicante se ha ganado el derecho indiscutido a ese titulo.

En cualquier caso se trata de un libro muy bueno al que tal vez le pasa algo parecido a lo que le pasa al manual de Rafa y es que a ratos resulta demasiado culto lo que si bien no lo hace difícil de leer sí que te crea un cierto sentimiento de incultura y de estar perdiéndote referencias y conocimientos esenciales (como con esa imprecación de “por Hecate” que esta por todas partes casi como una celebración de amigos borrachos o la posible broma/parecido con la editorial Ancora y Delfín en la que estoy seguro que hay mucho más de lo que yo he sabido captar). No solo está muy bien escrito y refleja un amor impresionante por los libros, aquí más centrado en el oficio necesario para la edición del libro (el impresor) que en la literatura en si como en el caso de Rafa si no que ofrece visiones alternativas de imágenes y cosas que merecen la pena: “¿Has visto como pintan a la Virgen, pisando una víbora? No es que se esté peleando con ella, eso son engaños para cristianos: la víbora es parte de ella y la pisa para que no ataque. Si la suelta estas perdido”; reflexiones que no dejan de ser de actualidad: “Sera un infierno y será horroroso y lo que tú quieras, pero cuando te pones a hacer cuentas, al final de las crisis siempre se gana más que en las bonanzas, aunque sea vendiendo la cuarta parte. Ya lo dice el refrán: Vaca flaca engorda al amo” que a su vez se basan en ciertas premisas de la desigualdad inherente a las relaciones laborales en las que se los poderosos pueden afirmar que “el jornal es el dinero mejor invertido, te da esclavos convencidos de que son libres”.


Un gran principio de mes, con estos dos libros excelentes por derecho propio y no por ser de familiares y conocidos pese a lo que pueda parecer que merecían ser seguidos por uno de mis (y de una supermodelo de los ochenta, de nombre Claudia) clásicos personales: John Irving y su Avenue of mysteries. Si, así en Ingles, ya que pese a que ya estaba la traducción disponible y esperándome en mi librería de referencia, ya sabéis la Librería Méndez de la calle mayor, y seguramente habría llegado también a la librería Fuenfría de Cercedilla, decidí pedirlo a Amazon para poder leerlo en inglés ya que nunca es lo mismo y en algunos autores la versión original es, si es posible, necesaria. De Irving lo he leído todo, incluso un libro que el mismo se permite referenciar en este diciendo que es un libro que no ha leído casi nadie (probablemente Claudia no lo haya hecho) y todos (salvo uno), incluso ese que no le ha gustado a ninguno de mis conocidos, me han gustado. Por eso me extraña tanto que esta vez no haya sido ni tan siquiera capaz de acabar esta novela, que he dejado cuando llevaba tres cuartas partes, y me temo lo peor que no sea culpa suya si no culpa mía, que haya cambiado últimamente más de lo que había imaginado que había cambiado. Igual simplemente no era el momento para este libro y para mí pero me duele no haber sido capaz de acabarlo.

Pese a no haber podido terminarlo, Irving siempre tiene reflexiones que comparto como la que hace sobre la reescritura de la vida, ya sea en modo de biografía o de simple historia, ya que toda biografía y en cierta medida casi cualquier historia – Rafa dixit, creo – es en gran medida póstuma, como también lo son los recuerdos o los sueños: “The way you remember or dream about your loves ones – the ones who are gone – you can’t stop their endings from jumping ahead of the resto of their stories. You don’t get to choose the chronology of what you dream, or the order of events in which you remember someone. In your mind – in your dreams, in your memories – sometimes the story begins with the epilogue.”

¿Qué haríamos si toda nuestra familia muriera y nos quedáramos completamente solos?¿Cómo reaccionaríamos ante ese puñetazo de dolor Está son las preguntas con las que la contraportada presenta el libro ¿Has tenido familia alguna vez? Y por razones obvias que no vienen al caso de momento y que tampoco hay que repetir ya que mis pocos lectores ya sabéis a que me refiero pues me tentaron a comprarlo. Leído el libro y comparando este con la contraportada solo puedo darle una vez más la razón a mi hermano cuando explica lo extraño que resulta que la gente compra sus libros precisamente por lo único que él no ha escrito: la contraportada, que habitualmente escribe la editorial más con un interés comercial que con uno de reflejar la realidad del libro al que acompaña. Cuando esto ocurre, como es este caso, todo el libro sea bueno o malo se ve desvirtuado (al menos para mí) y uno se queda con un mal sabor de boca que ni siquiera la coincidencia con ciertos planteamientos pueden paliar: “En general, he hecho las paces con mis errores, pero a menudo me tropiezo con un recuerdo y me tumba”.

Estoy seguro, es inevitable y en gran medida coincido, que eso de comprar algunos libros en el idioma original es una pedantería, incluso una pedantería innecesaria pero precisamente en este libro (y en otros) además de la falta de coincidencia entre la contraportada y el contenido se detectan algunos problemas de traducción que parecen indicar que posiblemente el original tiene otro sonido, otro ritmo (otro tropo que diría un poema de Vallejo sin errata) que lo mejoran ya que leer algo como  “… con los familiares sonidos del chicle de la Madonna de los ochenta…” ciertamente hace daños a mis odios y si traducimos (probablemente) “Bubblegum music” por chicle cuando menos nos perdemos cuando no nos enfadamos directamente.

Esto de la traducción es aún más importante cuando precisamente una de las características del autor es su uso del lenguaje, del lenguaje de la calle, su uso precisamente la seña de identidad, es lo que da credibilidad a la novela. En estos casos esto tiene que estar mucho más cuidado, por lo que leer algo como “Un cenicero en el que se acumulaban los restos de cinco filtros de Kool y la capa de un puro vaciado de picadura de la que aun colgaban unas cuantas hebras de sativa” entiendo que para describir un cenicero en el que había colillas y los restos de un porro en una novela de un escritor que se supone refleja el lenguaje callejero es cuando menos preocupante. Esto es exactamente lo que pasa en Los impunes, que es una novela correcta aunque nada deslumbrante en el planteamiento pero que se supone escrita por uno de los guionistas más cotizados por su verbo callejero en estados unidos. Me cuesta creerme que la frase suene ni medio parecida en inglés, que tenga las mismas implicaciones, el mismo “trapo”… aunque todo es posible y puede que no sea problema del traductor. Nunca se sabe pero las otras novelas que he leído de Price sin traducir si tienen ese sonido callejero y esa credibilidad en el lenguajes, o mejor dicho en la adaptación del lenguaje a los personajes.

No tengo muy claro que me llevo a seleccionar Cuentos tempranos de Capote entre los libros que había. Supongo que fue simplemente su estatus de autor clásico, casi de lectura obligatoria, ya que creo recordar que otros cuentos que había leído de el no me habían gustado especialmente (excepción hecha del obvio) si bien si me gustó muchísimo un libro de entrevistas que leí hace tiempo y en el que en lugar de entrevistar a Marilyn entrevistaba a su asistenta (o criado, que eran otros tiempo). En cualquier caso el calificativo de tempranos me tenía que haber hecho desconfiar, precisamente por su sinceridad ya que esto es lo que son: unos cuentos tempranos, de un principiante que apunta maneras pero que no tienen nada especialmente remarcable. Se leen bien, sin problemas pero creo que solo tienen, si es que tienen alguno, un interés para fans o para estudiosos. Ahora mismo soy incapaz de recordar ninguno que me haya dejado la más mínima huella, lo cual es realmente pobre, y ninguno de ellos me ha hecho tomar una nota de una idea o frase interesante (que por otra parte es la única forma que tengo de conseguir recordar algo entre la lectura y la escritura de estas lecturas).

Hace un par de años tenía dudas sobre si Philip Kerr era de verdad aficionado al futbol o de si sencillamente, después de su serie de éxito sobre un investigador privado en la Alemania nazi, había decidido hacer una especie de tour de forcé y escribir una novela sobre un tema que a priori podría prestarse poco a desarrollar una buena novela: el mundo del futbol. Digo esto no porque crea que el mundo del futbol carezca de los elementos para hacer una novela negra ya que otra cosa no le faltara pero dinero, corruptelas, drogas, mafias, en fin todos los elementos para una novela (o una serie) negra los tiene sí no más bien en el sentido de si puede leerse con placer una novela sobre futbol (no, no me refiero a una novela en la que el futbol sea un añadido, como en la de Rafa, o como los cuentos aquellos de Rafael Verdu), me refiero a una novela negra en la que los personajes sean futbolistas y que realmente sea sobre futbol.

La duda se me quito cuando leí Mercado de invierno, la primera novela de la serie del entrenador investigador privado Scott Manson, que era una novela negra muy maja, pero pensé que se debía precisamente al oficio de Kerr y que era una casualidad. Pero parece que no, ya que La mano de Dios me ha parecido una novela excelente y eso que – como si fuera una novela cultureta – estoy casi seguro de que me he perdido casi todas las referencias de la novela, y seguramente cosas que mucha otra gente hubiera captado sin ningún problema. La verdad es que resulta un poco cabreante confirmar que existe otra cultura de la que yo no tengo ni idea, que existe otro tema en el que soy enciclopédicamente inculto. Es incluso un poco más cabreante perderse las referencias de una cultura – que para mal en mi opinión – es mucho más extendida, más social, más común que la cultura minoritaria, esa cultura con mayúsculas que comparten seguramente la mayor parte de mis contemporáneos pero que a mí me resulta totalmente ajena pero que existe (pero si hasta hay un santo de los jugadores de futbol: San Luigi Scrosoppi se llama el santo y ). En cualquier caso si bien la novela no me ha dado ganas de aprender más de futbol (ni siquiera el conocer a Paul Heaton, un verdadero fan del futbol y un genio de la música, y la posibilidad de comunicarme un poco más con un él lo consiguieron) he de reconocer que es la típica novela muy entretenida como no esperaba menor de Kerr y al menos yo, de momento, seguiré leyendo las de la serie.

Pues nada, acabo aquí mis libres del mes de forma anticipada y curiosamente con tiempo para ver la final de un torneo de fútbol (creo que la Champions) que parece que se juega en breve entre el Real y el Atleti… curioso y con tiempo, pero no lo suficientemente curioso como para verla. Ya me informare mañana (inevitablemente) y ya, si eso, más adelante intento solventar mis lagunas oceánicas de incultura futbolera.


sábado, 14 de mayo de 2016

Comentario de textos - Abril 2016

Los diarios de Adán y Eva – Mark Twain
El arte de tener razón – Arthur Schopenhauer
El loro de Flaubert – Julian Barnes
La mitad de la verdad – Zygmunt Miloszewski


Voy con retraso, voy con retraso casi como aquel conejo de “llego tarde, llego tarde”. No solo para escribir sobre mis lecturas mensuales si no que “llego tarde, llego tarde” para escribir sobre otras cosas que era la intención original, prácticamente incumplida, de este blog (lo de los libros era solo una excusa, copiada de Nick Hornsby todo sea dicho, para intentar coger un poco de ritmo).

“llego tarde, llego tarde” me repito, incluso un poco más desde que ayer Facebook me recordó que hace tres años que empecé este blog. ¿Tres años, tres? (como las hijas de Elena, que también eran tres, y ninguna era buena). Tres años parece una barbaridad de tiempo, sobre todo para haber compartido tan pocas historias, recuerdos o paridas como tengo la sensación de haber compartido.

Ciertamente tengo la sensación de no haber contado prácticamente ninguna historia, casi ningún recuerdo (o del revés ya que si tengo que fiarme de los comentarios recibidos parece que mis recuerdos son más bien historias y no cosas que han sucedido o que no han sucedido como yo las he contado. Todo mentira, todo sucedió casi exactamente como lo he contado) y pocas o ninguna paridas. Además en estos tres años han pasado cosas de las que podría haber hablado: me he mudado de casa, he cumplido cincuenta años, he vuelto a ver a Lourdes en un bar casi de noche, he visto a amigos de la infancia que no veía desde que éramos enanos (o adolescentes), he visto buenos conciertos, me he hecho  director de un par de asociaciones técnicas, he trabajado poco (por aquello de la crisis, la social y la mía personal), me han fascinado algunas chicas y “casi” he llegado a enamorarme de ellas, he dejado de ver a otras personas importantes para mí y prácticamente he firmado un contrato editorial para un libro técnico (no lo he firmado porque aún tengo que escribirlo y la presión nunca es buena para nada salvo para procrastinar). En fin, lo normal en tres años: han pasado cosas y otras que deberían haber pasado, pues no han sucedido o han sucedido y yo las he olvidado o ni siquiera las he recordado: sigo sin tener tocadiscos, mi abuela sigue viva y todavía tengo un cuadro sin colgar en mi casa (bueno, esto último no ha sucedido no porque no lo haya colgado – que lo he colgado dos veces – si no porque el bricolaje y yo, como las manualidades y la pretecnología que hacíamos en el colegido de pequeños, no nos llevamos bien y yo lo cuelgo y él se cae).

Tres años dice Facebook y gracias a los servicios estadísticos de este sitio en el que “alojo” mi blog veo que es verdad y compruebo que mis entradas en conjunto han recibido más de diez mil visitas (incluso descontando las 28 que recibí ayer directamente desde el Facebook por “compartir” el recuerdo), una cifra que se me antoja increíble incluso descontando las mías propias que no deberían estar incluidas pero nunca se sabe.

Más increíble incluso se me antoja que haya escrito cuarenta y nueve entradas (con esta cincuenta) ya que eso quiere decir que hay unas trece que no son mis entradas mensuales sobre libros (eso es más del veinticinco por ciento). Es decir que piense lo que yo piense, tenga la sensación que tenga, parece que una de cada cuatro entradas que he escrito trata sobre algo distinto a los libros que he leído en el mes y teniendo en cuenta que cuando escribo de libros a veces también comparto algún recuerdo o parida pues algo he debido de compartir aunque, si alguien me preguntara que, le diría que no tengo ni idea, que no he compartido prácticamente nada y que “llego tarde, llego tarde” para el objetivo de compartir recuerdos, paridas y otros.

Pero parece que no tanto, que algo aunque yo no lo recuerde sí que he compartido. Tendré que releerme para averiguar qué cosas he contado y confirmar si eran verdad o no; igual van y tienen razón los amigos que me dejan comentarios (aunque lo dudo).

En cualquier hoy toca hablar de libros y lo primero – aunque seguro que los más observadores, viendo los títulos, ya lo habéis notado – es hablar de su procedencia, que no es otra que la librería Fuenfría de Cercedilla, mi librería de referencia a distancia ya que soy un maldito vago que no se acerca por allí y que prefiere seguir aprovechándose de su hermano mayor para el trabajo sucio de acercarme los libros hasta la civilización, incluso a riesgo de dejar en sus manos la selección de los mismos; y espero que la vuestra, vuestra librería de referencia, con visita al librero tarambana que además ahora tiene nuevo libro publicado lo que justifica que os acerquéis (una vez más, espero, aunque si no pues que os acerquéis por primera vez) y os lo llevéis dedicado con un cariño proporcional al número de cañas o vinos que toméis con el autor (que por cierto os puede firmar libros de otros autores sin ningún tipo de pudor y con una calidad de falsificación envidiable como prueban los numerosos libros firmados – hasta por Dickens – de la biblioteca de mis padres).


Supongo que un poco excesivo considerar Los diarios de Adán y Eva como un libro, mucho mas como dos libros separados por mucho que estén escritos con trece años de separación, ya que no pasan de ser dos divertimentos del autor, obviamente innecesario explicar que en forma de diario de los mismísimos Adán y Eva, fundamentalmente de sus primeros días juntos. Machista, misógino, políticamente incorrecto son adjetivos que, con mayor o menor acierto se pueden aplicar a ambos textos sobre todo si uno se dedica a la lectura literal o textual (en el sentido de sin contexto) ya que además de decir frases que pueden ser clasificadas de auténticas barbaridades deja entender cosas que incluso son más barbaridad en el sentido de ser todavía más estereotipo pero… la verdad es que, como todas las exageraciones de los estereotipos y pensando, muy generosamente, que la forma de pensar que reflejan estos sin cosa de otros tiempos resulta divertido, incluso a ratos bastante divertido. Inevitablemente, como una caída aparatosa de un desconocido o desconocida en la calle, divertido pero no apto para todos los públicos (feministas reivindicativas y literales deberían abstenerse de su lectura, en mi opinión).

Después de un divertimento me sentía capacitado, al menos todo lo capacitado que iba a estar, para enfrentarme a El arte de tener razón, para enfrentarme al mismísimo Schopenhauer y a un texto de filosofía, aunque fuera solo a un opúsculo. La primera sorpresa de su lectura proviene de cuando se intenta explicar el título del libro, argumentando la diferencia entre tener la razón y llevar la razón para decir que el libro trata de estrategias para llevar la razón, que no para tenerla que obviamente no es el objetivo de la dialéctica erística (que al parecer es el título original del dichoso opúsculo). Todo muy bien explicado pero… ¿no debería tener, por lo tanto, otro título el libro? No sé, igual me he perdido algo o realmente es que a mí la filosofía me confunde sobremanera. En cualquier caso y por no faltar a la verdad reconoceré que solo me he leído la parte central del libro – la escrita por el mero Schopenhauer – las estratagemas para tener razón, y que he obviado todo el análisis final del editor (casi la mitad del libro).

Las estratagemas si bien son divertidas, a la par que conocidas en su mayoría, y pueden observarse en directo en casi cualquier conversación o debate de actualidad algunos detalles quedan obviamente invalidados por el cambio de lenguaje y de su significado, como: “si el adversario ha propuesto un cambio cualquiera, denomínalo innovación, pues esta palabra es odiosa” siendo desde hace algún tiempo la palabra innovación una de esas palabras mágicas que se convierten en un lugar común para decir chorradas como la sinergia en los años ochenta o la economía circular en los próximos años.
Por otra parte hay cosas con las que sencillamente estoy en desacuerdo con Schopenhauer (tranquilamente, de filosofo no practicante a estrella de la filosofía) , al menos con su forma de expresar alguna idea y con la generalización que realiza para rebatir algunos conceptos como el del argumento de autoridad llegando a afirmar que “… quien hace profesión de una cosa no a ama a la cosa, sino a su ganancia, ni que quien enseña una cosa raras veces la conoce a fondo, pues a quien la ha estudiado a fondo generalmente le queda poco tiempo para enseñar”; mientras que con otras no puedo estar más de acuerdo, pese a su obviedad: “lo que es cierto en teoría tiene que serlo también en la práctica: si no lo es, hay un fallo en la teoría, se ha pasado algo por alto y no se ha tenido en cuenta, y por consiguiente también es falso en la teoría”. Amén a eso Bro Schop (ya, ya sé que es Schopi para los amigos filósofos pero, pese a la lectura de este opúsculo, no me incluyo entre ellos).

Entre las revistas técnicas que leo siempre hay un par de artículos (venga, confesemos la verdad y digamos que más de uno en cada número) de las que ni siquiera consigo entender el título, el título del artículo no me proporciona ninguna información sobre el contenido del artículo, mas allá de la información obvia de que me voy a perder en su lectura. Pese a esta suposición educada de que si no entiendo el título no merecería la pena leer el artículo, muchas veces lo leo y (sorpresa, sorpresa: soy un poco tarado) a veces incluso me entero de algo interesante o por lo menos consigo entender el título (que no es poco). Pues algo parecido me ha pasado con El loro de Flaubert, que seguramente será tan famoso como la madalena de Proust pero que yo no tenía ni idea de a que se refiere, problemas de mi incultura enciclopédica. No tenía, ni tengo, ya que después de leer el libro sigo sin tener una idea clara de que cual es el significado del loro. Lo que si tengo claro es que  yo no clasificaría este libro como una novela, bajo ningún concepto pensaría o diría que se trata de una novela. Puede que sea porque ahora mismo estoy escribiendo para un blog (dicho así parece que a veces escriba para otras cosas, y no… salvo algunas veces, pocas) pero a mí me parece una recopilación de posts sobre Flaubert, muy cultos, muy variados, muy eruditos (seguramente),  algunos entretenidos e incluso algunos sobre loros o sobre El Loro, pero a un mundo, o a una categoría, de mi concepto de novela.

La ultima aportación del librero tarambana es tal vez la única novela que podría haberme comprado yo mismo si la hubiera visto en la librería ya que la verdad es que las anteriores nunca hubieran sido seleccionadas por mí en el mostrador de una librería (bueno, no nunca que puede que en momentos de mucha necesidad las hubiera seleccionado ya que como dice el dicho “nunca digas de esta agua no beberé ni este cura no es mi padre”). Debo aclarar que digo esto como algo positivo y no solo para que Rafa me siga evitando la necesidad moral de subir hasta la librería Fuenfria de Cercedilla si no porque realmente pienso que resulta sumamente enriquecedor el leer cosas (u oír música, o ir a sitios, o, en general, hacer cosas) que uno un hubiera elegido por uno mismo, al fin y al cabo todos tenemos una tendencia natural a seleccionar siempre cosas parecidas lo que nos empobrece (siendo esta precisamente una de mis quejas sobre los buscadores de internet y en general de los seguimientos automatizados de noticias: que solo nos dan lo que queremos ver o lo que nos ha interesado antes. Pero divago, si eso, ya lo despotricamos del uso de la tecnología otro dia).

La mitad de la verdad es una novela, la primera de este mes, y no solo porque lo diga la contraportada si no porque tiene una historia, unos personajes, una narración (ya, ya sé que esto es una simpleza de lector principiante y que en los talleres literarios construyen novelas sin personajes, sin historia y/o sin narración a base, como decía Rafa, de ajustar piezas con llaves inglesas y con monos de trabajo llenos de grasa). Vale, es una novela pero por mucho que se empeñe la contraportada no es una novela negra. No señor, no todas las novelas en las que hay asesinatos son novelas negras; el hecho de que maten a un par de personajes o de que alguien investigue esas muertes no transforma una novela en una novela negra. No para mí. Tampoco creo que una novela se transforme en negra por introducir unas cuantas frases negras de las que esta novela carece salvo cuando se refiere a un eslogan de la Dirección de Trafico de Polonia que en primavera y para prevenir las bravuconadas de los motoristas lanzo una campaña con el slogan “Con la primavera llegan los vegetales” e ilustrada con accidentes de moteros que se habían quedado en estado vegetativo.

No sé, no tengo claro lo que convierte a una novela en una novela negra, supongo que es la suma de muchas cosas entre las cuales está sin duda el reflejar adecuadamente a parte de la sociedad (normalmente pero no necesariamente marginal) y hacerlo con credibilidad (igual esto es simplemente lo que diferencia una novela buena de una mala). No lo sé, pero cuando una novela incluye cosas como: “Los teloneros empezaron con bestiales temas punk-rock, para luego pasar a un estado más melódico tipo Iron Maiden” pues como que a mí me deja fuera de lugar y me hace difícil otorgarle la credibilidad necesaria para considerarla una buena novela.

No, no porque no pueda ser creíble que un grupo empiece con bestiales temas punk-rock y luego pase a algo más melódico tipo Iron Maiden, que todo puede ser y que grupos malos y descentrados hay muchos y es posible, incluso, que esto esté tomado directamente de la crónica real de un concierto en Varsovia pero…. No es el momento de discutir de crítica musical, si eso, ya lo hacemos otro día que ahora “llego tarde, llego tarde” y tengo que pensar en alguna historia o recuerdo para mis próximos posts


domingo, 10 de abril de 2016

Comentario de textos - Marzo 2016


Hay que matar a Lewis Winter – Malcolm Mackay  
El matón que soñaba con un lugar en el paraíso – Jonas Jonasson
Memoria total – David Baldacci
Entry Island – Peter May

No tengo ninguna gana de escribir esta entrada sobre libros, preferiría escribir sobre otras cosas que tengo en la cabeza pero tampoco me siento con ganas de escribir sobre ellas, o mejor dicho: tengo ganas de escribir sobre ellas pero no sé cómo hacerlo, ni siquiera tengo claro si sería capaz de escribir sobre ellas. Sospecho que no, que no, que no sería capaz de escribir y que si supiera hacerlo no me gustaría escribirlo.

Lo que me gusta de escribir, como de casi todas las cosas, es que alguien se ría, que sea un poco más feliz, aunque sea durante unos breves segundos; si tengo la posibilidad de hacer un chiste, lo intentare: la posibilidad de hacer una broma es para mí como el color rojo para los toros (en la cultura popular ya que al parecer en la realidad los toros no reaccionan especialmente al color rojo).

Para mí el mejor momento de escribir es cuando veo a alguien – generalmente a mi hermana Helena – leyendo mi blog en su móvil y le sube una sonrisa a la cara o dice una de esas frases que prácticamente usa siempre conmigo (aunque no solo conmigo) y que forman casi el noventa por ciento de los comentarios que me dedica, tipo “eres más tonto” o “menuda chorradas que dices”. Sin embargo creo que últimamente tengo “menos gracia” y cada vez son más escasas las sonrisas que arrancan mis lecturas en mi hermana… necesito recuperar el buen humor que he perdido.

Por supuesto también son grandes momentos cuando alguien deja un comentario, aunque en general sea para decir que lo que cuento no sucedió como lo he contado, que ellos estaban allí (problemas de poner nombres completos de los protagonistas y  de esa afición que casi todos compartimos de buscarnos de vez en cuando en la red) y que nada de aquello sucedió como yo lo recuerdo. Lo cual me extraña mucho porque en general yo también estaba allí y os puedo asegurar que las pocas historias que os he contado sucedieron como os he contado (igual con algún detalle no del todo correcto). Todos sabéis de mi afición a la verdad (a los paréntesis) y a los datos verificados y sobretodo mi casi total, absoluta y literal memoria.

Tal vez por ello no quiera, no pueda o no sepa contar esas otras cosas que ahora están alojadas en mi cabeza; porque no hay casi ninguna forma de extraer una sonrisa de ellas y porque no quiero mencionar a ninguno de los personajes ya que son cosas que requieren un cierto control del flujo de información (que dicen en los libros que venden en los aeropuertos y que tanto daño han hecho a una generación convencida de convertirse en grandes gestores, bueno, en aquellos que no incrementan las capacidades psicológicas de sus lectores con una colección de tópicos de preescolar).

Sin embargo siento que por lo menos tengo que comentarlo para evitar que se quede estancado en mi cerebro (algo que en las opiniones medicas consultadas, y de acuerdo con estrenos TV, nunca no es una buena cosa) y aunque no lo cuente para comentarlo con nadie igual puede ayudar a justificar un poco de mi mal humor o de mi concentración de estos días (o de los próximos).

En fin, vamos a intentarlo.

Hay gente a la que nos resulta difícil etiquetar como amigos (no, no hablo del Facebook donde para etiquetar a alguien de amigo no necesitas nada especial; si no de la vida real), no son gente a la que llamarías un día que estas un poco abatido para salir a tomar una cerveza ni a la que llamarías para contarles un problema que sepas que no pueden solucionar y que sin embargo conoces desde hace más de la mitad de tu vida, los ves ocasionalmente y te preocupa que las cosas les vayan bien. Son ese tipo de gente que si te llaman para tomar una cerveza, aun cuando no sepas si están abatidos, quedas con ellos inmediatamente; ese tipo de gente que si te llama para pedirte que les soluciones un problema que tú no puedes solucionar, no dejas de intentarlo por esa pequeñez de que no puedas aportar nada. Ese tipo de buena gente con la que has tenido una cierta conexión pero que sin embargo no has llegado a conectar totalmente ya que vuestras vidas son completamente diferentes.

Incluso dentro de este grupo de gente hay categorías por lo que para terminar de definir a nuestro protagonista hay que decir que siempre le has tenido especial aprecio, un aprecio casi heredado ya que casualmente tu padre era amigo (amigo de los de verdad) de su padre y que habiendo muerto su padre hace mucho tiempo, cuando el protagonista era poco más que un chavalín y tu aun no le conocías,  esa amistad de los padres, esa preocupación de un padre por el hijo de un amigo, ese cariño (digamos) lo habías heredado, lo que le confiere cierto estatus especial en esa categoría.

El caso es que esta semana habíamos quedado a comer, con más gente ya que no llegamos no llega a existir esa amistad que te permite quedar de uno a uno, para charlar un poco de todo tipo de tonterías, y para arreglar el mundo o por lo menos para decidir que ya no tiene arreglo. Como siempre fue una comida, digamos agradable si bien como todas las reuniones de gente que se conoce desde hace mucho tiempo pero que no tiene tanto en común, digamos que confusa. Fue agradable y confusa hasta que nuestro protagonista hizo una pausa para contarnos que los problemas de huesos que últimamente le molestaban al jugar al paddel (somos hijos de los ochenta y esto se nota hasta en los deportes que practicamos, o en los que no practicamos), si bien si eran de huesos no eran cosas de la edad y de aquello de seguir haciendo deporte como si no hubieran pasado los últimos veinticinco años por sus articulaciones. No, se lo habían confirmado: tiene cáncer de medula ósea. Medula ósea, lo que lo hace inoperable aunque por supuesto tratable y él está convencido de que lo va a superar. 

Nosotros, yo por lo menos, también estoy convencido, no sé si de si lo va a superar pero por lo menos de que no le va a quitar las ganas de seguir viviendo y viviendo con calidad, viviendo como él quiere vivir.

Estoy convencido por que no puedo estar otra cosa, porque estoy seguro de que no se dedicara a la medicina alternativa (como el tonto el haba ese que acaba de morir por no tratarse el cáncer y confiar en los remedios naturistas) pero la verdad es que se me ha quedado estancado en la cabeza y no sé cómo sacar el dolor que ahora mismo siento, por él, por su mujer, por sus niños, y si también, egoístamente, por sus amigos o por los que no llegamos a ser amigos, amigos.

Estoy convencido y sin embargo me he quedado un poco abotargado (u otra cosa) y no puedo dejar de darle vueltas a ciertas cosas. Pero no sirve de nada pensar más en ello, así que a las lecturas que es a lo que hemos venido.

Mi primera lectura de este mes, Hay que matar a Lewis Winter, solo puedo clasificarla de sorprendente. Sorprendente por que como se escribe una novela negra en la que desde el principio sabes quién es el asesino, quien es el muerto, porque le ha matado, en fin una novela en la que lo sabes todo, no se oculta nada. Dicho así parece que no puede ser buena, no hay intriga ni nada de nada, salvo que hay de todo por eso es sorprendente porque sin recurrir a ninguna trama, ni trampa ni truco es una novela excelente. Con tensión, con una lectura fácil, entretenida. Verdaderamente sorprendente.

También resulta sorprendente, aunque no sea especialmente una gran novela y tenga un título realmente lamentable, El matón que soñaba con un lugar en el paraíso, una novela nórdica en la que lo que más sorprende es como resulta tan viable para ciertas culturas una variante de la religión católica que aquí, en esta España todavía carpetovetónica y ultra católica en su laicidad teórica, sería realmente inconcebible. Otros países, otras costumbres… una novela entretenida pero poco más que un divertimento y que después de haber vuelto a leer al detective loco de Mendoza pues no convence, o a mí no me ha convencido todo lo que debiera.

La verdad es que este mes he leído poco y de hecho llegue casi hasta Jueves Santo con tan solo estos dos libros, pero el miércoles por la tarde cuando estaba intentando hacer la compra para el puente decidí que en lugar de comprar comida me compraba un billete de tren y me marchaba para Piles a tomar un poco el sol o simplemente a cambiar de escenario ya que estoy un poco atorado últimamente.

El caso es que si bien podía cambiar fácilmente la comida por el billete de tren no tenía absolutamente nada que llevarme para leer en Piles y ya era tarde para visitar mis librerías de referencia así que solo disponía de lo que pudiera encontrar en la tienda de la estación de Atocha (aunque podía haberme dado tiempo a pasar por la Cuesta de Moyano y comprar unos libros de segunda mano, la verdad es que no me apetecía).

Afortunadamente algunos de mis autores favoritos de best-seller son tan prolíficos que uno pensaría que o tienen una enfermedad o bien que pese a todo el dinero que han ganado no tienen ninguna otra afición que la de escribir. Casi siempre me es fácil encontrar algún best-seller en las librerías de estaciones o aeropuertos, casi siempre hay al menos un Baldacci nuevo que no he leído. Esta vez fue Memoria Total, título que dados mis problemas de memoria no me había apetecido comprarme en inglés. La verdad es que la novela empieza un malamente, casi tópicamente, hay unos tiroteos en un instituto de estados unidos y en la investigación participa el protagonista que tiene una memoria prodigiosa ya que no olvida nada (parece que el termino medico es hipertinesico, por si quereis o podeis recordarlo o que supone que yo soy hipotinesico o incluso atinesico y no creo que pueda recordarlo) y poco a poco se va complicando la trama con sus pistas falsas e incluso conspiraciones. 

La verdad es que como todo Baldacci se lee bien y entretiene e incluso, aunque desde el otro lado del espectro tinesico me siento identificado con algunas descripciones del estado del protagonista: “un okupa vivirá en mi mente de por vida, y da la casualidad de que soy yo”.

Con todo mi parte favorita procede que el hipertinesico además tiene otra tara mental que es la de que ve colores según su estado emocional (tiene un nombre pero no lo apunte y como buen atinesico no tengo memoria de cual es) lo que le lleva a realizar el siguiente comentario (que suscribo porque realmente tengo problemas con ese color): “El amarillo no era ambivalente. El amarillo es hostil, malicioso. A veces los colores eran certeros, tan bien definidos como los números, de hecho”.

Hablando de colores, nunca os preguntáis ¿Si los daltónicos que toman ácido también ven colores lisérgicos y psicodélicos, o se pierden esta parte de la experiencia? Lástima no conocer ningún daltónico aficionado a las drogas recreativas, me quedo con la duda o espero vuestros comentarios daltónicos.

Como no podía ser de otra forma mi segunda elección, Entry Island, fue un poco más forzada pero como estaba etiquetada como una novela negra y en una editorial razonable pues no parecía mala opción pese a que fuera sobre una especie de Ellis Island pero en Canadá. Lo primero que tengo que decir es que no sé qué hace esta novela en una colección de novela negra, en una colección de novela histórica encajaría mejor aunque por supuesto yo nunca la habría comprado, lo que hubiera sido una pena ya que la novela me ha explicado un misterio, una duda que me inquieto en su momento: por que un grupo de música canadiense, The Real McKenzies, se hacían pasar por escoceses llegando a tocar con sus faldas y todo en el Wurlitzer. Era algo inexplicable para mí. Todavía irlandeses podía llegar a entenderlo, ya que en todos los países hay siempre gente que quiere ser irlandesa (salvo tal vez en Irlanda) y por supuesto en todos los países (Vietnam incluido) hay cervecerías irlandesas, todas iguales y seguramente muy diferentes de las cervecerías de Irlanda.

La explicación, o la que da la novela, está en que durante la hambruna de la patata no solo emigraron los irlandeses, más o menos por voluntad propia, si no que los nobles escoceses decidieron que lo mejor era que sus campesinos embarcaran por la fuerza a las colonias canadienses para dejar de dar la lata y para no tener que preocuparse por darles de comer o mantenerlos o puede que más probablemente por evitar una revuelta social.

La verdad es que la novela no es buena pero me ha encantado la descripción de alguien que no es demasiado sincero como alguien que “en ocasiones es un tanto conciso a la hora de decir la verdad” y también esta reflexión sobre la cultura actual (o sobre la perdida de la misma): “había encontrado por encontrar un sitio en un mundo que vive solo para el presente, en el que la cultura es un bien prescindible, por muchas generaciones que se hayan necesitado para darle forma”.


En fin, aunque dudo que haya algo en esta entrada que haga ni tan siquiera sonreír a Helena, o a otro lector, por lo menos es una entrada algo más corta que las habituales lo que seguramente agradeceréis ya que sin humor mejor brevedad.

sábado, 19 de marzo de 2016

Comentario de textos - Febrero 2016

The Wicked + The Divine. The Faust act – Gillen McKelvie – Wilson Cowles
The Wicked + The Divine. Fanemonium – Gillen McKelvie – Wilson Cowles
Phonogram – Rue Britannia – Kieron Gillen – Jamie McKelvie
Phonogram – The Singles Club – Kieron Gillen – Jamie McKelvie
La amenaza roja – Ordway – Bilson – Demeo – Brody
2 Guns Armados en la sombra – Steven Grant – Mateus Santolouco
The Crow. Pestilence – Frank Bill – Drew Moss
D4ve – Ryan Ferrier / Valentin Ramon
Manual de Literatura para Canivales. Señales de humo (Borrador) - Rafael Reig
Cuentos de amor - Junichiro Tanizaki
El secreto de la modelo extraviada - Eduardo Mendoza
Paris-Austerlitz - Rafael Chirbes
Enterrad a los muertos - Louise Penny

La verdad es que este febrero ha sido un poco rarillo y no, no me refiero a que fuera bisiesto (que lo ha sido) ni tampoco sabría deciros muy bien porque tengo la sensación de que ha sido rarillo aun cuando si soy capaz de identificar algunas cosas que no han sido normales.

Por ejemplo, a primeros de mes, acudí a la Real Academia de Ingeniería, entidad de la que hasta ese momento desconocía su existencia, en calidad de invitado y con asiento reservado para la presentación en el que (teóricamente, al menos) había formado parte del equipo revisor: “Gas no convencional: Shale gas. Aspectos estratégicos, técnicos, medioambientales y regulatorios”. Si bien el libro no tiene mayor interés para casi nadie más que los participantes en la redacción y/o el evento, no estando ni siquiera claro cuál es su objetivo la verdad es que eso de tener un asiento reservado en la Real Academia de Ingeniería es algo, cuando menos, extravagante.

Además también por esas fechas recibí un primer borrador de contrato para escribir un libro – técnico, nada de novelas – y aunque por supuesto no lo he firmado todavía, sí que he empezado a plantearme seriamente la posibilidad de escribirlo e incluso ya tengo preparado un índice preliminar. Así que, quien sabe, igual antes de que acabe el verano o el año, o esta era lo tengo preparado y me convierto en Autor, lo que pese a que pueda parecer contradictorio reforzara mi papel de critico por incapacidad de ser autor (de novelas que es lo que yo critico; bueno, al parecer últimamente critico casi todo según dicen algunos).

Aunque menos rarillo también merece la pena destacar el hecho de encontrarme a primeros de mes sin ningún libro que leer, habiendo agotado mi maleta americana, la mayoría de la maleta de Álvaro de Comics  y no habiendo visitado ninguna de mis librerías de referencia. Afortunadamente todavía me quedaban algunos comics por leer, los que le habíamos regalado a Álvaro por navidades (y algún otro) gracias a los cuales podía entretenerme los días suficientes hasta que Rafa tuviera preparado un primer borrador de su nueva novela, momento para el que esperaba no estar liado con la lectura de nada que no pudiera dejar en cinco minutos para ponerme manos a la obra en ese papel de revisor inicial o, mejor dicho, de creador de tendencias ya que no tenía ninguna duda de que me iba a gustar y por lo tanto seria de los primeros en apreciarla.

La verdad es que los tebeos (perdón: comics) que le habíamos regalado a Álvaro se basaban en las recomendaciones de Wired (una revista que empezó siendo de tecnología pero que cada vez más es casi una revista de tendencias que de tecnología). Curiosamente (algo también raro, o no tanto si uno se para a pensar que la revista es Americana y cultureta) las dos series eran de autores ingleses. Wicked va de unos humanos que de repente se convierten en dioses del entretenimiento pero también de en dioses de los de divinidad y la verdad es que a mi me ha parecido espeso, espeso, y no en el buen sentido de cómo debe de ser una taza de chocolate si no en el de perderme en parte de la historia no acabando de comprender nada de nada.



Por su parte la serie de Phonogram va sobre Dj’s (pinchas u como se quiera llamar) que también forman parte de la escena del entretenimiento social actual y que, me ha parecido entender aunque puede que me haya perdido en algún momento, también tienen lo que podríamos llamar poderes. Creo que ambas series son el equivalente al cine de autor europeo, frente al cine comercial americano, del mundo de los comics y yo me he quedado un poco igual que con muchas películas de autor de los ochenta: me han gustado pero estoy seguro de que me he perdido algo interesante, se me ha tenido que escapar algo de la historia porque, sinceramente, no me parecen mejor que un buen comic hecho solamente para el entretenimiento.

El caso es que los comics, incluso los espesos, te los acabas leyendo en cero coma por lo que una vez vaciadas las reservas navideñas me pase a leer alguno antiguo, de esos que hay por casa de Álvaro y Helena, y que no me sonaba haber leído o que si me había leído no tenía ni el más mínimo recuerdo de haberlo hecho.

La amenaza roja tiene como personaje central a una especie de Superman (o por no cometer herejías frente a los lectores de comics: una especie de superhéroe o similar) que es acusado de ser comunista y la verdad es que, sin ser especialmente original, hay partes en las que resulta gracioso. Por su parte 2 Guns, que al parecer Hollywood ha convertido en película (de acción añadiría si no fuera totalmente innecesario) trata de los líos en los que dos policías de distintas agencias se acaban metiendo cuando los dos trabajan encubiertos, cada uno de ellos convencido de que el otro forma parte de los malos. Puede que la película tenga su gracia y se deje ver sin problemas (con sus buenas explosiones en pantalla y con una buena bolsa de palomitas) pero la verdad es que al comic le falta gracia para llegar a ser algo interesante.

Ya casi desesperando, no porque Rafa se estuviera retrasando en la entrega de su borrador si no que más bien por la rapidez con la que se leen los comics (comparados con un buen, o mal, libro), tuve que rebuscar entre las pilas de comics y me traje a casa un numero de The Crow (por supuesto sin saber que se trataba de una serie) que va sobre el típico boxeador que se niega a caer en el asalto en el que los apostadores le han dicho que lo haga, asi que estos matan de una forma violenta a su familia e incluso a el mismo, aunque el, con la ayuda del cuervo del título (o solo de su espíritu) puede volver para vengarse de todos los males que los malvados le han infringido. Previsible, sin gracia, con un dibujo que a mí personalmente no me gusta nada pero que imagino tendrá sus aficionados la verdad es que podía haberme ahorrado su lectura sin problemas.

También cogí uno que se llamaba D4ve, con un dibujo más de línea clara pero con una historia casi igualmente previsible y sin especial gracia: un robot bien retirado con su familia llevando una vida completamente anodina con la que no está contento ya que nota que le falta algo, que él está llamado a realizar tareas más importantes ya que pese a que no lo recuerda del todo el había sido un robot entrenado para el combate formando parte de un cuerpo de elite. Obviamente hay una invasión y el recupera todo su pasado de luchador de elite, salvando el mundo de los robots. En fin, pues eso.

Afortunadamente nada más acabar este tebeo ya tenía en mi correo el borrador de la nueva novela de Rafa, que es la primera parte del Manual de literatura para caníbales y que de momento parece que se va a titular señales de humo. Ya me podía poner a una tarea interesante y satisfactoria. Como sé que los autores son personas supersticiosas y hasta que la obra no está debidamente editada, algunos incluso hasta que no salen las primeras críticas, no quieren comentar nada de su nueva libro me guardare mis comentarios de momento (pero obviamente tenía que presumir de ya haberla leído: ya veis, yo ya he leído la nueva de Rafa y vosotros no). No hago esto – lo de no comentaros nada - solo por respetar la superstición propia del escritor que es mi hermano si no porque creo que es probable que haya cambios significativos entre la versión que yo he leído y la que se edite finalmente, algo que creo no porque tenga defectos si no porque es algo que espero para poder volver a leer la nueva de Rafa una vez más. En cualquier caso estar atentos porque hay partes que por mucho que cambien son realmente sensacionales, pero divago, si eso, ya os lo cuento cuando este editada.

Al final, entre unas cosas y otras, prácticamente había pasado medio mes (o algo mas) y de momento no había leído ningún libro editado, y encima tenía que marcharme de viaje a Bruselas lo que hacía que fuera urgente conseguir libros, lo que obligaba a tomar una decisión sobre cuál de mis librerías de referencia visitar. Dada mi incapacidad para viajar hasta el campo al final la librería Méndez de la calle Mayor le ganó la partida a la librería Fuenfría de Cercedilla (podríamos decir que por su mejor juego posicional, o bien por estar más cerca, o incluso más acertadamente por aquello de ser yo un vago redomado).

Supongo que ninguno de vosotros (mis lectores habituales) tiene ninguna duda de que soy un tipo con ciertas manías, igual que tampoco dudareis de que soy aficionado a los autores japoneses. El caso es que una de mis extrañas manías es que prefiero leer a autores japoneses traducidos al inglés que a autores japoneses traducidos al español. Es una manía que, a priori, puede parecer injustificable (por eso la clasifico de manía, que si no sería algo normal) pero que resulta muy sencilla de explicar (incluso de comprender) y que se basa en el hecho de que es raro que se traduzcan al español autores japoneses actuales (salvo honrosas y deshonrosas excepciones) siendo en general los autores que se traducen al español de un Japón, cuando menos, clásico lo que les quita un poco la gracia.


En cualquier caso, si veo un autor japonés que no conozco (mas bien que no recuerdo) pues la verdad es que suele interesarme y suelo comprarlo, razón por la que, pese tener una alabanza de Mishima en la contraportada, me compre Cuentos de amor. Son once cuentos (no, ni los he contado ni los recuerdo todos, solo me fio de lo que dice la contraportada que espero tenga razón en algo tan fácilmente comprobable e indiscutible) así que, como podréis suponer, los hay mejores y los hay peores, vamos de todo un poco, como en botica, pero en general me han parecido flojillos (en parte por tener una escritura muy clásica) pero afortunadamente con ese punto raro que tienen los japoneses y especialmente su insistencia casi perfeccionismo, en lo que los demás podríamos considerar como rarezas o incluso desviaciones, que hacen pensar si la palabra amor es la más adecuada para considerarla como parte descriptiva del nexo de unión de los cuentos. Igual había algunas mejores, más acertadas, pero menos vendibles.

Lo primero que pensé cuando vi, o cuando empecé a leer (ya que no estoy seguro del momento en el que lo pensé) El secreto de la modelo extraviada fue que si bien era una alegría que Mendoza retomara a su alucinado detective de sus primeras novelas podía ser un poco decepcionante si no estaba a la altura de los recuerdos que tenia de aquellas primeras dos novelas disparatadas  con el mismo personaje. Afortunadamente se ve que Mendoza se ha divertido escribiendo el libro y los demás, yo por lo menos, disfrutamos de una novela que podría haber escrito aquel Mendoza de hace más de treinta años. La verdad es que al principio sorprende que entre aquellas dos primeras novelas (con el mismo detective y el mismo estilo) hayan pasado más de treinta años y uno se sorprende al pensar cómo puede alguien retomar su escritura, su estilo, de hace más de treinta años. Digo al principio, porque luego uno hecha cuentas y descubre que tampoco es tan raro ya que si bien Mendoza tiene ahora más de setenta años, hace treinta ya tenía casi cuarenta años por lo que tampoco es como si hubiera vuelto a sus novelas de juventud, lo que seguramente si es difícil, si no que tan solo había vuelto a un estilo de hace algún tiempo, pero a un estilo ya adulto para él. Esto es algo que reflexione mientras pensaba que sería divertido (aunque no necesariamente mejor) volver a leer una novela de Rafa más cercana a Esa oscura gente (su primera novela) y que si Mendoza había conseguido retomar ese estilo no debería ser tan difícil pero obviamente no es una situación comparable, no hay la misma distancia de los cincuenta a los veinte que de los setenta a los cuarenta. Aun así, quien sabe.



Si al ver la novela de Mendoza no tuve prácticamente ninguna duda sobre comprarla he de confesar que ver una nueva novela de Chirbes, Paris-Austerlitz, me genero muchas dudas sobre su posible compra y eso que durante muchos años he dicho que Chirbes era el mejor escritor español vivo (sin contar a Rafa, obviamente) y si no sigo diciéndolo es tan solo porque ha muerto. Sencillamente es un grande. Supongo que por eso, por haber muerto hace poco, me sonaba más a típica estrategia editorial de hacer caja publicando casi cualquier cosa que pudieran encontrar y que pudieran hacer pasar por una obra acabada que a una verdadera edición de una última novela de Chirbes. Una vez leída la verdad es que me he quedado en medio de ambas opciones, una parte de mi sigue creyendo que posiblemente es una jugada económica pero hay otra parte que cree que simplemente Chirbes no quería publicarla en vida porque no quería escribir una historia de (sus) amores homosexuales. Creo que es posible que pese a ser algo innegable no quisiera escribir sobre ello o tener que enfrentarse en todas las entrevistas a preguntas directamente relacionadas con cuanto de autobiografía hay en este libro. No lo sé, en cualquier caso si está razonablemente terminada (creo que no del todo) y siempre es agradable leer a Chirbes.

Dicen que todo el mundo tiene derecho a una segunda oportunidad por lo que aunque el año pasado leí otra novela de la autora de Enterrad a los muertos y la verdad es que no me acabo de convencer por lo que decidí darle esta segunda oportunidad (aunque confesare que en la librería no me acordaba de ella, salvo vagamente,  y la cogí solo porque seguía convencido de haber leído a pocos autores/autoras, motivo por el que compre la primera). Aunque sigo manteniendo que la violencia canadiense es una violencia distinta, razón por la que todo el mundo hace burlas del país, he de reconocer que esta sí que me ha parecido una buena novela, con una buena trama y buenos personajes y con lo que es más importante pequeños detalles difíciles de explicar pero que redondean la historia. No, no me estoy refiriendo a que una Presa, la presa de La Grande, sea una parte, no muy grande para su tamaño, de la historia (que es algo que solo importa a cierto tipo de pervertidos) si no que me refiero a detalles como la sensación que tiene un protagonista de que todo el mundo le trata de otra forma una vez que ellos saben algo de el mismo que el desconoce.  De momento, con esta novela se ha ganado que intente recordar el nombre por si me cruzo con una tercera novela suya.



En fin, pues como decía al empezar, ha sido un mes raro pese a que tampoco ha habido nada especialmente extraño en él. Los próximos puede que sean más raros por distintos motivos y esperamos que una de esas rarezas es que encuentre el tiempo para contar otras historias y que este blog no sea solo de críticas de libros (que aunque sea con retraso intento mantener y cumplir).

sábado, 6 de febrero de 2016

Comentario de textos - Enero 2016


Seduction of the innocent – Max Allan Collins
Summer, Fireworks, and my corpse – Otsuichi
Bitter Bronx. Thirteen Stories – Jerome Charyn
High as the horses’ bridles – Scott Cheshire
Producciones Kim Jong-Il presenta… - Paul Fischer
Ready Player One – Ernest Cline
334 – Thomas M. Disch
Night Music. Nocturnes 2 – John Connolly
The Zap Gun – Philip K Dick
Angel y el mono – Howard Chaykin – David Tischman – Philip Bond
The Minx – Peter Milligan – Sean Phillips
The Fade out – Ed Brubaker – Sean Phillips
White Trash – Gordon Rennie – Martin Emond
The Names – Peter Milligan – Leandro Fernandez – Cris Peter
Fairest – Bill Willingham
Fables Happily ever after – Bill Willingham – Mark Buckingham – Steve Leialoha – Andrew Pepoy
Fables 150 Farewell – Bill Willingham – Mark Buckingham – Steve Leialoha

Cada vez que leo un libro de esta colección/editorial – Hard Case Crime – me veo obligado a comentar lo mismo: “como molan las portadas, ese aspecto de clásicos del Pulp”. Porque al menos a mí me encantan las portadas de esta colección  y si no compro todas las que veo es solo por las limitaciones de peso en los aviones y, para que negarlo, porque alguno de los autores no están entre mis favoritos. Además las que he leído suelen ser buenas novelas, sumamente entretenidas y Seduction of the innocent, pues también lo es. No solo es una novela entretenida si no que trata uno de esos episodios de la historia americana que son tan absurdos que parecen increíbles, como los juicios al Rock&Roll por ser una fuente de satanismo, de mensajes ocultos grabados del revés (que uno pensaría que ahora, con las ediciones digitales, no podría realizarse pero que extravagantemente se mantienen ya que muchos reproductores digitales permiten escuchar una pista al revés. Ni idea de por qué o para qué, aunque algunos discos de hardcore-noise-after-ni-idea la verdad es que casi mejoran oídos del revés, desgraciadamente no lo suficiente para poder ser escuchados con tranquilidad, o como las críticas a los juegos de ordenador por fomentar la violencia, o como… cualquier absurdez. El caso es que la novela se sitúa en unos juicios al mundo del cómic (vamos a los tebeos) por ser fuente de violencia juvenil (juicio que efectivamente tuvo lugar) y por supuesto tiene lugar un asesinato que parece basado en un cómic (o tebeo). Ademas de esto y de la portada la novela tiene unas cuantas viñetas de cómic (o tebeo) al principio de cada capítulo que realmente son excelentes.

La verdad es que pese a que me cueste reconocerlo (bueno, ahora ya no me cuesta tanto como prueba este reconocimiento semis público) hay cosas pequeñas que me pone muy nervioso, pequeñeces que me atacan los nervios, pequeñas tonterías que sencillamente me parecen inaceptables. Exactamente esto es lo que me ha pasado con Summer, Fireworks and my corpse que es una novela (realmente un cuento) que se supone que viene acompañado por otros dos: Yuko y Black Fairy Tale; entiendo que para completar un volumen que justifique su edición. No, lo que me pone nervioso no es que vengan otras dos historias junto a la que da título al libro, como digo eso lo puedo entender e incluso en el caso de un autor japonés para el mercado americano pues me parece algo acertado. No, lo que me desquicia es que, si bien la historia que da título al libro no es la más corta de las tres, ciertamente tampoco es la más larga, pero es que la historia del título solo tiene unas 75 páginas mientras que la historia más larga tiene casi 230 páginas. A ver, obviamente la novela (en caso de serlo alguna) seria Black Fairy Tale y no la que se anuncia en el título, que llega escasamente a un cuento un poco largo. La verdad es que me molesta mucho y no se bien porque ya que más o menos las tres historias están bien, historias correctas de terror con más o menos acierto y más o menos originalidad pero que se leen bien sin ser demasiado japonesas (lo que es una pena) y las he disfrutado pero… al final la última historia me ha mosqueado por no haber dado título al libro (tiquismiquis que es uno).

Como este último libro me había mosqueado un poco decidí coger uno de cuentos cortos: Bitter Bronx, eso sí, comprobando antes que el título del libro no se correspondiera con ninguna historia ya que no quería tener la tensión de estar anticipando que la mejor historia, la que da título al libro (que al menos yo supongo que es la mejor o la favorita del autor) estaba aún por llegar. Como además el Bronx es una parte de NYC que conozco poco, creo que solo he ido una vez y hace ya muchos años (cuando se supone que uno no debía ir) aunque mucho después de cuando están ambientas las historias, muchas de las cuales critican implícita o i al ingeniero que se le ocurrió hacer una autopista cruzando el Bronx (diría que con razón, ya que meter una autopista en mitad de un barrio no parece una buena forma de rehabilitarlo). Algunas de las historias se cruzan con otras pero solo porque el “marco incomparable” (que no es Murcia, aunque puede que el Bronx tenga algo de Murcia en cierta medida) es el mismo y, diría que es algo muy ochentero, la ciudad es en cierta medida un protagonista más de la historia (creo que de esto mi hermano solía hacer mucha burla en sus primeras novelas y cuentos con bastante razón, diría). El caso es que, en general, las historias están bien aunque tampoco son excepcionales, para mi muy lejos de los grandes cuentistas.

“la sangre llegara hasta los frenos de los caballos”, al parecer dice el apocalipsis (14:20 para más señas) y es una frase que me extraña no sea más conocida, que no haya aparecido en más películas, series o novelas de psicópatas (igual lo ha hecho y yo no lo recuerdo) ya que es una frase demoledora y versátil. Yo me puedo imaginar cientos de escenas (de películas, no de la vida real) en las que resultaría una frase excelente y definitiva. Como título para una novela también me parece excelente, aunque más para una novela de muchos asesinatos, una novela negra canónica (o no canónica, que yo no se me el canon) por ponernos finos, que para una novela sobre un niño de 12 años que ha tenido una visión ante una multitud en Queens. Con todo y considerando que, según la contraportada, se centra en la historia de su vuelta a Queens después de haber estado en california y haber perdido la fe, pues pensé que High as the horses’ bridles merecía una oportunidad… bueno, pues sin llegar a equivocarme del todo tampoco he acertado en darle una oportunidad aunque su descubrimiento de que los padres no son una sola entidad realmente merece la pena: “She glared back at Dad, and let me into the house. I couldn’t know what that glare was about, not really, only it appeared Mom and Dad thought differently about some things. About me. They were different people. I don’t think I really knew this before. From then on I wasn’t surprised when they had opposite opinions, or when my mom got mad at Dad for whatever reason.”

Este era el último libro que me había comprado en NYC lo que podía situarme en una situación compleja que requiriera una visita a mis librerías de referencia en Madrid, si no fuera por a) los regalos de navidad que si bien no incluían muchos libros, incluían uno que prometía ser un poco espeso y cuya lectura había estado retrasando, b) los libros, pocos, que Álvaro había comprado en NYC y que aún me quedaban por leer y c) los comic (tebeos) que habíamos (vale, que había comprado Álvaro pero con el apoyo moral y logístico de todos) y que también me quedaban por leer.

En navidad, Rafa y Violeta desde la librería de Fuenfria de Cercedilla me habían regalado Producciones Kim Jong-Il presenta… , libro que obviamente yo no me hubiera comprado nunca (algo que está en la esencia de un buen regalo) por aquello de “basarse en hechos reales” puesto que yo solo leo ficción, de hecho las cosas que han sucedido no me suelen interesar e incluso si me interesan y han sucedido yo las leo como ficción: “reality is overrated” es  uno de mis lemas, además de uno de los lemas de una camiseta del Morgenstern.  Como ya dicho el hecho de que la historia estuviera basada en hechos junto con el hecho de que sea una historia sobre Corea del Norte (tal vez una de las pocas ocasiones en las que el Norte se asocia a algo peor que el Sur, normalmente – al menos para los que somos del Norte – todo lo malo viene del sur, concretamente de debajo del paralelo…. No digo más, que igual alguno se enfada), lo habían situado en el fondo de la pila de libros por leer, después de todos los traídos de NYC aunque ya empezaba a estar un poco saturado de leer en inglés. A ver, la historia es básicamente entretenida y de hecho parece muy bien documentada (¿Qué sabré yo de Corea del Norte para afirmar esto? Nada, pero queda bien) y la verdad es que todo parece creíble con muchos datos y algunas historias (como los secuestros de ciudadanos extranjeros, concretamente Japoneses) pues ya las había leído en otros sitios por lo que lo estaba intentando leer como si fuera de verdad. Hasta que, de repente, marginalmente, escribe esto: “A medida que avanzaba la fiesta, Jong-Il, como tantos otros padres de familia de finales de los años setenta, se levantó de la mesa y volvió con su cámara de Súper 8 para dejar constancia del jolgorio. Tomo primeros planos de los presentes, y se centró en Choi. Cuando quitaron la mesa, condujo a los invitados al salón, introdujo la película en el proyector y mostro las imágenes a todo el mundo.”

¿De verdad? Venga, Vale, así que hace una película en Súper 8, la saca de la cámara y la pone directamente en el proyector. No digo que en Corea del Norte fuera como en España en los setenta cuando tenías que mandar la película a revelar a un laboratorio especializado y tardaban tres días o una semana en enviártela revelada o incluso tenías que ir a buscarla a una nave por debajo de plaza de España (ni que algo parecido pasara en Estados Unidos) pero tampoco me creo que por muy dictador que seas o por muy avanzados que  estuvieran las películas de super-8 pudieran proyectar sin necesitar revelado. No, eso sí que no… hasta ahí podíamos llegar. ¿Documentado? Pues yo diría que no, así que como historia real tengo mis dudas, como historia de ficción pues no está mal la verdad.

Una vez liquidadas mis compras y mis regalos era el momento de pasar al robo de libros, empezando por Ready Player One que si bien fue una novela que compro Álvaro, lo cierto es que yo también estuve tentado de comprarla así que no se si punta del todo como robo. Todo un acierto, la verdad es que es una de esas novelas verdaderamente entretenidas, muy sencilla e incluso simplista, pero con las que te lo pasas como un niño pequeño de la que además recuerdas cosas que tenías olvidadas de adolescente de los ochenta enganchado a los videojuegos de aquellos primeros ordenadores que se las apañaban con 32 o 64 k y en los que las cosas se archivaban en una cinta de cassette que ni siquiera reproducida del revés podíamos considerar musical. Ya digo, una historia sencillita que se lee como una partida de un video juego comentada, así que no es para todos los públicos: nunca se la recomendaría a mi hermano Rafa ya que no le pillaría la gracia (creo que ni siquiera pillaría la gracia de Tierra de Stefano Benni y esta tiene menos gracia).

334, por el contrario, es un libro que creo que yo nunca me hubiera comprado y que en el caso de habérmela comprado me habría puesto nervioso, como ya he comentado, puesto que la “novela” solo ocupa las ultimas 100 páginas del libro, estando las primeas 150 ocupadas por una serie de cuentos que, en cierta medida, tienen relación con la novela, al menos con la localización de la novela el 3334 East 11th Street. Y no solo me hubiera puesto nervioso con esto sí no que además es de esas novelas en las que en cada capítulo se cambia de personaje, de época e incluso de “realidad”. De hecho viene con una especie de plano al principio para que sitúes quien es el personaje principal de cada capítulo, el año en el que sucede y si se trata de fantasía, realidad, un monologo o que… Seguro que tiene su público pero para mí, pues como que no es… si ya me costó entenderme con Rayuela y eso que la leí de adolescente cuando aún tenía memoria, paciencia e inquietudes.

Cuando ya solo me quedaba por leer un libro – sí, este año Alvaro apenas si compro libros en nuestra visita a NYC -  un sábado de esos que me quedo intentando entretener a Alicia mientras Helena y Maite tienen que ocuparse de la desagradable tarea de visitar a mi abuela para escuchar sus maldades (algo que aunque mi médico no me ha prohibido expresamente – lo de visitar a mi abuela, no lo de las maldades – pero que mi salud no me deja realizar y  mis queridos seres queridos me dejan evitar), pues eso, un sábado de esos en los que al final acabamos comiendo en un Vips y mientras Maite acompaña a Alicia a que escoja su regalo (algo que inevitablemente me recuerda a los domingos de mi infancia en los que toda la familia salíamos a comer a casa Antonio y antes pasábamos por el kiosco y nuestro padre nos compraba algún tebeo – normalmente un Joyas literarias juveniles – como si de ir a misa se tratara y que hacia el domingo un día feliz) y os demás dábamos vueltas desesperándonos poco a poco (la niña no es rápida en sus elecciones de regalos) encontré una de esas pilas que hay en Vips de libros rebajados y entre ellos Night Music, el segundo volumen de cuentos de Connolly que sencillamente es muy bueno; no digo excelente ya que como en todos los tomos de cuentos los hay excelentes y otros que no llegan a tanto, igual que los hay muy largos e incluso muy cortos e incluso hay dos que están unidos,  aunque separados en el libro, y el segundo de los cuales incluye a Sherlock Holmes y al villano Moriarty que si bien puede trazar los planes más complicados para sus delitos se ve completamente incapaz de, por ejemplo, ir a una joyería y simplemente robarla con lo que duda de ser realmente una gran mente criminal.

The Zap Gun, es un cuento largo o una novela corta que como se ve en este post no tengo muy clara la diferencia y creo que tampoco la tienen los editores. De hecho estoy seguro de que en España se editó como parte de los tres tomos de cuentos completos de K Dick pero no lo puedo asegurar. K Dick siempre merece la pena, yo creo que debe de ser lectura obligatoria. Puede que no todo el, puede que no está en concreto, pero si muchas de sus novelas, especialmente considerando que mucha gente ha visto adaptaciones de sus novelas que, la verdad sea dicha, dejan fuera mucho de lo importante de K Dick, de sus mundos ciertamente alucinados y de sus paradojas mentales.







Y con esto llegamos al último fin de semana de enero, ya sin nada que leer y la verdad es que salvo comics (tebeos) de los que Álvaro sí que había comprado un puñado asi que por si acaso no me acercaba por mis librerías de referencia cogi unos cuantos y me puse a la tarea.

Los hay buenos, como The Fade Out o los Fables y Fairest, aunque el primero aun tiene que continuar por lo que aún no sabemos si será excelente, y los dos últimos son casi un cierre de serie por lo que siendo buenos no lo son tanto como el resto de la serie que ya estaba siendo larga, larga hasta agotar un poco la premisa; y los hay no tan buenos, o directamente malos que no aportan nada especial salvo entretener un ratillo.

Ahora ya la visita a la librería Méndez de la calle mayor se hace inevitable o incluso la visita a la librería Fuenfría de Cercedilla salvo que Rafa realmente cumpla el plazo de su editor y en breve tenga preparado un borrador para saciar a sus lectores (que somos, o deberíamos ser, todos). Yo espero que así sea y que en breve pueda disfrutar de leer el borrador, si no pues tocara visita de librerías o tal vez empezar a realizar algunas de las tareas que tengo aplazadas y en las que debería ir avanzando. Rafa: tu editor, el panel de expertos críticos (sin criterio, eso sí) esperan ese borrador, el público espera la versión final. Animo Bro. Sorprendentemente le molesta menos que le llame Bro que Rafa, algo que le molesta, o le molestaba, sobremanera y que por eso prefiero, así que corrijo: 

¡Animo Rafa!.