sábado, 14 de septiembre de 2019

Comentario de Textos Agosto 2019


Tarde de sol, aquí en Acukland, después de una mañana que había empezado bien pero que se convirtió en lluvia cunado yo andaba como a una hora de casa, paseando. Afortunadamente, soy fumador así que aproveche para encenderme un pitillo, al abrigo de la lluvia en la calle ya que este en este país lo de fumar en un bar es prácticamente imposible. Incluso a veces hay hasta prohibiciones para fumar en la calle, eso sí, ahora van a hacer un referéndum para el uso recreativo del cannabis y sus derivados y todo parece que eso si estará permitido. Yo no lo acabo de ver claro (lo del uso recreativo, sanitario creo que lo llaman, o medicinal creo que es la verdadera tapadera) y sobre todo me parece que lo único divertido es fumárselo y también es para mi un acto social. ¿si no puedes fumar nada más que a escondidas, como vas a andar fumando porros sin problema? Es algo que sinceramente se me escapa. Ni idea de porque una cosa es ahora el mismísimo demonio y sin embargo la otra es una necesidad médica. Lo digo completamente en serio, son cosas que se me escapan, como lo de mi médico local recomendándome (en la primera visita) que me pasara a vapear y (en la segunda visita) que me pasara directamente a los chicles de nicotina a destajo (hasta me dio una receta para que me comprara unos trescientos chicles de nicotina). Me parece todo un poco increíble, pero, divago, ya, si eso, pues otro día nos ponemos a discutir sobre las ventajas o desventajas del tabaco, desde un aspecto holístico (que mola mas).

El caso es que una frase que me ha gustado mucho de la primera lectura de este mes ha sido:“I am pleased my father smoked; glad that there were some things he did purely for pleasure and only for himself”. Creo que resume bastante bien mi opinión general sobre el tabaco, aunque egoístamente solo considero aplicable a los que ya somos fumadores. Creo que los no fumadores deben de seguir siéndolo, buscarse sus propios vicios que por definición serán insanos, pero serán los suyos, los de sus tiempos, pero sin quitarnos los nuestros. Por cierto, que la frase en cuestión es de Greetings from Bury Park, título que se supone es un homenaje a Springsteen a través de la historia de un pakistaní que vive en Londres y que es un auténtico fanático de Bruce, o del Boss, como lo quieras llamar. Si bien la idea del libro parece interesante para alguien al que si le gusta Bruce, como es mi caso, la verdad es que la realización deja bastante que desear y el libro es bastante decepcionante. Para mí ni siquiera los capítulos tienen mucho sentido, ni especial correlación con lo que se cuenta en cada uno, ni por supuesto descubre nada de la verdadera fascinación que algunos hemos sentido por Bruce

Pero esto puede que no sea culpa del libro, que igual está bien para gente que no tenga ninguna relación anterior con Springsteen. Yo si la tengo, como creo que ya he contado en este blog en otra ocasión: desde el primer disco que descubrí suyo (debería de molar y decir que es el Darkness pero hemos venido a contar la verdad y obviamente fue The River) hasta que dejo a su mujer de toda la vida para irse, después casarse, con la toca-la-pandereta. A partir de ahí mi relación con Springsteen ha sido más floja y más intermitente e incluso algunas cosas suyas me parecen verdaderamente malas, otras suficientemente buenas (si fueran de otro) y algunas, escasas, excepcionales. Entre estas últimas están algunas de las historias que cuenta en ese show de Brooklyn en el que se desnuda y “recupera el contacto con el público” en un local pequeño. Una verdadera majadería conceptualmente, pero en el que cuenta como el héroe de la clase obrera no ha trabajado un solo día de toda su vida, o como el fanático de conducir por América, el que ya había escrito Born to Run, no tenía carnet de conducir ni sabía conducir, algo que su buen amigo Clarence Clemons descubriría en una carretera de América, en una gira, cuando le dijo que le tocaba conducir que él tenía que dormir un rato. Como el mismo dice: “así de bueno soy” (de buen farsante o fabulista, se entiende).

La principal razón que me decidió a comprar Out of the inferno es una frase de la portada: “In New Zealand, one degree of separation is an over statement”, ya que creo que define bien la escala de este país comparado con el mundo en el que son necesarios tres grados de separación, o puede que seis. Nunca me acuerdo, es una de esas cosas que se me acaban olvidando continuamente como el numero primo de Belfegor o la identidad de Euler (para los curiosos el primero es un 1 seguido de trece ceros seguidos de 666, otros trece ceros y un último uno; de forma que lo tiene todo, es un palíndromo, incluye el número de la bestia y varios 13 – en forma de secuencia de ceros –  mientras que la segunda pues mezcla, el numero e de Euler que es la suma de una serie infinita; el numero pi; y el irracional i dando lugar a una formula preciosa que dice que e elevado a pi veces i es igual a menos 1. Como para acordarse). Otra cosa a su favor es que se supone que es una novela de acción que pasa aquí en la ciudad de Auckland, lo que siempre parece una curiosidad. La verdad es que sin ser mala tampoco acaba de enganchar como debería hacerlo un best-seller, que es lo que se supone intenta ser. Como curiosidad contar que uno de los personajes considera que los blancos en nueva Zelanda son muy racistas porque “How many white Kiwis couldn´t tell the difference between a Polynesian and a Melanesian baffled him. It was one thing to say that all Asians looked the same, but to apply that measure to Pacific Islanders and indigenous people was insulting”. Toma viga en todo el ojo (al parecer, según explica luego, la diferencia está en el pelo. Que los sepáis).

En cualquier caso, la mejor frase del libro es una cita de Malcom X: “If you´re not careful, the newspapers will have you thing the people who are being oppressed and loving the people who are doing the oppressing”, que, como veis, tampoco es especialmente brillante.

Con todo, suficientemente entretenido para un viaje a Sydney, un viaje que la verdad es que tampoco necesitaba mucho más entretenimiento que el propio de un viaje que si bien salió a su hora acabo llegando con casi una hora de retraso a Sydney, con el avión dando vueltas en la ruta de aproximación a Sydney como si el comandante, capitán o lo que sea, estuviera completamente perjudicado por el uso de todo tipo de sustancias psicotrópicas. Pero es que además el taxista que me llevaba del aeropuerto a la ciudad se despisto un poco y acabamos estrellándonos contra otro coche. Afortunadamente este accidente tuvo lugar a escasas manzanas de donde me estaban esperando, con algo de desesperación por los retrasos, los chicos así que al final tuve que hacer parte del trayecto andando dejando al taxista con los restos de su coche en una esquina.

Es verdad que no es lo que podríamos llamar el mejor comienzo para un viaje, o para visitar una ciudad, pero tampoco es que fuera a condicionar mi opinión ya que después de un par de cervezas contando mis aventuras y desventuras pues ya estaba yo preparado para reconciliarme con la ciudad.
Desgraciadamente he de decir que la reconciliación fue imposible ya que Sydney es una ciudad extraña – en el caso de que sea una ciudad – es tan extraña que, pese a que había un súper maratón con setenta mil personas inscritas, un súper maratón como de broma – como una gran Sal Silvestre con gente disfrazada – los días anteriores la ciudad estaba prácticamente desierta y el día de la carrera tampoco se veía especial animación. Puede que sea porque los deportistas son gente discreta, como sabe cualquiera que haya estado cerca de un estadio o de una concentración deportiva, y que los deportistas llevan colores pocos llamativos que los hacen confundirse con el entorno urbano por lo que a veces es difícil distinguirlos de, digamos, una papelera o una farola.

En cualquier caso, incluso olvidando a las decenas de miles de deportistas, la ciudad parecía un desierto. Consultando guías para ver qué cosas, restaurantes o lo que fuera, recomendaban hacer en Sydney los locales o incluso algunos referentes culturales de esos del moderneo, mirando varias listas de las cinco, o las diez, mejores cosas que hacer en Sydney era inevitable no notar que había algo raro. En casi todas las listas al menos la mitad de las cosas que había que hacer en Sydney requerían… abandonar Sydney. Si, tal y como suena. Casi todo el mundo coincidía en que lo mejor era irse a otro sitio, normalmente a otro sitio cercano, que podría pasar por ser parte de la ciudad pero que obviamente no lo era. Sorprendente, cuando menos, como esa canción de Brian Leach… Everybody loves my girlfriend… but me…

Con todo, como dicen los buenos católicos, pues Dios aprieta, pero no ahoga y en Sydney hay un Kinokuniya, lo cual es suficiente para alegrar cualquier ciudad e incluso para alegrar mi corazón y mi estancia en cualquier ciudad. Como solo conozco el Kinokuniya de NYC pues este me pareció salvajemente grande, descomunal, incluso inabarcable y la verdad es que no lo disfrute todo lo que debería, un poco sobrepasado por la cantidad de cosas, libros y chorradas, que tenían. Creo que merece otra visita para intentar encontrar la sección de libros japoneses (exclusivamente japoneses) que aquí me pareció que estaba mezclado con la sección de literatura en general. Pero ya digo, estaba yo un poco sobrepasado por las dimensiones de esta maravilla de tienda.

Como no encontré a los japoneses separados, como a mí me gusta que estén, pues encontré Isle of Joy de Winslow, libro que según todos los que me acompañaban (casi incluso Alicia) ya me había comprado y por supuesto, leído. El caso, ahora lo puedo decir, es que la portada me sonaba mucho pero el resumen de la contraportada no me sonaba nada así que negué completamente que me lo hubiera leído y creo que hasta la página doscientos noventa, o así, de las menso de trescientas que tiene estaba convencido de que no me lo había leído. Ahora no estoy tan seguro de que no lo hubiera leído, pero, bueno, a partir de ahora ya estoy seguro de que lo he leído. Por lo menos hasta la próxima vez que lo vuelva a ver y me asalten las dudas. En cualquier caso, es un libro que no sufre con la relectura, así que sin problemas si lo vuelvo a comprar lo volveré a leer con gusto, aunque puede que esta vez no me sorprenda tanto el parecido de la historia con partes de la biografía de Marilyn Monroe. O si, quien sabe.


Alvaro y Helena habían decidido traerme libros en español, pero a mi todavía me quedaba por leer una de mis últimas compras en inglés, The Nickel Boys, así que antes de cambiarme de idioma decidí pues darle una oportunidad a esta historia que tenía toda la pinta de ser un topicazo sobre el maltrato y las desapariciones de jóvenes negros en una especie de campo de trabajo, reformatorio en los sesenta en el sur de estados unidos. En fin, pues exactamente lo esperable y realmente es una novela con todos los tópicos y sin ninguna sorpresa. Se deja leer, pero poco más y solo puedo pensar que es la típica novela que uno saca del cajón después de tener un gran éxito con otra novela (en este caso parece que hay una que se llama The Underground Railroad que es la que ha recibido reconocimiento de gente como Obama y le ha dado la fama para sacar esto del cajón, en el que podría haberse quedado tranquilamente).



El problema de los tres cuerpos es la primera parte de una trilogía de ciencia ficción de un autor chino que le regale a Alvaro por su cumpleaños y que todo el mundo decía que era excelente, por lo que reconoceré que me apetecía leerla e incluso me alegraba bastante que Alvaro la hubiera traído ya que parecía indicar que le había gustado y eso siempre es bueno. La verdad es que la historia tiene su punto, está escrita con gracia y si bien esto ya sería suficiente para convertirla en una buena novela creo que su éxito se debe más a algunas críticas que tiene a la revolución china que a estas virtudes. Curiosamente yo diría que son esas anécdotas en forma de crítica, de la revolución china como la de que se proponía cambiar las luces de los semáforos “de forma que no fuera el verde, sino el rojo de la Revolución, el que permitiera seguir avanzando” las cosas que le han dado más fama. Pero, conste que lo digo por decir, que a mí la verdad es que me ha gustado (esta primera parte).


Si el libro anterior me hizo ilusión que me lo trajeran, El Ultimo Barco también pero más que ilusión me dio miedo ya que son más de setecientas páginas, lo que llamaríamos un tremendo tocho. Tremendo especialmente para una novela policiaca. Una de dos, o el escritor es un genio para mantener una historia policiaca durante setecientas paginas o parte del misterio de la novela está en cómo no hay más muertos leyéndola en la cama. Algo que no necesita demasiada investigación ya que obviamente el peso del libro en una mala postura puede matarte sin demasiados problemas. Probablemente un buen golpe y tendrías una coartada perfecta. Por supuesto con setecientas paginas el libro pues tiene de todo, desde un inspector al que uno le puede coger cariño hasta el típico enfermo mental con grandes habilidades por supuesto pasando por varios personajes sospechosos (si hay hasta un fotógrafo inglés, de naturaleza eso sí) o por otros simplemente superfluos. Sin embargo y pese a que lo he leído he de reconocer que no tiene especial interés ya que no hay prácticamente nada más que una historia que se alarga y se alarga para acabar resolviéndose de una forma cuando menos ligeramente poco convincente. Para mí que le falta toda la parte fundamental, yo diría que sí ha aplicado el método Stephen King, lo ha hecho del revés y se ha quedado con lo que debería descartar como al parecer paso con el aeropuerto de Los Rodeos (para el que llevaron a un experto a elegir dónde ponerlo y dijo “en cualquier parte de la isla menos donde he marcado con una x” y obviamente allí que fueron a colocar el aeropuerto).

En fin, hasta aquí la puesta al día de lecturas con un retraso no tan considerable pero ya veremos el mes que viene. De momento en breve estaré por los madriles a tomar unas cervezas y celebrar el aniversario del Wurlitzer. Igual nos vemos.

Lecturas
Greetings from Bury Park – Sarfraz Manzoor
Out of the inferno – Ross Meurant
Isle of joy – Don Winslow
The Nickel boys – Colson Whitehead
El problema de los tres cuerpos – Cixin Liu
El Ultimo Barco – Domingo Villar

viernes, 6 de septiembre de 2019

Comentario de textos - Julio 2019


Ya, ya lo sé: es casi septiembre y aquí estoy todavía sin actualizar las lecturas de Julio. Demostrando una vez más mi incapacidad para cumplir con los plazos y obligaciones que yo mismo me impongo. Supongo que, como todos, soy demasiado permisivo conmigo mismo – aquello de la paja y la viga en los ojos – o tal vez es que pese a todo no considero esto una obligación y por lo tanto me permito retrasarla hasta que encuentro el momento adecuado, en el que me apetece, ponerme a escribir sobre mis lecturas. Añadiría sobre mis cosas, pero visto lo visto en las múltiples entradas anteriores añadir esto seria, probablemente, inexacto, ya que al final casi nunca hablo de otra cosa que no sean lecturas. En fin, es lo que hay. Lo intento, pero la verdad es que se hace difícil. Sobre todo, empezar, elegir una historia que contar y seguir con ella o coger una chorrada y a partir de ellas buscar una historia. Dejar que las cosas, la historia se vaya enredando ella misma, empezando por algo pequeño (digamos algo como que estoy timándome una bebida completamente rosa que mi sobrina compro en su visita a esta parte del mundo) y como tampoco es un color muy normal para alguien que no sea especialmente aficionado a los cocteles (e incluso siendo aficionado debería decir aficionada ya que extrañamente los cocteles de colores creo yo que sí que tienen ideología de género) intentar recordar otras bebidas razonablemente rosas, como digamos la sangría al final de una fiesta adolescente y a partir de ahí, yo que sé, empezar a hablar de fiestas adolescentes. O podría obviar lo del color y contaros que este mes he tenido la visita de mi hermana, Alvaro y obviamente (esto ya debería haber quedado claro) de mi sobrina Alicia. Incluso podría contaros que también – con la misma excusa – pues he aprovechado para visitar Sydney e incluso contaros que cada vez me siento más como un viejo enfurruñado ya que (sinceramente y que Susana me perdone) me ha parecido una ciudad lamentable, sin nada digno de mención (salvo la existencia de un Kinokuniya, que incluso es excesivo) y es que últimamente no me gusta nada o a todo le encuentro pegas y cada día me siento más ajeno al mundo que me rodea. No, no ajeno; más bien completamente indiferente. Pocas cosas consiguen despertar mi interés últimamente. Podría, partiendo de esto intentar reflexionar sobre cuando, o donde, he empezado a perder el interés en la mayoría de las cosas… en fin, podría hacer muchas cosas, pero, todos sabemos que al final me voy a limitar a comentar las lecturas y a prometer que otro día, ya, si eso, pues hablaremos de esas otras cosas.

Llevaba ya un tiempo viendo Milkman en las librerías de la zona (dicho así, parece que sean muchas, pero, ya sabéis que no) y nunca me había decidido a comprarlo por varias razones, básicamente que tenía aspecto de ser un poco truño, una especie de historieta de amor en la Irlanda de los conflictos. Supongo que al final me decidí a comprarlo por no encontrar nada con un aspecto mejor y por darle un voto de confianza a la escritora de la que ya había leído otro libro (ya comentado en este blog) y que me había gustado, o eso creo recordar. El caso es que la cotidianeidad de la violencia que en su anterior libro aportaba un punto de reflexión aquí al identificarla en una sola persona – ese milkman, que es un nombre en código genérico para un cargo, poco claro, del IRA – pues queda un poco difusa y pierde interés, o más que interés pierde ese estar en todas partes que tenía la violencia en la otra novela. Como curiosidad mencionare que en un momento dado en un refugio del IRA hay una serie de carteles de mujeres “inspirational, prototypal past and present wonderwomen” tan variada que incluye desde Marie Curie o Florence Nightingale hasta Dolly Parton y en medio de ellas a Mariana Pineda. Extraña y sobre todo variada selección de posters para un refugio de terroristas o de luchadores por la libertad o por ser más precisos de “renouncers”

Y así, con este escueto comentario de este primer libro, como quien no quiere la cosa resulta que ya ha pasado una semana y ya es septiembre (7 para más señas) por lo que lo de cumplir el plazo, ya casi, como que no va a ser posible.

Otro que tampoco tenía buena pinta era An American Marriage ya que, según la contraportada, se trata de la típica historia de joven-hombre-negro-con-prometedor-futuro-encarcerlado-injustamente y las tribulaciones para mantener su vida, su matrimonio y ya puestos su cordura (lo de típica obviamente no es lo que decía la contraportada que obviamente la clasificaba de extraordinaria, explosiva y cosas similares). El caso es que, pues es eso, le pongas los adjetivos que le pongas y para los cuales pues ya he dado mi opinión: típica y sin mayor interés. Lo más divertido una anécdota que se supone recuerda el protagonista de las navidades con su padre sacando figuras de las cajas de mierda navideña que toda familia acumula: “Daddy extracted Balthazar – the swarthy wise man – and stuffed the others back where they came from. What he planned for the six discarded white kings, I had no idea”. Digo divertido pero lo digo solo por no decir curioso ya que si de verdad no quería los reyes blancos – algo que puedo comprender perfectamente – ¿para qué volver a guardarlos en la caja, encima junto a Baltasar, para tener que volver a separarlos al año siguiente? Porque tal y como lo cuenta parece ese recuerdo de todas las navidades que todos tenemos, vamos, una especie de tradición.

Aunque por supuesto la frase que mas me ha llamado la atención es: “the large orange clock over the sewing machine announced that it has three thirty, a perfect right-angle o´clock.”. ¿En serio? ¿Las tres y media, un ángulo perfecto de 90 grados? No, hombre no (dejar de mirar vuestros relojes para comprobarlo), a las tres y media las agujas no forman un ángulo perfecto de noventa grados. De hecho, si lo forman a las tres y no hay nada que justifique la necesidad de añadir esa media hora extra para cargarse toda la geometría y el funcionamiento de un reloj. Ni siquiera suena especialmente mejor.

Supongo que a estas alturas se hace necesario (o no) soltar un pequeño micromachismo para explicar la compra de Disappearing Earth. Allá vamos, a ver… como lo digo… es tan raro ver una novela de crímenes (actual, no hablo de los clásicos) en la Women´s Bookstore y casi increíble ver una escrita por una mujer casi como encontrar un unicornio. Bueno, de hecho, es más fácil encontrar alguna representación de un unicornio en la librería de mujeres, ya que, bueno, eso, ya sabéis es una librería de mujeres. Sobre la novela en si pues me temo que es un unicornio de la única manera que existen los unicornios y, para entendernos, sería mejor describirla como un rinoceronte que, aunque sea realmente un unicornio pues no tiene el mismo cache. Al fin y al cabo, vivimos en el mundo de la imagen y un unicornio gordo y gris parece que no es unicornio pese a que por definición lo es, y encima existe. Bueno, que divago, y pese a no tener nada en contra de los rinocerontes, sí, estoy usando el termino despectivamente para decir que no es nada buena.

Otra que lamentablemente tampoco es nada buena es The Bad Seed. Igual debería decir que The Night Book, que es la primera de las dos novelas que vienen en este tomo es la que no es nada buena; de la segunda, Soon, pues no tengo opinión ya que la he empezado, pero no he conseguido acabármela pese a intentarlo varias noches, aun a riesgo de que se me callera el libro sobre la cabeza, ya que encima ambas novelas son largas. Según la contraportada ahora ambas son una serie televisiva pero por lo que yo he leído, más que serie yo hablaría de culebrón, de culebrones de esos en los que de repente alguien descubre que la hija que dio en adopción ha sido adoptada por unos amigos suyos (que por supuesto no saben nada de esa hija). En fin, un poco lamentable, pero como todo libro, o casi todo, pues tiene alguna cosa buena: “Natural means letting nature takes its course. And nature doesn´t care about healthy outcomes for all, only for the strongest. Nature says, if you´re vulnerable, you die”. Pues eso otra razón para estar bastante en contra de las cosas naturales y ya van no sé cuántas. Suficientes espero, pero me temo que no.

Tras estos últimos fracasos y como el tiempo no acompañaba – aquí es, era, invierno – pues me acerque a mi otra librería local, Unity Books, para re-abastecerme. La razon para compárame Call Him mine, es obvia o debería serlo con esa portada de narcotraficante con su monja en armas pese a lo amarillo de la misma. Pues como anuncia la portada es obviamente una historia centrada en los narcotraficantes mejicanos, algo que siempre tiene su punto (pese a estar un poco demasiado explotado últimamente) pero que lamentablemente no tiene la suficiente presencia como para enganchar y dejarte con esa sensación de un buen libro. Se deja leer, pero poco más. Ningún personaje acaba de aportar nada especial a la historia que por otra parte es la típica historia de unos periodistas de investigación que son asesinados por los narcos y nadie le importa.




La portada de A mistake más que la portada de un libro pues parece la de una cajetilla de tabaco. Pero a diferencia de lo que pasa con las cajetillas de tabaco, en las que las fotos se supone que representan los daños del tabaco, lo malo que es lo que hay dentro – si bien extrañamente casi todas las fotos de las cajetillas de tabaco están retocadas digitalmente, lo cual pues dice poco sobre la publicidad fiel e las mismas – pero sin especial relación (desde mi punto de vista) pues en este caso si tiene relación con el libro ya que va – en teoría – sobre un error médico en una operación. Digo en teoría porque realmente una de las tesis del libro (para mi) es como cosas que en principio podrían parecernos buenas pueden ser utilizadas, o tener resultados realmente desastrosos. Así, si bien, en principio la publicación de un listado de errores médicos e incluso la construcción de una métrica para medir como de bueno es un doctor parece una buena idea – obligando a los médicos a tener cierta responsabilidad sobre sus capacidades y métodos y permitiendo retirar a aquellos que pudieran no estar ejerciendo la profesión con la calidad suficiente – puede (y por lo tanto, lo hará) convertirse en otro factor de discriminación ya que los que puedan elegir – los ricos – elegirán a los doctores con las mejores puntuaciones (no, no es que no lo hagan ya, que soy consciente de que lo hacen) dejando a los médicos de mayor riesgo solamente para aquellos pacientes que no pueden pagar a los otros médicos, a los de los buenos resultados. En palabras de la autora: “There are simple problems, complicated problems, and complex problems. And then there´s just chaos”.

Por otra parte, como no sé nada de moda, pues me ha sorprendido mucho que exista un nombre para “the space between the rake of a shirt collar and the suit lapel” y más todavía que el nombre es esto sea “the credibility gap” (aunque no sé si esto es cierto o no, ninguna de las dos cosas, digo).

Todo puede ser, incluso que yo me compre dos libros con portadas amarillas en el mismo mes (de hecho, pese a que odio el color amarillo en general no preocupa nada más que para la ropa y puedo soportarlo en muchas otras cosas, que quede claro) pero mi última lectura, Gun Love, pues también tiene una portada de ese color, combinada con un morado desapacible. La verdad es que me lo compre por una frase de la primera pagina “She knew all the songs. So why would she get mesed and stirred up with this man” que me pareció muy realista, como pese a las cosas que sabemos, con los libros, películas, canciones, historias que hemos asimilado seguimos (unos más que otros) pues cayendo en los mismos engaños. No sé, son de esas preguntas que uno siempre se hace, como “even Hitler had a girfriend, so why can´t I?” o aquello de “¿escucho música pop porque estoy triste, o estoy triste porque escucho música pop?”. Grandes preguntas sin respuesta.

Por cierto, que el libro no intenta responder a esa primera pregunta ya que hay cosas que sencillamente no tiene respuesta y se limita a contar una historia interesante reformulando mejor algunas reflexiones que siempre me he hecho: “One day a scientist is going to hear everything the plants are saying. Just wait for the day when trees can tell us what it´s like to have their branches cut back. That day is coming soon. Then the world Is going to have a real shock”.

Imagino que especialmente ciertos veganos, vegetarianos o similares que descubrir que ahora mismo la única diferencia con los omnívoros/carnívoros que comemos de todo es que ellos solo se alimentan de seres de movilidad alternativa reducida (vamos, paralíticos que no pueden echar a correr por tener raíces) que es como normalmente planteo yo esta reflexión.

Y también incluye otras que no se me habían ocurrido pero que comparto, como está especialmente:“one of the things that are so troubling about old photographs is that you know what happened afterward. It´s as if you look at the photo and then zoom, just like a movie, you know what´s coming”. Probablemente la razón por la que no me gustan demasiado las fotografías antiguas, son pocas las historias que acaban bien.

En fin, pues aquí lo voy a dejar que según el calendario ya, casi mañana mismo, tengo que ponerme a escribir las lecturas de agosto que si no luego se me acumulan y es peor ya que voy atropellado y no es cuento nada de mi vida aquí en Aotearoa (que tampoco es que haya nada que contar y si lo hay pues ya os lo contare en vivo y en directo cuando pase – en breve – por los madriles.

sábado, 6 de julio de 2019

Comentario de textos - Junio 2019


 Aquí estoy, pasando la tarde del primer domingo de Julio, después de haber visto los titulares del último discurso del 4 de Julio de Trump, si, ese en el que ha dicho que George Washington (creo recordar, en cualquier caso “los padres fundadores”) eran unos valientes que habían “tomado” al asalto los distintos aeropuertos del país (si, aeropuertos, como lo leéis) para luego decir que había sido un fallo del teleprompter, justo antes de afirmar que a él no le hace falta el teleprompter porque se “sabia el discurso perfectamente” (una mínima contradicción sin relevancia) e incluso después de observar en la distancia el giro a la derecha de esa España (loquita de corazón, que decía aquella) en la que algunos no se quitan las caretas ni para nadar (ya sabéis aquello de nadar y guardar la ropa) y especialmente ese Madrid, que ciertamente echo de menos, pero que me empieza a recordar en ciertas cosas a ese Madrid de la transición, repleto de fachas orgullosos de serlo (usaría un término políticamente correcto pero la verdad es que no sé cuál, en estos tiempos de tana sensibilidad es muy difícil explicar según qué cosas). Ese Madrid en el que desgraciadamente ahora la estupidez del Madrid Central se ha convertido en un tema de derechas e izquierdas por lo que casi te ves obligado a considerarlo una buena idea para seguir siendo un buen español cuyas ideas solamente se producen por oposición. Lo siento, pero por mucho que sean los fachas los que están en contra de Madrid central, he de unirme a ellos en esto, afortunadamente por razones bastante diferentes. Para mí siempre es tan o más importante el porqué de la decisión que la propia decisión, decidir hacer lo correcto por las razones equivocadas es un error que al final siempre acaba volviéndose en contra de uno (o más habitualmente, de todos).  Pero, ya, si eso, otro día, pues debatimos de urbanismo, de la permeabilidad de las ciudades, de la gentrificación o de la “turistificación” de la ciudad que tienen este tipo de decisiones.



De momento, este domingo ando escuchando una caja de discos que compre por internet a las buenas gentes de Cherry Red, con el poco sugerente titulo de: Electrical Language: Independent British Synth Pop 78-84. que ellos me han mandado a Madrid, que mi hermana ha pasado al ordenador y que yo me he descargado aquí en Nueva Zelanda. Todo un viaje para una caja de discos de música de sintetizadores de primeros de los ochenta. En fin, que sepáis que, aunque intentéis ocultar vuestro tono entre la revulsión y la extrañeza, deberíais bajar el volumen ya que casi os puedo oír desde aquí preguntándoos: 

¿que, por qué demonios me he comprado una caja de música de sintetizadores de los primeros ochenta? Casi seguro que es vuestra primera pregunta, pregunta que surge antes de haber pensado unos segundos en el contenido de la caja. Es verdad que a mí la música de sintetizadores – salvo algunas honrosas excepciones que, ya, si eso, comentamos otro día – nunca ha llegado a gustarme, pero es evidente, a poco que os parecéis a pensarlo que es música que forma parte de mi formación (o deformación musical). En gran medida es parte de la música a la que no teníamos acceso (como tampoco teníamos a la mayoría de la música que ahora reivindicamos) ya que no estamos hablando de música comercial, ya que si bien algún nombre es conocido en general se trata de música que solo algunos afortunados conocían en el Madrid de los ochenta, la música que solo los más modernos de entre los modernos oían, música que solo podías oír en los verdaderos antros de modernos (digamos, como ejemplo, El Hangar). Son canciones que en general he oído a altas horas de la madrugada, perjudicado, o favorecido, por la ingesta de diversas sustancias; canciones que como mucho he oído una sola vez (aunque algunas de ellas consiguieron hacerse un hueco en las cintas que Jacobo grababa robándole – temporalmente – los discos a su hermano Manu y las he oído cientos de veces) pero que de alguna forma se han quedado enredadas en mis neuronas junto con muchas otras cosas que o bien no puedo, no quiero o no debo recordar (como aquellas oyentes de Radio Verde y su merienda)

Pero, ya, si eso, recordaremos otro día, aunque después de leer, “What happens to you doesn’t belong to you, only half concerns you. It´s not yours. Not yours only” no sé hasta qué punto puedo, es mi derecho, recordar y contar según qué cosas ya que es cierto, casi nada de lo que me ha sucedido me pertenece a mí, o no solo a mí y eso es un pequeño problema, o no. Ya veremos.

En cualquier caso, andaba yo el otro día paseando por esta nada fascinante ciudad cuando en el escaparate de la sección de librería de los almacenes Farmer’s (si, no es coña, es así como se llama el equivalente a Galerías Preciados, cuya sección de librería es Whitcoulls que antes era parte de aquella cadena de librerías americanas que quebró llamada Border’s y que yo sinceramente no considero como una librería. Al Whitcoulls de Auckland, digo; que Borders si me parecía una librería curiosa) tenían lo que parecía una nueva novela de Thomas Harris, que no parecía relacionada con el bueno del doctor Lecter: Cari Mora, se llamaba y en la portada aparecía una imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre (no, aunque dudo que os lo estéis preguntando, no, yo no reconocí a la Virgen directamente, o no la reconocí más allá de saber que era una Virgen, sin poder precisar cuál de todas ellas era).

Ya he dicho varias veces que, pese a que descubrí a Thomas primero, la verdad es que cada día prefiero más a “su hermano”, incluso teniendo en cuenta lo dicho sobre su última novela. A ver, que Thomas es un buen escritor y la creación de Lecter (en las dos primeras de la serie) debería de ser suficiente para darle siempre una oportunidad (sin olvidar Domingo Negro) y esta novela en concreto sería buena, no muy buena, si la hubiera escrito otro. No, no es que sea mala, no lo es; se deja leer y pasas un rato entretenido, pero… le falta algo, entre otras cosas… credibilidad a los personajes. En cierta medida son una caricatura, unos personajes de comic y eso hace que la novela se resienta fuertemente. Pero con todo, sigue siendo un Harris.

En Whitcoulls, parece que aquí es una tradición u obligación, tenían una lista de las según ellos mejores cien novelas, las cien novelas que tenías que leer, o cualquier cosa de ese estilo. Lo cual no dejo de sorprenderme ya que el total de libros a la venta duro que superara los trecientos por lo que cien destacados me parecían excesivas (no os resuelvo el porcentaje ya que en España es verano y así tenéis una actividad post escolar con la que entreteneros. De nada, un placer poder colaborar en vuestra educación matemática, o por lo menos en intentar corregir un poco ese analfabetismo numérico).

El caso es que como no me gusta comprar un libro solo, ni siquiera cuando solo he entrado por un libro concreto – estuve un rato mirando esa selección de títulos y al final, tras largas y tortuosas dudas, me decidí por comprar The HItchhicker´s Guide to the Galaxy. Obviamente para releerlo, pero también porque me parecía la mejor forma de recordar el número y de poder usarlo como comprobación del nivel de referencias comunes que tenía con mis compañeros de trabajo y con los aborígenes de la zona. Estaba casi seguro, sigo estándolo, de que podía utilizar esta referencia en una conversación casual para saber cuánta cultura tenemos en común, cuantas referencias culturales compartimos. Lamentablemente de nuevo fueron pocas y salvo una excepción de momento nadie ha cogido esta referencia en esta parte del planeta, limitado a la oficina. Y no, no voy a deciros cual es la referencia numérica ni cómo usarla ya que es obvia y como buenos lectores deberíais – incluso los no aficionados a la ciencia ficción – recordarla; si bien podéis olvidar el numero o confundirlo, como suelo hacer yo, con el de al lado, saber esta referencia es como saberse el principio o trozos de poemas o libros, es como… no sé, saberse la respuesta a la verdadera pregunta de la humanidad.
Aunque no sé si seréis capaces de oírla entera o de apreciarla, aquí os dejo una canción que acaba de sonar en ese recopilatorio y que obviamente no tiene nada que ver con lo que os he contado sobre el mismo, pero… que es bastante impresionante.



Después de esta pequeña traición comercial ya me tocaba volver a The Women´s Bookshop a seguir con mis estudios de género, es decir volver por volver y porque, al fin y al cabo, pues soy un tipo de costumbres y con una librería o dos que visitar tengo más que suficiente, para mí lo ideal es encontrar una librería en la que todos los libros que no están de canto son nuevos y tienen posibilidades de gustarme. De esta forma puedo elegir al azar o por cosas tan tontas como el titulo o la portada sin tener que mirar la contraportada que normalmente, como bien dice Rafa es algo que de lo poco que el autor no ha escrito y por lo tanto pues juzgarla por lo que pone es raro (vale, normalmente tampoco ha escrito el titulo ni ha elegido la portada, pero… si nos ponemos puntillosos no habría forma de elegir salvo comportarse como un hippie y ponerse a leer el libro por el principio en la propia librería. Eso sí que no).

Utilizando el criterio del título me decidí por Saltwater, ya que como sabéis cualquier libro con referencias hídricas o hidráulicas pues me tiene ganado como lector. Incluso cuando había mirado la contraportada y al parecer “exploraba las complejidades de las relaciones madre-hija…” me decidí a intentarlo, así de fácil soy yo.

El caso es que, aunque obviamente no me siento identificado con el personaje principal que es mucho más complejo y profundo (además de femenino) de lo que yo soy o seré, he de reconocer que si me (gustaría) reconocerme en algunas cosas y pensamientos:

“I spend days wondering what exactly I am doing in Donegal. I am so drawn to difficult things. I am always travelling far away from the people I love. I am constantly searching for something I cannot articulate, uprooting and disappearing based on an abstract feeling in the pit of my belly. What if it not the right thing to leave London? What if this is not the rights way to live? Perhaps it is better to want tangible things, like bodies and objects. Everything I want is invisible. Do invisible things have worth?”

He escrito “(gustaría)” ya que no estoy seguro de que las cosas que yo quiero sean invisibles, ni siquiera estoy seguro de que pueden ser esas cosas invisibles (me temo que seguramente se refiera a sentimientos o cosas de ese estilo) pero si es cierto que a veces tengo tendencias parecidas que me llevan a alejarme de todo, que de vez en cuando me llevan a decidir que “me debo marchar”. Eso, o simple cobardía de ahí el me gustaría.

En este sentido también me gusta mucho, y comparto, esta reflexión: “I have felt desperately lonely before, in the middle of a city holding hands with a lover. The kind of loneliness that grips your heart in its fist and squeezes until there is nothing left. I am very alone here in Ireland, but I am not particularly lonely. Here is a gentle isolation in remote places”. De hecho, si algo me conturba un poco de Auckland es que no es un lugar remoto, es solo un lugar turístico con demasiada gente.

En general es un buen libro, incluso para ser un libro de chicas con demasiadas referencias a los sentimientos, aunque esta sobre el color del amor no tiene desperdicio: “I think that if love was a color then it would be brown. It is the colour of rust and rot and decay, of avocados spoiled by the passing of time and of dirt and age and things that have been forgotten, It is the colour of tobacco and coffee, of soil and chocolate and whiskey; things that are delicious in a heavy, cloying way”.

Afortunadamente este tipo de cosas las compensa con esta cita musical que sencillamente no tiene desperdicio (el video, digo):



Mi siguiente selección, Bowlaway, se basó en el otro gran criterio: la portada, obviando una vez más el título y lo escrito en la contraportada y no funciono tan bien, de hecho no he conseguido terminármelo. Demasiada historia de personas perdidas, super especiales, demasiado, como decirlo, folletinesco y supercalifragilistico-espialidoso. Con todo y pese al escaso interés me encanto esta reflexión:  “We have all invented things that others have beat us to: walking upright, a certain sort of sandwich involving avocado and a onion roll, a minty sweet cocktail, ourselves, romantic love, human life” ya que creo que hay cosas que todos inventamos a nuestra manera aunque ya existieran con anterioridad. Su existencia anterior no tiene nada que ver con nosotros y con nuestra capacidad de invención.

También me gusta mucho esta frase: “the fact is he did not drink so very much in those days – more than most men, but less than many” cero que no se puede ser más Churchiliano, es tan británica que no estoy seguro de que pueda decirse en otro idioma, o que suene igual de bien.

Como uno no puede vivir solo de lecturas femeninas y como últimamente llueve bastante decidí acercarme a reponer lecturas por la librería que más cerca queda de mi casa y a la que poco a poco le voy cogiendo cariño, aunque no acaba de convencerme totalmente. No sé, tiene algo que no me acaba de gustar pero que no se verbalizar, puede que sea que es un poco como de segunda mano y a la vez un poco hípster pero con un toque de quiero y no puedo.

Tiene un desorden en el que se me hace difícil encontrar cosas con demasiadas secciones de cosas que no me interesan especialmente (siempre desconfió si hay una sección de libros de autoayuda) y me costó localizar Charlie Savage: No, no es que la conociera pero si conozco al autor (Roddy Doyle) al que tenia etiquetado como un autor de temas serios y profundos. Supongo que porque la primera novela suya que leí fue La mujer se chocaba con las puertas, que pese a lo divertido del título es una novela sobre la violencia de género y la otra que he leído, una especie de memoria de su infancia, también tenía un toque de esos serios. Así que ha sido todo un descubrimiento encontrar esta colección de articulillos – con un personaje en común – en los que despotrica con una ironía irlandesa que no tiene desperdicio un poco de todo. Desde la proliferación de expertos: “I don´t remember experts on the radio when I was a kid. There were just people who knew a bit more than the rest of us”, hasta la existencia de libros sobre cervezas “A book about beer! As far as I am concerned, that’s about as useful as a book about inhaling and exhaling – Breathing for dummies.” pasando por la pérdida de categorías de peso, en las que ahora la gente solo puede pasar directamente de delgada a obesa, sin matices intermedios.

Normal el sentido del humor, el gruñir del protagonista que es un hombre de mediana edad y “Ageing men are supposed to groan; as far as I know it´s in the job description. But my groaning days are probably over. The daughter is going to cure me or kill me” pero que obivamente antes de morir ira al pub local ya que “if I´m on my way to eternal damnation, I´ll need a pint before the trip”. Exacto, no se puede plantear major.

Mi última compra, Under the sea, tiene a una monja en la portada (entre otras cosas) lo que no deja de ser curioso y casi parece planeado, pero, los que me conocéis sabéis que es completamente fortuito y que seguramente ni recordara la portada del primer libro de este mes al comprar este.

Se trata de una recopilación de cuentos entre los que hay alguno bueno y alguno excepcionalmente malo. Ninguno totalmente brillante ni fantástico, pero en general con un nivel aceptable. Mi parte favorita es “Up to that point, if my life had been a novel, it would have been the sort of slow paced, middling, pseudo-literary meditation on bourgeois ego so over-represented in American Fiction… I wondered if tonight was the night my life finally changed genres”.

La verdad es que supongo que mi vida sería un género literario bastante aburrido en el que por cierto tampoco parece que vaya a cambiar nada en breve. ¿la vuestra, como la veis?


Lista de lecturas
Cari Mora – Thomas Harris
The Hitchhiker´s guide to the Galaxy – Douglas Adams
SaltWater – Jessica Andrews
Bowlaway – Elizabeth McCracken
Charlie Savage – Roddy Doyle
Under the sea – Mark Leidner




sábado, 15 de junio de 2019

Comentario de textos - Mayo 2019


Auckland, como Saturno, es aburrido, pero no porque no haya televisión. La verdad es que aquí hay televisión y, si uno la mira con cierto distanciamiento (o cinismo) es incluso divertida, especialmente las noticias que recogen cosas como el comportamiento incívico de una familia de turistas británicos – a los que han acabado echando del País – o las cuitas de algunos agricultores o de una vaca extraviada que ha cortado una carretera. Las noticias internacionales tienen una repercusión entre nula y cero. En cierta medida me recuerda a Piles, donde solo importa lo local, el deporte o la cultura basura, un lugar en el que si les pides que enciendan la televisión porque ha habido un atentado en las torres gemelas te miran con esa cara de “¿a quién le importa eso?” y o bien no te hacen caso o en cuanto pueden vuelven a poner otra cadena.

Supongo que esto, este localismo, tiene alguna explicación en su carácter isleño aislado de prácticamente todo, o tal vez se deba a que realmente no les interesa nada el mundo exterior que ven como algo completamente ajeno. Resulta curioso su patriotismo, o casi diría tribalismo, donde ninguno parece sentirse ciudadano del mundo – o de algo un poco más grande que su pequeña aldea – donde realmente para ellos ser de donde son, en el sentido de la parte más pequeña de donde son (su aldea, su rio, su montaña) es lo importante.

No, no exagero, y no, no es una apreciación sin base. Antes ya lo notaba, pero después de recibir dos clases sobre Maoritanga (lengua y culturas Maori) y “descubrir” como uno debe de presentarse; lo que ellos llaman whakawhanaungatanga o pepeha, que consiste en decir cosas como ¿Cuál es tu montaña? ¿Cuál es tu rio? (otra cosa sorprendente es este “posesivo” sobre la tierra que tiene, ellos lo llaman conexión, pero para mí hay una diferencia entre ser de un sitio y que un sitio sea tuyo, que es como ellos lo expresan) luego tu tribu y su tribu y luego ya si eso pues de dónde vienes, que haces para terminar con cómo te llamas, me ha hecho darme cuenta de lo mal de la pelota que están. Siendo para ellos más importante cuál es tu pasado que quien eres tú. Claro que no es solo eso, ya que según nuestro “profesor” si bien la presentación es más o menos obligatoria, uno puede, incluso debe, hacer la presentación en su lengua natal (según él, ya que la presentación es acerca de uno mismo) pese a que tú seas el único que hable tu lengua natal. Lo que obviamente hace que la presentación, como forma de entendimiento y de explicación, pues carezca completamente de sentido.

Me habría gustado, aún es posible que lo haga, conversar un poco más sobre estos y otros particulares con mi profesor, pero el pobre que había hecho el esfuerzo de explicar (renunciar) a que en nuestra presentación habláramos de “la canoa o barco” en la que habíamos llegado a Nueva Zelanda – aceptando que, obviamente, hablar del vuelo 732 de Emirates pues no aportaba mucho a quienes éramos – se había quedado bastante atorado cuando le intente explicar que para mí todo eso del rio, el monte y otras características geográficas carecían de sentido ya que yo era de una ciudad en la que no tenemos (al menos yo y mis amigos) especial conexión con ningún rio, ninguna montaña ni en general ningún “accidente” geográfico. Que esas cosas no me definían en absoluto, igual que no me definía la tribu o subtribu a la que pertenecía.

Uno tiene que elegir sus batallas y la mía de momento está en intentar explicarles la irracionalidad de que toda el agua tiene que volver a la tierra para “ser purificada”, que no puede volver directamente a los ríos una vez depurada por medios tecnológicos, claramente superiores a los de la madre naturaleza para la escala de población y civilización que tenemos. Dudo que lo consiga ya que estoy seguro de que mejores personas que yo lo han debido de intentar, sin éxito, pero obviamente es un gran problema que “desvirtúa” bastante la utilidad de mi profesión.

Pero, ya, si eso, os comento sobre mas rarezas de estos aborígenes que son realmente sorprendentes, como digamos la colocación de los CDs en las tiendas de discos usados que verdaderamente me desquician, otro dia que hoy tengo pendiente las lecturas de este mes.

Mi primera lectura, Lost And Wanted, que trata sobre una profesora de física que, pese a no creer en fantasmas, en fuerzas supernaturales, en pseudo-ciencias o en otras chuminadas, recibe una llamada de su mejor amigo un par de días después de su muerte, era una elección arriesgada ya que podía ir en el sentido de ser una apología de la imbecilidad o bien resultar entretenida. Afortunadamente se trataba mas del segundo caso que del primero y si bien es un poco aburridilla a ratos pues tiene algunas cosas fascinantes como cuando habla de las categorías en las que todos tendemos a clasificar a los demás, o al resto el mundo (ya sabéis eso de “el mundo se divide en dos tipos de personas” pero generalizado a n), refiriéndose a ellas como “… nothing more than comforting fictions, like Bohr´s atomic model, which is pretty and so sensible – its particles orbiting the nucleus like a miniature sun and planets – that´s is still the definitive representation. This is in spite of its incompatibility with everything we now know about the very tiniest pieces into which the world can be broken”. Es decir, algo, que sabemos equivocado ya que el número de grupos (n) en el que se divide en mundo tiende, si no bien a infinito, si hacia el número de personas que componen el mismo, pero que, en su sencillez nos resulta reconfortante (a priori, ya que cuando mantenemos la división en un número mínimo de categorías nuestro riesgo de estar iniciando el germen del racismo o cualquier otra discriminación, es peligrosamente elevado).

Otra de las referencias físicas interesantes – que seguro sorprende, especialmente a los zurdos o a los promotores de la igualdad en todos los sentidos – es al premio nobel de física 1957 sobre la no conservación de la paridad en las partículas que refleja que la naturaleza si tiene una preferencia en cuanto al giro de las partículas, que girar hacia la izquierda o hacia la derecha no es igualmente probable. Vamos, que un tipo de giro es más natural que el otro.

Aunque sin ser un experto en física ni en deportes un comentario que tiene sobre que en el futbol (soccer) no está permitido golpear el balón con la cabeza no sé si me hace dudar del resto de contenido sorbe física o si sirve para reafirmar que seguramente este bien, ya que de todos es sabido que la gente que entiende algo de física no tiene ni idea de futbol, y viceversa. Algo que seguramente sea tan falso como el átomo de Bohr, ya que se, a ciencia cierta, que hay gente que no tenemos ni idea ni de uno de otro, así que puede que haya algún tipo de gente que tenga idea de ambos.
Con todo, mi parte favorita es cuando cita a otro autor para decir “ancients talk about morals and virtue, while all we talk about is businnes and money” y resulta que el autor que está citando es Rousseau. Como el propio autor dice, pues imagínate lo que Rousseau pensaría ahora de nosotros y nuestras conversaciones.

Como me había quedado con ganas de comprarme The Border en Madrid, por no tener que cargar con ella durante la escala en Dubai y en general durante el viaje y como es una novela que no estaba en The Women´s Bookshop, o yo no conseguí encontrarla, pues me acerqué a la otra librería rival, Unity Books, a ver si la tenían. Y la tenían, aunque he de reconocer que con una escasa presencia para ser un best-seller mundial.

La novela, que parece ser la última parte de la trilogía de la droga de WInslow, es mejor que la segunda parte – que era maleja – pero peor que la primera parte – que era excepcionalmente buena. Es la típica novela que sería buena, incluso muy buena, si no fuera de Don Winslow (y el Don no lo pongo yo, en plan signo de respecto – que por alguno de sus libros seria merecedor – ni en plan Don Pepito – que suena a pitorreo y no es merecido -  si no que en este caso viene con el apellido) pero que siendo de Don Winslow pues se queda un poco corta. Le faltan diálogos brillantes, supongo que por querer proporcionar verosimilitud al tema ya que las personas normales y los diálogos excepcionales raramente van de la mano, y le sobra información que no hace avanzar la historia al ritmo deseado.

Vale, puede que esta última queja sobre un exceso de información sorprenda viniendo de mí, un tipo al que le llama la atención y le interesa la información prácticamente sobre cualquier cosa (desde la física de partículas hasta las características diferenciadoras de los tipos de hielo y nieve de los esquimales) y tenéis razón, no es justo en un sentido estricto. Pero qué le vamos a hacer, mucha de la información del libro es como la información que se contiene en las clases de historia y a mí no me llega. Otras, ciertamente me ha interesado mucho, como descubrir que existe algo llamado CCA (Corrections Corporation of America) que es una empresa pública pero cotizada en bolsa. Es decir que pese a su carácter público se mueve por objetivos comerciales y que, por lo tanto, en palabras del propio Winslow  “CCA wasn´t in the business of releasing inmates, it was in the business of retaining them” lo que obviamente parece un poco contradictorio con algunos de los objetivos de rehabilitación o incluso de integración que igual se le podrían suponer.

Algunas otras me suenan increíblemente extrañas pese a que alguna parte de mi cerebro las considera como ciertas e incluso cree haberlas sabido ciertas en algún momento como la tradición de que no has de devolver nada que te presten en día de los Santos Inocentes. Ahora mismo, y al leerla, se me hizo totalmente extraña y pensé que sería una tradición limitada a México, pero ahora, al ponerme a escribir en este blog, la tradición me suena y estoy casi seguro de haberla tenido por cierta en algún momento (aunque no creo que nunca la haya “practicado”, en el sentido de pedir algo prestado el día de los inocentes siendo consciente de que no tendría que devolverlo ni acogerme a la usucapión).

Difícil saber que es verdad y que recuerdos son inventados a posteriori. Especialmente para alguien como yo, cuya memoria es cada vez más un queso de gruyere lleno de agujeros debido a las impurezas de la materia original o de la materia que lo rodea. El caso es que mi memoria es tan mala que el otro libro que compre para acompañar la compra del de Winslow fue For The Good Times.  Digo tan mala porque en cuanto llegue a casa me di cuenta de que era de un autor del que acababa de leer un libro que no me había gustado nada, algo que en caso de haber recordado pues seguramente hubiera considerado a la hora de comprar, o no comprar este libro. El caso es que, si el otro libro de Keenan no me gusto este, en el que el tema me es en cierta medida más ajeno (al fin y al cabo, el crecer con el peso de una banda terrorista y con una violencia cotidiana me es más o menos ajeno por mucho que la transición no fuera la balsa de aceite que nos quieren hacer creer tampoco era la Irlanda de los setenta, ni Madrid en los ochenta era el país vasco) me ha gustado algo más.

Leer, o releer, sobre los carteles de Sniper at Work que había por Irlanda, no para avisar de la presencia de los francotiradores si no para asustar dejando claro que esa zona era, estaba bajo el control del IRA, o leer (esto si totalmente nuevo para mí) sobre una forma de cometer un crimen sin realmente cometerlo, dejándole esa tarea a un inocente conductor de ambulancia, dejando a la víctima simplemente inconsciente en la calzada a la salida de una curva en un punto mal iluminado y pedir una ambulancia urgentemente (que sería el que al final atropellaría a la víctima) que es realmente un retorcimiento del catolicismo muy propio como el de matar para evitar abortos o el cometer asesinatos para seguir siendo católico, como el caso del IRA.

Pese a toda esa violencia que hay en esa época en ese lugar siempre hay sitio para un poco de humor como la opinión sobre el nombre de otra facción denominada “Free State Volunteers” sobre la que uno de los personajes solo puede decir “Volunteering is for Unionists and for fucking Ulster-ísts, far as I’m concerned, he says. Republicans runs armies, not charities”.

Tras esta pequeña traición, o infidelidad, a mi librería de mujeres – por una buena causa, en mi opinión – mi siguiente compra empezó con My Sister, the serial killer cuya idea general era buena, una de las protagonistas recibe una llamada de auxilio de su hermana que le cuenta que en defensa propia a matado a su novio. El principal problema es que este es el tercer novio al que mata accidentalmente y en defensa propia. Pese a que esto podría dar para una interesante historia, incluso divertida, la verdad es que al final todo se diluye en una historia de amor y, en cierta medida, celos, apareciendo además un personaje que se recupera de un coma solo para guardar el secreto o, no se sabe bien para que… y la historia flojea bastante, con escaso sentido del humor. LO mas gracioso es cuando habla de la lluvia y de como “In the western world you can walk or dance in the rain, but here, the rain will drown you”; algo que estoy seguro es verdad y que obviamente proporciona unos referentes culturales diferentes.


Podría parecer que How to bake π lo compre en la librería de mujeres como si fuera un libro de recetas y con la idea de comprar algo femenino, pero, nada más lejos de la realidad. De hecho, el libro tiene el subtítulo de Easy recipes for understandng complex maths y al hojearlo en la librería la idea me pareció divertida: explicar matemáticas comparándola con la cocina. Ya, ya sé que alguno, o alguna, estaréis pensando pues vaya planteamiento más machista, así que, para usar recetas de cocina para explicar matemáticas, pues vaya es que crees que las mujeres no podemos entender algo más complicado que una receta de cocina, o que para interesarnos (a las mujeres) en las ciencias hay que acercarlas a un mundo que nos sea “propio” como la cocina.  Pues no, nada más lejos de esto ya que nadie ha dicho que este sea un libro para mujeres (aunque la sospecha existe ya que lo he comprado en la Women´s Bookshop de Auckland), ni yo, ni tampoco la autora (si, está escrito por una mujer a la que se le ha ocurrido la idea y el título, así que a mí no me miréis).

Si bien creo que la idea es bastante maja, la verdad es que el libro me ha resultado un poco aburrido (a ratos) e incluso un poco desorientado. No tiene un equilibrio claro entre las matemáticas básicas (tipos de números y sus relaciones), algunas matemáticas intermedias (las funciones, los grupos, anillos y similares) y las matemáticas más avanzadas como la teoría de categorías o la topología y sus propiedades. Con todo tiene partes entretenidas, entre ellas la que y ava a ser una de mis frases favoritas sobre aprendizaje: “feeling stupid for not having understood something before just shows that you are now cleverer than you were then”.

Tambien tiene algunos recordatorios de temas muy interesantes (siempre, pero especialmente para esas discusiones de sobremesa) como el teorema de la imposibilidad de Arrow que explica (en cierta medida) porque no existe un sistema de voto justo (definiendo previamente lo que es “justo”, como es obligatorio), o esos ofertas de algunos servicios de telefonía o viajes que van contra las reglas del mercado ya que es más barato que te vendan más cosas que qué puedas comprar lo que necesitas (p.e. si te hacen una oferta de fibra más teléfono pero no quieres en teléfono te cobran más que con ambas cosas, algo que claramente va contra la esencia del precio justo por el servicio, o como puede ser más barato volar de Londres a Madrid pasando por Roma y Oslo que volar directamente).

En fin, no ha sido un mal mes en cuanto a lecturas ni tampoco en cuanto a mi estancia en Nueva Zelanda, aunque todavia estoy muy lejos de coger un ritmo vital que me haga feliz poco a poco voy estableciendo algunas pequeñas rutinas que me dan satisfacción (como la correspondencia con mi hermano) pero otras todavía me quedan lejos como volver a practicar magia con cartas, escribir a mi sobrina (e incluso a mi sobrino), avanzar en mi libro o escribir más sobre mis recuerdos en este blog (antes de que terminen totalmente borrados).

Sobre este último tema (los recuerdos) Barcina me ha mandado unas fotos que requieren una historia para acompañarlas, pero en plan tráiler aquí os dejo lo que se suponía iba a ser una prueba fotográfica definitiva de cuál de los hermanos (Vincent o Theo) estaba más calvo rota en la soledad de un bosque de Maine (donde pasan cosas verdaderamente extrañas). Ya, si eso, en la próxima entrega hablamos de ese viaje.


Lecturas
Lost and Wanted – Nell Freudenberger
The Border – Don Winslow
For the Good Times – David Keenan
My Sister: The serial killer – Oyinkan Braithwaite
How to Bake π – Eugenia Cheng