domingo, 6 de agosto de 2023

Comentario de textos – Junio 2023

Creo que esta vez sí que voy con retraso, puede que, incluso batiendo un record de retraso, aunque también es posible que no. Desde luego si es un record, es un record personal ya que el record de retraso lo tiene el carpintero de Piles del que empiezo a sospechar que su trabajo anterior estuvo relacionado con el monasterio de El Escorial. ASi de mal van las cosas, ya que además ahora tiene excusa puesto que en Piles hasta septiembre no se puede hacer obra. En fin, que ando muy deprimido con este asunto, sobre todo con la imposibilidad de avanzar, pero también con la gestión de estas cosas, en tratar con gente, que es algo para lo que soy un negado.

Es verdad que Piles está quedando bastante bien, incluso excelente en mi opinión (pero yo soy parte implicada, así que mi opinión vale poco). Ya solo falta que Constantin (el maldito carpintero) acabe, arregle todo lo que ha hecho mal y… pues ya veremos si pintamos o lo de jamos con el aspecto actual de loft, o más bien de nave industrial, con sus rozas por las paredes, sus cables colgando y bueno, ese tipo de cosas.

Lo básico esta (casi todo, falta alguna cama y alguna lámpara), incluso ya tenemos una nevera pequeña arriba para tener unas cervecitas, agua y alguna que otra cosa para desayunar o para mientras jugamos al billar, vemos una película en una pantalla de n pulgadas tirados en un fenomenal sofá (respecto a si colocamos una diana de dardos, todavía hay cierto debate; igual que sobre la máquina de flipper o de marcianitos que es una cuestión generacional).

Y aunque todo esto está bien, incluso muy bien, lo más importante para mí ha sido una compra que hicimos en el Lidl de una hamaca con su soporte de terraza con la que he vuelto a descubrir no ya lo que me gustan las hamacas si no lo feliz que me hace estar tumbado en una. No se explicarlo, me proporciona una sensación de ingravidez que me fascina y me reconecta con toda mi adolescencia, una gran parte de la cual me la pase tumbado en una hamaca en la terraza de Nicasio. He de reconocer que es una de las cosas que más me gusta del mundo, no sabía que me gustaba tanto, aunque como ya digo podía sospecharlo ya que el trozo de la terraza de Nicasio en el que teníamos la hamaca era mi espacio personal en el que me tumbaba a leer, a escuchar la radio (el golpe de estado del 23-F estaba tirado en la hamaca cambiando de emisora cuando empezaron los tiros) o a hacer que tocaba la guitarra para mis vecinas de la residencia de monjas que había justo enfrente.

De verdad, una hamaca es lo mejor que hay, salvo tal vez... dos hamacas… no por tener compañía, que es algo que no se necesita en una hamaca, si no por tener repuesto si ocurre la tragedia de que se rompa (algo que sucedió en la de Nicasio pero que se solucionó robando la que tenían mis hermanas y nunca usaban).

En breve me marchare otra vez a mi hamaca, pero de momento vamos con las lecturas, no del mes pasado si no del anterior, que así de mal vamos (bueno, voy… que mis escasos lectores no lleváis retraso).

Ya conté el año pasado que me había reconciliado con la Feria del Libro, así que este año también me acerqué por allí, dos veces. La primera para descubrir que ahora (igual siempre aunque yo tengo un recuerdo distinto) la feria cierra a mediodía y lo que es pero cierra en su totalidad como un solo hombre, cierran todas las casetas y casi le ponen puertas al campo (si, para mí el retiro es campo, campo abierto) casi intentan desalojarla; y la segunda, tras ese primer fracaso, pues a visitar a mi librería de referencia y a visitar alguna editorial con la alegría de descubrir que Sajalin (la que edita a Offutt) tenía caseta propia y ahcerme con alguna otra novela.

Mi primera lectura, Ciudad Muerta, obviamente fue de esa editorial, pero no de la América profunda, como las de Offutt o el resto del country noir que está de moda ahora, si no de una América más cercana (fílmicamente) como es la de la mafia de Nueva Jersey y eso, pues, se nota. Desgraciadamente se nota para mal, ya que si bien no es una mala novela es, en cierta medida, más convencional con sus pequeños mafiosos intentando escalar posiciones en la mafia. Unos mafiosos, alguno de los cuales “… en menos que canta un gallo, acabo meando fuera del tiesto. Pero al dueño del tiesto no le hace gracia.” Mientras que otros, los jefes, tienen las cosas mucho más claras “El éxito en los negocios, según Joe Zucco, solo era posible mediante una combinación de miedo y respeto: miedo a la traición y respeto por las consecuencias. Estaba convencido e que sin aquellos dos pilares el crimen organizado sería una quimera.” Y claro, esta combinación de mear fuera del tiesto con la necesidad de miedo y respeto pues siempre permite crear alguna historia buena, pero en este caso no excelente. Se queda en buena, aunque resulta curioso saber de “la mosca española”, una especie de viagra natural cuyo nombre es, cuando menos, curioso.

A primeros de mes, también coincidí con mi amiga Maria de la O en un evento “de trabajo” y, ella, que sabía que coincidiríamos (yo también lo sabía) hizo una reunión unilateral de nuestro pequeño círculo de lectores (más bien una línea que es lo más que se puede hacer con dos puntos) haciendo, lo que podríamos llamar trampa, se presentó con Tres veces al amanecer para prestármelo (esta vez con retorno, ya que era la copia de su hermana). YO recordaba al autor por su novela más famosa, Seda, que leí hace muchos años y de la que – como ya os imagináis – no tengo un recuerdo especial, o no lo suficientemente especial como para haberla mantenido ni en mi cabeza ni en mi biblioteca (seguramente ahora este en una biblioteca de una residencia de la tercera edad en Castilla León). Se trata de tres cuentos cortos, los tres con una pareja protagonista, que según el libro son la misma pareja todo el tiempo (aunque unas veces tengan la misma edad y otras diferentes, al parecer esto es por “…una lógica temporal que no es la que se manifiesta en nuestra rígida realidad, sino que sólo resulta viable en la privilegiada mecánica de la ficción”, así que yo, en mi simpleza, pues me las he leído como tres historias diferentes, con la rígida lógica de la realidad propia de un ingeniero. Las tres historias están bien pero solo eso, bien, incluso pese a esta reflexión sobre la maldad con la que coincido plenamente: “… hay que ir con cuidado con la maldad porque de joven parece un lujo que uno puede permitirse, pero la verdad es otra, y es que la maldad es una luz fría en la que todas las cosas pierden su color y lo pierden para siempre.” Y no, no me refiero (creo que el autor tampoco) a un rollo del karma (que al fin y al cabo no es más que el miedo a la venganza, del universo, pero venganza, al fin y al cabo) sino que más bien es como esa frade de “Anger Is an acid that can do more harm To the vessel in which it’s stored than to anything on wiich it’s poured”. Sí, hay que tener cuidado con algunas cosas – como la ira y la maldad – ya que a quien más daño hacen es a quien las ejerce o práctica.

Leídos estos tres cuentos era momento de pasar a La Furia, aunque solo fuera porque pasaba en Irlanda, en un tiempo justo después de que, al parecer, según la contraportada, los años de dinero a espuerta y de una Irlanda prospera han terminado, algo que ya suena un poco a ciencia ficción o a error tipográfico ¿una Irlanda prospera, sería un periodo muy corto, no? El caso es que pronto salen personajes bastante creíbles como el irlandés al que le llevan una botella de Jameson y saluda con un “- sean bienvenidos, usted y el señor Jameson. – James siempre le insistía en que no era alcohólico – Esos pobres cabrones – le dijo una vez a Tidey – tienen algo en el cuerpo, no pueden elegir. Yo, en cambio, he escogido beber demasiado. Se lo que me hace, y no me importa.”

Por supuesto, siendo Irlanda, además de no-alcohólicos hay monjas y que aclaran grandes debates teológicos y los problemas de pederastia, y otros excesos, en la iglesia irlandesa “Cuando era una niña, los sacerdotes nos contaron como reconocer la línea que separaba el pecado venial del pecado mortal, que ponía tú alma en peligro ¿te ha proporcionado placer? Esa era entonces la medida de las cosas. Tu instinto te podía extraviar. Pero el problema de verdad era cuando te daba placer. Creo que es esa manera de pensar lo que condujo a algunos sacerdotes a hacer lo que hicieron. Se decían que era algo que no podían evitar, una maldición de la carne. Luchaban contra el demonio, y siempre y cuando pudieran convencerse de que eso no les proporcionaba placer…” todo muy teológico, casi jesuítico. En fin.

Pero toca otros temas interesantes como ese de “Cuando aceptamos algo sin hacer preguntas, no es periodismo, es taquigrafía”; tan aplicable a estos debates que hemos tenido y a si los periodistas pueden decirle a alguien “usted está mintiendo” (no solo pueden, deben); o el tema de los músicos de versiones con ese “El pianista interpretaba una versión con demasiadas notas de una canción de Sinatra” que para desgracia de los oyentes es algo que les pasa a muchos músicos; o la reflexión sobre los tratos con los abogados “Por encima de todo, no había que aceptar el reto del abogado de la otra parte para ver quien mea más lejos: lo abogados viven en los urinarios, y se las saben todas.” En general, pues una buena novela.

En nuestro intercambio anterior Maria de la O me había dejado El peon y me había comentado que le había regalado a Cabut :14 de abril, así que ya que lo tenían en la caseta de mi librería de referencia (en la feria del libro, digo; ni en la cuesta de Moyano, donde tienen caseta, ni en la calle mayor donde están las cosas mejor colocadas) y puesto que el anterior me había gustado me decidí por seguir probando suerte. A ver, me ha gustado, pero dudaría bastante de a) clasificarlo como novela, ya que es más una colección de historias con un nexo, obvio, en común; y b) clasificarlo como “No ficción” ya que por mucho que se haya documentado el autor creo, me temo, que existe bastante ficción en el libro, en cada una de esas vidas truncadas o modificadas ese día (en las que se echa de menos alguna historia de, llamémoslo asi, “el otro lado”, que entiendo que existía).

Con todo, mi parte favorita, aceptándola como cierta, es la capacidad para titular un fanzine (bueno, según el autor, un periódico) de Ramon Acín nada mas o nada menos que “La Ira. El órgano de expresión del asco y de la cólera del pueblo”. Ahí es nada y luego dicen de los nombres de los fanzines punkies.

El detective Salvaje, es una historia de esas en las que tiene más peso lo extraño de algunos personajes que la propia historia (muy al estilo del autor) y aunque a veces esto funciona, incluso muy bien, en este caso la verdad es que, a mí me parece que, no funciona. Se deja leer, pero no aporta nada, en parte porque ni los personajes ni las situaciones son los suficientemente absurdas (el protagonista tiene una Zarigüeya, como mascota diríamos; algo que en principio es bastante exótico, pero es que casualmente en mi siguiente lectura también sale una zarigüeya como elemento raro, lo que ya deja de convertirla en algo raro). La verdad es que no he conseguido destacar nada que me haya llamado la atención de este libro (quitando lo ya comentado de la zarigüeya).


De mis compras de la feria del libro todavía me quedaba por leer la última de Offutt: El buen hermano en la que tenía puestas muchas esperanzas ya que, ya lo he dicho, me había gustado todo lo que había leído de él y bueno, podría ir de relaciones fraternales, teme que para los que tenemos hermanos pues siempre aporta algo. Se me ha quedado “muy escasa” y la verdad es que no me ha convencido nada, incluso creo que si hubiera empezado por esta pues es muy posible que no hubiera leído nada más del autor, o no lo habría leído con muchas ganas. La frase más divertida es esa de “Sorprende la cantidad de neoyorquinos que viven en Montana. El Oeste es lo que tiene, cualquiera puede venir y encajar, porque no hay mucho donde encajar” aplicable a Montana y, en mi opinión, a casi cualquier sitio rural, desde castilla la mancha hasta nueva Zelanda.

He de confesar que una de las cosas que menos me ha gustado es que en la misma página aparezca “una egagrópila de búho” (con estas palabras y no con tora cualquier para describir lo que regurgitan los búhos) cuando los dos personajes que ven “la egagrópila” son del tipo de “… llevaba una escopeta y derribo el árbol a tiros” ¿de verdad ese tipo de persona puede usar la palabra egagrópila? No sé, se me hace muy raro, pero… igual Montana es así, contradictoria.

La verdad es que ha hecho mucho calor  y muy pronto por lo que pese a quedarme sin lecturas antes de acabar el mes no me atrevi a cruzar el solar que es ahora la puerta del sol y llegarme hasta mi librería de referencia y tuve que robarle a mi hermana mi última lectura: Obras escogidas. Novena Selección de Cornell Woolrich (AKA William Irish). Obviamente, por aquello de ser ya la novela selección, no es lo mejor de Woolrich (no es la venta indiscreta ni la novia vestía de negro) pero la verdad es que casi todos los cuentos se dejan leer muy bien y son suficientemente entretenidos y con personajes interesante como ese detective al que van a contratar y dice “es la clase de asunto que me gusta. Son ustedes honrados los dos. Por lo que a usted se refiere, caballero – sus ojos se clavaron bruscamente en Durand -, la cosa no ofrece dudas. Solo un hombre honrado puede comportarse de un modo tan estúpido como usted parece haberlo hecho – Durand enrojeció, pero no dijo palabra-. Y yo mismo soy un estúpido. Hace más de una semana que espero en vano un cliente. Pero si su caso me disgustara por uno u otro motivo, no vacilaría en rechazarlo.” Con el que me siento identificado cada vez que rechazo un trabajo y que creo que diferencia a un profesional de un mercenario, o a una persona de un abogado (según que abogado).

También es muy divertida esa frase que le dice a un testigo que tiene que identificar a una mujer “fea”, de la que le enseñan una fotografía, y a otra “extremadamente guapa”., a al que solo le describen someramente, y que solo acierta a recordar a la guapa ya que “La gente solo ve con la sangre, con los latidos de su corazón. Ya que aquella que solo podía describirle con palabras la recordó inmediatamente y sin duda la recordara hasta el fin de sus días. Pero aquella cuya fotografía tuvo delante de sus ojos, es incapaz de recordarla…”, en mayor medida esto nos pasa a todos.

En fin, pues hasta aquí hemos llegado y yo voy a pensar en mi siguiente viaje hacia mi hamaca, pero vosotros que sois más activos pues ¡Divertíos asaltado el castillo!

 

Lecturas

Ciudad Muerta - Shane Stevens

Tres veces al amanecer - Alessandro Baricco

La Furia - Gene Kerrigan

14 de abril - Paco Cerdá

El detective  salvaje - Johnathan Lethem

El buen hermano - Chris Offutt

Obras escogidas - Novena Selección - Cornell Woolrich

domingo, 25 de junio de 2023

Comentario de textos - Mayo 2023

 Aquí estoy una vez más, a dar la brasa con lo cultureta que he sido durante el mes anterior mientras a) me preparo para marcharme a Piles huyendo de las fiestas del orgullo (algo, esto de la palabra orgullo, que me inquieta un poco, ya que para mí el orgullo está más cerca de ser un defecto que una virtud – aunque con matices, que uno puede estar orgulloso de sus logros, ser orgulloso no me parece una buena cualidad – especialmente cuando más que orgullo por algo conseguido es casi simple vanidad por algo que no debería tener mayor relevancia: ser como uno es. No es precisamente esa la premisa de la igualdad: ¿que tu orientación sexual, o tu identidad de género, es irrelevante? ¿Qué eso da igual y que todos somos iguales? Entonces ¿porque orgullo por la diferencia? He de reconocer que se me escapa bastante este tema que en gran medida me es indiferente: para mí que a alguien le gusten los hombres y no las mujeres es como que a alguien les gusten las rubias, pero no las morenas. No me parece una diferencia ni algo de lo que estar orgulloso; y b) sigo congratulándome por nuestra primera victoria judicial contra un trabajador (termino que aplica a esta persona en concreto le viene  grande) y que en palabras de la jueza tenía una “conducta obstativa que incumple de forma sistemática las órdenes e instrucciones del superior y que justifican, sobradamente, una trasgresión de la buena fe que conlleva una más que justificada pérdida de confianza de la empresa empleadora hacia el trabajador” por lo que pese a que todo el mundo nos había advertido de la parcialidad de los jueces hacia los trabajadores, en detrimento de la empresa, justifica plenamente el despido. Es decir, al fin y al cabo, me congratulo porque exista un poco de justicia (pese a que como decía alguno una justicia lenta no es realmente justa y este proceso ha llevado demasiado tiempo y probablemente no ha acabado) y de que exista un concepto más fino para decir “toca pelotas de forma insoportable”.

Igual debería aclara que no me congratulo de haber tenido que despedir a esta persona que nunca es algo agradable, no me congratulo de haberle despedido sin indemnización que entiendo que parece una cabronada empresarial. No, no me malinterpretéis: de lo que me alegro es de que la jueza nos dé la razón sobre que el despido es adecuado y razonable, no del hecho del despido o de la ausencia de indemnización (cosas que creo que se ha buscado el solo, e incluso e ha esforzado por conseguir con una obstinación rayana en la estupidez), ojala hubiera seguido haciendo bien su trabajo y nunca hubiéramos llegado a esto; pero a diferencia de lo que decía siempre mi padre: “dos no pelean si uno no quiere” a veces no te queda más posibilidad que pelear por lo que crees de justicia, o mejor dicho, defender lo que crees.

Ya que estoy en frases de mi padre aprovechare para comentar que curiosamente (en una página que sigo que aclara el origen de citas conocidas – no, no todas son de Oscar Wilde) este mes se preguntaban por el origen de esa frase de poster que me regalaron de adolescente “si no formas parte de la solución eres parte del problema” aclarando que la primera referencia a esta cita (o al concepto) es del 16 de octubre (el día de mi cumpleaños, aunque de 1936) y aparecía como anuncio de un sermón en un periódico de New York. ¿casualidad desconocida o causa del regalo? Cada uno que piense lo que quiera, que seguro que alguno tiene otra explicación.

Bueno, y después de estos comentarios introductorios, pues al tema que a ver si no me va a dar tiempo que, con las visitas de obra en mayo, ha sido un mes de bastantes lecturas.

Mi primera lectura, Los libros de Jacob, la cogí con cierta aprensión ya que tiene más de 1000 páginas, de hecho, tiene tantas páginas que estas están numeradas de forma descendente, en mi opinión para que uno sepa cuanto le queda, aunque en el libro se da otra explicación relacionada con la cultura hebrea y con que escriben de derecha a izquierda. Yo sigo convencido de que la cuenta atrás ayuda a terminársela ya que es un poco desesperante pese a tener su punto ya que habla de herejías o escisiones dentro de la fe judía con un personaje (al parecer real) que va cambiando de religión casi por una cuestión de fe y pasa de ser judío a cristiano a musulmán (aunque no estoy seguro del orden). Vamos, que forma una secta, pero partiendo del judaísmo.

Aunque la historia pasa en Polonia, no creo en la afirmación de la autora de que “En Polonia todo es diferente. Mirad, prima, Polonia es un país en que la libertad de culto y el odio religioso se encuentran en igualdad de condiciones. Por un lado, los judíos pueden practicar aquí su fe como quieran, tienen ciertas libertades y tribunales propios. Por otro lado, empero, el odio que se les profusa es tan grande que la mera palabra ‘judío’ esta impregnada de indignidad y los buenos cristianos lo usan como anatema.” que no creo que fuera muy diferente en España antes de la expulsión de los mismos, esa que al parecer dio creación al ladino (como idioma) “… los judíos hablan ladino, lengua que los siguió desde España cuando fueron expulsados, que fue adoptando por el camino palabras nuevas y que cambio su sonoridad hasta convertirse en lo que es: la lengua de los judíos sefardíes en los Balcanes. Hay quienes, maliciosamente, la llaman español echado a perder.” Nombre que un amigo, supongo que usando otra acepción (no, no la de “La Dino” cual, si fuera un travesti de carnaval, sino seguramente en la de astuto) pero sin especial sentido utiliza como nombre de dj.

El libro es bastante agotador, no solo en el sentido físico de sostener esas mil páginas a pulso, pero deja un ejemplo de la cábala que es bastante curioso a la par que ilustrativo: “Padre en Hebrero es ‘ab’. Lo escribimos así álef-bet, empezando por derecha. Madres es ‘em’ o sea, álef-mem. Pero la palabra ‘madre’, ‘em’, también se puede leer como ‘im’. ‘Ab’, padre, tiene un valor numérico de 3, porque álef tiene 1 y bet 2. ‘Madre’ equivale a 41 porque álef es 1 y mem 40. Y ahora: si sumamos las dos palabras, ‘madre’ y ‘padre’, obtendremos 44, el número de la palabra ‘yeled’, ¡o sea, niño!” Ya digo, totalmente majadero e incluso en la podrá explicación ya incluye una versión alternativa con la posibilidad de me madre no sea ‘em’ si no ‘im’… vamos que con un poco de imaginación y mucho tiempo libre pues puedes inventarte / descubrir cualquier tipo de relación... majadero pero curioso.

En esas mil páginas hay ideas curiosas como “El conocimiento debe ser como el agua limpia: gratuito y universal” idea con la que teóricamente estoy totalmente de acuerdo pero que en un plano practico es difícil de mantener a menos que la sociedad – como un todo – pague por la creación de este conocimiento (ya que de otra forma, nadie podrá dedicarse a mejorar el conocimiento, o tendrá que dedicarse en las horas libres de su trabajo, o aun peor, la adquisición de conocimiento estará reservada solamente a los ricos por su casa como ha venido sucediendo); o esa otra con la que también estoy, en gran parte, de acuerdo “¿acaso no es cierto que nuestras historias con contadas por otros? Solo podemos saber de nosotros mismo lo que otros nos cuenten: quienes somos y por qué nos esforzamos tanto. ¿Qué habría yo recordado de mi infancia de no ser por mi madre?” Pero con la que tampoco estoy totalmente de acuerdo ya que la forma en la que nos contamos a nosotros mismos es una indicación de quienes somos, incluso la forma en la que contamos las historias de otros dice, a veces, más de nosotros que de los otros.

Como comprendéis después de un mamotreto de más de mil páginas era el momento de desengrasar con unos cuantos cuentos, como el que necesita ver unos cuantos anuncios tras verse sin parar tres o cuatro horas de documentales de la dos, y que mejor que Cuentos completos de Salter que, con su aparente sencillez, proporcionan el entreteniendo y la variedad necesaria para “descomprimir” después de un tocho.

En general los cuentos están bien y tiene esa simplicidad de otra época que puede reflejar ese “Pensó en su padre, capaz de resumir su vida entera en una frase: ‘Te tumban y te levantas, eso es todo.” O en la respuesta de esa amiga a la petición de otra de “O quizá podría alojarme en tu casa, ¿no Kathrin? – Esta tenía un pequeño piso sin ascensor en Lexington: una sola habitación pintada de negro con una pared de espejos.” que no puede ser más certera. “Por supuesto. Hasta que una de las dos mate a la otra”, obviando las características del apartamento que no son relevantes para que dos amigas viviendo juntas acaben matándose.

Obviamente yo me siento muy identificado con ese “No lo sé: sentí el estúpido impulso de probar algo diferente. No sabía que la verdadera felicidad consiste en tener lo mismo todo el tiempo.” Por qué yo soy un poco inmovilista, soy tan conservador como un niño pequeño, o como un psicópata que necesita un entorno seguro y constante para no acabar explotando. Algo que contrasta con esa diferencia entre hombres y mujeres que sí creo que existe y que se refleja en “las mujeres se enamoran cuando consiguen conocer bien a un hombre, los hombres funcionamos al revés: cuando ya conocemos bien a una mujer es cuando estamos listos para largarnos.” pero que creo que no es especialmente aplicable en mi caso.

El concepto para mi más interesante es el de los regalos que desarrollar una pareja: “Nosotros teníamos una manera de resolver pequeñas desavenencias, cosas en principio inofensivas que el tiempo y el roce convertían en molestas piedras en el zapato, por decirlo así. Lo llamábamos ‘regalos’, y estábamos de acuerdo en que tenían que entrañar un compromiso duradero. SI uno repetía en exceso una muletilla, cierto gesto al comer o incluso una prenda de ropa, el otro podía pedirle como regalo que renunciaran a ella por completo. En ningún caso se podía solicitara que el otro hiciera algo, solo que dejara de hacerlo”. Sinceramente me parece una idea genial para mantener la convivencia ya que al final son las pequeñas cosas repetidas las que acaban haciendo más daño, como la proverbial gota de agua de la tortura mitológica. Si tengo oportunidad de probarla ya os contare si funciona (aunque he de reconocer que la reciprocidad de la premisa me preocupa: ¿Cuáles serán las pequeñas cosas con las que desquicio a la gente, amigos o parejas?).

El peón es un libro que había guardado para leer en Piles, porque el autor es Valenciano (de Genovés, para ser concreto) y que no proviene de mi librería de referencia (que no se os olvide pasaros: Méndez en la calle Mayor, que se merecen una visita, tanto los hermanos reales como los falsos hermanos) si no que proviene de mi intercambio literario con Maria de la O (que de momento pese a mi falta de expresividad sobre las lecturas, que contrasta con la suya) pues funciona bastante bien y me descubre cosas interesantes.

En esta novela tras la superficie de la historia del ajedrecista español, el niño Pomar, pues se van contando las historias de algunos peones de la historia en la que hay cosas sorprendentes como esa modificación, durante el franquismo, de “el quinto mandamiento donde decía ‘No mataras’ pusieron ‘Mataras con justicia’. Se mataba fría, sistemáticamente. No era el acaloramiento de las pasiones desatadas. Era el ideario gubernamental: matar, destruir el espíritu democrático del pueblo, aplastar a culatazos la cabeza, el corazón de la clase obrera y de las fuerzas progresistas.” precisamente mientras otro protagonista (Bobby Fischer, ni más ni menos)afirma esa tontería de “Ya sabes que allí dicen que el declive de una nación se vislumbre cuando su gente empieza a perder el interés por la ropa que viste.” que me parece una de gran chorrada, desgraciadamente no exclusiva de esa otra época sino que amplificada en esta, en la que la imagen es lo único importante.

También resulta interesante preguntarse porque hay tantos escritores obsesionados en el ajedrez, que entienden como una metáfora del mundo, o por las matemáticas que les parecen fascinantes aunque no acaben de entenderlas y a hacer afirmaciones como “Claude Shannon calculo el número de partidas posibles de ajedrez, usando solo jugadas legales, en 10120 algo que podrá ser cierto pero que no es bajo ningún concepto “Un 1 seguido de 123 ceros” por mucho que se reproduzca la ristra de ceros para darle empaque, ni “más que átomos tiene el universo”. En fin, escritores y matemáticas, desafortunada combinación excepto en casos muy anecdóticos.

Como curiosidad me he enterado de que el compositor de la música del NODO era un tan Manuel Parada, nombre asociado a un pianista bastante homosexual de la televisión, aunque obviamente no me confirmado si existe relación entre ambos hechos (Sospecho que sí, que en España hay nombres que se perpetúan).

También me ha resultado curioso que wsp, la empresa canadiense para la que estuve trabajando en Nueva Zelanda, tenga las mismas siglas que un movimiento antinuclear americano formado por madres: la Women Strike for Peace preocupadas por el estroncio 90 y el yodo 131, coetáneo probablemente de esa época en la que nos alimentaban con calcio y yodo a los afortunados niños españoles que nos lo podíamos permitir (en realidad, por si tenéis curiosidad, no existe relación entre ambos wsp, o al menos no directa, pero igual por eso una es con minúsculas y la otra con mayúsculas y quieren ocultar una conspiración internacional de madres).

Con todo y probablemente debido al yodo 131 o al calcio ingerido de pequeño, como yo soy un poco moñas, mi frase favorita es esa que está en un resumen final de correspondencia con el numero 13: “De vez en cuando me dolía el costado – esto es, el sitio donde debía estar tu brazo puesto sobre el mío – con un sentimiento de ausencia muy tierno.”

Con todo – incluso un capitulo un poco incomprensible con unos etarras – es un buen libro y ya me he leído otra novela del mismo autor, que ya comentare.

Todavía en Piles fue el momento de empezar El mago del Kremlin, supongo que por una curiosidad vinculada a la actual guerra de ucrania o, más probablemente solo por una curiosidad general por el pueblo ruso y como después de una revolución se ha quedado estancado otra vez en una dictadura. Es una novela bastante divertida en la que se indican costumbres (supongo que ficticias) de los rusos: “al principio del invierno, dispersaban botellas por el jardín de la casa para encontrarlas en primavera, cuando la nieve se fundiese.”, algo que parece una idea bastante divertida y una forma de tener vodka frio para las primeras fiestas de primavera; sobre Gorbachov y su vaso de leche: “Mire usted, para entender que Gorbachov iba a destruir a la Unión Soviética, no hacía falta ni escucharlo, bastaba con mirarlo. Se subía a la tribuna y enseguida le llevaban un vaso de leche. La gente no daba crédito. Doblo el precio del vodka. Quería que todo el mundo bebiese leche. En Rusia. ¿Se da usted cuenta? Luego nos sorprendemos de que todo haya caído en picado.”

Que todo se haya ido en picado no me sorprende mucho ya que, aunque no estoy de acuerdo con que todo empezara con Limonov (que sabré yo de historia o de quien era Limonov) y con “lo que quería decir que fue el quien prohibió los duelos. Hizo una ley que impedía que dos machos adultos se retaran a sablazos, ¿Qué te parece? EL hombre occidental nunca se ha recuperado de eso. De ahí a la baja por paternidad no hay más que un paso.”, podría ser cierto; lo que si me sorprende es la vinculación de los políticos con la leche, como en el caso de Gorbachov o en el de Margaret Thatcher también conocida como “the milk snatcher”.

Además, la novela tiene cosas más universales como ese “Mas adelante me daría cuenta de que siempre es así en cualquier ministerio. Un pequeño grupo trabaja frenéticamente en una habitación y todos los demás no dan ni golpe. Hay muy poca relación entre unos y otros” que, desde mi punto de vista, no solo para en los ministerios (u otros organismos públicos) sino que sucede en todas las empresas grandes privadas; y por supuesto ese “... pero la inteligencia no protege de nada, ni siquiera de la estupidez:” que todos sabemos cierto ya que todos conocemos a personas que siendo muy inteligentes son completamente estúpidas (venga, dejad de asentir con la cabeza que no hablo solo de mi).

Pero es la historia de Mobutu que “rebautizo el país con el nombre de Zaire, porque seria que era un término indígena, una manera de librarse de la herencia colonial, Luego, en cierto momento, se descubrió que ‘Zaire’ es una palabra portuguesa ¿Qué hace entonces? ¿Se disculpa y da marcha atrás? ¡Ni de coña! Le pone el nombre de Zaire a todo lo demás: la moneda, los cigarrillos, las gasolineras, los preservativos, que se yo…” que obviamente, este tipo de huida hacia adelante, a todos nos suena de nuestros días ¿Qué no?

Por último, ahora que todo lleva la etiqueta de “inteligencia artificial” la vedad es que no puedo pasar por alto esa afirmación con la que estoy completamente de acuerdo “El problema de las maquinas no es que terminen rebelándose contra el hombre, sino que cumplan las ordenes al pie de la letra”, ya que lo que ahora pasa por IA no es más que acumulación de narrativa y de potencia de cálculo, sin ninguna inteligencia salvo la acumuladora de información, tanto cierta como falsa, algo que para mí es precisamente lo contrario de la inteligencia: la inteligencia es preguntarse cosas, no creérselas sin más. Pero que sabré yo que tras mi paso por el Laboratorio de Sistemas Inteligentes a finales de los 80 ya me quedé sin inteligencia natural jugando a construir sistemas inteligentes (que pensaran, no que acumularan ni usaran la potencia de cálculo).

Para este último viaje a Piles, en lugar de alquilar un coche en Madrid y conducir había viajado en tren hasta valencia y había alquilado el coche allí por lo que justo llegue a la estación de Joaquin Sorolla sin nada de lectura y con tiempo de sobra ya que soy un poco histérico con el tiempo cuando tengo que viajar lo que me obligaba a traicionar a mi librería de referencia comprando en la tienda de la estación. Para hacer mi traición algo menor pues miré las novelas en inglés, que al fin y al cabo es un género (o un idioma) que no trabaja mi librería de referencia, y tuve la suerte de toparme con una nueva novela (bueno, nueva, nueva puede que no ya que era del 2019) de Louise Penny, A better man, a la que, encima, todavía no había leído en inglés (en versión original para entendernos).

He de reconocer que me ha gustado – no me atrevo a decir si menos o más que las otras que he leído ya que las he leído demasiado seguidas y es difícil evaluar – sigue siendo una autora a seguir ya que pese a que son novelas policiacas realmente la parte importante no es tanto el descubrir el asesinato sino el resto de la historia, las relaciones humanas entre los personajes.

En esta en concreto además de todo esto está un trasfondo de gestión de inundaciones en la zona de Quebec que mi parte ingenieril le resulta especialmente interesante (aunque no os preocupéis que tampoco cuenta mucho de esta parte).

A mi me gustan sus personajes y me siento identificado con partes de algunos, del inspector Gamache que “would patiently explain that being still and doing nothing were two different things” afirmación que comparto completamente y que pese a su obviedad necesita muchas veces explicación;  o con partes de Myrna que ante la desesperación / depresión de alguien por una mala critica sencillamente le aconseja “pour yourself a vat of wine, cut a huge slice of chocolate cake, sit by the fire, and know you’re loved”, que más se puede pedir.

He de reconocer que me ha hecho mucha gracia enterarme del “Ohio Event” que básicamente consistió en que “In 1895 there were only two automóviles in the whole state. And they’d collided” que sirve perfectamente para comprender las causalidades, la estadística y en general, que “shit happens”.

Ya que estaba allí, en la estación con tiempo, mire un poco Ciudad de sueños, novela que no había comprado cuando la vi en la librería Mendez ya que las ultimas me habían parecido un poco excesivas y me habida dado la sensación de que esta iba por la misma dirección: ser un tomo no demasiado entretenido. Al cogerla en la mano, comprobé que a) no era tan larga como las anteriores y b) tenía una letra lo bastante grande como para que su longitud total fuera más acorde con el estilo que a mí me gusta de Winslow que con el de sus últimos tochos, así que decide comprarla también.

He de decir que sin recuperar el apasionante tono y ritmo de sus primeras novelas esta está bastante bien. Puede que se deba a estar ambientada en Hollywood y en el mundo del cine, en esa intersección cine – mafia que tan buenos resultados da. La verdad es que merece la pena leerla, es una vuelta al estilo inicial muy de agradecer en la que recupera buenas frases como “Pero nada es más persistente, mas paciente que el pasado. A fin de cuentas, si algo tiene el pasado es tiempo.” Salvo, tal vez, para los que tenemos problemas de memoria o incluso problemas mentales ya que, como ese personaje de la novela; “yo solo entraría dentro de mi cabeza con una linterna y una pistola” y posiblemente una pistola no sea suficiente defensa para lo que puede haber allí dentro.

La lógica de la luz es una novela que yo no hubiera elegido, salvo en caso de emergencia, pero como me la recomendó el mayor de los hermanos (o al que yo llamo el mayor de los hermanos) pues decidí darle una oportunidad. Es una novela policiaca correcta, canónica casi, en la que lo único importante es el caso y las relaciones entre los personajes son débiles y no existe, o a mí se me ha escapado, nada por debajo de la superficie de lo que se cuenta. Un entretenimiento, sin más, ni bien ni mal. La única frase que me ha llamado la atención es “No molestes al perro que duerme es la mejor regla cuando uno quiere vivir tranquilo.” Que obviamente tampoco es gran cosa.





Qualityland 2.0 fue una novela que compre para regalarle a Alvaro y que es la segunda parte de una novela que tenía su gracia, tanto en forma como en contenido, y que posiblemente la siga teniendo pero que, en esta segunda parte, si bien hay cosas interesantes en cuanto a forma pues es bastante más floja y, pese a leerse bien y despertar sonrisas de vez en cuando, yo diría que no mantiene el tipo de la primera parte. Está bien, sin más. Personalmente coincido con su definición de internet “buena idea, mala ejecución” (o incluso pésima ejecución y peor redirección del interés de la misma), entiendo la pregunta que se plantea por uno a de las protagonistas “¿has tenido alguna vez el deseo íntimo de destruir el mundo porque la gente es rematadamente idiota” como claramente un pregunta retórica cuya respuesta acertada no está abierta  ningún debate y sé que todos, alguna vez (que es lo que pregunta) hemos respondido afirmativamente y también es cierto que “es la típica refriega entre dos hombres adultos que no ha llegado a las manos en su vida, un espectáculo patético”, de hecho es de las cosas más patéticas que hay, salvo tal vez si esos dos hombres adultos encima han ido a un gimnasio y han aprendido los trucos para pelear entre suelos acolchados junto a su profesor de Mai-tais (el coctel, no el arte marcial, aunque no haya acertado con la ortografía correcta).

Junto con esa novela, le compré a Alvaro (también por recomendación del hermano mayor) Trenza del Mar Esmeralda, compra que hice pese a que mi instinto (y la portada, y la edición y, en general, todo, me decía que no iba a ser un acierto). Me gustaría poder contaros algo de esta novela, pero la verdad es que lo único que puede decir es que la deje cuando llevaba poco más de cien páginas completamente convencido de que a Alvaro no le gustaría pero que, creo, tiene posibilidades con mi sobrina Alicia. Aunque quien sabe igual si hubiera persistido en la lectura tendría una opinión diferente… nunca lo sabremos.






En fin, pues lo dicho: publico esto y me empiezo a preparar (no es que necesite nada especial) para marcharme a Piles huyendo de esta semana infernal en el barrio. ¡Divertíos asaltando el castillo!

 

Lecturas

Los libros de Jacob - Olga Tokerczuk

Cuentos completos - James Salter

El Peón - Paco Cerda

El mago del Kremlin - Giuliano da Empoli

Ciudad de los sueños - Don Winslow

A better man - Louise Penny

La lógica de la luz - Crsitina Cassar Scalia

Qualityland 2.0 - Marc-Uwe Kling

Trenza del mar esmeralda - Brandon Sanderson

domingo, 4 de junio de 2023

Comentario de textos – Abril 2023

Estoy casi seguro de que los (escasos) lectores de estos comentarios estáis todos convencidos de que ando procrastinando, por aquello de que me he vuelto a retrasar con estas entregas, pero… nada más lejos de la realidad. Realmente es todo lo contrario voy con retraso porque me he puesto con una tarea que llevaba aplazando desde hace bastantes años… posiblemente llevaba aplazándola más de veinte años.

Vamos, que tarea podría ser, pero desde luego urgente, urgente, que digamos, pues no lo era y sigue sin serlo. Realmente ni siquiera era una tarea, sino que más bien era una idea de algo que creía que me sería útil para mi trabajo, que luego – por aquello de cambiar de tipo de trabajo – perdió su utilidad y ahora creo que vuelve a tenerla.

No es que intente ser críptico, u ocultista, a propósito. No es eso, no es eso, es tan solo que no tiene demasiado interés (salvo para mi) ya que se trata de hacer un programilla para automatizar tareas repetitivas propias de mi trabajo: dibujar planos en AutoCAD a partir de los cálculos de proceso que hago en Excel. Es verdad que yo no dibujo los planos ya que como “buen ingeniero” es una tarea que subcontrato al bueno de Oscar: al que le decía a qué plano se parecía – en que se parecía y que lo hacía diferente – le dada las medidas básicas y pues ya el “corregía” el plano inicial (de los muchos que a lo largo de los años “hemos dibujado juntos”), lo ponía bonito y listo para entregar. Vamos que realmente esta “utilidad” a mí no me quitara mucho trabajo y la verdad es que “desarrollarla” me está dando mucho trabajo. Claramente es una idea estúpida desde un visto de vista de eficiencia, pero la verdad es que la hago casi más por “el reto” de hacerla que por otra cosa. Es uno de mis muchos defectos: me empeño en hacer, aprender, cosas de las que no tengo ni idea pero que creo que se pueden hacer. No puedo evitarlo: si alguien, o yo mismo, me plantea un problema que creo que podría resolver, pues me pongo con él, aunque no necesite resolverlo para nada concreto. Debe de ser un trauma de infancia, u algo así.

Pero voy a la tarea que este mes – con visitas a Piles para ver si algún día Constantin acaba la obra, algo que cada día parece menos probable – pues se me han acumulado las lecturas y por supuesto tengo que volver a esta tarea autoimpuesta que ahora que la he empezado (y la voy complicando cada vez mas) pues me apetece terminarla (si es que esto es posible).

Empecé el mes leyendo Fortuna, que considerando que la contraportada comenta que esta “minuciosamente” documentada y que va sobre una familia de ricos aristócratas neoyorquinos pues sorprende mi incapacidad para situar, identificar, a que familia de ricos se refiere. Si, digo esto, como si por el hecho de viajar a NYC pues tuviera yo conocimientos o conociera algo, o a algún, de los miembros de la aristocracia de NYC (algo de lo que os puede confirmar que no se nada, salvo algún apellido suelto aquí y allá que, conociendo mi memoria, seguro que mezclo sin pudor y más seguramente sin ningún tipo de acierto).Supongo que es más divertida o enriquecedora si eres capaz de identificar a la familia de la que hablan pero ya sabéis que yo leo todo como si todo fuera ficción (método que al leer noticias últimamente es totalmente necesario ya que es casi imposible identificar lo que es verdad de lo desgraciadamente es verdad pese a ser absurdo).

La novela está estructurada en cuatro partes separadas que van proporcionando visiones diferentes de la historia, de partes de la misma o complementándola, y es una estructura que funciona (como ya se ha demostrado en muchas otras novelas) y la verdad es que está bien escrita e incluso, pese a la nacionalidad argentina del autor, está bien traducida (del inglés, no el argentino).

Para mí, la mejor de sus reflexiones es esa de “En general preferimos creer que somos los sujetos activos de nuestras victorias pero solo los objetos pasivos de nuestras derrotas. Triunfamos, pero no somos nosotros quienes fracasamos: nos arruinan unas fuerzas que están fuera de nuestro control.” Algo que, si bien nos pasa a todos, me atrevo a decir desde siempre, creo que cada vez pasa más, hasta el límite de que ahora mismo todo el mundo (bueno, no todo) parece creer que el mundo (esas fuerzas en nuestra contra) está en deuda con ellos, que el mundo les debe algo por haberse puesto en su contra.

Esta es una reflexión que en cierta medida sigue (o va antes, no lo tengo claro) de esa otra que también se impone cada vez más: “Mi trabajo consiste en tener razón. Siempre. Si alguna vez me equivoco, debo usar todos mis medios y recursos para torcer la realidad y alinearla con mi equivocación para que deje de ser una equivocación”, algo que no tiene razón ni siquiera en el trabajo (hay que saber reconocer que uno se ha equivocado) pero que cada vez aplica más gente a todas las facetas de la vida, algo que convierte el efecto Dunning- Kruger en un continuo agotador en el que gente sin ningún conocimiento se cree capaz de opinar de todo como su supiera algo del tema, que digo, como si tuvieran la verdad revelada por una deidad desconocida, incluso en contra de las nociones más básicas del asunto en cuestión o contra la mera evidencia de la realidad.

También he aprendido (aunque no estoy seguro de que sea cierto y sea solo una curiosidad local) que “Las rosas en números pares son para los funerales. En números impares son para el amor.” y ya metidos en temas de números que decir de ese “Sé que tengo los días contados, pero no todos los días son números reales” que cada uno interpretara como quiera, posiblemente según sus conocimientos matemáticos.

Tiene alguna otra frase indiscutible como “Dios es la respuesta menos interesante a las preguntas más interesantes” y alguna otra que puede estar más abierta a debate: “La orquesta toco a Puccini y más música de esa que donde siempre sabes lo que viene a continuación; lo puedes escuchar por adelantado, por así decirlo.” que no solo se puede aplicar a Puccini y que pese a lo que parece insinuar la frase no creo que la previsibilidad sea una característica mala en la música ni en muchas otras cosas.

Si la novela anterior me dejo con muy buen sabor de boca, mi siguiente lectura – ya en Piles – Francis Plug: como ser un autor público, que se suponía era una novela de humor británico me decepciono sobre manera y creo que si me la acabé (que sí, lo hice… o eso creo) fue solo por estar en Piles y pese a tener otra novela sobre la que tenía grandes expectativas (por lo que igual me estoy engañando y no conseguí terminármela; tengo dudas al respecto).


Como ya he dicho tenía grandes expectativas por leer la segunda novela de una autora que no conocía (pese a ser una escritora muy famosa en su Canadá natal) pero que mi primer contacto con ella me había parecido excelente. así que cogí, con bastantes ganas, Casas de Cristal. Creo que para resumir podría avanzaros que al mes siguiente encontré en la FNAC de la estación de valencia otra novela suya en inglés y obviamente se sumó a las lecturas de dicho mes (empezándola directamente en el tren). SI, me gusta esta escritora y ya solo me falta ir poniéndome al día.

Sus novelas pasan, o se relacionan, con una pequeña localidad cerca de Quebec por lo que cuando nada más empezar aparece allí un Cobrador del Frac, tras sobreponerse uno a esta aparición tan propia de una época de este país, lo primero que uno piensa es “vaya y yo que pensaba que esto era un invento de esta España nuestra” y se siente un poco decepcionado de la globalización. Pero no, como la novela explica es un invento español, netamente español y no se inventó para cobrar deudas financieras que es a lo que se dedica el moderno, el del frac, sino que nació para cobrar “deudas morales” y uno ya se dice: “si, esto si es español, claramente español”.

Toda la novela está muy bien pero la reflexión sobre el “tonteo con las drogas” (y con otras cosas) en los años de universidad (o de primera juventud) creo que está bien comentada: “La universidad era una época de formación y no todas las lecciones se impartían en el aula: era un tiempo para experimentar, para sacarle jugo a la vida, para consumir a distro y siniestro, como la primera vez que uno acude a un bufet; y luego tenían que detenerse dando traspiés, atiborrados y al borde de las náuseas, con dificultades para pagar la cuenta” que me parece una buena analogía pero como apostilla el personaje el problema es que “algunos nunca conseguían alejarse del bufet” y supongo que así es como todos hemos perdido a alguien en cualquiera de las múltiples adiciones que uno experimenta en algún momento.

He de confesar que no se si hay machismo (ni cuánto hay de cierto, creo que todo) en que “A los agentes israelíes se los instruía para que, si encontraban resistencia durante un ataque, mataran a las mujeres primero”, es verdad que estoy con el personaje al que “le seguía pareciendo abominable y malvada, pero, aunque detestaba tener que admitirlo, se basaba en una teoría casi sin duda acertada”: “porque si una mujer llega tan lejos como para empuñar un arma, será siempre la más entregada a la causa y la que se resistirá más que nadie a rendirse.” Imagino que no siempre es cierto y que estoy siendo micro o macro machista, pero… creo que todo esto es cierto.

Todavía en Piles era el momento de leerse El ritmo de Harlem, que con una colorida portada utilizaba un atraco a un hotel de lujo en Harlem en los 60 para hablar – según la contraportada – de la lucha por los derechos civiles y contra la violencia policial racista.

Una de las partes más graciosas es cuando comenta que en Texas la abolición de la esclavitud se celebra (no el KKK sino la población normal) con seis meses de retraso respecto de la fecha en la que se promulgo esta abolición ya que celebran cuando se enteraron ellos lo que “No parecía muy razonable festejar el descubrir que uno era libre con seis meses de retraso. Más bien cabía entenderlo como una forma de fomentar la lectura de diarios.” Pues sí, aunque supongo que hasta que uno no se entere pues da igual que algo exista o no.

Por supuesto tiene alguna frase negra (de novela negra, no de negritud racial) como esa “Si algo he aprendido en mi oficio es que la vida es barata, y cuando las cosas empiezan a ponerse caras, de vuelve aún más barata.” Que es tan típica que uno está seguro de haberla oído, leído, antes e incluso más de una vez.

Respecto a los disturbios raciales causados por la policía y la falta de inacción creo que esto queda reflejado muy bien en esa pregunta que se hace un protagonista cuando le comenta que la policía ha salido indemne: “¿La persona que tenías delante había echado tres cerrojos a la puerta de su piso y aguardado en la oscuridad a que pasara la tormenta, o le había rajado la cara a un agente con una botella? Esos eran tus vecinos.” Resulta evidente que ninguna de estas dos actitudes proporciona una posibilidad para solventar ningún problema y como decía un cartel motivacional que tenía en mi casa: “Si no aportas una solución, formas parte del problema.” (que, supongo, me regalo mi familia, aunque, a mí, se me escapa el motivo de tal regalo y que querían decirme o en qué circunstancias me lo regalaron).

Todavía en Piles, con pocas ganas ya que lo compre por el título y porque el escritor tiene cierta fama como un gran escritor de novela negra, me empecé (y termine) Yo fui Johnny Thunders que debe su título a que el protagonista toco una vez, y le sustituyo en un solo, con el mencionado. A mí me ha parecido del montón, más del montón de donar que del montón de conservar o bajo ningún concepto del montón de intercambiar o recomendar. Creo que una de las cosas que más me confunden de la novela es que pese a que en un momento dado pone parte de la letra de una canción, Debaser, de los Pixies: que hace referencia a un perro andaluz (un chien andalusia) y la escena de rajar los ojos cuando el protagonista está buscando una canción para escuchar mientras deja ciego con un punzón a otro las canciones que le viene a la mente son clásicos del Power-Pop: como Shake some action, September Gurls y Be my baby.  ¿en serio? Un tipo así nunca conseguiría trabajo de disc-jockey. No sé, me parece lamentable y no creo que sea irónicamente lamentable, solo lamentable.

Algunas novelas negras (aplicable a casi cualquier género) no están ni bien, ni mal, simplemente están; no aportan nada especial al género, sus personajes no son o suficientemente carismáticos o especiales (aunque últimamente estoy un poco harto de tanto personaje “peculiar” en la frontera del autismo y más allá de la de la mala educación con la excusa de la primera. Y si, creedme que yo sé de lo que hablo que a veces estoy el lado equivocado de esa frontera) pero son lo suficientemente entretenidas como para pasar un rato. Este es el caso de Hagan Juego de la que ya casi no tengo el recuerdo.

En otras novelas el autor o autora intenta añadir una visión diferente incorporando como voz a un personaje que podríamos considerar extraño, como puede ser un animal de compañía (o de confort creo que se llaman ahora cuando quieres viajar con ellos) o, mas comúnmente en la novela policiaca pues al propio muerto. Esto es lo que hace La Dama del Lago, que además de contar con protagonista con un ama de casa que decide meterse a periodista de investigación, donde es ninguneada (o eso cree ella ya que tampoco tienen ninguna experiencia para ser mas que lo que le ofrecen). Entiendo que tanto la muerta como la ex-ama-de-casa-metida-a-investigadora-criminal-incomprendida pretenden aportar una visión feminista y reivindicativa. ¿Qué quieres que te diga? A mí no me parece que lo consigan.

Me ha sorprendido, obviamente sin motivo, enterarme de que en Baltimore había, o hay, un restaurante Tío Pepe (que encima es considerado un buen restaurante) y como quiero volver a Baltimore algun dia para comprar una camiseta antigua de los Orioles y me fascinan las cartas de los restaurantes españoles por el mundo (ni idea de que aquí se comen las cosas que venden como típicas) pues me quedo con el dato.

No me ha sorprendido la visión que tiene de los sindicatos: “Los sindicatos trabajan para los mediocres y son una bendición para los incompetentes. Si eres muy bueno en lo tuyo, los sindicatos te impiden progresar” con la que conceptualmente estoy en franca oposición pero que tras la experiencia con el ultimo delegado sindical que he conocido, me siento tentado de estar de acuerdo por lo menos en algunos casos particulares.

Heredaras la tierra es una novela americana, queriendo decir con esto sobre la América profunda, pero desde el punto de vista positivo: los americanos que conquistan parte de la tierra y viven de su trabajo y esfuerzo, aunque se centra más en la gestión de una herencia familiar entre las partes. De hecho, la mejor frase para mi es cuando le dicen a un personaje que, en su momento, Dios le pedirá explicaciones por haber montado un follón al haber dejado lo mismo a sus dos hijos pese a ser uno muy trabajador y el otro pues nada trabajador y él expone su futura defensa “Yo solo estaba intentando ser justo. Tenía dos buenos chicos y seguí las Escrituras, porque ¿no dijo Usted mismo que dicen a todo el mundo el mismo jornal, tanto si llegaban tarde a la viña como si llegaban pronto?” Es verdad que yo no recuerdo y nunca he visto citada ninguna frase del mesmo mero dios que diga algo parecido a esto, pero si la autora – que seguramente sepa más de esto – dice que Él lo dijo pues yo la creo, aunque no suena ni medio razonable.

Mi única identificación parcial con un personaje solo se produce cuando este está recordando cuando estaba reflexionado sobre partes del cuerpo y como encajaban (no, no estaba reflexionando sobre sexo pese a lo que pueda deducirse) y estaba “interrogándome sobre ellos porque había preguntas que hacerse, no porque hubiese respuestas que hallar” que es algo que a mí me pasa a veces que me importa más la pregunta que la respuesta.

Aunque obviamente me duele la duda de un personaje – que preparo unos botes de conserva envenenados para matar a su hermana, pero nunca se los llego a dar y al cabo de muchos años de conservarlos – en la más pura tradición agrícola – decide, al final del libro, tirarlos por fin ya que finalmente no les va a dar uso – y “Así que lo hice, y lo hice lo mejor que pude. Tire las salchichas y el chucrut por el agujero, lo triture todo y lo aclare todo con quince minutos de chorro de agua al máximo. Confié, como confiaba siempre, ahora que vivía en la ciudad, en esa planta depuradora que no había visto nunca. Tenía mis dudas.” Aunque me alegra la confianza que pone en el proceso de depuración de aguas, me inquieta que se quede con la duda (aunque no queda claro de que duda), pero más me inquieta como se habría desecho de ellos en caso de no vivir en la ciudad.

Mi última lectura del mes, Un caballero a la deriva, es un cuentecillo sobre un caballero que se cae al océano viajando solo y sus pensamientos sobre si van a rescatarlo, cuando iran, quien será el primero en echarle de menos, y esas cosas. Es un divertimento entretenido, pero sin mucho más, o igual como dice la contraportada es una parábola que yo me he perdido o que no he querido comprender.

Y para que conste, aunque creo innecesario decirlo, pero para que a nadie le dé por tomárselo como una indicación a ir a Jaén (que, al parecer, es la provincia con más castillos de España) mi despedida tradicional, no es más que una parábola (aparte de una frase mítica de ya sabéis todos que libro) así que ¡Divertíos asaltando el castillo!

 

 



Lecturas

Fortuna - Hernán Díaz

Francis Plug: Como ser un autor público - Paul Ewen

Casas de cristal - Louise Penny

El ritmo de Harlem - Colson Whitehead

Yo fui Johnny Thunders - Carlos Zanon

Hagan Juego - Antonio Manzini

La dama del lago - Laura Lippman

Heredaras la tierra - Jane Smiley

Un caballero a la deriva - Herbert Clyde Lewis

domingo, 23 de abril de 2023

Comentario de textos – Marzo 2023

 

Es la primera vez que cambio la “entrada” de uno de estos comentarios de textos, pero la verdad es que la primera me había salido un “rumbling-munbling” sobre mi trabajo y que últimamente me aburría, que no tenía mucho sentido y mucha menos gracia.

Es cierto que el tipo de trabajo que hago ha cambiado en los últimos años y he pasado de hacer trabajos con plazos sumamente cortos (algo parecido a correr los 100 metros lisos un par de veces al mes) a hacer trabajos sin un plazo concreto, trabajos de continuidad, que es más parecido a estar corriendo un maratón sabiendo que no hay ninguna competición, vamos, correr por correr. Ya, ya sé que algunos estáis pensando que vaya mierda de analogía, como se nota que este tío ni hace deporte ni corre (salvo reflexivamente) y tenéis razón como siempre he dicho, me reafirmo en que “correr es de cobardes”.

El caso es que es verdad que ahora tengo la sensación de que mi trabajo importa todavía menos que antes, mira que ya antes importaba poco: ya que todos sabemos que la calidad de un proyecto de licitación (que es lo que más hacia antes) no influye para nada en la puntuación que se consigue en un concurso, en su objetivo (esto es así, os digan lo que os digan: varias veces hemos presentado lo mismo – exactamente, salvo por los logos – para distintas empresas y hemos obtenido distintas puntuaciones, muy distintas de hecho) pero en cierta medida todos fingíamos interés y queríamos creernos que nuestro trabajo pues valía de algo (vanidad de vanidades) e intentábamos hacerlo lo mejor posible.

Últimamente, que trabajo más de asesor (experto, añadiría por vanidad) parece que lo que hago no le importa a nadie, ni siquiera al que me contrata que pasa de mis consejos y, en general, se deja llevar por un “siempre lo hemos hecho así” o un “qué le vamos a hacer, así son las cosas”, aun cuando mis consejos les puedan suponer importantes ahorros económicos o, algo más importante, el ahorro de disgustos posteriores.

Pero, ya estoy divagando (rumbling-mumbling) otra vez y tampoco es eso. De hecho, últimamente algunas cosas de mi trabajo me fascinan o me divierten mucho.

Por ejemplo, ahora que trabajo más en obra, he descubierto que la seguridad y salud en el trabajo es un tema que ha cambiado mucho (no necesariamente a mejor; vale que cosas que se hacían antes – como subirse a una viga sin camiseta y sin atarse a ninguna parte – podían resultar excesivas, pero igual de excesivo es la práctica habitual de considerar que todo el mundo es un irresponsable y que no presta atención a nada durante su trabajo por lo que todo tiene que estar señalizado y previsto).

Como consecuencia de estos cambios ahora hay una gran cantidad de señales que sencillamente son fascinantes y a veces increíbles.

La primera de esta nueva tanda que me fascino fue esta señal de “obligación” en la caja que contenía un equipo. Es una señal clara e importante y que uno podría suponer innecesaria: pues claro que es obligatorio leerse el manual, o por lo menos echarle un vistazo, pero todos sabemos que nadie se lee el manual de nada, así que no está de más recordarlo, aunque solo sea para que luego, cuando todo este mal montado el fabricante pueda decir “no es culpa mía, es que no te has leído el manual” y así quitarse la responsabilidad (que en gran medida es de lo que trata la mayoría de la señalización y de los procedimientos actuales: de dejar claro que no es tu responsabilidad sino de otro). En cualquier caso, me gusta tanto esta señal quecreo que igual me compro una y la pongo por casa como símbolo de algo más genérico: obligatorio leer.

Pero de las nuevas que he visto en obra, las que de verdad me fascinan son las de peligro, como estas dos:

 









La primera, que es de suelo deslizante, a mí me parece más de “peligro gente bailando” (pero igual es solo deformación de mi otra profesión) y creo que tiene su utilidad, pero no seguramente en una obra sino más bien en la entrada de algún local nocturno para dejar claro que es lo que pasa dentro.

La segunda creo que está abierta a muchas mas interpretaciones y no queda claro cuál es el peligro: ¿borracho dormido, no despertar? ¿riesgo de depresión? ¿no dormir?... no, nada de eso, se trata de una señal verdaderamente importante que indica “espacio confinado” (que es un espacio en el que uno no debe entrar, sin precauciones adicionales, porque, normalmente, hay riesgo de gases tóxicos o dificultades para salir). Verdaderamente fascinante la simbología y poco clarificadora ya que no indica nada de un espacio o de entrar.

Otro de mis trabajos es vigilar instalaciones de depuración en las que últimamente la creatividad de los operarios y para que usan la misma no deja de sorprenderme. No, no me refiero aquí a la creatividad aplicada a resolver de una forma ingeniosa los problemas de las instalaciones (lo que los americanos llaman ingenuity) sino a la creación de problemas nuevos o, por lo menos, a crear cosas raras, dos ejemplos estos dos elementos:



El primero es lo que llaman un “hotel para insectos” que es algo que igual puede tener su aquel en alguna zona urbana o despoblada de insectos pero que, al menos para mí, ponerlo en una depuradora básicamente en mitad del campo, no tiene sentido alguno. Como si no hubiera ya insectos suficientes en las depuradoras, hasta el nivel de llegar a ser una plaga en determinadas circunstancias. Imagino que este diseño de las “habitaciones” pretende “equilibrar” distintas poblaciones de insectos para que ninguno se vuelva una plaga en sí mismo, pero… de verdad es necesario.

El otro tiene un nombre todavía más poético y se supone que es un “jardín de mariposas”, que imagino que a la gente le gustarán (las mariposas, digo) y que serán muy necesarias para el equilibrio ecológico pero, es que a mí las mariposas siempre me recuerdan a asesinos en serie, ya sabéis la portada o el cartel de “el silencio de los corderos” o incluso de “el coleccionista”… No sé, cada loco con su tema y yo prefiero los restos de equipamiento mecánico que se ven en una de las fotos a estas cosas tan poéticas y tan de hippies

Vamos que lo del trabajo sigue teniendo sus momentos divertidos y la verdad es que vivo mucho más relajado desde que ya no corro carreras de cien metros lisos (que a última hora siempre se transformaban en carreras de vallas, o de obstáculos genéricos, debido a las peticiones de cambio de última hora para entrar en precio) pero vamos a lo que vamos, las lecturas.

Siempre somos demasiado buenos con las mujeres es un título que puede, claramente, clasificarse de machista, que me sirve para compensar la última lectura (claramente feminista) de este mes. Si bien no lo cogí con esta intención ni con este motivo (ya que desconocía lo que iba a leer) sino porque pasaba en Irlanda del Norte durante el asalto a una oficina de correos (estafeta, según la contraportada), algo que siempre puede ser divertido. 

Si, además del título,  es un libro machista ya que básicamente va sobre las relaciones – fundamentalmente sexuales – entre los asaltantes y una chiquilla que se ha quedado escondida allí durante el asalto de los irlandeses y la liberación de todo el resto del personal. Es poco más que un cuentecillo largo que no tiene mucho más que eso, mostrar el machismo de ambas partes (la masculina y la femenina) a principios del siglo (veinte, se entiende) y tal vez, por aventurar, la importancia de la virginidad y de las relaciones sexuales en este contexto que en cierta medida son una de las bases del machismo.


El visionario es una de esas historias que suenan mejor contadas que leídas (algo, que vaya por delante, pues dice muy poco del autor o del libro) ya que se supone que es una crítica de las polémicas por el uso del lenguaje. Todo se basa en que el autor de una biografía de un desconocido, al que intenta reivindicar, no menciona que este autor es negro. Este “olvido” desata la polémica y el intenta reconducirla… podría ser una historia atractiva en estos tiempos en los que existe esta inseguridad / sensibilidad sobre el uso de ciertas palabras o la omisión de las mismas y la creación de estereotipos, pero la verdad es que creo que ni siquiera he llegado a terminarla. Todo – mis recuerdos, la ausencia de marcas y la posición del marcador – parece indicar que no he llegado a terminármela por lo que puede que en las ultimas cien páginas mejore y todo tenga algún sentido, pero yo no llegue a la página 250.



Cuando Alvaro, Helena y Ali se fueron a Londres les pedí que miraran si estaba a la venta la última novela de Connolly, The Furies, ya que yo soy un fan desde su primera novela. Afortunadamente no la encontraron porque resulto que ya la había pedido yo por Amazon, algo de lo que me había olvidado hasta que me llego el correo indicándome la fecha de entrega. Realmente no es una novela, sino que son dos por el precio de una… aunque desgraciadamente ninguna de las dos es especialmente buena. A ver, es Connolly, y malas no son, pero la verdad es que cada vez son más predecibles y menos impactantes empezando casi a ser una repetición unas de las otras, mas incluso en este caso en el que hay dos seguidas.

Lo más curioso de todo está en la página de agradecimientos en la que indica que iba mandando el trabajo semanal – prácticamente sin revisión, que es como se ha editado y se nota – a los distintos traductores para que la novela saliera en los idiomas que la editorial consideraba más importantes de forma casi simultánea y los cuatro idiomas a los que considera que hay que traducirlos son: Español, Francés, Griego y Búlgaro. ¿en serio, Búlgaro? No sé, a mí se me hace extraño, algo más incluso que griego que ya se me hace raro.

Pues eso, por si no queda claro: solo para fans.

Respecto a Ultimo autobús a Woodstock la verdad es que poco puedo decir salvo que se trata de una novela policiaca entretenida pero que poco, o nada, aporta, pero que se deja leer sin mayores problemas. Ni buena ni mala, simplemente correcta, aunque si tiene algún punto bueno como es  “Me ha prometido ver a un psiquiatra, aunque no soy muy optimista en ese sentido. Solo he conocido a un psiquiatra. Un tipo curioso. Si alguien ha necesitado alguna vez un tratamiento psiquiátrico sin duda era él”, algo que me recuerda a esa famosa foto del equipo de Microsoft en 1978 que usaban para recaudar fondos y que obviamente hace pensar ¿invertir en esto? Ni de broma.

 

La verdad es que Los arboles es una novela que empieza con una historia cuando menos divertida (vale, igual divertida no es la palabra correcta para los más sensibles) en la que empiezan a aparecer cadáveres de prominentes hombres blancos asesinados, torturados y castrados (no en este orden) junto al cadáver de un hombre negro al que nadie conoce y que incluso reaparece (el cadáver del mismo negro) en los distintos escenarios del crimen para confusión de las distintas fuerzas del orden. Es un poco un desbarre a la vez que un poco reivindicativa y se deja leer bastante bien. La parte más graciosa para mí no tiene nada que ver con los asesinatos ni está muy claro a qué viene, pero me parece una reflexión muy curiosa esa de: “Los bebes son más listos que nosotros. Parece que siempre se están intentando matar. Por eso los temeos que vigilar en todo momento, para que no se traguen monedad ni beban herbicida ni traguen analgésicos como caramelos. Luego nos volvemos tontos y queremos vivir.” No es mal motivo para justificar el comportamiento de los bebes: incierto, pero divertido.

En fin, llegados a este punto confesare que por algún extraño motivo me compre Yo, Asimov. Memorias algo que claramente va en contra de mis lecturas habituales en las que evito de forma general todo lo que tenga que ver con la realidad y más con la autobiografía. Mi única excusa para comprarla es que más que una autobiografía al uso – al parecer hay una de dos tomos, que si es al uso – esta era una especie de rumbling- mumbling sobre temas varios. Si bien de forma general el tema de todo es Asimov ya que resulta difícil imaginar a alguien con más vanidad que Asimov (lo cual es bastante chungo cuando descubres que coincides con el en bastantes cosas), igual es por el tipo de patillas, pero supera incluso a nuestro patrio Umbral, lo que ya es decir. No sé cuántas veces llega a decir que él está entre los tres más grandes, ni cuantas que es el más grande, pero en todo el libro no existe ni una sola mención a Philip K. Dick – autor sin el que, para mí, es imposible entender la ciencia ficción – algo que obviamente resulta, más que sorprendente… increíble.

Si consigues superar su despliegue de vanidad, que inunda casi cada página, la verdad es que tiene conceptos bastante graciosos como “la negligencia del paciente” por la que un médico podría llevar a un paciente que no siquiera sus instrucciones a juicio (no tanto por daños reputacioles como por el propio daño al paciente) y que afortunadamente no existe; o la claustrofilia, como complementaria a la claustrofobia, para definir esa predilección por estar en el interior de los sitios pero que no llega en ningún momento a ser agorafobia y que yo sufro en silencio, como otros sus almorranas; a, por supuesto, la valoración social de la capacidad atlética frente a la capacidad intelectual: “Me pregunto por que quien demuestra una capacidad atlética superior es admirado por sus compañeros de clase, mientras que quien demuestra una capacidad intelectual superior es casi odiado. ¿hay algún convencimiento oculto de que es el cerebro y no los músculos lo que define al ser humano y de que los niños que no son buenos en deportes simplemente no son buenos, mientras que los que no son inteligentes se sienten infrahumanos? No lo sé.” (Bueno, desde mi punto de vista estas frases están mal construidas desde un punto de vista lógico, pero, pese a ello, se entiende la idea ¿no?).

También tiene curiosidades como esa que, al parecer, está en Salmos 90:10 y que, al parecer, fija la duración de la vida humana en 70 años. “La duración de nuestra vida es de tres veintenas más diez…” que nunca he visto aplicarse ni, tan siquiera considerar, a ninguna secta religiosa que resultan tan interesantes como sociología del universo, proponiendo la eutanasia o el suicidio a los setenta; o que fuera fan del Cornell Woolrich autor al que no recuerdo haber leído pese a ser uno de los favoritos de mi hermana pequeña por lo que seguro que lo he leído en casa (y me refiero a leer algo más que a la ventana indiscreta) y del cual le acabo de regalar una compilación (o un recopilatorio: el sexto por lo que previsiblemente no sean sus mejores cuentos) a mi hermana de forma interesada.

Como buen puritano – de la rama judía no practicante, igual que es ruso solo de nacimiento – es divertida (y yo la suscribo sin ser puritano de ninguna rama) su consejo a todos los que creen que deben experimentar con drogas para expandir su mente: “Intente pensar. Descubrirá que es mucho más difícil que tomar LSD” (y añado yo, mucho más productivo y duradero).

Una última reflexión que me ha gustado es sobre los hermanos y sus relaciones: “No nos llevábamos bien cuando éramos niños. Esto no resulta sorprendente. ¿Por qué deberíamos haberlo hecho? Nuestras personalidades eran completamente diferentes, y si hubiésemos sido seres independientes jamás nos habríamos elegido el uno al toro como amigos. Y ahí estábamos, juntos y siempre enfadados.” Es verdad que con el paso del tiempo las relaciones se acercan y se alejan por lo que hay épocas en las que te llevas bien con tus hermanos – o con tus amigos – y otras en las que no, las relaciones no son constantes y la intensidad de la misma, incluso su tipo, varia a lo largo de la vida por lo que yo a veces me llevo bien con alguno de mis hermanos y otras veces no los puedo soportar. Supongo que nos pasa a todos.

(Nota para Maria de la O: ya sabes lo que viene ahora... en tus manos esta dejar de leer y esperar...)

Mi última lectura de este mes, Lecciones de química, ha sido la estrella con diferencia y digo esto sabiendo que se trata de una novela feminista, o igual precisamente por ello ya que no está escrita como una novela feminista (¿Qué que quiero decir con esto? Pues ni idea, supongo solo que no es reivindicativa o, mejor dicho, no es superficialmente reivindicativa). Es posible que igual ni siquiera se considere una novela feminista por las feministas ya que la protagonista no se rebela especialmente contra las injusticias de su condición si no que, en cierta medida, se adapta a ellas (las soporta a la vez que hace lo que puede para cambiarlas). No sé, es un tema muy delicado esto del feminismo en el que no me gusta entrar ya que siempre me expreso mal, pero desde luego esta novela es candidata a mi próximo intercambio de libros y, casi, estoy tentado de recomendarla (incluso con el desbarre del personaje del perro al que enseñan a entender el lenguaje humano y con todas las particularidades de su protagonista, que es química y que ahora que lo pienso en la profesión de la que más novias he tenido, así que igual siento una debilidad inconsciente por ellas, y por las cocineras que siempre me han parecido profesiones muy equiparables, afirmación que me ha costado bastantes disgustos con mis algunas ex antes de que lo fueran, y en algún caso, después).

Hay frases para todos los gustos: “’los defines son inteligentes, pero las vacas no’ decían. Al parecer eso se basaba en que las vacas no hacían piruetas. Seisymedia opinaba que eso las hacía más inteligentes, no más tontas, pero, en fin, ¿el que sabía?” con la que estoy de acuerdo; “Estoy pensando que a lo mejor te podría gustar Moby Dick. Trata de como los seres humanos subestiman siempre a otras formas de vida. Sin atenerse a las consecuencias.” que no creo que capte la esencia del libro; otras obvias en las que todos estaremos de acuerdo “toda empresa tiene su cuota de idiotas. Suelen causar buena impresión en las entrevistas.” que tiene su corolario en el motivo por el que esos idiotas suelen ascender más, al fin y al cabo, "la mierda flota".

Hay bastantes sobre la religión de las cuales mi favorita es “En ese momento alguien del público pregunto si podían ofrecer algún ejemplo de alguna colisión inefectiva, de algo carente de energía que nunca cambiara, pero que aun así produjera un efecto importante. Evans se inclinó hacia el micrófono y contesto ‘la religión’”; efectivamente; y esta frase esta seguida, en mis preferncias, muy de cerca por ese dialogo de:

“- Porque, bueno, ya sabes. La religión se basa en la fe respondió Wakely.

- Pero ya sabes tú también – respondió Mad con delicadeza, como si no quisiera avergonzarlo más aun – que la fe no se basa en la religión, ¿no?

No sé, está llena de temas brillantes como ese falso dilema moral de los vegetarianos sobre el que alguien que se ha hecho vegetariana (si, se trata de una mujer porque esto es en un consultorio básicamente femenino) porque no quiere hacer sufrir a seres vivos le pregunta a la protagonista, que responde “Nuestra alimentación tiene consecuencias para otros seres vivos. Sin embargo, las plantas también son seres vivos, y aun así rara vez pensamos que siguen vivas mientras las cortamos en pedazos, las trituramos con las muelas, las empujamos esófago abajo y luego las digerimos gracias al ácido clorhídrico de nuestro estómago. En suma, aplaudo tu postura, Nanette. Porque reflexionas antes de llevarte un alimento a la boca. Ahora bien, no te quepa la menor duda de que estas quitándole la vida a un organismo viviente para preservar la tuya. Es inevitable.”. Respuesta que me recuerda a la que le dio el dueño de El Albur a una norteamericana cuando le pregunto que era el cordero lechal: “ya sabes, es un cordero muy pequeño, así peludo, blando, tierno, abrazable y que antes de que crezca, mientras todavía mama, pues... lo matamos, lo troceamos y lo freímos con bastante ajito. Simplemente delicioso.” Explicación perfecta (quizás excesivamente detallada) y deliciosas las chuletillas que preparaban allí bajo los auspicios de la parroquia de San Isidro (esos tienen una fuente de agua que algunas buenas gentes de Madrid consideran milagrosa pero que desde hace muchos años es agua normal, del grifo, del canal vamos, ya que la de la fuente de verdad esta totalmente contaminada y no es potable) que era la verdadera propietaria del local (algo de lo que me entere mucho después)

También está bien la reflexión de porque el efecto Dunning-Kruger no se da con la belleza ya que “Al fin y al cabo, aunque lo ignorantes no se supieran ignorantes precisamente por el hecho de serlo, quienes carecían de atractivo a buen seguro debían de sábelo porque ahí estaban los espejos.”, o esa otra sobre la diferente valoración de las dotes “Ahí estaba el problema, porque si bien a los niños superdotados para la música siempre se los celebra, a los lectores precoces, no. Y por la sencilla razón de que si destacan es gracias a una habilidad que los demás terminan desarrollando más adelante, Su precocidad no se considera especial, sino molesta sin más.”

En fin, que esta lectura ha sido una forma excelente de acabar el mes por lo que aquí os dejo, pero ¡Divertíos asaltando el castillo!

 

Lecturas

Siempre somos demasiado buenos con las mujeres - Raymond Queneau

El visionario - Abel Quentin

The furies - John Connolly

Ultimo Autobus a Woodstock - Colin Dexter

Los arboles - Percival Everett

Yo, Asimov. Memorias - Isaac Asimov

Lecciones de química - Bonnie Garmus