miércoles, 14 de febrero de 2024

Comentario de textos – enero 2023

Ahora que había conseguido ponerme al día de mis lecturas he tenido un enero de muchas lecturas – ya que me marche unos días a Piles, en gran medida para descansar de todo, o de nada, que no lo tengo claro, pero también porque habían surgido algunos problemas con una puerta y nuestros futuros nuevos vecinos – y ahora febrero se me plantea lleno de trabajo e incluso de la necesidad de estudiar ya que he ofertado un trabajo que tengo claro que ahora mismo no sabría hacer pero que puedo, y me apetece aprender (aunque soy como soy lo he ofertado con la esperanza de que no me lo adjudiquen; quiero aprender a hacerlo pero no sé si tengo el tiempo, las fuerzas o la edad para hacerlo. Ya veremos, si se da el caso). Vamos que o me pongo hoy a escribir o ya se me hará tarde y encima pues las lecturas son muchas.

Así que, aunque debería ponerme directamente con las lecturas, no puedo comentar la noticia más curiosa que he leído últimamente (o que recuerdo en este momento) y, como contrapunto mi mayor enfado de este mes (no, no es que tenga tantos enfados como para hacer un ranking mensual, de hecho, hacia bastante que no me enfadaba tanto por nada).

La noticia más curiosa es una de las primarias, republicanas y en colorado (creo), donde solo se presentaba una candidata y…. ha perdido. Ya, ya lo sé, yo pensé lo mismo cuando lo leí ¿Cómo puedes perder si eres el único candidato? Pues el caso es que, en estas elecciones, que son nominales, además de los candidatos (en este caso solo uno) hay otra opción que es “ninguno de los anteriores” y esta fue la opción ganadora con ¡más del 60% de los votos! No quiero ni imaginarme si aquí, en esta España en la que casi todo el mundo vota en contra del resto, se implementara una opción como esta, aunque resulta fácil de imaginar que se provocaría el colapso de la democracia. En fin, igual habría que probarlo, aunque fuera solo por curiosidad estadística.

En cuanto a mi mayor enfado, pues ya he cambiado de opinión y casi que paso de contarlo. Baste con decir que hace bueno, o malo, ese refrán de “de buenas intenciones está el infierno lleno”, sin hacer buena la siguiente parte de aquella canción sobre el mismo que decía “a falta de razones nos basta con querernos”. Pero por no ser críptico os diré que mis buenas intenciones han sido completamente malinterpretadas y me han sido devueltas casi en forma de infierno. Pero, bueno, digamos que son solo los nervios de algunos momentos y dejémoslo correr. Así que a las lecturas.

He de reconocer que hace ya mucho tiempo que Vargas Llosa – que en su día creo que fue un buen, muy buen, escritor – me decepciona y si sigo comprando sus libros es solo por ese cariño a sus primeras obras, o al recuerdo de su lectura en mi adolescencia, pero de su último libro Le dedico mi silencio, lo único bueno puedo señalar es la nota final en la que dice que escribirá un ensayo sobre Sartre (algo que, como no leo ensayos, no me afecta) y que “Sera lo último que escribiré.” Visto lo visto es una gran noticia, a menos que haga un Stephen King y siga diciendo que cada novela es la última que escribe, pero luego, cada año, saca una o dos. Confiemos en la palabra de Vargas Losa y esperemos no tener que volver a leer algo tan malo de alguien que fue tan bueno.





Mi siguiente lectura, La última colonia, casi hacia buena la novela de Vargas Llosa ya que, aunque por los pelos, la de Vargas Llosa puede considerarse una novela, pero esta… esta es una tesis doctoral publicada, y publicitada, como una novela sin ningún desparpajo. Es verdad que me podría haber ahorrado la compra si me hubiera fijado en que de las trescientas páginas que tiene las ultimas cien son cosas como notas al pie de página, bibliografía y cosas parecidas. Obviamente puede tener mucho interés para estudiosos del proceso colonial, pero… por el amor de dios no puede editarse como una novela. No he conseguido pasar de la página cien.






Es verdad que una crítica parecida la podría hacer de una parte de Illuminations.Stories (el último libro de mi viaje a NYC que me quedaba por leer, del que en enero solo me quedaba la mitad) ya que tiene un cuento (una story), de unas doscientas cincuenta páginas de cuatrocientas, que es una versión de la historia del comic. Pero, con la gran diferencia de que esta historia es parcialmente ficticia (o por lo menos lo es para un lector que no sepa mucho de ese mundo y sea incapaz de identificar a los retratados, que todos, supongo, tienen un nombre cambiado, igual Thunderman es SuperMan o igual no) lo que le quita todo el peso de la realidad (y las cien páginas de citas y notas) ; encima está llena de reflexiones y frases ingeniosas y bueno no es la única historia del libro.

Respecto a la parte de Thunderman pues recoge ese debate que parte de la sociedad conservadora y normalmente bíblica, tuvo (o tiene) sobre si los comics (o el rock o los videojuegos) incitan a la juventud a cometer las tropelías que muestra al que se responde que “... no more than the bible is encouraging its readership to massacre the innocents or have sex with their daughters or go crucifying people…” Creo que con eso queda dicho todo, señoría.

También, pese a que pueda resultar raro para los lectores serios que reniegan de los comics por su calidad, me encanta su comparación de los contenidos actuales de la televisión con los de algunas series de comics: “if we looked at what is happening on TV from any sort of editorial perspective, this was well beyond the point there he’d have called the writer in to have a serious discussion: this was irredeemable and utter narrative collapse. This was American reality become a crappy superhero comic book, in the last senseless issue before abrupt cancellation.” Claro, que esto hay que mirarlo con perspectiva ya que ese punto se alcanzó en la televisión hace muchos años y no solo parecen haber despedido al guionista sino haberle ascendido.

Sabiendo – dentro de lo poco que se de comics – que Allan Moore si participo en algunas series de superhéroes, donde seguramente tenia presiones para ciertas líneas argumentales, también tiene bastante gracia la afirmación: “If anybody at that Company had seriously wanted to cheat gravity, then they had only to put down the massive burden they were shouldering. Then they’d have kwon was flying was.” Un buen consejo que siendo el tipo raro que es igual siguió, ya que lo normal es no seguir los consejos propios.

También me gusta su crítica a las bibliotecas, o librerías que solo tienen autores “serios” y en las que “there’s no crime fiction, there’s no science fiction, nothing there by anyone who’s’ black or Asian. And for saying there were never more than one or two blokes in the Panacea Society, there’s nothing here by women. If you walked into a bookshop and this was their catalogue, you’d walk straight out again. I’ll probably get rid of them as a job lot and then have a flat-screen installed. That’s more me, if I’m truthful”.

Con todo, mi parte favorita es cuando un serafín (diría yo) está hablando de la creación y del creador  “I used to sit there in the corner with a bag of sweets and watch him done all the gene-editing and that. He’d swear and kick things when he made a typo, got his guanine mixed upon with his adenine, but I was only, what, three or four million, typical kid, so I just thought it was a laugh. I realized later that Dad was dyslexic, but back then, in the Precambrian… you have to understand it was a difficult time. We didn’t have the same awareness about learning difficulties, and so he was half-way through production on marsupials, before anything noticed anything was wrong.”  Me encanta este concepto de un dios disléxico, posiblemente la única explicación para el ornitorrinco y otros animales como el extinto pájaro Dodo. Brillante, casi tan brillante como ese: “Perhaps fascism was always weaponized nostalgia?” que completa al tradicional “la nostalgia ya no es lo que era”.

Ya digo, nada que ver con las dos anteriores.

El caso es que me había quedado sin nada que leer y las calles estaban atestadas de personas comprando o devolviendo regalos de navidad y reyes por lo que no podía acercarme a mi librería de referencia (si, repito, aunque seguro que ya la visitáis: Méndez en la calle mayor) pues aproveche para robarle a Alvaro el libro que le habían regalado por navidad, Holly, a la espera de que se despejaran las calles.

La verdad es que aparte de un libro biográfico sobre su forma de escribir, y tal vez algún cuento, creo que no había leído nada de Stephen King y esta, cuya portada “brilla en la oscuridad” y que parecía alejarse del clásico terror por el que es famoso pues no parecía mala opción (lo del brillo en la oscuridad si parecía mala opción).

Es una entretenida y muy correcta historia de detectives que tiene bastantes curiosidades, algo que siempre entretiene. La mayor curiosidad es que cite a Juan Ramon Jimenez, “Si os dan papel pautado, escribid por el otro lado.”, que me parece muy buena y casi una canción de Kiko Veneno.

Como curiosidad no se queda lejos el refrán sobre la depreciación de una fruta a la que tengo mucho aprecio: “Las naranjas son oro por la mañana y plomo por la noche”., que pese a ser un poco menos completa que la de nuestro plátano (de canarias, digo) la verdad es que me ha dolido más y me ha estropeado el postre invernal de varias cenas bajando mucho mi media de raciones de frutas y verduras (aunque he de decir que solo hasta que me olvide de la misma, algo que, espero, no tardara en suceder y vuelva a tomar naranjas de postre de la cena).

Por otra parte, me ha hecho tener que mirar Wikipedia para confirmar algo que había dicho (erróneamente) sobre la novela de título racista de Agatha Christie que sí, que inicialmente se llamaba Diez negritos (Ten Little NIggers) y que antes las protestas racistas primero cambio de diez indiecitos (Ten Little Indians), algo que seguía siendo igual de racista, aunque sobre otra raza y ya finalmente a ese título menos racista que tiene ahora. Así que mis disculpas no por el tema racista sino por haberos dado información falsa, que espero no hayáis usado.

En un momento de la novela parece que se hace apología de ser carnívoro (en contra de los vegetarianos) con ese “Me consta que uno siempre puede encontrar un texto sagrado en el que sustentar sus creencias, y esa gente encontró textos de sobra. En Romanos se dice que las personas débiles solo comen verdura. En el Deuteronomio, el Señor promete comeréis carne. En Corintios dice: comed todo lo que este a la venta en el mercado de carne.” pero luego (ojo spoiler) es más bien del canibalismo con ese otro: “El musculo y la medula ósea humanos curan la artritis y la ciática; el médico español Arnau de Villanova ya lo sabía en el siglo XIII. El papa Inocencio VIII comía los sesos en polvo de chicos jóvenes y bebía su sangre. En la Inglaterra medieval, la carne de los reclusos ahorcados se consideraba una exquisitez.”

Supongo que igual me decido a leer otra novela de Stephen King en cualquier momento, supongo que antigua ya que es de los que no piensa escribir nada mas (desde hace ya varias novelas).

Como era una buena novela pues me la termine antes de que las calles estuvieran lo suficientemente vacías como para poder cruzar la puerta del Sol y llegar a la librería Méndez a reponer existencias, así que me vi obligado a tomar prestada una novela que alguien compro como regalo de navidad y se dejó olvidada en el Wurlitzer (tengo dudas de si sería un regalo de navidad ya que el ticket de compra que estaba dentro de la novela era de mediados de noviembre y no sé, pero tanta previsión para luego dejársela olvidada, pues, como que no me encaja mucho): La Secta.

Curiosamente es de otro autor (autora en este caso) muy, muy famoso (venga famosa), pero del (vale, de la) que tampoco tengo conciencia de haber leído nada antes, pese a su fama, su nacionalidad (sueca) y su estilo (policiaco). Antes de nada, he de decir que es una especie de segunda parte, o secuela, por lo que cuando la juzgo como floja lo hago sin haber leído la primera y siendo consciente de que segundas partes nunca fueron buenas. Esta no es especialmente buena, correcta como mucho.

De toda la novela lo que más me ha inquietado ha sido la percepción de lo que es una ola de calor en Suecia, toda la novela pasa durante una y prácticamente en cada página se menciona este hecho, cuando en la primera página se nos da un dato verdaderamente importante: “El sol del verano le abrasa la cara. Deben de estar por lo menos a veintinueve grados en la calle.” ¿En serio, veintinueve grados y es una ola de calor insoportable? Uno no puede más que preguntarse ¿Cómo sobrevivían las suecas en la España del final del franquismo, principios de la transición? O ¿Por qué venían a este calor plenamente inaceptable para ellas? No sé, supongo que serían cosas del destape ese, o de puro masoquismo que los suecos, ya digo, son muy raros.

Como aprendiz de mago que fui durante un tiempo y al que, inevitablemente, le pedían de vez en cuando que hiciera juegos para niños, pensando que es la forma más sencilla de magia. Al fin y al cabo, mucha gente piensa que es más fácil engañar a un adulto que a un niño (como si la magia tratara de engañar al espectador) cuando realmente no es nada fácil, es mucho mas dificil, ya que no tienen ni idea de las leyes de la naturaleza “… los niños aun no conocen esas leyes. Para ellos el mundo es un vasto territorio inexplorado, y no hay ninguna razón para que no exista la magia.”, de hecho, en la mente infantil no hay ninguna razón para que alguien no vuele o para que los objetos cambien de sitio y de color. Sencillamente no les sorprende, como mucho le llama la atención, pero no les parece gran cosa.

A mi sin embargo hasta esta frase “Loke, su asistente, se encargaría de suturar la incisión en forma de I que ella había abierto en el cadáver” me llama la atención ya que no me queda claro si existen dos técnicas de autopsia o si es un problema de traducción o del auto corrector (yo solo conocía la incisión en forma de Y)

Como en muchas novelas más o menos modernas hay personajes con graves problemas mentales, en esta, entre otros, una inspectora obsesionada con la limpieza, aprensiva a cualquier tipo de suciedad o contaminación (como si se tratara de un cirujano con alergia a la sangre) pero con la que en un momento dado coincido plenamente: “¡Y pensar que había empresas que presumían de vender yogur con bacterias vivas! ¡Qué asco! Mina esperaba que todo lo que hubiera en su comida estuviera convenientemente muerto.” Ya te digo, mi comida también la quiero completamente muerta y por poco moderno que sea cocinada a ser posible.

En la contraportada de El operador de radio se puede leer “… una red de espías nazi activa en Nueva York durante los primeros compases de la Segunda Guerra Mundial”. No se vosotros, pero yo, al leer esto (espías nazis, nueva york) pues ya tenía ganador para mis compras. Pues si sois como yo solo puedo daros un consejo: leer las frases enteras antes de comprar ya que realmente es la historia de un inmigrante alemán que realmente no tiene nada (salvo tangencialmente y sin ningún interés) con una trama de espías nazis y solo parte de ella pasa en nueva york.

Aunque no me ha gustado como novela (ha decepcionado mis expectativas) es verdad que me ha producido una sensación extraña saber que en el mismo año en Nueva York podían coexistir en el escaparate de una librería Mi Lucha y Las uvas de la ira (aunque una es anterior, pero no os diré cual ni tampoco cual vendió más copias en américa en 1939)

Igualmente, curioso, y un poco inquietante, es enterarse de que “Lindbergh pertenecía a un comité que se autodenominaba Estados Unidos Primero” y que no quería que estados unidos entrara en la guerra (en 1940). Curioso, ¿casual en nombre? Vete a saber.

En un momento dado se describe la sensación que el protagonista tuvo al llegar a la ciudad en términos que todos hemos sentido (o por lo menos las personas sensibles, que hay cada animalillo campestre que cree que NYC es feo) “Las fotos no le habían preparado para aquella visión, para la grandeza y majestuosidad de aquel lugar. Por fin comprendió para que servían los ojos.” Desde luego yo sentí algo parecido la primera vez, todavía siento algo muy parecido, y es algo sobre equiparable al día en que sales a la calle con tus primeras gafas graduadas que casi se me escapo un “hostias, que bonito es todo”; casi equivalente a ese así que para esto servían los ojos.

Todavía es pronto para saberlo, pero El movimiento del cuerpo a través del espacio puede que se haga, pese a su título, con el premio a la novela más divertida de este año, o al premio protagonista con el que más me identifico (algo que sería sorprendente teniendo en cuenta que con el personaje con el que digo identificarme es una ex deportista casada de más de sesenta años) o con el de autora favorita sobre temas de nutrición o de adicciones (yo no lo recordaba pero en 2014 ya me había leído otra novela de esta autora en la que tocaba temas parecidos), todo dependerá de las categorías finales, si es que las hay pero igual no son esas

En cualquier caso creo que ya queda claro que me ha parecido una gran novela pero añadiré que refrendo muchas de las opiniones que la autora (a través de sus personajes) pone en el libro, entre otras: “que mujer se moriría por follar con un hombre que se deseaba a si mismo”; “Nancee era víctima de una moda que, a la hora de ponerles nombres a los hijos, celebraba como signo de originalidad la incapacidad de escribir sin faltas de ortografía.”; “La gente va soltando jerga de moda y se cree moderna, pero no se puede ser moderno e imaginativo. Se puede estar fuera de onda y ser imaginativo, o bien ser moderno y conformista.”

He de reconocer que incluso – antes de que le diera el ataque de locura deportiva que sufre el marido de la protagonista – me siento identificado con este marido y su incredulidad cuando en un delirante juicio laboral por acoso lo acusan de violento y tras citar en su defensa la definición de violencia del diccionario le dicen “Bueno, esa es la definición del diccionario” con el fin de quitarle la razón dando a entender que esa es tan solo una opinión y el ya estalla respondiendo incrédulo a la vez que indefenso antes semejante respuesta “…pero la palabras tienen que significar algo en concreto, de lo contrario, es inútil emplear al lenguaje para comunicarse.” Increíble si no fuera porque yo también he oído como defensa ese equivalente de “eso es una cuestión semántica”. Menudo mundo, pues claro que es semántico, si es el significado, ¿Qué iba a ser?

El caso es que al fin en la novela pues hay casi dos sociedades (como ya sabéis yo prefiero decir que “hay 10 tipos, los que entienden el binario y los que no”, y lo seguiré repitiendo aunque solo me haga gracia a mi) o en palabras de la autora: “la humanidad quedaba dividida en campos mutuamente hostiles: los que saltaban de la cama y los que se iban a dormir a las tantas. La distinción no era solo cuestión de horario. Noctambulo era sinónimo de maldades, imaginación, rebelión, transgresión, anarquía y excesos, por no decir drogas, alcohol y sexo. El madrugador evocaba valores protestantes tradicionales como la obediencia, la laboriosidad, la disciplina y la frugalidad, pero también, a la visa de la alegría que les provocaba levantarse a saludar al nuevo día, la determinación militar e incluso fascista de mirar el lado bueno de las cosas.” Yo no tengo ninguna duda sobre en cual de esas mitades me clasifico, incluso cunado me levanto antes de que salga el sol o me acuesto temprano, que eso al fin y al cabo son detalles y como decía un nacido en Soria: “yo soy vasco, que los de Bilbao nacemos donde queremos”. ¿vosotros?

También, por la parte que me toca al ser clasificado, en ocasiones, de ermitaño receloso he de señalar que estoy de acuerdo con que estamos (obviamente quiero decir están) completamente incomprendidos, caracterizados con mezquinos sociales faltos de generosidad sentimental, cuando “… lo propio de los ermitaños recelosos era entregarse generosamente y por completo una vez caídas las imponentes barreras que tenían por costumbre levantar ante todos los demás.”

Por ultimo señalare que me encanta esa estadística (posiblemente falsa pero plausible y puede que tal vez escasa) de que “… la superficie de piel norteamericana estampada con hobbits, alambre de espino, códigos de barras, ojos, tigres, motivos tribales, escorpiones, calaveras o superhéroes equivale a la del estado de Pensilvania.”

En mi top ten desde primeros de año, y muy bien se tiene que dar para que no aguante en el mismo.

La niña de oro es una novela que se supone policiaca en la que se cometen unos crímenes contra albinos, que según el autor encima se dan en más (los albinos, no los crímenes) en ciertas zonas desfavorecidas lo que se supone sirve para añadir cierta carga social a la novela. Además, de repente aparecen referencias a una religión africana por supuesto excluida del entorno social (supongo que también para criticar algo cultura, probablemente el colonialismo) pero nada de todo esto cuaja y es uno de esos casos en los que si uno intenta hacer un spoiler pues no sabe que poner ya que toda la historia se resuelve, o no, no estoy seguro, sin dejar ninguna huella. Lo mejor, puede que incluso lo único bueno es una cita ajena, que si tiene su gracia: “En la facultad leyó a Bertrand Russell, eso de que el ateo simplemente cree en un dios menos que el cristiano. La diferencia entre ambos es cuantitativa, no cualitativa.”



Me he olvidado de mencionar que la novela anterior era argentinísima (con modismos casi ilegibles a ratos) y mi siguiente lectura (la única que me quedaba en Piles, donde estaba) pues también era Argentina: La llamada. Un retrato. SI la anterior era un desvarío disfrazado de novela policiaca sin mayor interés, esta era una historia de una presa de la dictadura (y de su entorno) que acaba exiliada en Madrid. Se cuentan torturas y cosas chungas como violaciones y sin embargo yo no consigo empatizar en ningún momento con la protagonista que desde el principio me acaba pareciendo la típica argentina pedorra, rica y que se cree lo siguiente a hermosa y que eso le permite cierta promiscuidad. A medida que avanzó en el libro cada vez me parece más odiosa la protagonista y casi entiendo a todos los argentinos exiliados que le hacen el vacío en Madrid. Es verdad que la tesis de “si sobreviviste es que colaboraste” por la que le hacen el vacío, a ella y a otros represaliados no es justa, ni veraz ya que como explica en Ronin (una película con excelentes persecuciones de coches y bastante buena) Robert de Niro a un chuleta irlandés que se cree preparado para resistir interrogatorios “nadie resiste indefinidamente” (el personaje de Robert de Niro  confiesa que después de torturarle durante un tiempo el acabo rindiéndose por un grasshooper, el coctel no el pequeño saltamontes). Olvidable (la novela, digo) aunque bueno siempre está bien tener más razones para “odiar” a las argentinas exiliadas o, ya que nos ponemos, a cualquier otro grupo de población.

Para la vuelta de Piles – a finales de mes – ya no me quedaba nada de lectura así que, como siempre voy con tiempo a la estación, pues pude comprarme Tres enigmas para la Organización, una novela de ese Eduardo Mendoza divertido y delirante, estilo casi Jose Luis Cuerda, que a veces aparece. Un divertimento verdaderamente divertido es todo lo que debería decir, pero… el caso es que entre los diálogos delirantes hay varios que suscribo. Como ejemplo ese protagonista al que le preguntan ¿Qué sabe hacer? Y responde “Bien, lo mío. Mal, lo que me manden:” que, en mayor o menor medida todos suscribimos (salvo, tal vez, el histórico, o cinematográfico, Cid del que decían aquello de “que buen vasallo si tuviera buen señor”).

En esa misma línea está la obtención de “… la recompensa del sabio, que consiste en comprobar que todo lo aprendido es inútil, toda experiencia es tardía y toda vida es de una vulgaridad sin paliativos” que a ninguno nos gusta suscribir, pero a la que, en parte, no le faltaría razón si no fuera porque precisamente de eso va la vida, de aprender (como lo de los hippies y el camino, eso de que lo importante no es el destino, sino el viaje)

Pues eso, un mes con altibajos – como casi todos – que no debe quitarnos la idea de ¡Divertíos asaltando el castillo!

 

Lecturas

Le dedico mi silencio - Mario Vargas Llosa

La última colonia - Philippe Sands

Illuminations. Stories - Alan Moore

Holly - Stephen King

La Secta - Camilla Läckberg

El operador de radio - Ulla Lenze

El movimiento del cuerpo a través del espacio - Lionel Shriver

La Niña de Oro - Pablo Maurette

La llamada. Un retrato - Leila Guerreiro

Tres enigmas para la Organización - Eduardo Mendoza

domingo, 14 de enero de 2024

Comentario de textos diciembre 2023

Aunque no soy muy partidario (en este blog) de discutir temas de actualidad la verdad es que no puedo resistirme a comentar “el desastre ecológico de los pellets gallegos”, y no puedo resistirme porque pese a que abra – casi ocupe – todos los programas de noticias la verdad es que no he visto a nadie que lo ponga un poco en perspectiva. Que si, que es una catástrofe (o un accidente lamentable) pero ¿de verdad es tanto? ¿tiene tanta importancia como para pedir que se movilicen helicópteros, barcos, robots submarinos? ¿es comparable al desastre del Prestige?

Pues mira que yo tengo mis dudas, pero claro yo soy un tipo que duda y al que le parece demencial que si en Fukushima, por causa de un tsunami hay cerca de quince mil muertos, y este mismo tsunami provoca un accidente en una central nuclear para el que no hay ninguna muerte confirmada (vale, algunos hablan de poco más de cien como consecuencia indirecta) el incidente globalmente se considere “el accidente de la central de Fukushima”. A mí me parece bastante raro y con todo esto de “la marea blanca” de los pellets pues me quedo casi igual de perplejo.

¿comparar esto con el Prestige? Pues que quieres que te diga: esto ha sido un contenedor de 26 toneladas (o 26,2 creo que es la cifra exacta) del que no se sabe si todo o solo parte se “ha movilizado” (ha salido del contenedor). El vertido del Prestige fue de 63.000 toneladas de fuel, vamos como 2.400 veces este accidente. No sé, igual la comparación parece un poquitín exagerada ¿no? Como comparar lo que ganamos las personas normales con lo que ganan algunos anormales.

¿es tanto, es una cosa excepcional? Pues hombre, teniendo en cuenta que hay un informe del CEDEX (unos expertos en este tipo de temas) que cifra que el vertido de pellets a las costas españolas puede evaluarse en unas 5.710 toneladas anuales (solo de pellets, que incluyendo todo tipo de plásticos es de casi 11 mil toneladas) pues el vertido diario es de casi 15,5 toneladas de pellets a las costas españolas (al conjunto, no solo en Galicia) y este han sido 26 (o 26,2 si se quiere) pues tampoco es para mesarse los cabellos… un día malo en la oficina y poco más.

¿es súper toxico y vamos a morir todos por esto? Pues que quieres que te diga, parecería que por esto no… o ya habríamos muerto todos en una semana normal. De hecho, si imaginamos que todos estos plásticos se “diluyen” completamente en el mar, asumiendo que el 100% de sus compuestos son tóxicos y teniendo en cuenta solo la distancia a la costa a la que se produjo el accidente (unos 60 km) y la distancia a la primera costa gallega (unos 70 km) y pensando que se queda concentrado en este volumen (vamos que las corrientes no se los llevan) pues estamos hablando de que la concentración de tóxicos aumentaría del orden de 0,01 nanogramos por litro. Variación que es posible que se pueda medir pero que a todos los efectos es indetectable, homeopática casi.

Que si, que, como todos los accidentes, es lamentable, pero de ahí a que esta sea la noticia principal durante tanto tiempo y que sea un tema de debate nacional pues… no sé, igual hay un gran salto. Pero, divago, así que pasemos directamente a las lecturas del último mes del año pasado que, como me tome una semana de vacaciones en Piles, pues han sido bastantes.

Mi primera lectura, procedente de mi librería de referencia (ya sabeis, Mendez en la calle mayor que espera vuestras viisitas) tiene como título el nombre de uno de los primeros ordenadores, Maniac, y trata, muy marginalmente pese a lo que diga la contraportada, de ese otro tema tan en boga (si, la inteligencia artificial que ahora poseen desde las lavadoras a las bombillas y en breve tendrán hasta las piedras) y no de un maniaco asesino (o varios), aunque como salen desde Oppenheimer a Von Neumann, entre muchos otros implicados en la creación de la bomba atómica (el famoso proyecto Manhattan) pues igual el título tiene un doble sentido (incluso hace una breve aparición Oskar Morgenstern, famoso por ser uno de los creadores de la teoría de juegos – pese a ser, al parecer, el un tipo bastante aburrido – y no por dar nombre a un bar que todos conocemos; que no le homenajeaba a él, sino a él grande de William Goldman)

Por supuesto – en que libro sobre computación puede no hacer una aparición – también se cita a Turing: “para que las maquinas llegasen algún día a avanzar hacia la verdadera inteligencia, tendrían que ser falibles; capaces no solo de cometer errores y salirse de su programación original, sino también de tener comportamientos ilógicos y absurdos” que, en principio hace inviable la inteligencia artificial ya que difícil que un programa se salga de su programación (por muy avanzada e incomprensible que sea esta, siempre está sometida a las reglas de la lógica con la que se ha diseñado).

En este sentido el libro vuelve a citar a Turing afirmando que “probo matemáticamente: no hay manera de saber de antemano lo que hará un código a menos que lo ejecutes. Aunque lo mires y creas entenderlo a fondo porque tú mismo lo has escrito, es imposible.” Algo de lo que yo tengo mis dudas, aunque como todo el que ha realizado un programa alguna vez sospecha que a veces la maquina hace lo que le da la gana. Pero, dudo mucho de esta afirmación y de su prueba por parte de Turing.

Una última parte del libro está dedicada al juego del Go, comentando varias partidas entre un ordenador (Con el programa AlphaGo) y el campeón de Go que acabo ganando la maquina con, creo yo, la idea de demostrar la inteligencia de la máquina. La verdad es que lo único que acaba probando es que al tener menos prejuicios – en el sentido de ideas preconcebidas de lo que debe o no hacerse en cuanto a juego posicional – no tiene limitadas las jugadas y gana porque en un momento dado juega una jugada que va contra las reglas tradicionales pero que es una jugada completamente indiferente entre varias que tenían la misma valoración sorprendiendo al campeón y a todo el mundo. Simplemente, en un momento dado prueba una jugada “prohibida” por los prejuicios del juego.

También, porque se lo puede permitir, en algún momento hacia jugadas en las que parecía perder la ventaja posicional temporalmente, pero eso era tan solo porque “AlphaGo podía realizar algo de lo que ningún ser humano era capaz: calcular, con una precisión absoluta e infalible, exactamente cuánto territorio necesitaba para vencer, y conformarse con ello. ¿Para qué gobernar entonces enormes extensiones de territorio cuando no las necesitaba?” Esta es una gran pregunta y llamadme cínico, pero, para mí, precisamente prueba que en caso de ser algo es una inteligencia muy diferente de la humana ya que cualquier humano elegiría la vía en la que más humillado quede su contrincante, no valiéndole solo con ganar. Pero, esto también es programable.

Otra gran curiosidad, que tenía desde hace varios años por observarlo en varios viajes a NYC incluso en el avión, que ha satisfecho este libro es ¿Qué demonios es son ese cubo y esas correas que algunos judíos ultra ortodoxos se atan a los brazos? Pues ahora sé que es el cubo Tefilin “yo había visto utilizar a mi padre esas pequeñas cajitas, que contienen versículos de la Tora escritos en trozos de pergamino, todas las mañanas durante sus oraciones; él nos había enseñado la forma correcta de rodear el brazo con las tiras de cuero para formar las letras hebreas dalet y yud, deletreando Shaddai, uno de los muchos nombres de Dios.” Toma ya, lo que se aprende.

Obviamente todavía tenía algunas compras de mi vista a NYC por lo que mi siguiente lectura fue You Can’t win en la que me sorprendió (no me parece un apellido normal) que también hubiera un Oppenheimer, este de nombre Jakey y que nada tiene que ver (creo, aunque el libro no lo aclara) con el famoso Robert, ya que es un tipo que según el autor se vuelve loco cuando le ponen en la penitenciaria le pone una camisa de fuerza. Puede que Jakey ya tuviera cierta predisposición a la locura, pero como se trata de la autobiografía de un vagabundo reformado pues es un poco parcial en la visión de los métodos aplicados en las penitenciarías americanas (que no dudo de que fueran realmente inhumanos y que volvieran loco al más cuerdo, incluso aunque no tuviera un apellido propenso a la locura). Se trata de un libro interesante ya que describe un mundo especialmente marginal que posiblemente sigue existiendo, aunque no es una gran autobiografía.

Es verdad que si me ha gustado su referencia al uso excesivo del “por favor” por parte de algunas personas: “’please’ is a good word in its place; but it does not get one appointed to anything. It has a proper place in a small boy’s vocabulary. And it is also much used by a certain class of prisoners and supplicants who are always ‘pleasing’ somebody and are never pleasant to anybody.” ya que todos hemos visto un abuso de estos “por favor” que no se sienten realmente.

Estoy bastante seguro de que para el autor de Poeta Chileno (el último libro que he intercambiado, a mi favor, con mi amiga Maria de la O y que posiblemente marca otro intercambio a mi favor porque es bueno), esas dos palabras juntas no representan un insulto ya que en sus propias palabras “ser un poeta chileno es como ser un chef peruano, un futbolista brasileño o una modelo venezolana.”, vamos, algo intrínseco a la propia nacionalidad (ya, ya, a mí también me ha sorprendido mucho que lo de chef y peruano este tan unido; cosas de chilenos, supongo) pero para los demás (pese a tener mucho respeto por algunos poetas chilenos) esa conjunción es claramente o un insulto o una burla como “psicólogo argentino”.

Es verdad que resulta muy curiosa la diferencia entre profesiones que el autor pone de manifiesto al afirmar: “… poetas que tienen quince o veinte años más que él, y que si fueran futbolistas en lugar de poetas serían considerados futbolistas acabados, ya al borde del retiro, pero como son poetas todo el mundo los sigue llamando poetas jóvenes, porque el ejercicio de la poesía no da dinero, pero prolonga notablemente la juventud.” Algo dudoso eso de considerar que la poesía prolongue la juventud de los poetas, que en general ya parecen viejos cuando son jóvenes, frente a personas que lo único que hacen de mayores es seguir jugando con una pelotita como si siguieran en el patio del colegio.

Si en eso le falta razón, le sobra cuando refleja las dificultades de “fumar rabiosamente y aguantar las lágrimas, lo que no es fácil, porque fumar y llorar son actividades complementarias”, especialmente fumar rabiosamente. Que lo bueno de fumar es que se puede hacer de muchas y muy variadas maneras.

Mi siguiente lectura me mantiene en el cono sur y me lleva de los poetas a la reunión de los componentes de una banda de heavy metal argentina que, en cierta medida quieren vivir una segunda juventud y los que el dinero conseguido por uno de ellos – que se compra un club con este fin – les dará la oportunidad de intentarlo volviendo a reflota la banda: La Armada Invencible. Si bien es una novela entretenida la verdad es que, en cierta medida, es algo decepcionante si la comparamos con otras parecidas (como las de Hornsby, Nick) que reflejan está perdida de la juventud y ese intento de retorno en clave musical de una forma mucho mas acertada.

Tiene alguna frase buena como “El diablo ofrece esa ventaja sobre el Creador: no posee Iglesia o sacerdotes ni unos mandamientos que te impongan a gritos, y lo adoras sin saberlo, con acciones sencillas que realizarías de cualquier forma: emborracharte, fornicar, anhelar desgracias para los otros.”

Con todo, mi reflexión favorita toda la novela es la descripción – despreciativa – del trabajo que yo hago a veces: “lo único que hacía falta para ser un «experto internacional» era una conexión a red que te permitiera decir lo poco que sabias ante una audiencia equivocada. Si eras filipino, hablarías ante alemanes. Si eras alemán, ante ruandeses. Si eras ruandés, ante unos putos gringos. Nadie le creía una palabra al vecino que llevaba veinte años dedicado a aprender un arte, ciencia u oficio. No: necesitaban que un desconocido de las antípodas fuera y se lo contara todo.” Que por muy certera que sea he de decir que, obviamente, no es aplicable a mi caso; faltaría más, hombre.

De mis compras neoyorkinas ya solo me quedaban tres por leer, y entre ellas me decidí por Oh Go, The sun goes que tenía una premisa de ciencia ficción prometedora: un día, sin más, el sol desaparece, y como si fuera una canción infantil, “… nadie sabe dónde está o cuando volverá…” Pese a esta promesa la verdad es que se trata de un libro completamente desquiciado, en el que el mapa de una ciudad se convierte en una representación del cerebro por la que vaga un investigador que quiere saber lo que ha pasado con el sol. Dios Santo, tiene tanta pedantería que ni siquiera yo – pedante como soy – he podido terminar. Sencillamente me ha parecido infumable y a menos de la mitad me he rendido y he abandonado su lectura.

Después de esta brutal decepción pues quería leer algo “ligero” y cogí El castillo de Arena que es una novela policiaca japonesa que parecía entretenida, sin más pretensiones, pero que resultó ser una historia excesivamente rocambolesca e incluso, a ratos, un poco confusa pero entretenida.

Lo que más me ha impresionado de la novela ha sido, no voy a decir descubrir, pero si volver a constatar, el machismo intrínseco de la sociedad japonesa que, entre muchos otros momentos, lleva a una de las protagonistas a afirmar: “sintió lastima de si misma por obedecerlo siempre sin rechistar”.

Esta misma protagonista acaba suicidándose y cuando la encuentran muerta “Llevaba el pelo bien peinado y se había maquillado. Sabía que la vería mucha gente una vez muerta y se había vestido y arreglado para la ocasión. La habitación estaba limpia y ordenada.” Algo que inevitablemente me ha recordado a las conversaciones de mi madre y mi abuela sobre vestirse para ir al médico, incluso si había que ir de urgencias había que ir bien vestido.

Como curiosidad cultural japonesa he aprendido (bueno, aprendido no porque ese verbo conlleva el retener la información para un uso posterior) que existe una unidad de volumen “El hoku fue definido como la cantidad de arroz teóricamente necesaria para alimentar a una persona durante un año. Un hoku de arroz pesa cerca de 150 kg.” ¿150 kilos de arroz por persona al año? ¿casi tres kilos de arroz por semana? Desde Madrid, esta cantidad parece inviable pero mi experiencia de cincuenta días en Vietnam me dice que sim que es posible que sea una cantidad razonable y por supuesto igual es escasa en Valencia donde lo habitual no es que se elija la comida sino con que se va a tomar el arroz para comer. Pero ya digo ¿tres kilos de arroz a la semana por persona? Una barbaridad.

Este mes cogí La casa de caramelo ya que creía recordar que me había leído otra novela de esta autora (si, en septiembre) y que me había gustado (no, no especialmente) y si seguía entre los libros interesantes pues bien merecía una oportunidad. Pues lo mismo con la primera que leí, está bien pero no excesivamente, de hecho, diría que algo más floja ya que no se entiende bien y bueno, como ya comente, pues vuelve a salir ese garito de punk de San francisco que yo desconocía (Mabuhay Gardens) y el grupo de punk de excelente nombre (The Flying Dildos) aunque ninguna de las dos cosas aporta nada a la historia.

Es verdad que me gusta – porque la suscribo – la diferencia entre información y conocimiento que hace la autora en dos momentos de la novela, con un primer genérico “Según dicen, el conocimiento es poder… la mera posesión de datos, en si misma, no es útil ni predictiva” (es decir que no es conocimiento y es inútil) y con su segundo especifico de “Si bien el camino azaroso de un borracho posee interés geométrico, no puede predecirse donde dará el próximo tumbo” que en cierta medida supongo es lo que le pasa a los modelos predictivos de mi cuenta de Amazon que utilizo para cosas propias, para cosas de empresa, para cosas de mi sobrina y donde siempre pienso en hacer compras erráticas para confundir al algoritmo (igual que con las búsquedas de Google que de vez en cuando hago casi aleatoriamente solo por confundir al algoritmo ese).

También me ha gustado mucho el alegato a favor de la lectura cuando la protagonista, una adolescente con problemas, lee un libro (de adolescentes con problemas) y “… había descubierto que las mismas emociones que experimento después de un viaje a Londres con su padre, a los dieciséis, un viaje que la destrozo, las habían sentido también otras personas. No era única, pero tampoco estaba sola. Leer habría podido salvarla.” Al fin y al cabo, leer no es nada más que otra forma de entender – a través de los problemas de otros – tus propios problemas o tu forma de relacionarte con el mundo o en que forma el mundo se relaciona contigo.

De la lectura de este libro y dado como están ahora los tiempos me surge la pregunta ¿hablar de género no binario, o de personas no binarias, es machista? ¿deberíamos hablar, como hace el libro, en un momento dado, de “no binaries”? Yo no me lo pregunto en serio, pero no me extrañaría que ahora hubiera que usarlo así, en neutro.

Había dejado como última lectura en mi viaje a Piles At Swim-Two-Birds, básicamente porque pese a ser un clásico irlandés que uno tiene que leer (junto con Joyce y su ilegible, por mi Ulises; y Sterne, con su fascinante Tristram Shandy) no estaba seguro de que fuera capaz de leérmelo en ingles ya que es uno de esos libros que tienen fama de súper extravagantes, de ser de meta literatura y esas cosas ininteligibles.

Pues nada, ya me lo he leído y he de decir que si bien hay partes verdaderamente confusas en las que los personajes de un libro hablan de los personajes de otro libro que están escribiendo otro libro (y puede que incluso algún bucle adicional) pues tiene bastante gracia y salvo algún trozo – que no se entiende – la verdad es que se lee bastante bien y uno se divierte.

Es bastante divertida esa teoría de que la novela “… in the hands of an unscrupulous write, could be despotic” y que “It was undemocratic to compel characters to be uniformly good or bad or or rich. Each should be allowed a private life,self- determination and a decent standard of living. This would make for self-respect, contentment and better service. It would be incorrect to say that it would lead to chaos. Characters should be interchangeable as between one book and another…” y mucho mas en esta linea.

Pero es que hay otras partes sensacionales como ese personaje que no se solo lee libros encuadernados en verde – algo que, obviamente, le aleja de ser un erudito y ni siquiera le permite leer la biblia –  porque según el “All colours except green he regarded as evil…”

Extravagante es su distinción entre cuerpo y alma y su comparación con formas verbales cuando están pensado en hacer daño a Mr. Trellis física o espiritualmente:“Labyrinthine are the injuries inflictable on the sol. The tense of the body is the present indicative; but he soul has a memory and a present and future. I have conceived some extremely recondite pains for Mr. trellis. I will pierce with a pluperfect.”

Con todo, mi parte favorita es: “God is the root of minus one. He is to great a profundity to be compassed by human celebration.” Impecable, aunque hay gente que entiende muy bien los numeros complejos.

Ya de vuelta en Madrid me puse a leer otro de los regalos de mi cumpleaños, The second murderer que como era esperable por la existencia de ese subtítulo de A Phlilip Marlowe Mystery en un libro escrito por una tal Denise Mina y no por Chandler no estaría a la altura. Dicho y hecho, siendo una novela que podríamos clasificar de entretenida pues no llega a la altura de lo que el subtítulo reclama, ni en trama ni en ritmo, diálogos o frases para el recuerdo.

De mis compras en NYC ya solo me quedaba The Moviegoer, libro que había cogido como homenaje a mi tío (primo según él) Ricardo ya que si existiera equivalente en español pues sería de los primeros que me vendría a la cabeza para describirlo (por supuesto después de Cabut) pero cuyo protagonista no es especialmente aficionado a ir al cine (o si lo es, no se refleje en el libro).

Personalmente me ha encantado ver escrita, mucho mejor de lo que yo la expresaría, mi opinión sobre dios o la creencia en dios (en uno o en varios que para mí es lo mismo): “My unbelief was invincible from the beginning. I could never make head or tail of God. The proofs of God’s existence may have been true for all I know, but it didn’t make the slightest difference. If God himself has appeared to me, it would have changed nothing. In fact, I have only to hear the word God and a curtain comes down in my head.” (Vale, obviamente la parte final no es cierta ya que no desconecto al oir la palabra dios, pero lo demás impecable.)

En una línea parecida me encanta la visión cristiana, del pecado, en general: “Christians talk about the horrors of sin, but hey have overlooked something. They keep talking as if everyone were a great sinner, when the truth is that nowadays one is hardly up to it, y más en particular del de la envidia que, para mí, también tiene una vertiente hoy olvidada por los que creen que no comenten este pecado: “But envy is not merely sorrow at another’s good fortune: it is also joy at another’s misfortune.”

Hay pocas novelas buenas en español sobre timadores por lo que El Holandes, una novela sobre un timo de ventas inmobiliarias en Benidorm parecía sumamente prometedora e interesante. A ver, no está mal, pero tampoco está bien. Me ha resultado una lectura plenamente indiferente y prescindible. No consigue mantener el interés, aunque tampoco lo pierde totalmente. Nada que reseñar.

Libre. El Desafio de crecer en el fin de la historia (pongo el subtítulo para que nadie la confunda con otra novela del mismo título, algo que a mi hermano le parece fatal; no lo de confundirlas sino lo de que dos tengan el mismo título) es una novela que me ha sorprendido muy favorablemente habiéndome sorprendido como una biografía sobre una época y un país del que no conocía nada (excepto alguna frase chorra de mi sobrino rafa sobre que él era Hoxista, a la que nunca sabía que responder) como el comunismo y el fin del mismo en Albania ha mantenido mi interés y me ha gustado mucho.

La primera parte de la novela – centrada en las vivencias bajo el régimen comunista en la infancia de la autora – son reinterpretadas en la segunda parte por la propia autora una vez que el comunismo desaparece de Albania. Pero tanto la descripción de la primera parte como la revisión posterior del pasado se hace sin acritud ni traumas. Resulta fascinante, o a mí me lo ha resultado, y humorística en su mayoría recordándome a aquello que sobre los años de la guerra civil española decía un autor que había sido solo un niño en aquella época y que era algo como que “era el mejor momento de la historia para ser un niño.”

El tono general de la novela me ha encantado y aunque no creo que sea de las mejores cosas del libro (creo que el tono general es lo mejor) he marcado este pasaje que me hace gracia (obviando su machismo que la autora ya aclara antes de esta frase): “La relación de mi padre con las tareas domésticas era la misma que podía tener un niño con las coles. Sabía que eran buena para él, pero en el fondo le daban asco. Diré a su favor que lo único que usaba como excusa era su asma, nunca sus cromosomas.”

La gran sorpresa de este mes – posiblemente de todo el año – ha sido La Taberna de Silos que en principio podría parecer que iba a ser una versión hispánica de El nombre de la Rosa, con unos asesinatos vinculados a un manuscrito que está en un monasterio (Silos) enfrentado con otro (San Millán) entre otras muchas cosas por las regiones vitivinícolas a las que representan (Duero contra Rioja) y que como todas las versiones pues como mucho seria entretenida pero sin llegar a ser como el original (es verdad que de la original la mitad, por aquello de estar en latín, es ilegible para casi todos incluyéndome a mí, que solo he leído la mitad traducida) pero para nada. Se trata de una novela sumamente entretenida con mucho humor y ahora que miro el lomo y veo las marcas que he puesto durante su lectura dudo si a) copiarlas todas (aunque incluso asi faltarían) b) hacer una selección de mi selección o c) no copiar ninguna y dejaros con las ganas de leer este libro que a mí me ha divertido mucho.

Releo mis marcas y elijo tal vez

la más seria con la que me identifico más a medida que me hago mayor: “Nunca entenderé como hacen para caber estos días cada día más largos en estos años cada vez más cortos.” Seguida de cerca por esa otra de “uno que fabrica una mentira siempre es más fiel a ella que otros a la verdad a la tuvieron que resignarse.”

La más dura respecto al carácter de los castellanos que desgraciadamente no es exclusiva de esta comunidad: “un buen castellano se encarga siempre, y con extremo cuidado, de someter a las mujeres de su familia, pues sabe que son ellas, como esclavas principales entres sus posesiones, las enemigas naturales y más poderosas de su voluntad.”

La más relacionada con la fe (por aquello de que todo pasa en un monasterio): “Bienaventurados los pobres de espíritu que, sin ver nada, son capaces de creer. En cambio, que dignos de compasión quienes reclaman a un dios invisible la fe que no consiguen tener. O los peores de todos, dignos solo de menosprecio, quienes ni la buscamos ni la deseamos, y acaso ni siquiera la aceptaríamos sinos fuera dada.”

Sin olvidar, por supuesto, la mención a la regla de San Benito (Por motivos obvios, aunque la desconozca) que “obliga a beber vino antes de leer, para no andar sediento de voz ni pensando en la comida”; ni las referencias a Vespasiano y el impuesto sobre la orina y su “el dinero no huele”; ni la distancia segura para beber de un rio en el que descargan las letrinas (ocho millas, según los monjes en el caso de Silos)

 Pero me dejo varias, muchas, muy buenas. Un libro excelente, al parecer, de un monje que abandono el monasterio por una mujer pero que podría haberlo hecho por cualquier otro placer como el vino.

Pues eso, que para este año he leído un libro menos que el año pasado (o igual alguno menos ya que este año tengo la sensación de que he dejado más sin acabar que el año pasado) pero no hare un resumen de lo mejor (o no de momento) porque quiero ponerme con otros temas, pero vosotros ¡Divertíos asaltando el castillo!

 

Lecturas

Maniac - Benjamin Labatut

You Can't win - Jack Black

Poeta chileno - Alejandro Zambra

La Armada Invencible - Antonio Ortuño

Oh God, the sun goes - David Connor

El castillo de arena - Seicho Matsumoto

La casa de caramelo - Jennifer Egan

At Swim-Two Birds - Flann O'Brien

The second murderer - Denise Mina

The moviegoer - Walker Percy

El holandes - Elisa Ferrer

Libre - Lea Ypi

La taberna de Silos - Lorenzo G. Acebedo

jueves, 4 de enero de 2024

Aniversarios

Este primero de año se ha cumplido 25 años del peor primero de año de mi vida, de hecho, este año se cumplirán 25 años de muchas cosas, incluyendo algunas muy buenas y otras totalmente indiferentes, ya que ese primero de año supuso un cambio importante en mi vida, o, supongo que sería más correcto, en la forma en la que desde entonces he vivido mi vida.

La ausencia de una sensación especial ante el hecho de que se cumplan un número determinado de años en un día en concreto me ha llevado a plantearme porque se consideran tan importantes los aniversarios. los cumpleaños los entiendo, más o menos, e incluso, llego a entender la alegría ante la continuidad de una situación que hemos creado y nos llena de alegría. Sin embargo, los aniversarios, como tales, y especialmente los provocados por causas completamente ajenas a uno sinceramente no los acabo de entender, falta de entendimiento que aumenta cuando el aniversario es el de una muerte o un episodio traumático (o de varias) que es cuando mi falta de compresión se dispara. No, no es que crea que haya que olvidar las cosas que han sucedido – ni las buenas ni las malas – pero tampoco creo necesario hacer de estos días algo especial, que sean “aniversarios”.

Además, con los aniversarios tengo un pequeño problema matemático (mayor que con los cumpleaños) que procede de su propia acumulación: cuantos más años vives, más cosas buenas te pasan y también más cosas malas te pasan. Ambas opciones dan lugar a la creación de aniversarios con lo que al final, con tanto aniversario, la vida de uno se convierte casi en uno de esos libros de efemérides, o los propios aniversarios requieren un orden interno lo que le quita valor a unos frente a otros que puede llegar a ser variable con el tiempo. Por eso, procuro olvidar los días concretos en los que sucedieron las cosas, incluso a veces los años en que sucedieron.

Por otra parte, al menos en mi caso, la confluencia de aniversarios, digamos de muy distinto signo, en el mismo me confunde respecto a cómo me siento, a como debería sentirme, un determinado día por ser el aniversario de algo. Así por ejemplo el primero de enero podría clasificarlo como uno de los peores días de mi vida, por lo que sucedió hace 25 años, pero el uno de enero también es, de momento, el más feliz de mi vida por lo que paso hace 38 años y resulta muy duro elegir un estado de ánimo cada vez que se repite este día (cada año, por si alguno se ha perdido) ¿alegría, por el mejor día, o tristeza, por uno de los peores?

En el caso concreto del uno de enero mi solución, nada salomónica, ha sido la de “falsear” un poco mi propia realidad – el significado de la misma – y aunque el día más feliz de mi vida fue el uno de enero del ochenta y seis, también lo fue (en gran medida) el treinta y uno de diciembre del ochenta y cinco (estando la falsedad solamente en olvidar toda la angustia de las horas entre que bese a Lourdes por primera vez y la que la bese por segunda vez; horas que realmente no fueron las mejores de mi vida, por aquello de las dudas). Asunto solucionado, el treinta y uno es el que recuerdo como feliz, el uno el que recuerdo como triste (aunque no sea cierto)

Por otra, serán cosas de mi vida, pero algunos de mis aniversarios no coinciden con la realidad del aniversario del hecho a recordar. El peor día de mi vida sucedió un seis de agosto, el Hiroshima de mi vida y, sin embargo, para mí, nada sería real hasta el día nueve que, si sucedió mi Nagasaki particular (un guiño del destino o una explicación de mi fascinación por Japón) cuyo impacto, en mí, fue más que el acumulado por ambas detonaciones en el pueblo japonés y, posiblemente pensé en rendirme incondicionalmente el día quince.

En este caso ¿cuál es el aniversario real: cuando se produjo el hecho o cuando yo – cual observador de la tontería esa de Schrödinger – abrí la caja y me enteré?

Igual es mi subconsciente lo que califica de tontería el gato de Schrödinger (y hace que no me gusten nada los gatos) ya que en cierta medida me convierte en asesino por abrir la caja, pero… gilipolleces, ya que, por ejemplo no culpo a cajas, que incluso me gustan (hasta para meter gatos dentro, pero… sin veneno… o con veneno.. quien lo sabe, pero por si acaso no abráis cajas mías sin permiso) y es indudable que los hechos ya habían sucedido y que yo me enterara o no, no las cambiaria, igual que no las cambia el que piense que el hecho no sucedió y que fui, aun lo soy, víctima de una conspiración y que algún día desenmascarare a todos los culpables (algo que, aunque sea enfermizo, sí que hago cuando me agobia la tristeza, la desolación).

Hay muchos otros días que han marcado mi vida y cuya fecha he decidido olvidar, o he olvidado sin decidirlo, ya que el recordarlas no aporta nada a mi vida de hoy (si a lo que soy… y eso ya es inevitable, lo recuerde anualmente o no) y en parte también por aquel poema-chiste de Vallejo sobre el momento más grave de la vida.

En cualquier caso, volviendo casi al principio, este año se cumplirán veinticinco años de muchas cosas, y entre ellas si hay una que celebramos cuasi religiosamente, ya que el día de San Patricio se cumplirán veinticinco años de la apertura del Morgenstern, el primer bar que abrimos L, Alvaro y yo, día que ignoraremos al Santo de Irlanda y día que si será un aniversario a celebrar.

Así que, ojalá nos veamos la noche de San Patricio donde ya sabéis para celebrar este aniversario; mientras tanto pues ¡Divertíos saltando el castillo!

jueves, 28 de diciembre de 2023

Comentario de textos Noviembre 2023

Un día antes del día de los inocentes intento ponerme al día con mi último mes de lecturas atrasadas (demasiados “día” en esta frase, ¿no os parece?; casi los mismos que quedan hasta fin de año). El caso es que ni tan mal… ya han pasado dos de los principales eventos de las fiestas y de momento, la familia sigue contando con el mismo número de miembros que antes de estos eventos, algo que siempre está bien y que indica que la sangre no llego al rio en ningún momento (aunque hubiera sus más y sus menos durante el evento más multitudinario, la comida de navidad)

Para mis lecturas de noviembre no he contado con la ayuda de mi librería de referencia (ya sabéis, pero lo repito porque me apetece: la librería Méndez de la calle Mayor, que a diferencia de la radio famosa joyería relojería de la misma calle, si tiene puerta de calle. Si, también repito el chistecito pero es que tras una infancia de viajes en coche oyendo la radio es inevitable) pero si no he contado con su colaboración no ha sido por ninguna de esas traiciones que cometo escasas veces, sino solamente porque todavía tenía lecturas de NYC que además se complementaron con algunas otras lecturas que amigos me regalaron por mi cumpleaños (una cifra elevada – la de mis años, no la de las lecturas – pero no especialmente significativa por lo que no merece la pena ni mencionarla) e incluso una que había dejado sin leer en Piles, que si procedía de una medio traición que ya había cometido buscando la última novela de John Irving que quería leer en inglés.

En cualquier caso, dejémonos de tontunas y vayamos a lo que hemos venido, no “a hablar de mi libro” que decía aquel, ya que eso no existe sino a comentar “mis libros” que en mi vida no ha pasado nada lo suficientemente interesante para ponerme a contarlo y hoy no me siento con ganas de contar historietas de un pasado inventado por la falta de memoria que me caracteriza y porque lo inventado siempre es más divertido que la realidad.

La premisa de There's no such thing as an easy job es curiosa ya que son las historias laborales que le surgen a la protagonista tras solicitar en el servicio de empleo un trabajo pero que “it is close to her home, it requires very little thinking, and ideally, it involves sitting in a chair”. El servicio de empleo japonés no solo le consigue uno, sino que le ofrece cinco diferentes de forma consecutiva (un hurra por el servicio de empleo de Tokio, o a la vision del mismo que da la autora, que a saber la realidad) que da lugar a los cinco capítulos del libro y que son todos bastante demenciales: mirar cámaras de seguridad, grabar anuncios para un servicio de autobuses, escribir colecciones para publicidad… en fin... trabajos que curiosamente si bien no cumplen todos los criterios requeridos la protagonista realiza con diligencia y todos tienen “un algo oculto” que hace que las historias sean bastante divertidas.

Como casi todos los libros japoneses tiene curiosidades culturales propias como la existencia de una palabra especifica (yokozuki) para “As in the phrase ‘heta no yokosuki’, meaning a person who’s is passionate about something they show no particulate talent for.” Palabra para la que si bien no se me ocurre traducción al español si se me ocurren muchos conocidos a los que sería aplicable, incluso eliminando la parte de la pasión hay demasiados conocidos que quieren dedicarse a cosas para las que no tienen un talento especial. Pero, sobre músicos, actores, ya, si eso, halamos otro día y sin dar nombres.

En este además sale un centro cultural español, Far East Flamenco Center (curioso que nosotros seamos el este para los japoneses, y no solo el este, sino el lejano este; aunque como a la protagonista pues también me extraña un nombre tan grandilocuente para un centro español) en cuya publicidad, además del sol, bailar, la comida, el flamenco citan a Javier Bardem. No digo increíble, pero, desde luego si curioso.

Gran parte de los personajes del libro están envueltos en cierto aislamiento, o soledad, pero como dice la protagonista: “I tried not to think too much about it. Nobody’s life was untouched by loneliness; it was just a question of whether or not you were able to accept that loneliness for what it was. Put another way, everyone was lonely, and it was up to them whether they chose to bury that loneliness trough relationships with other people, and if so, of what sort of intensity and depth.” Vamos, que, dicho de otra forma, el que anda solo es porque así lo decide (en general).

Mr. Adam es una historia de ciencia ficción bajo el paraguas del terror nuclear de la guerra fría, donde una explosión nuclear pues deja a todos los hombres impotentes (salvo a Mr. Adam que en ese momento estaba en una mina de plomo trabajando y protegido frente a la radicación) por lo que la natalidad desciende hasta cero, lo que hace saltar todas las alarmas sobre el fin del mundo, algo que a un protagonista le hace decir que asociar el fin de la humanidad con el fin del mundo “It is as if an ant heap had been stamped down, and all the ants within cried that the world had come to an end.” Antropocéntrico a mas no poder, pero, también realista… al fin y al acabo el mundo para cada uno el mundo se acaba con su propia extinción, aunque los demás sigan tan tranquilos.

De hecho el estado de Mississippi desaparece completamente pero “… nobody really missed Mississippi… anyway Mississippi was the most backward of states. People felt that if any one of the forty-eight states had to be sacrificed, it was just as well that it happened to Mississippi.” Podemos sospechar que el autor no es de Mississippi o igual si, y precisamente por eso sabe que tampoco se perdería mucho (¿Cuál sería nuestro equivalente?, el mío creo que lo tengo claro, pero no quiero influenciaros comentándolo).

Aunque el autor lo aplica solo a los funcionarios yo amplio su identificación de cierto tipo de personas al sector privado ya que me he cruzado con varios Klutz de los que cita en mis breves pasos por empresas privadas (y por la vida en general): “I recognized Klutz as one of the public servants who has no equals. He has only superiors or inferiors. He keeps his nose nestled close under the coattails of those above, and his feet firmly planted on the heads of those underneath, and if he maintains this balance for thirty years he gets a pension and retires to Chevy Chase.” Y estoy seguro de que todos conocemos a más de un Klutz, funcionario para llegar a su pensión o en la empresa privada para ascender hasta el puesto siguiente. Hay demasiados igual que hay algunos que también encajan en este otro estereotipo “he had to much money to be a Communist, and not enough to be a capitalist, and besides he’s too lazy.”

Pero una de mis partes favoritas, sobretodo porque se encarga muy claro de dejar que no se debe a una resaca, es “It was one of those awakenings when you know something is wrong, and for a while you cannot figure what it is, and then you discover that it is yourself.” Que a todos nos ha pasado, sin resaca e incluso sin síntomas de enfermedad, así, simplemente por que sí.

De mis dos siguientes lecturas, My Annihilation y The Last Samuray, me temo que no puedo decir nada (salvo lo que dice el propio hecho de no poder decir nada) ya que solo tengo la sensación de que ambas me han parecido de un espesor infumable y la verdad es que no he retenido absolutamente nada de ellas, ni tan siquiera he conseguido destacar una sola frase o una sola idea que me parezca, me pareciera mientras las leía, ni medianamente interesante. Un fracaso de compra ambas.



When these mountains burn
, fue mi semi traición a mi librería de referencia, que realice por probar a leer un country-noir (appalachian noir para ser más precisos, según la contraportada) en versión original ya que creo que no he leído ninguno. Imagino que no ha sido una buena elección ya que no tiene un sonido especifico, ni grandes frases, ni en general nada especial quedándose en la típica historia del padre de un yonqui que ha de enfrentarse tanto a la adicción de su hijo como a los narcotraficantes e incluso a las autoridades. Se deja leer pero tampoco aporta nada.



Tras estas decepciones con mis compras me decidí por empezar con los regalos de mi cumpleaños, concretamente con The kind worth saving que es una novela policiaca curiosa desconocida para mi pese a ser un best seller del Sunday times y que, a mí, no me ha parecido fascinante. Correcta, sí; fascinante, no. De hecho, no he marcado ninguna de sus páginas, pero justo al abrirla ahora para recordar un poco, creo que el mismo la describe bien en boca de un personaje escritor: “My novels are basically wish fulfillment, and I was lucky enough to be able to craft a decent sentence. But, honestly, I have zero idea how this world actually works.”

Igual es necesario aclarar que esto es algo que comenta después de clasificar a los escritores en observadores e imaginativos, y clasificarse el mismo como imaginativo (con un toque de observación), según el en oposición, por ejemplo, a Updike que, siempre según él, se clasifica como “Incredible observation. Terrible imagination.” Lo de Updike pues podría, lo suyo no especialmente.

El libro anterior, no lo había comentado, me lo regalaron el amigo Bermejo y mi paisano de cangas (eso dice el, aunque el único de los dos que ha nacido en cangas soy yo) Bernaldo Garcia de Quirós, mientras que mis dos siguientes lecturas fueron regalo del pintor vecino Caamañez (para los amigos) de las cuales la primera que he leído fue Outline, que me recomendó como parte de una trilogía que le había parecido fenomenal. Lástima no poder decir lo mismo – por lo menos de la primera – ya que me he debido de perder algo, pero no ha conseguido despertar mi interés en ningún momento, llegando en alguno a parecerme un poco pesadilla. Pero, así son las cosas, igual en otro momento de mi vida me parece una novela sensacional y añado las otras dos partes de la trilogía a mi lista de lecturas. Ahora parece poco probable.




La otra novela que me regalo Caamañez también es parte de una serie de novelas policiacas (esta vez no es una trilogía, sino una serie como tal) protagonizadas por un club de ancianos jubilados que se dedican a investigar crímenes (normalmente ya archivados) y que responden al nombre de The Thursday Murder Club. Es una novela entretenida y sus personajes – con su toque de jubilados – pues tienen su gracia incluso cuando dicen las cosas propias de personas mayores que cualquiera de nuestras madres (o inlcuso muchos de nosotros) prodriamos suscrbir: “... it was a well known fact that there were no calories in home-made cakes”, algo que supongo que mi tanto mi médico de cabecera y mi nutricionista (si, tuve de esto durante un tiempo) suscribían implícitamente al decirme que nada de bollería industrial pero sin comentar nada sobre la bollería casera. No digo que no tengan razón, pero todos hemos leído Asterix y ya sabemos que “lo importante es no abusar de las salsas”.

Algunas puede que sean más controvertidas, pero yo las suscribo totalmente (salvo, obviamente, por el género): “If you know that a chemical engineer is, then you are a better woman than me. Don’t get me wrong, I Know what an engineer is and I know what Chemicasl are, but I can’t join the dots.”, dicho desde el cariño a todos los que se hacen llamar ingenieros quimicos. O como esa otra que, para mí no necesita comprobación maternal del tipo “como lo sabes si no lo has probado”: “At least I have discovered that online dating is not for me. You can have too much choice in this world. And when everyone has too much choice, it is also much harder to get chosen. And we all want to be chosen.” Una excelente razón, entre muchas otras, muy bien explicada, mucho mejor de lo que lo habría hecho yo mismo.

En fin, pues tras el maratón de estos últimos días – para ponerme al día – lo he conseguido y empezare el año sin tener que incluir entre mis propósitos el de ponerme al día ya que solo me queda este mes de diciembre sobre el que no debería empezar a escribir hasta que no haya terminado el mes y, como es obvio, el año pero que ya os puedo anticipar que sera largo ya que he pasado tiempo en piles y seran mas de diez libros que comentar.

Pues eso: Feliz salida y entrada de año y, ya sabéis, además de en nochevieja (o cualquier otro día):  ¡Divertíos asaltando el castillo!

 Lecturas

There's no such thing as an easy job - Kikuko Tsumura

Mr. Adam - Pat Frank

My Annhilation - Fuminori Nakamura

The Last Samurai - Helen DeWitt

When these mountains burn - David Joy

The kind worth saving - Peter Swanson

Outline - Rachel Cusk

The Thursday Murder Club - Richard Osman