domingo, 15 de septiembre de 2024

Comentario de textos - Agosto 2024

Hoy voy a empezar con una noticia sorprendente, sorprendente no solo porque sea noticia sino porque yo decida cantárosla, como una cosa verdaderamente positiva, ya que se trata de… una noticia deportiva, de hecho, de la noticia de un fichaje en el mundo del deporte. ¿Qué, a que no os esperabais algo así?

Pues, ya veis. Hoy, para empezar: deportes (curiosamente un deporte que se practica sentado, y no, no es ni el ajedrez ni la Hípica). Básicamente, por supuesto con muy distintas formulaciones según el medio, la noticia es “Adrian Newey ficha por Aston Martin”.

¿Que qué tiene de relevante; qué porque me gusta esta noticia? Pues sencillamente porque Newey no es un piloto, no, no se trata de… un Ingeniero; y me encanta que el fichaje de un ingeniero sea noticia y que encima se le fiche por un dineral, por una cifra escandalosa (al parecer que no se me la cifra). Pero, es que además es un ingeniero especializado en hidrodinámica (vale, en aerodinámica, que, al fin y al cabo, es dinámica de fluidos) y casi podríamos decir que, a sus 65 años, al borde de la jubilación; y no solo eso, por lo que he leído, es un ingeniero que sigue trabajando en su mesa de dibujo y con lápices en lugar de con un súper computador con inteligencia artificial o con un ordenador cuántico, o dos. Ya te digo que me hace ilusión esta noticia, un ingeniero que lo que hace es “pensar” y “sus dibujitos”; si, vale, seguro que luego tiene una caterva de acólitos que le hacen unos modelos en su supercomputador y que luego lo prueba todo en un súper túnel de viento, con, miles (o millones) de sensores cuyos datos analizan otra caterva de acólitos… pero… al parecer, sobretodo piensa con lápiz y papel.

Con que gracias a su ejemplo consiga que alguien conozca el nombre de un ingeniero o que alguien estudie en lugar de dedicarse al deporte yo ya me doy por satisfecho y si además consigue “pasar de moda” tanto modelo, tanto calculo cuántico y tanta inteligencia artificial pues, ya ni te cuento.

Dicho esto, pues os cuento otras dos noticias – ya más relacionadas con mis intereses habituales que el deporte – que me han sorprendido bastante.

La primera es que un tipo ha usado un programa de inteligencia artificial y ha creado dos o tres canciones (algo que al parecer hace bastante gente); las ha subido a spotify, una “plataforma” en la que te pagan por cada reproducción (algo que prácticamente hacen todos los músicos e incluso los que solo lo parecen). Una vez hecho esto pues se ha programado unos bots para que escucharán sus canciones (bueno, ya me entendéis, no es que las escucharan es solo que las reprodujeran) total que el tipo se ha forrado, pero parece que quieren denunciarle por practicas ilegales. No sé, a mí no me parece muy diferente del famoso “método Torroja” para hacer famoso el grupo de su hija: comprar todas las copias y guardarlas en un almacén para que llegara al número uno (por cierto, que esta es una historia apócrifa que podría ser mentira pero que siempre se ha contado, y a la que yo doy credibilidad); o de otras prácticas similares que casi seguro todos los artistas (o sus discográficas o managers) puede que usen. Lo que más me sorprende es que sea el primero (que no el ultimo) y que alguien quiera denunciarle.

La segunda, para mí con mucha relación con la inteligencia artificial y su uso en la conducción autónoma, es la siguiente: un coche de policía baja rápido por la calle de Alcalá cuando se le cruza otro coche y, para evitar, el choque pues el conductor gira y se desvía a la acera atropellando a cuatro personas (entre ellas una madre con su bebe). La noticia era realmente que la calle de Alcalá había estado cortada durante varias horas formando un tremendo atasco en la ciudad, pero para mí la noticia está en que ahora parece que va a aprobarse la conducción autónoma (sin chofer, que esa ya existe) y me hace plantearme (no es una duda nueva) como será el algoritmo de decisión de un coche en una circunstancia parecida ¿Qué debe hacer un coche autónomo frente a una decisión que puede involucrar vidas humanas? ¿Si su acción puede salvar una vida, no atropellando a alguien que va por su carril, pero a cambio puede quitar otra al salirse del carril; que hará? ¿y si no es una por una sino dos por una, o de la de un viejecito enfermo frente a un adolescente? No sé, he oído que en EEUU se van a aprobar porque existe un consenso, pero no me parece que pueda haberlo.

En cualquier caso, tras tan profundas cuestiones pasemos a las lecturas de este mes que empiezan por Otra vez en casa, una novela sobre jóvenes en un Belfast (igual no lo habéis notado, pero ahora voy a poner algo sobre de que va cada libro) que son violentos sin especial razón, casi solo por el hecho de serlo, pero con sus propias excusas para serlo ya que para ellos pues esa violencia es culpa del resto del mundo, nunca suya. A mi no me ha interesado demasiado, aunque he de reconocer que si coincido con “Así es como sabes que una discoteca va cuesta abajo. Comienza haciendo promociones cinco noches a la semana.” ya que el no mantener una línea y pasarse a las promociones (en cierto modo el miedo a que tu negocio no vaya bien) es una de las principales causas de que muchos negocios fracasen (no solo discotecas) aunque la principal suele ser falta de implicación (Aka trabajo) pero, ese es otro tema.

Por supuesto siempre está bien que te recuerden algunas canciones triunfan más con versiones posteriores que con el original, aunque sea muy similar o incluso más divertido, como es el caso de ese “It’s raining man” de, toma chiste fácil, las Weather Girls




Tras esta lectura andaba yo un día por casa dedicado a mis cosas (o sea a casi nada) cuando suena el telefonillo, algo que no pasa prácticamente nunca o solo en ocasiones en las que espero que suene y contesta un repartidor de amazon (al que casi no abro ya que no esperaba nada, pero, como soy amable). Pero si, traía un paquete para mí: El león dormido que gracias a una nota que casi no leo me enviaba mi amigo Bermejo, así en plan sorpresa. He de confesar que es una novela que yo nunca (bueno, nunca igual es excesivo) me habría comprado ya que es una historia (un drama) sobre burdeles en la Melilla de antes del golpe de estado, centrada en la vida de una melillense que es prostituida y a la que le pasan todo tipo de calamidades adicionales.

Curiosamente, pese a ser mi abuela de melilla, hija de militar y que seguramente vivió en esa época (obviamente no en esas circunstancias) es una época que no me llama nada la atención para leer sobre ella. Absolutamente nada, pero la verdad es que se deja leer y siempre se aprende algo sobre algunas costumbres que desgraciadamente parece que a algunas personas les parecerían bien como esa de el cinturón (medamma) de los pueblos del Rif: “Las mujeres rifeñas se ponen el medamma a los siete días de la boda y ya no se dejan ver sin él. El cinturón simboliza la sujeción de la mujer a su marido y no llevarlo supone un grave caso de desobediencia.” A veces, casi siempre, pienso que hay que tener cuidado con la defensa de algunos pueblos, culturas, cuyo objetivo es volver a este tipo de costumbres; claro que eso no quiere decir, de ninguna manera, que apruebe al ataque a estos pueblos.

Creo que incluso uno puede entender que incluso para esa niña prostituida la vida en el burdel “Puede parecer un triste destino, pero debo confesar que prefería la vida en el burdel a cualquier otra cosa que mi escasa experiencia me pudiera llevar a imaginar. No era un mal sitio, después de todo.” Dando una idea de cómo era su vida antes de ser vendida al burdel, con su familia en el Rif (No, tampoco estoy justificando la existencia de los burdeles, no me seáis torpes).

En un plano más españolista no deja de sorprenderme que todo un rey, Alfonso XIII, le mandara un telegrama a un general que emprendía una campaña de ataque con los rifeños con un escueto “Ole tus cojones” (aunque la autora se apresura a aclarar que una frase no verificada y que el telegrama, como si fuera de Ayuso, ponía bigotes y no cojones).

Mi siguiente lectura fue un libro que no me compre en la feria del libro porque se lo compro mi amiga Maria de la O y comprar dos copias me parecía excesivo para una editorial y autora que no conocía pero que, si me apetecía leer, o cuya compra era obligatoria por el título Erase un rio y que Maria de la O me intercambio en el último (de momento) café.

Se trata de la historia de una chica que se queda sola – tras la muerte de su padre – en una cabaña semiabandonada a las orillas del rio Kalamazoo y de sus aventuras y desventuras con un poco más de violencia, pero menos humor, de un Huckleberry Finn actualizado y femenino. Uso “femenino” no en el sentido de poco capaz para sobrevivir en ese mundo o de delicado sino como opinión histórica a ese estilo tan propio de cierta versión masculina del mundo que recoge la propia autora: “Porque él es un hombre que decide cómo quiere sentirse. Y que le den a la temperatura.” aprovechando que hasta mi derrame yo era así, completamente atérmico, sobre todo frente al frio, y el sentir el frio es uno de esos efectos secundarios que me han quedado (pero que no creo que sea falta de hombría, que mira que sois malos).

Por supuesto para mí es un halago profesional leer que de uno de los personajes que le cuenta historias a la protagonista de cómo era el rio en su época diga “… pero otras veces le contaba que el río estaba mucho más sucio cuando compro la finca varias décadas antes, y ahora estaba más limpio porque las fábricas y las poblaciones rio arriba no podían verter basura y aguas residuales.”, supongo que a Maria de la O también le habrá gustado esta valoración del trabajo que hacemos.

Tal vez la frase más Redneck que todo el libro es esa de “La ley dice que los policías tienen que acosar a todo aquel que no los pueda ni ver” que desgraciadamente puede estar justificada en muchas ocasiones.

Con estas lecturas inducidas se me paso visitar mi librería de referencia (ya sabéis, Librería Méndez en la calle mayor; aunque igual a partir de ahora dejo de citarla ya que lo de citarla era una excusa para hacer publicidad de la de mi hermano, pero esto ya no es necesario, ni tiene sentido ya que ya no hay librería que publicitar) antes de preparar un viaje de verano a Piles. Así que, con la librería cerrada, no me quedo más remedio que acercarme a una de esas cadenas de librerías a ver que tenían.

Una vez en una de estas cadenas, dando vueltinas sin ver nada tentador, de repente pues me topé con Mil ojos esconde la noche, novela que me daba pereza porque el autor se ha convertido en un personaje realmente odioso, un comunicador mediático de ultraderecha (quiero creer que solo por epatar o por imitar a Vargas Llosa) que está muy lejos de aquella (o aquellas dos primera novelas que estaban bien) como el otro de “Los cachorros” pero como era un tomo más propio de una antología rusa de novelas del XIX pues me decidí a cogerla y darle otra oportunidad.

Un error, cuya única ventaja es que ahora me puedo ahorrar tranquilamente (sin ningún cargo de conciencia) la segunda parte de la misma, que, si hubiera visto que tenía pensada, ya escrita o en vías, no me habría arriesgado a cogerla.

Estoy convencido de que Prada es ya una parodia de sí mismo, con ese lenguaje que le da por usar “No me sea borono, Navales – me respondió eutrapélicamente-.”, con el que supongo quiere demostrar su conocimiento del habla española de la época pero que a cualquiera que lo lea le hace pensar que, como a un personaje de su novela, si le preguntaran por si tiene vanidad, también respodneria: “Por supuesto que no, Perico, a ver si te enteras – le conteste, risueño –. Yo solo tengo orgullo, que es el doctorado de la vanidad.”

Es vedad que tiene algunas frases graciosas que según el mismo no son suyas como esa de Santiago Quiroga (presidente del Consejo de Ministros cuanto estallo el alzamiento; palabra que usa Prada o su personaje, o ambos para referirse al golpe de estado) dijo “Si los militares se quieren levantar, yo me voy a acostar.”; o es otra que asigna a un general de la guerra de Cuba, que denota cierto carácter (malo, no dudéis), cuando se refiere a que hacer en una guerra: “Primero, se corta la cabeza a todos los amigos, y luego ya sabemos que solo quedan los enemigos contra los que se puede ir sin piedad.”

Elegida esta decidí mirar en la sección de libros en ingles donde me encontré un libro en inglés, de una japonesa, que, pese a su portada totalmente amarilla, me llamo la atención y tuve que comprar, Butter. Se trata de una curiosa novela - por la rareza del planteamiento o del personaje principal – sobre una mujer, al parecer feucha y con sobrepeso, que se dedica a seducir a hombres y a asesinarlos. Parece que en gran medida los educe y los asesina con la comida ya que como decían nuestras madres (por lo menos la mia) “The way to a man’s heart is through his stomach, after all.”; y algo que no decían pero que probablemente creyeran: “Men are inept creatures. They can’t build a life for themselves without the support and kindness of a woman.”

Como yo tengo un poco de ese personaje, “Makoto had been the kind of person to speak ardently for hours on all kinds of things, from waste water pipes to classic films” pues la novela me ha servido para descubrir nuevas cosas sobre Japón: como que solo hay dos tipos de basura en las casas (menos que en esta Europa del reciclaje en la que no caben los cubos en una cocina normal,), “She opened the lid to find separate compartments for burnable and non-burnable waste.”; sobre la calles y la lucha contra las nevadas, “You know that there’s snow-melting pipes in the roads? They sprinkle water from beneath.”; o incluso más sorprendente todavia, descubrir que también existe un concepto tan español como “la mesa de camilla”, con su brasero y todo, “A low Kotatsu – foot warmer table – sats in the centre,…”

Pero ademas de cosas específicamente japonesas pues tambien hay cosas (creo) universales, como la satisfacción de prepararse la comida uno mismo, “To make something yourself that you wanted to eat and eat it the way you wanted – was that the very essence of gratification?”; o buenos consejos sobre relaciones y su gestión que ningún adolescente puede compartir ya que si uno cree esto pues se acaba la angustia típica adolescente, “If you find someone you truly like then that person is enormously lucky, and if you told them how you felt they’d pleased, regardless of whether it develops into a romantic relationship. The kind of person you’d fall for wouldn’t treat you cruelly or use you.”

Una frase que me ha soprendido mucho, po rlo contradictoria de la misma ha sido: “I just can’t have sex with someone whos’ so close that they fell like family.”; entiendo lo que quiere decir y que básicamente está orientado a las relaciones incestuosas, pero no os parece que en cierta manera aboga por el final de la vida sexual en un matrimonio, al fin y al cabo, con tu pareja deberías sentir que es de la familia.

Dando otra vuelta por allí me llamo la atención una reedición de El corazón de las tinieblas, una de esas novelas que han influido a mucha gente que nunca la ha leído pero que saben que es la base de Apocalypse Now, aunque su parecido pues se limite a poco más que un viaje por un rio para buscar a un personaje que prácticamente no aparece en la novela, un viaje que en la novela casi describen como un cuento de princesas, “la aproximación a aquel Kurtz, explorador de marfil de la maldita espesura, estaba rodeada de tantos peligros como si se hubiera tratado de una princesa encantada que durmiera en un castillo fabuloso.”

En la novela Kurtz (Marlon Brando) no aparece pero si se ofrece una descripción de él, comparándolo con el resto del mundo con cuya parte final todos podemos sentirnos identificados, a la vez que identificamos al resto del mundo, “El señor Kurtz era un «genio universal”, pero aun para un genio sería más fácil trabajar con las «herramientas adecuadas: hombres inteligentes».”

Para mi resulta impecable, a la vez que realista, esa descipcion del trabajo y de la relacion de las personas (algunas, pocas) con el mismo: “No. No me gusta el trabajo. Hubiera preferido holgazanear por ahí pensando en todas las cosas buenas que uno puede hacer. No me gusta el trabajo, a nadie le gusta, pero me gusta lo que hay en el trabajo: la oportunidad de encontrarse a uno mismo. Tu propia realidad, para ti, no para los demás, lo que ningún hombre podrá jamás saber. Los demás ven solo la apariencia, pero nunca sabrán lo que realmente significa.”

Afortunadamente los herederos no han decidido adaptar el texto a los tiempos actuales (como parece que quieren hacer, o han hecho, los de Roald Dahl) por lo que todavía podemos valorar (sin necesariamente compartir) descripciones como “Es extraño cuán lejos de la realidad viven las mujeres. Viven en su propio mundo, distinto a todos los que han sido y a todos los que serán. Es demasiado hermoso, y si lo trataran de construir se vendría abajo antes del primer crepúsculo. Cualquiera de los malditos hechos de la vida, con los que los hombres hemos vivido desde el día de la creación, lo derribaría de inmediato.”

Como ya sabéis me encantan bastante las contradicciones, mejor dicho, las visiones alternativas de tópicos, en este caso el de lo aventurero que son los marinos, concretamente del que cuenta la historia: “Lo peor que podía decirse de él era que no representaba a su clase. Era un marino, pero también un vagabundo, mientras que la mayor parte de los marinos lleva, por así decirlo, una vida sedentaria. Su temperamento es hogareño y su hogar siempre está con ellos – es el barco -, lo mismo que su patria – es el mar -. Cada barco se parece a los demás y el mar no cambia nunca. En la inmutabilidad del mundo que los rodea, las cosas extrañas, los rostros extranjeros, la cambiante inmensidad de la vida, pasan deslizándose, velados no por una sensación de misterio, sino por una ignorancia levemente desdeñosa, pues no hay nada misteriosos para el marino como no sea el mismo mar, que es señor de su existencia y tan inescrutable como el destino. En cuanto al resto, tras sus horas de trabajo, un breve paseo o una excursión breve por la orilla les basta para revelarles los secretos de un continente entero, y por lo general les parece que el secreto no merecía la pena. Los cuentos de marinos tienen una sencillez directa cuyo significado entero cabe dentro de una cascara de nuez.”

Cuando ya iba camino de las cajas, con mis compras, me llamo la atención Penitencia, que estaba convencido de que era de una japonesa de la que ya había leído una novela bastante fascinante y sorprendente (si, esta vez, acerté y era de la misma autora). Se trata de una historia sobre cuatro amigas que “presencian” el asesinato de otra amiga (realmente no lo presencian, sino que están allí cuando el asesino se lleva a la amiga aparte) y de cómo esto y sobretodo una frase extremadamente desafortunada de la dolorida madre “Haced lo que sea para encontrar al asesino, si no, deberéis cumplir una penitencia.”, les marca en cierta medida la vida de formas diferentes. Interesante.

No hay mucho más que contar salvo esta curiosidad sobre la gestación que a mí no me acaba de encajar pero que supongo que será verdad y que sirve para eliminar o validar (según algunos japoneses) quien es el potencial padre: “no se calcula la fecha del parto en diez meses y diez días desde la relación sexual, sino las cuarenta semanas, o los doscientos ochenta días, desde el inicio de la última menstruación. Suena un poco complicado, pero la cuenta es sencilla: restas tres al número del mes en que tuviste la última regla y, si sale un número menor de tres, sumas nueve, y luego añades siete al día en que empezó tu ultima regla.”, periodo este de gestación que tiene en japonés una palabra coloquial “totsukitoka” par definirlo.)

Bueno, también ese “Mi plan funciono, y el chico que me gustaba y yo nos convertimos en pareja. Aunque era la única que creía que mi deseo se había cumplido. Siempre me pasa lo mismo: lo que yo creo que pasa resulta que no es lo que pasa realmente.”, cuya parte final sobre lo que pasa suscribo totalmente en incluso la inicial de que lo que uno desea puede que no sea tan deseable a largo plazo y que incluso los demás se den cuenta de que no es lo que deseas antes que tú, al fin y al cabo, quien no se ha equivocado en alguna relación pese a los consejos de sus amigos o conocidos.

Ya de vuelta de Piles y con mi librería abierta, cruce la inhóspita puerta del sol para reponer lecturas y saludar. Mi primera compra fue Mosturito, una novela sobre un nicho andaluz – con ciertas deformidades – que, además de tener problemas en casa, no encaja con sus compañeros de Colegio por lo que un día decide marcharse de casa y descubre que hay otra gente que, si lo aprecia, o que, por lo menos, nolos desprecia abiertamente. Entre ellos un punki de buen corazón, pero de palo, como casi todos los punkis de aquella época en la que o tenías dinero o no sabías ni lo que era el punk ni casi donde estaba Londres (si, no sería hasta más tarde cuando el punk se popularizo y paso de los niños bien a los punks de verdad, entendidos estos como marginales. Bueno, marginales por el lado bajo – socialmente – que en cierta medida los niños ricos con inquietudes pues también eran marginales a su manera).

La verdad es que no me ha gustado especialmente, tampoco me ha disgustado pero me ha dejado bastante indiferente salvo porque en un momento en el que él se siente traicionado usa una extraña expresión “.. me vendiste, entregaste la cuchara…” que igual es típica andaluza pero que a mí me recuerda a los poemas de Vallejo, y las cucharas de los encarcelados por el franquismo, pero no me parece realista. ¿Qué sabré yo de andaluces?

El día de la liberación, se supone que es una novela distócica, que parece ser la forma de llamar a las novelas de ciencia ficción que no tienen ciencia, pero si connotaciones políticas de un mundo desencajado. En esta hay un extraño experimento en el que recogen y “reprograman” a gente que recogen de la calle para llevarlos a manifestaciones contra el gobierno o a favor, ni me acuerdo.

Supongo que tambien es parodia esa descripción de una sociedad igualitaria en la que “… todas las casas serian exactamente del mismo tamaño, y si alguien se ponía a construir una ampliación pija de la suya, paf, todo el mundo aparecería allí, diciendo: Ni se te ocurra, aquí somos todos iguales, y si la persona se quejaba, pues simplemente, bueno, se celebraría una asamblea. Y esa asamblea pondría en su sitio de forma justa y sistemática a aquella elitista. Equiparándola a los demás. Obligándola a vivir en una casa más pequeña, a modo de penitencia…”; digo supongo, aunque chorradas más grandes he oído de gente que si creía en ellas sin darse cuenta de la imposibilidad de castigar a alguien a una casa más pequeña si todas las casas eran iguales.

También quiero pensar que es un error del traductor (ya que en ingles poner en “on” algunos interruptores es apagarlos) eso de “… se despertaban de sus siestas y bajaban las persianas…” pero quien sabe igual necesitaban luz para dormir.

Con todo me ha gustado encontrarle un nombre a algo que me sucede, que es el olvidar cosas, y que pese a que todos mis conocidos afirman que es solo porque no presto interés, intentare recordar que es una enfermedad y que como ese que “…se había vuelto a dejar las llaves en alguna parte porque tenía Tendencia al Olvido Post Traumática (TOPT)…”

Obviamente Chamanes eléctricos en la fiesta del sol es un título que en indica que una novela puede ser una mierda o que puede ser una maravilla, más probablemente lo primero. De hecho, no la hubiera cogido si no fuera porque en la primera página esta esta descripción: “Era la quinta edición del Festival Ruido Solar, un encuentro de artistas sonoros que invitaba a poetas, músicos, bailarines, melómanos, pintores, performers y gente que decía hacerlo todo aunque en realidad apenas lo intentaran.”; esta descripción de los participantes pues me parecía que podía dar cierto humor a la novela y hacerla buena. No, no es así y carece del sentido del humor que esa frase auguraba y es solo una novela en la que una hija busca a su padre que la abandono de niña para irse a encontrarse de hippie a las montañas andinas.

Eso si el hecho de que citen una de las mejores versiones de una de mis canciones favoritas casi me hace perdonarle que sea mala a la novela, aunque el hecho de que no citen el nombre del grupo y solo a sus componentes pues me enerva un poco. ¿Qué canción, os preguntias; o que versión incluso os preguntareis algunos? Pues esta versión que hace This Mortal Coil (con la voz de impecable vos de Elizabeth Fraser de los Cocteau Twins) del clásico de Tim Buckley (o de Jeff, según la edad de tus clásicos).

 


Como última lectura de este mes, ha tocado Tarántula, una novelilla corta (o cuento largo) sobre dos hermanos guatemaltecos y judíos residentes en estados unidos a los que sus padres mandan a un campamento de verano en Guatemala para que “aprender no solo formas de supervivencia en la naturaleza, sino también formas de supervivencia en la naturaleza para niños judíos” ya que en el campamento el personal lleva esa tarántula infantil del título que realmente es una esvástica.

Si bien es un libro flojillo me ha servido para plantearme una pregunta interesante “que cuales eran los libros que nunca había leído, me pregunto el periodista español, pero que más me habían influenciado como escritor.”, que si yo tuviera otro carácter pues me guardia para la próxima presentación de un libro a la que acuda.

También me ha recodado una de las razones por la que empecé a fumar ya que mi padre, igual que esa madre, era “Fumadora desde muy niña – antes de cumplir los trece, me dijo alguna vez – ella había dejado de fumar años atrás debido a un cáncer de mama. O más bien, debido a ese cáncer de mama, ella había dejado de fumar durante un tiempo. O más bien ella había dejado de fumar durante un tiempo solo en público, porque todavía fumaba en privado, a escondidas… Mi madre fingía que ya no fumaba, y nosotros fingíamos creerle.”, pero como él era un “artista de las ficciones” al llegar a casa metía el paquete de tabaco en el buzón de correos para no llegar a casa con tabaco, pero con la idea de recogerlo al salir al día siguiente, circunstancia que aprovechábamos (si, no solo yo) para robarle el paquete y darnos gratuitamente al vicio de fumar. No, no quiero decir que no hubiera fumado si mi padre hubiera dejado de fumar (o de dejar los paquetes en el buzón) pero igual habría fumado menos por una simple cuestión de falta de medios económicos, o más probablemente habría fumado peor tabaco (aunque es verdad que harto de que le robáramos todo el tabaco rubio que dejaba en el buzón de vez en cuando dejaba Ducados, que también le robábamos, pero algo menos).

Ya, esta vez no os he avisado de que sería larga la entrada, y seguro que alguno está diciendo “Pero, deja de leer y haz otra cosa”, pues va a ser que no, de hecho, este mes de agosto además de estos libros por entretenimiento me he leído, para corregir y ampliar, más de dos mil páginas de un manual de ingeniera de aguas del que están preparando una nueva edición. Así que, vosotros “Divertíos asaltando el castillo” que yo me vuelvo a mis lecturas.

 

Lecturas

Otra vez en casa - Michael Magee

El león dormido - Marianne Izaguirre

Erase un rio - Bonnie Jo Campbell

Butter - Asako Yuzuki

Mil ojos esconde la nocche - 1. La ciudad sin luz - Juan Manuel de Prada

El corazón de las tinieblas - Joseph Conrad

Penitencia - Kanae Minato

Mosturito - Daniel Ruiz

El dia de la liberación - George Saunders

Chamanes eléctricos en la fiesta del sol - Mónia Ojeda

Tarántula - Eduardo Halfon

viernes, 23 de agosto de 2024

Comentario de textos - Julio 2024

Hoy es jueves, no lo digo por hacer una referencia a “mi burro peruano en el Perú (perdonen la tristeza)”, que la verdad es que hoy no estoy nada triste y además está ya la utilicé una vez en una presentación para un proyecto que estaba ofertado para el lago Titicaca y tampoco es cosa de repetirse. Es solo que es un día raro – para escribir, digo – ya que suelo escribir los fines de semana, que entre semana no encuentro el tiempo, pero ya ves aquí innovando y sobretodo procrastinando.

Ya puestos a innovar pues voy a empezar comentado algo que realmente no tiene ninguna relación conmigo, pero “que sabía que iba a pasar, que se veía venir desde hace tiempo”. Hace unos años una empresa (o puede que fuera una universidad) puesto una web libre, creo que, en Londres a la que podías conectarte tras aceptar “las condiciones de uso”. Durante el periodo de pruebas se comentaron varios miles de personas a las que la empresa, un mes después de que se conectaran, decidió mandarles un tranquilizador mensaje para aclararles que “no, no les iban a exigir que le entregaran a su primogénito” como todos habían aceptado al conectarse a la red (es posible que algunos hubieran aceptado las condiciones habiéndolas leído por las ganas de librarse por lo menos de uno de sus hijos; pero no me costa que nadie pidiera que se cumplieran). Esto se quedó en una anécdota, una de esas historias a las que nadie le da credibilidad (incluso algunos maliciosos piensan que me la he inventado), o que todo el mundo afirmaba que a él no le habría pasado nuca, que era imposible, pero…

… hace unas semanas una pareja fue a cenar a un restaurante de uno de los varios Disneyland que hay por el mundo. La mujer sufrió una intoxicación alimentaria y murió; su pareja (podría poner su marido, ya que eran una pareja “plenamente normativa”, de hombre y mujer y casado, pero como le puede pasar a parejas “menos normativas”, pues eso que paso de precisar en exceso) decidió que iba a interponer una denuncia en el juzgado para reclamar responsabilidades penales (y, seguramente, una indemnización) ya que al fin y al cabo su mujer había muerto por una intoxicación en un restaurante. Hasta aquí, pues sin ser normal (afortunadamente, que tampoco muere tanta gente de intoxicaciones) parece claro, pero “sorpresa, sorpresa” Disney, al enterarse del inicio de la demanda, decidió poner un recurso para “parar” la demanda, aduciendo que no podían demandarles ya que al suscribirse a su plataforma de televisión habían aceptado que “todos los litigios entre las partes se dirimirán mediante un arbitraje privado, sin posibilidad de interponer demandas” ni de publicidad añado yo.

Pues eso, que todo el mundo “aceptando acuerdos de uso” sin leer, no ya la letra pequeña, ni siquiera la grande, tendría, más pronto que tarde, que dar lugar a una situación de este estilo. Es verdad que con toda la publicidad negativa que ha recibido Disney por esto parece que ha decidido retirar la impugnación de la demanda, supongo que con el plan de conseguir un pacto.

Yo por mi parte cada vez accedo a menos cosas en internet (solo a las que no tienen acuerdos de uso ni cookies) pero la verdad es que me surge (a Barcina más bien) la pregunta ¿no debería alguien – digamos el estado – vigilar/ comprobar los acuerdos que se proponen a los usuarios para garantizar que estos son, digamos, medio razonables? No sé, puede que no todos, pero seguro que, si los de las 50 compañías que todo el mundo usa, los acuerdos de esos gigantes informáticos que más que permitirnos subirnos a sus hombros para avanzar, parece que quieren subirse ellos a los nuestros (bueno, ya se han subido; en mi opinión ya han dinamitado la gran idea que era internet).

Pues eso, que tengo un jueves innovador y reflexivo, así a lo tonto (o a lo idiota que es como se refiere a mi gran parte de mi familia, con su característico: “tú eres idiota”).

¿Idiota? Pues puede, posiblemente, incluso probablemente, pero hoy estoy más innovador y voy a empezar directamente citando – tras otra breve introducción – una frase, un concepto, que pensaba me ha sorprendido leer este mes en dos de mis lecturas (es verdad que de la misma autora) que pensaba que había inventado yo pero que como siempre ya estaba inventado (no, no la dijo antes Oscar Wilde, al parecer fue Thoreau).

Cuando estaba pensando en que muebles comprar para amueblar mi casa de Farmacia (dicho así parece que tenga varias, pero no, solo he tengo una y si lo digo es solo por reflejar que he tenido varias sucesivamente – en algún caso simultáneamente – y que esta es la última) estaba dudando en si comprar unos sillones, para sentarme a leer, o comprar mecedoras, que me apetecía mas ya que las mecedoras y las hamacas (mas estas últimas, pero por poco; o igual depende del día) siempre me han encantado. Pero antes tenía que decidir el número de elementos que quería comprar y para tomar esa decisión pues aplique (sin saberlo) la frase que he leído dos veces: “I had three chairs in my house; one for solitude; two for friendship, three for society”

El caso es que al final, me decidí, por razones estéticas de ocupar el espacio, a comprar solo dos elementos (que le fueran dando a la sociedad) y, aunque podría decir que lo hice porque las mecedoras eras notablemente más caras, me decidí por comprar una mecedora y un sillón que me parecía algo que dejaría la duda de si había elegido la soledad (con dos piezas diferentes) o la amistad (con un conjunto de dos piezas). Cada uno podéis pensar lo que queráis, que yo no voy a confesar, por lo menos hasta que me obligue algún acuerdo de uso que acepte descuidadamente (cual si se tratara de una amistad), y además – salvo este escrito – no hay pruebas de esto ya que la tienda se equivocó y me mando dos mecedoras (o igual lo hizo aposta, de forma premeditada para que pueda decir que me decidí por la amistad, pero dudo – sin motivo alguno – que en la tienda conocieran o estuvieran pensando en Thoreau)

Dicho esto, pues a revisar mis lecturas del mes, que han sido bastantes (así que paciencia, o dejar de leer. Avisados quedáis. De hecho, ya es viernes y tengo dudas de que hoy acabe esta entrada).

Ante la imposibilidad de cruzar el soleado desierto que es la Puerta del Sol para llegar a mi librería de referencia – Méndez en la calle mayor es el nombre – en un horario en el que estuviera abierta y que fuera admisible tanto por las autoridades sanitarias como las laborales pues me arrastre hasta una famosa cadena de librerías y me agencie (compre) The Mayors of New York, una nueva novela de una de mis autoras predilectas y porque comprar en ingles siempre me parece una traición menor a mi librería. Es una buena novela – lejos de sus mejores novelas de la serie (si, es de una serie, pero no de una trilogía) – que se lee muy bien (incluso, o mejor, en ingles diría) en la que, para investigar la desaparición, posible secuestro, del hijo de la alcaldesa de NYC la pareja va pidiendo favores a “otros alcaldes”, los no oficiales de la ciudad y prometiéndoles mejoras para las zonas “que controlan”, del tipo de iluminación para un parque y cosas similares.

Mi parte favorita es ese dialogo entre el protagonista y su exmujer: «I remember. That’s one of the reasons I left you. » «You didn’t leave me. You cheated on me and lied to me. I kicked you to the curb. » «The first time I cheated on you, that’s when I left you. I just took you a while to figure it out. », que en este caso empieza la mujer pero que podría haber sido del revés, que yo no tomo partido por ninguno de los dos géneros.

También – por haber sufrido la falta de aceras y el exceso de baches en algunas zonas de estados Unidos – creo que la explicación que proporciona sobre un barrio de las afueras de la ciudad (de las ricas, los suburbs) podria se creible: “If this area had had blocks, we’d have been about two away, but he old-world leafy splendor didn’t allow for that. No sidewalks, either, so we fast-walked along the badly paved road. Potholes, a privilege of the elite. Keeps the proletariat from speeding through the neighborhood.” si no fuera porque incluso en las zonas pobres también hay baches y carencia de aceras. Ya digo, no es la mejor de la serie, y es peor de la que me engancho a esa autora (que no era de la serie) pero más que aceptable, incluso aceptablemente buena.

Como ya habréis supuesto no solo compre esta, sino que también me compre A little life, que es una interesante pero excesivamente larga sobre un grupo de amigos de NYC, uno de los cuales sufre abusos infantiles y sobre la forma de como por no enfocarlos adecuadamente (es posible que no exista esta posibilidad) pues acaba destrozado no solo su vida sino la de todos sus conocidos (con un poco de exceso en sus planteamientos, además de en su extensión).

Si me ha gustado mucho, obviamente porqué estoy de acuerdo en la estupidez del planeamiento actual sobre las profesiones y la felicidad (como un absoluto) que presenta: “But these were days of self-fulfillment, where settling for something that was not quite your first choice of a life seemed weal-willed and ignoble. Somewhere, surrendering to what seems to be your fate had changed from being dignified to being a sign of your own cowardice. There were times when the pressure to achieve happiness felt almost oppressive, as If happiness were something that everyone should and could attain, and that any sort of compromise in its pursuit was somehow your fault.”

A veces hay que saber contemporizar, pero con cuidado para no renunciar a lo importante y no sé si suscribiría el consejo que da para las relaciones personales “You’re wrong. Relationships never provide you with everything. They provide you with some things. You take all the things you want from a person – sexual chemistry, let’s say, or good conversation, or financial support, or intellectual compatibility, or niceness, or loyalty – and you get to pick three of those things. Three – that’s it. Maybe four, if you’re very lucky. The rest you have to look for elsewhere. It’s only in the movies that you find someone who gives you all of those things. But his isn’t the movies. In the real world, you have to identify which three qualities you want to spend the rest of your life with, and then you look for those qualities in another person. That’s real life. Don’t you see it’s a trap? If you keep trying to find everything, you’ll wind up with nothing.” Ya que para el amor (que es de lo que hablamos cuando hablamos de cualquier cosa) yo sigo en la opción de esta canción (y así me va):


He de reconocer que habendo sido adolescente (casi un niño) en los ochenta madrileños pues no me extraña que muchos de mis coetáneos pudieran suscribir esta comparación: “Of course, he had always done drugs – everyone had – but in college, and in his twenties, he had thought of drugs the way he thought of desserts, which also loved: a consumable that had been forbidden to him as a child and which was now freely available.” Y si algunos no hemos consumido más drogas es probable que guerra solo porque nuestro amor a los dulces y el chocolate fuera mayor que el que nos despertaban las drogas, por lo menos como una constante. Igual por eso en lugar de estar muertos pues somos, simplemente, diabéticos parafraseando ese chiste de “¿susto o muerte?”.

Precisamente, tras el régimen al que me obligaron que la amenaza de no operarme, y que ya he decido dejar por varios motivos me he puesto la tarea de comprobar cuanto de cierto tiene esta afirmación medica que hacen en la novela: ” «We measure weight loss in grades» he hears Andy saying. «A loss of one to ten percent of your body weight is Grade One. A loss of eleven to twenty percent is Grade Two. Grade Two is when we consider putting you on a feeding tube.”» ya que ahora mismo me acerco peligrosamente a ese once por ciento de pérdida de peso (que, por cierto, es una parte de mí que ya echo de menos) y lo de entubarme en luagr de comer, ese si que no, que yo me basto solo para hacerlo.

Leídas estas novelas pues ya me aventuré un día – antes de que el sol cegara la Puerta del ídem –a cruzar dos veces ese paramo, jugándome la vida diría, e incluso diría, sin exagerar ni nada, que la habría perdido si no fuera porque en el camino de vuelta pare a comprarme un granizado de limón (otra de mis pasiones, incluso sin ron ni vodka) y llegar hasta mi librería de referencia para comprar, entre otros (ya que me marchaba a Piles) La tarde que Bobby no bajo a jugar.

Es un libro que yo clarificaría de flojillo en el que se mezclan dos historias separadas en el tiempo de sendos viajes de Fisher a Cuba y que como en la primera lo retratan como un pedófilo, por supuesto sin usar el termino pero ¿Qué otra cosa es un adulto que mantiene relaciones sexuales con una niña de 14 años, sea o no Fisher y, añado, sean o no consentidas? me hace dudar bastante del resto de las anécdotas que se cuentan. Incluso aunque me gustaría creer que, en algún momento, Nikola Tesla fuera a ser padrino de Fisher (no, ni idea de porque esto me gustaría que hubiera sido cierto; supongo que son rarezas de uno)

Ahora que soy mayor, me gustaría pensar que me es (parcialmente aplicable) eso de “En su caso apenas había cambiado, las persona poco agraciadas tiene esa suerte: no envejecen a peor porque siempre fueron peores.”, aunque, obviamente, no lo es ya que yo soy, siempre he sido, una persona agraciada, pero lo digo por algún amigo (que decía aquel).


En lo único que es honrada la contraportada de Historias de la noche, es en que es “un thriller sin acción” (frase que yo no había leído al comprármela, que si no) porque eso es exactamente lo que es, que dicho de otra forma es una idiotez. En gran medida es como una seria de Netflix (o similar) en las que algo que se podía hacer resuelto satisfactoriamente con una película de, digamos, noventa minutor (incluso mejor en un costo de veinte) se alarga hasta tener varias temporadas de doce capítulos de una hora. Y que, si no dejas de lado, en parte es por el tiempo que llevas invertido en seguir la historia.

Pero como todo (o casi todo) al final siempre encuentras una frase que te parece buena, o con la que puedes sentirte identificado, en este caso para mí: “No entender le hiere, es como un insulto dirigido a él, un muro que le pone delante para mostrarle su impotencia para franquearlo, para encararlo con su nulidad.”, muro que más que detenerme, en mi caso, la verdad, es que me hace plantear el buscar como saltarlo, el hacer el esfuerzo para eliminar el muro de no entender.

Un hombre bajo el agua, es la nueva novela de un autor que me había leído, por recomendación, pero que en ese momento no recordaba que no me había gustado especialmente. Este olvido de mi experiencia anterior, unido al hecho de tener una mención hídrica pues me decidió a cogerla y me ha dejado con la misma sensación que la anterior: no es especialmente interesante, pero se deja leer.

Aunque estas separadas por varias páginas la conjunción de estas dos frases “Si algo he aprendido desde que vivo con T. es que la ironía en Argentina esmalta cualquier dentadura” y “o el cinismo español, según como lo queramos ver.” Creo que habrían sido mucho mejor aprovechadas si las hubiera puesto juntas y no separadas.

En cualquier caso, si me parece buena, probablemente la mejor del libro, esa de “Yo se defender como un guerrero mi única patria: la tranquilidad”, todo sea dicho desde (la que debería haber sido) mi única mecedora, pero nunca del que nunca llego a ser mi único sillón.


Siguiendo con el tema hídrico pues también me compre Las propiedades de la sed que es una extraña historia que mezcla los derechos del agua con los campos de concentración para japoneses en estados unidos durante la segunda guerra mundial.

Desde el punto de vista hídrico no tengo claro de dónde ha sacado el traductor (traductora en este caso) el termino, que yo desconocía, por lo que dudo que exista por mucho que me guste (aseguro que alguien me corregirá y me dirá que sí, que existe)) para “Los geólogos tenían un nombre para los arroyos cuyos cursos habían sido alterados, sus cabeceras interrumpidas, cortadas o, literalmente, cercenadas: los llamaba arroyos decapitados.”

Un concepto que sí que existe, aunque un poco menos cada vez (pero todavía mucho) y por lo que veo es universal es el considerar que pagar por el agua es un atraco, auqneu su precio sera ridículo y que se refleja en ese: “En cuanto a mi pequeña planta embotelladora, ¿cree usted que alguna vez pague un solo centavo en el oeste de Texas por usar el agua local? Y cuando se lleva a los labios es botella verde de Coca-Cola ¿Qué porcentaje del mejunje que hay dentro calcula usted que es agua? Toda gratis. ¿era un delito? En un lugar como este, el desierto de California, uno pensaría que sí. Pero el día que tenga que pagar por el agua cierro. Nadie debería ganar dinero con el agua, no, seños. Eso sí que es delito.”

He dicho que esa idea del coste del agua era “universal” pero la verdad es que igual estoy exagerando y que ese sentimiento solo refleja la existencia de una significativa colonia de vascos en aquella zona – de existencia tan desconocida para mí, hasta que las conocí de primera mano, como las de mineros asturianos en West Virginia (que acabaron provocando una revuelta minera en la zona de las más famosas de los Estados Unidos – la revuelta, no la zona – o las de pescadores gallegos y portugueses en la costa de Maine - que queda reflejada en ese pastor al que llaman vasco ya que “Vasco vino del País Vasco. Los vascos se establecieron a ambos lados de la sierra, criaban ovejas para los del ferrocarril. Le he preguntado donde puede conseguir buen cordero…” y que seguramente, además de pastor, era exiliado de la guerra civil ya que, al describir la decoración de un local de allí, un bistró francés, que “era rustico y apolítico… …salvo por la foto de Vasco, encima de la chimenea, en la que se veía al Generalísimo Franco con un cuchillo clavado en un ojo.”

También aporta –  además delas curiosidades hídricas – la curiosidad del contenido de los “paquetes de alimentos” oficiales que la Cruz Roja – institución que deploro por motivos que ya contare otro día, si es que no os los he contado yo – contenían, entre otras cosas (como 450 gramos de uvas pasas) cigarrillos en una cantidad indeterminada, porque si, en aquellos momentos los cigarrillos además de formar parte del equipamiento básico de cualquier soldado, eran considerados como alimento.

Y siguiendo con el tema de los cigarrillos me resulta completamente creíble que cuando estaban elaborando las normas y prohibiciones del campo de concentración se planteara, con un debate interminable, la prohibición de cerillas y encendedores en el campo ya que debían considerarse como “armas potenciales de destrucción; al fin y al cabo, podía tener cierto sentido esta consideración ya que el campo era todo de madera. El debate solamente se terminó cuando “… alguien del Departamento del Interior, sin duda sacando del paquete el enésimo Camel o Lucky Strike del día, había decidido A LA MIERDA CON ESO. La gente tiene que fumar. La gente tiene que contar con algo para permanecer despierta y socializar. La gente tiene que contar con algo para pensar. Y, al fin y al cabo, que había más norteamericano que el tabaco…”

No solo coincido con este funcionario público, sino que también coincido con la visión (de otro personaje) de la naturaleza frente a las zonas urbanizadas (habitadas) cuando afirma que: “Le gustaba ver las huellas del hombre en el paisaje, contar la sincronización de los postes del telégrafo al borde de los caminos, oír el tren. El mundo no cubierto de huellas era para él un rompecabezas sin sentido.”

Y como no coincidir, tomar partido por la persona correcta, en ese dialogo en el que una actriz, de nombre Joan, pero en plan Meg Ryan anoréxica pide una comida (concretamente “Una taza de caldo de gallina, después quiero una cuña de lechuga, ya sabe usted, la que sirven en el Brown Derby. Y después me trae una patata asada s-a-n-s naaada de mantequilla.” Que si lo hubiera oído el gran Bourdain la habría asesinado directamente, antes de terminar la frase, pero que mi médico seguro que la felicitaba) y otro personaje intenta explicar su comportamiento con un “Tiene que cuidar la línea, le explico a Schiff la mujer sentada enfrente de la actriz. Ella es guionista, aclaro esta última, por eso no tiene que preocuparse por su aspecto.”, solo para que la guionista pueda rematar el dialogo con ese cuasi perfecto: “Ella es actriz, por eso no tiene que pensar. Yo tomare la sopa de ajos, una ensalada y el cordero. Alimento para el cerebro, Joan.”

Pero si el tema de los cigarrillos ha cambiado no menos ha cambiado le visión de los chefs y de cómo comemos, incluso porque lo hacen algunos, cuando hablado de un chef (que curiosamente se había formado en el hotel Drake de Chicago; una institución que yo no he visitado pero que igual algún día visito) dice que el hecho de cocinar era: “… un aspecto de su hombría que podría parecer poco masculino: las mujeres cocinaban, las mujeres se preocupaban por la presentación de la comida y sus sabores; los hombres comían ternera. los hombres norteamericanos comían por apetito. Los hombres norteamericanos comían para para producir grandes músculos; Grandes Pensamientos; esperma.”

Si todas estas cosas me parecen buenas, tengo que reconocer que la mejor es cuando un personaje, al que preguntan ¿Qué sabes de la pascua judía?, en plan tú no puedes comprendernos ya que tú no sabes nada de nuestras tradiciones (en el caso de los judíos, normalmente esto es un “no sabes lo que hemos sufrido (como pueblo)”) simplemente responde “Aquello fue terrible. Terrible. Una época atroz para ser egipcio. Plagas… diez en total (si no me falla la memoria de los tiempos juveniles en que iba a la iglesia) ulceras y ranas. Dios en apogeo de su inventiva., para mí, un cambio de perspectiva verdaderamente brillante, impecable, te pregunta por un tema judío y respondes por la segunda parte de la parte contratante ya que en toda historia hay dos partes y si los judíos sufrieron pues loe egipcios no tuvieron mejor suerte. Simplemente brillante.

He de reconocer que acabadas estas lecturas el calor seguía apretando y, si bien había sobrevivido en mi primera excursión veraniega, pues no me sentida capaz de repetirla por lo que en lugar de ello me dirigi a una librería cercana para reabastecerme.

Como siempre busqué primero algo que no fuera tanta traición y afortunadamente encontré The Madness of Crowds la última novela – todavía no traducida - de la que se ha convertido en una de mis escritoras “policiacas” favoritas (lo de las comillas es porque pese a que estrictamente pues hay policías y crímenes, la verdad es que la parte policiaca es realmente una excusa, un McGuffin que diría un cultureta, si un cultureta leyera policiacas que todos sabemos que los culturetas solo leen novelas de pensar, muy mucho de pensar).

Se trata de la novela “pandémica” (realmente post) en la que plantea la existencia de “un grupo”, que con una base estadística, llamémoslo científica por generalizar aunque toda su ciencia se basa en “correlaciones espurias” (del tipo correlación entre “people who drowned after falling out of a boat and the marriage rate in Kentucky”, o casi todas las de nutrición – que cambian cada nada – por no hablar sobre las de fumar) como que usando las numerosas muertes de ancianos en las residencias de Quebec (parece que la situación fue parecida a la que parece paso en Madrid) y la aprobación al derecho a una muerte digna pues defiende, fervientemente y con esas correlaciones, que se debe implementar un programa de eugenesia por el bien de la sociedad, no solo para personas mayores sino también para personas con deficiencias psíquicas (y ampliable a otros).

La parte policiaca la aporta el inspector Gamache, el protagonista de las novelas de Penny, que es básicamente una buena persona pero que se ve obligado a proteger a este grupo para evitar disturbios en una presentación “multitudinaria” de sus teorías y a investigar un asesinado relacionado con esto. Pese a esta parte policiaca la novela trata, entre otras cosas, e de la libertad de expresión, de los límites de la misma y de la necesidad o no de defender esta libertad incluso para ideas que sean contrarias a nuestras creencias más íntimas.

A mí me ha encantado y miro el lateral del libro – en el que coloco mis marcadores – y veo que esta “sembrado”, hay tantos que no creo que pueda comentar todas las frases o ideas que me han gustado.

Obviamente la primera idea es sobre ciencia y emociones que con ese “Scientists might appear rational, but they were in fact completely at the mercy of their emotions. Because they never learned to face them.”, refleja, además de una idea general sobre los científicos, otra posible visión; que se complementa con esa distinción que los “malos” científicos (sobre todo los estadísticos) no saben hacer: “But correct and right were two different things. As were facts and truth”; cuanta diferencia hay entre ambos conceptos.

También me parece muy interesante como algunos traumas – o incidentes que dejamos se conviertan en traumas – pueden definirnos y realmente convertirnos en peores personas: “They all had it, residual guilt, though some were able to brush the ash off and move forward, while others were smothered by it. Like those poor souls caught in the eruption of the Vesuvius. They had human form but were, in fact, hollow.”; creo que todos hemos pasado por nuestros propios Vesubios (o Hiroshimas y Nagasakis) pero lo importante es como salimos de ellos, si vacíos o enteros.

Por supuesto, mi favorita, puede que sea “Having sex did not define an intimate relationship, any more tan not having sex prevented one.”, en la que creo con total sinceridad creo que al igual que la verdad y los hechos, sexo e intimidad son conceptos muy diferentes que la gente mezcla con demasiada facilidad.

Afortunadamente no todo son cosas intensas y por ejemplo su teoría sobre los jeroglíficos egipcios me encanta y me parece que igual merece más consideración en los círculos de los paranormales: “some of that had been presumed to be nonfiction accounts of ancient Egyptian lives and events, etched carefully into Stone, were actually the ancient equivalent of novels. Mostly thrillers.”; o la referencia a Santa Margarita que al parecer es “the patron saint of people rejected by religious orders, which made her Jean-Guy’s favorite saint” y que si no fuera por la cantidad de Santos/Santas/Santes que hay en la iglesia católica (aunque de los últimos creo que no hay) igual podría ser mi favorita, pero con tantos es difícil decidirse.

A mitad de camino entre la seriedad y lo menos serio pues estaría una posible explicación de porqué le podrían dar un premio nobel de la paz a una activista de un país africano que escapa de sus circunstancias realizando matanzas de sus enemigos (los que conviertes a niños en soldados o violan e menores de forma sistemática): “I think it’s not about how much good a person’s done, but how much worse they could have been.”, algo que explicaría el premio, digamos, a Obama.

Por ultimo pues me gusta pensar que me es aplicable eso de “Here was someone who would consider before he acted. It was rare, she knew, to have some space between thought and action. Most people didn’t. They thought they did, but most acted on impulse, even instinct, then justified it.”, pero posiblemente sea solo vanidad.

Tras esta excelente lectura, Un pueblo de Oklahoma, que compre porque era de una editorial que me gusta resulto un bastante decepcionante. Se trata de 36 relatos – bocetos de personajes – sobre un pueblo de 1.300 almas escrito en 1931. Como en cada historia sale más de un personaje que parece tener algún problema mental de algún tipo –o algo tara significativa -  pues la verdad es que es una muestra muy representativa (casi un 4%) lo que no deja bien a los pueblos (ojo: correlación espuria).

Es un poco cansino, por lo repetitivo y porque son bocetos que realmente aportan poco, pero sorprende, por lo curioso, esta descripción: “La noche de la fiesta, Lil dio un recital. Apareció vestida a la española: un chal rojo le cubría la espalda y los hombros desnudos, se había puesto una falda larga con volantes y llevaba el pelo recogido en un moño con una enorme peineta.” Vamos, todo un clásico; igual no de España, pero sí de la publicidad de una España inexistente pero que triunfo en la Oklahoma de los años treinta.


Me compre El percherón mortal convencido de que se trataba de una novela que no me había leído (algo que me ha pasado con otra compra este mes) pero que era del mismo autor de una novela, que pensaba se llamaba "los enanitos verdes" de la que siempre que me preguntan cuento el principio porque me parece de los mejores que he leído. Por supuesto, pues me la he releído y he comprobado que mi recuerdo del principio no es, extrañamente, el que yo cuento (a veces, que sospecho cuento las dos versiones).

En mi versión “falsa”, un tipo va al psiquiatra y le cuenta que está loco, que ve enanos verdes; en ese momento se presenta un enano vestido de verde lo que sorprende al doctor, que obviamente también lo ve, lo que tranquiliza al paciente que decide que no está loco.

La realidad es que hay un dialogo en el que el paciente le comenta al psiquiatra que tiene alucinaciones y el dialogo sigue:

- Las alucinaciones son un síntoma corriente del trastorno mental – asentí.

- Y cuando uno no solo ve cosas…, sino que demás le pasan cosas…, cosas irracionales quiero decir…, eso es tener alucinaciones ¿no?

-Si – dije – una persona mentalmente enferma suele vivir en un mundo imaginario, irreal. Se aparta completamente de la realidad.

Jacob se reclino hacia atrás y suspiro con alivio:

- ¡Ese soy yo! – dijo – Estoy loco, gracias a Dios. No está pasando en realidad.”

Parecía totalmente satisfecho. El rostro se le había relajado en una sonrisa torcida que resulta simpática. Obviamente, mi información le había aliviado. Lo cual era raro, pues antes nunca me había enfrentado a un neurótico que admitiera su placer ante la perdía de la razón. I había visto a ninguna que hablara sonriendo del tema.

He de reconocer, aunque la conclusión del paciente sea la contraria en cada uno de ellos y son casi contradictorios, que los dos principios me gustan bastante y dudo de cual me gusta más (el mío, se cuenta mejor pero el del autor es más redondo). Os dejo que decidáis que versión os gusta más y, a partir de ahora, intentare contar esa.

Además de este principio he de reconocer que me ha gustado la relectura y especialmente leer algo que yo siempre he pensado sobre los bromistas: “En último extremo, la psicología del asesino y la del bromista diferente solo en grado. Ambos son sádicos; ambos disfrutan con lo grotesco y con el placer de infligir dolor a otros. Podría considerarse el crimen como la broma definitiva y, a la inversa, a la broma como una forma social de asesinato.”

Me ha sorprendido encontrar una referencia a, entiendo, el régimen de Franco con ese “No soy un hombre valiente. A veces, leyendo sobre las torturas que hombres han sufrido en España, en Dachau y en Buchenwald, he abandonado el libro que relatada esos martirios.”; e igual tras mi derrame pues me debería haberme sentido identificado con “En la vida de toda persona hay momentos en que es posible hacerse a un lado y ver lo que ha pasado, así como lo que pasa ahora, con una objetividad que escapa a lo natural, que es casi divina.”, pero la verdad es que no. Para nada de objetividad.

Mi siguiente lectura fue Cancelado que es la típica novela para novelistas o críticos en la que un escritor, denso, denso, escribe una novela comercial (con un seudónimo) convencido de que será otro fracaso (como sus libros sesudos) ya que piensa que es una mierda (además de una parodia) y como Cervantes actual (salvando las diferencias) va… y triunfa lo que le produce un cabreo monumental.

Además de coincidir la idea general del libro –entendida como que entre lo que algún escritor cree que la gente debería leer y lo que la gente quiere leer – también coincido con su descripción de Washington (basada en mis tres o cuatro visitas) según la que “Washington esconde su pobreza mejor que ninguna otra ciudad del mundo. A pocas manzanas del National Mall y de Capitol Hill, por donde desfilan miles de turistas a diario, hay gente que cubre las ventanas con toallas para que no entre la lluvia y que, por la noche, para atrancar la puerta, la asegura clavándole tablones de madera atravesados.”; para mí siempre ha sido una ciudad en la que si te desvías una manzana del itinerario apareces en zonas casi de guerra.

Destacable también su descripción dela comunicación entre familiares: “Cualquiera que hable con alguien de su familia sabrá que compartir un idioma no implica compartir las reglas que rigen para su uso. Digamos lo que digamos, lo que en realidad queremos decir es otra cosa…”; e incluso sobre la comunicación con animales: “Por mucho que las truchas puedan desquiciarnos, ni son capaces de pensar ni nos tienen en cuanta. Una trucha se parece mucho a la verdad: hace lo que quiere, lo que debe.”

 

Los impotentes, mi siguiente y penúltima lectura del mes (si, por fin, ya vamos acabando) es una novela argentinísima, yo diría que, en algunos casos ilegiblemente argentina, ¿Por qué como leer desde España “en el último desayuno devoran una docena de facturas mojándolas en café instantáneo con leche”?

Tal vez una de las pocas cosas que no es argentinísima, sino muy europea, de “Los escritores y sus posturas nos han mal acostumbrado, nos han explicado hasta el cansancio como tiene que ser una persona que escribe literatura, como tiene que presentarse ante el mundo, como tiene que sonar, como tiene que acompañar de manera creíble todas esas palabras que escribieron y que probablemente, en muchos casos, no termine de entender de donde carajo salieron.”

Como frase curiosa, para referirse a la repetición de comportamientos (incluso, sobre todo, delictivos) me gusta esa frase de “¿Qué le hace una mancha más al tigre?”


Pues termino el mes leyendo otra de Penny, Una revelación brutal, que voy a ver si poco a poco me las leo todas (espero que solo una vez, aunque con mi memoria esto de rellenar lecturas dará lugar a muchos errores en las compras)

No me extiendo mucho – es buena pero no me ha gustado tanto como otras – y aparte de al ya mencionado Thoreau también cita a Kipling y ese poema de Kipling de “Si todos los hombres cuentan para ti, pero ninguno demasiado. Serás un hombre, hijo mío.”, que le lleva a este concepto “Tenía muchos colegas, conocidos, compinches. Era un comunista emocional. Todo el mundo contaba igual para él, pero nadie demasiado.”

Esta. Igual pòr ser mas primeriza, es un poco mas localista, algo que hace que la traductora ponga una nota al pie para explicarnos que los quebequenses  usan términos religiosos – tipo cáliz o tabernáculo – para maldecir; o referirse (ahora la autora) a Air Canadá como esa “La compañía aérea que cobraba por todo. Beauvoir estaba convencido de que pronto pondrían una ranura para las tarjetas de crédito al lado del oxígeno de emergencia.”, que igual se ha planteado más de una aerolínea.

En este caso hay un par de cosas que no comparto como “Una vez oyó decir a un juez que la forma más humana de ejecutar a un prisionero era decirle que era libre. Y entonces matarlo.”, que dudo mucho; o incluso ese “No sé si alguien cuidaba de este hombre, pero, desde luego, el si se cuidaba” seguida de “Que epitafio más maravilloso – pensó Gamache – Se cuidaba.”, que espero me sea aplicable en la acepción de vivir bien, dándole alegrías, y no en la (creo que más generalizada) de llevar una vida sana, de deporte y dietas, que me parece de lo más triste.

Y ya, si alguno habéis llegado hasta aquí, pues recordar (lo digo sin motivo concreto, no seáis picajosos) “Pero no hay donde ocultarse de la conciencia…. Al final te encuentra. El pasado siempre acaba encontrándote.” Venga, disfrutad, asaltando el castillo.

 

Lecturas

The Mayors of New York - S. J. Rozan

A little life - Hanya Yanagihara

La tarde que Bobby no bajo a jugar - Maya Montero

Historias de la noche - Laurent Mauvignier

Un hombre bajo el agua - Juan Manuel Gil

Las propiedades de la sed - Marianne Wiggins

The Madness of Crowds - Louise Penny

Un pueblo de Oklahoma - George Milburn

El percherón mortal - John Franklin Bardin

Cancelado - Percival Everett

Los impotentes - Nicolás Giacobone

Una revelación brutal - Louise Penny