domingo, 30 de noviembre de 2025

Comentario de textos - Julio 2025

Aquí estamos de nuevo, en el límite temporal para que no aumente, aun mas, el retraso mensual en el repaso de mis lecturas; si consigo acabar esto hoy que es treinta de noviembre me mantendré con un retraso de cinco meses, que es una barbaridad, pero, es lo que es, en fin. Intentaremos mejorar y espero ponerme al día en algún momento; no solo porque me divierte sino así más que nada porque cinco (o seis) meses después de terminar las lecturas pues ya casi no recuerdo nada de lo que he leído salvo, tal vez, la impresión general de cada libro, aunque, a veces, ni eso.

Muchas cosas han pasado desde lo último comentado, junio, que estuve en Aruba, una semana por un trabajo que se está alargando y que además de la oportunidad de visitar el caribe (que, dicho sea de paso, me pareció poco interesante; bonito, pero sin nada interesante salvo la curiosidad de que el idioma allí, en Aruba, es una mezcla español y holandés que ni acaba de entenderse ni de ser incomprensible) pues también me permitió volver a pisar suelo colombiano por la parada en el aeropuerto (aunque técnicamente no puedo decir que haya vuelto a  Colombia, el primer país extranjero en el que viví, ya que no pase el control de aduanas); después viaje a NYC, cumplir los sesenta, visitar Piles (sin utilizar todavía los descuentos propios de mi edad) para darle la llave a un jardinero para que arregle lo que llamamos jardín pero que cada vez tiene un aire más selvático, recibir algunas noticias familiares preocupantes, y alguna de otra cosa sin especial relevancia como estar hasta las narices (u otro órgano) de casi todo el mundo.

Vamos, sin novedades relevantes, así que, hoy sin preámbulo, a por las lecturas de hace ya casi medio año.

La primera de ellas, Tierra de empusas, es la única no comprada en mi librería de referencia debido, como ya comenté de la anterior, a que se me había echado el tiempo encima para irme de viaje y la compré, en parte, porque no tenía claro lo que eran las empusas del título y, en parte por ser de una escritora polaca con un premio Nobel de la que no tenía ni idea ni había leído nada.

Supongo que no debería decir esto, ya que ellos deben de saber más, pero últimamente mis gustos no coinciden con los de la academia sueca y la verdad es que, creo, que los últimos Nobel que he leído no me han interesado especialmente y ni siquiera me han parecido especialmente buenos, simplemente confusos y espesos. Este es el caso de esta novela que si me la he acabado creo que fue tan solo porque el viaje de regreso fue muy largo y era mi única lectura.

La única curiosidad es que estando de acuerdo con que uno de los problemas actuales es el individualismo, incluso que la causa del mismo es de la educación (de que otra cosa iba a ser) pues no puedo coincidir en la forma en la que la adjetiva: “Su padre consideraba que la culpa de todas las desgracias nacionales y de los fracasos educativos la tenía una educación demasiado blanda que comportaba el afeminamiento, la sensiblería y la pasividad, que en nuestros días recibía un nombre muy de moda: «individualismo»; no, no creo que nada de todo eso tenga que  ver, especialmente, con el individualismo que se también se da en machitos, muy machitos sin sensibilidad y con excesiva actividad, siendo incluso mas peligroso este tipo de individualismo (o no, no lo tengo claro).

Ya de vuelta, una vez recuperado del viaje y terminado este truño, pues me acerque a mi librería de referencia (que igual habéis notado que antes no os he dicho cual, por no repetirme, pero que os la repito para que la visitéis: Méndez en la calle mayor) donde, entre otros pues me compre una novela “negra”, para desengrasar de la alta literatura de Nobel, El Filatelista, que tenía el hándicap de pasar en Suiza, lugar poco indicado para una intriga de complicados asesinatos por psicópatas, o de ser verdaderamente “negra”, ya que aunque no dudo de que suiza también tenga sus posibilidades como escenario de novela negra en este caso pues es una simple novela de la investigación de unos asesinatos que no aporta prácticamente nada.

Es verdad que en las primeras páginas habla de “… la sobreabundancia de niños con alto potencial intelectual en las aulas. La normalidad, si es que eso ha existido alguna vez, se había convertido en excepción.”; sobreabundancia que, no hace falta tener un alto potencial intelectual para entenderlo, resulta un oxímoron de esos ya que, si lo normal es tener altas capacidades, estas dejan de ser altas y pasan a ser normales, para explicar a continuación que “Luego, cuando a esas mamas les habían explicado que el diagnóstico implicaba más bien un hándicap para su hijo, se había convertido en una excusa para justificar el fracaso escolar: «Mi hijo es superdotado, se aburre en clase». Treinta años antes, a esos niños se les llamaba zoquetes.”.

El caso es que es mi familia si han existido personas (y personajes) que indudablemente tenían alto potencial intelectual (algunos como mi tipo Pepe Armero, lo desarrollaron; otros, como su hijo Jose Ramiro, pues no tanto, o de una forma que podríamos clasificar de alternativa) pero ninguno de ellos fue diagnosticado salvo, Jose Ramiro, creo, y ahora mi sobrina favorita que aun, debido a su edad, me tiene con la duda de si lo desarrollara o no; yo espero que lo haga, incluso que lo haga de una forma menos alternativa que Jose Ramiro.


Mi siguiente lectura, Buenos días Tristeza, es un clásico del cine y que es poco más que un guion lo que permite leerla de un tirón dejando buenas frases, como “Confundes tipos de inteligencia con edades de la inteligencia.”; frase que como dice a continuación “Me encanto el tono lapidario de su fórmula. Ciertas frases desprenden para mí un aura intelectual, sutil, que me subyuga, por más que no las comprenda del todo.”; vamos lo que ahora son frases para tazas, delantales y cosas por el estilo, frases Mr. Wonderful.

Yo también tengo la duda sobre mí mismo que espero que alguien más comparta, esa de “No sé si su bondad era una forma refinada de su inteligencia o sencillamente de su indiferencia, pero tenía siempre para conmigo la palabra y el gesto adecuados, y si de veras hubiera tenido que sufrir, no habría podido contar con mejor apoyo.”

Por supuesto otras frases a recordar pueden ser “Nos acostumbramos a los defectos de los demás cuando no nos creemos obligados a corregirlos”, o ese “… al casarme con una mujer de su edad, dejaba de pertenecer a esa categoría de hombres sin fecha de nacimiento” que imagino es indiferente de la edad de con quién te casas y es más asociable a que esto pasa con casi cualquier relación a la que te asocien de forma primordial (o eso queremos creer los mayores, mayores de cualquier edad)

Aquí hago un poco de trampa al incluir este Cuarteto de la memoria, que son realmente cuatro novelas, por lo que debo dejar claro este mes solo me leí la primera de las cuatro (El informe Stein) del cuarteto. El hecho de no leer las otras tres en este momento imagino que ya os dará, a poco avispados que seáis, una idea de mi opinión sobre esta primera novela en la que, sencillamente no he visto cada destacable. Afortunadamente las otras tres, sin aportar mucho, pues por lo menos dejan alguna idea, frase, interesante, pero, ya, si eso, para agosto que fue cuando me las terminaría.






Lo mejor de Prohibido morir aquí, creo que es el título; especialmente para una novela sobre personas de la tercera (o cuarta) edad que viven en hoteles y que tienen extrañas relaciones todas muy británicas y, por ello, bastante comedidas. Se deja leer, pero o no aporta nada o yo no recuerdo nada especial ni he marcado nada destacable; correcta y muy inglesa pero poco más.

Tras esta novelita británica tocaba Audición, que tanto por el formato, la editorial y el nombre la autora parecía una novela japonesa, pero… no: la autora es de California y la acción transcurre en Manhattan, uno de los personajes centrales se llama Xavier, así que de japonesa poco. Lo único que realmente tiene de japonesa es la intrigante premisa del libro que parte de algunos comportamientos más orientales que del imperio mundial. Ni bien, ni mal y lo único con lo que me quedo es con esto de “se había convertido en una persona que siempre se sentía en casa, con indiferencia del lugar del mundo en el que se hallase” que es algo que cada vez me pasa más, o igual lo que me pasa en lo contario que en ningún lugar me siento en casa, igual no sé lo que es sentirse en casa. Tengo mis dudas al respecto.

Aunque también clasificada, por la editorial, como novela negra El asesinato de los Aosawa es otra novela de crímenes, pero, para mí, no es novela negra pero esta si es japonesa, tanto la autora como la propia premisa con un asesinato en masa de niños (ni más ni menos que diecisiete; ese si todos a la vez). Se trata de la investigación del asesinato de forma retrospectiva, tras treinta años, que, aunque la sospechosa principal parece clara y no demasiado discutible mantiene la tensión y el interés general sembrando las dudas suficientes.

Como curiosidades pues contiene una extravagante explicación de la calvicie coronaria, sobre la referencia e imágenes de monjes: “Una teoría es que la construcción de la fuerza interior a través de la practica espiritual hace que la energía que circula por el organismo se autorregule y produzca un calor intenso en la parte superior del cuerpo, lo que lleva al desarrollo natural de la calvicie.”, que el mismo que la expone ya añade “sospecho que hay un elemento de oportunismo en esa explicación.”; como la hay en todas las basadas en las energías interiores de este estilo.

También hace referencia a la expresión española de “ha pasado un Angel” para esos silencios que se producen de pronto, que no son tan raros en Japón, por lo que añade que “Los españoles son mucho más habladores que los japoneses, así que imagino que los momentos así serán raros para ellos.”, que es lo que hace que el momento sea especial pareciendo insinuar que en Japón el silencio en las conversaciones pues no es nada excepcional. Vete a saber.

Aunque obviamente no es suya ya que la he leído más veces, en distintas variantes, me sigue gustando eso de “mucha gente puede complicar las cosas sencillas, pero no hay mucha gente capaz de hacer que las ideas complejas sean fáciles de entender.”; que después de haber vuelto a dar un curso a ingenieros del canal donde parece que han entendido algunas ideas que les he explicado pues, mi vanidad, hace que me la quiera aplicar (impropiamente, sin dudas).

Mi última lectura de ese lejano mes de julio fue La fabricación de un crimen, una novela basada en hechos reales (el caso Wallace) ocurridos en México (donde testaferro se dice prestanombres, que es menos insultante y más descriptivo que ese cara de hierro español) que no estoy seguro de saber explicarlo así que para intentarlo os copio lo que el propio autor dice en el último capítulo (no en la contraportada que todos sabemos que no la escribe el autor) y ya, si eso, pues decidís vosotros mismos:

“El caso Wallace desnuda una disputa feroz de nuestra época donde la justicia importa menos que el poder a la hora de descifrar la verdad. Trata de una víctima de secuestro que muy probablemente jamás fue secuestrada, de un muerto que continuo dando testimonio de vida después de su asesinato, de una defensora de derechos humanos que torturo para fabricar culpables, de una banda de criminales inexistente y de una acción de la justicia tremendamente injusta”

MI explicación seria que una madre de la alta sociedad se empeña en que alguien ha secuestrado (incluso asesinado) a su hijo y dedica todas sus fuerzas, contactos e inventiva (llega a poner vallas publicitarias con las fotos de sus sospechosas) a culparlas y que “se haga justicia” (a ser posible que las maten o las condenen a cadena perpetua) cuando, si, al final ni lo habían secuestrado ni asesinado. Una historia verdaderamente alucinante que de ser inventada seria simplemente increíble.

En fin, pues un paso más cerca de ponerme al día; aunque mañana estaré a la misma distancia de conseguirlo que estaba antes de publicar esto. Yo seguiré intentándolo pero vosotros, pues eso, ¡ Divertíos asaltando el castillo!

 

Lecturas

Tierra de empusas - Olga Tokarczuk

El Filatelista - Nicolas Feuz

Buenos días Tristeza - Francoise Sagan

Cuarteto de la memoria - El informe Stein - Jose Carlos Llop

Prohibido morir aquí - Elizabeth Taylor

Audición - Katie Kitamura

El asesinato de los Aosawa - Riku Onda

La fabricación de un crimen - Ricardo Raphael

domingo, 2 de noviembre de 2025

Comentario de textos – Junio 2025

Con un retraso indecente vuelvo a este entretenimiento de comentar mis lecturas. Empiezo ampliando mi record de retraso en escribir aquí, ya estamos a 1 de noviembre y empiezo a intentar comentar mis lecturas de mayo; algo que podría achacar a algunas cifras que he alcanzado ya que este es la primera entrada que escribo desde mi posición de miembro ampliamente susceptible a ser víctima de la discriminación del edadismo, ya tengo los sesenta; el Wurlitzer se acerca a los veinte años (veintiséis desde que montamos el primer bar, algo por lo que nos han dado un premio platino por los primeros veinticinco como empresa), mi peso se ha rebajado hasta cifras que no tenía, probablemente, desde mediados de los años ochenta y que no me sientan especialmente bien (yo diría que ni a mi salud, pero desde luego no a mi carácter) y, no sé, es posible que este trimestre haya batido mi propio record de facturación en mi empresa ya que estoy desbordado de trabajo, que, afortunadamente, gracias a la barba que me había dejado crecer (acabo de quitármela), me empieza a situar en una situación en la que los que me miran (y no me conocen) pues consideran de sabio que es bastante divertida.

Ya digo, podría achacarlo del retraso a cualquiera de estas cifras o una combinación de ellas, pero la verdad es que no lo hare ya que espero que todas ellas sigan aumentando (si, incluso el peso) durante bastante tiempo y espero que esto no aumente los retrasos en mis futuros comentarios.

La verdad es que ahora mismo, con el nivel de retraso que llevo, casi me da miedo empezar estos comentarios debido a que mi lista de lecturas atrasadas, y de frases es tan larga que me he quedado sin mis marcadores favoritos para citas (Book Darts se llaman y molan todo; así que os los recomendaría, si fuera yo de ese tipo de personas) de los que tenía dos cajas de cincuenta, por lo que incluso considerando que haya perdido varios es una cifra de comentarios atrasados que asusta. Pero no solo tengo que empezar porque necesito mis marcadores para recordar lo que he leído (ya llevo un par de libros en los que estoy doblando las esquinas, pero no es lo mismo) sino que ya tengo en cartera para la lectura todas mis compras en NYC a las que se sumaran las compras de mi librería de referencia de Madrid (si, Méndez en la calle mayor) que deberé visitar en breve a ver qué novedades hay.


Así que hoy salvo contaros que, por fin, después de viajar a los estados unidos todos los años (desde el 88, desde el 2001 con Alvaro y Helena y desde el 2015 con Alicia) es la primera vez que la agente de inmigración, tras consultar su ordenador, va y me (nos, que ahora por razones de papeles que no creo necesario contar, pasamos el control juntos) dice “anda, si venís siempre por estas fechas” en lugar de los clásicos “¿motivos del viaje?” y chorradas parecidas destinadas supongo a detectar narcotraficantes o inmigrantes ilegales y simplemente nos deja pasar, pues no voy a contar nada más personal y voy directamente a las lecturas.

Los dos primeros libros los compre en el barrio, sin visitar mi librería de referencia, por darle una oportunidad a una librería nueva que han abierto y que es más bonita que otras cosas (o por lo menos de momento, recién abierta; así que le daré alguna que otra oportunidad) y obviamente el primero lo compre por su título: Monterosso mon amour, en la esperanza de que el citado fuera el escritor que, hace muchos años me descubrió mi hermano (junto con muchos otros) pero obviamente no lo era (se refiere a un pueblo, por si teníais curiosidad, aunque deberíais dedicar vuestra curiosidad al augusto escritor, en calidad y nombre).

El libro pues pasa sin pena ni gloria, ni es bueno ni es malo, pero, aunque yo si sea partidario de ellos también estoy, en parte, de acuerdo con “Carmen odia los Cliffhangers. Considera una forma de sadismo dejar al espectador en suspense al final de un capitulo tras despertar deliberadamente expectativas desmesuradas. No se puede terminar un espectáculo de circo con un redoble de tambores solo porque quieres vendar entradas para la siguiente función. No sería ético.”; no creo que sea lo mismo ya que se trata de vender el siguiente libro solo de seguir leyendo y bien hechos pues son un estilo que a mí me gusta (a veces).

Mi otra compra fue La guerrera que no me tentaba demasiado, pero a la que decidí darle una oportunidad (ya digo, acababan de abrir y no estaban demasiado abastecidas o con demasiado criterio) pese a que la contraportada dijera que es “una mezcla de memorias y mitología” de una niña china que vive en California. Pues eso, que será una mezcla, no digo yo que no, pero poco interesante para mí, salvo tal vez esa parte inclasificable de “Si fuera mía – apuntaba alguien -, le daría una bofetada. Aunque para que perder el tiempo en enseñarle disciplina a una niña… «Criar a una niña es criar a alguien para que se la lleve un desconocido»” que no sabría ni por dónde empezar a comentar.

También me ha sorprendido la pasión de los chinos por el número seis, un número que para nosotros es bastante anodino (aunque tenga sus curiosidades, como ser el producto de los tres primeros números) e incluso como justifican algunos aspectos de su importancia “Seis – añadió- es el número de todo. Eres una mujer de suerte. Seis es el número del universo. Los cuatro puntos cardinales son seis, si les sumas el cenit y el nadir. El fénix tiene seis notas altas y seis notas baja, en el mundo hay seis biomas, seis sentidos, seis virtudes, seis obligaciones, seis tipos de ideograma, seis animales domésticos, seis artes y seis caminos para la metempsicosis. Hace más de dos mil años que seis estados se unieron para derrocar a los Qin. Y, por supuesto, el I Ching está compuesto por hexagramas. Y el Gran Seis, que es China.”; hay, aunque mucho sea ininteligible o dudoso, pues casi nada.

Después de estas dos lecturas me había quedado sin nada que leer y a la vez andaba esperando para ir a la feria del libro a reponer lecturas asi que estaba a punto de rebuscar en la librería cuando Helena me paso Todas las guerras empiezan en verano, libro que creo que no se había comprado y que había llegado a sus manos por ser la autora una conocida de las noches del Morgenstern. En la situación tan precaria en la que me encontraba pues decidí darle una oportunidad a la amiga Diana, y tras esta lectura me he dado cuenta de que debo de mantener siempre un stock de lecturas a mi disposición.

Afortunadamente la lectura me duro hasta mi visita, con mi amiga Maria de la O (otra cosa que tengo muy atrasada es quedar con ella para tomar una palmera de chocolate, pero… estoy en ello) que ya empieza casi a ser una tradición (así soy yo – como casi toda mi familia – si hago una cosa dos o más veces, pues, si me apetece, la convierto en tradición y ya está instaurada para siempre). Maria de la O parece despistada pero es muy ordenada, va a la feria con planificación y lista de deseos e incluso mira el directorio de casetas para ver a donde tiene que dirigir sus pasos (justo todo lo contrario que yo, que voy sin ninguna idea previa y no voy aleatoriamente porque es difícil ir en una línea con más gente recorriendo la misma línea) pues me deje llevar hasta que en una caseta vimos unos libros de la editorial Sajalin y convencidos de que este año no tenía caseta (ya digo, que alguien había mirado) pues me compre La cosecha de Hielo.

En principio no tenía mala pinta el libro situado en navidad en un pueblo de Kansas donde un abogado está a punto de marcharse con el dinero que le ha robado al mafioso de su cliente, pero las cosas se van complicando. Ya digo, prometedor, y no está mal, pero se queda corto en el desarrollo y sobretodo en los personajes y el lenguaje. Correcto, pero nada destacable.

Aunque de momento va en camino todavía no sé si se convertirá en tradición (depende de factores externos) comprar, en la visita a la feria, algún libro (o uno cada uno, es una tradición poco definida todavía) de la editorial Dirty Works. En mi caso este fue Dios nos golpea a todos, que además de tener un título que todos podemos compartir pues no tenia, sobre el papel, mala pinta con un celador de un sanatorio, una campeona de pulsos femenina, bastantes drogas y una potencial huida a Australia. AL igual que el anterior es correcto, pero poco más. Lo mejor de todo es la contraportada donde se inventan frases elogiosas del libro de genere como Shakespeare o Mark Twain. Es una chorrada, pero me hace bastante gracia y aunque ninguno de los libros que he leído de la editorial me ha convencido del todo pues intentare que se cree la tradición.

Obviamente como ya había comprado un libro de Sajalin, convencido de que este año no tenían caseta, pues enseguida encontramos que sí que tenía caseta (estoy seguro que si no hubiera comprado el primero pues no habrían tenido caseta; que así es la vida). Como es una editorial que me gusta pues me compre un par de libros (lo que casi convirtió, para mí, la feria en mono editorial). El primero (que he leído, que compre los dos a la vez, no soy tan rarito como para hacer dos compras en la misma caseta) fue En el Patio, que es una historia de personajes carcelarios en, si, la cárcel, concretamente en San Quintín, escrita, al parecer, por un huésped habitual de este tipo de establecimientos. Realmente he de repetir la opinión de los libros anteriores y pues eso, ni bien ni mal, correcto, pero no excepcional. Solamente destacable su opinión sobre ciertas comidas como “cuando les ofrecían judías verdes, dados de zanahoria, espinacas o ensalada: comida de niño, no comida de hombre, decían; comida de gente con tan poco orgullo que eran capaces de admitir que tenían hambre y no podían satisfacer sus necesidades.”; ya que como todo el mundo sabe la necesidad de comida, es de comida rica, no de cualquier comida y menos de verduras. Hasta ahí podíamos llegar, que los presos también tienes su orgullo (Seguramente, en muchos casos, es por lo que están presos).

Mi otra compra fue Días Sombríos, una novela de gánsteres irlandeses, bueno, de maleantes irlandeses de medio pelo con una pelea entre bandas y varios asesinatos. Este si me ha gustado más, sin llegar a gustarme, gustarme, ya que le falta mucho ritmo, situaciones más memorables o frases que dejen un poco de poso. Demasiado plana dentro de ser correcta. Aun así, añado otro nombre a mi lista de autores a leer retrospectivamente: James Plunkett (del que apunto su novela Strumpet City en mi lista esa que no tengo ni nunca uso; pero apuntado queda y olvidado lo estará en breve; pero si por lo que sea, la veis por algún sitio y os acordáis pues oye, ya me contáis).

Curiosamente para alegría mía, Sajalin compartía caseta con Nórdica, que es una editorial a la que, aunque creo que solo tengo un libro, le tengo mucho cariño porque el libro que tengo (hijas del frio) es una recopilación de cuentos de escritoras nórdicas que me gustó mucho (o eso creo recordar). El caso es que no tenían muchas cosas tentadoras, o nórdicas, por lo que al final acabe comprándome una novela de un clásico americano, Steinbeck (si, el de las uvas de la ira): El Autobús perdido, siguiendo la recomendación de la chica de la caseta (creo recordar, aunque puede que fuera lo contario y que ella me recomendara otro de los que estaban reeditando ¿Quién puede saberlo?). El caso es que la novela no está mal, los personajes son curiosos, así como la descripción de aspectos de los mismos como ese que “Creía en el poder la Virgen como los niños creen en el poder de sus tíos. Era una muñeca, una diosa, un amuleto y una pariente:”; que igual me solo me llama la atención por lo de tío.

En la novela un autobús queda atrapado por una riada y a partir de ahí pues, como siempre, están los que quieren seguir y los que prefieren no hacer nada (como si fuera el típico problema moral del que no tengo ni idea, pero me preocupa, como resuelven los coches autónomos, ya sabéis, ese si tu acción tiene una consecuencia mala; muere una persona; pero tu inacción es peor: mueren dos ¿Qué haces? Lo tienes claro, pero y ¿si una es un niño, pero los dos son ancianos?; o ¿si una es un premio nobel de la paz y los otros dos asesinos?; demasiadas opciones, me parece y demasiada necesidad de información para que haya un consenso moral). EL caso es que en un momento dado habla de ríos, de esos ríos que podrían ser uno cualquiera de Valencia “Es un rio inestable y temperamental, muerto durante una época del año, mortífero en otra.” Que tanto recuerda a ese refrán valenciano de "Plou poc, però per a lo poc que plou, plou prou".

El caso es que como compre tres libros en la caseta pues me regalaron un cuentecito, en una edición nov venal (algo que desconocía lo que era): La pelea en la casa de Hendrix, que no deja de ser un detalle pero que tampoco es especialmente interesante.

Con estas lecturas llegue, sin darme cuenta, hasta la fecha en la que tenía que irme a Aruba (de esta experiencia pues, ya, si eso, os cuento otro día) sin nada que leer y como ya sé que el aeropuerto de Madrid, ni siquiera en horario normal, ofrece nada bueno de comprar en cuanto a lecturas pues me volví a acercar a la nueva librería del barrio para darles esa segunda oportunidad (y por necesidad).

Sigue sin convencerme esta librería, siendo su proximidad su única ventaja, pero aun no su variedad o criterio (que creo que aún no está muy definido o que yo no he pillado). Tanto es así que acabe saliendo con la última de Millás, más convencional no se puede ser, aunque también compre otra, esa de Ese imbécil que va a escribir una novela. He de reconocer que cada vez me parecen más flojillos sus libros, con menos interés en la historia e incluso en la escritura, aunque siempre hay algunas cosas buenas como ese “…pero gran parte de las relaciones sociales se tejen sobre supuestos que no son. Lo que no es ocupa en la existencia de los seres humanos más espacio que lo que es.”

Total, que puede que sea por la lejanía de las lecturas, pero el caso es que nada de lo leído en este mes me ha emocionado especialmente; podría (si tuviera memoria) contaros ya si algo de los meses pasados lo ha hecho, pero, como no tengo y para no hacer spoilers, pues solo os digo divertíos asaltando el castillo.

 

Lecturas

Monterosso mon amour - Iljia Leonard Pfeiffer

La guerrera - Kingston Maxine Hong

Todas las guerras empiezan en verano - Diana Aller

La cosecha de hielo - Scott Phillips

Dios nos golpea a todos - Poe Ballantine

En el patio - Malcolm Braly

La pelea en casa de Hendrix - George Milburn

Días Sombríos - Gene Kerrigan

El autobús perdido - John Steinbeck

Ese imbécil va a escribir una novela - Juan José Millas

domingo, 17 de agosto de 2025

Comentario de textos – Mayo 2025

Como tengo que ponerme al día de todas mis lecturas atrasadas, aquí me tenéis de nuevo. Tras las de abril, ahora mayo y, en breve, si todo va bien, pues junio y julio antes de que acaba agosto. Ciertamente en el mundo han pasado cosas (hace calor, España se quema, Trump es subnormal, por no mencionar a sus votantes, nuestros políticos deleznables, sin mencionar de nuevo a sus votantes, y en fin, pues más o menos lo de siempre) pero la verdad es que casi ninguna especialmente divertida desde la semana pasada (que fue cuando escribí la última entrada).

Así que hoy, para esta introducción recuperare algo que (creo) ya he comentado más veces y es lo poco que escucha la gente, como habla con verdadera vehemencia y seguridad de cosas que no ha entendido (el famoso efecto Dunnig-Kruger) y como convierten la literalidad de tus palabras – sacándolas de contexto – en algo que (probablemente) no es lo que querías decir creando uno de esos “lugares comunes” que todo el mundo comparte, sin entender, como, digamos “el efecto mariposa” o “el gato de Schrödinger”.

Tomando este último, es verdad que Schrödinger escribió sobre este experimento en el que uno no sabe si el gato está vivo o muerto hasta que no mira y ciertamente afirma que el gato puede considerarse vivo y muerto a la vez (sus palabras en la traducción de John D. Trimmer, no sé porque pongo este dato) fueron:

”A cat is penned up in a steel chamber, along with the following diabolical device (which must be secured against direct interference from the cat): in a Geiger counter there is a tiny bit of radioactive substance, so small that perhaps in the course of one hour one of the [radioactive] atoms decays, but also, with equal probability, perhaps none; if it happens, the counter tube discharges and through a relay releases a hammer which shatters a small flask of hydrocyanic acid. If one has left this entire system to itself for an hour, one would say that the cat still lives if meanwhile no atom has decayed. The first atomic decay would have poisoned it. The [quantum wavefunction] of the entire system would express this by having in it the living and dead cat (pardon the expression) mixed or smeared out in equal parts.”

Vamos que si, que puede que el gato este vivo o muerto y que no lo sabremos hasta que miremos (y que esto puede expresarse con la función de onda cuántica). Así, que sí, Schrödinger plantea que pueden representarse los dos estados simultáneamente (no pudiendo confirmarse el estado sin observación, que no es más que una ampliación del principio de Heisenberg, ese de que no pueden conocerse la velocidad y la posición de un objeto de forma simultanea) pero lo que la mayoría de la gente no sabe, u olvida, es la frase anterior del bueno de Schrödinger: “One can even set up quite ridiculous cases.” Que hombre modifica un poco la idea general (lo mismo pasa con el famoso efecto mariposa que justo antes de enunciarse tiene una frase parecida) igual que en el caso de Heisenberg la omisión de la parte inicial de “existe un límite fundamental en la precisión con la que se pueden conocer simultáneamente ciertas propiedades de una partícula”; vamos, que no dice que no se pueda, sino que hay un límite en la precisión con la que se conocen las cosas (como en todo, incluso en los radares de la Guardia Civil y los tacómetros de los coches por lo que pueden infringir la velocidad marcada). Parece una chorrada, pero no lo es, ya que ambos modifican lo dicho y la “traslación” que se hace normalmente no tiene nada que ver con lo dicho. Como decía Leonardo (Da Vinci, no la tortuga ninja mutante, aclaro, aunque igual el segundo también lo dice. Que sabré de estas cosas): “Los detalles crean la perfección, pero la perfección no es un detalle.”

Pues eso, que no creo que esto explique nada y seguramente no venía a cuento de nada pero, mira: dicho queda como introducción antes de pasar a las lecturas (que menuda chapa acabo de colaros y eso que me he dejado el tema de “el efecto mariposa” que cuando en 1963 lo presento científicamente Edward N. Lorenz lo hizo solo como una pregunta incluso con bastante duda de que la respuesta fuera afirmativa “Lest I appear frivolous in even posing the title question, let alone suggesting that it might have an affirmative answer ...” posiblemente tras haber leído un cuento de Bradbury)

Posiblemente yo no hubiera comprado para mi primera lectura de este mes: Parabere; pero como uno tiene familia, a la que, aunque ellos no lo crean, uno quiere, igual que quiere a esos amigos y conocidos a los que no ve nunca o que no ha visto en los últimos treinta años, pues a veces tiene que hacer cosas de las que tiene dudas, o de las que no tiene dudas.

Creo (sin otro motivo que mi caso particular) que en muchas casas de cierta época (y, si, de cierta clase social) había al menos un libro de “la Marquesa”, aunque como ella aclara cuando después de la guerra civil es juzgada por un tribunal falangista por haber dado de comer al Madrid-Rojo y el inspector-juez le dice “… aunque la está llamando Marquesa, sepa que no lo hago por respecto. En estos tiempos falangistas, la sangre no es más que sangre y es por eso que la trato como Marquesa con todo el desprecio que me merece. En este nuevo tiempo se impone el mérito de cada uno y no la cuna.”, ella (a la que no le faltaba carácter ni una vida curiosa en la que había visto de casi todo) le responde “Inspector, ya que somos sinceros, le diré que, en realidad, no soy marquesa de nada, al menos de cuna. Es solo el nombre con el que firmo los libros y artículos que he escrito, por mí misma. Si todo el mundo me llama Marquesa de Parabere es gracias a mis propios méritos.”

Porque si, la marquesa tuvo un restaurante de postín en el Madrid antes de que empezara la guerra civil, comentado que ese día “El servicio de cena fue tenso. Nada que ver, ni por asomo, con el ambiente habitual de un sábado por la noche.” Algo que no debería sorprender a nadie, salvo que tenso es como llamar troubles a los problemas/guerra civil de Irlanda pero que, a mí que soy un inculto, me ha descubierto algo que “desconocía, que nunca me había planteado” y es que la guerra civil empezó de cara al fin de semana, algo que como decían los británicos de Asterix es una descortesía tan grande como la de atacar a la hora del té.

Otra cosa que me ha sorprendido es que antes de la guerra civil la marquesa se compra un frigorífico y “No daba crédito al triple salto hacia la modernidad que acababa de dar. Mas fantástico le pareció cuando, por la tarde, el técnico le indico que uno de los dispensadores de la puerta era para obtener agua fría y otro para hielo, en distintos formatos. Aquel aparato se le antojó como un sueño venido del futuro.”; si, me ha sorprendido mucho saber que antes de la guerra civil ya existían frigoríficos con estos dispensadores, que yo no conocería hasta que mi madre consiguió comprar un frigorífico americano por unos vecinos americanos de la base de Torrejón (a finales de los setenta, y que solo pudimos hace funcionar gracias al genio de mi tío Pepe Armero que construyo un transformador que permitía conectarlo ya que directamente era imposible por esas chorras de la frecuencia, el voltaje y la potencia) y que es uno de mis electrodomésticos favoritos (aunque yo no tenga uno) en su modelo con dispensador de agua fría y de hielo pero también en su modelo antiguo como “la fresquera” que había en El Puig cuando era pequeño (que fue algo que les pedí a mis padres que conservaran – fue lo único que les pedí, y mira que había cosas (trenes eléctricos, la colección completa de Life, de Blanco y Negro, etc.) – sin ningún éxito; afortunadamente supongo ya que no habría sabido que hacer con ella, pero me encantaba).

Pero, divago, volviendo al libro me encanta cuando está hablando de la afrenta, la justificación de la causa, para un duelo, que todo el mundo sospecha es la calumnia, pero “¿Calumnia? – se extrañó Manuel -. No hay tal, la afrenta es cierta; nadie ha dicho ni hecho corre rumores infundados, el duelo es para dejar claro que no debe uno decir la verdad sin el consentimiento del interesado.”

Como libro no es bueno, podría ser mucho mejor, pero la vida de la marquesa es tan fascinante que es lo suficientemente bueno y da gusto leer frases de sus conocidos (sensatos, aunque sean cocineros) como “MI querido amigo Ecoffier siempre me decía que la cultura era casi tan importante como el talento, y yo también lo creo así.” Nada que añadir.

Compre Ve y dilo en la montaña, por supuesto en mi Liberia de referencia (repito por costumbre y con fines publicitarios: Méndez en la calle mayor, donde os esperan) por aquello de que, al parecer, es un clásico de la literatura afroamericana del que, obviamente, yo se un poco menos de lo justo y necesario y bueno ya sabéis que todo es cultura (si, incluso la televisión, aunque, creo, ahora es menos nutritiva que cuando Aviador Dro cantaban aquello, aunque con el tono de Servando nunca quedaba claro si era afirmación o pregunta. Juzgad vosotros):


La verdad es que la historia de un afroamericano hijo de un predicador pentecostal de Harlem, adolescente antes de la segunda guerra mundial, que no quiere seguir los pasos de su padre pues no es una mal premisa, de hecho, parece una premisa que puede dar lugar a un montón de conflictos interesantes que justifiquen considerarla un clásico de algo, pero… la verdad, es que no me ha interesado lo suficiente y no he encontrado nada reseñable en la escritura.

Aunque era mayo, ya estaba publicada y lista para leer la sexta entrega de la serie de policiacas escocesas de Parks, Cualquiera puede morir en junio. Si, ¿Por qué no esperan a publicarla en junio o porque yo no espero para leerla? Pues, yo, porque soy un ansioso pero los de la editorial pues no tengo ni idea. Como todas las de la serie es una novela correcta, aunque igual un poco más floja que las anteriores. Igual no es eso, igual es solo que no consigo cogerle el cariño necesario a su protagonista (que algo le tengo, pero igual no el suficiente) pese a que pueda identificarme, a veces, con el cómo cuándo solo quiere: “Sentarse en su jardín trasero y beber hasta sentirse mejor o que ya no le importase. Cualquiera de las dos opciones le valdría.”; esta es una sensación muy conocida incluso ahora que casi no bebo.

Como ahora el panorama editorial me lo permite pues este mes también tengo japonesa: El tercer amor, que es una historia sobre relaciones a varias bandas que es entretenida de leer, no llega a ser buena, buena, pero está cerca.

Obviamente, pese a lo disfuncional que es el país, en cada novela japonesa leo algo que me reafirma en mis ganas de visitar el país. En el caso de esta novela no es tanto aprender como se dice octubre en japonés, algo que podría haber aprendido sin esta novela, sino aprender que este mes es “kannazuku, es decir, el mes sin dioses, cuando el sinfín de deidades del país se ausentaba para visitar santuario de Izumo.”; algo que igual podría explicar (en el caso de que el horóscopo tuviera algún sentido) porque los nacidos en octubre solo más descreídos que los nacidos en otros meses (en el caso de que esto fuera así). Demasiados “en el caso” en la frase anterior como para considerar el aspecto ni siquiera digno de mención, pero… oye, curioso.

Y qué decir de ese “profundice en un asunto al que se conocía como el «el comercio de las aguas», el de chicas que trabajaban en ambientes supuestamente de entretenimiento, pero rayanos a la prostitución.” Vamos, que nadaban entre dos aguas y, nacido en octubre y en el negocio del agua (no de las aguas, que agua soy hay una) pues descreído y bordeando la prostitución (por vender, o alquilar más bien, alguna parte de mi cuerpo; la única que tiene cierto interés, por cierto).

También, aunque lo he comentado con un par de personas y todas decían tenerlo muy claro, como mi conocimiento del budismo es corriente y no como “El conocimiento que la princesa tenia del budismo iba mucho más allá de lo corriente. Sabía que su origen no estaba en Japón, que había llegado a través de China y que hasta allí lo había hecho en diversas etapas desde otro país aún más lejano, Tenjiku, la India.”

Tras esta última lectura (más bien a mitad de esta lectura) pues ya tenía disponible, por los medios extraoficiales tradicionales y necesarios, mi ejemplar dedicado de Lo que sé de Almudena, el último libro de Rafa (mi hermano, aclaro por si alguien no está al tanto de esto y como si fuera una declaración de existencia de conflictos de intereses).

Siempre me encanta leer a Rafa, unas veces más y otras veces un poco menos pero siempre me encanta y no creo que exista ningún conflicto de intereses (si lo hubiera no sé si seria a favor o en contra, sinceramente; creo que cualquiera que tenga un hermano con el que ha compartido habitación durante la infancia y adolescencia puede entender la duda en el sentido de un posible conflicto de intereses) simplemente me encanta como escribe, me gusta su ritmo, sus ideas y su lenguaje (y cuando no es así, pues no tengo problema en decirlo ni en decírselo; al fin y al cabo ya nos hemos enfadado y perdonado por temas más relevantes y seguiremos haciéndolo).

Dicho esto, confesare que al principio había escrito “la última novela” pero que lo he cambiado a “el último libro” ya que creo que esto es más adecuado, a falta de una palabra mejor (ya que no es biografía, ni de Almudena ni de Rafa, aunque cuente cosas biográficas; ni es un artículo, ni una recopilación de artículos). Supongo, seguro, que hay un palabro concreto para definirlo, pero como lo desconozco os diré que, para mí, es un poco como un capitulo alargado (centrado solo en una escritora) de Literatura para caníbales, pero, a la vez, es más que eso ya que es un elogio de una amistad (no como quiere ilustrar la contraportada con ese “el más cómplice sus colegas” sino como explica el mismo en el libro)

También he de confesar que le tenía un pozo de manía (miedo a leer este libro ya que no tenía claro si venia del cariño, de la necesidad de contar algo, en cuyo caso sería muy bueno; o si como dicen los finos pues había “Intereses editoriales espurios”, en cuyo caso existía el riesgo de que no fuera tan bueno. Si, a mí me han educado así: yo siempre pienso, mal, bien, regular y otras opciones (pensar en una sola línea, desde un solo punto de partida, pues me parece pobre) y luego, una vez pensado y con más información, o sin ella, pues decido cual es la línea de pensamiento mas adecuada, si bien, mal o medio pensionista.

Pues eso, una vez leído os puedo confirmar que viene de un gran cariño, que es buena y os diría (si tuviera que ponerlo en la contraportada) que es una biografía de un “espacio vital compartido” por ambos o, entre nosotros, pues una serie de anécdotas compartidas entre ambos (casi siempre).

Dicho esto, y para los que tengáis la suerte, o no hayáis tenido la suerte (que todo depende), de conocerla de antes, os digo que suscribo plenamente su teoría de la pirámide lectora de Rafa (como la de la pirámide alimentaria) que aumenta su alegoría del Chopped frente al Jabugo y que es casi tan buena como la “leer retrospectivamente”.

También he aprendido (entre muchas otras cosas) una posible etimología de bobo, la de Burgués Bohemio (bourgeois bohème) que me gusta, aunque tengo dudas de que sea correcta; pero a) que sabré yo y b) si Rafa lo dice puede ser verdad (o mentira ilustrada, recreación de la realidad, que decía otro Rafael).

Y hablando de recreaciones de la realidad podría decir que fue culpa de la lectura del libro de Rafa por lo que se me echo encima el puente de mayo (el segundo, el que solo tenemos en Madrid) sin tiempo para reabastecerme, pero estaría faltando a la verdad sin motivo alguno y a mí solo me gusta recrear cosas (mentir dicen los malvados) cuando hay un motivo y no se quiere conseguir nada especial: recrear por recrear me parece un poco innecesario y un esfuerzo perdido y recrear para conseguir algo,, en eso estoy con los malvados: me parece mal. Así de raro, a la par que flexible, soy (y hierático añado, solo por dejar constancia).

El caso es que sin nada que leer tenía que “tirar de fondo de armario” y me decidí por El inimitable Jeeves, la primera de la serie de Woodehouse sobre los aristócratas ingleses y sobretodo pues sobre su personal de servicio. (Jeeves, por si alguien lo desconoce es el mayordomo que soluciona todos los entuertos en los que se mete su jefe). Ha envejecido un poco (ella o yo, o más bien ambos) pero sigue siendo un estupendo divertimento, un poco como ver clásicos del cine de comedia en blanco y negro.

Todavía en el puente (pero ya no en festivo) me acorde de un libro que me había recomendado Barcina y que un día que fui a mi librería de referencia pues no lo tenían por lo que decidí acercarme a la cadena de librerías más cercana a mi casa a ver si lo encontraba. Si, como es de una(a) premio nobel pues tenían El acontecimiento, así que seguí la recomendación y me lo compré. Como ya me había comentado al recomendármelo es una novela verdaderamente corta y con una letra grande que la hace fácil de leer. Además de esto es una novela bastante buena sobre un tema complejo sobre el que existen opiniones muy encendidas (ahora quiero pensar que ya menos, pero en algunos momentos había gente dispuesta a matar a otra por este asunto – algunas murieron – con una incoherencia que no puede más que calificarse de llamativa: defender “el derecho a la vida” matando). Sí, porque la novela va sobre el aborto, y además de penas de multa y prisión varios grupos llegaron a realizar atentados (supongo que ellos no lo llamarían así) contra clínicas y médicos abortistas; algo tan demencial como lo de los católicos irlandeses matando por ser católicos e incumplir de lleno no solo el quinto mandamiento sino un par más de ellos por el camino.

Muy interesante, aunque si bien estoy de acuerdo con lo en mi adolescencia (todavía para mucha gente) era una pregunta que muchos no se hacían “Y, como de costumbre, era imposible determinar si el aborto estaba prohibido porque estaba mal, o si estaba mal porque estaba prohibido. Se juzgaba con relación a la ley, no se juzgaba la ley.” (ni la ley, ni mucho menos, el acto en sí, o la necesidad del acto), estoy completamente en desacuerdo con su visión de uno de los personajes centrales de la excelente novela de Irving sobre el tema cuando dice que “se adjudica el poder sobre la vida y la muerte que tiene las mujeres” que es una visión muy distinta a lo que yo he leído, donde el no “se adjudicaba” nada sino que solamente cooperaba y comprendía pero igual me he perdido algo.

Además de estas cosas, pese a que la novela pasa en Francia, pues me sorprende leer que “En Japón, los abortos reciben nombre de mizuko, los niños del agua.” Curioso cuando menos, aunque posiblemente explique porque mucho terror japonés tiene que ver con el agua y niños pequeños.

Como siempre, aunque había ido a por un libro, pues me lleve dos, siendo el segundo Caledonian Road. En principio me llamo la atención por pasar en el Londres actual y que tenía la ventaja de que, si estaba bien, pues era bastante largo y bueno eso siempre pues es una buena inversión. La verdad es que no empieza mal y en las primeras paginas ya hay una frase buena “Campbell dedico un milisegundo a reflexionar que «sociedad» es una palabra que solo emplean las persona que nunca tratan con nadie que no sea igual a ellos.”

Una lástima que estas aventuras y desventuras de nuestro intelectual ingles que quiere escribir un libro, no hayan conseguido mantener mi interés durante la lectura, aunque tampoco consiguieron desesperarme como para dejarlo a medias, y que en la novela apenas si haya alguna otra frase o ida medianamente buena como para poder recomendar algo tan largo a nadie, ni clasificarlo de bueno. Eso sí, me aporta un conocimiento que desconocía (que ya había olvidado desde la lectura) y es que “… el granito de esos acantilados era el material que se utilizaba para las mejores piedras de curlin del mundo.”, básicamente porque nunca me hubiera imagina que estas piedras (o pelota de petanca) pudiera ser de granito. Es algo que podría buscar en Google como le indica el que esto afirma a su interlocutor para dar credibilidad a la información, pero a) no tengo tanto interés y b) sospecho que si lo miro no será verdad (Google no me parece una fuente para dirimir discusiones; en mi casa sobre se aceptaba como prueba de todos los debates de la sobremesa lo que dijera el Larousse, no habiendo más de cuatro comidas seguidas en la que alguien no tuviera que levantarse a buscar le tomo necesario para zanjar una discusión).

En fin, pues eso que voy poniéndome al día, igual la semana que viene más, mientras pues, ya sabéis, divertíos asaltando el castillo.

 

Lecturas

Parabere - Andrea Cabrera Kñallinsky

Ve y dilo en la montaña - James Baldwin

Cualquiera puede morir en junio - Alan Parks

El tercer amor - Hiromi Kawakami

Lo que sé de Almudena - Rafael Reig

El inimitable Jeeves - P.G. Wodehouse

El acontecimiento - Ernaux Annie

Caledonian road - Andrew O'Hagan


PS: si, soy consciente de que no es he contado porque Parabere era una compra necesaria eso queda para otro dia, o no. que igual ni lo habeis notado o ni habeis leido esta nota final.

domingo, 10 de agosto de 2025

Comentario de textos – Abril 2025

En fin, empecemos por lo evidente: increíblemente llevo cuatro meses de retraso con la puesta al día de mis lecturas; de hecho ya estoy casi en uno de esos momentos en los que ves lo que tienes acumulado y casi te dices “Pues va a ser imposible ponerme al día” y si no fuera porque sé que hay, por lo menos, un par, o tres, de lectores, que han mostrado preocupación por mi estado de salud (algo que me ha hecho ilusión, una ilusión algo extraña me parece a mí) igual era el momento de dejar de escribir estas chorradas sobre mis lecturas pero la verdad es que me gusta. Así que retomo el tema y mke dispongo a contaros tanto mis lecturas como algunas de mis “cuitas”.

Tras haberme planteado la posibilidad de “agrupar” todos los retrasos en una sola entrada, o en un par de ellas solamente, he decidido que esto sería una tarea excesiva sobre todo para mis lectores (para mi seria excesiva en primera instancia pero realmente solo haría una introducción son lo que me saldría más corta, realmente) así que aunque sea raro (y sin mis notas, casi imposible para mi con el nivel de mi memoria) me pongo a escribir sobre lo que leí en abril casi a mediados de agosto, encerrado en mi casa con todas las persianas bajadas y antes de que mi temperamental ordenador sufra “otro golpe de calor” y deje de funcionar, algo que ya me ha hecho un par de veces en los últimos meses y que aprovechando una subvención pues me ha permitido comprarme por un precio irrisorio un portátil nuevo con el que amenazo con sustituir a mi mini ordenador,  sino se comporta y funciona adecuadamente (aunque tener los dos a punto me ha dado, seguirá dándome, más trabajo del que me ahorra “esperar” a que se pase “el sofoco” a mi ordenador) .

Pero antes de ponerme con ello, como es tradición, pues os cuento un par de cosillas de estos meses.

Por una parte, aclaro que el retraso solo se ha debido a un exceso de compromisos laborales (ahora mismo estoy a tiempo completo en dos proyectos y a tiempo parcial en unos cinco, incluyendo uno la isla de Aruba donde debido a mi encanto personal - ¿a qué otra cosa podría deberse sino? – pues quieren que aumente mi dedicación y que incluso me vaya allí un par de meses. Algo que ya os digo (para disgusto de mi sobrina a la que le apetece irse a instagramear cual influencer en las playas de allí) parece poco o nada probable que suceda por muchas y muy variadas razones. Por cierto, ninguna relacionada con mi salud, que excepto por haber perdido el veinte por ciento de mi peso (o masa corporal, dicho finamente), algo que si no hubiera sido por insistencia de mi médico seria causa más que suficiente para que visitara a un médico y probablemente a un psicólogo para tratar un claro problema alimenticio, vamos que si no fuera porque esto ha sucedido por indicación de los médicos ahora estaría en tratamiento psicológico, cual adolescente bulímica o anoréxica. Ya veis cosas de los médicos ese gremio donde cada cual tiene sus propias paranoias que impone a los demás (ahora tengo un endocrino que me dice que las legumbres son “el mero diablo” y un médico de cabecera que me dice que comer legumbres “es obligatorio” por lo menos una vez a la semana, sino dos) y que crea más problemas psicológicos que los que soluciona.

Por otra parte, esto es más divertido, os cuento que en una entrevista a un grupo de moda (Vicente Calderón, se llaman por si os interesa) ha aparecido en la prensa (en Público, creo que por primera vez) el concepto “generación Wurlitzer” para referirse a los nuevos grupos, a la escena a la que pertenecen estos grupos. El caso es que encima la IA esa, los ChatGPT y similares ya contemplan el concepto y si les preguntas (si, lo hemos hecho) que es te dice que no es por las maquinas sino por el Wurlitzer Ballroom. Si, de momento es una chorrada, pero una chorrada que inevitablemente hace mucha, demasiada, ilusión sobre todo cuando estas IA pues hablan, y comparan con, la “generación CBGB” (que, aunque no sepáis lo que es, creedme y es algo mítico en el mundo de la música) y cuando ni Rock-Ola/Marquee consiguió dar nombre a la movida de los ochenta. Llamadme imbécil, pero si el concepto perdura (aunque sea un poco más que aquellas “hornadas irritantes”) pues yo pensare que, aunque muy tangencialmente he participado en el mundo de la música y habré cumplido otro de mis sueños de adolescente. Vamos, que una chorrada que me hace mucha, mucha ilusión.

Pero, en fin, a lo que vamos que si me entretengo pues no acabare nunca y todavía tengo cuatro meses por delante.

En abril empecé mis lecturas con una compra en inglés (traicionado así a mi librería de referencia, ya sabéis: Librería Méndez en la calle Mayor, donde se os espera con el cariño que tiene los libreros a los lectores; pero con cierto motivo/excusa por aquello del idioma). Dentro de esta compra estaba la última de la serie de Charlie Parker, The instruments of darkness, que pese a que ya no está a la altura de las primeras pues sigo leyendo con agrado por aquello de la lucha perpetua entre el bien y el mal (aunque como a mí, al escribir esto, se le vaya un poco la pinza de vez en cuando).

Solo diré que está en la media alta de las de la serie y que me ha hecho añadir a mi lista de “escritores a descubrir retrospectivamente” a John Sandford (escritor del que no tenía ni idea pero que cita como un clásico del género policiaco) y que espero descubrir si algún día me acuerdo del nombre en alguna librería.

Por supuesto, por no dejarlo en solo esto os dejo con esta reflexión sobre los políticos con la que coincido y sobre la que se podría debatir mucho: “All politicians are ambitious, and ambition is a hunger that’s never stated. It’s a cousin to desire, even addiction. We’re all prey to the former, whatever the variant, and whether it becomes a vice or a virtue depends on one principles. But politics, by its nature, requires compromise, and compromise and principles are like matter and antimatter. In the end, every politician fails someone, but the last person he wants to fail is himself.”

Ya de visita a mi librería de referencia (repito por si os he pillado despistados que es Méndez en la calle Mayor) pues me hice con la japonesa del mes (que ahora con el distanciamiento del tiempo parece que entra dentro de lo que El Pais califica como literatura comfy para el verano): Los secretos de la papeleria Shihodo.

Más que sobre los secretos de la papelería es un libro sobre la importancia de las cartas ya que todas las historias son sobre clientes que visitan la papelería y acaban – después de escoger al papel, el material de escritura y todos los adminiculo necesarios – escribiendo unas cartas que “tenían pendientes” en una zona reservada de la papelería. Si, ya el mero concepto de escribir cartas esta, a día de hoy, fuera de lugar es verdad que la idea de poder ponerte a escribirlas en un lugar público pues no sé si me aterra o me encanta. No sé, si hubiera una papelería asi por estos lares lo más probable es que si fuera a comprar pero dudo que me pusiera a escribir allí mismo (si no soy capaz de usar en público los cuadernos que me compro, como para ponerme a escribir cartas).

Se trata de historias cortas que reflejan pequeñas cosas sobre las que el visitante de turno pues quiere hablar/escribir a otros. La verdad es que todos los personajes me caen bien y con varios de ellos tengo demasiadas cosas en común (pero de forma separada con cada uno) como “Esa incapacidad de verbalizar las cosas realmente importantes es una constante en mi vida, y para colmo esas cosas que no digo me pesan para siempre.” Que tiene uno de los personajes o esa contradicción que tenemos todos al hacer cosas que hemos hecho muchas veces con seguridad, pero con posibilidad e imposibilidad al mismo tiempo y sobre las que podemos de decir “Te lo dice alguien que ha cometido el mismo error tres veces. Es imposible que me equivoque.”

Los que me conocéis habréis notado que al hablar de mi primera compra en ingles he tenido que omitir algo ya que eso de comprarme un solo libro pues no va mucho conmigo. Para los que hayáis observado esta anomalía os puedo tranquilizar, mi personalidad no ha cambiado y obviamente no compre un solo libro, sino dos y el segundo fue A fatal Grace, de otra autora a las que sigo últimamente.

He de decir que lo que mas me gusta de esta autora, que pese a haber crímenes o delitos pues todo es bastante cotidiano, como de andar por casa, es algo que  no esta en este libro donde la intriga se centra en un mas que rocambolesco asesinato con una preparación de años que no acaba de encajar en el formato de la serie, o en el formato que yo entiendo para la misma.

No quiero decir con esto que no me haya gustado. Es una novela muy correcta en la que la trama (pese a sus aspectos rocambolescos) pues se sostiene (mas o menos), con los personajes de siempre y con frases buenas como ese “When someone stabs you it’s not your fault that you fell pain.”

Pese a que pueda sonar a algo absurdo también me encanta ese dialogo en el que alguien que esta convencido de que Dios le ha habado a través de una vagabunda, ante la incredulidad de todos aquellos a los que se cómo cuenta responde: “When does a Bush that burns become a Burning Bush?” que creo que resume perfectamente la valoración de los hechos de los creyentes a la vez que ejemplifica la doble vara de medir de los mismos.

Sobre la autora de Carnicero todavía tengo mis dudas sobre si me gusta o no: la primera que leí me gusto bastante, la segunda me gusto menos y esta tercera pues no sé qué decir. Es una de esas lecturas que si fuera ficción me parecería completamente demencial: un medio que se inventa una especialidad, a la que llama ginopsiquiatria (psiquiatría de mujeres) con la que, básicamente, se justifica para torturar a mujeres en el entorno de una clínica psiquiátrica que dirige. Ya digo, algo bastante, excesivamente, demencial.

El problema es que parece que es una historia real y no de hace tanto tiempo. Y esto claro, cambia la perspectiva y hace un poco alucinante leer cosas como que “Como han demostrado estudios recientes, la llamada educación «superior» entre hembras blancas pone en peligro la cantidad de flujo sanguíneo que va del útero al cerebro, lo multiplica por diez, cosa que tiene como consecuencia probable que dicha actividad marchite los ovarios y evite que la mujer alumbre sus deberes maternales; siendo ese el caso, eran más que urgentes los experimentos rigurosamente controlados en esta rama de la fisiología.” y saber que se publicaban en revistas científicas (bueno, diría de médicos y psiquiatras por confinar un poco la tontería pero no sería justo. Anda que no se leen tonterías en revistas científicas).

Si bien lo anterior puede hacer sido superado incluso por los médicos (o por lo menos la justificación que, desgraciadamente, no la idea general de la diferencia que intenta justificar) si creo que la mayor parte de los médicos siguen anclados en esta idea de que “Un médico nunca tiene la «culpa». Los pobres desgraciados vienen para que los ayudemos como podamos, con la gracia de Dios; y si Dios no se comporta caritativamente y no les concede Su gracia, como va a ser culpa nuestra.”, en algunos casos cambiando a Dios por la naturaleza u otra fuerza inconmensurable, pero sin admitir la posibilidad de error por su parte.

Si la historia central es alucinante he de reconocer que a mí me ha alucinado todavía mas el saber de la existencia en estados unidos del concepto de siervos por contrato, concepto  simultaneo y casi idéntico a la esclavitud, pero más duradero y mucho mejor visto por diferencias que escalofrían: “La familia Weir tampoco tenía siervos por contrato, padre no creía en esa clase de esclavitud, ya que esos trabajadores no tenían derechos como ciudadanos estadounidenses y sus amos podían obligarlos a trabajar hasta el último aliento o matarlos a latigazos sin que el amo sufriera apenas consecuencias. Una diferencia esencial es que esos siervos solían ser blancos y no se consideraban posesiones, es decir, su descendencia no pertenecía a sus amos, sino a ellos.”

Ya digo, alucinante en su totalidad, pero… yo soy más de ficción que escalofría menos que algunas partes de la realidad.

Comprar una novela de Loriga es algo que durante mucho tiempo me había parecido una idiotez, una pérdida de dinero y en caso de leerla (que es realmente el fin con el que se comprar una novela, salvo en el caso de decoradores de interiores, publicistas y similares) pues una pérdida de tiempo.  Eso es lo que me parecía y tras darle una oportunidad a TIM he de reafirmarme. Sencillamente es una mierda de novela en la que ni el uso de Tim como nombre (quitándole las mayúsculas propias del acrónimo que es) le da el mas mínimo juego, es de una simpleza brutal de la que solo he podido salvar esta frase “A los monstruos nos encanta estar en grupitos porque supongo que se nota menos nuestra condición al carecer de contraste.”, que a mi entender explica uno de los graves problemas de lo que se ha convertido internet.

Se ve que tenía un día tonto en mi última visita a mi librería de referencia y eso explica, además de la compra anterior, la compra de Junto a un bosque inmenso, novela que compre solamente porque sucedía en la Georgia rusa (o ex rusa que no estoy seguro) y me pareció algo exótico ya que no creo haber leído nada de esta zona.

Es verdad que en cierta medida explica porque algunos nos empeñamos en seguir leyendo libros que no nos están gustando hasta el final “Y por eso siempre hay que leer los cuentos de hadas hasta el final, cueste lo que cueste. Para poder oír el final feliz.”, o más que el final feliz seguimos haciéndolo con la esperanza de que mejore. Sinceramente creo que debía de haber dejado este antes incluso de leer esa frase.

Pese a todo he de reconocer que me ha encantado ese “No creas que el pasado no influye sobre el futuro. La resaca de mañana es la prueba de los pecados de hoy.”, frase que voy a intentar recordar.

Hace un par de años descubrí, me descubrieron mis libreros de referencia, la editorial Sajalin con la lectura de Offut y desde entonces de vez en cuando miro a ver si hay algo que tenga buena pinta y así fue como le lleve Perla.

Como decía al principio me es dificil, tras el tiempo trascurrido entre la lectura y ahora y sin el libro delante ya que lo lei en Piles me resulta dificil emitir una opinión clara. Creo que no me gusto especialmente pese a tener alguna que otra frase buena como “… una mala hierba no es más que una planta en el lugar equivocado…”; o de incluir conceptos hidráulicos que no son estrictamente ciertos pero si aproximados como “Y si tirabas de la cadena del váter por la noche, se producía un efecto conocido como golpe de ariete, es decir, media hora de ruido estrepitoso…”

Es posible, sin embargo, que si me gustara ya que he seleccionado dos frases con las que coincido plenamente: “No es fácil tener buenas ideas cuando estas triste. Más tarde, cuando la tristeza remite, esas ideas parecen evidentes.”, y “Todas las personas tenemos un interruptor de desconexión, una marca en el cerebro a partir de la cual la información que nos transmiten los sentidos deja de ser fiable. Lo que vemos, oímos, olemos y gustamos no guarda relación con la realidad. Y, por eso, el cerebro se dispara, proponiendo explicaciones cada vez más absurda para esa avalancha de informaciones extrañas.”

Aunque ya me he referido a una de mis lecturas como la japonesa del mes, este mes ha tenido dos, siendo La casa de verano la segunda que encaja en esta categoría geográfica pero que yo he clasificado como una novela para arquitectos ya que está llena de esas valoraciones de los espacios y de la percepción de los mismos que tanto les gustan a los decoradores de exteriores que priman la forma sobre la función. Es por ello que igual uno delos personajes tenga que recordar eso de que “Las cosas que no necesitan manual de instrucciones pertenecen a una categoría superior.”, algo que cada vez se aplica menos, o menos gente o menos oficios (ahora hasta hay restaurantes donde te explican cómo debes de comer un plato)

Es verdad que me ha aclarado el origen de una frase que me encanta contraponiéndola con otra que no conocía en una camiseta “… había unas letras pequeñas blancas que decían: «Less is more». En la espalda, en la misma posición, se leía: «Less is a bore». Delante las míticas palabras de Mies Van der Rohe; detrás la respuesta irónica de Robert Venturi.”

Si el Venturi citado fuera el hidráulico pues igual le daría más peso a su respuesta, pero como es otro arquitecto me quedo con la simplicidad de la primera (aunque me quedo con la duda de a que se refiere con “en la misma posición” cuando habla de la espalda; entiendo que sería centrado que si no se complica el tema).

También me ha aclarado (el traductor) algunos sufijos para nombres del japonés del que, creo que, como todos, solo conocida el “San”, de respeto, pero no la existencia de “Kun” es para compañeros o personas más jóvenes o subordinados y “Chan” denota familiaridad. Ya ves, siempre se aprende algo nuevo (o algo que ya sabias y has olvidado que nunca se sabe).

Encontrar una reedición de Un puñado de polvo me hizo bastante ilusión y la compre (pese a estar seguro de que la tengo en casa) con la idea de incorporarla a uno de mis intercambios de libros. Sin embargo, tras leerla he de reconocer que ha envejecido mal y que no era la novela divertida que yo recordaba así que ahora tendré dos ejemplares. Esto no quita para que si reeditan Retorno (o alguna otra) no la vuelta comprar y me la vuelva a leer y sea objeto de intercambio futuro (el del próximo ya lo tengo elegido Maria de la O, que lo sepas).

El calor y el cambio de papa, fundamentalmente lo primero que me dejo sin ganas de cruzar el horno crematorio en el que al Ayuntamiento ha invertido en unas sombras demenciales que no alivian nada el calor, me hizo escoger Conclave para su relectura.

La novela se centra en las intrigas de los cardenales (incluyendo, por supuesto, un giro final de guion propio de un Best-Seller para introducir un tema marginal del que no os hare spoiler) y uno se puede dar de que “Las reglas, de varios siglos de antigüedad, ponían de manifiesto la escasa confianza mutua que se profesaban los padres de la Iglesia; era preciso orquestar una conspiración entre un mínimo se seis miembros para amañar los números.”

Sorprendentes, a la vez que un pozo incomprensible, las palabras de uno de los papales que le adjudica el autor “si alguno viene junto a mí y no odia a su padre, a su madre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos, a sus hermanos y hasta su propia vida, no puede ser discípulo mío.”

No me extrañaría que fuera algo literal ya que maestros tiene la iglesia, pero no deja de sorprender.

En fin, con esto he dado el primer paso para ponerme al día… como decían aquel en el funeral del primer miembro muerto de un trio “One down, two to go”. Pues eso, con otros números, Divertíos asaltando el castillo.

 

Lecturas

The instruments of darkness - John Connolly

Los secretos de la papeleria Shihodo - Kenji Ueda

A fatal Grace - Louise Penny

Carnicero - Joyce Carol Oates

TIM - Ray Loriga

Junto a un bosque inmenso - Leo Vardiashvili

Perla - Siân Hughes

La casa de verano - Masashi Matsuie

Un puñado de polvo - Evelyn Waugh

Conclave - Robert Harris