sábado, 13 de julio de 2024

Comentario de textos Junio 2024

Hoy me he despertado con ganas de escuchar a Springsteen (dicho y hecho, por cierto) y no tengo claro si fue por una conversación que tuve el otro día sobre conciertos de estadio (conversación que surgió tras una reunión de trabajo y en la que resulto que de las cinco personas que estábamos reunidas, dos habían ido a ver a Luis Miguel e incluso uno había pagado quinientos euros por entrada, algo que me sorprendió mucho ya que era gente básicamente más joven que yo, como no podía ser de otra forma, ya que mayores que yo trabajando pues quedan pocos) o porque andaba yo pensando en que este mes se han cumplido un par de mis sueños de infancia / adolescencia y por lo tanto era inevitable recordar esa parte de The River de “Is a dream a lie if it don't come true? Or is it something worse?” que tantas veces he cantado (por llamar algo a lo que yo hago cuando creo que canto) pero que aquí tenéis en directo en fechas similares a cuando yo la vi en directo.

Pues si, como decía este mes he cumplido uno de esos sueños pequeños: he conseguido algo que siempre había pensado imposible, fuera del alcance de cualquier ser humano normal (o por lo menos normal según mi definición) y he conseguido terminarme una bolsa de zanahorias sin que ninguna se me pusiera mala (luego he intentado repetir con una segunda bolsa e, inevitablemente, he fracasado como debe ser). Pero es que también puedo considerar que se ha cumplido uno de mis grandes sueños de la adolescencia, ni más ni menos que un proyecto en el que participo salga en las páginas del New Musical Express (el NME, que para algunas era una institución que íbamos a adquirir, cuando podíamos, al quiosco de Alonso Martinez – uno de los pocos que lo vendía en el Madrid de los ochenta – para seguir las novedades musicales), que con la excusa de un festival pues saca al Wurlitzer en sus páginas (https://www.nme.com/features/music-features/mad-cool-2024-madrid-3767184) como sitio al que ir para escuchar musica.

Ya, ya os veo diciendo el primer sueño es una auténtica chorrada y que vosotros lo conseguís siempre que compráis zanahorias; y también es veo pensado que el segundo está muy lejos de la idea original del sueño (que, ni que decir tiene, seria haber salido como banda destacada y, porque los sueños lo permiten, en la portada o con un especial de varias páginas). Vale, puede, pero cada uno tiene sus sueños y ahora creo que el que me queda por cumplir es conseguir acabarme un boli bic (escribiendo, no habiendo garabatos, aunque me conformaría con conseguirlo de esa manera). En cualquier caso, volviendo a Bruce: “Now all the things that seemed so important, well mister they vanished tight into the air. Now I just act like I don’t remember…” 

Así, que, tras esta reflexión, pues al tema de los libros.

Empecé mis lecturas (ni que decir tiene que mercadas en la librería de referencia – no digo ya mía, porque espero que sea también la vuestra – Méndez de la calle mayor aunque este mes, por aquello de ser la feria del libro pues también compre algunas en su caseta y en la de otra editorial) con La revelación, que no es ni buena, ni mala pero que tiene cierto interés como parodia / crónica de la política americana actual (o reciente, debería decir).

Siempre se aprenden cosas como porque las elecciones son en un martes de noviembre, después del primer domingo: “resulta que los padres fundadores tenían una idea en mente: en noviembre, la cosecha del otoño ya se había recogido, pero el tiempo todavía era lo bastante bueno para viajar. Y como algunos tenían que desplazarse para participar, no podían hacerlo en lunes, porque la gente no iba a viajar en Sabbat, y tampoco podía ser el 1 de noviembre, porque es Todos los Santos, y así hasta llegar a esto.”

O incluso más curioso: “un apunte: la expresión «América primero» no es lo mismo que «sueño americano». Las ideas detrás de la primera frase se remontan a Thomas Jefferson y su relación con otros países. La frase del sueño se acuño en 1931 como critica a la riqueza individual y pretendía alentar a un regreso a la igualdad y a la riqueza del país por encima de la de los individuos. A los progresistas les parecía que era antidemocrático ser millonario. El significado de la expresión se metamorfoseo en la de cada de los cincuenta; el sueño americano paso a ser un símbolo y una visión del éxito y la prosperidad, y lo vendimos son solo internamente, sino por todo el mundo.” cuyo origen – casi comunista, o por lo menos, socialista – según la autora (matizo, aunque sospecho cierto) queda muy lejos de la visión actual del éxito por el individualismo que significa. ¡qué gran problema es este de la resignificación de los eslóganes o de las palabras, por no hablar de la aritmética de las puntuaciones de los exámenes donde se puede aprobar con cuatro y se puede llegar a sacar un 14 (todo eso sobre diez).

Solo puedo considerar que es aplicable (en este caso y en general) ese dialogo que suscribo plenamente: “Quizá esta gente es idiota. ¿Por qué nadie hace bien su puto trabajo? – Lo que quieres decir es por qué nadie hace su trabajo tal y como lo harías tú. – Es lo que he dicho.” que no deja de ser una versión larga del clásico “hay dos formas de hacer el trabajo: la mía y la equivocada.” Que desgraciadamente las paredes del Wurlitzer ya se saben de memoria y en la que lo único que no es cierto es que haya dos, desgraciadamente el segundo grupo incluye demasiadas variaciones, unas sutiles y otras, simplemente, descabelladas

El libro también me ha recordado que dentro de nada (en 2026) estados unidos cumplirá doscientos cincuenta años (desde la independencia) que, si bien es una cifra ridícula, he de reconocer que me acojona un poco ya que recuerdo cuando fue el bicentenario (que nos acabábamos de mudar a Nicasio) y me asusta pensar que ya han pasado cincuenta años de esos recuerdos. En fin, cosas que pasan; la alternativa habría sido peor.

Mi siguiente lectura fue La Colonia, una curiosa historia que pasa en una pequeña (mínima) isla de la costa irlandesa en la que coinciden por una parte un pintor inglés y un lingüista francés que quiere preservar el habla de la isla (por ser un irlandés puro, sin contaminación lingüística del inglés) sobre todo del inglés (el habla irlandés y parece que no contamina; ya sabéis, en general las actividades que a uno le interesan no contaminan tanto como las de los demás y así a algunos les parece normal que “la esfera de las vegas” consuma 28.000 Kwh pero les preocupa que otro – nunca el – no desenchufe un adaptador de móvil en su casa; pero no hablemos de cinismo que todos tenemos nuestras cosas y nos liamos).

El caso es que como dicen los habitantes de la isla, unos a favor del inglés y otros a favor del francés, pero todos preocupados porque “Dos (foráneos) es más de lo que podemos manejar”, aunque en el descargo de los aborígenes de esta isla, a diferencia de muchos otros que se quejan de los turistas, ellos no abandonan nunca su isla por lo que nunca son foráneos.

Entretenida pero un poco prototípica (con su artista local por descubrir al que luego traicionara el inglés y sus romances dobles) pero sin la gracia necesaria para llegar a ser buena.

Compre Sé mía por mi mala memoria ya que ya había leído otra novela del autor y no me había gustado (a punto de dejarla a medias que estuve, he comprobado en entradas anteriores) y si me hubiera acordado no la habría comprado. Esta también tuve la tentación de dejarla en varios momentos de la lectura pero, a diferencia de la anterior, cada vez que iba a dejarla aparecía una frase más o menos interesante como “Aunque también es cierto que los expertos en suicidio son, en su mayoría, personas que no han conseguido llevarlos a cabo.” que no puede más que recordarme a esa canción de GlutamatoYe-Ye, ya sabéis… y a la que podría cambiársele el nombre a “el experto”:

Por supuesto coincido plenamente con ese “en casi todos los sentidos, la medicina no es una ciencia ni un arte, sino una masonería gremial que se remonta a la magia negra y la nigromancia.”, más y más, cuantos más médicos visito; y por supuesto desde un agnosticismo total con ese refrán (sabiduría eterna, lo llama el autor) de “… es sabiduría eterna que dice que, si quieres hacer reír a Dios a carcajadas, solo tienes que contarle tus planes”

Aunque viendo como cada día me cuesta más seguir algunas de las historias que me cuentan adolescentes (y los que no lo son) también me encuentro preguntándome “¿Qué clase de persona podemos decir que somos si carecemos de la capacidad de hilvanar una narración personal coherente?”; si, mi vanidad me hace pensar – en contra de todo lo que escribo aquí y lo que cuento de viva voz – que tengo cierta coherencia. Cosas de la vanidad.

En cualquier caso, la mejor frase del libro parece ser una cita: “cuando un entrevistador le pregunto al poeta Philip Larkin: «¿Cree que podría haber sido más feliz en la vida?», este respondió «No, no sin ser otra persona». Así pues, por término medio, diría que he sido feliz.”, que suscribo plenamente ya que si, ser uno mismo es una limitación a la felicidad y a todos, alguna vez o en algunos casos nos gustaría ser otro (ese que usa los cuadernos que se compra o el que tiene las cosas ordenadas) pero ser otro no mejoraría nuestra felicidad ya que como decía K. Dick (parafraseando al vendedor de Total Recall) “¿Qué es lo que ha sido igual en todas sus vacaciones? Usted, no le gustaría tomarse unas vacaciones de sí mismo”,

Mi paseo anual por la feria del libro fue poco productivo en cuanto a compras de cosas “especiales” y solo me lleve Bastardo, que es una novela turca que el de la editorial pensó que era una buena idea intentar venderme como una versión turca de Menos que cero; algo que, a él, desconocedor de mi relación, cuando menos dudosa, con ese libro, le sonaba muy bien, pero que yo compre por la portada. Sinceramente no creo que tenga nada que ver, salvo que los personajes de ambos libros son niños ricos, pero son ricos de forma muy distinta y si con los personajes de Easton Ellis, yo me podía identificar en los ochenta, la verdad es que con estos – que son unos vividores bastante arrastrados – pues para nada.

La mayor curiosidad del libro – que tampoco tiene especial interés – es enterarme de que un tal Romain Gary gano dos veces el premio Goncourt, eso sí, la segunda con un seudónimo (Emile Ajar) y aunque creo que no he leído a ninguno de los dos me han gustado las dos últimas frases de su nota de suicido “Me lo he pasado muy bien, gracias. Hasta pronto.”, como el que se marcha a tiempo de una fiesta para no molestar.

Como contrapartida me sorprende (creo que no la ha pensado lo suficiente) una frase en concreto “He aquí la teoría de los maricas – dijo Cenk - ¡Decir que un homófobo es un homosexual encubierto es como decir que una nazi es un judío encubierto!”, que he de reconocer que por una parte me suena excesivamente antigua y en la que no veo la analogía, pero igual existe y tiene sentido aparte del obviamente homófobo.

Obviamente Como si fuera un rio era una novela a comprar (ya sabéis que yo pico en todos los títulos con referencias hídricas o hidráulicas u similares) pero aparte de esta referencia a la vida como un rio (que no puede ser mas obvia , por mucho que aquí se ponga en boca de un indio, americano, no de la india) es una novela bastante floja que podría clasificarse como “folletinesca” con su drama de romance maldito entre una cultivadora de melocotones (fuera del estado de Georgia, que es de donde deben de ser los melocotones; vamos la Murcia americana en este sentido y supongo que también en el de marco incomparable, por lo menos incomparablemente racista según tengo entendido) pero sin nada más, ni una frase lo suficientemente buena para destacarla.

A cambio mi otra compra en la caseta de los Méndez, Las Fieras, que es una novela con dos protagonistas femeninas en el país vasco de finales de los ochenta (obviamente una de ellas terrorista famosa de ETA) sin tener tampoco nada destacable y ser también bastante folletín (con sus romances trágicos) pues si me ha interesado un poco más. Sera porque es una historia, una época o unos protagonistas quiero decir, que me pueden resultar más cercanos y en los que incluso puedo ver a algunas personas reflejadas. Pero vamos, que tampoco fue un acierto.

Aunque la quería haber comprado en la feria, A Santa Compaña, estaba “agotada” en Méndez e incluso ese día en Tusquets lo que me lleno de alegría por motivos que aún no puedo revelar, pero me cabreo un poco ya que me apetecía leérmela ya que la primera de la serie me había gustado mucho. Esta nueva entrega me ha parecido un poco más floja que la primera, pero, con todo, de las mejores que he leído este mes.

Aparte de la curiosidad de que salen monjas clarisas – no las que tanto entretenimiento nos han dado estos meses desde Belorado y a las que he perdido la pista informativa sin saber el final, que seguramente habrían tenido alguna mención si el timing hubiera acompañado – resulta muy curioso que Gonzalo de Berceo acabe teniendo unos “zapatos de gamuza azul”, entiendo que como una referencia que casi seguro alguien ha tenido de indicarle al autor que, me temo, la desconoce.

La otra gran curiosidad, para mí que de Historia Sagrada se lo justo (quiero decir poco, aunque más que muchos, pero no los justo en un su sentido religioso que, supongo, debería ser mucho más) se recoge en ese párrafo “… una crucifixión de santa LIberata, patrona de las malcasadas. La Virgo fortis, como algunos la llaman en latín. Aunque en este cuadro la santa no estaba barbada, como parece en tantos, sentí una extraña turbación al verla crucificada como un cristo femenino…”

La mejor reflexión es aquella en la que, quien más quien menos, hemos caído alguna vez (algunos siempre) “Es muy difícil creerse las culpas, no dejarse ir en frases discordantes del tipo: «Yo me acuso de que la abadesa…, yo me acuso de que el sacristán…, yo me acuso de que sóror Matilde…». Yo me acuso, en fin, de que los demás tienen la culpa.”, comportamiento que, ya digo, para algunos, es algo continuo; los demás son los culpables de todo lo que me pasa.

Una buena segunda entrega pero que no llega a la primera, mas por las bondades de la primera que por las carencias de esta segunda.

Tras una nueva visita a la calle Mayor y obviamente, una vez mas, solo por el titulo, me compre La casa del ingeniero. Es una novela que para un lector normal es floja pero que, casi seguro, para los críticos y lectores más avezados sea muy interesante por su estructura en la que en la novela se habla de otra novela que habla de otra novela que debe de ser algo difícil pero que para mí es como si se tratara de la típica gracieta esa de “un acertijo dentro de un enigma dentro de (no recuerdo que ni me importa)”.

En cualquier caso, aunque ya no sea válido por ser de otra época, me proporciona otro motivo para estar en contra de los médicos (no es que necesite más, pero… siempre se agradece) en ese “Los médicos saben mucho. Van de casa en casa y se enteran de todo. En la mía, no ha entrado nunca un médico. Si tengo algo que ocultar o no, eso no le importa a nadie.”; conocimiento, de cotillera, que si puedo aceptar tenían antes los médicos y puede que incluso hoy los médicos rurales (si es que esto existe a día de hoy, que como urbanita no tengo ni idea de cómo funciona esa parte del mundo).

Si hay una parte que me ha recordado mucho por un parte a mi sobrina Alicia a la que veo muy capaz de hacer algo parecido, es “Una niña de nueve años «una perfecta dama», entrego su cuaderno de deberes, en el que figuraban varios ejercicios de sumas, con la resolución de una sola suma y el siguiente comentario: «Las demás se hacen de la misma manera» y por otra parte a mi examen del segundo parcial de Métodos (Métodos matemáticos y de las técnicas creo que se llamaba esa asignatura de segundo de Caminos) en el que solo tenía que sacar once puntos sobre treinta para compensar (había sacado veintinueve, sobre treinta, en el primero) y que era tan repetitivo que cuando “calcule” que ya tenía los once necesarios, con cierto margen de error, pues escribí algo así como “…aquí lo dejo… el resto es igual… me aburro y ya tengo los puntos necesarios”. Pues sí, si os estabais preguntando como acabo, pues saque los puntos suficientes, y tan ricamente: Métodos aprobado por parciales.

Tras esto empecé – atención al verbo – El evangelio según Yong Sheng, que podría parecer prometedora por tratar de evangelizadores cristianos en china a principios del siglo XX pero que tras varios atascos, incluso desmayos de aburrimiento, no he conseguido terminarme, dejándola definitivamente a la mitad tras doscientas páginas sin prácticamente interés. Lo único interesante de esas doscientas páginas es que “La calle HongWu, donde estaba su dormitorio, era una calle llana que, antes de la proclamación de la Republica, se llamaba LujiKang, «calleja de la concubina Lu», en honor a la concubina favorita del emperador Jiaquing, de la dinastía QuIng, que había vivido en ella. También la llamaban «calleja de la Joven Belleza».”, que, eso de la concubina, pues me parece un motivo tan bueno para nombrar una calle como otro cualquiera, e incluso mejor que muchos.

Llegados a este punto – a solo una lectura, relectura realmente , de terminar el post – y viendo que he clasificado varias, o muchas, de mis lecturas como flojas (o peor) debe volver a recordar que llevo algún tiempo a régimen por lo que es posible – quiero pensar que no – que esto ha influido, negativamente, en mis opiniones de este mes (y de los anteriores, tal vez) y que no todo es culpa de las novelas, y sus escritores respectivos, sino que parte es achacable a mi mal carácter por el régimen. Es bastante probable ya que estoy un poco (o un poco mas) insoportable últimamente, enfadica y gruñón como siempre, pero en versión extendida.

En cualquier caso, mi última lectura ha sido Pompeya que no solo es una relectura ya que la leí hace muchos años, sino que la he comprado para regalar a Zarandieta, un amigo al que han operado dos veces de la cadera (una inevitable y la segunda pues discutible si por mala praxis del médico o por la famosa negligencia de los pacientes), que ahora está en proceso de reconversión en ingeniero de aguas (transición que podemos dar por concluida y esperamos irreversible) al que al parecer le gustan las historias de Roma y al que tengo tendencia a regalarle libros por sus cumpleaños.

Si os preguntáis porque este libro en concreto, hacéis bien aunque, por lo contado, parece claro que va sobre un ingeniero de aguas en la antigua roma (en Pompeya, incluso) y es de los pocos Best-Sellers en los que la ingeniería y un ingeniería en concreto es el protagonista. En el que se dice que “Los senadores podrían soñar con imperios; los soldados, con conquistas; pero eran los ingenieros quienes tendían las calzadas y los acueductos, los que construían todo eso y proporcionaban a Roma su alcance universal.”

También se aportan curiosidades como “De una lavandería vecina, ante la que había varios recipientes para que la gente orinara en ellos, salía un hedor a orines (nada limpiaba mejor la ropa que la orina humana).”, que recomiendo como producto de limpieza, al menos solo; o como “Él prefería la regla de Varro, según la cual el número de invitados a una mesa no debía ser inferior al de las Gracias (tres) ni superar al de las Musas (nueve).”, que parece un buen consejo de protocolo.

Si bien resulta curioso que se diga que “Así ocurría en aquellos días en la bahía: los cocineros eran más famosos que las gentes a quienes alimentaban.”, algo que es muy moderno – la fama de los cocineros – y que uno no esperaría de Roma; resulta menos sorprendente que ya en aquel momento la obra civil fuera un pozo de corrupción a todos los niveles “Los acueductos siempre habían dado lugar a corruptelas: los agricultores se conectaban a la canalización principal cuando esta cruzaba sus tierras; los ciudadanos añadían una tubería aquí y otra allá y pagaban a los inspectores para que hicieran la vista gorda; los trabajos públicos se concedían a contratistas privados que presentaban facturas por obras nunca realizadas; los materiales se extraviaban.”, problemas que se mantienen a día de hoy; o como empiezan las mismas en los proyectos desde los políticos “La generosidad de Ampliato empezaba a incomodar al ingeniero. Primero, llegaban los regalos; luego los regalos se convertían en un préstamo; y por último, el préstamo en una deuda imposible de saldar” (Ampliato es el polito de turno) y como lo que era cierto para Roma lo sigue siendo hoy en día: “El ingeniero nunca había tenido nada que ver con todo aquello. No obstante, no resultaba fácil encontrar un hombre honrado en Roma; un hombre honrado era un estúpido.”

Por supuesto también hay curiosidades ingenieriles que a nadie importan (salvo a los ingenieros) como “… pero los acueductos, que debían mantener una inclinación equivalente al grosor de un dedo cada cien menos – mas, y el caudal resquebrajaría las paredes; menos, y el agua se estancaría – , estaban obligados a seguir las ondulaciones del terreno” o como “Cuatro regulares montones de grava estaban dispuestos alrededor de un muro circular de ladrillo, alto como la cintura de un hombre. Se trataba de un tanque de sedimentación. Sabía que al menos había una docena como aquel a lo largo del Augusta – uno cada cinco kilómetros, según la recomendación de Vitrubio –, lugares donde el agua era obligada a reducir su velocidad para recoger las impurezas que pudiera arrastrar una vez se hubieran depositado en el fondo.”, que para un converso reciente a la ingeniería de aguas deberían tener interés para conocer que (casi) todo ya estaba inventado y que el método más importante en ingeniería es el de Cauchy (si, ese, el de las aproximaciones sucesivas; eso es la ingeniería). Un libro que todo ingeniero de aguas debería leer, no digo mas.

Pues hasta aquí hemos llegado, así que sin nada más que añadir, pero con hambre y con el mal humor correspondiente a estar a régimen solo puedo deciros ¡Divertíos asaltando el castillo!

 

Lecturas

La revelación - A.M. Homes

La colonia - Audrey Magee

Sé mía - Richard Ford

Bastardo - Hakan Günday

Como si fuera un rio - Shelley Read

Las fieras - Clara Usón

La Santa Compaña - Lorenzo G. Acebedo

La novela olvidada en la casa del ingeniero - Soledad Puértolas

El evangelio según Yong Sheng - Dai Sijie

Pompeya - Robert Harris

domingo, 9 de junio de 2024

Comentario de textos - Mayo 2024 (entrada 150)

Nota previa: pues sin saberlo (me he enterado al darle a "crear entrada") parece que estoy de aniversario y que esta en mi entrada 150...  ciento cincuenta entradas y todavía no he cumplido, ni me he acercado, al objetivo inicial de este blog. Así de desastre soy, aunque la verdad es que esto del blog de libros, pues ni tan mal... pero... es el momento de decir que volveré a intentar reconducir mis textos hacia ese objetivo... (Por supuesto la palabra clave en esa frase es "intentar").

Creo que cada ve entiendo menos el mundo en el que vivo (estoy casi seguro de que ya he empezado alguna otra vez de una forma parecida, pero es que: cada vez entiendo menos) o lo que es lo mismo cada vez me sorprenden más algunas de las noticias que leo y de los comportamientos que veo en (los que se supone son) mis contemporáneos. Tantas noticias y cosas raras leo que estoy empezando a considerar necesario volverme un psicópata, no, no para ir asesinando (diezmando) a mis contemporáneos sino para dedicarme a escribirlas en una agenda en público, algo que (para mi) es incluso más psicópata que eso de ir diezmando la población, ya que cuando llego a esta hoja (bueno, pantalla) en blanco soy consciente de que se me han olvidado muchas de esas cosas tan marcianas que me gustaría comentar.

¿Cómo cuales, igual os preguntáis? Pues aparte del todo lo relacionado con la política española (la escasez de argumentos, la necesidad de “comprar el paquete completo” de todo lo que hace tu bando, el revival del género epistolar y… en fin, podría seguir) o la no española (en serio, elegir entre Trump, un tipo condenado por varios asuntillos, o Biden que a veces parece que no resistiría la emoción de ganar a su edad; incluso Milei y la extravagante pelea con los ministros españoles; o el preocupante ascenso de los nacionalismos en un organismo internacional, por no hablar de la extrema derecha ), y obviando cosas como el cisma de las monjas de Belorado, que he de reconocer me parece de lo más entretenido de estos últimos tiempos, yo destacaría cosas como: que en el acto de celebración del Dia-D los paracaidistas ingleses que participaron tuvieran que pasar por la aduana (y que los franceses facilitaran estas imágenes), o en un tono más dramático (dejando claro que no tomo partido por ninguno de los dos bandos, que para mí ambos son susceptibles de quedarse sin estado y ninguno de los dos tiene mi respecto) casi cualquier noticia sobre el tema Gaza/Israel y, especialmente las lecturas sobre las mismas me conturba, me conturba mucho. No hablo tanto de los hechos, como de las lecturas: Israel hace una operación en la que ataca dos edificios concretos y rescata a cuatro rehenes (matando a cerca de 200 palestinos, no me olvido) pero es correcta la lectura de “Israel vuelve a atacar un campo de refugiados, ¿vale olvidarse de que era en ese campo de refugiados, y en esos dos edificios concretos, donde estaban los rehenes? No lo sé, igual que tampoco estoy seguro de que si según las propias estadísticas del ministerio de salud Gazati el porcentaje de “víctimas inocentes” (esto con comillas muy grandes, ya que este concepto recoge todas las mujeres y niños, dando a entender que todas las mujeres son “inocentes” y, claro, todos los hombres “culpables”; además de contar con la indefinición de niños, que no estoy seguro de que este claro que es un niño y que un hombre) se ha reducido de estar por encima del 60% al inicio de la guerra (cifra que, sospecho, reflejaba la composición de la población) a esta por debajo del 40% (en abril, último dato confirma por AP) pues se puede hablar de que cada vez es “más indiscriminada” la matanza de “víctimas inocentes”. Que quede claro, aunque los dos comentarios que hago apunten en la misma dirección, que yo estoy en contra de ambos, del comportamiento de ambos (o de sus líderes y de los que los apoyan) y todo esto me parece una salvajada sin nombre. Lo único que quiero decir esque me conturban mucho algunas valoraciones: las más partidistas, esas que obvian parte de los hechos, especialmente esas que me suenan a estar de parte de los Jedis (que aunque todos estemos a favor, más que nada porque no se puede estar a favor del Imperio, que es claramente nazi, no dejan de ser una secta con extrañas creencias y rituales) o que no se dan cuenta de que en la primera película de Indiana Jones, las acciones de Indiana pues no cambian nada en la historia como conjunto (si, Indiana no hubiera intervenido el resultado global – desde el punto de vista de la historia – habría sido el mismo: los nazis habrían abierto el arca de la alianza y todos habrían muerto) son totalmente apriorísticas, sin ninguna reflexión sobre la totalidad. Ya veis, este son el tipo de cosas que me inquietan, pero como pese a comprar cuadernos como un psicópata todavía no me decido a usarlos en público (ni en privado) pues muchas de estas inquietudes no os las puedo transmitir. Así que, pasemos a las lecturas de este mes que, debido a mi estado anímico de semi-convaleciente, pues han sido bastantes.

Mi plan para el primer fin de semana de mayo era marcharme a Piles por lo que me había abastecido de lecturas (si, como no, en mi librería de referencia, Méndez en la calle mayor que espero, aunque nunca coincidimos, que sigáis visitando periódicamente) y ya tenía el coche alquilado cuando me llamo la secretaria de “mi cirujana” para ver si me quería operar justo antes del puente por lo que tuve que suspender mi viaje (este y el de San Isidro, que también pensaba marcharme). Pese a tener lecturas acaparadas ese fin de semana ya estaba disponible (para allegados y por canales no oficiales) la nueva novela de Rafa, Cualquier cosa pequeña, e incluso había plan de subir a Cercedilla para que nos fueran entregadas por el autor en persona. La verdad es que yo no estaba de humor para subir a por mí copia, pero me la hicieron llegar por lo que obviamente se convirtió en mi primera lectura del mes. Es muy probable (seguro) que mi lectura de esta novela estuviera bastante influida por mi estado general (lamentable) tras mi intervención por lo que mi opinión sobre la misma pues no es para tenerla en cuenta, pero os la contare de todos modos. Es buena pero no está a la altura de otras de Rafa, a mí no me ha convencido… en parte porque, aunque Rafa diga que no conoce la serie de “la casa de la ciénaga” (ya sabéis, esa cuyos títulos son animales adjetivados), la verdad es que me la ha recordado mucho (si bien hay diferencias ya que aquí los espías no han sido relegados a este departamento por una, o más, torpezas históricas) y, bueno, eso es siempre un hándicap. Tampoco me ha convencido, más bien me ha confundido, el excesivo uso de arcaísmos del lenguaje (al parecer para conformar un lenguaje propio, e incluso una gastronomía propia) que afortunadamente he notado menos que en su versión en borrador. En cualquier caso, e incluso estando convaleciente y dolorido, es una buena novela y tiene a) las típicas cosas geniales de Rafa (me niego a escribir el autor) como esa sobre la edad de las mujeres “Las jóvenes ya no eran para él más que borradores de mujeres, prefería esperar a que estuvieran pasadas a limpio, después de los cuarenta, en edición corregida y aumentada.” con la que coincido, no estoy seguro de si por voluntad o por imposición de la edad y b) el típico “error numérico” propio de filólogo en el que una laguna se convierte en poco más que un estanque, o ligeramente superior a un charco grande, con una profundidad media de poco más de un metro (algo más leve que el propio de ese artista conceptual del que, ya, si eso, os hablo otro día para el que una pizza de 1 metro cuadrado era aquella que medía 50 x50 centímetros). NI que decir tiene que estáis tardando en comprar un ejemplar para leer y otros cuantos, para regalar, en cumpleaños, bodas, bautizos, comuniones o simplemente porque sí.

Todavía bastante dolorido escogí, entre mis compras, la más larga: El pacto del agua, una novela que sabía (por la contraportada) que era una saga familiar en el sur de la India y que, obviamente, había escogido por el título que ya sabéis que yo pico en todas las novelas que parecen tener relación con temas hídricos, y la India con sus monzones y sus sequias pues parecía que podría dar juego en este sentido. Pues, para nada. Se trata de una saga familiar pero unida con médicos y una posible enfermedad o maldición que hace que al menos un hombre de cada generación pues muera ahogado. Vamos, una chorrada que encima está salpicada de términos médicos y de médicos en sí mismo, algo a lo que tampoco estaba yo muy receptivo en esos momentos.

El único dato (en caso de ser un dato) relacionado con temas hidráulicos que creo que hay (de temas no hidráulicos o hídricos que la provincia de Kerala fuera el primer gobierno comunista elegido democráticamente en el mundo es algo que desconocía completamente) es ese “Nosotros, los brahmanes, creemos que el océano está contaminado, por lo que trasladarse por mar a un país extranjero corrompe el alma y uno queda condenado para toda la eternidad…”, creencia tan tonta como cualquier otra (sobretodo situada antes de principios del siglo diecinueve, cuando el mar tampoco estaba tan contaminado) pero que en caso de que se extendiera a mas religiones haría aconsejable mudarse a una isla y evitar en la medida de lo posible que te alcancen estos maestros con sus simplezas como la que da título a este libro: “El agua en la que entré apenas unos minutos antes se ha ido hace mucho tiempo y, sin embargo, sigue allí, con el pasado y el presente u el futuro entrelazados inexorablemente, como si el tiempo mismo se hubiera encarnado. Ese es el pacto del agua: que todos están ineludiblemente unidos por sus actos de acción y omisión, y que nadie está solo.” Una total chorrada.

Pese a ser una novela bastante aburrida, sin especial interés, si me ha gustado mucho eso de “Entiende que él escucha como otros hablan, que hay elocuencia en esa clase de atención tan poco común que el prodiga con generosidad. Es la única persona que conoce que utiliza los dos oídos en esa proporción exacta: los oídos el doble que la boca…”, algo que me gustaría practicar, creo que todos debemos ajustar esta proporción.

He de reconocer que además de los términos hídricos e hidráulicos, la presencia de cualquier variante de Nueva York en el titulo me tiene ganado y seguramente haga que compre el libro, incluso si como en este caso incluye a uno de los personajes cuyo comportamiento menos comprendo y sobre el que me inquieta que pueda ser un referente positivo para algunas personas, pero como no sabía si la referencia al personaje sería positiva o negativa pues empecé con la lectura de Bartleby y yo. Retratos de Nueva York. Lo primero que debería decir que me siento un poco estafado por el subtítulo (ese “retratos”) que parece indicar que se tratara de muchos, cuando realmente son básicamente tres: un escritor de obituarios del New York Times, un propietario de un edificio en el Upper East Side y Frank Sinatra. Digo básicamente porque de la que habla de estos pues habla de otros, bien porque están relacionados con el principal o porque (en el caso de Sinatra) pues no le hace ni caso y no consigue entrevistarle.

La verdad es que los tres temas son interesantes pero lo más sorprendente es lo bien pagados que estaban en aquel momento los artículos, o por lo menos, la cantidad de tiempo que se Talese podía dedicar a ellos a gastos pagados, invirtiendo casi un mes (cuatro semanas) para un artículo no especialmente conflictivo.

Lo que hace interesante estos “retratos” es como la atención de cada uno de ellos va variando del sujeto principal a personajes o temas secundarios (vamos, como divaga completamente, de vez en cuando) lo que hace que de vez en cuando pues deje informaciones cuando menos curiosas sobre, por ejemplo, los andamios de NYC que (sobre 2017) son un negocio de más de un billón de dólares (no queda claro si billón americano o billón de aquí), que representan 450 kilómetros de acera (mucho parece) y que en 2013 se pintaron de verde para “armonizar cromáticamente” con una campaña de arbolado (queda abierto al debate porque ahora, en gran parte,  son azules ¿se debe a que la ciudad se está hundiendo y que ahora quiere armonizar con ambos ríos? aunque en ese caso igual un marroncillo claro sería más adecuado o es para que parezca que hay más policía, o vete a saber; queda la duda).

Razonablemente recuperado de mi intervención (ya sin drenaje y sin puntos) quede con mi amiga Maria de la O para hacer otro intercambio de libros, del que me lleve Mugre Rosa, que no es un gran título todo sea dicho y que pese a que en el imaginario colectivo convencional el rosa es un color difícilmente asociable a la mugre (casi incompatible para muchos) la verdad es que para los que disfrutamos de una adolescencia en los ochenta el rosa neón, verdaderamente sucio y lleno de mugre, es un color que forma parte de nuestros despertares acompañados tras alguna noche complicada. Igual por eso se me escapan algunas de las ironías del libro, o la metáfora poderosísima que es (según la contraportada) todo el libro, igual mis códigos culturales son diferentes y leer cosas como “… llegaría un momento, si es que no había llegado ya, ningún animal en el mar que no fuera una mutación.”  no solo me pone nervioso, casi en modo Goebbels, si no que me tiene por me hace levantarme y gritar “pues claro que ha llegado ya, pues claro, todo son mutaciones, una mutación constante… que idea es esta, ¿una crítica a la mutación o solo a los GMO pero solapada? De verdad, ¿en serio? ¿alguien está en contra del Golden Rice y prefiere la ceguera infantil? Seamos serios.” Libros con ideas así, solapadas en el texto, me atacan los nervios si es que las noto (que a veces ni las noto, pero igual todavía estaba sensible).

En mi siguiente lectura, Los amigos de mi vida, los protagonistas son libios, jóvenes libios que viven en el exilio en Londres (en un Londres distinto del marginal de los árabes, que estos son libios de dineros) y la verdad es que pese a que esto pueda resultar una cosa lejana pues la novela me ha gustado, incluso bastante. Por una parte, me ha resultado educativa (a mi casi todas las novelas me educan ya que mi cultura general tiene lagunas enciclopédicas) y no tenía ni idea de que, en 1984, desde la embajada de Libia en Londres habían disparado a manifestantes hiriendo a varios (entre ellos una policía) sin que pasara nada especial.

Curiosamente, en una parte (que marque antes de empezar a escribir pero que no recordaba antes) hay un dialogo que enlaza con el principio de esta entrada “recordé sus palabras: «Me he resignado a captar que vivo en un mundo de insensatos…»  recode lo feliz que me hicieron entonces y como más adelante resonaron en las palabras de mi padre, cuando hablamos del tiroteo y me dijo «La cuestión es, hijo mío – y sin duda siempre es la cuestión más importante –, como escapar de las exigencias de los insensatos.» La insólita simetría de ambas afirmaciones me impacto poderosamente.” mira tú, que a mí también y también coincido en cuál es la cuestión más importante, aunque todavía no me resigne a aceptar este mundo de insensatos.

Como lector de poca movilidad que soy me ha encantado leer eso de “… como si lo que en el fondo le incomodaba no fuera ver muchos libros, sino la estabilidad que entraña adquirirlos. Leer te exige estar quieto. Lo mismo que la escritura.” Y también esto otro “…pedimos a los escritores lo que pedimos a nuestros amigos más íntimos: que nos ayuden a canalizar e interpretar el mundo.” En ambas cosas creo que tiene razón.

Un mayo funesto, es la quinta entrega de la serie de meses del escritor escoces al que de momento sigo considerando como uno de los grandes escritores de novela negra actual (y eso sin conocer ni Glasgow ni Edimburgo, o igual por eso mismo, que por no conocerlos me resultan creíbles sus historias). En esta entrega la historia tiene un punto de complejidad, de duda sobre que está sucediendo, que le aporta un toque bastante interesante (no os cuento más para no hacer spoiler, y si recomendara libros os diría un leedla, pero... no digo más, que decía aquel). Respecto a la suspensión de la incredulidad (una cualidad que, para mí y a veces, deben tener desde los trucos de magia, hasta los libros) en este caso queda reflejada en “Hacia años que no veía a nadie beber laca con leche. No desde los días más oscuros de su padre. Vertías la laca en la leche y la sustancia pegajosa que sujetaba el pelo flotaba hasta la superficie. Lo apartabas y te bebías le leche, ahora mezclada con propelente o alcohol o lo que demonios hubiera en el espray.” Que igual es algo que nunca ha hecho ningún escoces alcohólico de los setenta pero que a mí me resulta perfectamente creíble, aunque me resultara increíble de un alcohólico español de los ochenta.

Por otra parte, aunque me ha hecho mucha ilusión ver escrita en un dialogo la palabra “correveidile” porque es una de esas palabras de mi infancia me sorprende mucho que el traductor o el autor (sospecho más del primero) la use como sinónimo de chivato. Esto casi me estropea todo el libro, picajoso que es uno.

Tras este nuevo escritor le tocó el turno a un verdadero clásico del género negro – más bien del pulp, pero “me abrumas con detalles” que dicen los argentinos, o que dice algún argentino conocido – y me leí La Luna en el Arroyo (de Goodis, autor que entre otras cosas – como uno de los pocos libros que salvé enteros de casa de mi abuela cuando la vendimos (los demás que tenia de pulp fueron “destrozados” para hacer unos cuadros de portadas que adornaran Piles, cualquier día – es el escritor de la serie El Fugitivo, aunque en su momento no se lo reconocieran). Pues eso, un clásico del género que contiene uno de los consejos más sabios que he leído (casi seguro que ya conocía pues ya lo había aplicado) para recuperar una noche perdida: “Mientras su cerebro volvía a funcionar, siguió con los ojos cerrados y se dijo que no debía pensar en el presente, ni siquiera echar un vistazo para ver donde estaba. Lo que tenía que hacer era volver al principio del camino y seguirlo muy despacio y con cuidado para llegar a donde estaba ahora.” En serio, si os pasara esto de encontraros en algún sitio y no saber cómo habéis podido llegar hasta allí haced caso al bueno de Goodis; funciona.

Mi última lectura del mes, Un inmenso azul, es la típica lectura que va contra mis principios de selección de lecturas ya que se supone que todo es cierto, que no es un libro de ficción sino un libro sobre tema, curiosidades, biografías, anécdotas y otros relacionados con el medio marino. Pero, como yo soy un marxista grouchista, de vez en cuando cambio mis principios y en este caso la referencia al medio hídrico supero al hecho de que fuera de no ficción. A veces fallas, pero otras (como esta) aciertas cambiando de principios como puedo comprobar tanto por el recuerdo que me ha dejado como por la cantidad de marcadores que he puesto mientras leía. Creo que es un nuevo record por página, y es que está lleno de curiosidades como porque la velocidad en el mar se mide en nudos, o porque la profundidad se mide en brazas y cuanto es una braza (1,80 metros, más o menos) o que se considera fondo marino (que no es el fondo, sino todo lo que se encuentra por debajo de los 300 metros, que es hasta donde llega luz) … en fin, un libro muy agradable ya que para algunos “saber que lo desconocido existe es insoportable.”

Y, para mí, al menos, no es solo lo desconocido sino lo falso, o asumido como cierto en el imaginario colectivo, como eso de que las mariposas monarcas recorren cada año la distancia hasta México y vuelven, aunque “Como la mariposa solo vive un par de meses, cada individuo no hace el viaje entero, sino que solo llega a su destino la tercera o cuarta generación.” Que también es sorprendente pero no es lo mismo que, por lo menos yo, pensaba.

También explica las diferencias entre la curiosidad perceptual y la curiosidad epistémica, algo que hace de forma breve y de forma muy comprensible (que os dejo consultéis) pero que en cierta medida encaja muy bien con ese “Quien dice «creo» en el ámbito científico comete un paralogismo. La ciencia es una actitud ante la verdad, no es la verdad es sí. La ciencia es revisión permanente, una manera de pensar y un cuestionamiento constante. Así, la ciencia es el opuesto a la convicción firme e inalterable.” Que es (la ciencia) tan parecida a la curiosidad epistémica que os contare lo que dice sobre ella “es el deseo de entender por entender. La curiosidad epistémica se ve impulsada tanto por el deseo, el placer de aprender algo nuevo, como por el miedo, la precepción insoportable de que lo desconocido sigue existiendo. Es una especie de pasión por el saber en sí, independientemente del provecho o del rendimiento que se le pueda sacar.” No me digáis que no os gustaría tener curiosidad epistémica, que más imbéciles la tuvieran.

Con todo, la mejor historia o concepto del libro es el de ese panadero escoces que, por mera curiosidad, acabo aportando la prueba que cambiaría una teoría asumida como cierta: “Durante mucho tiempo se creyó que las especies que utilizaban la fecundación interna podían descender de especies que no lo hacían, pero no al revés. SI se empezaba con penetración, se seguía así en todas las generaciones siguientes… “algo que tiene más implicaciones culturales de las que podrían abarcare en esta entrada pero que, ya, si eso, pues comentamos otro día con unas cervezas (o un vaso de leche, sin laca). Mientras tanto, pues ¡Divertíos asaltando el castillo!

 

Lecturas

Cualquier cosa pequeña - Rafael Reig

El pacto del agua - Abraham Verghese

Bartleby y yo. Retratos de Nueva York - Gay Talese

Mugre Rosa - Fernanda Trias

Los amigos de mi vida - Hisham Matar

Un mayo funesto - Alan Parks

La luna en el arroyo - David Goodis

Un inmenso azul - Patrik Svensson

 

domingo, 19 de mayo de 2024

Comentario de textos – abril 2024

Un par de semanas antes de mi intervención – en el periodo justo entre que el anestesista no le apetecía hacerla y cuando me llamo mi cirujana para decirme que si quería que me interviniera, casi ya mismo, que tenía hueco) volví a dar clases (había escrito ser profesor, pero luego me ha sonado excesivo y lo he corregido; si consigo que se repita el curso igual me vuelvo a adjudicar este título). Si, aunque hacía ya mucho tiempo que no daba clase a nadie, ni de nada (salvo mis charlas escritas cada vez que alguien me pregunta algo, en las que en lugar de contestar lo que me preguntan pues les cuento todo lo que me parece relevante, como un profesor o un anciano demente) me comprometí a dar clase durante una semana (cinco días), cuatro horas cada día (veinte horas para los que andéis perezosos) y me volví a enfrentar a intentar explicar un tema a un grupo de desconocidos (alumnos los llaman).

En este caso el tema era una parte, corta y práctica, de la Hidráulica: como hacer una línea Piezométrica de una estación depuradora, con ejemplos en Excel, que seguro que no os dice nada pero que es algo útil de saber si eres ingeniero de aguas.

Mis alumnos: siete técnicos superiores del Canal de Isabel II (CYII en corto), entre ellos: un profesor de hidráulica de una universidad (no diré que universidad por discreción); una chica que se apellidaba Osuna y que, efectivamente, era familia (lejana) de, posiblemente – como si fuera un anuncio de Carlsberg -  el mejor profesor de todos los que tuve en Caminos (excluyo al Compañero Fraile, aunque no tengo pruebas de que fuera familia del socialista al que le escribía Pablo Iglesias – el fundador del PSOE y no el otro – en una carta que tengo enmarcada en mi casa que también era un excelente profesor, casi al nivel de Osuna y también fumador, algo que  solo comento como anécdota pero… -que daba electrotecnia, una materia que sencillamente yo no he entendido nunca y que, me temo, ya no entenderé ni en esta vida ni en otra que tuviera); una chica que, tras acabar Caminos, había renunciado de forma increíble (con grandes dificultades administrativas, ya que le decían que lo que quería hacer era imposible, que nadie lo había hecho antes) a ser funcionara del ministerio de exteriores (donde tenía plaza de administrativa) para incorporarse a tareas algo más acordes a su nueva titulación; e incluso una que era bailarina profesional de danza española (con su carnet y todo).

El lugar: el aula de informática del propio CYII, en el fantástico parque que tienen encima del depósito de Santa Engracia, aula que, extravagantemente, no tenía ordenadores para los alumnos, solo uno para el profesor pero que no conseguimos hacer funcionar porque, pese a que había una clave apuntada en el propio ordenador esta no funcionaba y nadie se sabía la clave para arrancarlo (tardaron toda la semana en contactar con el departamento de informática y conseguir la supuesta clave que, he de reconocer, el ultimo día no me atreví a probar).

El desarrollo: pues entretenido y durante los tres primeros días conseguí mantener bastante bien su atención e incluso se les veía interesando, pero el jueves a mitad de la primera sesión, les perdí completamente y pese a que negaban que eso sucediera –afirmando categóricamente que seguían lo que les estaba contando – se veía claramente que ya no estaban mentalmente presentes en el curso. Puede que fuera el cansancio acumulado de tres días seguidos (casi llevábamos trece horas de clase y me pega a mí que eran supersticiosos) o puede que hiciera años que no tenían que estar concentrados entendiendo, aprendiendo, cosas durante tanto tiempo (al fin y al cabo, trabajan solo en jornada de mañana y como acertadamente me explico mi amigo Pedro – cuando trabajaba en otra institución similar con turno de mañana – “era por la mañana cuando el no trabajada, por la tarde es cuando no iba”) pero a partir de ese momento fue como si estuviera solo en el aula. Afortunadamente el viernes, que era todo práctica, les obligue a recuperar la concentración y acabamos en un buen

Los resultados: Sorprendentemente esta vez mis alumnos me han clasificado con cinco estrellas sobre cinco estrellas y al curso (pese a los evidentes problemas del aula) con más un notable alto (cuatro y medio sobre cinco). Todo un éxito de crítica y de público, ya que parece que ya hay apuntados para una repetición o igual dos. Si he usado el sorprendentemente al inicio de la frase, no es por humildad que ya se yo que soy un profesor excelente (hierático y paciente) sino porque en mi último curso en la Escuela de Organización Industrial los alumnos me puntuaron mucho menos (claro que a estos los había suspendido yo – si, a todos – antes de la evaluación y, otra cosa no, pero vengativos son todos los estudiantes, especialmente los de pago).

En general: La verdad es que una vez salvados los problemas de control de acceso – que no fueron pocos por varios provocados por los criterios variables según quien estuviera al mando del control de accesos – ha sido una experiencia muy agradable (si es que a mí lo de contar todo como si tuviera razón me gusta mucho, cosas de la vanidad) aunque he de reconocer que me sorprendió notablemente que mis alumnos, desde el primer día, se separaran por sexos, con los chicos a un lado del aula y las chicas al otro (siendo todos menos uno, al que, todo hay que decirlo, tenían un poco aislado, del mismo departamento). Hay cosas que parece que no cambian y las interacciones entre ambos bandos de la guerra de sexos eran pocas y escasas, pero, por ser justo, convivían con cordialidad, mejor que árabes e israelitas (o israelís, que ahora me entra la duda).

Aunque sobre este tema político/bélico de los árabes y los israelitas no voy a decir nada relevante (creo que ambos son unos enfermos mentales que mienten como bellacos, no solo al mundo sino a sí mismos) no puedo evitar recordar el Isarelites de  Desmond Dekker & the Aces, y solo por aquello de que creo que en el imaginario colectivo (por Malcom X y la Nación del Islam) todos pensamos que la población negra, se decanta por la fe musulmana esto no es del todo cierto ya que esta canción, de 1969, se escribió como apoyo explícito de los Rastafaris a las 12 tribus de Israel (claro que los rastafaris tenían, tienen, todo tipo de creencias extrañas en las que no tampoco entrare) y sigue siendo un tema excepcional.




En cualquier caso, esta revisión de mi trabajo como profesor me ha recordado que en mi última entrada se me olvido contaros que teníamos una porra sobre cuanto pesaría mi bulto de la espalda, o más bien cuanta pesaría la parte que me extirparan de la espalda. Es verdad que yo jugaba con algo de ventaja, no solo por ser el encargado de portar este bulto, sino, también, por mis dotes de profesor ya que en una ecografía inicial indicaban las dimensiones (medidas craneocaudal de 11 cm , transversal de 19 cm y anteroposterior de 6 cm) y se algo de geometría y densidades (que las medidas eran conocidas por otros participantes en la porra) por lo que tenía una estimación bastante decente de lo que pesaría el bulto. Aunque le conté a mi cirujana lo de la porra sobre el peso y le pedí que lo pesara solo me dio una idea aproximada: menos de medio kilo, un peso que es lo suficientemente aproximado a aquella famosa libra de carne de Shylock, aunque obviamente en mi caso este peso incluía la sangre, como para permitir esta referencia cultureta sobre mis cosas, justo antes de pasar a las lecturas de este mes, que ya va siendo hora.

La primera, McGlue, pues tenía buena pinta por aquello de que su protagonista es (según la contraportada) “un marinero rudo y canalla... en un estado de embriaguez intermitente… Es posible que haya matado a un hombre, y que ese hombre fuera si mejor amigo”. Pues ni tan mal, incluso prometía diversión con ese nihilista que también aparecía en la descripción de la contraportada. Claro que esta descripción también podía haberme hecho sospechar e incluso haberme recordado a aquello película de finales de los 90 con Rutger Hauer (el androide díscolo de Blade Runner) basada en un libro de Joseph Roth y que parecía prometedora (yo fui al cine a verla con interés) para ser un auténtico aburrimiento, francamente insoportable (aunque ganara en Venecia el León de Oro y otros cuantos premios más en otros festivales). Pues eso, este libro ha seguido, para mí, los mismos pasos que aquella película (que si estáis preguntándoos cual es, pues es La leyenda del Santo Bebedor, película que os aconsejo encarecidamente que no veáis), por muy culturetas que queráis aparentar, no merece la pena aburrirse tanto).

Mi siguiente lectura El futuro futuro, fue comentada acertadamente por mi sobrina de catorce años, Alicia, que nada más verla me dijo “eso parece un aburrimiento” y ciertamente acertó de pleno, eso es lo que es. Supongo que podrá leerse de formas intensas (ya no digo culturetas que no hay que abusar) y seguramente será una metáfora de los medios de comunicación, o de la desinformación o de alguna otra cosa pero que a mí me ha aburrido sobremanera y si la he terminado ha sido por los pelos. Eso sí, eso no quiere decir que, bajo ningún concepto, me vaya a fiar del criterio literario de mi sobrina predilecta ya que a ella – cosas de la edad – solo le interesan los romances y a ser posible con hombres lobo, vampiros, brujas pero que sucedan en la actualidad, preferentemente entre adolescentes y en el que todos sufran mucho y tengan muchos problemas. Esperemos que evolucione, aunque de momento tiene opiniones muy firmes sobre que solo lee en verano lo que hará que tarde más en descubrir cosas algo mejores, pero estoy seguro de que lo conseguirá pronto.


Tras estas dos decepciones, que no está mal para empezar un mes, pues decidí refugiarme en una novela japonesa corta (o un cuento largo que no se me la diferencia) y me leí Suzuran, la historia de una alfarera japonesa que, pues eso, no deja de ser un cuentecillo. Como siempre pues es curioso descubrir cosas de Japón, que en cierta medida lo igual al mundo occidental, aunque con alguna diferencia como eso de que “En Japón, las parejas casadas deben usar el mismo apellido. En la mayoría de los casos, la mujer toma el apellido del marido, pero en nuestro caso ha sido del revés.”, algo curioso que le da una cierta modernidad a esa sociedad frente a la nuestra en la que solo muy recientemente se puede elegir el apellido familiar.

En realidad, he de confesar que lo que más me ha sorprendido de este libro ha sido ese “Entona una vieja canción, Chocho; «Mariposa, mariposa, pósate sobre una hoja de colza. Si te cansas de es hoja, pósate sobre un cerezo»”, podría decir que, por la métrica, por el contenido, o por cualquier otra idiotez, pero para que mentir si todos basemos que lo que me ha sorprendido es que cierta palabra exista en japonés con otro significado cono el “chin-chin” nuestro allí y no precisamente por el hecho, sino por la palabra, signifique o no mariposa.

A Lorrie Moore le tengo mucho cariño desde la primera vez que leí un volumen de cuentos suyos, en los primeros ochenta y personalmente es una de mis cuentistas favoritas de esa época (y no lo digo como una cuestión de género, también está entre mis cuentistas favoritos, muy por encima de Carver y otros de ese momento), de hecho, hace algunos años le regale a mi hermana su Cuentos completo y es una de esos libros, o autora, que están en cartera para intercambiar con Maria de la O. Así que cuando vi Si este no es mi hogar, no tengo hogar (traducción que me parece un poco floja frente al título original I am Homeless If this Is Not My Home) no había ninguna duda sobre comprarlo y leerlo. Se lee bien, pero me ha resultado un poco decepcionante y me quedo con sus cuentos (sin ninguna duda, incluso a riesgo de que no hayan envejecido bien) y como dice una de mis frases favoritas del libro “La desilusión nunca me pillara desprevenida.”

En un momento del libro un personaje “había seguido un programa online de bienestar mental en el que una de cada tres preguntas pretendía de forma transparente tenderte una trampa. (1) A veces estoy triste y veo que caminar me ayuda. Sí. (2) Hablar con personas que me caen bien mejora mi estado de ánimo. Sí. (3) A veces puedo volar por la habitación, pero no se lo cuento a nadie.”, algo que así descrito parece increíble pero que me recodo mucho, mucho, a un examen psicotécnico que realice en la primera promoción de controlador de accesos (portero de garito) y en el que todas las preguntas eran básicamente de este estilo. Las preguntas, o las respuestas, eran tan obvias que resulto misterioso que alguien pudiera suspender un examen como ese. El caso es que bastante gente lo suspendió (afortunadamente supongo ya que había que ser verdaderamente necio para suspenderlo o tener graves problemas mentales, de intransigencia, y no es lo mejor para trabajar en un puesto sensible como es la puerta de un garito). Como curiosidad – sin querer aportar ninguna prueba concreta de los problemas mentales de un colectivo – os contare que de los muchos porteros que han hecho este examen para el Wurlitzer todos los vegetarianos (si, hemos tenido varios) lo han suspendido más de una vez y, añadiría, que son los únicos que lo han suspendido. Como decía aquel “no digo más”, cada uno que saque sus conclusiones basado en sus propios prejuicios.

Los alemanes, mi siguiente lectura del mes, recoge un hecho del que yo no tenía ni idea y es la llegada (en 1916) de dos barcos con seiscientos alemanes procedentes de Camerún que establecen una importante colonia alemana en Zaragoza, con sus propias fábricas y lo que es más sorprendente con su propio club de futbol, el Camerún Football Club que posteriormente se fusionaría con el otro club de la ciudad para dar lugar al Zaragoza. Claro que, para sorprendente el nombre del otro club de futbol: que no era el Zaragoza, ni el mañicos, ni algo de ese estilo, sino el Bilbao F.C. (si, parece que porque así se llamaba la calle en la que estaba el campo de futbol). Cosas locales que supongo alguna fricción crearía con los de Bilbao que en algún momento reclamarían el nombre (pero de esto no se habla en el libro).

Aparte de eta curiosidad – añadida a la curiosidad de todo el hecho de alemanes de Camerún en Zaragoza – me han gustado mucho un par de frases con las que identifico: “Gabi solo hablaba de vosotros para burlarse, como hacía con todo lo que le dolía” que creo que (burlarse del dolor, no de vosotros) es una actitud muy práctica; y cuando afirma que este mismo personaje no era “lo bastaste generoso para pasar de la caricatura a la simpatía.”, porque si hay que saber pasar de la caricatura – que esa muy bien – a la simpatía por el caricaturizado (por lo menos a veces), yo procure tener cierta simpatía con todos los comportamientos que caricaturizo, o eso me gusta creer (claro que también creo que soy hierático).

Además, he aprendido (a mi manera, esa de olvidarlo instantáneamente) como se dice que te jodan en hebrero que copio aquí en la confianza de ampliar el saber lingüístico de Alvaro (que el si lo recordara) y pueda sorprender a un par de conocidos judíos: “Lech tizdayen”, por si os interesa y queréis o tenéis oportunidad de usarlo, aunque tal y como están las cosas yo solo lo usaría en confianza.

Volviendo a los japoneses (que ya sabéis que me interesan y que un viaje que tengo pendiente) igual os sorprende saber que de los dos premios Nobel de literatura japoneses (tres si contamos a Ishiguro – y si no me equivoco – pero que para mí es ingles ya que se mudó a Inglaterra con seis años y, como dicen en mi pueblo “uno no es de donde nace, sino de donde pace”, algo que me niego a aplicarme a mí mismo que me defino como asturiano, pero es que además su novela más conocida es precisamente sobre el servicio doméstico británico) pues solo había leído a uno de ellos (si, a Oe, que aprovecho para decir que me apasiona) así que le tocaba el turno a Kawabata y su Dientes de León. Leído, a falta de leer más, he de decir que este cuento largo no me parece que justifique para nada un premio Nobel, pero lo digo desde la ignorancia y pese a que me encante su “Para mí no hay recuerdo de Ineko que me resulte fútil e insignificante, incluso cuando si lo pueda ser para otros. Porque a mí me llegara siempre como un menaje de amor. Cualquier anécdota ingenua de su infancia me llegara a los oídos como una canción de cuna. ¿no es un ejercicio de amor compartir recuerdos, no los más reveladores sino precisamente los más inanes?” que creo que es verdaderamente revelador, en cierta medida en amor consiste (entre otras muchas cosas) en querer conocer esas cosas pequeñas que han conformado a la persona amada, y viceversa: en dejar conocer esos pequeños recuerdos (los inanes que dice el Nobel, que todavía hay clases) a la persona amada (con esa idea – sin realizar – es con la que nació este blog y algún día, poco a poco, lo hare).

Curiosamente esta idea no está en contra de esa otra que también recoge de “No hay nadie que le cuente absolutamente todo a otra persona, ni siquiera a su ser amado. Eso no significa que este ocultando cosas.” Si, nos son excluyentes y creo que no tengo que explicároslo.

Por supuesto es un libro bastante japonés (aunque no del tipo japonés al que me refiero otras veces, el desquiciado) y refleja el machismo de la sociedad japonesa con ese “Quiero decir que moldees a tu esposa tu gusto. La mujer que se deja moldear es feliz. Un hombre que no sabe moldear a una mujer as gusto no es un hombre.”, que creo que podría haber firmado El Fary y también cuenta con una de esas máximas incomprensibles “Entrar en el mundo Buda es fácil. Entrar en el mundo de los demonios es difícil.” Que a saber que quiere decir exactamente pero que podría formar parte del estribillo de alguna canción de cualquier grupo moderno.

Tras alguna decepción, de la que todavía estoy recuperándome, he de decir que ya con el final de su trilogía, ese Ciudad en Ruinas, pues estoy prácticamente recuperado y vuelvo a pensar que es un gran escritor al que merece la pena seguir y que por lo menos yo voy volver a esperar sus novelas con interés. Es verdad que creo que no ha llegado al nivel, de ritmo sobre todo, de sus primeras obras pero empieza a estar cerca y frases como “Señoría, el letrado de la defensa acaba de contar literalmente el viejo chiste del niño que mata a sus padres y luego pide clemencia alegando que es huérfano”, que podría ser aplicable a la situación creada por Hamas pero mejor no entrar en esto; o esa otra de “Soy de una ciudad donde los tíos, cunado van a confesarse se acogen a la Quinta Enmienda. «Perdóneme, padre, porque he pecado. Y creo que conoce usted a mi abogado, el señor O’Neill»”, o que decir de esa otra de “Como reza la vieja fabula, para hacer una tortilla de jamón y queso, la gallina se implica y el cerdo se compromete.”, pues obviamente son una gozada de leer, más en una historia que se sostiene y en la que los personajes son creíbles.

En cualquier caso, la mejor de todas que creo imprescindible como consejo paternal, o fraternal o relacional, es “Voy a darte dinero suficiente para que hagas algo – añadió su padre – pero no el suficiente para que no hagas nada. Así que, ¿Qué te apetece hacer?”

Solo me queda añadir que parece que los de Boston tienen claro quién es el Atlético de Madrid en la liga de béisbol con ese diálogo en el que uno afirma “Ser católico y forofo de los Sox es cuestión de fe y sufrimiento. De mucho sufrimiento. Hay que ser muy masoquista para ambas cosas”, que ya sería suficiente, pero al que se añade la continuación de “Danny solo bromeaba a medias al decir lo de las cosas que importan en la vida, porque la lealtad es una de las cosas más importantes, y siendo de los Sox aprendes a ser leal a base de perder.” Una alegría ver a Winslow recuperado.

Para acabar el mes pues empecé Tengo algunas preguntas para usted, una de esas novelas de crímenes en las que el principal sospechoso, o el principal sospechoso de la protagonista que es una autora de podcast, pues parece tener los mismos motivos para ser el asesino que para no serlo. En cierta medida la típica técnica Agatha Christie en la que todos pueden se culpables o no serlo ninguno, o serlo uno que de repente aparece al final del todo, vamos, uno que solo pasaba por allí (como si estuviera en esa canción de Aute que tanto me gustaba de adolescente). Me atrevería a decir que no está mal y que si a mí no me ha gustado especialmente se debe fundamentalmente a dos factores: el primero ya lo he dicho y es que acababa de leer una muy buena novela y el segundo es que hacia la mitad del libro fue cuando me llamo mi cirujana ofreciendo fecha, y por decirlo en lenguaje torero estaba en capilla para mi operación por lo que realmente igual no soy muy objetivo con esta lectura pero, siendo Orteguiano, pues yo soy yo y mis circunstancias (no confundir con las circunstancias del tradicional chiste de Forges que eran una sueca – casi seguro – espectacular) pero no puedo decir que me haya gustado.

Eso sí, señalo un homenaje que quiero entender le hace a los Villacis con los que tengo trato (la doble A) con ese “Él, que solía aceptar retos como mezclar batido de chocolate, salsa picante, aliño ranchero y zumo de naranja en un vaso del comedor y bebérselo de un trago, había acabado teniendo un paladar exquisito.”, que es uno de esos misterios – junto con el de leer horas en el baño, o su incapacidad para irse a dormir aunque estén agotados – que no dejara de sorprenderme: como son capaces de comerse las combinaciones más deleznables de alimentos y, pese a ello, mantener un buen paladar, un paladar educado diría incluso.

Pero bueno, de estos y otros misterios hablaremos más otro día que va siendo hora de dejar esto y despedirme con el deseo del viejo Max, o de Max el milagroso: ¡Divertíos asaltando el castillo!

 PS: este jueves (23 de mayo) mi hermano Rafael (el de sangre, y no mi otro hermano Ricardo) presenta su ultima novela "Cualquier cosa pequeña" en la librería La Mistral (en el centro de Madrid). No se la hora (apostaría que a las siete de la tarde) y ni siquiera es seguro que pueda acudir (lo intentare fuertemente) pero... quien sabe, si vamos ambos es posible que coincidamos y nos veamos... y si no pues mi hermano si estará y le hará ilusión (o se enfadara porque me leáis a mi, aunque sean estas chorradas, que nunca se sabe entre hermanos)

Lecturas

McGlue - Ottessa Moshfegh

El futuro futuro - Adam Thirlwell

Suzuran - Aki Shimazaki

Si este no es mi hogar, no tengo un hogar - Lorrie Moore

Loa alemanes - Sergio del Molino

Dientes de león - Yasunari Kawabata

Ciudad en ruinas - Don Winslow

Tengo algunas preguntas para usted - Rebecca Makkai