domingo, 13 de mayo de 2018

Comentario de textos - Abril 2018 (+ la F)


Este mes no podía empezar con una noticia mejor que la de que ya estaba listo el libro de Rafa (si, ya lo sé, mi hermano odia que le llamen Rafa pero hay cosas inevitables; como las ganas de molestar a los hermanos mayores) por lo menos desde un punto de vista de un lector. Desde un punto de vista más general esta no sería la mejor noticia del mundo y otras, que por razones de prudencia – puede que incluso de superstición – no voy a mencionar, espero que eclipse a esta y a ser posible en un tiempo muy breve.

Para mi es difícil criticar en público, o en privado, una novela de mi hermano igual que para vosotros sería muy difícil dar credibilidad a cualquier cosa positiva que os diga sobre ella. Así que no veo motivo para andarme por las ramas y lo diré directamente: es una buena novela, incluso una muy buena novela que por supuesto os recomiendo tanto su lectura como su compra para regalos variados: cumpleaños, aniversarios, peticiones de mano o de disculpas (en las joyerías a los regalos más caros los suelen denominar regalos de sofá, ya que son los que algunos hacen tras ser desterrados del lecho conyugal al sofá) pero sobre todo para regalárselo a uno mismo o a un ser querido al que sepas que le gusta leer (y ya puestos ir hasta Cercedilla y visitar la Librería Fuenfría para llevároslo dedicado que así parece que el esfuerzo ha sido mayor y parece que el regalo gana en calidad). Es el libro ideal para regalarlo sin motivo, ya que los mejores regalos son los que se hacen cuando no existe ningún motivo, salvo el de que te apetece hacerlo; el resto de regalos, los que se hacen con un motivo, por mucho que te apetezca hacerlo siempre parecen tener un componente de chantaje social, un algo que te ha obligado a pensar en esa persona y en hacerle un regalo y regalar libros de Rafa, aunque debería ser obligatorio, no debe ser una obligación. Pero, divago, ya, si eso, hablamos de regalos y obligaciones otro día.

Empecemos pues con Para morir iguales y por avanzar, empecemos por lo peor de todo: la frase de la fajilla, esa parte que dice “su novela culminante”.  ¿En serio, culminante? ¿Cómo es eso? ¿Es que mi hermano se a  retirar de la escritura? Sé que no se ha muerto, porque me habría enterado, alguno de mis hermanos me lo habría comentado y mientras estaba en la librería  no podía evitar pensar que si me hubieran comentado algo sobre la muerte o la retirada por causas de salud de Rafa de la escritura me acordaría e incluso lo habría comentado con el (bueno, salvo que de verdad hubiera muerto que entonces, pese a ser hermanos, no lo habríamos comentado por las dificultades técnicas que siempre conlleva comentar la muerte con el difunto). Ya digo, una frase muy desacertada y que estoy seguro de que en los próximos años Rafa la pondrá en su lugar cuando escriba su “novela culminante” que todos sabemos que está a la espera para cuando se vuelva a reunir el jurado de los premios nobel de literatura, ese que han disuelto por sus escándalos sexuales.

Comentado lo peor, pasemos a lo más incomprensible que sencillamente es la portada. ¿Qué demonios hace una ilustración tipo Ouka-Lee ilustrando esta novela? ¿Una ilustración de una azotea de Madrid con una familia, que se adivina feliz (padre y madre – o pareja sin más – y una niña, no diré hija ya que igual e algo alegórico que no he captado, mirando al lector) rodeados de frutas y ofensivamente subidos de color? ¿En serio? No sé, supongo que me chirria tanto porque yo ya había leído una versión del libro y encajar el contenido con esta portada me resulta sencillamente imposible, aunque también cabía la posibilidad de que Rafa hubiera cambiado tanto la novela que ahora la portada fuera adecuada o incluso, más probable, que yo me estuviera perdiendo la alegoría de la portada (si, estoy seguro de que es alegórica o puede que algo peor, tipo metáfora hiperbólica) o que no me hubiera enterado del libro en la primera lectura (pese a que preste atención y progreso adecuadamente en mi capacidad lectora, o ese dicen, decían, mis pedagogos, lo que antes eran “los profes”).

Ya, ya os veo, con la preguntilla esperando: vale, todo esto me parece bien pero ¿y la novela? Porque sé que vosotros no sois como yo, que para enfado de los escritores casi siempre decido comprar el libro por la portada o lo poco que, un indocumentado que no es el escritor, ha escrito en la contraportada sin haber leído ni una página del libro. Pues, como lo diría…. Es una buena novela de Rafael Reig para lo bueno y para lo malo, que en gran medida son la misma cosa. Me explico: Rafa escribe muy bien y le gusta mucho escribir, redondea frases e ideas con una facilidad envidiable, leerle es muy entretenido e casi siempre educativo, educativo en el sentido positivo de que ayuda a entender distintas formas de relacionarse y de ser de distintos tipos de personas, pero a Rafa escribe muy bien y le gusta mucho escribir por lo que la historia en si misma parece importarle poco, la historia para Rafa no es más que una excusa (un McGuffin, que diría Hitchcock ) para poder escribir y el libro sería igual de agradable aunque tratara sobre la reproducción de las musarañas que sobre la historia sobre la transformación de este huérfano casi como metáfora de la trasformación de la sociedad en la que está inmerso. Con esto no quiero decir que la historia sea mala, de hecho si tuviera que decir algo probablemente diría que es buena, pero creo que a Rafa no le interesa especialmente hacer una historia redonda, si no escribir bien una historia, o varias, sin tener necesariamente que centrarse o acabar ninguna de las historias. Si en lugar de escribir novelas se dedicara a los tebeos (perdón, comics) ya tendría material para hacer varios spinoffs, crossovers, precuelas y cosas similares en las que retomar las distintas historias que andan por el libro (por este y por otros suyos) sin resolver totalmente o sin acabar de mezclarse completamente.

Personalmente que no todas las historias se resuelvan a veces me crea cierta inquietud, centrada en querer conocer más de algún personaje, que se ve ampliamente compensada con la escritura y la ideas que va dejando caer por todo el libro, como esa de “Lo que nunca he logrado comprender es por qué si mis fantasías, si son mías, si de verdad me pertenecen, siempre tienen que acabar mal”.

La compra de libros de Rafa, por aquello de intentar impulsar el negocio e influir en la opinión publica,  siempre me obliga a traicionar a mis librerías de referencia por alguna librería cuyas ventas sirvan para conformar la lista de libros más vendidos intentando crear esa espiral de ventas necesaria buscando un milagroso efecto mariposa. De momento nunca lo he conseguido, pero con este libro algunas tradiciones han cambiado, como la de que Rafa me regalara un ejemplar dedicado, algo que al parecer este año con la excusa de que ya me habría comprado yo uno (algo que he hecho con todos) le ha parecido innecesario dejándome sin ejemplar dedicado  por lo que es posible que este año también cambie lo de las ventas y el efecto mariposa.

Aprovechando la sabiduría popular de “culpable por uno, culpable por muchos”, o la de las películas de asesinos y robos en las que “si te va a caer la penas de muerte por uno, que sea por muchos” decidí aprovechar mi traición, la visita a esta librería con lista de ventas, y comprarme también Años de Sequía, no solo porque el titulo haga referencia un fenómeno hidrológico, sino porque una policiaca ambientada en la parte rural de Australia parecía una idea tentadora y que sinceramente ha sido un acierto. No puedo contar mucho sin estropeaos la trama que está muy bien trenzada entre un pasado poco definido en el propio recuerdo, o conocimiento, del protagonista y un presente en el que no le gustaría creer (su amigo de la infancia se ha suicidado después de matar a toda su familia) pero que por las partes que no conoce del pasado tampoco se atreve a no creerse. A mí me ha gustado mucho, me han gustado los personajes  y frases descriptivas de ciertas personas que aquí también existen, cada día más para desgracia suya, como  “Era un antiguo banquero que se había mudado al campo por motivos de salud y desde entonces no hacía más que intentar convencerse de que no odiaba cada minuto que pasaba allí”,  si bien los que yo conozco más que banqueros son malasañeros típicos que tras años de excesos creen sentirse cansados de la ciudad y se retiran al campo con la intención de reformarse (o eso dicen) pero que cada vez que visitan la ciudad están igual o más pasados que antes y que mientras hacen apología .de la tranquila vida campestre pueden notar que están desesperados por volver a la ciudad.

Pero antes de que alguien empiece un debate sobre las virtudes de la vida en el campo me veo obligado a citar a un personaje de la novela: “No pienso ponerme a debatir contigo, amigo mío – decía Mc Murdo desde detrás de la barra -. Mira a tu alrededor. Esto es un bar, no una democracia.”
Pues eso que como esto tampoco es una democracia, retomo la colección de discos de Alvaro (en la F) y tras no encontrar un video de aquellos Fevers que Kike Turmix (todo un personaje de la música de Malasaña que una vez muerto parece haberse convertido en un personaje entrañable cuando… divago, en fin, ya, si eso, hablamos de esto otro día) te vendía, más bien te colocaba sin poder opinar nada al respecto o si tenías suerte te los daba en pago por la comida y bebida a la que (según él) le habías invitado me permito repetir con un grupo del que ya he hablado en este blog: Fischer-Z y su Limbo; un temazo indiscutible y sorprendente, bien lejos de su sonido habitual.



Una cosa de la que poca gente es consciente es del gran peso de los “grupos imaginarios” en los movimientos culturales, en la animación cultural de una ciudad. Es algo que paso en Madrid durante la movida, donde por cada grupo real – de esos que de verdad se juntan, ensayan e incluso consiguen dar algún que otro concierto – había al menos dos grupos imaginarios (puede que diez), formados por gente que quería hacer música pero o no tenía los medios suficientes o se perdía en otras ocupaciones que requerían un menor nivel de concentración o inversión (al fin y al cabo beberse un par de cosechas de trigo de la unión soviética costaba menos que los instrumentos necesarios para formar un verdadero grupo por no hablar del alquiler de un local en el que reunirse a ensayar, algo totalmente necesario en sitios como Madrid donde apenas si existen las casas con un garaje libre para montar un grupo, o una empresa tecnológica). Es verdad que para la historia solo suelen quedar los grupos reales de los que, por supuesto, suele olvidarse su pasado como grupo imaginario, como les paso a Echo And The Bunnymen que durante muchos años fueron uno de los grupos imaginarios más influyentes de la escena (real) del Liverpool de finales de los setenta, hasta que encontraron un garaje en el que ensayar y convertirse en un grupo real.

La verdad es que por esto (y por haber tenido yo un grupo imaginario) me apetecía bastante leer Memorial Device, libro que le habíamos regalado a Álvaro, que pretende reconstruir la historia (imaginaria) de una banda de un pequeño pueblo de Escocia de la que nadie ha oído hablar (ni fuera ni dentro del pueblo), no exactamente una banda imaginaria pero casi. Lamentablemente es justo lo contrario de lo que esperaba, o por ser sinceros debería decir tan solo la parte que he conseguido leerme ya que no he conseguido acabármelo. Es verdaderamente pesado e intenso, aburrido incluso cuando tiene posibilidades de ser divertido y se dedica a describir a ciertos artistas y la creencia en su propia capacidad artística. Es verdad que en algunas partes y personajes puedes mantener una sonrisa buscando su equivalente en los personajes de, digamos, la movida madrileña pero la densidad del texto no merece la pena el esfuerzo de esta leve sonrisa. Obviamente no fue un buen regalo desde el punto de vista de la lectura pero por lo menos tienen una portada que no queda mal sobre una mesa.

En fin, para borrar el mal sabor de este libro sobre una banda de la que nadie ha oído hablar que mejor que este gran clásico de los Flamming Groovies (que por cierto siguen en forma como demuestra su último disco que Álvaro no quiso comprarse en vinilo).



La verdad es que con esta lectura había estado atascado casi todo el mes y si no llega a ser porque decidimos marcharnos a Piles unos días, los previos al Puente de mayo, aquí habría acabado el comentario de textos de este mes.

Como me parecía feo llevarme a Piles este libro, que le había robado temporalmente a Álvaro, ya que de Piles intento volver sin libros y dejarlos allí para el siguiente lector de visita pues era el momento ideal para acercarme a visitar la Librería Méndez de la calle Mayor, bueno realmente cualquier momento es bueno pero con la perspectiva de un puente largo y sin lecturas más que bueno era una necesidad. O eso, o coger un cercanías hasta Cercedilla a visitar mí otra librería de referencia y coger otro de vuelta.

Mi primera elección El corazón de los hombres fue razonablemente fácil ya que la anterior novela del autor me había gustado lo suficiente para probar con otro. De hecho tenía tan buen recuerdo del libro anterior que lo cogí sin mirar la contraportada lo que me proporciono la sorpresa de que el personaje principal (gran parte de la historia y de los secundarios también) fueran boy scouts, algo que de haberlo sabido no sé cómo habría influido en la decisión de comprarlo. Así, en principio, el tema de los boy scouts no es algo que haya conocido especialmente: cuando yo era pequeño y estaba en edad de que mis padres me mandaran de campamento puede que hubiera boy scouts en España (no lo pongo en duda) pero nosotros íbamos a campamentos de una organización mucho más extravagante, la OJE creo que se llamaba, que era, supongo, parte del Régimen (del franquista, se entiende) y donde entre otras actividades como los fuegos de campamento, las marchas, limpiar letrinas y buscar gamusinos salvajes, izábamos la bandera y cantábamos cosas como el cara al sol, montañas nevadas o Bella Ciao. De estos campamentos tengo buenos recuerdos, especialmente de uno en L’Scala de Gerona (hoy en día Girona) donde me hice maestro en el lanzamiento de dardos (para ganar cocos en una feria) algo que me sirvió en el futuro para conseguir beber un cierto número de pintas en el León Rojo barriendo en el juego a pérfidos hijos de la pérfida Albion y que puede resultarme útil en futuras ferias. Aunque también tengo recuerdo malos, incluso probablemente tenga alguno muy malo o directamente reprimido. ¿Quién sabe?

Mi primer contacto con los boy scouts fue un amigo de Rafa que era boy scout “practicante” y al que recuerdo vestido de uniforme en la terraza de casa (me suena que tengo una foto, es decir me suena el recuerdo de la foto) del que no revelare su identidad porque sé que es lector de este blog y si yo tengo derecho a reinventar mi pasado (escribiendo lo que me apetece) él también lo tiene, si quiere, pero al que si saludo desde estas líneas.

Obviamente lo de contacto no debe entenderse de forma literal, física, que para eso tenemos que avanzar un poco más y recordar a MariEli que era girl scout, también prácticamente (de los scouts y del catolicismo) y con la que sí que hubo bastantes más contactos, estos ya si físicos, químicos y biológicos; aunque no los suficientes para consolidar una relación adolescente que he de reconocer que durante un tiempo, debido a la escasez de contacto, fue a tres, o más, bandas.

Más adelante, ya en la época del Wurlitzer, conocería a muchos más boy scouts ya que por alguna curiosa relación muchos de aficionados al punk rock parecen haber sido boy scouts de pequeños, y de no tan pequeños, ya que incluso tuvimos varios festivales de scouts en el Wurlitzer cuando estos scouts estaban de encargados. Pero, divago, ya, si eso, hablamos de los boy scouts y de su relación con el punk rock otro día de estos.

Volviendo al libro en cuestión: se deja leer y la historia es entretenida pero desde mi punto de vista la existencia de personajes tan rectos me resulta ligeramente increíble, dada mi experiencia, no ya con los scouts, sino en general. Ojala existieran, es todo lo que puedo decir.

Una temporada salvaje, es una novela de colegas, de colegas imposibles, que parece que se ha convertido en una seria de televisión: uno blanco, el otro negro; uno desertor de Vietnam, el otro un héroe de Vietnam; uno mujeriego, el otro gay; pero los dos sin blanca con trabajos ocasionales y los mejores colegas del mundo. Obviamente se meten en una aventura que se complica y que tiene algunas situaciones curiosas que seguramente queden bien en una serie de televisión de capítulo de media hora o de cuarenta minutos pero que para un libro… pues, es un poco escaso. Es un entretenimiento divertido, ideal para la playa o para una tarde de desconexión. Igual es solo cosa mia, ya que tampoco es que se parezcan tanto, pero la comparación con la pareja de amigos de las novelas de Connolly es inevitable y he de reconocer que salen perdiendo y me quedo con las ganas de que Connolly explote en algún libro un poco más la relación entre sus dos personajes secundarios.



Mierda, ¿soy un moderno y estoy pidiendo un spin-off, sea lo que sea eso? Debería borrar esto antes de que alguien lo lea y se dedique, con toda la razón del mundo, a burlarse de mi. Pero me conformare con poner un video de Fountains of Wayne.




La verdad es que me habría conformado con poner la última canción del video y cantar a gritos ese: “Baby, please leave the biker, break his heart” que dedico a todos los moteros que se llevaban a mis posibles, o al menos, potenciales novias de la adolescencia (es decir a todas las chicas, que eso de potenciales es como lo de pre-diabético que tan de moda esta ahora; una estafa o una forma de decir que no lo eres, que si, que el potencial esta pero que ni de coña; al menos en cuanto a las novias, lo de la diabetes pues eso ya cada pre diabético vera) y a los que como ser vengativo y rencoroso sigo odiando y les deseo que les rompan el corazón.

Mi tercer libro para Piles, Las Aguas de Manhattan, lo escogí por el título y la portada, ignorando completamente las referencias a ser un clásico de la literatura judía que estaban en la contraportada. Con esto no quiero decir que no me interese la literatura judía, no me malinterpretéis, a mí me da igual que sea judío, que mormón, que católico, que varonil, que de mujeres, heterosexual, u homosexual pero cuando alguien tiene que especificar el género asociando a un tipo de persona, siempre siento sospechas del contenido. El libro está bien, la típica historia de inmigrantes (judíos en este caso) y de sus problemas antes y después de su llegada a América. Lo más sorprendente para mi es que los judíos rusos tuvieran tanta tradición en la sastrería; no sé, viendo como visten se me hace difícil de imaginar que sean buenos sastres o modistas pero ¿Qué sabré yo de moda o costura?




Como siempre, por ser precavido, me lleve también un libro de cuentos, para poder dejarlo a medias si no me lo acababa: Moriría por ti. Eso sí, después de asegurarme que no era más de lo mismo del autor, que las historias de amores juveniles a mi también me acaban cansando y como el propio autor dice “… siguen asociándome con un interés apasionado por las chicas jóvenes, interés que a mi edad probablemente me llevaría a la cárcel.” Obviamente los cuentos están muy bien escritos, si bien algunos parecen estar de relleno ya que solamente son esbozos de historias sin demasiado interés salvo por el de ver como alguien vende un libro, o un guion o una historia, antes de haberse puesto a escribirla, y alguna versión del mismo cuento podía haberse eliminado sin ninguna pérdida para el conjunto.

Aunque no está en la discografía de Álvaro, probablemente no esté en la discografía de casi nadie en España (pese a que fue número 12 en las listas inglesas, o eso dicen) aprovechando que la letra F es corta aprovecho para colaros esta canción de Feargal Sharkey, tan lejos como se pueda estar de los Undertones que le dieron fama y que todos conocéis y que aparecerán, sin duda, si algún día llegamos a la letra U. con ese “If he ever, ever, breaks your heart; or even once treats you unkind; once false move and I’ll steal you away, and your love will be mine… well, I got news for you girl… I love you too” que yo sigo dedicando a todos sabemos quién.

 Lecturas:

Para morir iguales – Rafael Reig
Años de Sequía – Jane Harper
Memorial Device – David Keenan
El corazón de los hombres – Nickolas Butler
Una temporada salvaje – Joe R. Landsdale
Las aguas de Manhattan – Charles Reznikoff
Moriría por ti y otros cuentos perdidos – F. Scott Fitzgerald


domingo, 8 de abril de 2018

Comentario de textos Marzo 2018



Empiezo a escribir con un poco de pereza. Es una luminosa mañana de domingo, ya he comprado la nueva novela de Rafa, tengo una carpeta de discos por escuchar y la verdad es que la coca cola sin cafeína (al igual que el descafeinado) carecen el aspecto inspirador de la coca cola normal o del café con su cafeína, varios de los libros que he leído este mes no han sido especialmente inspiradores, ha sido un mes – pese a las vacaciones de semana santa – un pelín cansado en cuento a temas de trabajo e incluso en otros aspectos. Muchos factores que hacen que empiece despacio, tan despacio como empieza la excelente So much for the afterglow de Everclear. Eso si, probablemente esta entrada no mejore como lo hace la canción pero seguro que tiene, al menos, una errata tan grande como que ha cometido el que ha trascrito la letra.


Empecé el mes leyendo Sirenas, una novela negra ambientada en el submundo de la droga de Manchester. Sobre el papel, o mejor dicho sobre la contraportada, parecía no estar nada mal: chicas ricas enganchadas a las drogas, el típico policía cado en desgracia, los bajos fondos: vamos, el típico marco de novela negra con posibilidades. Mi sensación con esta novela es la misma que tengo cada vez que, por razones diversas, me veo obligado a visitar el campo: puede que sea un marco de una belleza incomparable, con sus árboles, su luces y sus sombras y sin embargo a mí no me dice nada, me parece un desperdicio, un esfuerzo de creatividad malgastado, no puedo evitar pensar en tanto esfuerzo creativo malgastado por parte de cualquiera de las deidades que se supone son responsables de ese entorno. Pues lo mismo me pasa con esta novela, un esfuerzo malgastado, que puede que a mucha gente le guste pero que a mí no me ha dicho nada. Bueno, miento. La verdad es que ha habido una frase que me ha encantado: “Las chicas suelen dedicarme sonrisas de cartilla de racionamiento, como si ahorraran para otra persona, pero Catherine era diferente. Ella siempre sonreía de verdad. Y yo, en cambio, le mentía siempre”. Sí, listillos, yo también se contar y sé que no se trata de una frase, si no de tres; pero es una forma de hablar. Igual que el nombre de Catherine puede cambiarse por cualquier otro, aunque es verdad que yo todavía recuerdo la sonrisa de Catherine pese a que imagino que no sería la de verdad, verdad; y yo nunca la mentí; no había motivo ya que no hubo oportunidad por aquello de que nunca hubo relación.

Mi principal queja contra Uno de los nuestros, es la traducción del título (One of Us, es el título original; si, con esa U mayúscula). Puede que formalmente este bien, no lo dudo pero a  mí me chirria ese “nuestros”. Por una parte, inevitablemente, me hace pensar en gánsteres urbanos (y no en las montañas de Pensilvania que es donde pasa la acción) y creo que realmente se refiere a “nosotros”, a Uno de nosotros. Ya, ya sé que parece una chorrada y  soy consciente de que no soy capaz de explicarlo pero para mí existe mucha diferencia entre “nosotros” y “nuestros” pero para mí es muy grande, casi la misma que entre “ser” y “estar”. El libro en si me ha gustado bastante, no por la historia, que he de reconocer que no me ha convencido especialmente, ni siquiera por la nostalgia de mi primera visita a Estados Unidos, no a Pensilvania si no a Morgantown, un pueblo de West Virginia, que antes de descubrir el chollo de los estudiantes de idiomas era un pueblo minero que me gusta imaginar parecido a este Lost Creek de la novela. No, la historia no me ha convencido mucho pero si me han encantado ciertas descripciones como “Si mi padre creyera en la evolución de las especies, seguramente estaría convencido de que el ser humano había aprendido a caminar erguido para restregárselo a los monos en la cara. Pero es creacionista. Cree que fue hecho a imagen y semejanza de Dios”.

Y siendo esa buena, se queda corta frente a la invención de una categoría de chicas que, con ciertas diferencias, todos conocemos (desgraciadamente cada vez más numerosas, por la falta de cuidado, o por el exceso de los mismos, de sus progenitores): “Chicas bonsái las llamaba yo, por esos árboles en miniatura manipulados que todo el mundo admira y desea, pero que solo pueden prosperar en manos de un experto cualificado. Esas chicas también eran aberraciones de la naturaleza, su mente atrofiada y deforme igual que las diminutas ramas de esos árboles”.

Con todo mi favorita sigue siendo la versión revisitada del clásico “la mate porque era mía” que en esta novela se convierte en “Supongo que fue un suicidio y un accidente: ella misma provoco accidentalmente su muerte al decepcionarme”. No creo que se pueda ser más bruto, indiferente, egocéntrico, o lo que sea, que a mí me faltan las palabras para definir según que comportamientos.
Para compensar un poco esta frase machista aprovecho y os pongo a The Excessories, un grupo con chica al frente (¿frontgirl?) descubierto entre los discos de Álvaro y que suenan realmente bien (tienen una versión del In the Flesh de Blondie, mejor que el original).




Después de este libro me había quedado “técnicamente” sin nada que leer; digo “técnicamente” porque todavía me quedaba un libro que había comprado no para leérmelo yo, sino para regalar: El puente. Ante el dilema de acercarme a alguna de mis librerías de referencia o leerme este libro a escondidas, antes de regalarlo, o en lugar de regalarlo, mi vagancia lo tenía claro (si bien mi educación en un colegio de pago no estaba tan segura de que la opción de mi vagancia fuera aceptable, ni tan siquiera planteable). He de confesar que mi vagancia gano a mi educación, con la excusa de que el receptor del regalo (a la sazón Barcina, que si estás leyendo esto ya me disculpo por esta lectura que convierte el regalo en un objeto de segunda mano) lo entendería y le importaría más el detalle que hecho de que este sin estrenar. La verdad es que pese a ser un libro periodístico sobre la construcción de un puente, el puente de Verrazano-Narrows, basado en entrevistas con los obreros es un libro entretenido (con algunas fotos curiosas) que refleja una de las grandes épocas de la ingeniería, de la ingeniería de obra: la época de los ingenieros itinerantes, que al igual que los obreros iban allí donde había trabajo como si fueran cazadores prehistóricos antes de que la sociedad se transformara en recolectora y algunos ingenieros pudiéramos obtener el fruto de nuestro trabajo sin necesidad de ir detrás de las obras, a la caza del alimento.

Curiosamente se habla bastante de algunos fracasos de la ingeniería de puentes, de puentes que se derrumban, que a mí siempre me recuerda a la historia que se contaba en mi casa de la construcción de un puente en Játiva en la que el ingeniero jefe estaba, durante casi toda la obra, en el casino y de vez en cuando se acercaban allí uno de los obreros a informarle de que “el puente se ha caído” a lo que al parecer el solía responder “pues volver a construirlo” hasta que al final tras varios intentos el puente consiguió mantenerse en pie (no, la historia familiar no identifica el puente en cuestión por lo que no puedo confirmaros si el puente sigue allí o si, una vez construido y con el uso, se ha vuelto a caer alguna vez mas o ya definitivamente).

Como Talese no es de mi familia, ni se circunscribe al ámbito de Játiva,  sus historias son más dramáticas y mejor documentadas, como la del puente Firth of Tay en Escocia, donde murieron  sesenta y cinco personas cuando se derrumbó un domingo, aunque la explicación del derrumbe habría sido muy propia de esa España de la que hablo: “Los extremistas religiosos culparon del accidente a la compañía ferroviaria por hacer circular trenes en domingo” (para vuestra tranquilidad si tenéis que viajar en festividad religiosa, los ingenieros detectaron que el problema estaba en hierro forjado y no en el tema del descanso dominical).

Leído este libro ya se acercaba peligrosamente (para los puentes y sus usuarios, según algunos autores) la semana santa por lo que la visita a mi librería de referencia resultaba ya inaplazable y debido a la falta de tiempo no podría acercarme a la librería Fuenfria de Cercedilla (que ya sabéis que visito todo lo que puedo, que sinceramente espero sea menos de lo que podéis vosotros) por lo que me acerque a la calle mayor a visitar la Librería Méndez y realizar un aprovisionamiento de cara a las tardes-noches de chimenea aunque esta vez no pensaba leer mucho porque tenía trabajo, tanto trabajo que decidí llevarme el ordenador nuevo en lugar del portátil.

Si bien el tiempo seguramente no fuera playero ya que estoy aprovecho para poneros otro clásico que en cualquier discografía que se precie debe de estar en a letra e, o en la letra c, según las manias de orden de cada uno y que, como no podía ser menos, esta en la de Alvaro. Costello, Elvis, no necesita presentación y este Oliver’s Army por supuesto que tampoco. Un clásico, incluso con ese traje en esa playa de mentirijillas.



Tengo mis sospechas de que Las Supervivientes se va a convertir en uno de esos éxitos editoriales, tipo Perdida, sin ser tan buena pero por supuesto sin ser mala, que no lo es. De hecho diría que es una buena novela, con una historia entretenida y original en la que se cuenta la historia de algunas chicas que sobreviven a matanzas varias (si, chicas y blancas; ya sabemos todos que los negros implicados en matanzas no sobreviven en ninguna película) pero es una historia en la que todo el tiempo estas esperando “el giro final” ese que ahora parece necesario en todas las novelas de intrigas e incluso en las que no son de intriga. Para mí, que ya sabéis tengo cierta deformación por los temas relacionados con el agua y con NYC, ha sido una sorpresa saber que en NYC, en Central Park, cerca de Bethesda Terrace hay una estatua que se llama el Angel de las Aguas. No tenía ni idea, creo que nunca me he fijado y ya tengo otra excusa para volver a visitar NYC (no es que necesite ninguna excusa especial, además de que luego se me olvidara, pero hace como más elegante tenerla y parece más justificado el viaje).


Como casi todos los personajes de esta novela son femeninos es el momento de poner a otro grupo de chicas que no tenía situado y que me ha gustado mucho: The eyeliners en el que aparecen con Joan Jett aunque no les hace ninguna falta que aparezca. Un descubrimiento.


Sería inútil negar que uno de los principales motivos para comprar La extraordinaria familia Telemacus fuera la portada (que no es exactamente esta). Es algo indudable e inevitable para casi cualquiera, mas para mi que no tengo ningún tipo de autocontrol. Por supuesto el hecho de que fuera sobre, digamos, gente con poderes (tipo telequinesia, precognición, etc.) es decir de timadores pues era un plus y el hecho de pareciera que iba a cavar en tragedia si bien con cierto sentido del humor ya era un factor definitivo. He de reconocer que, siendo una chorrada, se lee muy bien y es sumamente entretenido. Una estupenda lectura para la playa o para cualquier sitio en el que uno tenga tiempo de disfrutar; bien escrito y con ideas divertidas: “el problema de hacerse mayor era que cada nuevo día tenía que competir con miles de otros días pasados. Y ¡qué fantástico tenía que ser un día para ganar en ese concurso de belleza! ¡O para llegar siquiera a las finales! Porque, encima, el recuerdo amañaba la partida, maquillaba los defectos de los rivales mientas el presente tenía que salir bajo los focos sin la ayuda de nadie, con la cara marcada por vulgaridades y ojeras de fastidio: humo de tubos de escape, ruido de radios y envases de comida rodando por la acera. Incluso una tarde como aquella, que había pasado relajándose en un parque, bajo un cielo tan limpio como la conciencia de una monja, estaba plagada de imperfecciones que impedían que figurara en el top ten”. Impecable, si es que ya ni la nostalgia es lo que era.

Supongo que a todos nos ha pasado pero a mi hacia mucho que no me pasaba, así que encontrarme con un libro clásico que sé que he leído pero del que no recuerdo nada me pillo un poco de sorpresa. Si, como lo habéis leído: hacia mucho que no me pasaba, ya que últimamente lo que me pasa s que ni siquiera recuerdo que son clásicos o que me los haya leído. Así que ver Lucky Jim que es un libro que estoy seguro de haber leído pero del que no tengo ningún recuerdo me sorprendió un poco, especialmente cuando hacia no mucho había estado comentando algo sobre el (no, no recuerdo con quien, ni qué; ¿Qué esperabais, una memoria infalible a mi edad?). Pues eso, un clásico aunque a mí no me ha impresionado como creo que lo hizo en su día y ni siquiera me he reído lo que recordaba haberme reído, de hecho casi he llegado a aburrirme en algunas partes. Con todo no puedo evitar compartir esto con vosotros: “”Sí. Tu actitud refleja los dos requisitos imprescindibles del romanticismo. Quieres llevártela a la cama y no puedes. Y, además, no la conoces demasiado bien. Desconocimiento y privación de otra persona, Jim. Encajas en la formula a la perfección, y lo peor es que quieres seguir encajando en ella.”
.
Después de este clásico de la literatura es el momento de recordar otro grupo clásico localizado entre los discos de Alvaro: The explosives y su A girl like you; un clasico del Power-Pop de todos los tiempos que hacia tanto que no oia que me costó mucho reconocerlo.


Cuando voy a Piles, si llevo suficientes libros, me gusta llevarme un libro de cuentos, o de historias, por aquello de que siempre lo puedes dejar a medias y reformarlo en el próximo viaje. Esta vez esa función la cumplía una recopilación de historias de Detectives Victorianas, que como todas las recopilaciones pues tenía cosas mejores, peores, buenas e incluso malas pero que en general eran entretenidas aunque obviamente se quedan un poco anticuadas en sus planteamientos y son tal vez, en general, demasiado clásicas: un poco Victorianas diría yo. Algo esperable supongo, como que The Early Hours suenen a grupo australiano por los cuatro costados. Hay cosas que son inevitables ¿no os parece?



Afortunadamente Álvaro se acercó por Piles y trajo algunos refuerzos lectores ya que ,mi plan de no acabarme las historias victorianas y dejarlas en Piles para otra visita no había funcionado y me quede sin lecturas antes de terminar los días de semi-descanso. He de reconocer que desafortunadamente no se trajo el que más me apetecía leer de los que le habíamos regalado por su cumpleaños, sino que trajo Mitologia Nordica, que como su propio nombre indica es una recopilación de cuentos de la mitología nórdica (aprovechando el tirón cinematográfico de Thor, las películas, e incluso de American Gods, la serie).

Entre estas historias esta la del mas sabio de los dioses Kvasir (Thor es fuerte pero tonto; Loki es intrigante pero tampoco muy listo y Odin es un pendenciero) que es tan listo que les explica, entre otras cosas, "como purificar el agua y como fabricar ropa con hojas de ortiga". Lo primero siempre es útil pero lo segundo yo no acabo de verlo claro.

Se trata de dioses mas normalitos que nuestros omnipotentes dioses (o Dios con mayúsculas) y con algunas reacciones que mas o menos puedes comprender: "Loki también acudió a la fiesta y bebió demasiada cerveza. Bebió mas allá de la alegría, las risas y las bromas, y cayo en un estado malhumorado y pensativo". Que es algo con lo que todos nos podemos identificar, ¿quien no ha tenido un dia malo bebiendo?, aunque tan mal beber como el de Loki no es normal ya que : "Cuando oyó que los dioses elogiaban a Fimafeng, el sirviente de Aegir, por su celeridad y diligencia, se levanto rápidamente de su puesto y le asesto una cuchillada. Finafeng murió al instante". Pero tampoco parece normal entre los dioses ya que los demás se quedaron horrorizados y le expulsaron del banquete para que el banquete prosiguiera, eso si, "pero con menos alegría". vamos, que ni era algo normal, ni tampoco tan importante. Así son los dioses.

Pues nada con esto se acaban las lecturas del mes y también doy por acabado la revisión de la letra “E” de la discografía de Álvaro, después de poner a otro obligatorio a modo de despedida, porque ya lo dice Eric Ambel, “si tienes que marcharte, márchate ya”.



Sirenas – Joseph Knox
Uno de los nuestros – Tawni O’Dell
El Puente – Gay Talese
Las supervivientes – Riley Sager
La extraordinaria familia Telemacus – Daryl Gregory
Lucky Jim - KIngsley Amis
Detectives Victorianas – Ed. Michael Sims
Mitologia Nordica  – Neil Gaiman







domingo, 4 de marzo de 2018

Comentario de textos - Febrero 2018 + (discos)


Si el mes pasado casi  llegaba tarde a escribir sobre lo que había leído, este diría que llego pronto ya que solo estamos a día tres y parece un poco pronto pero la verdad es que mi intención es escribir estas notas el primer sábado de cada mes. Asi que ni realmente no voy ni pronto ni tarde.

A lo que sí que llego tarde es a comentar sobre algo que no sea libros, algo que a partir de hoy voy a empezar a solucionar por la vía de combinar estos comentarios mensuales de libros con comentarios de discos. Para ello voy a empezar por incluir aquí comentarios sobre  la revisión de los discos de Álvaro que he llevado durante los últimos meses tomándole prestado una bolsa de discos cada semana, por orden casi alfabético.

Hoy empezaremos por los discos, aunque en un futuro intentare mezclar ambas cosas, y empezare por el principio, o lo que para mí viene siendo el principio, ya que como yo soy como soy no me decidí a apuntar nada sobre los discos hasta que no iba por la letra D (si, tarde más de tres letras completas en darme cuenta de que podía ser algo divertido; así de lento me he vuelto), así que nos saltaremos varias letras (por lo menos de momento) no, no habrá nada de Any Trouble, AC/DC, Altered Images, Bauhaus, The Clash ni de muchos otros.

La verdad es que el primer grupo que he apuntado es Delco que a mí me personalmente no me gusta, me parecen moñas incluso a mí, además de pretenciosos, pero al que le tengo cariño por Manuel Piñon, que es un tipo majo, mejor crítico de cine que músico, que además es amigo del hermano de un amigo de Cocucho, de Pallol (ya, ya sé que parece algo lejano, pero cualquier amigo, o solo conocido, de Cocucho contara siempre con mi amistad y mi cercanía) con el que tenía un fanzine de cine llamado Super 8.

El siguiente grupo que tengo apuntado es The Del Lords, que ya es otra categoría, ya son palabras mayores, esto ya es una banda de verdad, muy de verdad, con Scott Keppner y sobre todo (para mi) con Eric Ambel, al que tuve la suerte de ver en directo en NYC dando un señor concierto y en cuyo bar, el Lakeside Lounge, he podido disfrutar tanto de cervezas como de un extravagante concierto de The Mop-Tops en el que no seriamos más de quince o veinte personas y nosotros tres éramos los únicos que conocíamos a la banda y prácticamente todas sus canciones (algo que considerando que ellos son suecos y nosotros españoles y que estábamos en NYC resultaba sumamente curioso, para ellos y para todo el mundo. Creo que ellos todavía no dan crédito a que los conociéramos).

Ya, antes de que ninguno se me lance al cuello, ya sé que esta canción es (mucho más) famosa tocada por The Skeletons, lo sé, pero en el disco que tiene Álvaro hay una versión de esta canción que al oírla que recordó otras de esas casualidades de la vida que se dan de vez en cuando. Cuando Joaquín estaba montando su primera tienda, una época en la que vendía un montón de discos de promoción, de esos que tiene un cartelillo de “prohibida su venta”,  me vendió un disco que casi seguro había pirateado el mismo ya que se trataba de una copia con dos discos de los Skeletons y con una portadilla DIY.

En aquel momento para mí esto no tenía mucha importancia ya que quien más quien menos hemos pirateado algún disco, y todos hemos hecho cosas de legalidad dudosa cuando ha sido necesario ,por lo que vender un disco hecho por el mismo no me pareció mal; de hecho como eran discos descatalogados, casi me parecía bien. Sin embargo con el paso de los años conocí a Lindsay Hutton que era el editor de los discos originales, que había invertido el dinero en editar los discos y claro, las cosas ya no parecían tan sencillas. En cualquier caso seguía sin tener mayor importancia ya que Lindsay los había editado sin ningún animo comercial, solo porque creía en la banda y en cierta medida no estaba en contra de esta compra. O quiero creer yo que no estaría en contra, no estoy seguro de si lo he comentado con él, o no.

La primera sorpresa monumental fue encontrar a The Distractions, que son un grupo no excesivamente conocido con un único LP y a los que yo no habría reconocido exclusivamente por el nombre. Otra cosa es reconocerlos en cuanto suenan los primeros acordes de Looking for a Gost, (bueno, no exactamente los primeros acordes ya que esta es una canción de la que probablemente nunca he oído el principio ya que la recuerdo en cinta, grabada de la radio y en aquella época los locutores tenían la fea costumbre de seguir hablando cuando ya había empezado la canción). En cualquier caso, tiene ese sonido lluvioso y melancólico que es sencillamente excelente y que a mí me devuelve a las tardes de porros (más que a las de cervezas) de mis primeros ochenta, fumando y charlando sin ninguna prisa con todo un sábado o, más probablemente, un domingo o un día entre semana por delante.


Sobre Dave Edmunds creo que he mantenido cientos de conversaciones en mañanas de cervecitas con un amigo de Manolo Die que creo recordar que se llamaba Enrique pero del que solo recuerdo que tenía una novia muy guapa (y no por ello menos simpática, aunque ahora mismo sea incapaz de recordar su nombre) que vivía en el Paseo de la Habana en una casa que tenía una piscina en la azotea (la novia, digo; Enrique era hijo de un portero de una de las casas de la zona) y a la que Manolo y yo nos marchamos a visitar un verano a Portonovo (realmente a un monte cercano donde instalamos una tienda de campaña y donde para ahorrar nos dedicábamos a recoger mejillones de la ría ilegalmente como auténticos hippies para luego gastarnos el dinero que teníamos en cervecitas y sobretodo en Ribeiros, que eran prácticamente regalados). La verdad es que nuestras discusiones más que sobre Dave Edmunds, eran sobre Rockpile y sobre si el sonido era más debido a Nick Lowe o a Dave Edmunds (por supuesto obviando a Billy Bremmer y a Terry Williams que pese a su importancia no aparecían en nuestras conversaciones). Ya, ya sé que no parece un tema que admita discusión – ni se os ocurra empezar esto de nuevo – porque hay cosas evidentes, como que esta no es la mejor canción de Edmunds pero es la que me apetece poner: 



Hablando de hippismos resulta inevitable mencionar  a David Lindley y su El Rayo-X, que curiosamente no es el disco que tiene Álvaro pero que si es el disco por el que debe ser recordado, con esas extravagancias que son “She took my Romeos” “Tu-Ber-Cu-Lucas and the Sinus Blues” y otras maravillosas versiones de un músico acompañado de grandes músicos. Entre ellos Jackson Browne, pero también con Crosby-Nash y con James Taylor, que fue el productor de este disco (razón por la que supongo que el disco llego a ser conocido en primer lugar, por sus amigos diríamos) y con el que ya había trabajado haciendo el falseto final de Stay, esa canción que todos hemos bailado agarrados como posesos, y en la que esa ultima repetición del “Oh won't you stay, just a little bit longer” es suya. Del disco que tiene Alvaro yo destaco este “Talk to the lawyer” que ya hablaba de temas como Afganistán y la CIA por aquello de que hay cosas que nunca cambian.



Ninguna discografía, ningún comentario de una discografía, puede dejar fuera, en la letra D, a los Dexys Midnight Runners; es sencillamente imposible; o solamente es posible si uno acepta el protagonismo de Kevin Rowland y los ha archivado en la K, o en la R, en lugar de en la D. Esa sería la única explicación posible para dejarlos fuera; y aun así sería bastante discutible. Los Dexys son un grupo bastante especial para mí, entre otras cosas porque me compre un disco suyo –Geno, no el Searching for the Young Rebels – cuando todavía no eras famosos en España (en mi segundo viaje a Inglaterra) y tuve la suerte de verlos en directo cuando se hicieron verdaderamente famosos con el Too-Rye-Ay (el que tiene la celebérrima Come on Eileen) y vinieron a tocar a Madrid, disfrazados entonces de granjeros del medio oeste con pantalones de peto después de haber abandonado su look estibador que es el que hemos usado para logotipo del Wharf-73. Luego se volvieron, o se volvió Kevin Rowland, todavía mas locos y se pasaron a una música más tranquila-.disfrazados de ejecutivos, creo recordar y la verdad es que dejaron de interesarme, pero sus canciones e incluso las versiones de sus canciones siguen siendo parte de mi.


Con esto terminan mis notas sobre la letra D, que como habréis notado no inlcuyen nada de los últimos años ya que solo he revisado los que estaban ordenados; los nuevos, los que aún no estaban ordenados, serán objeto de otros robos/prestamos en un futuro. Lo digo antes de que empecéis a decir que me he quedado atascado, que no oigo nada nuevo, que todos los discos son del siglo pasado, que soy un viejo mochales (algo que no me voy a molestar en negar, o rebatir, pero que no podéis deducir de estos comentarios) y otras lindezas similares.

Y ahora a por las lecturas (en futuras entregas intentare ir mezclando lecturas y discos, para confundiros o para hacerlo más entretenido, o para ambas cosas).

Durante mi visita a mi librería de referencia capitalina, la librería Méndez de la calle mayor, vi Al caer la luz, un libro de McInerney del que me sonaba haber leído algún otro libro y que me había gustado pero no consigo encontrar ni el libro ni ningún recuerdo sobre el mismo. Es algo que podría sonar extraño pero que en mi caso no lo es tanto: puede que el libro este en casa de Álvaro y Helena y puede que mis recuerdos estén perdidos en mi cerebro; o puedo que nunca haya leído nada suyo. Todo es posible. El caso es que este libro es entretenido, que pasa en NYC a medidos de los ochenta y en el que un editor intenta lanzarse a la compra de la empresa en la que trabaja – azuzado más que nada por esa teoría tan ochentera de que el dinero es lo primordial y que si no lo tienes te bastaba con pedirlo, endeudarte, y todo se solucionaría. Si, esa teoría que sustituía la reflexión pro el riesgo y que a niveles más individuales ha provocado que muchas familias acaben empeñadas y encerradas en callejones sin salida; esa teoría que eliminaba la reflexión y garantizaba que el plan propuesto inicialmente  se iba a desarrollar sin ningún inconveniente, que no era necesario un plan-b, que siempre sucederá la que pensamos inicialmente, sin complicaciones. Esa teoría que va contra la realidad más básica en la que nada sale como uno quiere y en la que uno tiene que ceder cosas para una negociación con la vida o con el resto del mundo. Esa teoría que se ha puesto tan de moda entre nuestros políticos que ahora dicen orgullosamente, presumiendo incluso de  que “ellos no tienen un plan- b” como si esta ausencia de refelexion sobre las posibilidades fuera algo bueno.
Obviamente este dejarse llevar por esa facilidad de compra, por ese préstamo que alguien le hará, por esa seguridad en sí mismo hacen que sus relaciones personales – entre otras su matrimonio – se vean sacudidos y la falta de reflexión sobre qué es lo que está haciendo (aparte de lo obvio), de las implicaciones de lo que está haciendo, de las acciones colaterales a sus acciones principales le acabaran llevando a ciertos problemas. Pero tampoco quiero avanzaros mucho más ya que es una novela que se lee bastante bien y que deja reflexiones entretenidas como esta sobre la maternidad: “…pero ya ni llevaba la cuenta de cuantas de sus amigas habían sucumbido recientemente a esa forma de propaganda de que una no es una mujer completa si no los tiene; que las sometería a la coacción de un supuesto reloj biológico – si solo es un reloj, por el amor de Dios, no una bomba-.” A la que añade su sorpresa sobre como esa reloj-bomba ha cambiado su mundo en el que “Últimamente, se encontraba cenando muchas veces con gente que no paraba de levantarse para llamar a su casa para hablar con la canguro en vez de con el camello de turno”. No siendo m intención, ni la del autor, comparar a los bebes con las drogas. No, nada más lejos de mi intención.

Aunque por lo que escribo parezca un intelectual, o un hípster, o por edad más bien un progre que no ve la televisión, la verdad es que sí que veo bastante series aunque no las comento por aquí para parecer un tipo más interesante, más intenso. En esta línea de fingir es por lo que decidí comprarme El cuento de la criada que parece ser una serie que ha tenido mucha fama (que obviamente yo no he visto, que quede claro) por si surgía en alguna conversación poder decir eso de “no, no la he visto pero ¿tu, has leído el libro?”.

La fama de la serie al parecer se basa en ser una serie feminista, o puede que post-feminista que para mí esto es como lo del punk y el post-punk, que no me acaba de quedar clara la diferencia. Afortunadamente el libro viene con una introducción de la propia autora q(que esta vez me he leído, aunque soy del tipo de personas que no se leen las introducciones o prólogos) en la que ella misma responde a la dichosa pregunta. Pregunta que como a mí, tampoco le queda claro que quiere decir, así que no se si lo aclara o no; yo diría que no, que no es feminista (ni de lejos) y que haya mujeres interesantes  o que sean importantes en la historia se debe solamente a “porque en la vida real las mujeres son interesantes e importantes. No son un subproducto de la naturaleza, no representan un papel secundario en el destino de la humanidad, y eso lo han sabido todas las sociedades”.

Desde mi punto de vista se trata de una novela, no, creo que no llega a novela sino que haciendo gala del título es un cuento, que no aporta nada especial salvo los detalles curiosos de cualquier novela (o cuento) especulativa (distopía o utopía, que eso ya implica un juicio moral) sin especial interés en la creación del universo que pretender reflejar que tiene una premisa muy simple, basada en la maternidad o en la falta de la misma. No entiendo como alguien puede clasificarla de novela feminista pero la verdad es que de eso se poco (de clasificaciones, digo; no de feminismo, tema en el que prefiero no valorar mi s conocimientos). Con todo se lee bien y deja alguna reflexión interesante para alguien como yo que ya ha dejado de ser joven y mira a estos con distanciamiento ya que “Los jóvenes suelen ser los más peligrosos, los más fanáticos y los que más se alteran cuando tienen un arma en la mano. Aún no han aprendido a existir en el tiempo. Hay que tener mucho tacto con ellos.”

E incluso esa otra sobre la importancia individual “pero la gente es capaz de cualquier cosa con tal de no admitir que sus vidas carecen de sentido. O sea, que no sirven de nada. No tienen argumento” que yo suscribo plenamente, cada día que pasa un poco más de hecho (¿me estaré volviendo definitivamente epicúreo?). E incluso aporta su poquito de conocimiento inútil al explicar de dónde viene el Mayday que es una señal de socorro universal (que pese a lo que pueda parecer no tienen que ver nada con el mes de mayo, si no con los franceses).

Mi última adquisición, que realmente debería haber adquirido en mi librería de referencia de la sierra – Si, correcto, la librería Fuenfría de Cercedilla que espero estéis visitando asiduamente para dar conversación al librero tarambana que ya tiene su última novela en impresión, o cerca. Atentos compañeros – ya que fue mi hermano Rafa el que me la recomendó fue El legado de los espías. En este caso es cierto que se puede resumir en una frase “una novela de espías de Le Carré” o variaciones de la misma, como una buena novela, la última novela de, o incluso omitir lo de espías. En fin, yo prefiero no opinar porque la verdad es que tanta doble conspiración me produce un cierto vértigo que me impide leer con tranquilidad y me tiene todo el tiempo preguntándome eso de “¿de verdad son tan tramposos, tan de cambiar de bando los espías? ¿de verdad son tan inteligentes como para hacerlo con cierta dignidad y constancia en la vida real o simplemente es todo una ficción?”  Tendré que suponer que si, pero vamos el único “espía” que conozco no es tan inteligente y no le veo yo muy capaz de tanta trapacería, o igual es todo una tapadera.

Hasta aquí hemos llegado y si todo ha ido bien este post, su primera parte, debería estar con videos, pero es posible que esto no suceda dada mi escasa habilidad con estas máquinas que cada día me odian más (aún no sé por qué, pero puede que sea porque para mí solo son una herramienta, no muy distinta de un buen rotulador y un buen cuaderno, mientras que para el resto del mundo parecen ser mucho mas que eso). Ellos sabrán mas, digo; supongo.

Al caer la luz – Jay McInerney
El cuento de la criada – Margaret Atwood
El legado de los espías – John le Carré








sábado, 17 de febrero de 2018

Comentario de textos - Enero 2018


Una de esas verdades que de puro obvias parece innecesario recordar es “que todo depende del punto de vista” que al fin y al cabo podría cavar transformándose en que “no existe una verdad objetiva”, algo que claramente entraría en contradicción con el inicio de la frase y con el inicio de esta entada.
¿Qué a que viene este inicio con filosofía barata, más que barata: regalada hecho, lo de regalado, que no nos evita a algunas personas “mirarle los dientes” a cualquier regalo aunque no sea caballar) os preguntareis (o tal vez no)?

Pues básicamente porque iba a empezar diciendo que había sido un mal mes, en el que prácticamente no había leído nada, un mes (algo más de un mes, realmente) durante el que he estado desbordado de trabajo y durante el que me he visto a suspender/no convocar algunas comidas con gente a la que hace mucho que no veo y a la que me apetece mucho ver; un mes en durante el que he tenido algo más de tensión de la recomendable de la que, ahora que me he liberado un poco, me doy cuenta al notar que me duelen las muelas seguramente por haber dormido apretando los dientes como un animalillo.

Si, iba a empezar escribiendo que era había sido un mal mes pero ¿realmente lo ha sido? En el sentido de leer, de mis actividades sociales e incluso de escribir en este blog, sin lugar a dudas lo ha sido, pero la verdad es que también ha sido un buen mes. Ya que aunque todavía no he cerrado el precio que voy a cobrar por los trabajos que he realizado es bastante posible que este mes me proporcione cierta tranquilidad económica para los próximos seis, o más, meses. Lo cual, teniendo en cuenta el estado actual de las cosas y sobre todo como estaban las cosas estos últimos años, pues no esta tan mal como podría parecer. Es verdad que no he conseguido quedar a comer con Lourdes ni con Jose Manuel (ni con otras gentes a las que echo de menos); es verdad que no he vuelto a mi último intento de intentar aprender a tocar la guitarra (esta vez con ayuda de una aplicación de esas de móvil) y que no he tenido tiempo de muchas cosas como subir a ver la nieve a Cercedilla y visitar mi librería de referencia de la sierra (si, esa, la librería Fuenfría, esa que, espero, si estéis visitando vosotros para tomaros unos algos con el librero tarambana), de ponerme a escribir ese libro técnico que tengo entre manos y que mi editor todavía no reclama pero que yo mismo me reclamo. Si estamos a día diecisiete y todavía no he tenido tiempo de escribir sobre mis, escasísimas, lecturas del mes y menos de empezar otros temas… en fin, ha habido muchas cosas que no he conseguido pero a cambio creo que he conseguido una tranquilidad importante (económica, vale; pero por algo se empieza y esta es necesaria para tener tranquilidad en otros aspectos).

Así que realmente no ha sido un mal mes, ha sido un mes que podría ser raro comparado con los meses anteriores en los que no había tenido esta presión laboral, pero ni siquiera puede clasificarse de raro comparado con mis meses normales de hace unos años, en los que estar desbordado de trabajo era lo normal y no la anécdota.

Pero, divago, y me enredo en cosas que realmente no tengo tiempo de contar hoy (ya hablaremos otro día de mi insana obsesión por el trabajo, o incluso de esa mas insana necesidad por tener el dinero suficiente para no tener que preocuparme por él, incluso teniendo en cuenta posibles imponderables futuros que siempre suceden).

Así que a los libros – que lo que no escriba hoy, ya tendrá que esperar otra semana porque mañana voy a ver si consigo un poco más de trabajo para este mes y así dejo casi cerrado el año).

Empecé el año, tras haberme leído los regalos de navidad, acabándome un libro de cuentos que me compre en NYC, Haunted Nights. Era un libro que estaba leyendo a ratos perdidos ya que todos los cuentos están centrados en Halloween y aunque se trata de un tema que permite cierta variedad, dentro de unos límites, resultaría insensato leerse de un tirón ya que dieciséis cuentos son muchos para que todos vayan de lo sobrenatural, de fantasmas y de ese tipo de cosas. Aunque ninguno de los cuentos, ni ninguno de los escritores, me ha impactado  especialmente es un libro que se deja leer y que está bien para tener en el cuarto de baño, especialmente en las fiesta navideñas que, para que negarlo, suelen tener el resultado de visitas más largas de lo habitual al retrete, incluso lo suficientemente largas para poder leerte un cuento corto entero.

Acabado este libro ya no me quedaba nada que leer y los que os mantenéis al día de las noticias ya sabréis que era cuasi imposible salir de casa por las temperatura gélidas, árticas, que teníamos en Madrid que, según todos los medios, eran a la vez de record y a la vez las más bajas de los últimos doce años. Menuda mierda de record: doce años, no hacia tanto frio en doce años…. Buuurrrrppp… pues vaya… sí que tenía que hacer frio… ¡doce años, doce! Qué barbaridad, ciertamente era un record, todo un record (como los famosos diecisiete whiskies de aquel).

Afortunadamente, creo que Rafa, se había dejado por casa de mi hermana un par de libros en inglés: Nineteen seventy four y Nineteen Seventy Seve. No es que  me apetecieran mucho precisamente, llevaban rondando por la oficina varios meses (por no decir años) porque ya había leído dos del mismo autor y ninguno de los dos me había convencido. Sin llegar a disgustarme, no me habían convencido y eso que los que me había leído pasaban en Japón mientras que la acción de estos se sitúa en Yorkshire. No, no es que tenga nada en contra de Yorkshire, lugar que posiblemente me costaría ubicar con precisión en un mapa y del que solo me viene a la cabeza el pudding y el jamón. De hecho las contraportadas y las múltiples citas que incluyen te hacen pensar que se trata de un nuevo genio de la novela negra que además se combina con la música, lo que en parecía hacerlos interesantes. Solo os diré una cosa: empecé uno, lo deje a medias, probé con el segundo y creo que lo deje incluso antes que el primero y eso en un invierno con frio de record (record de doce años, pero record al parecer).

No me quedo más remedio (bueno, tampoco es que me cueste mucho) que acercarme a mi librería capitalina de referencia – ya sabéis, la librería Méndez de la calle Mayor - a intentar abastecerme para cuando se cortaran las vías de comunicación y algún grupo ecologista decidiera soltar a los osos polares del zoológico y ya que estaba a tomarme una palmera de chocolate de El Riojano que con tanto frio uno necesita un poco de energía extra.

Más de ochocientas páginas, con una letra pequeñita, tienen Final en Berlín, y pese a que a veces abusa de una manía enumeradora un poco preocupante, a mí me ha parecido un novelón. Un novelón, además de por la obvia razón dimensional que no permite clasificarla de otra forma, me refiero a un novelón en el sentido de una buena novela e incluso al sentido de una novela densa e igual hasta de pensar. La novela empieza con un desertor del ejército alemán que llega a Berlín en los días previos a que Berlín sea tomada (o recuperada, como queráis decirlo) por los ejércitos soviéticos y americanos. Un Berlín en el que “las personas se han vuelto indiferentes, el letargo ha apelmazado demasiado las circunvoluciones de sus cerebros para que se puedan desesperar, pues la desesperación requiere siempre de la reflexión, comprensión de los hechos y valoración de la situación”.

Para mí las partes más impresionantes son las que se refieren a como en la Alemania de preguerra pudo triunfar el nazismo, como, con que facilitad fue asimilado el nazismo  por personas normales, como “los prejuicios han enraizado tan firmemente en nosotros como una melodía, que en nuestra más tierna juventud aprendimos mal y cantamos mal, y, a pesar de que más tarde catemos esta melodía según las notas correcta de al partitura, en nosotros sigue resonando la vieja melodía y a menudo la preferimos a la correcta. Exactamente igual nos ocurre con los prejuicios: contaminan nuestro pensamiento y continúan influyendo en nosotros incluso cuando ya nos hemos convencido de lo contrario. Tu no dejas de calumniar, siempre quedara algo pendiente, y ese es exactamente el método de los nazis, de manera que relacionamos con determinados conceptos y nombres determinadas ideas: Stalin, un verdugo; Churchill, un borracho; Roosevelt, un esbirro de los judíos; el pacifismo, reblandecimiento de los huesos; el parlamentarismo, cháchara; la democracia, política sin riñones.” . Impresionantes desgraciadamente por lo mucho que se parece a nuestra situación actual en muchos temas: los inmigrantes, las mujeres, los homosexuales… en fin, y eso que yo soy de los primeros que me dedico a canturrear canciones que no son las que corresponden y que luego confunden a mis familiares cuando oyen las versiones originales por lo que por lo menos por la parte de la metáfora soy tan culpable como el que más aunque me gusta pensar que solo me es aplicable la parte metafórica (seguro que no, pero espero que no demasiado).

En el libro hay muchas más cosas – como la descripción de los distintos tipos sociales que se apuntaron con prontitud al nazismo, de sus motivaciones – pero por dejar una última (ya, si eso, pues os leéis el libro) dejo esta perogrullo-paradoja: “Hemos nacido porque los hombres aman a las mujeres y morimos porque las personas se odian las unas a las otras. ¿Cómo puede surgir del amor el odio? Somos creados por personas y exterminados por personas. ¿Tu entiendes por qué es así, camarada?”

Hasta aquí mis escasas lecturas de este mes que he acabado con un fuerte propósito de enmienda, si no tanto de leer más o menos (algo que no me preocupa, no se trata de una competición) si de empezar a corregir mi vida social e incluso de retomar otras actividades que han sido aplazadas por el trabajo.

Como muestra de mis buenas intenciones acabare hablando un poco de música (no, no voy a comentar que me he perdido el concierto de Fischer-Z, que más por el concierto en si me da pena porque habría sido una gran excusa para intentar contactar con algún Ruiz Richi y  haber intentado tomar una cerveza o haber ido al concierto en homenaje al que a todos nos falta. Claro que para eso yo tendría que ser otro tipo de persona).

No, haré algo mucho más fácil, relacionado con la música que está sonando ahora mismo, la música de la que estoy disfrutando en estos momentos. Porque aunque yo no recomiende libros si os puedo recomendar que os hagáis con, al menos, un par de cajas de las reediciones que está sacando Cherry Red Records de la música con la que, al menos yo, hemos crecido. Las hay excepcionales: ahora mismo estoy oyendo Action, Time Vision (Punk ingles del 76 al 79) y esta mañana estaba con Silhouettes & Statues (música gótica – no, no del gótico famoso – del 78 al 86) y luego me pondré un  recopilatorio de las cintas que sacaba el NME en los años ochenta, eso mientras espero a que me lleguen mis nuevos encargos y escucho las copias piratas de los recopilatorios que he regalado (sí, soy así de cutre y antes de regalarlos me he copiado los discos. Ya sabéis porque no os pido que me los dejéis. Bermejo, Caamaño; lo confieso  vuestros regalos han sido cosas de segunda mano. Inevitablemente. Pero así son mas hipster).

En serio, escoger una caja de Cherry Red y ya veréis como se os agolparan los recuerdos en vuestros cerebros (a menos que sean como el mío que ya casi no recuerda nada, tierra baldía que diría alguno).


Haunted Nights – VVAA
NIneteen Seventy Four – David Pearce (parte)
Nineteen Seventy Seven – David Pearce (parte)
Final en Berlin – Heinz Rein