sábado, 15 de junio de 2019

Comentario de textos - Mayo 2019


Auckland, como Saturno, es aburrido, pero no porque no haya televisión. La verdad es que aquí hay televisión y, si uno la mira con cierto distanciamiento (o cinismo) es incluso divertida, especialmente las noticias que recogen cosas como el comportamiento incívico de una familia de turistas británicos – a los que han acabado echando del País – o las cuitas de algunos agricultores o de una vaca extraviada que ha cortado una carretera. Las noticias internacionales tienen una repercusión entre nula y cero. En cierta medida me recuerda a Piles, donde solo importa lo local, el deporte o la cultura basura, un lugar en el que si les pides que enciendan la televisión porque ha habido un atentado en las torres gemelas te miran con esa cara de “¿a quién le importa eso?” y o bien no te hacen caso o en cuanto pueden vuelven a poner otra cadena.

Supongo que esto, este localismo, tiene alguna explicación en su carácter isleño aislado de prácticamente todo, o tal vez se deba a que realmente no les interesa nada el mundo exterior que ven como algo completamente ajeno. Resulta curioso su patriotismo, o casi diría tribalismo, donde ninguno parece sentirse ciudadano del mundo – o de algo un poco más grande que su pequeña aldea – donde realmente para ellos ser de donde son, en el sentido de la parte más pequeña de donde son (su aldea, su rio, su montaña) es lo importante.

No, no exagero, y no, no es una apreciación sin base. Antes ya lo notaba, pero después de recibir dos clases sobre Maoritanga (lengua y culturas Maori) y “descubrir” como uno debe de presentarse; lo que ellos llaman whakawhanaungatanga o pepeha, que consiste en decir cosas como ¿Cuál es tu montaña? ¿Cuál es tu rio? (otra cosa sorprendente es este “posesivo” sobre la tierra que tiene, ellos lo llaman conexión, pero para mí hay una diferencia entre ser de un sitio y que un sitio sea tuyo, que es como ellos lo expresan) luego tu tribu y su tribu y luego ya si eso pues de dónde vienes, que haces para terminar con cómo te llamas, me ha hecho darme cuenta de lo mal de la pelota que están. Siendo para ellos más importante cuál es tu pasado que quien eres tú. Claro que no es solo eso, ya que según nuestro “profesor” si bien la presentación es más o menos obligatoria, uno puede, incluso debe, hacer la presentación en su lengua natal (según él, ya que la presentación es acerca de uno mismo) pese a que tú seas el único que hable tu lengua natal. Lo que obviamente hace que la presentación, como forma de entendimiento y de explicación, pues carezca completamente de sentido.

Me habría gustado, aún es posible que lo haga, conversar un poco más sobre estos y otros particulares con mi profesor, pero el pobre que había hecho el esfuerzo de explicar (renunciar) a que en nuestra presentación habláramos de “la canoa o barco” en la que habíamos llegado a Nueva Zelanda – aceptando que, obviamente, hablar del vuelo 732 de Emirates pues no aportaba mucho a quienes éramos – se había quedado bastante atorado cuando le intente explicar que para mí todo eso del rio, el monte y otras características geográficas carecían de sentido ya que yo era de una ciudad en la que no tenemos (al menos yo y mis amigos) especial conexión con ningún rio, ninguna montaña ni en general ningún “accidente” geográfico. Que esas cosas no me definían en absoluto, igual que no me definía la tribu o subtribu a la que pertenecía.

Uno tiene que elegir sus batallas y la mía de momento está en intentar explicarles la irracionalidad de que toda el agua tiene que volver a la tierra para “ser purificada”, que no puede volver directamente a los ríos una vez depurada por medios tecnológicos, claramente superiores a los de la madre naturaleza para la escala de población y civilización que tenemos. Dudo que lo consiga ya que estoy seguro de que mejores personas que yo lo han debido de intentar, sin éxito, pero obviamente es un gran problema que “desvirtúa” bastante la utilidad de mi profesión.

Pero, ya, si eso, os comento sobre mas rarezas de estos aborígenes que son realmente sorprendentes, como digamos la colocación de los CDs en las tiendas de discos usados que verdaderamente me desquician, otro dia que hoy tengo pendiente las lecturas de este mes.

Mi primera lectura, Lost And Wanted, que trata sobre una profesora de física que, pese a no creer en fantasmas, en fuerzas supernaturales, en pseudo-ciencias o en otras chuminadas, recibe una llamada de su mejor amigo un par de días después de su muerte, era una elección arriesgada ya que podía ir en el sentido de ser una apología de la imbecilidad o bien resultar entretenida. Afortunadamente se trataba mas del segundo caso que del primero y si bien es un poco aburridilla a ratos pues tiene algunas cosas fascinantes como cuando habla de las categorías en las que todos tendemos a clasificar a los demás, o al resto el mundo (ya sabéis eso de “el mundo se divide en dos tipos de personas” pero generalizado a n), refiriéndose a ellas como “… nothing more than comforting fictions, like Bohr´s atomic model, which is pretty and so sensible – its particles orbiting the nucleus like a miniature sun and planets – that´s is still the definitive representation. This is in spite of its incompatibility with everything we now know about the very tiniest pieces into which the world can be broken”. Es decir, algo, que sabemos equivocado ya que el número de grupos (n) en el que se divide en mundo tiende, si no bien a infinito, si hacia el número de personas que componen el mismo, pero que, en su sencillez nos resulta reconfortante (a priori, ya que cuando mantenemos la división en un número mínimo de categorías nuestro riesgo de estar iniciando el germen del racismo o cualquier otra discriminación, es peligrosamente elevado).

Otra de las referencias físicas interesantes – que seguro sorprende, especialmente a los zurdos o a los promotores de la igualdad en todos los sentidos – es al premio nobel de física 1957 sobre la no conservación de la paridad en las partículas que refleja que la naturaleza si tiene una preferencia en cuanto al giro de las partículas, que girar hacia la izquierda o hacia la derecha no es igualmente probable. Vamos, que un tipo de giro es más natural que el otro.

Aunque sin ser un experto en física ni en deportes un comentario que tiene sobre que en el futbol (soccer) no está permitido golpear el balón con la cabeza no sé si me hace dudar del resto de contenido sorbe física o si sirve para reafirmar que seguramente este bien, ya que de todos es sabido que la gente que entiende algo de física no tiene ni idea de futbol, y viceversa. Algo que seguramente sea tan falso como el átomo de Bohr, ya que se, a ciencia cierta, que hay gente que no tenemos ni idea ni de uno de otro, así que puede que haya algún tipo de gente que tenga idea de ambos.
Con todo, mi parte favorita es cuando cita a otro autor para decir “ancients talk about morals and virtue, while all we talk about is businnes and money” y resulta que el autor que está citando es Rousseau. Como el propio autor dice, pues imagínate lo que Rousseau pensaría ahora de nosotros y nuestras conversaciones.

Como me había quedado con ganas de comprarme The Border en Madrid, por no tener que cargar con ella durante la escala en Dubai y en general durante el viaje y como es una novela que no estaba en The Women´s Bookshop, o yo no conseguí encontrarla, pues me acerqué a la otra librería rival, Unity Books, a ver si la tenían. Y la tenían, aunque he de reconocer que con una escasa presencia para ser un best-seller mundial.

La novela, que parece ser la última parte de la trilogía de la droga de WInslow, es mejor que la segunda parte – que era maleja – pero peor que la primera parte – que era excepcionalmente buena. Es la típica novela que sería buena, incluso muy buena, si no fuera de Don Winslow (y el Don no lo pongo yo, en plan signo de respecto – que por alguno de sus libros seria merecedor – ni en plan Don Pepito – que suena a pitorreo y no es merecido -  si no que en este caso viene con el apellido) pero que siendo de Don Winslow pues se queda un poco corta. Le faltan diálogos brillantes, supongo que por querer proporcionar verosimilitud al tema ya que las personas normales y los diálogos excepcionales raramente van de la mano, y le sobra información que no hace avanzar la historia al ritmo deseado.

Vale, puede que esta última queja sobre un exceso de información sorprenda viniendo de mí, un tipo al que le llama la atención y le interesa la información prácticamente sobre cualquier cosa (desde la física de partículas hasta las características diferenciadoras de los tipos de hielo y nieve de los esquimales) y tenéis razón, no es justo en un sentido estricto. Pero qué le vamos a hacer, mucha de la información del libro es como la información que se contiene en las clases de historia y a mí no me llega. Otras, ciertamente me ha interesado mucho, como descubrir que existe algo llamado CCA (Corrections Corporation of America) que es una empresa pública pero cotizada en bolsa. Es decir que pese a su carácter público se mueve por objetivos comerciales y que, por lo tanto, en palabras del propio Winslow  “CCA wasn´t in the business of releasing inmates, it was in the business of retaining them” lo que obviamente parece un poco contradictorio con algunos de los objetivos de rehabilitación o incluso de integración que igual se le podrían suponer.

Algunas otras me suenan increíblemente extrañas pese a que alguna parte de mi cerebro las considera como ciertas e incluso cree haberlas sabido ciertas en algún momento como la tradición de que no has de devolver nada que te presten en día de los Santos Inocentes. Ahora mismo, y al leerla, se me hizo totalmente extraña y pensé que sería una tradición limitada a México, pero ahora, al ponerme a escribir en este blog, la tradición me suena y estoy casi seguro de haberla tenido por cierta en algún momento (aunque no creo que nunca la haya “practicado”, en el sentido de pedir algo prestado el día de los inocentes siendo consciente de que no tendría que devolverlo ni acogerme a la usucapión).

Difícil saber que es verdad y que recuerdos son inventados a posteriori. Especialmente para alguien como yo, cuya memoria es cada vez más un queso de gruyere lleno de agujeros debido a las impurezas de la materia original o de la materia que lo rodea. El caso es que mi memoria es tan mala que el otro libro que compre para acompañar la compra del de Winslow fue For The Good Times.  Digo tan mala porque en cuanto llegue a casa me di cuenta de que era de un autor del que acababa de leer un libro que no me había gustado nada, algo que en caso de haber recordado pues seguramente hubiera considerado a la hora de comprar, o no comprar este libro. El caso es que, si el otro libro de Keenan no me gusto este, en el que el tema me es en cierta medida más ajeno (al fin y al cabo, el crecer con el peso de una banda terrorista y con una violencia cotidiana me es más o menos ajeno por mucho que la transición no fuera la balsa de aceite que nos quieren hacer creer tampoco era la Irlanda de los setenta, ni Madrid en los ochenta era el país vasco) me ha gustado algo más.

Leer, o releer, sobre los carteles de Sniper at Work que había por Irlanda, no para avisar de la presencia de los francotiradores si no para asustar dejando claro que esa zona era, estaba bajo el control del IRA, o leer (esto si totalmente nuevo para mí) sobre una forma de cometer un crimen sin realmente cometerlo, dejándole esa tarea a un inocente conductor de ambulancia, dejando a la víctima simplemente inconsciente en la calzada a la salida de una curva en un punto mal iluminado y pedir una ambulancia urgentemente (que sería el que al final atropellaría a la víctima) que es realmente un retorcimiento del catolicismo muy propio como el de matar para evitar abortos o el cometer asesinatos para seguir siendo católico, como el caso del IRA.

Pese a toda esa violencia que hay en esa época en ese lugar siempre hay sitio para un poco de humor como la opinión sobre el nombre de otra facción denominada “Free State Volunteers” sobre la que uno de los personajes solo puede decir “Volunteering is for Unionists and for fucking Ulster-ísts, far as I’m concerned, he says. Republicans runs armies, not charities”.

Tras esta pequeña traición, o infidelidad, a mi librería de mujeres – por una buena causa, en mi opinión – mi siguiente compra empezó con My Sister, the serial killer cuya idea general era buena, una de las protagonistas recibe una llamada de auxilio de su hermana que le cuenta que en defensa propia a matado a su novio. El principal problema es que este es el tercer novio al que mata accidentalmente y en defensa propia. Pese a que esto podría dar para una interesante historia, incluso divertida, la verdad es que al final todo se diluye en una historia de amor y, en cierta medida, celos, apareciendo además un personaje que se recupera de un coma solo para guardar el secreto o, no se sabe bien para que… y la historia flojea bastante, con escaso sentido del humor. LO mas gracioso es cuando habla de la lluvia y de como “In the western world you can walk or dance in the rain, but here, the rain will drown you”; algo que estoy seguro es verdad y que obviamente proporciona unos referentes culturales diferentes.


Podría parecer que How to bake π lo compre en la librería de mujeres como si fuera un libro de recetas y con la idea de comprar algo femenino, pero, nada más lejos de la realidad. De hecho, el libro tiene el subtítulo de Easy recipes for understandng complex maths y al hojearlo en la librería la idea me pareció divertida: explicar matemáticas comparándola con la cocina. Ya, ya sé que alguno, o alguna, estaréis pensando pues vaya planteamiento más machista, así que, para usar recetas de cocina para explicar matemáticas, pues vaya es que crees que las mujeres no podemos entender algo más complicado que una receta de cocina, o que para interesarnos (a las mujeres) en las ciencias hay que acercarlas a un mundo que nos sea “propio” como la cocina.  Pues no, nada más lejos de esto ya que nadie ha dicho que este sea un libro para mujeres (aunque la sospecha existe ya que lo he comprado en la Women´s Bookshop de Auckland), ni yo, ni tampoco la autora (si, está escrito por una mujer a la que se le ha ocurrido la idea y el título, así que a mí no me miréis).

Si bien creo que la idea es bastante maja, la verdad es que el libro me ha resultado un poco aburrido (a ratos) e incluso un poco desorientado. No tiene un equilibrio claro entre las matemáticas básicas (tipos de números y sus relaciones), algunas matemáticas intermedias (las funciones, los grupos, anillos y similares) y las matemáticas más avanzadas como la teoría de categorías o la topología y sus propiedades. Con todo tiene partes entretenidas, entre ellas la que y ava a ser una de mis frases favoritas sobre aprendizaje: “feeling stupid for not having understood something before just shows that you are now cleverer than you were then”.

Tambien tiene algunos recordatorios de temas muy interesantes (siempre, pero especialmente para esas discusiones de sobremesa) como el teorema de la imposibilidad de Arrow que explica (en cierta medida) porque no existe un sistema de voto justo (definiendo previamente lo que es “justo”, como es obligatorio), o esos ofertas de algunos servicios de telefonía o viajes que van contra las reglas del mercado ya que es más barato que te vendan más cosas que qué puedas comprar lo que necesitas (p.e. si te hacen una oferta de fibra más teléfono pero no quieres en teléfono te cobran más que con ambas cosas, algo que claramente va contra la esencia del precio justo por el servicio, o como puede ser más barato volar de Londres a Madrid pasando por Roma y Oslo que volar directamente).

En fin, no ha sido un mal mes en cuanto a lecturas ni tampoco en cuanto a mi estancia en Nueva Zelanda, aunque todavia estoy muy lejos de coger un ritmo vital que me haga feliz poco a poco voy estableciendo algunas pequeñas rutinas que me dan satisfacción (como la correspondencia con mi hermano) pero otras todavía me quedan lejos como volver a practicar magia con cartas, escribir a mi sobrina (e incluso a mi sobrino), avanzar en mi libro o escribir más sobre mis recuerdos en este blog (antes de que terminen totalmente borrados).

Sobre este último tema (los recuerdos) Barcina me ha mandado unas fotos que requieren una historia para acompañarlas, pero en plan tráiler aquí os dejo lo que se suponía iba a ser una prueba fotográfica definitiva de cuál de los hermanos (Vincent o Theo) estaba más calvo rota en la soledad de un bosque de Maine (donde pasan cosas verdaderamente extrañas). Ya, si eso, en la próxima entrega hablamos de ese viaje.


Lecturas
Lost and Wanted – Nell Freudenberger
The Border – Don Winslow
For the Good Times – David Keenan
My Sister: The serial killer – Oyinkan Braithwaite
How to Bake π – Eugenia Cheng






sábado, 4 de mayo de 2019

Comentario de textos - Abril 2019


Otro domingo por la tarde en Auckland y este si que es una pequeña anomalía estadística ya que hoy hace un día luminoso y parece que va a mantenerse luminoso – sin lluvia – hasta el final. Estoy convencido de que esto de que el sol dure todo el día se debe en gran medida a que hoy no tengo planes de salir a pasear y basado, no ya en mi antropocentrismo, sino directamente en mi egocentrismo, entiendo que si yo la lluvia no me puede sorprender ¿para qué va a llover? Si, hasta ese punto hemos llegado, hasta pensar que todo lo que sucede, sucede sencillamente a favor o en contra mío. Eso es lo que pienso mientras escribo mirando por la ventana y viendo un montón de veleros y otras embarcaciones ir y venir a lo largo de la bahía de Auckland ¿es que no se aburren de pasear por delante de mi ventana? ¿no tienen ningún sitio al que ir?

Obviamente lo digo de broma, pero la verdad es que este tipo de pensamientos son inevitables y te asaltan en los momentos más insospechados. Todos tendemos a relacionar todos los hechos con nuestra vida y a valorarlos en función de cómo nos vienen a nosotros, a nuestros planes. En mi caso este mes esto me ha pasado con la muerte de mi abuela – si, por fin mi pretendidamente inmortal abuela ha muerto, con más de 103 años confesados, pese a la incredulidad de todos nosotros, creo que incluso alguno de mis hermanos se ha empeñado en comprobar que realmente estaba en el ataúd, por si acaso la noticias eran “exageradas” como decía aquel. A mí la noticia me llego cuando estaba aterrizando en Auckland de vuelta de una corta visita a los madriles, y mi primera reunión fue la de pensar que mala fe, ya podía haberse muerto un par de días antes y habría cambiado los billetes para pasar un par de días más en Madrid, o un par de días después e igual podía empezar a buscar un billete para Japón (que es algo que, en cierta medida, me había prometido hacer en cuanto mi abuela muriera). Pero, no, no tenía que elegir el momento en el que más molesto resultara para mí, ya que obviamente todo desde el tiempo hasta la muerte de mi abuela gira respecto a mí. Afortunadamente la duración de este pensamiento fue mínima y prefiero saber que definitivamente ha muerto que hubiera esperado para encontrar un momento más conveniente (para mí y mi calendario).

Ya, ya sé que esto puede sonar completamente insensible y fuera de lugar y hacerme parecer una persona, incluso, peor de lo que soy, un ser sin sentimientos, pero… creedme esto es una liberación y lo digo siendo plenamente consciente de que, por prescripción facultativa, o por interpretación familiar de mi condición medida, yo ya no tenía ningún trato con mi abuela estando protegido por la guardia pretoriana de mis hermanas de cualquier contacto con ella. Si, sé que a algunos de vosotros esta frialdad – eso en el caso de no entrar en el verdadero sentimiento que tengo, que es más cercano a la paz y la alegría – os parecerá inmerecida y que incluso penséis (porque la conocisteis escasamente y en otras épocas) que estoy exagerando y que es inhumano alegrarse de la muerte de una entrañable abuelita, pero… creedme esto es una buena noticia.

Habría sido mejor un par de días antes (o un puñado de años, puestos a elegir) ya que hubiera podido solicitar unos días de baja en la oficina, teóricamente para consolarme de la perdida, pero realmente para recuperar algunos de los días de este viaje, que ha sido un poco desastre.

Sí, porque el viaje empezó bastante mal. En mi primer vuelo, de Auckland a Dubai, después de la tradicional cena de ¿pasta o pollo? decidí levantarme e ir al baño, llegue hasta la puerta del mismo y… la siguiente imagen que tengo es la de tener a tres azafatas a mi alrededor intentando desempaquetar una mascarilla de oxígeno para intentar que recobrara el conocimiento. Obviamente se formó un pequeño caos cuando mis menos de cien kilos – si, he adelgazado en Nueva Zelanda y ya estoy por debajo de las tres cifras – se desplomo completamente en el pasillo de la clase turista (bueno de la clase economy, que al parecer ya no existe la clase turista, que es algo que nadie quiere ser; todo el mundo quiere viajar, pero sin ser turista. Parece que eso es una paletada, pero no saben lo que se pierden no aceptando lo obvio, su turistez). En fin, que, tras el susto para los pasajeros, el personal de cabina e incluso los pilotos (que al parecer fueron informados de mi estado y a los que me imagino pensando opciones sobre qué hacer, salvo ignorar todo ya que tampoco iba a ser cosa de aterrizar en la inhóspita Australia o en mitad del pacifico por una pequeñez como esta) y tras unas extravagantes pruebas de tensión, pulso e incluso la capacidad de transferencia de mis pulmones (todo realizado con un aparato que ningún miembro, ni miembra, del personal de cabina tenía claro cómo usar) me dejaron retornar a mi asiento a seguir haciéndome el dormido durante el resto del viaje salvo pequeñas interrupciones, casi continuas, para interesarse por mi estado. Al cabo de muchas horas, llegamos a Dubái y tras despedirme y agradecer sus cuidados a todo el personal de vuelo desembarqué y me dirigí a la primera zona de fumadores que pude localizar (si, el aeropuerto de Dubái tiene zonas de fumadores, incluso zona de fumadores en los salones vip – con sillones de cuero, aunque esto aún no lo sabía – y el de Auckland también, una terraza bastante agradable).

Esta vez tenía una larga escala en el aeropuerto, así que me dio tiempo a recuperarme, a fumarme el poco tabaco que traía de Nueva Zelanda, a comprar más en el Duty-free y a ponerme a fumar con tranquilidad (si, también a pasearme el aeropuerto un par de veces intentando no quedarme dormido en ningún sillón, o sala).

En cualquier caso, llegue a Madrid sin especiales novedades salvo la de descubrir que mi compañera de mesa me había contagiado unos virus horrorosos que sus sudafricanos hijos habían cogido en la guardería de Nueva Zelanda y que obviamente me enviaron a la cama durante prácticamente los tres días siguientes. Destrozando claramente toda la idea del viaje y descolocando mi planificación de visitas a amigos, conocidos, librerías y otras cosas en los madriles.

En fin, que un desastre… de siete días que iba a pasar en Madrid más o menos tres me los tire metido en la cama, o más propiamente en el lecho del dolor… con el catarro, una contusión en las costillas y un pequeño chichón (estos producidos por el desplome en el avión) y al final, pues eso, que me quede sin poder hacer algunas de las cosas que quería hacer en esta visita, como veros a algunos y tomar unas cervezas. Pero bien esta lo que bien termina y como ya he dicho el viaje termino con mi abuela dejando la tierra (dudo que ascendiendo a los cielos como ella cree, sino más bien descendiendo hacia los abismos como sus acciones la hacen merecer) y además tuve tiempo de veros a algunos, algo que ciertamente me agrado.

Pero volvamos a esto de las lecturas que de momento es la excusa para ponerme a escribir, al menos una vez al mes.

The idea of perfection es, obviamente, un gran título y el libro parece ser un clásico de las letras australianas. Como no sé nada sobre literatura australiana no puedo decidir si es o no un clásico ya que, en cierta medida, esto depende de cómo sean los demás. No es una mala novela, pero muy lejos de mi concepto de lo que debe tener un clásico (no, no me preguntéis porque no tengo ni idea, es solo una sensación). Con todo como uno de los personajes principales es un ingeniero que tiene que ir a rehacer un puente antiguo, de madera, que se está cayendo pues siempre tiene su punto para mi faceta ingenieril, si bien los puentes no son los mío. El caso es que parece que existe una especie de ceremonia secreta para los nuevos ingenieros (no se bien porque solo en Canadá) que han de leer una Oath of Engineers (un juramento hipocrático, diríamos) después de la cual les dan un anillo de hierro que deben llevar en el meñique, en el meñique de su mano dominante (hay es nada).

Además el juramento parece que lo escribió Kipling (si, ese Kipling, el de El libro de la Selva) y por ahorraros la molestia de que lo busquéis en internet pues os lo copio:

I, ____________, in the presence of these my betters and my equals in my calling, bind myself upon my honour and cold iron, that, to the best of my knowledge and power, I will not henceforward suffer or pass, or be privy to the passing of, bad workmanship or faulty material in aught that concerns my works before mankind as an engineer, or in my dealings with my own soul before my Maker.My time I will not refuse; my thought I will not grudge; my care I will not deny towards the honour, use, stability and perfection of any works to which I may be called to set my hand.
My fair wages for that work I will openly take. My reputation in my calling I will honourably guard; but, I will in no way go about to compass or wrest judgment or gratification from any one with whom I may deal.And further, I will early and warily strive my uttermost against professional jealousy or the belittling of my working colleagues, in any field of their labour.For my assured failures and derelictions, I ask pardon beforehand, of my betters and my equals in my calling here assembled; praying, that in the hour of my temptations, weakness and weariness, the memory of this my obligation and of the company before whom it was entered into, may return to me to aid, comfort, and restrain.

El otro personaje principal es una experta en patchwork, que obviamente quiere salvar el puente no por su valor estético o cultural sino porque así más gente vendría a visitar un museo de patchwork que quiere crear en esa pequeña localidad y que obviamente piensa de los trabajos de patchwork lo mismo que yo pienso de casi todos los informes: “Only God can make something perfect, was the idea, according to the books, so a quilt was supposed to have a Little mistake in it.” Razón por la que siempre meto un error que la gente pueda localizar y asi se quedan más tranquilos con el resto del contenido.

También he de reconocer que me gusta mucho encontrar extrañas denominaciones de origen que yo no sabía que existían como estas para las naranjas: “Yes, well, that particular one was the Sevilles. The resto of them aren´t worth a bumper, your Navels and your Valencias” pero que me ponen un poco nervioso ¿cómo que las naranjas valencianas no son buenas, como que son peores que las de Sevilla? ¿Qué será lo siguiente un limonero en un patio de Sevilla, asi a mono de recuerdos de infancia?

Como sigo comprando en mi librería de mujeres, The Women´s Bookshop, donde la mayor parte de lo que venden está escrita por mujeres pues decidí darle una oportunidad a una novela de espías, American Spy, a ver qué tal se les daba el género y si había diferencias. De lo segundo pues, con una sola prueba, no puedo opinar, pero de lo primero casi me atrevería a decir que no especialmente bien, aunque tampoco dramáticamente mal. Mi falta de opinión está en parte motivada por mi desconocimiento total de los acontecimientos históricos en Burkina Faso, aunque tampoco es que sepa mucho sobre otros sitios en los que pasan las novelas de espías, pero sobre todo por la falta de intensidad de la historia. Aunque hay traiciones debidas a motivos ideológicos y no económicos como explica la protagonista: “They were doing all this for ideology in the sense that a quest for money and power were the guiding principles of imperialism”; y tambien hay confidentes para los que “but recruiting and running informants was about cultivating their trust. To do that I found it worked best to lie frequently to them” ya que todos sabemos que las mentiras son, en muchos casos, la mejor forma de crear la apariencia de sinceridad la novela se queda corta en muchas cosas posiblemente por eso de centrase demasiado en unas relaciones materno filiales que, no estoy seguro, vengan muy al caso.

Asymmetry es también un título bastante interesante y que en principio debe de dar mucho juego en una novela que se supone incluye dos historias muy separadas pero que de alguna forma van a conectar (o eso piensa la contraportada del libro). Es posible que yo me haya quedado dormido en alguna parte, pero no he sido capaz de unir los puntos entre las dos historias que se cuentan en el libro: una que pasa en NYC con un editor y su amante y otra en el Kurdistan. Si, son distintas y completamente separadas pero eso no las hace más asimétricas que otras dos historias cualquiera, tal vez la única asimetría es que la primera es bastante mala mientras que la segunda, sin llegar a ser buena, pues se deja leer e incluso tiene cosas que molan, como intentar explicar el concepto de los propósitos de año nuevo a un grupo de musulmanes que no acaban de entender cómo es eso de que uno pueda controlar su futuro, como puede uno comprometerse a comer más vegetales si ni siquiera sabe si tendrá dinero para comer, o como enterarse de que en aquella baraja de que los americanos editaron para la guerra de Irak había una mujer: Huda Salih Mahdi Ammash, aka Chemical Sally (que por cierto era el cinco de corazones) o que de las cincuenta y dos cartas había trece que no estaban asignadas a nadie en concreto y solo tenían una silueta… eso en cuanto a igual de género y también en cuanto a número de responsables, o a la calidad de la inteligencia militar americana que no era capaz ni de encontrar 52 nombres distintos.

Con todo, mi frase favorita, que no comparto del todo, es la relativa a las ideas políticas en el arte: “… politics in imaginative work is like a shot in the middle of a concenrrt. The noise is deafening but it imparts no energy.” Si bien es necesaria ya que una novela en Francia en 1830 en la que los personajes no hablen de política no puede ser una novela (No, ni idea de cuál era la situación en Francia en 1830 pero os dejo deberes fáciles para que lo busqueis).

En fin, con esto llegamos a el vuelo para el que, en la esperanza de comprar la última de Winslow en algún aeropuerto, me había llevado solamente una novela: Dear Evan Hansen que en principio trataba un tema que siempre me interesa, ya que va sobre el suicido de una persona joven (en el instituto) pero que me ha decepcionado mucho ya que esto solamente se usa como una excusa, un MacGuffin de esos, para hablar, supongo, de la sinceridad o de cuando enfrentarse a algunas decisiones. No merece la pena en lo más mínimo y es bastante decepcionante.

En el aeropuerto de Auckland no encontré la novela de Winslow (aunque tampoco podria haberla leído en ese vuelo, que es el largo) ni tampoco la encontré en el aeropuerto de Dubai, pero como no estaba yo del todo centrado tras el incidente pues no me compre nada para leer y llegue a Madrid sin lectura.

Mi idea era ir a visitar mis librerías de referencia, acercarme por la Librería Méndez de la calle mayor a saludar y que me recomendaran los “Obligatorios” durante mi ausencia, pero la gripe al final me impidió acercarme; también esperaba que mi hermano acercara en forma de mercadillo ambulante parte de la Librería Fuenfria a Madrid y me comentara los obligatorios de esta última temporada. Tampoco hubo suerte en esto y aunque vi al librero tarambana pues no me acerco ningún libro.

Al final para el viaje de vuelta me acerque a la reformada Casa del Libro, que no me gustó nada, y me asuste al ver las dimensiones de la última de Winslow, decidiéndome por comprar Lluvia Fina, que si bien tenía un tamaño escaso para veinticuatro horas de avión por lo menos no me cobrarían exceso de equipaje.

Landero, en general, me gusta, me gustan las ideas que suele haber en sus libros, me gusta su ritmo de contar historias y en general me gustan sus frases. En este caso la idea del libro es que no existe ninguna historia inocente, que todas las historias, todas las cosas que se dicen tienen un peso y esto es algo con lo que no puedo estar más de acuerdo. Creo que los actos son importantes, pero también lo son las palabras, con las palabras con las mentiras se puede hacer más daño que con los hechos y algunas cosas que se dicen son sencillamente imperdonables e incluso es imperdonable no decir algunas cosas en ciertos momentos. Pero que sabré yo sí “unos más y otros menos, todos nos inventamos un poco nuestras vidas” y por lo tanto las palabras que dijimos o que dejamos sin decir. A mí me ha gustado y salvando mucho las distancias el personaje de la madre, de su maldad, me recuerda inevitablemente a mi abuela y su maldad, muy distinta y más injustificada pero no puedo evitarlo.

En fin, pues eso ha sido más o menos todo en este mes. El viaje de vuelta apacible, sin incidentes, una parte en businness (cortesía de los métodos de overbooking) incluyendo el descubrimiento del bar de fumadores de la zona vip del aeropuerto de Dubái, con unos excelentes butacones de cuero en los que fumar tranquilamente mientras esperas tu conexión (algo que me hizo pensar en mi sobrino y en cuanto le gustaría esto) un verdadero descubrimiento que espero poder aprovechar en próximos viajes. Como tarde a finales de septiembre, nos vemos, pero ya, si eso, hablaremos antes `por este o por otro medio.

Lecturas

The idea of perfection – Kae Grenville
American Spy – Lauren Wilkinson
Asymmetry – Lisa Halliday
Dear Evan Hansen – Val Enmich , Stephen Leenson, Benj Pasek y Justin Paul
Lluvia Fina – Luis Landero


sábado, 13 de abril de 2019

Comentario de textos Marzo 2019



Domingo por la tarde en Auckland y… llueve. Curiosamente lo de que sea domingo es estadísticamente más raro que lo de la lluvia, ya que aquí llueve más o menos un día sí y otro… puede que no, o puede que también… dependiendo de la época del año. Ahora empieza el otoño y eso hará estadísticamente más raro el domingo que la lluvia. Notablemente más raro.

Pero tampoco es que llueva todo el día, algo que paradójicamente sería más llevadero, sino que se levanta un día esplendido que de repente se convierte en un día de lluvia, durante unas horas y luego vuelve a ser un día soleado (aunque normalmente ya mucho menos). Esto es algo que resulta bastante molesto para los paseantes como yo que llevamos gafas: pasear bajo la lluvia, cuando no la esperas y no llevas paraguas ni capucha, pues no es especialmente agradable y por otra parte las gafas y la lluvia son dos cosas que no se llevan bien.

El caso es que día si y día pues depende vuelvo a casa o llego a la oficina empapado ya que obviamente la lluvia suele caer cuando yo estoy en la calle y no cuando esto tranquilamente sentado en casa o en la oficina. Imagino que un comportamiento similar al de que llueve más en la ciudad, donde no hace ninguna falta, que en el campo donde al parecer las cosechas lo necesitan, aunque si uno ha de fiarse de los agricultores las cosechas siempre necesitan o más, o menos de lo llueve y nunca llueve lo que, al parecer, necesitan. Pero divago y hablo desde el desconocimiento de las tareas de nuestros buenos amigos los agricultores, así que, ya si eso, hablamos del tiempo en otro momento.
Por aquí, Nueva Zelanda, la verdad es que todo va bastante tranquilo. No tengo demasiado trabajo, pero tengo el suficiente para estar entretenido y si bien no es especialmente exigente desde el punto de vista profesional (la escala de las poblaciones e incluso las exigencias legislativas no obligan a grandes necesidades de tratamiento) la verdad es que resulta divertido trabajar para sitios que se llaman Shire of Plantagenet (que no es Nueva Zelanda, sino Australia) o para sitios que se llaman Hihi, Hahei, Mangawhai o Whangarei. Es divertido, aunque exige prudencia ya que tampoco vas a ponerte a reír del nombre de los sitios delante de los nativos, o aborígenes, que la verdad es que son bastante mal tomados con según que cosas.

El campo, que he visitado solo en parte (gran parte de la isla norte, nada de la isla sur) pues que os queréis que os diga… normalillo y debido a las condiciones climatológicas pues a ratos decepcionante. Hace unas semanas estuve en New Plymouth, donde se supone que hay un volcán (el monte Taranaki) que es domina toda la zona como si fuera el Monte Fuji y que da lugar a unas vistas espectaculares que son muy características. Estuve allí dos días y no conseguí verlo por la niebla y el cielo plomizo que me acompaño durante los dos días. Unas condiciones climatológicas que no parecían nada excepcionales ya que es tan habitual que los aviones no puedan despegar o aterrizar que Air New Zealand tiene un convenio con los taxistas de la zona para que te lleven hasta Auckland si tu avión no despega. Vamos, que sí, que como todos los campos pues será muy bonito el día que consigues verlo o la postal que puedes hacer ese día para dar envidia a todo el mundo. Pero vamos, que impresionante, lo que se dice impresionante no he visto nada. Seguramente por culpa mía, por mi escasa afición a los paisajes o bien por mi afición a la fotografía que hace que más o menos pues ya haya visto casi todos estos paisajes más de una vez.

Espero que pronto salga algo de trabajo en la isla sur, en la zona de los fiordos (si, parece que hay una zona de fiordos, imaginativamente llamada Fiordland, si es que son de un creativo estos lugareños que asusta), posiblemente en un sitio llamado Gore (que teniendo en cuenta la literalidad de los lugareños, en principio asusta un poco) o en mismísimo Dunedin (la versión local de Edimburgo), o ya puestos pues cruzar el mar de Tasmania y visitar a los Australianos que seguramente tengan un poco más de vida real (no de Instagram y centrada en la salud) que en este lado del mar de Tasmania.
Anyway, que divago y tampoco se trata de contaros la geografía de estas islas y el escaso interés que me producen sus habitantes (aborígenes o no), ya, si eso, pues otro día me dedico a despellejar su carácter e idiosincrasias con el detalle (y respeto) debidos.

Me quede sin lecturas uno de esos días que llovía, mejor dicho que empezó a llover cuando había decidido acercarme paseando a mi librería de referencia (si, de Women´s Bookshop, que le vamos a hacer) algo que me obligo a cambiar de planes y acercarme a Unity Books(librería que he intentado que me guste ya que es la más cercana a mi apartamento y al centro de la ciudad pero que no acaba de convencerme). Una vez allí pues elegí Theory of Bastards que tenía un título y una portada prometedoras que casi compensaban la existente de un apéndice al libro en el que al parecer se referenciaban y se describían los experimentos en los que “se basa” el libro.

Esperaba bastante de la novela ya que la comparaban con Philip K. Dick en la contraportada y esperaba, yo que sé, profundidad psicológica, experimentos apasionantes pero lo único que he encontrado es una historia sobre un grupo de monos que al parecer se dedican a hacer trampas cuando observan sus rituales de apareamiento y poco más. Una prosa pesada y sin especial interés para describir una situación que desde el principio a) se podía evitar y b) se ve venir. Divertida la referencia a un estudio genético en el que se prueba que el 10% de los recién nacidos no tienen relación genética con el que consideran su padre, porcentaje que no solo se mantiene en diferentes culturas y grupos sociales, sino que también se da en otras especies monógamas (distintas de la humana me refiero).

Tal vez es este parecido entre especies sea lo más interesante, especialmente cuando se refiere a temas que impregnan la cultura popular para señalar la maldad de los hombres frente a otras especies animales, normalmente indicando cosas como que el hombre es la única especie que mata a sus semejantes. En este sentido (sin ser capaz de refutar las pruebas o de apoyarlas) me sorprende leer: “in many species, infanticide was routine when a new male wrested control over a group, his first act was to kill every juvenile, all of whom were offspring of the alpha male”. Igual esa maldad de la especie humana no es tan exclusiva nuestra como piensas algunos animalistas (o especistas o cómo demonios se hagan llamar ahora). No, creo que en esto tampoco somos tan diferentes (inherentemente, que otra cosa es que nuestra cultura nos haya transformado en seres más civilizados) que el resto de las especies animales. Nuestro diez por ciento de bastardos y nuestros instintos asesinos hay siguen.

A medio leer esta novela aproveche un ratillo soleado para acercarme ya a mi librería local y hacerme con provisiones para evitar futuras caladuras, que tampoco es cuestión de empezar a coger virus locales, y para ver si poco a poco pues voy terminando la lista esa de recomendaciones de las mujeres neozelandesas. Empecé por The Green Road, que es una de esas novelas de familia (cuatro mujeres) ambientada en esa Irlanda de ficción que todos conocemos tan bien. Me cuesta no ser políticamente incorrecto y decir que es una novela de chicas, pero… lo es, aunque no quiero ahora mismo meterme en una discusión sobre el termino o sobre a qué me refiero exactamente, pero dejémoslo en que sí, es una novela de chicas. Con esto no pretendo decir que sea mala, que no sea interesante o ninguna cosa por el estilo, sinceramente no tengo ni idea de lo que quiero decir. Es una sensación que no se explicar pero que desgraciadamente empiezo a tener con bastantes de las novelas que están en esa lista de cincuenta novelas escritas por mujeres y seleccionada por neozelandesas.

Obviamente mi parte favorita es cuando un personaje principal que ha pasado por guerras, hambrunas y otras circunstancias en las que su vida ha estado en juego se preocupa por la comida (y por los criterios higiénicos de los cocineros):“you could be saving lives all day and be undone at the end of it by a plate of beans and bad lard. Literally saving lives. Because war you can do, and famines you can do and floods are relatively easy, but no one survives when the cook scratches his arse and then decides not to bother washing his hands”. Y eso que me parece que referirse a las inundaciones como algo fácil de gestionar, en relación con la potencial pérdida de vidas, pues es un poco desconocer la historia, despreciar el saneamiento y sobre todo olvidarse de esos pequeñajos que transmiten, digamos, el cólera.

La parte más extraña es cuando aparece textualmente una referencia a la cerveza española “And Spanish ale shall give you hope”, a través de un poema al parecer famoso un tal James Clarence Mangan (si, lo he buscado en Wikipedia) que no sé qué tal poeta seria pero que parece tener un extraño gusto (igual ironía) sobre las bebidas alcohólicas ya en la versión completa también habla de “There’s wine from the royal Pope“. Extraño, eso del vino papal y la cerveza española.

La mejor descripción, por la cantidad de gente a la que le resulta aplicable, es la del maestro de la irrelevancia (master of irrelevance) de ese “Dan told you everything except the thing you need to know” de los que desgraciadamente conozco varios y hacen que las conversaciones sean, a veces, como confusos acertijos de una longitud infinita.

En mi intención de seguir la lista de los 50 libros y teniendo en cuenta que soy un poco retrasado para según qué cosas pues cogí Future Home of the living God, sin darme cuenta de que el mes anterior ya había leído un libro de esta autora que no me había gustado especialmente. Pero mi memoria es así, una mente desierta incapaz de hacer una conexión, casi lo opuesto de esas otras que algunos poseen y que solo puedo imaginar de forma similar a como hace la autora: “I imagine her mind as a pinball machine, one of the old-fashioned, nonelectronic kind. A thought ricochets off over a century of personal memory, lighting up and ringing associations that only connect because of the speed and arbitrary motion of the original thought”

El libro en si pasa sin pena ni gloria siendo bastante indiferente pese a tener alguna idea buena en la base creo que no acaba de desarrollarla como debería y se pierde en la identidad cultural de los indios, o en este caso en la falta y consiguiente búsqueda de esa identidad por parte de la protagonista en un mundo pre apocalíptico. Si me resulta sumamente curioso que es el segundo libro en el que se vaticina una especie apocalipsis por ¿Cómo decirlo? Una regresión en el big-bang o en la evolución plateando ¿Qué pasaría si de repente empezáramos a involucionar o si las constantes universales de repente cambiaran? Realmente no es una idea tan descabellada, si uno la mira desde la perspectiva del big- bang como una expansión que en algún momento terminara y empezara una contracción… ¿volveremos por el mismo camino? ¿volveremos a ser primates?

The secret History no solo la escogí por estar en la lista sino porque se describía (en la contraportada) como la primera novela sobre la vida universitaria americana (the original American campus novel) y bueno, las novelas de universitarios pues siempre tienen su punto y curiosamente me era totalmente desconocida. Digo curiosamente porque creo que mi hermano Rafa me ha recomendado bastantes autores de novelas de campus americanos (podríamos decir) y está ni remotamente me suena. Algo que seguramente se deba exclusivamente a mi memoria, pero cuando en esta novela – que sí, va sobre unos estudiantes de letras clásicas en un campus – lees directamente “’You want to know what Classics are?’ Said a drunk Dean of Admissions to me at a faculty party a couple of years ago. ‘I´ll tell you what Classics are. Wars and homos. ´ A sententious and vulgar statement, certainly, but like many such gnomic vulgarities, it also contains tiny splinter of truth.” resulta inevitable preguntarse la omisión de esta novela de las recomendaciones de mi hermano no se debe a las muchas referencias al mariconeo de los estudiantes de letras clásicas. Inevitable.

Y una pena, porque la verdad es que tiene partes entretenidas (aunque hay partes en las que uno se aburre bastante y se vuelve un poco repetitiva) con frases verdaderamente excelentes – que estoy seguro Rafa comparte -  como porque la gente se vuelve loca (por la acción de Las Furias): “They turned up the volumen of the inner monoloque, magnified qualities already present to great excess, made people so much themsleves that they couldn’t stand it”

Algo que cada vez pasa más y es que la gente es “tan ellos mismos” que no pueden soportarlo, ni ellos ni el resto del mundo.

También estoy muy de acuerdo en el planteamiento de que el lenguaje condiciona las cosas que podemos pensar de que “One´s thought patterns become different, he said, when forced into the confines of a rigid and unfamiliar tongue. Certain common ideas become inexpressible; other, previously undreamt-of ones spring to life, finding miraculous new articulation.” ya que por un parte lo primero me pasa ahora mismo con cierta frecuencia si bien todavía estoy esperando a que me pase lo segundo, y por otra parte es algo que pienso cuando la gente habla de ser bilingüe o trilingüe a una edad muy temprana. No estoy seguro de que sea especialmente bueno, últimamente creo que es más importante aprender a pensar bien en un idioma que realmente aprender a hablar dos idiomas, pero no terminar de pensar bien en ninguno de los dos. Creo que cuanta más gente bilingüe conozco (ahora he conocido a bastantes) más me convenzo de la necesidad de primero aprender a pensar en un único idioma, aunque esto haga más difícil aprender idiomas algo mas tarde.

Otra cosa que he notado, aquí en Nueva Zelanda, es lo importante que son las referencias culturales básicas que una cultura y una generación tiene en común, creo que la vida es muy difícil si no compartes estas referencias básicas (ademas de muy aburrida) y este es uno de los problemas que más me encuentro, precisamente por eso de la multiculturalidad, que mis referencias culturales, mis asociaciones de ideas, son completamente ajenas a los aborígenes (y no aborígenes) de este lugar. Es bastante molesto y crea una gran diferencia, a veces insalvable, entre mi forma de pensar, ver el mundo, y la suya. Para mi leer “one likes to think there’s something in it, that old platitude Amor vincit omnia. But if I´ve learned one thing in my short sad life, it is that that particular platitude is a lie, Love doesn´t conquer everything. And whoever thinks it does is a fool” obviamente es como leer “la vida no es justa, princesa, y quien diga lo contrario está intentado venderte algo”. Pero creo que una referencia a Goldman en este país no tendría ningún impacto (sí, he hecho algunas pruebas y la acogida ha sido decepcionante… ni siquiera captan “mi nombre es Iñigo Montoya” … y no, no es por la ausencia de ñ). Estas pequeñas cosas se están convirtiendo en barreras, de momento, infranqueables.

Granzilla es una novela con una buena idea (que todo sea dicho ya había visto, mucho mejor desarrollada, en un capítulo de los Simpsons) en la que uno tiene que enfrentarse a lo mucho que desconoce la vida de sus progenitores y más aun de los progenitores de sus progenitores (los abuelos) y como uno puede tener una idea que no tenga nada que ver con la realidad y como la realidad de la verdadera vida de los abuelos puede irrumpir en como los valoramos y en lo que realmente creíamos. En cierta medida para mi generación esto es algo que damos por asumidos ya que sabemos que nuestros abuelos pasaron una guerra civil y que lo que imaginamos de ellos realmente no los representa o no es la única faceta que han tenido a lo largo de su vida. Para gente mas joven en la que sus abuelos no han vivido una guerra civil, o mundial, si no que han vivido en un mundo un poco más de “guerra fría” o de “terrorismo” pues este ocultamiento puede no ser tan obvio y el descubrimiento algo trastornador

Es una buena historia que da para un buen capitulo de los Simpsons pero que no llega a llenar una novela, o al menos no esta novela, en la que lo mejor es el deseo cuasi hereje, o por lo menos un poco excesivo, de una niña pequeña que “prayed for the Second Coming so she’d get raised from the dead in time for my birthday” (siendo “She” su madre recientemente fallecida).

Pero así somos todos cunado somos pequeños, o incluso de mayores, centrados en nosotros mismos y en nuestros pequeños deseos.

En fin ahora, en poco, como si quisiera resolver la apuesta de Mambrú, vuelvo por la pascua (con cierto retraso dadas las costumbres y festividades locales) así que puede que nos veamos e incluso puede que para la próxima entrega tenga algún comentario de algún libro editado en español e incluso comprado en alguna de mis librerías de referencia (ya sabéis cuales aunque me dicen que no pasáis mucho por la sierra de Madrid).
En fin, pues ya, si eso, seguimos otro día.

Lecturas

Theory of Bastards – Audery Schulman
The Green Road – Anne Enright
Future Home of the living God – Louise Erdrich
The Secret Story – Donna Tartt
Grandzilla – Lisa Williams












viernes, 15 de marzo de 2019

Puesta al dia (y parte 3)



Aquí estoy intentando ponerme al día en las lecturas atrasadas con esta tercera y última parte (las que me quedan ya se las adjudico a marzo y pueden esperar por lo tanto hasta final de mes).

Aquí estoy, afortunadamente en la isla Norte de Nueza Zelanda y no en la isla Sur que es donde ayer tuvo lugar el ataque terrorista que ha conmocionado a todo este país.

En cualquier caso, como el objetivo del ataque era una mezquita la verdad es que entiendo que ninguno estéis preocupado por mí ya que las posibilidades de que me pillara cerca eran entre remotas e inexistentes. MI cercanía a los templos religiosos, de cualquier índole (salvo tal vez los de algunas vertientes muy libres del Pastafarismo), es la misma que puedo tener a los grandes eventos deportivos o incluso a casi cualquier congregación popular (o elitista, para el caso): resumiendo, ninguna.

Aunque la escala del atentado en términos absolutos no es abrumadora la conmoción social es muy elevada. Entiendo que, en gran parte por la escala relativa, 50 muertos en Nueva Zelanda con una población de unos 4 millones, en Christchurch una ciudad con menos de trescientos mil habitantes pues es como un atentado en Madrid con entre 500 o mil muertos. Una atentica barbaridad numérica (obviamente, con uno solo, incluso sin víctimas, un atentado es una barbaridad).

Creo que también influye mucho el hecho de que por una parte los neozelandeses (no me sale lo de llamarles Kiwis, como si fueran fruta, un animal o casi cualquier cosa) se consideran completamente ajenos al mundo exterior y creen que la globalización no va con ellos (aunque obviamente disfruten de muchos de los servicios que esta ofrece) y les sorprende mucho que el terrorismo llegue a su “aislado paraíso” cosa que no les sorprende de uber o los patinetes esos de los demonios (es verdad que algunas cosas, digamos “buenas”, no les han llegado a esta banda de hippies, como puede ser Ikea – aunque tras veinte años de reivindicaciones de un sector de la población parece que les va a llegar – o el mismísimo amazon, que como tal no existe aquí); por otra parte se debe a que sinceramente se creen “especiales”, gentes de “buena voluntad”, sin malicia, no como los del pérfido mundo exterior (incluidos en este caso sus sobrinos australianos). En fin, creo que esta visión idílica de sí mismos se va a ver un poco trastornada y es posible que por fin empiecen a replantearse que vivir en el mundo conlleva las cosas buenas, pero también las malas.

Creo que a partir de ahora dejaran de ser un país en el que la alerta terrorista solo tenía dos niveles: bajo, donde ha estado siempre; y alto donde está ahora mismo desde ayer (por cierto, ayer salí de casa – que está muy cerca de la estación central de Britomart – y l volver habían acordonado la zona porque alguien se había dejado unas maletas sin “vigilancia”. Sospecho que las explosionaron mientras el “sospechoso” estaba en el baño echando una “meadita” distraído y sin preocuparse de sus maletas como había hecho cientos de veces. Pero claro ayer el nivel de alerta era “alto” y eso perjudico a su vestuario que fue explosionada sin piedad. Seguramente de forma merecida porque aquí a mal gusto para el vestir no les gana nadie). En fin, lo siento por ellos ya que siempre es duro enfrentarse a la realidad de que uno no es tan especial como se cree.

Pero, divago, ya, si eso, hablamos de estas cosas otro día. Vamos a lo nuestro que si no, no acabare nunca.

The Round House estaba entre los puestos de cabeza de la lista de The Women´s Bookshop y ya he dicho que voy a ver si consigo completarla durante mi estancia. Una vez leído pues solo puedo decir que supongo que es una elección obvia para una lista con cierto carácter de genero ya que trata el tema de las violaciones, encima en una población marginal como es una reserva india. Si, parece un fuerte candidato a aparecer en este tipo de lista (si, esto no es un micro machismo, posiblemente sea un meta-mega-macro machismo, pero eso no lo hace más real). El libro se deja leer y aporta datos curiosos como que hasta 1978 los indios no pudieran practicar su religión. No sé, no es que lo ponga en duda ya que no tengo ni idea, pero me parece un poco excesivamente reciente. No sé, que la anulación de leyes que prohibieran a los indios practicar su religión sea tan cercana, coetánea si no posterior a, digamos, la aparición del Punk se me hace raro. No sé, supongo que tendrá razón, al fin y al cabo, es algo sencillo de comprobar o de conocer si eres indio.

Igualmente, curiosa me ha resultado su cita del catecismo (entiendo que católico, que no se si hay otro) en el que se habla de los pecados “que claman venganza” que en sus propias palabras son “The sins that cried out for vengeance were murder, sodomy, defrauding a laborer, oppressing the poor”. Ni idea tenía yo de esto, de hecho, algunos ni siquiera los recuerdo como pecados en la versión infantil de mi catecismo. Curioso ¿no? ¿defraudar a un trabajador u oprimir al pobre, pecados que claman venganza? ¿Quién lo diría?

When all is said no está en esa lista pero me parecía una  buena idea la estructura del libro, un tipo está en un bar y en cada capítulo se toma una copa rememorando su relación con una persona importante en su vida. Incluso la elección de la bebida tiene significado para este irlandés que rememora su vida, sus amores (u los de otros) y su forma de relacionarse con el mundo, tan anacrónica hoy en día, pero con la que yo, en parte me siento identificado, “There was a love but of the Irish kind, reserved and embarrassed by its own humanity. These days people are all for talking. Getting things off their chest. Like it´s easy. Men, in particular get a lot off stick for not pulling their weight in that quarter. And as for Irish men.  I´ve news for you, it´s worse as you get older. It´s like we tunnel ourselves deeper into our aloneness. Solving our problems on our own. Men, sitting alone at bars going over and over the same old territory in their heads. Sure, if you were sitting right beside me, son, you’d know none of this. I wouldn’t know where to start. It´s all grand up here in my head but to say it out loud to the world, to a living being? It´s not like we were reared to it. Or taught it in school. Or that it was preached from the pulpit. It’s no wonder at the age of thirty or forty or eighty no less, we can´t just turn our hand to it. Engineers are not born with the knowledge of how to construct a bridge. It has to be learned.”

Es verdad que yo no bebo nunca solo en los bares, lo que prueba que no soy irlandés, pero en lo demás me siento bastante identificado, las maneras del mundo no son con las que yo he crecido, de hecho, no solo esa parte ha cambiado, también la otra ya que “People didn’t really do that back then, encourage and support. You were threatened into being who you were supposed to be”, sin embargo, ahora todo es gira en torno a ese apoyo y si no lo das eres una persona rara, o directamente mala persona. En fin, “o tempora, o mores” que diría aquel.

Ya os digo, me ha gustado bastante este libro e igual que él me pregunto si es tanto pedir: “What I wouldn´t give for just one hour of his company. No need for much conversation at all. Our elbows on the counter. A bottle of stout each in front of us. Half empty glasses. Looking out at the town. Tapping our feet to the music on the radio or laughing over the madness of the world. The company of the trusted, what? Being understood without having to explain and not having to pretend is fine. Being allowed to be a feckin’ mess. The feeling of his pat on my back as he passes behind me to go to the jax. Is it too much to ask for a simple resurrection?”.

No, no creo que sea tanto pedir a ese inexistente dios omnipotente. No me parece tanto pedir, sinceramente. Sobre todo, cuando uno se da cuenta de que la alternativa a esta resurrección solo puede basarse en una mentira: “my fellow senior citizens passed by, getting a look good at the new boy. Some smiled. I looked away, unable for it. Unable for the lie of a man I would have to become to make my way into their circle. To be accepted, to belong. But here’s the thing, son, I only wanted to belong to one person and she wasn’t in that room. And in my heart I knew that even if I was a man comfortable with the small talk it would take to break into that new life, I didn’t want it. I simply did not want it.”

Bueno, yo aún estoy intentando saber si quiero intentarlo o no, me temo que no pero aún estoy en periodo de prueba en el otro lado del mundo, que desde aquí no parece tan diferente.

Otro que tampoco estaba en la lista era The Wall, pero la dependienta de ese día me dijo que tenía muchas ganas de leerla, que acababa de llegar. Supongo que conocería al autor de otras novelas anteriores, no como yo que no tenía ni idea. En fin, se trata de una especie de fabulilla, realmente sin trabajar lo suficiente y con una premisa bastante simplista (como todas las fabulas, que de eso se trata). Se deja leer pero poco mas, salvo tal vez sus referencias a la monotonía, algunas aplicables a la situación actual en Nueva Zelanda “The only thing worse tan when nothing happens is when somehting does” y otras tal vez mas de la vida personal de cada uno, o igual aplicables a porque estoy en este periodo de prueba “I just liked the idea of trying something else. I didn’t want to spend the rest of my life in a a suburban hutch doing work I didn’t even have the emotional energy to hate”. No que esa fuera mi situación laboral o que alguno dia vaya yo a vivir en un “suburban hutch”; no, bastante improbable, casi tanto como que me pillen en una mezquita u otro lugar de culto.

Mi siguiente lectura The Poisonwood Bible, obviamente estaba en la lista de la librería y parece ser una novela razonablemente famosa ya que, pese a que todos los libros anteriores han pasado por la oficina ya que me los llevo para leer durante la comida, este es el único sobre el que me han preguntado e incluso me han pedido que se lo prestara. He de decir que la que me lo ha pedido, Larey, es sudafricana y que la novela pasa en el Congo así que puede que su fama sea local o más centrada en esos países del África negra.

El caso es que la historia de las cuatro hijas de un misionero en el Congo en plena independencia del país (según la contraportada, una versión moderna de mujercitas, aunque no puedo juzgar ya que no me acuerdo de nada de mujercitas – la película, que el libro no lo he leído, creo). Como hay un misionero hay algunas referencias religiosas que desde luego son divertidas “If God has amused himself inventing the lilies of the fields, he surely knocks His socks off with the African parasites.” y con la intención, entiendo, de valorar el conocimiento local frente a l incultura de los no locales hay alguna reflexión sobre el uso del agua que es ciertamente acertada: “Everyone in this village known more about hygiene than we do, we have lately discovered. While we were washing and swimming in the stream any old place, there were rules, it turns out: wash clothes downstream, where the forest creek runs into the crocodile river. Bathe in the middle. Draw water from drinking above the village”

Aunque si bien el conocimiento, o el desconocimiento más bien, por parte del misionero y su familia llegados al África es mucho menor que el de los locales, por usar las propias palabras de la autora no creo que este conocimiento sea mucho mejor ya que no está claro si solo sabes las normas o han entendido el porqué: “This came as a strange letdown, to see how the game always went to those who knew the rules without understanding the lesson.”

Mi última lectura de esta “puesta al dia” es Free Food for Millionaries que me parecía tenía un título interesante, pasaba en Nueva York en la comunidad coreana y esto pues podía compensar el tochazo que es, más propio de un escritor soviético del dieciocho, bueno o francés o de cualquier parte.

Aunque tiene cosas entretenidas como ese personaje que decide leer la biblia y “and every day, I find a verse I cannot stomach, make peace with, or comprehend. I write it down on my calendar”, una práctica que estoy casi seguro puede ocuparte toda la vida; otras curiosas como la importancia de los sesenta cumpleaños para los coreanos ya que es cuando se han completado cinco ciclos de su calendario (que sí, tiene doce signos como el nuestro pero anuales y que si, que parece que también el cinco les parece importante). Curiosidades de la vida, o de las matemáticas como ese viejo dilema sobre ¿cuál es el número importante si pi o tau (siendo tau, dos veces pi)?

Para algunos claramente tau ya que está más directamente relacionado con las propiedades de la circunferencia, pero para mí pi ya que aparece en la fórmula más incomprensible de todas: la identidad de Euler, donde todo se mezcla: pi, con el numero de Euler (e) y con el numero imaginario (i). Preciosa, buscarla y ya me contáis que os parece.

En breve, hablamos de otras cosas que no sean libros… o de libros otra vez.

Lecturas
The Round House – Louise Erdrich
When all is said – Anne Griffin
The Wall – John Lanchester
The Poisonwood bible – Barbara Kingsolver
Free food for millionaires – Min Jin Lee

domingo, 10 de marzo de 2019

Puesta al día (parte 2)



Volver por navidades a Madrid parecía algo razonable teniendo en cuenta las fechas, pero también, precisamente por lo mismo, era algo bastante irrazonable ya que llevaba poco más de un mes aquí (me incorpore al trabajo el día del retrete que, por si alguno no lo sabe, es el 19 de noviembre, aunque había venido unos cuantos días antes para arreglar cosas como el tener un apartamento. Obviamente no tenía claro que hacer y tampoco había preguntado, antes de venirme, cuál era la política vacacional en las fechas navideñas que, aquí además coinciden con el verano.

Una vez aquí y al cabo de algún tiempo por fin conseguir enterarme de que la oficina cerraba todos los días desde nochebuena hasta después de reyes y que no había opción, teníamos que pedir vacaciones para los días no festivos.

Superando lo absurdo de tener que solicitar/pedir días de vacaciones si realmente estaba obligado a tomármelos, quisiera o no e incluso el hecho de que con lo poco que llevaba trabajando deberían denegármelos ya que no tenía derecho a ellos pues al final decidí enfrentarme al proceso empresarial de solicitar los días, esperar su aprobación y buscar un billete de vuelta para Madrid.

(Si, también podía haberme quedado aquí todas las fiestas pasando de la familia, pero no parecía muy razonable; al fin y al cabo, aquí no conozco a nadie y pasar las fiestas completamente solo, aunque tentador por aquello de poder ignorarlas, no me parecía correcto).

Tras varios días de comprar chorradas, sobre todo para mi sobrina en tiendas japonesas de la zona, cogí el avión(es) de vuelta y, la verdad es que no recuerdo que fue lo que leí durante ese día de viaje, pero espero que sea alguno de los libros que ya he comentado en la primera parte ya que no están aquí.

En casa todavía me quedaban un par de libros de la última visita a NYC que han sido los primeros que se han empezado a acumular en la estantería de mi apartamento (si, ya tengo un apartamento razonablemente definitivo con dos habitaciones y mirando al puerto para ver, los días que no llueve, como llegan cargueros y como los barcos de vela cruzan la bahía. Vamos como un temazo de Soul pero desde un décimo piso, sin tener que bajar a sentarme fuera).

Para el viaje de vuelta a Nueva Zelanda escogí un libro de cuentos How are you going to save yourself? Que sin duda es un buen título y que más o menos tenia buena pinta pero que para lo único que sirvió es para que prácticamente me durmiera todo el viaje de vuelta. Es verdad que no toda la culpa es del libro e igual le doy otra oportunidad ya que cuando llegue al aeropuerto de Madrid para embarcar de vuelta hacia Dubai y luego Auckland. La chica del mostrador me pregunto, con mucha prudencia y mucho tacto “¿tendría algún problema en que le cambiáramos de clase?”. Obviamente, por su forma de preguntarlo yo no entendía nada y sospechaba que ya se me había echado a perder mi capacidad de comprender el español, ya que yo viajaba en turista y obviamente que me cambiaran de clase a, digamos, business, no parecía algo como para preguntar con tanto miedo. ¿de verdad esperaba que le dijera, no, de ninguna manera, no quiero que me cambie de clase, yo me quedo en turista? No sé, supongo que habrá gente que lo haga, aunque no puedo imaginar porque razón… el caso es que al final pues viaje en Business desde Madrid hasta Dubai, lo que no está mal, si bien hace que el resto del viaje (la pata larga que dirían los entendidos) fuera un poco más difícil de sobrellevar de vuelta a turista, con el populacho y las masas de potenciales insolventes. El caso es que esto, lo de viajar en Business estoy seguro de que no fue bueno para la lectura, especialmente de cuentos sobre negros del gueto.

(Por cierto, el motivo de que me ofrecieran cambiar de clase fue el temido overbooking, que te puede dejar en tierra sin especiales miramientos. Afortunadamente en este vuelto solo había overbooking en turista y la clase business tenia espacio y, sospecho, que debe de haber una norma que les obliga a subir de clase a los pasajeros en lugar de dejarlos en tierra y llevar el avión vacío. De hecho, ahora que lo pienso creo que debería haber una norma similar incluso en el caso de que no hubiera overbooking: si hay sitio vacío en una clase superior deberían cambiarte de clase, ¿Qué sentido tiene llevar los mejores asientos vacíos? Pero, divago, y dudo que exista una norma tan razonable).

Edge es ciencia ficción, con toques de teoría cuántica (que incluso incluye dos páginas de bibliografía al final) a la vez que una novela de terror con la proximidad de catástrofes que acabaran con el mundo. Vamos, lo que podría denominarse “una paja mental” pero el caso es que es entretenida y buena, aunque por tomar una frase del autor “Basically, matter is made up of a whole lot of nothing” y en cierta medida pues eso pasa con las novelas, incluso con esta. No estoy seguro de si es culpa mía o del autor, pero tras la lectura sigo sin tener muchas cosas claras puede que ¨Since the ones giving the answers hardly understood the details, they only added to the doubts”, o puede que no y que sea yo cortico de entendederas.






Otra novela traída de NYC hasta Auckland, por el camino largo, es decir pasando por Madrid ha sido Manhattan Beach. Obviamente el titulo resulta directamente interesante, para mí al que casi todas las novelas que pasan en NYC, incluso en Brooklyn me suelen interesar por mi fascinación con la ciudad; y si encima la contraportada habla de personajes misteriosos, de noir thiller y esas cosas pues la tentación aumentaba. A ver, la novela se deja leer, pero es una de esas historias que parecen hechas para reivindicar la igual de géneros (realmente va sobre la primera mujer buzo de la armada americana) y que igual quedan bien (lo dudo) en una película de un importante estudio de Hollywood. Una historia seguramente fascinante, una importante lucha por la igualdad, pero una novela flojilla y simplona de la que no he rescatado ni una sola frase.




Ya una vez en Auckland mi primera visita de compras literarias fue a The Women’s bookshop y me primera selección era casi obvia: Eleanor Oliphant is completely fine. Cualquiera que tenga el valor de llamar a su personaje principal Oliphant cuenta con mi aprobación y si es capaz de ponerlo en el titulo pues todavía mayor aprobación. Para mí eso denota que la novela va a ser divertida, que su autor (autora, en este caso y no por corrección política sino por razones de sexo, o de genero debo decir) tiene sentido del humor incluso sobre su obra. Con un título como ese, sabes que va a ser una novela con un personaje central excesivo en plan La conjura de los necios y efectivamente así es.

Puede que no coincidas con algunas ideas del personaje como su opinión de una visita a un bar con música en vivo no sospechosamente extraña pero con la que obviamente puede ver a mi hermano coincidiendo al cien por cien (y no solo a el):
“it was a cacophonous din, with too many guitars and not enough melody. It was, I thought, the sound of madness, the kind of music that lunatics hear in their heads just before they slice the heads off foxes and throw them into their neighbor’s back garden.”

Otras con las que obviamente te sientes plenamente identificado y crees que todo el mundo debería estarlo: 
“Illiterate communication was quicker, that was true, but not by much. I’d saved myself the trouble of typing four whole characters. Still, it was part of my new credo, trying new things. I’d tried it, and I very definitely did not like it. LOL could go and take a running jump. I wasn’t made for illiteracy; it simply didn’t come naturally. Although it’s good to try new things and to keep an open mind. It’s also extremely important to stay true to who you really are. I read that in a magazine at the hairdressers.” 

Cuanta razón y que bonito detalle el final sobre leerlo en una revista en la peluquería. Brillante.

Y por supuesto algunas dudas existenciales y cuál sería la postura de ciertos colectivos ante una posible opinión personal no convencional: “I’m not sure I’d like to be burned. I think I like to be feed to zoo animals. It would be both environmentally friendly and a lovely treat for larger carnivores. Could you request that, I wondered. I made a mental note to write to the WWF in order to find out.”

Ya digo, un pelín excesivo pero entretenido, incluso británico a ratos (No, no ingles que la autora es, o vive, en Glasgow; y puede que estos sigan siendo europeos cuando los ingleses dejen de serlo, o eso les gustaría según tengo entendido).

Mi único motivo para comprar (en NYC, antes de venirme a Nueva Zelanda) The Deeper the Water the Uglier the Fish fue obviamente el título. Me gusta tanto que incluso la lectura de la contraportada, o de la solapilla, en la que la describían como una novela en la que dos hijas pelean por la atención de su padre, una mirada a la relación entre familia y arte y otras chorradas incluidas en ambas partes del libro; no, ni siquiera eso me hizo cambiar de opinión. En fin, pues eso que el título es exactamente lo mejor del libro. Si no os gusta el título no le deis una oportunidad, si os gusta pues vosotros mismos, pero yo ya he avisado.







A ver, un libro sobre la infancia de una niña en Irlanda no es, así a priori, algo que uno se sienta tentado a comprar, incluso si esta infancia transcurre durante los “Troubles”, a menos que uno se pare a reflexionar y se dé cuenta de que con la denominación de “problemas” los irlandeses se refieren a el conflicto armado de los setenta-ochenta en Irlanda (toma eufemismo, creo que ligeramente insuperable, aunque alguna de nuestros nuevos políticos españoles están a la altura no han cuajado tanto como esta denominación) y entonces pues comprar no bones tiene más sentido ya que quien no tiene interés en esta parte de la historia, de una historia tan cercana. Una historia con la violencia cotidiana como seña de identidad, como contexto e incluso como explicación de casi cualquier comportamiento: “In spite of, or maybe because of, the reality all around them, the young people in the area didn’t really accept they could die.  Their neighbors or brothers, or mothers or sweethearts perhaps, but they´d go on forever and they ´d have great crack”.

También es el reflejo de otros tiempos, más divertidos a la vez que más brutales, en los que uno podía plantearse escribir un artículo con un título como “The only way to cure the anorexia is to force feed” y en los que un celiaco (falso celiaco, que los que de verdad lo son, tienen mi respeto y apoyo. Que no se me malinterprete) sencillamente no habría sobrevivido, probablemente quemado por tener creencias próximas a la brujería.

The Women’s Bookshop es una de esas librerías en las que ponen pequeñas notas en los libros que les gustan a las dependientas con una descripción de porque le ha gustado, o a que se parece. Lo cual en cuanto consiga saber el nombre de la dependienta preciosa y encantadora que tiene posibilidades de gustarme puede resultar interesante para saber qué cosas, que libros, le gustan y por lo tanto saber si realmente tiene posibilidades y merece la pena el esfuerzo (seguramente titánico de entablar amistad con ella).

Lo que también tiene es una lista de los cincuenta mejores libros escritos por mujeres según una votación de las mujeres de nueva Zelanda en no sé qué revista. No solo tienen la lista si no que tienen una pared en la que tienen uno o dos ejemplares de las cincuenta novelas y alguna adicional, además de la votada, de la escritora elegida. No, no puedo deciros ahora mismo cuantas he leído o como voy con la lista ya que pese a que, conociendo mi mala memoria, decidí traerme una a casa, al final decidí mandársela a mi hermano para que en su posición de empresario y artista del sector me dijera alguna opinión. Así que ahora mismo no tengo la lista y no puedo deciros… pero si puedo deciros que he decidido seguirla hasta completarla (o averiguar el nombre de mi dependienta favorita, en cuyo caso me dedicare a completar sus lecturas favoritas, dejando la lista de lado) así que en cada visita me compro dos de la lista (además de otros dos que no están en la lista): uno de la cabecera de la lista y otro del final de la lista.

El primer lugar en la lista es obvio y lo ocupa el cuento ese de la criada que ya he leído y que me pareció de una fama bastante inmerecida como ya creo haber comentado. Como Rafa me había comentado que realmente la autora tenia cosas que estaban bien decidí darle una oportunidad a Hag-Seed, otro que habían añadido al hueco reservado para la autora.

Por supuesto, ya me conocéis, lo cogí sin haber leído nada especialmente, ni la contraportada y mucho menos una nota al final en la que explican que al parecer son versiones de obras de teatro clásicas (de Shakespeare, quiero decir que son ingleses) pero recontadas por autores contemporáneos (Jo Nesbo, Macbeth; Gillian Flynn, Hamlet). Yo, tras haber leído el libro pues no estoy seguro, aunque he de reconocer que no tengo muy claro de que va La Tempestad (que se supone es la que se recuenta en este caso), de que en este caso la historia la recuente salvo en el sentido en que, si aparece y unos se la explican a otros, pero no sé yo si eso es recontar (no sé, para mi recontar es más como Kurosawa con Ran, recontando El Rey Lear pero que sabré yo de Shakespeare).

En cualquier caso, por razones de edad y de situación personal me niego a aceptar esta frase del protagonista “’Other places?’ said Felix, ‘I’m fifty, for cripes’sake. Past the sell-by date for new starts, wouldn’t you say?’” Anda que, hasta aquí podíamos llegar, hasta considerar que ya a los cincuenta uno no puede empezar algo. No, hasta ahí podíamos llegar, aunque he de reconocer que el uso de ese “fecha de caducidad/venta” me gusta mucho, casi tanto como llamar a alguien donut “because he claims to have nothing in the middle of his head”. Incluso cuando mi donuts favorito es el Boston Cream que esta deliciosamente relleno, pero entiendo la idea del insulto y me encanta. 

Alguno de va a quedar con ese mote me temo.

En el numero cincuenta de la lista de lecturas estaba Night at the Circus, que desgraciadamente no tiene nada que ver con la famosa de los hermanos Marx. La verdad es que no empezaba especialmente mal ya que sobre la pagina ocho había una descripción que me recodaba a gran parte de mi familia paterna, especialmente a mi abuelo Elias “who now shifted fron one buttock to the other – ‘better out tan in, sir’ – let a ripping fart ring round the room” ya que esto de tirarse pedos con una discreción minima parece que siempre ha sido un tema de familia aunque nosotros lo hacemos sin comentarios aprovechando nuestro hieratismo británico.

En cualquier caso  el resto de la novela decepciona y, sinceramente, no he conseguido acabarla puede que por mi poco, o nulo, interés por el circo y sus gentes pese a ratos sentirme identificado con algunas facetas de su personaje principal ya que “I must say, too, that I both hate and fear the open country. I do not like to be where Man is not, I tell you straight. I love the sight and stink and bustle of some human habitation a I love my life and a bit of landscape that has no people in it, no friendly smoke rising from the chimney of some human habitation, is as good as a desert to me.”

Y ya veis lo que son las cosas aquí estoy en un país en el que su única virtud parece ser la posesión de grandes espacios sin gente, una cultura del campo y de la naturaleza que choca de frente con mi concepción del universo. Sorpresas te da la vida que cantaban la Orquesta Platería cuando yo era pequeño (ya, ya sé que no es suya, pero ellos la descubrieron a muchos madrileños y eso merece un respeto).

En fin, con esto y antes de ponerme a despotricar de este país de amantes de la naturaleza voy a dar por terminada esta segunda parte de puesta al día, que no será la última, pero espero que sí, la penúltima y no en su acepción de las cinco de la madrugada para referirse a la última cerveza o copa)

Una más, con otros cinco libros, y ya me pongo al día… y empezare a contar otras cosas que lecturas.

Lecturas
How are you going to save yourself – JM Holmes
Edge – Koji Suzuki
Manhattan Beach – Jennifer Egan
Eleanor Oliphant is completely fine – Gail Honeyman
The Deeper the Water the Uglier the Fish -  Katya Apekina
No Bones – Anna Burns
Hag-Seed – Margaret Atwood
Nights at the circus – Angela Carter