domingo, 15 de julio de 2018

Comentario de textos Junio 2018



Hay un experimento bastante conocido de psicología que se supone prueba la capacidad de percepción y concentración, en el que se pide a los sujetos que observen un video de un partido de baloncesto y cuenten cuantos pases da el equipo que lleva la camiseta oscura. No parece ni difícil (no lo es, la mayor parte de la gente acierta, o se aproxima bastante) ni especialmente interesante, sin embargo los experimentadores lo ven como una prueba de la escasa capacidad de percepción de los sujetos. ¿Cómo, os preguntareis, llegan a semejante conclusión?  Pues sencillamente porque es un experimento tramposo, muy tramposo. Resulta que mientras estas contando los pases un tipo disfrazado de gorila cruza el campo de juego haciendo chorradas y la mayor parte de los espectadores no se dan cuenta de este hecho, no es que no lo comenten, es que sencillamente no lo observan.

¿Prueba esto que los espectadores no tienen capacidad de percepción? Yo lo dudo, al fin y al cabo lo que se les ha pedido es que se fijen, y cuenten, el número de pases que realiza el equipo vestido de oscuro, no se les ha pedido que se fijen en si hay algo anormal en el partido (por muy anormal que sea) igual que tampoco se les ha pedido que se fijen en el color de pelo de los jugadores. Para mí, y en las repeticiones del experimento se pone de manifiesto, es evidente que si no les hubieran pedido que contaran los pases seguramente casi todos hubieran observado al tipo disfrazado de gorila, pero al imponer una tarea concreta en la mente de los espectadores se desvirtúa su capacidad de observación y percepción.

¿Por qué inicio hoy este blog “de libros” con algo tan fuera de lugar? Bueno, pues básicamente porque yo voy a hacer algo parecido y hablando de libros (y canciones) voy a intentar que no se noten mis comentarios sobre algún posible cambio importante en mi vida (la palabra clave de esta frase es “posible”, ya que de momento solo es una posibilidad que estoy explorando, para nada una realidad. Tan solo una idea). Bueno, hare eso o igual – depende de cómo se desarrolle la escritura – igual ni siquiera lo comento en este blog, como si yo fuera tan supersticioso como un escritor que nunca cuenta de que van sus novelas hasta que no las ha terminado cuando la realidad es que yo no soy supersticioso porque serlo trae mala suerte. Así que en esta entrada os pido contéis el número de vocales que aparecen en la misma.


Pero vamos con el experimento y empecemos por mi primera lectura del mes, Papá se ha ido de casa, título que obviamente no invita a leerla pero que como la contraportada la clasificaba de “un clásico del feminismo inglés”, siendo este un tema del que no tengo ni idea, no ya del feminismo inglés, si no del feminismo en general, pues me decidí a comprarla a ver si aprendía, comprendía, aunque fuera algo básico que tampoco era mi interés averiguar las diferencias entre el feminismo inglés y el feminismo de otras nacionalidades. ¿He aprendido algo? No, la verdad es que no, no he aprendido nada pero igual esto se debe a que ya sabía algo de las diferencias históricas entre hombres y mujeres y como estas todavía se mantienen en gran medida (en mayor medida en unos sitios que en otros) a día de hoy (más aun en la época en la que está escrita la novela, 1958). Si, supongo que he aprendido (o podría haber aprendido de no saberlo) que las costumbres sociales son incluso más inamovibles, o más lentamente transformables, que los conocimientos científicos, esos mismos que la protagonista en cierta medida asume durante la novela: “Ella había leído en algún sitio que, en el pasado, la gente creía que el cerebro tenía como finalidad derramar vapor frio sobre el corazón para enfriar las pasiones. Al parecer eso es lo que le estaba sucediendo a ella en aquel momento”. Si, la gente ha creído durante mucho tiempo cosas como estas y como que las mujeres deben de servir al hombre, o que su verdadera finalidad es la de ser “reproductoras” (en este sentido esto no solo una absurdez del feminismo sino de toda la sociedad que trasmite la idea de que la reproducción es parte de una vida completa, tanto para las mujeres como para los hombres) y lo que es peor es que mucha gente sigue creyendo en cosas igual de absurdas o incluso todavía más absurdas como que existen alimentos naturales y otros que no lo son, que existen alimentos libres de químicos, o eso que no todos tenemos los mismos derechos (ya sea hablando de mujeres y hombres, tendencias sexuales, lugar de nacimiento o creencias). Si, todavía quedan grandes bolsas de ignorancia y estupidez en el mundo que deben de ser erradicadas.

Por cierto que esto es algo de lo que yo no me considero liberado ya que todavía considero que hay grupos…  y grupos de chicas. Por ejemplo en la colección (perdón discografía, que no colección) de Álvaro hay dos copias del disco de Heroines (uno de los grupos favoritos de Helena) que pese a ser un grupo paritario, para mí, es claramente un grupo de chicas, que suenan así de bien (o incluso mejor) lo que no tengo ni idea de si me convierte en feminista (por considerar que en este grupo las chicas son más importantes que los chicos, siendo el mismo número) o en machista (simplemente por hacer la distinción). Ni idea, con estas cosas me pierdo.



Algo con lo que si me he quedado de este libro es con ese “Se hallaban, en plena madurez, aun capacitados para cometer cualquier crimen y cualquier grandeza, paralizados por la trivialidad” que siento es de aplicación a mi edad actual (igual no en plena madurez, si no ya un poco pasado, posiblemente solo aprovechable en forma de macedonia, y con capacidad solo para cosas de tamaño mediano; nada de grandezas ni mucho menos de crimenes) pero ciertamente paralizado por la trivialidad. Un poco menos paralizado ahora que me estoy planteando marcharme de este país para quitarme toda esa trivialidad de encima e intentar tomar un nuevo impulso. Como según el experimento debéis andar entretenidos contando vocales, sin prestar demasiada atención a la lectura, aprovecho para dar salida al gorila a cancha y os cuento que el jueves me marcho a Nueva Zelanda, de momento para conocerlo pero con la sincera intención de conseguir que me guste, me ofrezcan un trabajo que me interese y volver para quedarme y reinventarme para dejar de lado esta trivialidad que me paraliza y confiando en que no me salga mi Doppelgänger malvado como el que cantaban que tenían los Hex Dispensers:



Precisamente el tema de los Dopplegänger y en su acepción más normal de “gemelo malvado” encaja con mi siguiente lectura, La novia gitana, ya que su supuesta autora (Carmen Mola) es obviamente un seudónimo (algo que no hacía falta que indicaran en la solapilla, aunque es posible, incluso probable, que existan varias Carmen Mola a las que tampoco quiero ofender que igual alguna es familia de general golpista y tampoco es plan de empezar otra guerra civil por una bromilla) que es algo que puede asociarse a un gemelo, a un Dopplegänger, y porque es mala, como si fuera un gemelo malvado, aunque claro igual el gemelo original tampoco es bueno. NI idea, ya que la lectura de la novela no me ha producido ni el más mínimo interés en saber quién es quién se esconde tras ese seudónimo, así que puede que este sea su gemelo malvado o puede que incluso sea su gemelo brillante, habrá que averiguar quién es el gemelo original para decidir. En cualquier caso creo necesario aclarar que no es que sea una novela pésima, ni siquiera especialmente mala, lo que pasa es que es una novela que no tiene nada: ni una historia clasificable como buena, ni unos buenos diálogos, ni personajes de los que te gustaría saber más; pero como lectura de verano pues se deja leer pero poco más.

La novena hora se inicia con un suicidio, lo cual es una forma cunado menos llamativa de empezar una novela que si eres como yo (y no te has leído la contraportada para saber de qué va la novela) pues te deja con la duda de si la novela se centrara en cómo se ha llegado a esta situación o si bien la novela tratara del futuro y de la aceptación, o no, de este suicidio; de su impacto en otros personajes. Si no eres como yo (y te has leído la contraportada) ya sabes que solo es un punto de comienzo como otro cualquiera y que realmente la historia no trata del suicidio si no que este es solo eso, un punto para situar a los personajes y justificar parte de su situacion. Supongo que si yo fuera un poco menos como yo me habría costado un poco más comprar esta novela ya que las vidas asociadas a un convento de Brooklyn me interesan bastante menos que la perdida voluntaria de la vida, el suicidio, que he de decir es un tema que me interesa mucho.

Aclaro, antes de que alguien se me ponga nervioso: no como acto a practicar, sobre todo porque solo se puede practicar una vez y yo soy más de hacer cosas repetitivas, ya que siguiendo una famosa regla informática a mí nunca me sale bien a la primera ya que si algo funciona a la primera es que está mal; pero también en gran medida porque pese a que soy una persona básicamente feliz.

Por aclarar la aclaración, confesare que no tengo el valor de negar que en algunos momentos la idea de este acto haya pasado por mi mente, todos tenemos momentos verdaderamente malos en los que lo mandaríamos todo a paseo (por no decir a la mierda), a todos nos han dado sirocos en los que no vemos mucho sentido a las cosas. Afortunadamente nunca me he sentido cerca, posiblemente por mis experiencias vitales sobre el impacto en otras personas, pero en gran medida creo que también, pese a lo que recomiendo la sabiduría popular, porque no me he dedicado a compartir estos sentimientos depresivos cuando los he tenido y a que mi relación con las drogas siempre ha sido recreacional y no paliativa, nunca he bebido o he tomado drogas para intentar olvidar o salir de una situación, solo para divertirme o ser lo suficientemente social como para intentar seducir a alguien, solamente para mejorar una situación que ya era buena. Para mí solo existe una forma de enfrentarse a las situaciones malas y es la de plantarles cara, con todas tus fuerzas pero solamente con tus fuerzas; si necesitas sustancias que te den fuerzas adicionales, o si necesitas el apoyo de otras personas (más allá del que ya tienes, del que te has ganado, en condiciones normales) nunca lograras enfrentarte de verdad a las cosas malas, solo las esconderás, ellas se dedicaran a crecer mientras tu no las miras y tú te harás dependiente de ese apoyo externo (ya sean sustancias o personas) algo que me parece más un problema que una solución. Pero divago, ya, si eso, hablamos de temas serios otro día, que ahora es el momento de que sigáis contando vocales y de aprovechar para recordar otro clásico de la letra H, los Hi-Risers:


 En cualquier caso y aunque la novela no trate mucho del suicida deja algunas reflexiones para católicos y otros creyentes en reencarnaciones: “¿acaso puede haber un tormento mayor para un hombre cuyo pecado fue el suicidio que el de permanecer atrapado para siempre en el cuerpo del que había intentado deshacerse?”; e incluso otras para grandes preguntas para los agnósticos con sentido del humor (pero no del tiempo): “¿acaso no es gracioso como morimos todos al mismo tiempo? Siempre al final de nuestras vidas. ¿Por qué preocuparnos?”

A finales de mes, para evitar las fiestas del Orgullo Gay (y Lesbico y Trans, y Bi e indiferente, y cualquier cosa salvo, no sé bien porque, las de aquellos a los que la identidad sexual no nos parece relevante) que ya son las fiestas principales de Madrid que la hacen inhabitable, desplazando a otros santos patrones (como San Isidro, La Almudena, La Paloma o El Camen) más tradicionales y que a mí me molestaban de forma similar (a mi odio por las multitudes y por los festejos populares no le importa la identidad sexual o religiosa, o la causa solidaria que se reivindique y solo respetan, parcialmente las fiestas de San Genaro en NYC) me marche a Piles lo que me obligo a volver a visitar mi librería de referencia, la Librería Méndez de la calle mayor, para proveerme de lecturas ya que ni siquiera tenia lectura para un viaje en cercanías hasta la Librería Fuenfria de Cercedilla, algo que si yo fuera mi hermano me haría cantarme, sumamente enfadado y decepcionado por mi escaso apoyo al negocio, al menos el título de esa temazo de Husker Du, que os recuerdo:



En cualquier caso y sin comprobar si mi hermano ha decidido no volver a hablarme, por no subir a visitarle o por alguna de las otras razones que Husker Du, da en ese temazo, me compre, entre otros, para llevarme a Piles, uno de esos libros que asusta por su tamaño, más de seiscientas páginas, vamos, lo que viene siendo un verdadero “tocho” que se llama Tierra Madre y del que la frase de la contraportada me parecía tan buena como esa de las familias felices y tristes de todos sabéis quien: “Uno viene de una familia como de una tierra lejana. La nuestra era un caso aparte con sus propias costumbres y crueldades”.

Si bien yo le hubiera aplicado el método Stephen King (que según el mismo consiste en eliminar al menos un diez por cierto de lo escrito en cada revisión y realizar más de tres de cada original), al menos un par de veces y le habría quitado unas doscientas páginas que, para mí, no son más que repeticiones la verdad es que es un libro que me ha impresionado.

Según lo leía no podía dejar de pensar en que la madre del libro es exactamente igual que mi abuela: abusiva, manipuladora y sencillamente mala, así como pensar que en gran medida ha sido una suerte que, en cierto modo, mi madre fuera hija única (realmente tuvo un hermano pero murió muy joven) y mi abuela no pudiera ejercer la manipulación final de enfrentar a sus propios hijos. Con doscientas páginas menos habría sido mejor novela y creo que incluso habrían resaltado más esas frases de defensa de los lectores que a todos (los lectores, se entiende) nos gusta leer y nos creemos como grandes verdades: “La gente que lee mucho y con fervor aprende un idioma y habita un mundo que es diferente del mundo de los que no leen. No me refiero a los analfabetos, que, como tantos que conocí en África, desarrollan unas habilidades de observación especiales. Los no lectores son meramente vagos y arrogantes y obtusos. Y cuando hablo de lectores, no estoy pensando en los que están siempre buscando la última novedad, sino a los que vagan por el ámbito de la literatura, a los que se meten entre sus matorrales y en sus cavernas, a los que recorren los caminos poco transitados por los que solo los genios descarriados se aventuran. Los nombres famosos, desde luego: Shakespeare, Dickens (el Shakespeare de la novela), Flaubert, Joyce, Twain y Melville. Incuso quienes no leen conocen estos nombres, y aunque nunca abran un libro, han oído lo de «ser o no ser» y lo de por «por favor, señor, quiero un poco más» y que el capitán Ahab tenía una pata de palo y que la ballena es blanca. Pero nunca han oído los nombres de …” y sigue con una lista de autores que me excluye de su clasificación como lector debido a mi incultura enciclopédica (aunque me siento menos excluido que muchos conocidos míos que más que lectores son practicantes del Tsundoku, esa intraducible palabra japonesa que describe el hecho comprar libros solo para dejar que se apilen, sin leerlos).

Estando ahora mismo planteándome un cambio vital hay otras frases, en este libro con las que me siento identificado: “Con el tiempo, comprendes que se llega a un momento en la vida en el que no hay nada más para ti, nada más que una creciente repetición, el eco moribundo de las cosas pasadas.” pero con las que no me conformo, creo que esto se puede, y se debe cambiar, aunque para ello uno tenga que plantearse algún cambio que pueda ser clasificado de radical. Algunas veces uno ha de pasar de hacer el punk de Refused al PowerPop de The Lost Patrol Band o incluso dedicarse a cantar en un idioma incomprensible para la mayoría del universo, reinventarse como Invasionen y dar uno de los mejores conciertos que he visto en el Wurlitzer y puede que incluso fuera del Wurlitzer.


Algunos cambios aunque nos hagan ser un poco más incomprensibles resultan a veces necesarios para avanzar. Y aquí termina el experimento, el numero de vocales del texto o cualquier otra cosa, para eso están los comentarios.


 Lecturas:

Papa se ha ido de caza – Penelope Mortimer
La novia gitana – Carmen Mola
La novena hora – Alice McDermott
Tierra Madre – Paul Theroux

domingo, 10 de junio de 2018

Comentario de textos Mayo 2018 (y la G)



Pues ya estamos en Junio, como quien dice ya prácticamente en el verano, algo que a la mayoría de la gente le hace mucha ilusión pero que a mí me resulta bastante indiferente (como siempre digo, las vacaciones – y el verano – son para los pobres; los ricos no las necesitamos). En cambio sí que me hace ilusión llegar en este momento hasta la letra G ya que así puedo empezar colocando una canción de Gruppo Sportivo, que vale, lo sabemos todos: no son un gran grupo, pero innegablemente son divertidos; o eran divertidos en aquella época (los primeros ochenta) en el que las chorradas eran mucho mas chorradas que ahora mismo (si, ya lo sé: la nostalgia tampoco es lo que era) y que pese a la desfasada canción que os pongo, que creo que tiene todo tipo de “marcianadas”, también tenían buenas canciones.



No puedo decir que Sportivo (Gruppo) haya sido nunca uno de mis grupos favoritos (solo tengo un vago recuerdo de haber visto al calvo, a las dos chiquillas y los dos saxofonistas en directo y de haber disfrutado mucho con sus tonterías pero puede que no los haya visto. Mi memoria, como la de todos, es así y tanto pierde los recuerdos como los crea) por lo que la oportunidad de poner una canción de ellos tampoco debería ser nada especial, lo que pasa es que Sportivo (Bar) sí que ha sido un nombre al que me siento vinculado, muy vinculado, por muchas casualidades de la vida.

El Sportivo, del que pese a las horas que he pasado en el no estoy seguro de que se llamara así por el Gruppo Sportivo, era uno de los bares favoritos de Lourdes y mío; junto con el Haddock – del que si puedo asegurar que se llamaba así por el capitán Haddock, el de Tintín, aclaro por si alguno tiene tan pocas referencias como mi sobrina – que dejamos de frecuentar tanto porque lo descubrieron y le cogieron cariño, los amigos de mi hermano Rafa y ya no resultaba tan divertido; y el Wilhelm Meister – del que también puedo asegurar la procedencia de su nombre, siendo innecesario aclararos que se refiere al personaje de Goethe, porque todos  “sabemos quién es Wilhelm Meister, ¿o no?” que fue lo que nos preguntó el dueño antes de ponernos la primera copa y a lo que contestamos lo sufrientemente bien como para que nos pusiera las siguientes y que, con independencia del día que fuera, nos recibiera siempre con el Friday on my mind de The EasyBeats, canción que por algún motivo decidió que era nuestra canción favorita y que para mí ya está ineludiblemente unida a aquellas noches y a aquel minúsculo bar.

Pero volviendo al Sportivo, como hacíamos al menos un par de veces por semana durante tantos años que al final lo llevaban los hermanos pequeños de los que lo llevaban al principio por lo que fuimos clientes “Intergeneracionales”, o casi decoración propia del bar, si bien al final cerro, igual porque Lourdes y yo ya no íbamos (ya ni siquiera éramos Lourdes y yo) las casualidades de la vida hicieron que uno de los primeros locales (para nada el primero, que ya habían mirado bastantes, creo) que vieron Álvaro y Helena  para montar un bar fuera precisamente el Sportivo. La verdad es que no estaban cien por cien convencidos de cogerlo ya que pillaba un poco fuera de Malasaña, pese a estar en la mismísima calle e Manuela Malasaña, y en una zona de poco paso. Creo que incluso comentamos la posibilidad de que me acercara a verlo antes de decidirnos, lo cual a mí me parecía un poco innecesario ya que había pasado tantas horas allí tomando bacardis con limón que nuestro primer pedido no llegaría para servir ni una décima parte de los que me había bebido en el bar, probablemente ni siquiera diera para los que se había bebido Lourdes. ¿Ir a verlo? Menuda tontería, pero si, sin ninguna duda, podía ir desde la barra hasta los servicios, y volver, con los ojos cerrados e incluso sin recuperarme del todo de una lobotomía frontal, o una ingestión masiva de alcohol (algo que seguramente ya había hecho más de una vez). Totalmente innecesario eso de ir a visitarlo, que no se preocuparan porque fuera una calle de “poco paso”, que cerrábamos el trato, firmábamos los papeles y nos poníamos manos a la obra, o en su defecto una copilla (aunque igual no un ron con limón que yo ya me había pasado, casi definitivamente, al Barceló con zumo de naranja, bebida a la que me habían introducido Lourdes y Cocucho y que pese a que no era habitual que hubiera en los bares, resultaba innegociable tener).

Pero ¿no vas a ver el Sportivo antes de firmar? Insistían estos dos. ¿Cómo vamos a decidirnos a coger un bar sin que vayas a verlo? Tú… tú no eres normal; tienes que verlo antes de tomar la decisión; esto no es como comprar una barra de pan o como comprar una cerveza (estamos hablando de mucho antes de que existieran las cervezas artesanas y los cientos de tipos que existen ahora).

Pero yo no tenía ningún interés en volver a verlo, ya lo conocía y no tenía ni idea de lo que podía hacer un bar mejor que otro, o de que era lo que esperaban que viera que no hubiera visto ya. Además había decidido que sería mucho más divertido ver la cara que pondrían los hermanos (Los pequeños o los mayores) cuando supieran que era a mí, a un cliente, a quien se lo vendían. Sí, hombre, ¿perdernos la cara que iban a poner los dueños cuando me vieran entrar a mí a firmar el traspaso solo por ver el almacén? No, hombre no. No merecía la pena.

Y acerté ya que la cara que se les quedo a los hermanos cuando me vieron, porque ciertamente me reconocieron, fue lo suficientemente antológica para compensar el hecho de que hubiera zonas del bar que no conocía y que igual hubiera estado bien ver antes de comprarlo, ya que ¿Quién se iba a esperar que el almacén estuviera lleno de ruedas de carritos, de asideros de autobús o incluso de señales de tráfico y semáforos? Además, aunque hubiera sabido antes de estas pequeñeces, nada habría cambiado. Abrir un bar era una necesidad en esos momentos y el Sportivo cumplía los requisitos necesarios para ser un gran bar, al menos para mí como ya había demostrado mi presencia continuada en el mismo. No, cerraríamos el trato y abriríamos el Morgenstern (aunque creo que aún no sabíamos que se llamaría así; eso lo decidiríamos más tarde tomando unas pintas, o puede que unas pintas de mas) sin necesidad de que yo fuera a ver el local. Del Morgenstern, pasamos al Acme, luego al Wurlitzer y al Wharf-73, y a lo que todavía quede por venir por lo que en gran medida todo empezó con el Sportivo. Eso y las muchas horas de felicidad que pase en el Sportivo con Lourdes, y la suposición de que el nombre inicial venia por Gruppo Sportivo hacen que para mí sea importante este grupo, aunque nunca fuera uno de mis grupos favoritos, ni siquiera uno de mis favoritos en la letra G, ni siquiera en la letra G limitada a la colección de discos de Álvaro (donde debo hacer notar que no se encuentra Gram Parsons, lo cual es una ausencia mayor) ya que en esta letra también se encuentra el excelente, si bien errático, Graham Parker.



Sin ánimo de entrar en el debate musical me reafirmo en mi opinión de excelente pero errático como demostró en su concierto del 86, en la Universal (la de Manuel Becerra) del que todavía tengo un recuerdo agridulce, con temas excelentes pero con partes que no estaban a la altura de lo que algunos esperábamos de él. Una lástima, pero divago, ya, si eso, hablamos de esto otro día. Ahora, a por las lecturas.

Mi primera lectura del mes ha sido un libro que realmente no me apetecía nada leer pero que me sentí obligado a comprar por su título: Como leer el agua. He de reconocer que en parte estaba predispuesto a que no me gustara,  no solo por ser un libro divulgativo, género que no me interesa lo mas mínimo si no también por el aspecto del autor, por los subtítulos de la portada, por la contraportada, por la hojeada rápida que había echado al interior del mismo; pero por otra parte estaba dispuesto a que me gustara e incluso a aprender cosas sobre el tema que es el centro de mi carrera profesional y que también me fascina como entretenimiento. Digamos que sus posibilidades estaban al cincuenta por ciento, o tal vez treinta setenta al iniciar la lectura y sin embargo no he conseguido pasar de la mitad del libro, y eso ya con mucha insistencia por mi parte. A mí me ha parecido una autentica bazofia pero imagino que puede tener su público ya que una de las cosas que más me ha aberrado es la necesidad que el autor muestra por no usar ningún termino técnico, como si el uso de estos fuera una enfermedad, como aquella defensora de las comidas naturales que afirma que ella no come nada que no sepa pronunciar (y que parece que tiene graves problemas de pronunciación o la necesidad de llamar a las cosas que no le gustan por un nombre que no les guste y que en este caso si no quisiera tomar agua la llamaría monóxido de dihidrógeno, u oxido de hidrogeno, y te convencería que no es natural, de que es malo tomarla porque ella no sabe pronunciarla). Digo lo de bazofia con un poco de dolor y vergüenza ya que creo que en el libro hay cosas interesantes y que la divulgación del mundo del agua es algo muy interesante por lo que es una oportunidad perdida, o incluso peor que perdida ya que la falta de rigor científico y la creencia de que el público no científico es cuasi analfabeto (o analfabeto científico) es una verdadera lástima.

Es algo que me da casi tanta lastima como esa gente a la que ahora le gusta The Gaslight Anthem pero reniegan de Springsteen, siendo incapaces de ver el parecido musical entre ambos por no decir cuánto le deben los primeros al segundo, no solo en sonido si no en su apoyo como aborígenes ambos de New Jersey. Dos hechos igual de lamentables.


Este mes también me hace ilusión porque por fin  puedo escribir que he visitado mi librería de referencia de la sierra de Madrid, la librería Fuenfría de Cercedilla, aunque he de confesar que me sorprendió un poco no encontraros a ninguno en su interior, o en su exterior ya que el librero Tarambana decidió cerrar pronto y abrir tarde, para festejar que gran parte de la familia habíamos subido a verle impulsados por mi tío (primo o sobrino, en realidad) Ricardo que por algún motivo decidió que subiéramos hasta allí para comer en lugar de hacerlo en un lugar más civilizado.

Mientras mi hermano firmaba ejemplares de su última novela para familiares y amigos que recibirían el libro por persona interpuesta yo aproveche para dar una vuelta por la librería intentando decidirme por algo que comprar ya que yo seguía esperando a que mi hermano me regalara la tradicional copia dedicada de su libro que acompañara a la que yo suelo comprarme para tener siempre dos copias en casa, como si esperara un divorcio y una pelea por los ejemplares de las novelas de Rafa.

Al final siguiendo las recomendaciones del librero tarambana me decidí a comprarme El Orden del día, novela corta que posiblemente yo nunca me hubiera comprado ya que el tema de las intrigas del tercer Reich o de los tornadizos industriales no me parecía especialmente interesante ni tentadora. Me alegra poder confirmar que es precisamente por esto por lo que tengo librerías de referencia, para que me recomienden cosas que posiblemente yo no me leería ya sea de forma implícita con la preselección que realizan de lo que ponen o no en los mostradores o de forma explícita como es el caso. Es verdad que el tema sigue sin interesarme especialmente pero que leer situaciones en las que uno puede sentirse tan identificado como cuando te enfrentas a una grosería injustificable y no reaccionas como deberías ya que no haces lo que debes, cuando “El intento de intimidación es grosero. Las maniobras más brutales nos dejan sin voz. Uno no se atreve a decir nada. Un ser demasiado educado, demasiado tímido, en lo más hondo de nuestro interior, contesta en vez de nosotros; dice lo contrario de lo que habría que decir.” siempre te proporciona el consuelo de no saberte solo. Es más, de no saberte solo frente a ese otro tipo de personas que piensan y actúan de una forma inaceptable bajo premisas tan absurdas como “Al cuerno el derecho, al cuerno las cartas magnas, las constituciones y los tratados, al cuerno las leyes, esas pequeñas escorias normativas y abstractas, generales e impersonales, las concubinas de Hammurabi, que son, como dicen, las mismas para todos, ¡esas pelanduscas! ¿Acaso el hecho consumado no es el más consistente de todos los derechos?” y que son la verdadera esencia del fascismo, el germen o el corazón de los comportamientos fascistas que se dan en todos lados, no solo en la política, sino en la vida cotidiana ya que no son más que el desprecio por los acuerdos tácitos de convivencia y que nos llevan a que las leyes (esas pelanduscas) no sean aplicables a nosotros. Por qué para mí el fascismo es simplemente eso, considerar que uno puede colarse en una cola, aparcar donde le dé la gana y esas pequeñas cosa; considerarse legitimado por hacer esos actos. Una gran recomendación del librero que me motiva a subir al campo con más frecuencia.

Al igual que ocurrió en los ochenta, una vez terminada la dictadura e incluso la parte más seria de la transición, era el momento de darse a la diversión así que después de esta lectura y de estas frases serias me veo obligado a poneros este gran tema de The Graduate que por lo absurdo del título es una declaración bailable del principio de permisividad (por mucho que poco más tarde este grupo se convirtiera en Tears or Fears y grabaran aquel gran disco The Hurting, mucho más serio y del que todos hemos gritado una parte lo que además de una realidad es una broma cultureta a descubrir que os dejo)




De vez en cuando por casa encuentro algún libro dedicado por el autor que sé que es imposible que este dedicado aunque la dedicatoria parezca de su puño y letra. Esto se debe a que mi hermano Rafa tuvo una época en la que se dedicaba a imitar la letra de autores consagrados y una vez que la había practicado lo suficiente se lanzaba a por una edición de bolsillo y se marcaba una dedicatoria con total impunidad. Creo que es algo que todavía práctica, normalmente en la intimidad de su hogar pero dicen las malas lenguas que se si le llevas a la feria del libro un libro de otro autor es muy posible que te lo dedique con la letra del mismo sin ningún pudor. Como yo casi no se escribir ni con mi propia letra, cuando vi Los Falsificadores, ya en mí librería de referencia de la capital (la librería Mendez de la calle mayor) me decidí a darle una oportunidad recordando esas dedicatorias de los libros familiares y por ser una policiaca de una buena editorial. No es que la novela este mal es simplemente que no tiene nada especial. Es una historia correctamente escrita sobre un tema, mundillo, curioso pero poco más, una novela más entre un montón sin nada en especial. Bueno corrijo, la verdad es que tiene una frase que me ha llamado mucho la atención ya que no estoy seguro de si es una frase positiva o un insulto solapado: “Pero después me acordaba de tu padre y me decía que de buen vino, buen vinagre, y más con un vino tan rico como era tu padre” lo que me preocupa porque desde luego en mi ámbito profesional me es del todo aplicable, como insulto, ya que mi padre era un excelente vino y aunque yo llegue a ser un buen vinagre… no sé, no es lo mismo ser vino que ser vinagre.

También en la letra G encontramos a Green Day que aunque obviamente tienen buenos temas, sobre todo en sus primeros discos, cada vez más sus canciones son eso, una más entre muchas otras sin nada verdaderamente especial, aunque a mi me siguen gustando.


Cuando estuve en Cercedilla les acababa de llegar, después de comer, la nueva “novela” de Orejudo: Grandes Éxitos que pese a que Rafa comentaba que era muy buena he de reconocer que me apetecía tan poco que no me la compre. ¿De verdad? ¿Orejudo ya ha llegado a la edad de hacer un recopilatorio? ¿No es un poco pronto? ¿Tiene necesidades económicas para justificarlo? ¿Tan bien le ha ido con la de los cinco como para aprovechar el tirón, como esos autores que cuando se vende su primera novela sacan un puñado de novelas del cajón de las rechazadas? No sé, así a priori se me hace un poco raro, aunque luego pensándolo bien tampoco es mucho más joven que Gaiman o de otros autores de los que si me he comprado algún recopilatorio? En fin, el caso es que en mi siguiente visita a la mi librería de referencia decidí darle una oportunidad y comprarla, al fin y al cabo puede que una vuelta al pasado de Orejudo rescatara algo gracioso, no se igual habría rescatado aquel “Los cinco y el misterio de los bedeles” que creo escribieron a medias Rafa y él en aquel numero en que tenía una trascripción de su programa radiofónico “El Gol de Marcelino” (en el que la selección musical corrió a mi cargo). No sé, podía ser divertido. Le daría una oportunidad.

Sinceramente: no está mal, ni bien. Se deja leer pero como en la mayoría de los recopilatorios las cosas decentes conviven con la morralla que por algún motivo siempre se cuela. Yo soy más discos completos, que vale, generalmente también tienen cosas buenas y malas, con sus canciones o partes de relleno, pero a las que soy más receptivo, me parece que con todo ofrecen una mejor continuidad y coherencia. Momento que aprovecho para dejar que The Grip Weeds hagan la pregunta retórica correspondiente:


Eso en cuanto a la parte de los cuentos incluidos en este Grandes éxitos que creo que, al menos para Rafa, no son la razón de recomendarlo (aunque puede que también) siendo la razón las introducciones a los cuentos, esa especie de biografía o según la contraportada introduce “la teoría literaria”. Respecto a esa parte, la verdad es que tiene más coherencia narrativa, más continuidad de estilo pero  será por vanidad colateral pero me sorprende tanto que no haya ninguna referencia a Rafa, ni a sus colaboraciones que se me hace muy extraño; tan extraño que era algo que durante toda la lectura no he conseguido quitarme de la cabeza y tal vez me haya estropeado la lectura. Pero ¿de verdad? ¿Nada sobre todos los años de universidad, de profesorado ambulante compartidos o pres-eguidos el uno del otro? ¿Nada de todas esos años en lo que salga, al menos un poco de Rafa? No se, supongo que cuando uno mira la vida de otros desde su perspectiva, en lugar de la del otros, siempre uno parece más importante de lo que realmente es.  

Con todo y aunque Rafa no aparezca explícitamente, para mí lo hace implícitamente a través de la incomprensión científica que ambos demuestran desde siempre que en el caso de Antonio le lleva a utilizar la metáfora de los vasos comunicantes precisamente en contra de la realidad, con ese “que la tensión de una sala se distribuye en dos vasos comunicantes; el de los espectadores y el del orador. Si el del conferenciante se vacía, el de la gene se llenara.”

¿De verdad? ¿Vasos comunicantes que se llenan y se vacían complementariamente? Ya, si eso, comentamos como el principio de los vasos comunicantes hace que ambos tengan el mismo nivel de llenado siempre, por aquello de que están comunicados,  e incluso hacemos practicas con un par de vasos de cerveza.

Hora de marcharme con un tema hortera pero moderno, aunque no sé si una cosa compensa la otra a mí me gustas (seguramente por lo hortera)



Lecturas:

Como leer el agua – Tristan Gooley
El orden del día – Éric Vuillard
Los falsificadores – Bradford Morrow
Grandes Éxitos – Antonio Orejudo

domingo, 13 de mayo de 2018

Comentario de textos - Abril 2018 (+ la F)


Este mes no podía empezar con una noticia mejor que la de que ya estaba listo el libro de Rafa (si, ya lo sé, mi hermano odia que le llamen Rafa pero hay cosas inevitables; como las ganas de molestar a los hermanos mayores) por lo menos desde un punto de vista de un lector. Desde un punto de vista más general esta no sería la mejor noticia del mundo y otras, que por razones de prudencia – puede que incluso de superstición – no voy a mencionar, espero que eclipse a esta y a ser posible en un tiempo muy breve.

Para mi es difícil criticar en público, o en privado, una novela de mi hermano igual que para vosotros sería muy difícil dar credibilidad a cualquier cosa positiva que os diga sobre ella. Así que no veo motivo para andarme por las ramas y lo diré directamente: es una buena novela, incluso una muy buena novela que por supuesto os recomiendo tanto su lectura como su compra para regalos variados: cumpleaños, aniversarios, peticiones de mano o de disculpas (en las joyerías a los regalos más caros los suelen denominar regalos de sofá, ya que son los que algunos hacen tras ser desterrados del lecho conyugal al sofá) pero sobre todo para regalárselo a uno mismo o a un ser querido al que sepas que le gusta leer (y ya puestos ir hasta Cercedilla y visitar la Librería Fuenfría para llevároslo dedicado que así parece que el esfuerzo ha sido mayor y parece que el regalo gana en calidad). Es el libro ideal para regalarlo sin motivo, ya que los mejores regalos son los que se hacen cuando no existe ningún motivo, salvo el de que te apetece hacerlo; el resto de regalos, los que se hacen con un motivo, por mucho que te apetezca hacerlo siempre parecen tener un componente de chantaje social, un algo que te ha obligado a pensar en esa persona y en hacerle un regalo y regalar libros de Rafa, aunque debería ser obligatorio, no debe ser una obligación. Pero, divago, ya, si eso, hablamos de regalos y obligaciones otro día.

Empecemos pues con Para morir iguales y por avanzar, empecemos por lo peor de todo: la frase de la fajilla, esa parte que dice “su novela culminante”.  ¿En serio, culminante? ¿Cómo es eso? ¿Es que mi hermano se a  retirar de la escritura? Sé que no se ha muerto, porque me habría enterado, alguno de mis hermanos me lo habría comentado y mientras estaba en la librería  no podía evitar pensar que si me hubieran comentado algo sobre la muerte o la retirada por causas de salud de Rafa de la escritura me acordaría e incluso lo habría comentado con el (bueno, salvo que de verdad hubiera muerto que entonces, pese a ser hermanos, no lo habríamos comentado por las dificultades técnicas que siempre conlleva comentar la muerte con el difunto). Ya digo, una frase muy desacertada y que estoy seguro de que en los próximos años Rafa la pondrá en su lugar cuando escriba su “novela culminante” que todos sabemos que está a la espera para cuando se vuelva a reunir el jurado de los premios nobel de literatura, ese que han disuelto por sus escándalos sexuales.

Comentado lo peor, pasemos a lo más incomprensible que sencillamente es la portada. ¿Qué demonios hace una ilustración tipo Ouka-Lee ilustrando esta novela? ¿Una ilustración de una azotea de Madrid con una familia, que se adivina feliz (padre y madre – o pareja sin más – y una niña, no diré hija ya que igual e algo alegórico que no he captado, mirando al lector) rodeados de frutas y ofensivamente subidos de color? ¿En serio? No sé, supongo que me chirria tanto porque yo ya había leído una versión del libro y encajar el contenido con esta portada me resulta sencillamente imposible, aunque también cabía la posibilidad de que Rafa hubiera cambiado tanto la novela que ahora la portada fuera adecuada o incluso, más probable, que yo me estuviera perdiendo la alegoría de la portada (si, estoy seguro de que es alegórica o puede que algo peor, tipo metáfora hiperbólica) o que no me hubiera enterado del libro en la primera lectura (pese a que preste atención y progreso adecuadamente en mi capacidad lectora, o ese dicen, decían, mis pedagogos, lo que antes eran “los profes”).

Ya, ya os veo, con la preguntilla esperando: vale, todo esto me parece bien pero ¿y la novela? Porque sé que vosotros no sois como yo, que para enfado de los escritores casi siempre decido comprar el libro por la portada o lo poco que, un indocumentado que no es el escritor, ha escrito en la contraportada sin haber leído ni una página del libro. Pues, como lo diría…. Es una buena novela de Rafael Reig para lo bueno y para lo malo, que en gran medida son la misma cosa. Me explico: Rafa escribe muy bien y le gusta mucho escribir, redondea frases e ideas con una facilidad envidiable, leerle es muy entretenido e casi siempre educativo, educativo en el sentido positivo de que ayuda a entender distintas formas de relacionarse y de ser de distintos tipos de personas, pero a Rafa escribe muy bien y le gusta mucho escribir por lo que la historia en si misma parece importarle poco, la historia para Rafa no es más que una excusa (un McGuffin, que diría Hitchcock ) para poder escribir y el libro sería igual de agradable aunque tratara sobre la reproducción de las musarañas que sobre la historia sobre la transformación de este huérfano casi como metáfora de la trasformación de la sociedad en la que está inmerso. Con esto no quiero decir que la historia sea mala, de hecho si tuviera que decir algo probablemente diría que es buena, pero creo que a Rafa no le interesa especialmente hacer una historia redonda, si no escribir bien una historia, o varias, sin tener necesariamente que centrarse o acabar ninguna de las historias. Si en lugar de escribir novelas se dedicara a los tebeos (perdón, comics) ya tendría material para hacer varios spinoffs, crossovers, precuelas y cosas similares en las que retomar las distintas historias que andan por el libro (por este y por otros suyos) sin resolver totalmente o sin acabar de mezclarse completamente.

Personalmente que no todas las historias se resuelvan a veces me crea cierta inquietud, centrada en querer conocer más de algún personaje, que se ve ampliamente compensada con la escritura y la ideas que va dejando caer por todo el libro, como esa de “Lo que nunca he logrado comprender es por qué si mis fantasías, si son mías, si de verdad me pertenecen, siempre tienen que acabar mal”.

La compra de libros de Rafa, por aquello de intentar impulsar el negocio e influir en la opinión publica,  siempre me obliga a traicionar a mis librerías de referencia por alguna librería cuyas ventas sirvan para conformar la lista de libros más vendidos intentando crear esa espiral de ventas necesaria buscando un milagroso efecto mariposa. De momento nunca lo he conseguido, pero con este libro algunas tradiciones han cambiado, como la de que Rafa me regalara un ejemplar dedicado, algo que al parecer este año con la excusa de que ya me habría comprado yo uno (algo que he hecho con todos) le ha parecido innecesario dejándome sin ejemplar dedicado  por lo que es posible que este año también cambie lo de las ventas y el efecto mariposa.

Aprovechando la sabiduría popular de “culpable por uno, culpable por muchos”, o la de las películas de asesinos y robos en las que “si te va a caer la penas de muerte por uno, que sea por muchos” decidí aprovechar mi traición, la visita a esta librería con lista de ventas, y comprarme también Años de Sequía, no solo porque el titulo haga referencia un fenómeno hidrológico, sino porque una policiaca ambientada en la parte rural de Australia parecía una idea tentadora y que sinceramente ha sido un acierto. No puedo contar mucho sin estropeaos la trama que está muy bien trenzada entre un pasado poco definido en el propio recuerdo, o conocimiento, del protagonista y un presente en el que no le gustaría creer (su amigo de la infancia se ha suicidado después de matar a toda su familia) pero que por las partes que no conoce del pasado tampoco se atreve a no creerse. A mí me ha gustado mucho, me han gustado los personajes  y frases descriptivas de ciertas personas que aquí también existen, cada día más para desgracia suya, como  “Era un antiguo banquero que se había mudado al campo por motivos de salud y desde entonces no hacía más que intentar convencerse de que no odiaba cada minuto que pasaba allí”,  si bien los que yo conozco más que banqueros son malasañeros típicos que tras años de excesos creen sentirse cansados de la ciudad y se retiran al campo con la intención de reformarse (o eso dicen) pero que cada vez que visitan la ciudad están igual o más pasados que antes y que mientras hacen apología .de la tranquila vida campestre pueden notar que están desesperados por volver a la ciudad.

Pero antes de que alguien empiece un debate sobre las virtudes de la vida en el campo me veo obligado a citar a un personaje de la novela: “No pienso ponerme a debatir contigo, amigo mío – decía Mc Murdo desde detrás de la barra -. Mira a tu alrededor. Esto es un bar, no una democracia.”
Pues eso que como esto tampoco es una democracia, retomo la colección de discos de Alvaro (en la F) y tras no encontrar un video de aquellos Fevers que Kike Turmix (todo un personaje de la música de Malasaña que una vez muerto parece haberse convertido en un personaje entrañable cuando… divago, en fin, ya, si eso, hablamos de esto otro día) te vendía, más bien te colocaba sin poder opinar nada al respecto o si tenías suerte te los daba en pago por la comida y bebida a la que (según él) le habías invitado me permito repetir con un grupo del que ya he hablado en este blog: Fischer-Z y su Limbo; un temazo indiscutible y sorprendente, bien lejos de su sonido habitual.



Una cosa de la que poca gente es consciente es del gran peso de los “grupos imaginarios” en los movimientos culturales, en la animación cultural de una ciudad. Es algo que paso en Madrid durante la movida, donde por cada grupo real – de esos que de verdad se juntan, ensayan e incluso consiguen dar algún que otro concierto – había al menos dos grupos imaginarios (puede que diez), formados por gente que quería hacer música pero o no tenía los medios suficientes o se perdía en otras ocupaciones que requerían un menor nivel de concentración o inversión (al fin y al cabo beberse un par de cosechas de trigo de la unión soviética costaba menos que los instrumentos necesarios para formar un verdadero grupo por no hablar del alquiler de un local en el que reunirse a ensayar, algo totalmente necesario en sitios como Madrid donde apenas si existen las casas con un garaje libre para montar un grupo, o una empresa tecnológica). Es verdad que para la historia solo suelen quedar los grupos reales de los que, por supuesto, suele olvidarse su pasado como grupo imaginario, como les paso a Echo And The Bunnymen que durante muchos años fueron uno de los grupos imaginarios más influyentes de la escena (real) del Liverpool de finales de los setenta, hasta que encontraron un garaje en el que ensayar y convertirse en un grupo real.

La verdad es que por esto (y por haber tenido yo un grupo imaginario) me apetecía bastante leer Memorial Device, libro que le habíamos regalado a Álvaro, que pretende reconstruir la historia (imaginaria) de una banda de un pequeño pueblo de Escocia de la que nadie ha oído hablar (ni fuera ni dentro del pueblo), no exactamente una banda imaginaria pero casi. Lamentablemente es justo lo contrario de lo que esperaba, o por ser sinceros debería decir tan solo la parte que he conseguido leerme ya que no he conseguido acabármelo. Es verdaderamente pesado e intenso, aburrido incluso cuando tiene posibilidades de ser divertido y se dedica a describir a ciertos artistas y la creencia en su propia capacidad artística. Es verdad que en algunas partes y personajes puedes mantener una sonrisa buscando su equivalente en los personajes de, digamos, la movida madrileña pero la densidad del texto no merece la pena el esfuerzo de esta leve sonrisa. Obviamente no fue un buen regalo desde el punto de vista de la lectura pero por lo menos tienen una portada que no queda mal sobre una mesa.

En fin, para borrar el mal sabor de este libro sobre una banda de la que nadie ha oído hablar que mejor que este gran clásico de los Flamming Groovies (que por cierto siguen en forma como demuestra su último disco que Álvaro no quiso comprarse en vinilo).



La verdad es que con esta lectura había estado atascado casi todo el mes y si no llega a ser porque decidimos marcharnos a Piles unos días, los previos al Puente de mayo, aquí habría acabado el comentario de textos de este mes.

Como me parecía feo llevarme a Piles este libro, que le había robado temporalmente a Álvaro, ya que de Piles intento volver sin libros y dejarlos allí para el siguiente lector de visita pues era el momento ideal para acercarme a visitar la Librería Méndez de la calle Mayor, bueno realmente cualquier momento es bueno pero con la perspectiva de un puente largo y sin lecturas más que bueno era una necesidad. O eso, o coger un cercanías hasta Cercedilla a visitar mí otra librería de referencia y coger otro de vuelta.

Mi primera elección El corazón de los hombres fue razonablemente fácil ya que la anterior novela del autor me había gustado lo suficiente para probar con otro. De hecho tenía tan buen recuerdo del libro anterior que lo cogí sin mirar la contraportada lo que me proporciono la sorpresa de que el personaje principal (gran parte de la historia y de los secundarios también) fueran boy scouts, algo que de haberlo sabido no sé cómo habría influido en la decisión de comprarlo. Así, en principio, el tema de los boy scouts no es algo que haya conocido especialmente: cuando yo era pequeño y estaba en edad de que mis padres me mandaran de campamento puede que hubiera boy scouts en España (no lo pongo en duda) pero nosotros íbamos a campamentos de una organización mucho más extravagante, la OJE creo que se llamaba, que era, supongo, parte del Régimen (del franquista, se entiende) y donde entre otras actividades como los fuegos de campamento, las marchas, limpiar letrinas y buscar gamusinos salvajes, izábamos la bandera y cantábamos cosas como el cara al sol, montañas nevadas o Bella Ciao. De estos campamentos tengo buenos recuerdos, especialmente de uno en L’Scala de Gerona (hoy en día Girona) donde me hice maestro en el lanzamiento de dardos (para ganar cocos en una feria) algo que me sirvió en el futuro para conseguir beber un cierto número de pintas en el León Rojo barriendo en el juego a pérfidos hijos de la pérfida Albion y que puede resultarme útil en futuras ferias. Aunque también tengo recuerdo malos, incluso probablemente tenga alguno muy malo o directamente reprimido. ¿Quién sabe?

Mi primer contacto con los boy scouts fue un amigo de Rafa que era boy scout “practicante” y al que recuerdo vestido de uniforme en la terraza de casa (me suena que tengo una foto, es decir me suena el recuerdo de la foto) del que no revelare su identidad porque sé que es lector de este blog y si yo tengo derecho a reinventar mi pasado (escribiendo lo que me apetece) él también lo tiene, si quiere, pero al que si saludo desde estas líneas.

Obviamente lo de contacto no debe entenderse de forma literal, física, que para eso tenemos que avanzar un poco más y recordar a MariEli que era girl scout, también prácticamente (de los scouts y del catolicismo) y con la que sí que hubo bastantes más contactos, estos ya si físicos, químicos y biológicos; aunque no los suficientes para consolidar una relación adolescente que he de reconocer que durante un tiempo, debido a la escasez de contacto, fue a tres, o más, bandas.

Más adelante, ya en la época del Wurlitzer, conocería a muchos más boy scouts ya que por alguna curiosa relación muchos de aficionados al punk rock parecen haber sido boy scouts de pequeños, y de no tan pequeños, ya que incluso tuvimos varios festivales de scouts en el Wurlitzer cuando estos scouts estaban de encargados. Pero, divago, ya, si eso, hablamos de los boy scouts y de su relación con el punk rock otro día de estos.

Volviendo al libro en cuestión: se deja leer y la historia es entretenida pero desde mi punto de vista la existencia de personajes tan rectos me resulta ligeramente increíble, dada mi experiencia, no ya con los scouts, sino en general. Ojala existieran, es todo lo que puedo decir.

Una temporada salvaje, es una novela de colegas, de colegas imposibles, que parece que se ha convertido en una seria de televisión: uno blanco, el otro negro; uno desertor de Vietnam, el otro un héroe de Vietnam; uno mujeriego, el otro gay; pero los dos sin blanca con trabajos ocasionales y los mejores colegas del mundo. Obviamente se meten en una aventura que se complica y que tiene algunas situaciones curiosas que seguramente queden bien en una serie de televisión de capítulo de media hora o de cuarenta minutos pero que para un libro… pues, es un poco escaso. Es un entretenimiento divertido, ideal para la playa o para una tarde de desconexión. Igual es solo cosa mia, ya que tampoco es que se parezcan tanto, pero la comparación con la pareja de amigos de las novelas de Connolly es inevitable y he de reconocer que salen perdiendo y me quedo con las ganas de que Connolly explote en algún libro un poco más la relación entre sus dos personajes secundarios.



Mierda, ¿soy un moderno y estoy pidiendo un spin-off, sea lo que sea eso? Debería borrar esto antes de que alguien lo lea y se dedique, con toda la razón del mundo, a burlarse de mi. Pero me conformare con poner un video de Fountains of Wayne.




La verdad es que me habría conformado con poner la última canción del video y cantar a gritos ese: “Baby, please leave the biker, break his heart” que dedico a todos los moteros que se llevaban a mis posibles, o al menos, potenciales novias de la adolescencia (es decir a todas las chicas, que eso de potenciales es como lo de pre-diabético que tan de moda esta ahora; una estafa o una forma de decir que no lo eres, que si, que el potencial esta pero que ni de coña; al menos en cuanto a las novias, lo de la diabetes pues eso ya cada pre diabético vera) y a los que como ser vengativo y rencoroso sigo odiando y les deseo que les rompan el corazón.

Mi tercer libro para Piles, Las Aguas de Manhattan, lo escogí por el título y la portada, ignorando completamente las referencias a ser un clásico de la literatura judía que estaban en la contraportada. Con esto no quiero decir que no me interese la literatura judía, no me malinterpretéis, a mí me da igual que sea judío, que mormón, que católico, que varonil, que de mujeres, heterosexual, u homosexual pero cuando alguien tiene que especificar el género asociando a un tipo de persona, siempre siento sospechas del contenido. El libro está bien, la típica historia de inmigrantes (judíos en este caso) y de sus problemas antes y después de su llegada a América. Lo más sorprendente para mi es que los judíos rusos tuvieran tanta tradición en la sastrería; no sé, viendo como visten se me hace difícil de imaginar que sean buenos sastres o modistas pero ¿Qué sabré yo de moda o costura?




Como siempre, por ser precavido, me lleve también un libro de cuentos, para poder dejarlo a medias si no me lo acababa: Moriría por ti. Eso sí, después de asegurarme que no era más de lo mismo del autor, que las historias de amores juveniles a mi también me acaban cansando y como el propio autor dice “… siguen asociándome con un interés apasionado por las chicas jóvenes, interés que a mi edad probablemente me llevaría a la cárcel.” Obviamente los cuentos están muy bien escritos, si bien algunos parecen estar de relleno ya que solamente son esbozos de historias sin demasiado interés salvo por el de ver como alguien vende un libro, o un guion o una historia, antes de haberse puesto a escribirla, y alguna versión del mismo cuento podía haberse eliminado sin ninguna pérdida para el conjunto.

Aunque no está en la discografía de Álvaro, probablemente no esté en la discografía de casi nadie en España (pese a que fue número 12 en las listas inglesas, o eso dicen) aprovechando que la letra F es corta aprovecho para colaros esta canción de Feargal Sharkey, tan lejos como se pueda estar de los Undertones que le dieron fama y que todos conocéis y que aparecerán, sin duda, si algún día llegamos a la letra U. con ese “If he ever, ever, breaks your heart; or even once treats you unkind; once false move and I’ll steal you away, and your love will be mine… well, I got news for you girl… I love you too” que yo sigo dedicando a todos sabemos quién.

 Lecturas:

Para morir iguales – Rafael Reig
Años de Sequía – Jane Harper
Memorial Device – David Keenan
El corazón de los hombres – Nickolas Butler
Una temporada salvaje – Joe R. Landsdale
Las aguas de Manhattan – Charles Reznikoff
Moriría por ti y otros cuentos perdidos – F. Scott Fitzgerald


domingo, 8 de abril de 2018

Comentario de textos Marzo 2018



Empiezo a escribir con un poco de pereza. Es una luminosa mañana de domingo, ya he comprado la nueva novela de Rafa, tengo una carpeta de discos por escuchar y la verdad es que la coca cola sin cafeína (al igual que el descafeinado) carecen el aspecto inspirador de la coca cola normal o del café con su cafeína, varios de los libros que he leído este mes no han sido especialmente inspiradores, ha sido un mes – pese a las vacaciones de semana santa – un pelín cansado en cuento a temas de trabajo e incluso en otros aspectos. Muchos factores que hacen que empiece despacio, tan despacio como empieza la excelente So much for the afterglow de Everclear. Eso si, probablemente esta entrada no mejore como lo hace la canción pero seguro que tiene, al menos, una errata tan grande como que ha cometido el que ha trascrito la letra.


Empecé el mes leyendo Sirenas, una novela negra ambientada en el submundo de la droga de Manchester. Sobre el papel, o mejor dicho sobre la contraportada, parecía no estar nada mal: chicas ricas enganchadas a las drogas, el típico policía cado en desgracia, los bajos fondos: vamos, el típico marco de novela negra con posibilidades. Mi sensación con esta novela es la misma que tengo cada vez que, por razones diversas, me veo obligado a visitar el campo: puede que sea un marco de una belleza incomparable, con sus árboles, su luces y sus sombras y sin embargo a mí no me dice nada, me parece un desperdicio, un esfuerzo de creatividad malgastado, no puedo evitar pensar en tanto esfuerzo creativo malgastado por parte de cualquiera de las deidades que se supone son responsables de ese entorno. Pues lo mismo me pasa con esta novela, un esfuerzo malgastado, que puede que a mucha gente le guste pero que a mí no me ha dicho nada. Bueno, miento. La verdad es que ha habido una frase que me ha encantado: “Las chicas suelen dedicarme sonrisas de cartilla de racionamiento, como si ahorraran para otra persona, pero Catherine era diferente. Ella siempre sonreía de verdad. Y yo, en cambio, le mentía siempre”. Sí, listillos, yo también se contar y sé que no se trata de una frase, si no de tres; pero es una forma de hablar. Igual que el nombre de Catherine puede cambiarse por cualquier otro, aunque es verdad que yo todavía recuerdo la sonrisa de Catherine pese a que imagino que no sería la de verdad, verdad; y yo nunca la mentí; no había motivo ya que no hubo oportunidad por aquello de que nunca hubo relación.

Mi principal queja contra Uno de los nuestros, es la traducción del título (One of Us, es el título original; si, con esa U mayúscula). Puede que formalmente este bien, no lo dudo pero a  mí me chirria ese “nuestros”. Por una parte, inevitablemente, me hace pensar en gánsteres urbanos (y no en las montañas de Pensilvania que es donde pasa la acción) y creo que realmente se refiere a “nosotros”, a Uno de nosotros. Ya, ya sé que parece una chorrada y  soy consciente de que no soy capaz de explicarlo pero para mí existe mucha diferencia entre “nosotros” y “nuestros” pero para mí es muy grande, casi la misma que entre “ser” y “estar”. El libro en si me ha gustado bastante, no por la historia, que he de reconocer que no me ha convencido especialmente, ni siquiera por la nostalgia de mi primera visita a Estados Unidos, no a Pensilvania si no a Morgantown, un pueblo de West Virginia, que antes de descubrir el chollo de los estudiantes de idiomas era un pueblo minero que me gusta imaginar parecido a este Lost Creek de la novela. No, la historia no me ha convencido mucho pero si me han encantado ciertas descripciones como “Si mi padre creyera en la evolución de las especies, seguramente estaría convencido de que el ser humano había aprendido a caminar erguido para restregárselo a los monos en la cara. Pero es creacionista. Cree que fue hecho a imagen y semejanza de Dios”.

Y siendo esa buena, se queda corta frente a la invención de una categoría de chicas que, con ciertas diferencias, todos conocemos (desgraciadamente cada vez más numerosas, por la falta de cuidado, o por el exceso de los mismos, de sus progenitores): “Chicas bonsái las llamaba yo, por esos árboles en miniatura manipulados que todo el mundo admira y desea, pero que solo pueden prosperar en manos de un experto cualificado. Esas chicas también eran aberraciones de la naturaleza, su mente atrofiada y deforme igual que las diminutas ramas de esos árboles”.

Con todo mi favorita sigue siendo la versión revisitada del clásico “la mate porque era mía” que en esta novela se convierte en “Supongo que fue un suicidio y un accidente: ella misma provoco accidentalmente su muerte al decepcionarme”. No creo que se pueda ser más bruto, indiferente, egocéntrico, o lo que sea, que a mí me faltan las palabras para definir según que comportamientos.
Para compensar un poco esta frase machista aprovecho y os pongo a The Excessories, un grupo con chica al frente (¿frontgirl?) descubierto entre los discos de Álvaro y que suenan realmente bien (tienen una versión del In the Flesh de Blondie, mejor que el original).




Después de este libro me había quedado “técnicamente” sin nada que leer; digo “técnicamente” porque todavía me quedaba un libro que había comprado no para leérmelo yo, sino para regalar: El puente. Ante el dilema de acercarme a alguna de mis librerías de referencia o leerme este libro a escondidas, antes de regalarlo, o en lugar de regalarlo, mi vagancia lo tenía claro (si bien mi educación en un colegio de pago no estaba tan segura de que la opción de mi vagancia fuera aceptable, ni tan siquiera planteable). He de confesar que mi vagancia gano a mi educación, con la excusa de que el receptor del regalo (a la sazón Barcina, que si estás leyendo esto ya me disculpo por esta lectura que convierte el regalo en un objeto de segunda mano) lo entendería y le importaría más el detalle que hecho de que este sin estrenar. La verdad es que pese a ser un libro periodístico sobre la construcción de un puente, el puente de Verrazano-Narrows, basado en entrevistas con los obreros es un libro entretenido (con algunas fotos curiosas) que refleja una de las grandes épocas de la ingeniería, de la ingeniería de obra: la época de los ingenieros itinerantes, que al igual que los obreros iban allí donde había trabajo como si fueran cazadores prehistóricos antes de que la sociedad se transformara en recolectora y algunos ingenieros pudiéramos obtener el fruto de nuestro trabajo sin necesidad de ir detrás de las obras, a la caza del alimento.

Curiosamente se habla bastante de algunos fracasos de la ingeniería de puentes, de puentes que se derrumban, que a mí siempre me recuerda a la historia que se contaba en mi casa de la construcción de un puente en Játiva en la que el ingeniero jefe estaba, durante casi toda la obra, en el casino y de vez en cuando se acercaban allí uno de los obreros a informarle de que “el puente se ha caído” a lo que al parecer el solía responder “pues volver a construirlo” hasta que al final tras varios intentos el puente consiguió mantenerse en pie (no, la historia familiar no identifica el puente en cuestión por lo que no puedo confirmaros si el puente sigue allí o si, una vez construido y con el uso, se ha vuelto a caer alguna vez mas o ya definitivamente).

Como Talese no es de mi familia, ni se circunscribe al ámbito de Játiva,  sus historias son más dramáticas y mejor documentadas, como la del puente Firth of Tay en Escocia, donde murieron  sesenta y cinco personas cuando se derrumbó un domingo, aunque la explicación del derrumbe habría sido muy propia de esa España de la que hablo: “Los extremistas religiosos culparon del accidente a la compañía ferroviaria por hacer circular trenes en domingo” (para vuestra tranquilidad si tenéis que viajar en festividad religiosa, los ingenieros detectaron que el problema estaba en hierro forjado y no en el tema del descanso dominical).

Leído este libro ya se acercaba peligrosamente (para los puentes y sus usuarios, según algunos autores) la semana santa por lo que la visita a mi librería de referencia resultaba ya inaplazable y debido a la falta de tiempo no podría acercarme a la librería Fuenfria de Cercedilla (que ya sabéis que visito todo lo que puedo, que sinceramente espero sea menos de lo que podéis vosotros) por lo que me acerque a la calle mayor a visitar la Librería Méndez y realizar un aprovisionamiento de cara a las tardes-noches de chimenea aunque esta vez no pensaba leer mucho porque tenía trabajo, tanto trabajo que decidí llevarme el ordenador nuevo en lugar del portátil.

Si bien el tiempo seguramente no fuera playero ya que estoy aprovecho para poneros otro clásico que en cualquier discografía que se precie debe de estar en a letra e, o en la letra c, según las manias de orden de cada uno y que, como no podía ser menos, esta en la de Alvaro. Costello, Elvis, no necesita presentación y este Oliver’s Army por supuesto que tampoco. Un clásico, incluso con ese traje en esa playa de mentirijillas.



Tengo mis sospechas de que Las Supervivientes se va a convertir en uno de esos éxitos editoriales, tipo Perdida, sin ser tan buena pero por supuesto sin ser mala, que no lo es. De hecho diría que es una buena novela, con una historia entretenida y original en la que se cuenta la historia de algunas chicas que sobreviven a matanzas varias (si, chicas y blancas; ya sabemos todos que los negros implicados en matanzas no sobreviven en ninguna película) pero es una historia en la que todo el tiempo estas esperando “el giro final” ese que ahora parece necesario en todas las novelas de intrigas e incluso en las que no son de intriga. Para mí, que ya sabéis tengo cierta deformación por los temas relacionados con el agua y con NYC, ha sido una sorpresa saber que en NYC, en Central Park, cerca de Bethesda Terrace hay una estatua que se llama el Angel de las Aguas. No tenía ni idea, creo que nunca me he fijado y ya tengo otra excusa para volver a visitar NYC (no es que necesite ninguna excusa especial, además de que luego se me olvidara, pero hace como más elegante tenerla y parece más justificado el viaje).


Como casi todos los personajes de esta novela son femeninos es el momento de poner a otro grupo de chicas que no tenía situado y que me ha gustado mucho: The eyeliners en el que aparecen con Joan Jett aunque no les hace ninguna falta que aparezca. Un descubrimiento.


Sería inútil negar que uno de los principales motivos para comprar La extraordinaria familia Telemacus fuera la portada (que no es exactamente esta). Es algo indudable e inevitable para casi cualquiera, mas para mi que no tengo ningún tipo de autocontrol. Por supuesto el hecho de que fuera sobre, digamos, gente con poderes (tipo telequinesia, precognición, etc.) es decir de timadores pues era un plus y el hecho de pareciera que iba a cavar en tragedia si bien con cierto sentido del humor ya era un factor definitivo. He de reconocer que, siendo una chorrada, se lee muy bien y es sumamente entretenido. Una estupenda lectura para la playa o para cualquier sitio en el que uno tenga tiempo de disfrutar; bien escrito y con ideas divertidas: “el problema de hacerse mayor era que cada nuevo día tenía que competir con miles de otros días pasados. Y ¡qué fantástico tenía que ser un día para ganar en ese concurso de belleza! ¡O para llegar siquiera a las finales! Porque, encima, el recuerdo amañaba la partida, maquillaba los defectos de los rivales mientas el presente tenía que salir bajo los focos sin la ayuda de nadie, con la cara marcada por vulgaridades y ojeras de fastidio: humo de tubos de escape, ruido de radios y envases de comida rodando por la acera. Incluso una tarde como aquella, que había pasado relajándose en un parque, bajo un cielo tan limpio como la conciencia de una monja, estaba plagada de imperfecciones que impedían que figurara en el top ten”. Impecable, si es que ya ni la nostalgia es lo que era.

Supongo que a todos nos ha pasado pero a mi hacia mucho que no me pasaba, así que encontrarme con un libro clásico que sé que he leído pero del que no recuerdo nada me pillo un poco de sorpresa. Si, como lo habéis leído: hacia mucho que no me pasaba, ya que últimamente lo que me pasa s que ni siquiera recuerdo que son clásicos o que me los haya leído. Así que ver Lucky Jim que es un libro que estoy seguro de haber leído pero del que no tengo ningún recuerdo me sorprendió un poco, especialmente cuando hacia no mucho había estado comentando algo sobre el (no, no recuerdo con quien, ni qué; ¿Qué esperabais, una memoria infalible a mi edad?). Pues eso, un clásico aunque a mí no me ha impresionado como creo que lo hizo en su día y ni siquiera me he reído lo que recordaba haberme reído, de hecho casi he llegado a aburrirme en algunas partes. Con todo no puedo evitar compartir esto con vosotros: “”Sí. Tu actitud refleja los dos requisitos imprescindibles del romanticismo. Quieres llevártela a la cama y no puedes. Y, además, no la conoces demasiado bien. Desconocimiento y privación de otra persona, Jim. Encajas en la formula a la perfección, y lo peor es que quieres seguir encajando en ella.”
.
Después de este clásico de la literatura es el momento de recordar otro grupo clásico localizado entre los discos de Alvaro: The explosives y su A girl like you; un clasico del Power-Pop de todos los tiempos que hacia tanto que no oia que me costó mucho reconocerlo.


Cuando voy a Piles, si llevo suficientes libros, me gusta llevarme un libro de cuentos, o de historias, por aquello de que siempre lo puedes dejar a medias y reformarlo en el próximo viaje. Esta vez esa función la cumplía una recopilación de historias de Detectives Victorianas, que como todas las recopilaciones pues tenía cosas mejores, peores, buenas e incluso malas pero que en general eran entretenidas aunque obviamente se quedan un poco anticuadas en sus planteamientos y son tal vez, en general, demasiado clásicas: un poco Victorianas diría yo. Algo esperable supongo, como que The Early Hours suenen a grupo australiano por los cuatro costados. Hay cosas que son inevitables ¿no os parece?



Afortunadamente Álvaro se acercó por Piles y trajo algunos refuerzos lectores ya que ,mi plan de no acabarme las historias victorianas y dejarlas en Piles para otra visita no había funcionado y me quede sin lecturas antes de terminar los días de semi-descanso. He de reconocer que desafortunadamente no se trajo el que más me apetecía leer de los que le habíamos regalado por su cumpleaños, sino que trajo Mitologia Nordica, que como su propio nombre indica es una recopilación de cuentos de la mitología nórdica (aprovechando el tirón cinematográfico de Thor, las películas, e incluso de American Gods, la serie).

Entre estas historias esta la del mas sabio de los dioses Kvasir (Thor es fuerte pero tonto; Loki es intrigante pero tampoco muy listo y Odin es un pendenciero) que es tan listo que les explica, entre otras cosas, "como purificar el agua y como fabricar ropa con hojas de ortiga". Lo primero siempre es útil pero lo segundo yo no acabo de verlo claro.

Se trata de dioses mas normalitos que nuestros omnipotentes dioses (o Dios con mayúsculas) y con algunas reacciones que mas o menos puedes comprender: "Loki también acudió a la fiesta y bebió demasiada cerveza. Bebió mas allá de la alegría, las risas y las bromas, y cayo en un estado malhumorado y pensativo". Que es algo con lo que todos nos podemos identificar, ¿quien no ha tenido un dia malo bebiendo?, aunque tan mal beber como el de Loki no es normal ya que : "Cuando oyó que los dioses elogiaban a Fimafeng, el sirviente de Aegir, por su celeridad y diligencia, se levanto rápidamente de su puesto y le asesto una cuchillada. Finafeng murió al instante". Pero tampoco parece normal entre los dioses ya que los demás se quedaron horrorizados y le expulsaron del banquete para que el banquete prosiguiera, eso si, "pero con menos alegría". vamos, que ni era algo normal, ni tampoco tan importante. Así son los dioses.

Pues nada con esto se acaban las lecturas del mes y también doy por acabado la revisión de la letra “E” de la discografía de Álvaro, después de poner a otro obligatorio a modo de despedida, porque ya lo dice Eric Ambel, “si tienes que marcharte, márchate ya”.



Sirenas – Joseph Knox
Uno de los nuestros – Tawni O’Dell
El Puente – Gay Talese
Las supervivientes – Riley Sager
La extraordinaria familia Telemacus – Daryl Gregory
Lucky Jim - KIngsley Amis
Detectives Victorianas – Ed. Michael Sims
Mitologia Nordica  – Neil Gaiman