domingo, 4 de marzo de 2018

Comentario de textos - Febrero 2018 + (discos)


Si el mes pasado casi  llegaba tarde a escribir sobre lo que había leído, este diría que llego pronto ya que solo estamos a día tres y parece un poco pronto pero la verdad es que mi intención es escribir estas notas el primer sábado de cada mes. Asi que ni realmente no voy ni pronto ni tarde.

A lo que sí que llego tarde es a comentar sobre algo que no sea libros, algo que a partir de hoy voy a empezar a solucionar por la vía de combinar estos comentarios mensuales de libros con comentarios de discos. Para ello voy a empezar por incluir aquí comentarios sobre  la revisión de los discos de Álvaro que he llevado durante los últimos meses tomándole prestado una bolsa de discos cada semana, por orden casi alfabético.

Hoy empezaremos por los discos, aunque en un futuro intentare mezclar ambas cosas, y empezare por el principio, o lo que para mí viene siendo el principio, ya que como yo soy como soy no me decidí a apuntar nada sobre los discos hasta que no iba por la letra D (si, tarde más de tres letras completas en darme cuenta de que podía ser algo divertido; así de lento me he vuelto), así que nos saltaremos varias letras (por lo menos de momento) no, no habrá nada de Any Trouble, AC/DC, Altered Images, Bauhaus, The Clash ni de muchos otros.

La verdad es que el primer grupo que he apuntado es Delco que a mí me personalmente no me gusta, me parecen moñas incluso a mí, además de pretenciosos, pero al que le tengo cariño por Manuel Piñon, que es un tipo majo, mejor crítico de cine que músico, que además es amigo del hermano de un amigo de Cocucho, de Pallol (ya, ya sé que parece algo lejano, pero cualquier amigo, o solo conocido, de Cocucho contara siempre con mi amistad y mi cercanía) con el que tenía un fanzine de cine llamado Super 8.

El siguiente grupo que tengo apuntado es The Del Lords, que ya es otra categoría, ya son palabras mayores, esto ya es una banda de verdad, muy de verdad, con Scott Keppner y sobre todo (para mi) con Eric Ambel, al que tuve la suerte de ver en directo en NYC dando un señor concierto y en cuyo bar, el Lakeside Lounge, he podido disfrutar tanto de cervezas como de un extravagante concierto de The Mop-Tops en el que no seriamos más de quince o veinte personas y nosotros tres éramos los únicos que conocíamos a la banda y prácticamente todas sus canciones (algo que considerando que ellos son suecos y nosotros españoles y que estábamos en NYC resultaba sumamente curioso, para ellos y para todo el mundo. Creo que ellos todavía no dan crédito a que los conociéramos).

Ya, antes de que ninguno se me lance al cuello, ya sé que esta canción es (mucho más) famosa tocada por The Skeletons, lo sé, pero en el disco que tiene Álvaro hay una versión de esta canción que al oírla que recordó otras de esas casualidades de la vida que se dan de vez en cuando. Cuando Joaquín estaba montando su primera tienda, una época en la que vendía un montón de discos de promoción, de esos que tiene un cartelillo de “prohibida su venta”,  me vendió un disco que casi seguro había pirateado el mismo ya que se trataba de una copia con dos discos de los Skeletons y con una portadilla DIY.

En aquel momento para mí esto no tenía mucha importancia ya que quien más quien menos hemos pirateado algún disco, y todos hemos hecho cosas de legalidad dudosa cuando ha sido necesario ,por lo que vender un disco hecho por el mismo no me pareció mal; de hecho como eran discos descatalogados, casi me parecía bien. Sin embargo con el paso de los años conocí a Lindsay Hutton que era el editor de los discos originales, que había invertido el dinero en editar los discos y claro, las cosas ya no parecían tan sencillas. En cualquier caso seguía sin tener mayor importancia ya que Lindsay los había editado sin ningún animo comercial, solo porque creía en la banda y en cierta medida no estaba en contra de esta compra. O quiero creer yo que no estaría en contra, no estoy seguro de si lo he comentado con él, o no.

La primera sorpresa monumental fue encontrar a The Distractions, que son un grupo no excesivamente conocido con un único LP y a los que yo no habría reconocido exclusivamente por el nombre. Otra cosa es reconocerlos en cuanto suenan los primeros acordes de Looking for a Gost, (bueno, no exactamente los primeros acordes ya que esta es una canción de la que probablemente nunca he oído el principio ya que la recuerdo en cinta, grabada de la radio y en aquella época los locutores tenían la fea costumbre de seguir hablando cuando ya había empezado la canción). En cualquier caso, tiene ese sonido lluvioso y melancólico que es sencillamente excelente y que a mí me devuelve a las tardes de porros (más que a las de cervezas) de mis primeros ochenta, fumando y charlando sin ninguna prisa con todo un sábado o, más probablemente, un domingo o un día entre semana por delante.


Sobre Dave Edmunds creo que he mantenido cientos de conversaciones en mañanas de cervecitas con un amigo de Manolo Die que creo recordar que se llamaba Enrique pero del que solo recuerdo que tenía una novia muy guapa (y no por ello menos simpática, aunque ahora mismo sea incapaz de recordar su nombre) que vivía en el Paseo de la Habana en una casa que tenía una piscina en la azotea (la novia, digo; Enrique era hijo de un portero de una de las casas de la zona) y a la que Manolo y yo nos marchamos a visitar un verano a Portonovo (realmente a un monte cercano donde instalamos una tienda de campaña y donde para ahorrar nos dedicábamos a recoger mejillones de la ría ilegalmente como auténticos hippies para luego gastarnos el dinero que teníamos en cervecitas y sobretodo en Ribeiros, que eran prácticamente regalados). La verdad es que nuestras discusiones más que sobre Dave Edmunds, eran sobre Rockpile y sobre si el sonido era más debido a Nick Lowe o a Dave Edmunds (por supuesto obviando a Billy Bremmer y a Terry Williams que pese a su importancia no aparecían en nuestras conversaciones). Ya, ya sé que no parece un tema que admita discusión – ni se os ocurra empezar esto de nuevo – porque hay cosas evidentes, como que esta no es la mejor canción de Edmunds pero es la que me apetece poner: 



Hablando de hippismos resulta inevitable mencionar  a David Lindley y su El Rayo-X, que curiosamente no es el disco que tiene Álvaro pero que si es el disco por el que debe ser recordado, con esas extravagancias que son “She took my Romeos” “Tu-Ber-Cu-Lucas and the Sinus Blues” y otras maravillosas versiones de un músico acompañado de grandes músicos. Entre ellos Jackson Browne, pero también con Crosby-Nash y con James Taylor, que fue el productor de este disco (razón por la que supongo que el disco llego a ser conocido en primer lugar, por sus amigos diríamos) y con el que ya había trabajado haciendo el falseto final de Stay, esa canción que todos hemos bailado agarrados como posesos, y en la que esa ultima repetición del “Oh won't you stay, just a little bit longer” es suya. Del disco que tiene Alvaro yo destaco este “Talk to the lawyer” que ya hablaba de temas como Afganistán y la CIA por aquello de que hay cosas que nunca cambian.



Ninguna discografía, ningún comentario de una discografía, puede dejar fuera, en la letra D, a los Dexys Midnight Runners; es sencillamente imposible; o solamente es posible si uno acepta el protagonismo de Kevin Rowland y los ha archivado en la K, o en la R, en lugar de en la D. Esa sería la única explicación posible para dejarlos fuera; y aun así sería bastante discutible. Los Dexys son un grupo bastante especial para mí, entre otras cosas porque me compre un disco suyo –Geno, no el Searching for the Young Rebels – cuando todavía no eras famosos en España (en mi segundo viaje a Inglaterra) y tuve la suerte de verlos en directo cuando se hicieron verdaderamente famosos con el Too-Rye-Ay (el que tiene la celebérrima Come on Eileen) y vinieron a tocar a Madrid, disfrazados entonces de granjeros del medio oeste con pantalones de peto después de haber abandonado su look estibador que es el que hemos usado para logotipo del Wharf-73. Luego se volvieron, o se volvió Kevin Rowland, todavía mas locos y se pasaron a una música más tranquila-.disfrazados de ejecutivos, creo recordar y la verdad es que dejaron de interesarme, pero sus canciones e incluso las versiones de sus canciones siguen siendo parte de mi.


Con esto terminan mis notas sobre la letra D, que como habréis notado no inlcuyen nada de los últimos años ya que solo he revisado los que estaban ordenados; los nuevos, los que aún no estaban ordenados, serán objeto de otros robos/prestamos en un futuro. Lo digo antes de que empecéis a decir que me he quedado atascado, que no oigo nada nuevo, que todos los discos son del siglo pasado, que soy un viejo mochales (algo que no me voy a molestar en negar, o rebatir, pero que no podéis deducir de estos comentarios) y otras lindezas similares.

Y ahora a por las lecturas (en futuras entregas intentare ir mezclando lecturas y discos, para confundiros o para hacerlo más entretenido, o para ambas cosas).

Durante mi visita a mi librería de referencia capitalina, la librería Méndez de la calle mayor, vi Al caer la luz, un libro de McInerney del que me sonaba haber leído algún otro libro y que me había gustado pero no consigo encontrar ni el libro ni ningún recuerdo sobre el mismo. Es algo que podría sonar extraño pero que en mi caso no lo es tanto: puede que el libro este en casa de Álvaro y Helena y puede que mis recuerdos estén perdidos en mi cerebro; o puedo que nunca haya leído nada suyo. Todo es posible. El caso es que este libro es entretenido, que pasa en NYC a medidos de los ochenta y en el que un editor intenta lanzarse a la compra de la empresa en la que trabaja – azuzado más que nada por esa teoría tan ochentera de que el dinero es lo primordial y que si no lo tienes te bastaba con pedirlo, endeudarte, y todo se solucionaría. Si, esa teoría que sustituía la reflexión pro el riesgo y que a niveles más individuales ha provocado que muchas familias acaben empeñadas y encerradas en callejones sin salida; esa teoría que eliminaba la reflexión y garantizaba que el plan propuesto inicialmente  se iba a desarrollar sin ningún inconveniente, que no era necesario un plan-b, que siempre sucederá la que pensamos inicialmente, sin complicaciones. Esa teoría que va contra la realidad más básica en la que nada sale como uno quiere y en la que uno tiene que ceder cosas para una negociación con la vida o con el resto del mundo. Esa teoría que se ha puesto tan de moda entre nuestros políticos que ahora dicen orgullosamente, presumiendo incluso de  que “ellos no tienen un plan- b” como si esta ausencia de refelexion sobre las posibilidades fuera algo bueno.
Obviamente este dejarse llevar por esa facilidad de compra, por ese préstamo que alguien le hará, por esa seguridad en sí mismo hacen que sus relaciones personales – entre otras su matrimonio – se vean sacudidos y la falta de reflexión sobre qué es lo que está haciendo (aparte de lo obvio), de las implicaciones de lo que está haciendo, de las acciones colaterales a sus acciones principales le acabaran llevando a ciertos problemas. Pero tampoco quiero avanzaros mucho más ya que es una novela que se lee bastante bien y que deja reflexiones entretenidas como esta sobre la maternidad: “…pero ya ni llevaba la cuenta de cuantas de sus amigas habían sucumbido recientemente a esa forma de propaganda de que una no es una mujer completa si no los tiene; que las sometería a la coacción de un supuesto reloj biológico – si solo es un reloj, por el amor de Dios, no una bomba-.” A la que añade su sorpresa sobre como esa reloj-bomba ha cambiado su mundo en el que “Últimamente, se encontraba cenando muchas veces con gente que no paraba de levantarse para llamar a su casa para hablar con la canguro en vez de con el camello de turno”. No siendo m intención, ni la del autor, comparar a los bebes con las drogas. No, nada más lejos de mi intención.

Aunque por lo que escribo parezca un intelectual, o un hípster, o por edad más bien un progre que no ve la televisión, la verdad es que sí que veo bastante series aunque no las comento por aquí para parecer un tipo más interesante, más intenso. En esta línea de fingir es por lo que decidí comprarme El cuento de la criada que parece ser una serie que ha tenido mucha fama (que obviamente yo no he visto, que quede claro) por si surgía en alguna conversación poder decir eso de “no, no la he visto pero ¿tu, has leído el libro?”.

La fama de la serie al parecer se basa en ser una serie feminista, o puede que post-feminista que para mí esto es como lo del punk y el post-punk, que no me acaba de quedar clara la diferencia. Afortunadamente el libro viene con una introducción de la propia autora q(que esta vez me he leído, aunque soy del tipo de personas que no se leen las introducciones o prólogos) en la que ella misma responde a la dichosa pregunta. Pregunta que como a mí, tampoco le queda claro que quiere decir, así que no se si lo aclara o no; yo diría que no, que no es feminista (ni de lejos) y que haya mujeres interesantes  o que sean importantes en la historia se debe solamente a “porque en la vida real las mujeres son interesantes e importantes. No son un subproducto de la naturaleza, no representan un papel secundario en el destino de la humanidad, y eso lo han sabido todas las sociedades”.

Desde mi punto de vista se trata de una novela, no, creo que no llega a novela sino que haciendo gala del título es un cuento, que no aporta nada especial salvo los detalles curiosos de cualquier novela (o cuento) especulativa (distopía o utopía, que eso ya implica un juicio moral) sin especial interés en la creación del universo que pretender reflejar que tiene una premisa muy simple, basada en la maternidad o en la falta de la misma. No entiendo como alguien puede clasificarla de novela feminista pero la verdad es que de eso se poco (de clasificaciones, digo; no de feminismo, tema en el que prefiero no valorar mi s conocimientos). Con todo se lee bien y deja alguna reflexión interesante para alguien como yo que ya ha dejado de ser joven y mira a estos con distanciamiento ya que “Los jóvenes suelen ser los más peligrosos, los más fanáticos y los que más se alteran cuando tienen un arma en la mano. Aún no han aprendido a existir en el tiempo. Hay que tener mucho tacto con ellos.”

E incluso esa otra sobre la importancia individual “pero la gente es capaz de cualquier cosa con tal de no admitir que sus vidas carecen de sentido. O sea, que no sirven de nada. No tienen argumento” que yo suscribo plenamente, cada día que pasa un poco más de hecho (¿me estaré volviendo definitivamente epicúreo?). E incluso aporta su poquito de conocimiento inútil al explicar de dónde viene el Mayday que es una señal de socorro universal (que pese a lo que pueda parecer no tienen que ver nada con el mes de mayo, si no con los franceses).

Mi última adquisición, que realmente debería haber adquirido en mi librería de referencia de la sierra – Si, correcto, la librería Fuenfría de Cercedilla que espero estéis visitando asiduamente para dar conversación al librero tarambana que ya tiene su última novela en impresión, o cerca. Atentos compañeros – ya que fue mi hermano Rafa el que me la recomendó fue El legado de los espías. En este caso es cierto que se puede resumir en una frase “una novela de espías de Le Carré” o variaciones de la misma, como una buena novela, la última novela de, o incluso omitir lo de espías. En fin, yo prefiero no opinar porque la verdad es que tanta doble conspiración me produce un cierto vértigo que me impide leer con tranquilidad y me tiene todo el tiempo preguntándome eso de “¿de verdad son tan tramposos, tan de cambiar de bando los espías? ¿de verdad son tan inteligentes como para hacerlo con cierta dignidad y constancia en la vida real o simplemente es todo una ficción?”  Tendré que suponer que si, pero vamos el único “espía” que conozco no es tan inteligente y no le veo yo muy capaz de tanta trapacería, o igual es todo una tapadera.

Hasta aquí hemos llegado y si todo ha ido bien este post, su primera parte, debería estar con videos, pero es posible que esto no suceda dada mi escasa habilidad con estas máquinas que cada día me odian más (aún no sé por qué, pero puede que sea porque para mí solo son una herramienta, no muy distinta de un buen rotulador y un buen cuaderno, mientras que para el resto del mundo parecen ser mucho mas que eso). Ellos sabrán mas, digo; supongo.

Al caer la luz – Jay McInerney
El cuento de la criada – Margaret Atwood
El legado de los espías – John le Carré








3 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  2. Una puntualización Benito:
    The Del-Lords no creo que tenga orígenes Suecos; sigo a los diferentes grupos de aquel país (The Hives, The Hellacopters, Langfinger, que por cierto tocan en Madrid en 2 semanas) y creo que el origen de estos señores está en NYC

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    1. Totalmente correcto lo de que Del-Lords son de NYC. De hecho Eric Ambel era el dueño del Lakeside Lounge, bar que antes visitaba bastante y en el que, entre otros, vi ese concierto que comentaba de los Mop-Tops que son los que son suecos. Mas poperillos pero suecos, suecos y fue una casualidad divertida.

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